The Project Gutenberg EBook of El libro de las mil noches y una noche; t 2, by 
Anonymous

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Title: El libro de las mil noches y una noche; t 2

Author: Anonymous

Editor: Vicente Blasco Ibez

Translator: Joseph Charles Mardrus

Release Date: December 11, 2014 [EBook #47631]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE; T. 2 ***




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                               ESPAOLES

                                   Y

                             EXTRANJEROS]

                 Director literario: V. Blasco Ibez




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                                DE LAS

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                        ES PROPIEDAD. DERECHOS
                       EXCLUSIVOS DE TRADUCCIN
                              AL ESPAOL.

                       [Illustration: EX-LIBRIS

                           MANUEL TARANCN]




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                               EL LIBRO
                           DE LAS MIL NOCHES
                              Y UNA NOCHE

             TRADUCCIN DIRECTA Y LITERAL DEL RABE POR EL
                         DOCTOR J. C. MARDRUS

               Versin espaola de VICENTE BLASCO IBAEZ

                     PRLOGO DE E. GMEZ CARRILLO

                             TOMO SEGUNDO

            Historias: Del visir Nureddin, de su hermano el
              visir Chamseddin y de Hassan Bareddin.--Del
            Jorobado, con el Sastre, el Corredor nazareno,
       el Intendente y el Mdico judo; lo que de ello result,
               y sus aventuras sucesivamente referidas.

                               PROMETEO
                       Germanas, 33.--VALENCIA
                         (Published in Spain)
                                   ]




                            [imagen]

                       DEDICO ESTE SEGUNDO TOMO

                           AL ADMIRABILSIMO

                            SEOR BERGERET

                       TRAVS DE ANATOLE FRANCE

                               J. C. M.

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[imagen]

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Historia del visir Nureddin, de su hermano el visir Chamseddin y de
Hassn Badreddin


Entonces, Giafar Al-Barmak dijo:

[imagen]

Sabe, oh Comendador de los Creyentes! que haba en el pas de Mesr[1]
un sultn justo y benfico. Este sultn tena un visir sabio y prudente,
versado en las ciencias y las letras. Y este visir, que era muy viejo,
tena dos hijos que parecan dos lunas. El mayor se llamaba Chamseddin y
el menor Nureddin[2]; pero Nureddin, el ms pequeo, era ciertamente ms
guapo y mejor formado que Chamseddin, el cual, por otra parte, era
perfecto. Pero nadie igualaba en todo el mundo  Nureddin. Era tan
admirable, que en ninguna comarca se ignoraba su hermosura, y muchos
viajeros iban  Egipto, desde los pases ms remotos, slo por el gusto
de contemplar su perfeccin y las facciones de su rostro.

Pero quiso el Destino que falleciera su padre el visir. Y el sultn se
condoli mucho. En seguida mand llamar  los dos jvenes, hizo que se
aproximaran  l, les regal trajes de honor, y les dijo: Desde ahora
desempearis junto  m el cargo de vuestro padre. Entonces ellos se
alegraron, y besaron la tierra entre las manos del sultn. Despus
hicieron que duraran todo un mes las exequias fnebres de su padre, y en
seguida empezaron  desempear su nuevo cargo de visires, y cada uno
ejerca durante una semana las funciones del visirato. Y cuando el
sultn sala de viaje, slo llevaba consigo  uno de los dos hermanos.

Y una noche entre las noches, ocurri que el sultn tena que salir  la
maana siguiente, y habindole tocado el cargo de visir aquella semana 
Chamseddin, el mayor, los dos hermanos departan sobre asuntos diversos
para entretener la velada. En el transcurso de la conversacin, el mayor
dijo al menor: Oh hermano mo! creo que debemos pensar en casarnos, y
mi intencin es que nos casemos la misma noche. Y Nureddin contest:
Hgase segn tu voluntad, oh hermano mo! pues estoy de acuerdo
contigo en esta y en todas las cosas. Y convenido ya entre los dos este
primer punto, Chamseddin dijo  Nureddin: Cuando, gracias  Alah, nos
hayamos unido con dos jvenes, y la misma noche nos acostemos con ellas,
y hayan parido el mismo da, y (si Alah lo quiere!) tu esposa d  luz
un nio y la ma una nia, tendremos que casar uno con otro  los dos
primos. Y Nureddin repuso: Oh hermano mo! y qu piensas pedir
entonces como dote  mi hijo para darle  tu hija? Y Chamseddin dijo:
Pedir  tu hijo, como precio de mi hija, tres mil dinares de oro, tres
huertos y tres de los mejores pueblos de Egipto. Y realmente esto ser
bien poca cosa, comparado con mi hija. Y si tu hijo no quiere aceptar
ese contrato, no habr nada de lo dicho. Al oirlo, respondi Nureddin:
Pero ests soando? Qu dote quieres pedirle  mi hijo? Has olvidado
que somos dos hermanos, y hasta dos visires en uno solo? En vez de esas
exigencias, deberas ofrecer como presente tu hija  mi hijo, sin pensar
en pedirle ninguna dote. Adems, no sabes que el varn vale siempre ms
que la hembra? Y he aqu que el varn es mi hijo, y an aspiras  que
lleve la dote, cuando es tu hija quien debiera traerla? Obras como aquel
comerciante que no quiere vender su mercanca, y para asustar al
parroquiano empieza por pedirle cuatro veces su precio. Entonces dijo
Chamseddin: Sin duda te figuras que tu hijo es ms noble que mi hija,
lo cual demuestra que careces en absoluto de razn y sentido comn, y
sobre todo de agradecimiento. Porque al hablar del visirato, olvidas
que tan altas funciones me las debes  m solo, y si te asoci conmigo,
fu por lstima nicamente, para que pudieses ayudarme en mi labor.
Pero, en fin, ya est dicho! Puedes creer lo que gustes; porque yo,
desde el momento en que piensas as, ya no quiero casar  mi hija con
tu hijo ni aun  peso de oro! Mucho le dolieron estas palabras 
Nureddin, que contest: Tampoco yo quiero casar  mi hijo con tu
hija! Y Chamseddin replic entonces: Pues no hay para qu hablar ms
del asunto. Y como maana tengo que marchar con el sultn, no dispongo
de tiempo para que comprendas lo inconveniente de tus palabras. Pero
despus, ya vers! Cuando regrese, si Alah lo permite, suceder lo que
ha de suceder!

Entonces Nureddin se alej, muy apenado por esta escena, y se fu 
dormir solo, con sus tristes pensamientos.

A la maana siguiente sali de viaje el sultn, acompaado del visir
Chamseddin, y se dirigi hacia la ribera del Nilo, lo atraves en barca
para llegar  Guesirah, y desde all hasta las Pirmides.

En cuanto  Nureddin, despus de haber pasado aquella noche
contrariadsimo por el modo de proceder de su hermano, se levant casi
al amanecer, hizo sus abluciones, dijo la primera oracin matinal, y
despus se dirigi  su armario, del cual sac una alforja, y la llen
de oro, pensando siempre en las palabras despectivas de Chamseddin y en
la humillacin sufrida. Y entonces recit estas estrofas:

_Marcha, amigo mo! Abandnalo todo, y marcha! Otros amigos
encontrars en vez de los que dejas! Marcha! Deja la ciudad y arma tu
tienda de campaa! Y vive en ella! All, y nada mas que all,
encontrars las delicias de la vida!_

_En las moradas civilizadas y estables, no hay fervor ni hay amistad!
Creme! Huye de tu patria! Arrncate del suelo de tu patria!
Intrnate en pases extranjeros!_

_Escucha! He comprobado que el agua que se estanca se corrompe; podra
librarse de su podredumbre corriendo nuevamente! Pero de otro modo es
incurable!_

_He observado tambin la luna llena, y pude averiguar el nmero de sus
ojos, de sus ojos de luz! Pero si no hubiese seguido sus revoluciones
en el espacio, no habra podido conocer los ojos de cada cuarto de luna,
los ojos que me miraban!_

_Y el len? Sera posible cazar al len si no hubiese salido del
espeso bosque?... Y la flecha? Matara la flecha si no escapara
violentamente del arco tenso?_

_Y el oro y la plata? No seran polvo vil si no hubiesen salido de sus
yacimientos? Y el armonioso lad?_ _Ya sabes! Slo sera un pedazo de
leo si el obrero no lo arrancase de la tierra para darle forma!_

_Exptriate y alcanzars las cumbres! Si permaneces adherido  tu
suelo, jams escalars la altura!_

Cuando acab de recitar estos versos, mand  uno de sus esclavos que le
ensillase una mula torda, poderosa y rpida para la marcha. Y el
esclavo prepar la mejor de todas las mulas, le puso una silla
guarnecida de brocado y de oro, con estribos indios y una gualdrapa de
terciopelo de Ispahn. Y lo hizo tan bien, que la mula pareca una
recin casada con su traje nuevo y brillante. Despus todava dispuso
Nureddin que le echasen encima de todo un tapiz grande de seda y otro
ms pequeo de raso, terminado lo cual, coloc entre los dos tapices la
alforja llena de oro y de alhajas.

En seguida dijo  este esclavo y  todos los dems: Me voy  dar una
vuelta por fuera de la ciudad, hacia la parte de Kaliubia, donde pienso
pasar tres noches. Siento una opresin en el pecho, y voy  dilatar mis
pulmones respirando el aire libre. Pero prohibo  todo el mundo que me
siga.

Y provisto de vveres para el camino, mont en la mula y se alej
rpidamente. No bien sali del Cairo, anduvo tan ligero, que al medioda
lleg  Belbeis, donde se detuvo. Baj de la mula para descansar y
dejarla descansar, comi algo, compr en Belbeis cuanto poda necesitar
para l y para la mula, y reanud el viaje. Dos das despus,
precisamente al medioda, merced al paso de su mula, entr en Jerusaln,
la ciudad santa. All se ape de la mula, descans y la dej reposar,
extrajo del saco algo de comida, y despus de alimentarse coloc el saco
en el suelo para que le sirviese de almohada, luego de haber extendido
el tapiz grande de seda, y se durmi, pensando siempre con indignacin
en la conducta de su hermano.

Al otro da, al amanecer, mont de nuevo y no dej de caminar  buen
paso, hasta llegar  la ciudad de Alepo. All se hosped en uno de los
khanes de la ciudad y dej transcurrir tranquilamente tres das,
descansando y dejando descansar  la mula, y cuando hubo respirado bien
el aire puro de Alepo, pens en continuar el viaje. Y al efecto, mont
otra vez en la mula, despus de haber comprado los maravillosos dulces
que se hacen en Alepo, rellenos de piones y almendras, cubiertos de
azcar, y que le gustaban mucho desde la niez.

Y dej que la mula se encaminase por donde quisiese, pues al salir de
Alepo ya no saba adnde dirigirse. Y cabalg da y noche, hasta que una
tarde, despus de puesto el sol, se encontr en la ciudad de Bassra,
pero no saba que aquella ciudad fuese Bassra. Y no supo su nombre hasta
despus de llegado al khan, donde se lo dijeron. Se ape entonces de la
mula, la descarg de los dos tapices, de las provisiones y de la
alforja, y encarg al portero del khan que la paseara un poco, para que
no se enfriase por descansar en seguida. Y en cuanto  Nureddin, l
mismo tendi su tapiz, y se sent en el khan para reposar.

El portero del khan cogi la mula de la brida, y se fu con ella. Pero
ocurri la coincidencia de que precisamente entonces el visir de Bassra
hallbase sentado  la ventana de su palacio, contemplando la calle. Y
al divisar una mula tan hermosa, con sus magnficos jaeces de gran
valor, sospech que esta mula perteneca indudablemente  algn visir
entre los visires extranjeros,  acaso  algn rey entre los reyes. Y se
puso  mirarla, sintiendo una gran perplejidad. Y despus orden  uno
de sus esclavos que le trajese en seguida al portero que paseaba  la
mula. Y el esclavo corri en busca del portero y lo llev ante el visir.
Entonces el portero avanz un paso y bes la tierra entre las manos del
visir, que era un anciano de mucha edad y muy respetable. Y el visir
dijo al portero: Quin es el amo de esta mula, y qu posicin tiene?
El portero contest: Oh mi seor! el amo de esta mula es un joven muy
hermoso, lleno de seducciones, ricamente vestido, como hijo de algn
gran mercader, y todo su aspecto impone el respeto y la admiracin.

Al oirle, el visir se puso de pie, mont  caballo, y marchando
apresuradamente al khan, entr en el patio. Cuando lo vi Nureddin,
corri  su encuentro y le ayud  apearse del caballo. Entonces el
visir le dirigi el saludo acostumbrado, y Nureddin se lo devolvi y lo
recibi muy cordialmente. Y el visir se sent  su lado, y le dijo: Oh
hijo mo! de dnde vienes y por qu ests en Bassra? Y Nureddin
contest: Oh mi seor! vengo del Cairo, mi ciudad natal. Mi padre era
visir del sultn de Egipto, pero muri al ser llamado  la misericordia
de Alah. Despus cont toda su historia, desde el principio hasta el
fin. Y luego aadi: No he de volver  Egipto hasta despus de haber
recorrido el mundo, visitando todas las ciudades y todas las comarcas.

Y el visir contest  Nureddin: Hijo mo, prescinde de esas ideas de
continuo viaje, porque causarn tu perdicin. Sabe que el viajar por
pases extranjeros es la ruina y lo ltimo de lo ltimo. Atiende esta
advertencia, pues temo que te perjudiquen los percances de la vida y del
tiempo.

Despus el visir orden  sus esclavos que desensillaran la mula y le
quitasen los tapices y las sedas, y se llev consigo  Nureddin,
alojndole en su casa, y lo dej descansar, luego de haberle
proporcionado todo lo que necesitaba.

Nureddin permaneci algn tiempo en casa del visir, y el visir le vea
diariamente y le colmaba de consideraciones y favores. Y acab por
estimarle enormemente, hasta el punto de que un da le dijo: Hijo mo,
ya soy muy viejo, y no tengo ningn hijo varn. Pero Alah me ha
concedido una hija que te iguala en belleza y perfecciones. Y hasta
ahora se la he negado  cuantos me la pidieron en matrimonio. Pero  ti,
 quien quiero con todo el cario de mi corazn, he de preguntarte si
consientes en aceptarla como esclava tuya. Porque yo deseo
fervientemente que seas el esposo de mi hija. Y si quieres aceptar,
marchar en busca del sultn y le dir que eres un sobrino mo, recin
llegado de Egipto, y que has venido  Bassra expresamente para pretender
 mi hija en matrimonio. Y el sultn, por cario  m, te dar el
visirato, porque yo ya estoy muy viejo y necesito descansar. Y as
podr encerrarme muy  gusto en mi casa para no salir de ella.

Al oir esta proposicin, baj los ojos Nureddin, y despus dijo:
Escucho y obedezco.

Entonces el visir lleg al colmo de la alegra,  inmediatamente orden
 sus esclavos que preparasen el festn y adornasen  iluminasen la sala
de recepcin, la ms espaciosa de todas, reservada especialmente al ms
grande entre los emires.

Despus reuni  todos sus amigos,  invit  todos los nobles del reino
y  todos los mercaderes de Bassra, y todos acudieron  presentarse
entre sus manos. Entonces, el visir, para explicarles el haber elegido 
Nureddin con preferencia  todos los dems, les dijo: Yo tena un
hermano que era visir en Egipto, y Alah le haba favorecido con dos
hijos, como  m me favoreci con una hija, segn sabis. Mi hermano,
poco antes de morir, me encarg que casara  mi hija con uno de sus
hijos, y yo se lo promet. Y precisamente este joven  quien veis es uno
de los dos hijos de mi hermano el visir de Egipto. Ha venido  Bassra
con tal objeto. Y mi mayor anhelo es que se escriba su contrato con mi
hija, y que viva con ella en mi casa!

Entonces contestaron todos: Sea como dices! Ponemos sobre nuestra
cabeza cuanto hagas!

Y todos tomaron parte en el gran festn, bebieron toda clase de vinos, y
comieron una cantidad prodigiosa de pasteles y confituras. Y despus,
rociada la sala con agua de rosas, segn costumbre, se despidieron del
visir y de Nureddin.

Entonces el visir mand  sus esclavos que llevasen  Nureddin al hammam
y le diesen un buen bao. Y el visir le regal uno de sus mejores trajes
entre sus trajes, y despus le envi toallas, palanganas de cobre,
pebeteros y todas las dems cosas necesarias para el bao. Y Nureddin se
ba y sali del hammam con su traje nuevo, y estaba ms hermoso que la
luna llena en la ms bella de las noches. Despus Nureddin cabalg en su
mula torda, encaminndose hacia el palacio del visir, y al pasar por las
calles le admiraban todos, elogiando su hermosura y la obra de Alah. Y
descendi de la mula, entr en casa del visir y le bes la mano.
Entonces el visir...

En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la maana, y
se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 20. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que entonces el visir se
levant, acogiendo con jbilo al hermoso Nureddin y dicindole: Entra,
oh hijo mo! en la cmara de tu esposa, y s dichoso. Maana te
llevar  ver al sultn. Y ahora slo me resta implorar de Alah que te
conceda todos sus favores y todos sus bienes.

Entonces Nureddin bes otra vez la mano del visir su suegro, y entr en
el aposento de la doncella. Y sucedi lo que haba de suceder!

Y esto fu lo referente  Nureddin.

En cuanto  Chamseddin su hermano... he aqu lo que ocurri. Terminada
la expedicin que hizo con el sultn de Egipto, hacia el lado de las
Pirmides, regres inmediatamente  su casa. Y se inquiet mucho al no
encontrar  su hermano Nureddin. Y pregunt por l  sus esclavos, que
le respondieron: Nuestro amo Nureddin, el mismo da que te fuiste con
el sultn, mont en una mula enjaezada con gran lujo, como en los das
solemnes, y nos dijo: Me voy hacia la parte de Kaliubia, estar fuera
unos das, pues noto opresin en el pecho y necesito aire libre; pero
que no me siga nadie. Y desde entonces no hemos vuelto  tener noticias
suyas.

Entonces Chamseddin deplor mucho la ausencia de su hermano, y fu
aumentando su dolor de da en da, hasta que acab por convertirse en
una afliccin inmensa. Y pensaba: Seguramente, el motivo de que se haya
marchado no es otro que aquellas palabras tan duras que le dije la
vspera de mi viaje con el sultn. Y esto y no otra cosa le ha obligado
 huir. Pero es preciso que repare la falta cometida contra l y
disponga que lo busquen.

Y Chamseddin fu inmediatamente  ver al sultn, y le refiri lo que
ocurra. Y el sultn mand escribir mensajes autorizados con su sello y
los envi con emisarios de  caballo en todas direcciones  todos sus
lugartenientes de todas las comarcas, y les deca en estos pliegos que
Nureddin haba desaparecido y que precisaba buscarle fuese donde fuese.

Pero transcurrido algn tiempo, todos los correos regresaron sin ninguna
noticia, porque ni uno solo haba ido  Bassra, donde estaba Nureddin.
Entonces Chamseddin, lamentndose hasta el lmite de las lamentaciones,
exclam: Ma es toda la culpa! Todo esto me ocurre por mi poco tacto
y mi falta de discrecin!

Pero como todo tiene su trmino, Chamseddin acab por consolarse, y un
da pidi en matrimonio  la hija de un gran comerciante del Cairo, hizo
su contrato con ella y con ella se cas. Y sucedi lo que haba de
suceder!

Y se di la coincidencia de que la misma noche que penetr Chamseddin en
la cmara nupcial, fu justamente la misma en que Nureddin penetr en el
aposento de la hija del visir de Bassra. Y permiti Alah esta
coincidencia del matrimonio de los dos hermanos en la misma noche, para
demostrar que manda en el destino de las criaturas.

Y todo se verific adems segn lo haban combinado los dos hermanos
antes de su querella, pues las dos esposas quedaron preadas la misma
noche: parieron el mismo da y  la misma hora, y la de Chamseddin,
visir de Egipto, pari una nia cuya hermosura no tuvo igual en todo el
pas, y la de Nureddin, de Bassra, di  luz un nio tan hermoso que no
haba otro como l en todo el mundo. Ya lo dijo el poeta:

_El nio!... Cuan delicado es!... Y que gentil! Y qu gracioso!...
Beber su boca! Beber esta boca hace olvidar las cosas llenas y los
vasos desbordantes!_

_Beber en sus labios, apagar la sed en la frescura de sus mejillas y
mirarse en el manantial de sus ojos, es olvidar la prpura de los vinos,
sus aromas, su sabor y toda su embriaguez!_

_Si viniese la misma Belleza  compararse con este nio, bajara
humillada la cabeza!_

_Y si le preguntaseis: Oh Belleza! Qu te parece? Viste jams nada
semejante? Ella contestara: Como l, verdaderamente, ninguno!_

Al hijo de Nureddin se le llam Hassn Badreddin,  causa de su
hermosura[3].

Su nacimiento motiv grandes regocijos pblicos. Y el sptimo da se
dieron fiestas y banquetes dignos de prncipes.

Terminados los festejos, el visir de Bassra fu con Nureddin  ver al
sultn. Entonces Nureddin bes la tierra entre las manos del sultn, y
como estaba dotado de una gran elocuencia y era muy versado en las
bellezas literarias, le recit estos versos del poeta:

     _Ante l se inclina y se eclipsa, el mayor de los bienhechores;
     pues ha conquistado el corazn de todos los seres elegidos!_

     _Canto sus obras, aunque no son obras, sino cosas tan bellas que
     debera formarse con ellas un collar que adornara el cuello!_

     _Y si beso la punta de tus dedos, es porque no son dedos, sino la
     llave de todos los beneficios!_

Tanto gustaron al sultn estos versos, que obsequi esplndidamente 
Nureddin y  su suegro el visir, ignorando an lo del matrimonio y
cuanto se relacionaba con su existencia, por lo cual pregunt al visir
despus de haber felicitado  Nureddin: Quin es este joven tan
hermoso y tan elocuente?

Entonces el visir cont al sultn toda la historia, desde el principio
al fin, y le dijo: Este joven es sobrino mo. Y el sultn exclam: Y
cmo no haba yo odo hablar de l? Y el visir dijo: Oh mi soberano y
seor! Sabe que un hermano mo era visir de Egipto. Al morir dej dos
hijos, el mayor de los cuales hered el cargo, y el otro, que es ste,
ha venido  buscarme, pues promet y jur  mi hermano que casara  mi
hija con uno de mis sobrinos. As es que apenas lleg lo cas con mi
hija. Este sobrino mo es joven, como ves, y yo ya soy demasiado viejo
y estoy sordo y no puedo atender  los negocios del reino. Por eso vengo
 pedir  mi soberano el sultn que se digne nombrar  mi sobrino, que
es tambin mi yerno, para el cargo de visir. Y puedo asegurarte que
merece este cargo, pues es hombre de buen consejo, prdigo en ideas
excelentes y muy ducho en el modo de despachar los asuntos.

Entonces el sultn mir con ms detenimiento  Nureddin, y qued
encantado de este examen, acept el consejo de su anciano visir y nombr
para el cargo  Nureddin en lugar de su suegro, y le regal un magnfico
traje de honor, el mejor de todos lo que pudo encontrar, y una mula de
sus propias caballerizas, y le seal sus guardias y sus chambelanes.

Nureddin bes entonces la mano del sultn, y sali con su suegro, y
ambos regresaron  su casa en el colmo de la alegra y besaron al recin
nacido Hassn Badreddin y dijeron: El nacimiento de esta criatura nos
trajo buena suerte.

Al da siguiente, Nureddin fu  palacio  desempear sus nuevas
funciones, y al llegar bes la tierra entre las manos del sultn, y
recit estas dos estrofas:

     _Para ti son nuevas las felicidades todos los das, y las
     prosperidades tambin! Y el envidioso se consume de despecho!_

     _Ojal sean blancos para ti todos los das, y negros los das de
     todos los envidiosos!_

Entonces el sultn le permiti que se sentara en el divn del visirato,
y Nureddin se sent en el divn del visirato. Y empez  desempear su
cargo, despachando los asuntos pendientes y administrando justicia como
si llevara muchos aos de visir, y lo hizo tan  conciencia ante el
sultn, que se maravill de su inteligencia, de su comprensin para
aquellos asuntos y de su admirable manera de administrar justicia, y le
distingui ms an, entrando en gran intimidad con l.

Y Nureddin sigui desempeando  maravilla sus elevadas funciones; pero
no por eso olvid la educacin de su hijo Hassn Badreddin,  pesar de
todos los asuntos del reino. Porque Nureddin era cada da ms poderoso y
ms favorecido del sultn, que aument el nmero de sus chambelanes,
servidores, guardias y correos. Y lleg  ser tan rico, que pudo
dedicarse al comercio en gran escala, fletando naves mercantes que
recorran todo el mundo, construyendo molinos y ruedas elevadoras de
agua y plantando magnficos huertos y jardines. Y todo esto antes de que
su hijo cumpliera los cuatro aos.

Falleci entonces el anciano visir, suegro de Nureddin, y ste le hizo
un entierro solemne, al cual asistieron l y todos los grandes del
reino.

Y desde entonces Nureddin se consagr exclusivamente  la educacin de
su hijo. Y lo confi al sabio ms versado en leyes religiosas y civiles.
Este sabio venerable iba todos los das  dar lecciones de lectura al
nio Hassn Badreddin, y poco  poco, con mtodo, le inici en la
interpretacin del Corn, que acab por aprenderse de memoria, y despus
el sabio sigui aos y aos enseando  su discpulo todos los
conocimientos tiles. Y Hassn no dejaba de crecer en hermosura, gracia
y perfeccin, como dice el poeta:

     _Este joven! Es la luna, y, como ella, resplandece de hermosura,
     aunque el sol tome el esplendor de sus rayos de las anmonas de sus
     mejillas!_

     _Es el rey de la hermosura por su distincin sin igual! Y habr
     que suponer que prest su lozana  las flores y las praderas!_

Durante todo aquel tiempo, el joven Hassn Badreddin no abandon un
instante el palacio de su padre Nureddin, pues el sabio le exiga una
gran atencin  sus lecciones. Pero cuando Hassn cumpli los quince
aos y ya no tuvo que aprender nada ms del viejo maestro, su padre le
llam, le puso el traje ms lujoso que encontr entre los suyos, le hizo
que montara en la mejor de sus mulas y se dirigi con l al palacio del
sultn, atravesando con numeroso squito las calles de Bassra. Y todos
los habitantes, al ver al joven Hassn Badreddin, prorrumpan en gritos
de admiracin, por su hermosura, la esbeltez de su talle, su gracia y
sus modales encantadores. Y exclamaban: Por Alah! Es hermoso como la
luna! Que Alah lo libre del mal de ojo! Y aquello dur hasta la
llegada de Badreddin y su padre al palacio, y entonces comprendi la
gente el sentido de las estrofas del poeta[4].

Cuando el sultn vi la hermosura del joven Hassn Badreddin, qued tan
sorprendido, que perdi la respiracin y se olvid de respirar durante
un buen rato. Y le mand acercarse, y le estim mucho, le hizo su
favorito, colmndole de regalos, y dijo  su padre Nureddin: Visir, es
absolutamente indispensable que me lo enves todos los das, pues
comprendo que no podra pasarme sin l. Y el visir Nureddin tuvo que
contestar: Escucho y obedezco.

Cuando Hassn Badreddin hubo llegado  ser amigo y favorito del sultn,
su padre Nureddin cay gravemente enfermo, y sospechando que no tardara
Alah en llamarle  Su misericordia, mand  buscar  su hijo y le
dirigi las ltimas advertencias, dicindole: Sabe, oh hijo mo! que
este mundo es para nosotros una morada pasajera, porque el mundo futuro
es eterno. Por eso antes de morir quiero darte algunas instrucciones;
yelas bien y breles tu corazn. Y Nureddin explic  su hijo Hassn
las mejores normas para conducirse como es debido con sus semejantes y
guiarse en la vida.

Luego se acord Nureddin de su hermano Chamseddin, el visir de Egipto,
y de su pas y de sus parientes y de todos sus amigos del Cairo, y al
recordarlos no pudo dejar de llorar por no haberlos vuelto  ver. Pero
en seguida se acord de que tena que aconsejarle algo ms  Hassn, y
le dijo: Hijo mo, conserva en tu memoria las palabras que voy 
decirte, porque son muy importantes. Sabe que tengo en El Cairo un
hermano llamado Chamseddin, que es to tuyo, y adems visir de Egipto.
Hace tiempo que nos separamos algo disgustados, y yo estoy aqu, en
Bassra, sin licencia suya. Voy, pues,  dictarte mis ltimas
disposiciones sobre esto. Toma un papel y un clamo y escribe lo que
dicte.

Entonces Hassn Badreddin cogi una hoja de papel, extrajo el tintero
del cinturn, sac del estuche el mejor clamo, que era el que estaba
mejor cortado, lo moj en la estopa empapada en tinta que estaba dentro
del tintero, se sent, dobl el pliego de papel sobre la mano izquierda,
y cogiendo el clamo con la derecha, le dijo  Nureddin: Oh padre mo,
escucho tus palabras! Y Nureddin empez  dictar: En nombre de Alah el
Clemente, el Misericordioso... Y continu dictando en seguida  su hijo
toda su historia, desde el principio hasta el fin, y adems le dict la
fecha de su llegada  Bassra, y de su casamiento con la hija del viejo
visir, y le dicto su genealoga completa, sus ascendientes directos 
indirectos, con sus nombres; el nombre de su padre y de su abuelo, su
origen, su grado de nobleza personal adquirida, y en fin, todo su
linaje paterno y materno.

Despus le dijo: Conserva cuidadosamente ese pliego de papel. Y si por
mandato del Destino te ocurriese alguna desgracia en tu vida, regresa al
pas de origen de tu padre, en donde nac yo,  sea El Cairo, la ciudad
prspera; pregunta all por tu to el visir, que vive en nuestra casa, y
saldale de mi parte, desendole la paz, y dile que he muerto afligido
por morir en el extranjero, lejos de l, y que antes de morir no tena
ms deseo que verle. He aqu, oh hijo mo Hassn! los consejos que
quera darte. Te conjuro  que no los olvides!

Entonces Hassn Badreddin dobl cuidadosamente el papel, despus de
echarle arenilla, secarlo y sellarlo con el sello de su padre el visir,
y luego lo coloc en el forro de su turbante, y lo cosi all,
habindolo envuelto en un pedazo de hule para preservarlo de la humedad.

Hecho esto, no pens mas que en llorar, besando la mano de su padre
Nureddin y afligindose al comprender que se quedaba solo, siendo tan
joven, y privado de la compaa de su padre. Y Nureddin no dej de dar
consejos  su hijo Hassn Badreddin hasta que entreg el alma.

Entonces Hassn Badreddin sinti un pesar grandsimo, as como el sultn
y todos los emires, y los grandes y los humildes. Y enterraron 
Nureddin segn su rango.

Hassn Badreddin hizo durar dos meses las ceremonias del luto, y
durante todo este tiempo no sali un instante de su casa y hasta olvid
la visita  palacio para saludar al sultn, segn costumbre.

Y el sultn no comprendi que era la afliccin la que retena al hermoso
Hassn Badreddin lejos de l, sino que pens que Hassn lo abandonaba y
lo menospreciaba. Y entonces se indign mucho, y en vez de nombrar 
Hassn sucesor de su padre el visir Nureddin, nombr  otro para este
cargo, haciendo privado suyo  un joven chambeln.

No contento con esto, hizo ms el sultn contra Hassn Badreddin. Mand
sellar y confiscar todos sus bienes, todas sus casas y todas sus
propiedades, y despus dispuso que prendiesen  Hassn Badreddin y se lo
llevasen encadenado. Y en seguida el nuevo visir, en compaa de varios
chambelanes, se dirigi  la casa del joven Hassn, que no poda
sospechar la desgracia que le amenazaba.

Pero afortunadamente, haba entre los esclavos de su palacio un joven
mameluco que quera mucho  Hassn Badreddin. En cuanto supo lo que
pasaba, ech  correr, y lleg  casa del joven Hassn, al cual hall
muy triste, con la cabeza baja y el corazn dolorido, sin dejar de
pensar en la muerte de su padre. Y el esclavo le enter entonces de lo
que ocurra. Y Hassn le pregunt: Pero no tendr tiempo para coger
algo con que subsistir durante mi huida al extranjero? Y el mameluco le
elijo: El tiempo urge. No pienses mas que en salvar tu persona.

Al oirle, el joven Hassn, vestido tal como estaba, y sin llevar nada
consigo, sali apresuradamente, despus de echarse la orla de su tnica
por encima de la cabeza para que no lo conociesen. Y sigui caminando
hasta que se vi fuera de la ciudad.

Al saber los habitantes de Bassra que se haba intentado prender 
Hassn Badreddin, hijo del difunto visir Nureddin, y la confiscacin de
sus bienes y su probable sentencia de muerte, se afligieron en extremo y
exclamaron: Qu lstima de hermosura y de joven tan agradable! Y
Hassn, al recorrer las calles sin que le conociesen, oa estos lamentos
y exclamaciones. Pero an se apresur ms, y sigui andando, hasta que
la suerte y el destino hicieron que precisamente pasase por el
cementerio donde estaba la _tourbeh_[5] de su padre. Entonces entr en
el cementerio, y caminando por entre las tumbas lleg  la _tourbeh_ de
su padre. Y se quit la ropa que le cubra la cabeza, entr bajo la
cpula de la tourbeh, y resolvi pasar all la noche.

Pero mientras permaneca sentado y sumido en sus pensamientos, vi que
se le acercaba un judo de Bassra, mercader conocidsimo en la ciudad.
Este mercader judo regresaba de un pueblo cercano, encaminndose 
Bassra. Y al pasar cerca de la _tourbeh_ de Nureddin, mir hacia el
interior, y vi al joven Hassn Badreddin,  quien conoci en seguida.
Entonces entr, se acerc  l respetuosamente y le dijo: Oh mi
seor! qu mal semblante tienes y qu desmejorado ests, siendo tan
hermoso! Te ha ocurrido alguna nueva desgracia adems del fallecimiento
de tu padre el visir Nureddin,  quien respet, y que tanto me quera y
estimaba? Tngale Alah en Su misericordia! Pero Hassn Badreddin no
quiso revelarle el verdadero motivo de su trastorno, y le contest:
Esta tarde, mientras estaba durmiendo, se me present mi difunto padre,
y me ha reconvenido porque no visitaba su _tourbeh_. De pronto me
despert, lleno de terror y remordimiento, y me vine aqu en seguida. Y
an estoy bajo aquella impresin tan penosa.

Entonces el judo le dijo: Oh mi seor! Hace tiempo que pensaba ir en
tu busca para hablarte de un asunto, y ahora me favorece la casualidad,
puesto que te encuentro. Sabe, pues, oh mi joven seor! que tu padre el
visir, con quien estaba yo en relaciones mercantiles, haba fletado
naves que ahora vuelven cargadas de mercancas. Estas naves vienen
consignadas  l. Si quisieras cederme su carga, te ofrecera mil
dinares por cada una, y te pagara al contado.

Y el judo sac de su bolsillo un monedero lleno de oro, cont mil
dinares, y se los ofreci en seguida  Hassn, que no dej de aceptar
este ofrecimiento, ordenado por Alah para sacarlo del apuro en que se
hallaba. Y el judo aadi: Ahora, oh mi seor! ponme el recibo,
provisto de tu sello. Y Hassn Badreddin cogi el papel que le
alargaba el judo, as como el clamo, moj ste en el tintero de
cobre, y escribi en el papel:

Declaro que quien ha escrito este papel es Hassn Badreddin, hijo del
difunto visir Nureddin (Alah lo haya acogido en su misericordia!), y
que ha vendido al judo N., hijo de N., mercader de Bassra, el
cargamento de la primera nave que llegue  la ciudad de Bassra y forme
parte de las pertenecientes  mi padre Nureddin. Y vendo esto por mil
dinares, y nada ms. Luego puso su sello en la parte inferior de la
hoja, y se la entreg al judo, que lo salud respetuosamente y se fu.

Entonces Hassn rompi  llorar, pensando en su padre, en su posicin
pasada y en su suerte presente; pero como ya se haba hecho de noche, le
venci el sueo y se qued dormido en la _tourbeh_. Y as sigui hasta
que sali la luna, y como en aquel momento se le haba escurrido la
cabeza de encima de la piedra de la _tourbeh_, hubo de dar una vuelta
completa, echndose de espaldas, y la luna ilumin por completo su
rostro, que resplandeca con toda su belleza.

Aquel cementerio era frecuentado por efrits de la buena especie, efrits
musulmanes y creyentes. Y por casualidad, aquella noche, una encantadora
efrita volaba por all, tomando el fresco, y vi  la luz de la luna al
joven Hassn que estaba durmiendo, y observ su belleza y sus hermosas
proporciones, y quedndose maravillada, dijo: Gloria  Alah! Oh, qu
hermoso joven! Cmo me enamoran sus hermosos ojos, que me figuro muy
negros y de una blancura...! Pero despus pens: Mientras se
despierta, voy  seguir mi paseo por los aires. Y ech  volar, subi
muy arriba buscando el fresco, y se encontr en lo ms alto con uno de
sus compaeros, un efrit tambin musulmn. Le salud muy gentilmente y
l le devolvi el saludo con mucha deferencia. Entonces ella le
pregunt: De dnde vienes, compaero? Y l le contest: Del Cairo.
Y la efrita volvi  preguntar: Les va bien  los buenos creyentes del
Cairo? Y el efrit contest: Gracias  Alah, les va bien. Entonces la
efrita le dijo: Compaero, quieres venir conmigo para admirar la
hermosura de un joven que est durmiendo en el cementerio de Bassra? Y
el efrit dijo: Estoy  tus rdenes. Entonces se cogieron de la mano,
descendieron juntos al cementerio, y se pararon delante de Hassn,
dormido. Y la efrita dijo al efrit, guindole el ojo: Eh? Tena yo
razn? Y el efrit, asombrado por la maravillosa hermosura de Hassn
Badreddin, exclam: Por Alah! No he visto cosa parecida! Ha sido
creado para poner en combustin todas las vulvas! Despus reflexion un
momento, y dijo: Sin embargo, hermana ma, he de decirte que he visto 
otra persona que puede compararse con este joven tan hermoso. Y la
efrita exclam: No es posible! Y dijo el efrit: Por Alah, que la he
visto. Ha sido bajo el clima de Egipto, en El Cairo, y es la hija del
visir Chamseddin. La efrita dijo: Pues no la conozco. Y el efrit le
replic: Escucha. He aqu la historia de esa joven:

Su padre, el visir Chamseddin, ha cado en desgracia por causa de ella.
Habiendo odo el sultn de Egipto hablar  sus mujeres de la belleza
extraordinaria de la hija del visir, se la pidi en matrimonio  su
padre. Pero el visir Chamseddin, que haba pensado otra cosa para su
hija, se vi en una gran confusin, y dijo al sultn: Oh mi seor y
soberano! Ten la bondad de permitirme que me excuse, y perdname por
ello. Ya sabes la historia de mi pobre hermano Nureddin, que era visir
conmigo. Ya sabes que desapareci un da, sin que hayamos vuelto  saber
de l. Y el motivo de su marcha no pudo ser ms leve. Y cont al sultn
detalladamente este motivo. Y despus aadi: He jurado ante Alah, el
da que naci mi hija, que, ocurriera lo que ocurriera, no la casara
mas que con el hijo de mi hermano Nureddin. Y han transcurrido desde
entonces diez y ocho aos. Pero afortunadamente, he sabido hace pocos
das que mi hermano Nureddin se haba casado con la hija del visir de
Bassra, y que haba tenido un hijo. Por lo tanto, mi hija, nacida de mis
obras con su madre, est destinada y escriturada  su primo, el hijo de
mi hermano Nureddin. En cuanto  ti, oh mi seor y soberano! puedes
elegir otra joven. El Egipto est lleno de ellas. Y muchas son bocado
de rey!

Pero el sultn, al oirle, se enfureci mucho, y grit: Qu has dicho,
miserable visir? Te quise honrar descendiendo hasta ti para casarme con
tu hija, y an te atreves  negrmela, alegando ese pretexto tan
estpido? Est muy bien! Pero juro por mi cabeza que te obligar 
casarla,  despecho de tu nariz, con el ltimo de mis servidores! Y el
sultn tena un palafrenero contrahecho y jorobado, con una joroba
delante y otra joroba detrs, y le mand llamar en seguida y dispuso que
se escribiese su contrato de matrimonio con la hija del visir
Chamseddin,  pesar de las splicas del padre. Y orden al jorobado que
se acostara aquella misma noche con la joven. Adems, mand que la boda
se celebrase lujosamente y con msica.

As los he dejado, oh hermana ma! en el momento en que los esclavos de
palacio rodeaban al jorobado y le dirigan bromas egipcias muy
graciosas, llevando cada uno en la mano las velas de la boda para
acompaar al novio. Y ste tomaba el bao en el hammam, entre las risas
y las burlas de los esclavos, que decan: Mejor quisiramos tener la
herramienta pelada de un borrico, que el asqueroso zib de ese jorobeta!
Y efectivamente, hermana ma, el jorobado es muy feo y repulsivo. Y el
efrit, al recordarle, escupi en el suelo con un gesto de repugnancia.
Despus dijo: En cuanto  la joven, es la criatura ms bella que he
visto en mi vida. Puedo asegurarte que es todava ms hermosa que este
mancebo. La llaman Sett El-Hosn[6], y se merece el nombre. Ha quedado
llorando amargamente, alejada de su padre, al cual se le ha prohibido
asistir  la ceremonia. Y est sola, en medio de los festejos, entre los
msicos, danzarinas y cantadoras. Y el repugnante palafrenero no tardar
en salir del hammam, y le aguardan para empezar la fiesta.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 21. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el efrit termin su relato
con estas palabras: Y no esperan otra cosa sino que el jorobado salga
del hammam. Y la efrita repuso: Se me figura, oh compaero! que te
equivocas al afirmar que Sett El-Hosn es ms hermosa que ese joven. No
es posible. Es indudablemente el ms hermoso de su tiempo. Pero el
efrit respondi: Por Alah, hermana ma! te aseguro que aquella joven
es ms bella todava. No tienes mas que venir conmigo, para que  su
vista te convenzas. Bien fcil te ha de ser esto. Adems, podramos
aprovechar la ocasin para burlar al maldito jorobado aquella maravilla
hecha carne. Porque los dos jvenes son dignos el uno del otro, y tanto
se parecen, que dirase que son hermanos,  primos por lo menos. Y sera
una lstima que el jorobado copulase  Sett El-Hosn.

Entonces contest la efrita: Razn tienes, hermano mo. Llevemos en
brazos  ese mancebo dormido y juntmoslo con la joven de quien hablas.
As haremos una buena obra, y veremos adems cul es ms hermoso de los
dos. Y el efrit dijo: Escucho y obedezco! Tus palabras estn llenas
de rectitud y de justicia. Vamos, pues! Y entonces el efrit se ech 
cuestas al joven y comenz  volar, seguido de cerca por la efrita, que
le ayudaba para llegar antes, y ambos, de este modo, llegaron cargados
al Cairo con toda rapidez. Y all soltaron al hermoso Hassn, dejndole
dormido sobre el banco de una calle prxima al palacio, que rebosaba de
gente. Y entonces le despertaron.

Hassn se despert, y qued en la ms extrema perplejidad al no verse en
Bassra, en la _tourbeh_ de su padre. Y mir  la derecha. Y mir  la
izquierda. Y no conoca nada de aquello. Pues aquello era una ciudad,
pero una ciudad muy distinta  la de Bassra. Tan sorprendido qued, que
abri la boca para gritar; pero en seguida vi delante de s  un hombre
gigantesco y barbudo, que le gui el ojo para indicarle que no gritase.
Y Hassn se contuvo. Y aquel hombre, que era el efrit, le present una
vela encendida, y le mand que se uniera  las muchas personas que
llevaban velas encendidas para acompaar  la boda, y le dijo: Sabe
que soy un efrit, pero creyente! Te transport aqu durante tu sueo.
Esta ciudad es El Cairo. Te he trado porque te quiero y deseo
favorecerte sin ningn inters, slo por amor  Alah y por tu hermosura.
Toma esta vela encendida, intrnate entre la muchedumbre y marcha con
ella hasta ese hammam que all ves. De l ha de salir una especie de
jorobado  quien llevarn triunfalmente. Sguele! Ve siempre  su lado,
pues es el novio. Entrars en el palacio con l, y al llegar  la gran
sala de recepciones te colocars  su derecha, como si fueses de la
casa. Y cada vez que veas llegar ante vosotros un msico, una danzarina
 una cantora, mtete la mano en el bolsillo, que ya cuidar yo de que
est siempre lleno de oro, y cgelo  puados sin vacilacin alguna y
arrjaselo  todos. Y no temas que se te acabe, que eso es cuenta ma.
Obsequia, pues, con puados de oro  cuantos se te acerquen. Aventrate
y no te detengas ante nada. Confa en Alah que te cre tan hermoso y en
m que te estimo. Adems, todo lo que te suceda, te suceder por la
voluntad y el poder del Altsimo. Y dichas estas palabras, el efrit
desapareci.

Entonces Hassn Badreddin de Bassra dijo para s: Qu querr decir
todo esto? De qu favores me ha hablado este asombroso efrit? Pero sin
perder ms tiempo en estas preguntas, ech  andar, encendi su vela en
la de un invitado, y lleg al hammam cuando el jorobado haba acabado de
baarse y sala  caballo con un traje magnfico.

Hassn Badreddin se intern entonces entre la muchedumbre, dndose tanta
maa, que lleg  la cabeza de la comitiva, junto al jorobado. Y
entonces brill en todo su esplendor la maravillosa hermosura de Hassn.
Iba vestido con el ms suntuoso de sus trajes de Bassra, llevaba un
manto de seda tejido con hilo de oro, y en la cabeza un birrete rodeado
de un magnfico turbante bordado en oro y plata, puesto  la usanza de
Bassra. Y todo ello realzaba su apuesto continente y su hermosura.

Durante la marcha del cortejo, cada vez que una cantora  una danzarina
se separaba del grupo de los msicos y se acercaba  l para llegar
frente al jorobado, Hassn Badreddin se echaba mano al bolsillo, y
sacndola llena de oro, lo derramaba  puados  su alrededor, y echaba
ms en la pandereta de la danzarina  de la cantora, llenndola de oro,
con ademanes de sin igual donosura.

Y por eso todas estas mujeres, lo mismo que la muchedumbre, quedaron
asombradas de aquella esplendidez, admirando la belleza y los encantos
de Hassn.

La comitiva acab por llegar al palacio. Entonces los chambelanes
detuvieron  la multitud, y slo dejaron entrar detrs del jorobado 
los msicos, las danzarinas y las cantoras.

Pero las cantoras y las danzarinas interpelaron unnimemente  los
chambelanes, y les dijeron: Por Alah! Hacis bien en impedir  esos
hombres que entren con nosotras en el harn para presenciar cmo se
viste la novia. Pero por nuestra parte, nos negaremos  entrar si no nos
acompaa este joven que nos ha colmado de beneficios. Y no hemos de
festejar  la novia como no sea en presencia de este joven, amigo
nuestro.

Entonces las mujeres se apoderaron  la fuerza del joven Hassn y lo
llevaron con ellas al harn, en medio de la gran sala de fiestas. Y fu
el nico hombre que estuvo en el harn  despecho de la nariz del
jorobado, que no pudo impedirlo. All se hallaban reunidas todas las
damas de palacio, las esposas de los emires, visires y chambelanes. Y se
alineaban en dos filas, sosteniendo cada una en la mano un gran cirio; y
todas tenan la cara cubierta con el velillo de seda blanca,  causa de
la presencia de aquellos dos hombres. Y Hassn y el jorobado pasaron por
entre las dos hileras y fueron  sentarse en una tarima alta, teniendo
que atravesar las dos filas de mujeres, que se prolongaban desde la sala
de festejos hasta la cmara nupcial, de donde haba de salir la novia
para la boda.

Al ver  Hassn Badreddin y advertir su hermosura, sus encantos y su
rostro luminoso cual la luna creciente, las mujeres se emocionaron hasta
casi quedarse sin aliento y perder la razn. Y arda cada cual en deseos
de abrazar  aquel joven maravilloso, y traerle  su regazo,
permaneciendo unidos un ao,  un mes,  siquiera una hora, solamente el
tiempo preciso para que la asaltase una vez y sentirlo dentro de ella.

Y en un momento dado, todas estas mujeres, no pudiendo resistir por ms
tiempo, se descubrieron el rostro, levantando el velillo. Y se
mostraron sin pudor, olvidando la presencia del jorobado! Y todas se
acercaron  Hassn Badreddin para admirarle ms de cerca y decirle
palabras de amor,  siquiera guiarle un ojo para que pudiese comprender
cunto le deseaban. Y adems las danzarinas y las cantoras ponderaban la
generosidad de Hassn, alentando  las damas  que le sirviesen lo mejor
posible. Y las damas decan: Por Alah! He aqu un hermoso joven!
ste s que puede dormir con Sett El-Hosn! Nacieron el uno para el
otro! Confunda, pues, Alah  ese maldito jorobado!

Y mientras las damas seguan alabando  Hassn y lanzando imprecaciones
contra el jorobado, las taedoras de instrumentos rompieron  tocar, se
abri la puerta de la cmara nupcial y la novia Sett El-Hosn entr en la
sala de festejos rodeada de eunucos y doncellas.

Sett El-Hosn, hija del visir Chamseddin, apareci en medio de su
servidumbre, y brillaba como una hur. Las otras, comparadas con ella,
no eran mas que unos astros que formaran su cortejo, como las estrellas
que rodean  la luna al salir de una nube. Se haba perfumado con mbar,
almizcle y rosa, y su peinada cabellera brillaba bajo la seda que la
cubra. Sus hombros admirables marcbanse  travs de su traje suntuoso.
Iba de un modo regio: entre otras galas, llevaba un vestido bordado de
oro rojo, con dibujos de pjaros y flores. Y esto era el traje exterior,
pues los interiores slo Alah sera capaz de conocerlos y estimarlos en
su verdadero mrito. En la garganta luca un collar que supona
incalculables millares de dinares. Y cada una de sus piedras era de tal
valor, que ningn mortal, ni el rey en persona, las haba visto iguales.

En una palabra, Sett El-Hosn apareca tan hermosa como la luna llena en
la decimacuarta noche.

Y Hassn Badreddin segua sentado entre el grupo de damas, causando la
admiracin de todas. Y la novia avanz con un gracioso movimiento,
dirigindose hacia el estrado. Entonces el jorobado se levant y quiso
besarla. Pero ella, horrorizada, lo rechaz y fu  colocarse
rpidamente al lado del hermoso Hassn. Y pensar que era su primo, y
ella no lo saba, lo mismo que l!

Y todas las damas se echaron  reir, principalmente cuando la novia se
detuvo ante el hermoso Hassn, por el cual se sinti al instante
abrasada en deseos, y exclam, levantando al cielo las manos:
Alahumma! Haz que este hermoso joven sea mi marido, y lbrame de ese
palafrenero jorobado!

Entonces, Hassn Badreddin, siguiendo las instrucciones del efrit, meti
la mano en su bolsillo y la sac llena de oro, echndoselo  puados 
las servidoras de Sett El-Hosn y  las cantoras y danzarinas, que
exclamaron: Ojal poseas  la novia! Y Badreddin correspondi con una
gentil sonrisa  este deseo y  estas felicitaciones.

Y el jorobado se vea, durante esta escena, abandonado de todos, y
hallbase solo, ms feo que un mico. Y todas las personas que por
casualidad se le acercaban, al pasar junto  l apagaban la vela en
seal de burla. Y as permaneci algn tiempo, aburrindose y ponindose
cada vez de peor humor. Y todas las damas se rean al mirarle, y le
dirigan bromas escandalosas. Una le deca: Mico, ya podrs
masturbarte en seco y copular con el aire! Otra le increpaba: Mira!
Apenas abultas lo que el zib de nuestro buen amo! Y tus dos jorobas
son la medida exacta de sus compaones! Y deca una tercera: Si te
diese un golpe con su zib, iras  caer de trasero en la cuadra. Y todo
el mundo se rea.

La novia di la vuelta al saln siete veces consecutivas, vestida cada
una de diferente modo, y seguida por todas las damas, y se paraba  cada
vuelta delante de Hassn Badreddin El-Bassrau. Y cada traje nuevo era
mucho ms hermoso que el anterior, y cada aderezo infinitamente superior
 los otros aderezos. Y mientras avanzaba lentamente la novia, las
taedoras hacan maravillas y las cantoras decan las canciones ms
apasionadamente amorosas y excitantes, y las danzarinas, acompandose
con las panderetas, saltaban como pjaros. Y Hassn Badreddin
El-Bassrau no dejaba de lanzar puados de oro, esparcindolo por todo
el saln, y las mujeres se precipitaban  recogerlo para tocar algo que
hubiera pasado por la mano del joven. Y hasta hubo algunas que,
aprovechndose de la hilaridad y la excitacin generales, del sonar de
los instrumentos y de la embriaguez de las canciones, se tumbaron en
tierra, una encima de otra, para simular una copulacin, contemplando 
Hassn, que desde su asiento sonrea. Y el jorobado presenciaba todo
esto muy desolado. Y su desolacin aumentaba cada vez que vea  una de
las mujeres volverse hacia Hassn, y con la mano tendida y bajada
bruscamente, ofrecerle, por seas, la vulva;   otra agitar el dedo del
corazn, guiando el ojo;   otra menear las caderas retorcindose, y
dando con la mano derecha abierta en la izquierda cerrada;   otra, con
ademn ms lbrico, golpearse las nalgas, y decirle al jorobado: Lo
catars en tiempo de los albaricoques! Y todo el mundo se rea.

Terminada la sptima vuelta, se acab la boda, que haba durado gran
parte de la noche. Y las taedoras dejaron de pulsar los instrumentos,
las danzarinas y las cantoras se detuvieron, pasando con todas las damas
por delante de Hassn, besndole la mano  tocndole la orla del traje.
Y todo el mundo le miraba al salir, hacindole entender que no se
moviera de aquel sitio. Y en efecto, slo quedaron en el saln el joven
Hassn, el jorobado y la novia con su servidumbre. Entonces las
doncellas se llevaron  Sett El-Hosn  la estancia destinada 
desnudarse, quitronla uno por uno los vestidos, diciendo al caer cada
prenda: En nombre de Alah! para librarla del mal de ojo. Y despus
se fueron, dejndola sola con su vieja nodriza, que antes de conducirla
 la cmara nupcial tena que aguardar que entrase primero el novio
jorobado.

Y el jorobado se levant entonces de la tarima, y advirtiendo que Hassn
no se mova de su asiento, le dijo secamente: En verdad, seor, que nos
honraste mucho con tu presencia, colmndonos de beneficios esta noche.
Pero ahora, para salir, no esperars que te echen. Entonces, el joven,
que ignoraba lo que tena que hacer, contest: En nombre de Alah! Y
levantndose sali. Pero apenas haba franqueado los umbrales de la
sala, se le apareci el efrit y le dijo: Adonde vas, Badreddin?
Detente y oye mis instrucciones. El jorobado acaba de marchar al
retrete. All se las entender conmigo. T encamnate  la cmara
nupcial, y cuando veas entrar  la novia, le dices: Tu verdadero marido
soy yo. El sultn, de acuerdo con tu padre, ha empleado esta estratagema
por temor al mal de ojo. Y en cuanto al palafrenero, que es el ms
miserable de los palafreneros, para indemnizarle le estn preparando en
la caballeriza un buen jarro de leche cuajada para que refresque  tu
salud. Luego te acercars  ella, y quitndole el velo, hars con su
persona lo que debes hacer. Y dicho esto, desapareci el efrit.

El jorobado haba ido, efectivamente, al retrete para descargarse antes
de entrar en la cmara de la novia. Y ponindose de cuclillas sobre el
mrmol, comenz su obra. Pero sbitamente el efrit tom la forma de una
rata y sali del agujero del retrete, dando gritos de rata: Sik!
sik! Y el jorobado di una palmada para que huyese, y le chill:
Hesch! hesch! Pero la rata empez  crecer y se convirti en un
enorme gato de ojos feroces y brillantes, que rompi  maullar muy
enfurecido. Despus, como el jorobado prosiguiese en su operacin, el
gato fu creciendo, y se convirti en un perro enorme, que se puso 
ladrar: Guau! guau! Entonces el jorobado comenz  asustarse, y le
dijo: Marcha de ah, monstruo! Pero el perro, creciendo siempre, se
convirti en un borrico, que se puso  rebuznar en la misma cara del
jorobado y  ventosear con un estrpito terrible. Y el jorobado, lleno
de terror, sinti que todo su vientre se deshaca en diarrea, y apenas
si pudo gritar: Socorro! socorro! Y en seguida el borrico creci an
ms y se transform en un bfalo monstruoso, que obstruy por completo
la puerta del retrete para que no se le escapase, y el bfalo, esta vez,
habl con voz de hombre, y dijo: Caiga la desgracia sobre ti, jorobeta
de mi trasero! Eres el palafrenero ms inmundo! Al oir estas palabras,
sinti el jorobado que le invada el fro de la muerte, y resbal 
medio vestir hasta el pavimento, y las mandbulas se le entrechocaron,
acabando el espanto por soldrselas. Entonces el bfalo grit:
Jorobado de betn! No has podido buscar otra mujer mas que  mi
querida para atacarla con tu innoble herramienta? Y el palafrenero,
lleno de terror, no pudo articular palabra. Y el efrit le dijo:
Responde,  te har morder tus excrementos! Entonces, el jorobado,
todo tembloroso por esta terrible amenaza, pudo decir: Por Alah! Yo
no tengo la culpa, pues sabe que me han obligado! Y adems, oh poderoso
soberano de los bfalos! yo no iba  adivinar que la joven tuviese un
bfalo por amante. Pero juro que me arrepiento y que pido perdn  Alah
y  ti. Entonces el efrit le dijo: Vas  jurar por Alah que obedecers
mis rdenes. Y el jorobado se apresur  jurar, y el efrit le dijo:
Pasars aqu la noche, hasta que salga el sol, y no te marchars hasta
esa hora. Pero sobre todo, no digas una palabra de esto, si no quieres
que te rompa la cabeza en mil pedazos. Y no vuelvas  poner los pies en
esta parte del palacio, ni  acercarte al harn, porque te repito que he
de aplastarte la cabeza y hundirte en el pozo negro. Y luego aadi:
Ahora voy  ponerte en una postura, y no te movers hasta el amanecer.
Entonces el bfalo agarr con los dientes al palafrenero y lo meti de
cabeza en el agujero del retrete, sin dejarle fuera mas que los pies. Y
le repiti: Mucho cuidado con hacer ni un movimiento! Y desapareci
en seguida.

Y esto es todo lo que le acaeci al jorobado.

Por su parte, Hassn Badreddin El-Bassrau, dejando que se las
entendiesen el efrit y el jorobado, atraves los aposentos particulares
y entr en la cmara nupcial, yendo  sentarse en el testero. Y apenas
haba llegado, apareci la recin casada apoyada en su nodriza, que se
detuvo  la puerta, dejando entrar slo  Sett El-Hosn. Y sin ver bien
al que estaba en el testero, y creyendo hablar con el jorobado, le dijo
la vieja: Levntate, hroe valiente, coge  tu esposa y prtate de una
manera brillante! Y ahora, hijos mos, Alah sea con vosotros! Y la
vieja se retir.

Entonces entr muy desesperada Sett El-Hosn, y se deca: Es preferible
la muerte, antes que este jorobado inmundo! Pero apenas hubo reconocido
al maravilloso Badreddin, di un grito de felicidad, y dijo: Oh
querido mo! Qu amable fuiste aguardndome tanto tiempo! Pero ests
solo? Oh, qu dicha tan grande! Te confieso que al verte en la sala
junto  ese odioso jorobado, cre que os habais asociado los dos para
poseerme. Y Badreddin contest: Oh mi seora! qu pensaste! Es
posible que te toque ese maldito jorobado? Y cmo bamos  asociarnos
para tal cosa? Entonces Sett El-Hosn pregunt: Pero en fin, quin de
los dos es mi marido: l  t? Y Badreddin repuso: Soy yo, querida
ma! Se ha inventado esta farsa del jorobado para hacernos reir, y
tambin para librarnos del mal de ojo; pues todas las damas han odo
hablar de tu hermosura sin igual, y tu padre alquil  ese palafrenero
para que conjurase el mal de ojo, gratificndole con diez dinares. Y
ahora est en la caballeriza  punto de tragarse  nuestra salud un
jarro de leche fresca bien cuajada.

Al or  Badreddin, Sett El-Hosn lleg al colmo de la alegra, y sonri
gentilmente y rompi  reir ms gentilmente an. Y luego, sin poder
contenerse ms, exclam: Por Alah, querido mo! Poseme! Apritame
bien! Ven en seguida  mi regazo! Y como Sett El-Hosn se haba
despojado de las ropas interiores y estaba toda desnuda, slo cubierta
por una falda, cuando dijo: Ven en seguida  mi regazo!, la levant
rpidamente hasta la altura de la vulva, mostrando en toda su
magnificencia sus muslos y sus nalgas de jazmn. Y  la vista de los
encantos de aquella carne de hur, Badreddin sinti que el deseo
recorra todo su cuerpo y despertaba al nio dormido. Y levantndose
apresuradamente, se desnud, despojndose del calzn de innumerables
pliegues y de la bolsa que contena los mil dinares que le haba dado el
judo ele Bassra, y la coloc en el divn, junto  los calzones, y luego
se quit el hermoso turbante y lo puso en una silla, cubrindose con
otro ligero de dormir que haban dejado all para el jorobado, y slo se
qued con la fina camisa de muselina de seda bordada de oro y con el
ancho calzoncillo de seda azul, sujeto  la cintura por unos cordones
con borlas de oro.

Y soltando estos cordones, abraz  Sett El-Hosn, que le ofreca todo su
cuerpo. La levant en alto, la tendi en la cama, y se ech sobre ella.
Y agachado, abiertas las piernas, cogi los muslos de Sett El-Hosn, los
atrajo hacia l y los separ. En seguida apunt contra la ciudadela su
ariete, que estaba ya dispuesto. Empuj este ariete poderoso,
hundindolo en la brecha, y la brecha cedi. Y Badreddin pudo
entusiasmarse al comprobar que la perla no estaba perforada y que no
haba penetrado en ella ms ariete que el suyo, ni la haban tocado
siquiera con la punta de la nariz. Y comprob tambin que aquel trasero
bendito nunca haba resistido el peso de un cabalgador.

Y en el colmo de la dicha, le arrebat la virginidad y se deleit  su
gusto con el sabor de aquella juventud. Y ataque tras ataque, el ariete
funcion quince veces seguidas, entrando y saliendo sin interrumpirse. Y
todas ellas le parecieron deliciosas.

Y desde aquel instante, sin gnero de duda, qued preada Sett El-Hosn,
segn vers en lo que sigue, oh Emir de los Creyentes!

Y cuando Badreddin acab de hincar los quince clavos, dijo para s: Me
parece que es bastante por ahora! Y se tendi al lado de Sett El-Hosn,
pasndole con suavidad la mano por debajo de la cabeza, y ella le rode
tambin con su brazo, enlazndose ambos estrechamente, y antes de
dormirse se recitaron estas estrofas admirables:

     _No temas nada! Penetra tu lanza en el objeto de tu amor! Y no
     hagas caso de los consejos del envidioso, pues no ser el envidioso
     quien sirva  tus amores!_

     _Piensa que el Clemente no cre ms hermoso espectculo que el de
     dos amantes entrelazados en la cama!_

     _Mralos! Ah estn, pegados uno  otro, cubiertos de
     bendiciones! Sus manos y sus brazos les sirven de almohadas!_

     _Cuando el mundo ve  dos corazones unidos por ardiente pasin,
     trata de herirlos con el acero fro!_

     _Pero t no hagas caso! Cuando el Destino pone una beldad  tu
     paso, es para que la ames y para que con ella nicamente vivas!_

Y esto es todo lo que acaeci  Hassn Badreddin y  Sett El-Hosn, la
hija de su to.

El efrit, por su parte, se apresur  ir en busca de su compaera la
efrita, y uno y otra admiraron  los dos jvenes dormidos, asistiendo
antes  sus juegos y contando los ataques del ariete. Luego el efrit
dijo  la efrita: Habrs visto, hermana, que tena yo razn. Ahora
debes cargar con el joven y llevarlo al mismo sitio de donde lo cog, al
cementerio de Bassra, en la _tourbeh_ de su padre Nureddin. Y hazlo
pronto, que yo te ayudar, pues ya apunta el da y no es posible que
dejemos as las cosas. Entonces la efrita levant al joven Hassn
dormido, se lo ech  cuestas, sin ms ropa que la camisa, porque el
calzoncillo se le haba cado en uno de sus embates, y vol con l,
seguida de cerca por el efrit. De improviso, durante esta carrera por el
aire, al efrit le asaltaron ideas lbricas respecto  la efrita, y quiso
violarla yendo cargada con el hermoso Hassn. Y la efrita no se hubiese
opuesto en otra ocasin, pero ahora tema por el joven. Adems
intervino, afortunadamente, Alah, enviando contra el efrit  unos
ngeles, que le echaron encima una columna de fuego y lo abrasaron. Y la
efrita y Hassn se vieron libres del terrible efrit, que acaso los
hubiese desplomado desde aquella altura. Porque el efrit es terrible en
su copulacin! Entonces la efrita descendi al suelo, hacia el mismo
sitio donde haba cado el efrit, con el cual habra copulado de no
llevar  Hassn, por el que tema mucho la efrita.

Pero haba escrito el Destino que el lugar donde la efrita depositara 
Hassn Badreddin (por no atreverse  transportarlo ella sola ms lejos)
estara muy prximo  la ciudad de Damasco, en el pas de Scham[7]. Y
entonces la efrita llev  Hassn muy cerca de una de las puertas de la
ciudad, lo dej suavemente en tierra y ech  volar otra vez.

Cuando lleg la aurora, abrironse las puertas de la ciudad, y los que
salieron de ella se asombraron, ante aquel maravilloso joven dormido,
sin ms ropa que la camisa y con un gorro de dormir en la cabeza en vez
de turbante. Y se decan unos  otros: Es asombroso! Mucho habr
tenido que velar para estar ahora dormido tan profundamente! Y otros
dijeron: Alah, Alah! Hermoso joven! Dichosa y afortunada la mujer
que con l se ha acostado! Pero por qu estar completamente desnudo?
Otros contestaron: Probablemente, este pobre joven habr pasado en la
taberna ms tiempo del preciso, y habr bebido ms de lo que pueda
resistir. Y al regresar de noche, habr encontrado cerradas las puertas,
decidindose  dormir en el suelo.

Pero mientras conversaban de este modo, se levant la brisa matinal, y
acariciando al hermoso joven, le alz la camisa. Y entonces se vi
aparecer un vientre, un ombligo, unas piernas y unos muslos como de
cristal! Y un zib y unos compaones muy bien proporcionados. Y este
espectculo maravill  las gentes, que admiraban todo aquello.

Despert entonces Badreddin, y hallndose tumbado cerca de aquella
puerta desconocida y rodeado por tantas personas, se sorprendi mucho, y
exclam: Dnde estoy, buena gente? Os ruego que lo digis. Y por qu
me rodeis as? Qu es lo que ocurre? Y le contestaron: Nos hemos
detenido por el gusto de verte. Pero no sabes que te hallas  las
puertas de Damasco? En dnde has pasado la noche, para estar
completamente en cueros? Y Hassn replic: Por Alah, buena gente!
qu me decs? He pasado la noche en El Cairo. Y me decs que estoy en
Damasco? Entonces se echaron  reir todos, y uno de ellos dijo: Ah,
gran tragador de haschich! Y dijeron otros: Est loco, sin remedio.
Lstima que est demente un joven tan hermoso! Y otros aadieron:
Pero en fin, qu historia es esa con que has querido engaarnos?
Entonces Hassn Badreddin contest: Por Alah! buena gente, yo no
miento nunca! Os afirmo y repito que esta noche la he pasado en El
Cairo, y la anterior en mi pueblo, que es Bassra. Al oirle, uno grit:
Qu cosa ms sorprendente! Otro dijo: Est loco! Y algunos se
desternillaban de risa, dando palmadas. Y otros dijeron: No es una
verdadera lstima que un joven tan admirable haya perdido la razn? Qu
loco tan singular! Y otro, ms prudente, le dijo: Hijo mo, vuelve en
ti y no digas semejantes extravagancias. Entonces Hassn contest: S
muy bien lo que digo. Adems, habis de saber que anoche, en El Cairo,
pas una noche muy agradable como recin casado. Entonces todos se
convencieron de su locura. Y uno de ellos exclam rindose: Ya veis que
este pobre joven se ha casado en sueos. Y qu tal es ese matrimonio?
Cuntos cayeron? Era una hur  una ramera? Pero Badreddin empezaba 
enfadarse, y les dijo: Pues s que era una hur, y no he copulado en
sueos, sino quince veces entre sus muslos, y he ocupado el lugar de un
asqueroso jorobado, y me he puesto su gorro de dormir, que es ste. Y
luego recapacit un momento, y dijo: Pero por Alah! buena gente, en
dnde est mi turbante, y mis calzoncillos, y mi ropn, y mis calzones?
Y sobre todo, en dnde est mi bolsillo?

Y Hassn se levant y busc su traje  su alrededor. Y entonces todos
empezaron  guiarse el ojo y hacrse seas de que el joven estaba loco
de remate.

Entonces el pobre Hassn se decidi  entrar en la ciudad tal como
estaba, y tuvo que atravesar las calles y los zocos en medio de un gran
cortejo de nios y de mayores, que gritaban: Es un loco! un loco! Y
el pobre Hassn ya no saba qu hacer, cuando Alah, temiendo que al
hermoso joven le ocurriese algo, le hizo pasar por junto  una
pastelera que acababa de abrirse. Y Hassn se refugi en la tienda, y
como el pastelero era un hombre de puos, cuyas hazaas eran muy
conocidas en la ciudad, la gente tuvo miedo y se retir, dejando en paz
al joven.

Cuando el pastelero, que se llamaba El-Hadj Abdal, vi al joven Hassn
Badreddin y pudo examinarle  su gusto, le maravill su hermosura, sus
encantos y sus dones naturales, y rebosante de cario el corazn, le
dijo: Oh gentil mancebo! dime de dnde vienes. Nada temas; pero
refireme tu historia, pues ya te quiero ms que  mi misma vida. Y
Hassn cont entonces toda su historia al pastelero Hadj Abdal, desde
el principio hasta el fin.

Y el pastelero, profundamente maravillado, dijo  Hassn: Oh mi joven
seor Badreddin! En verdad que esa historia es muy sorprendente y muy
extraordinario tu relato. Pero te aconsejo, hijo mo, que  nadie se lo
cuentes, pues es peligroso hacer confidencias. Te ofrezco mi tienda, y
vivirs conmigo hasta que Alah se digne dar trmino  las desgracias
que te afligen. Adems, yo no tengo hijos, y me dars mucho gusto si
quieres aceptarme por padre. Yo te adoptara como hijo. Y Hassn
respondi: Aceptado! sea segn tu deseo!

En seguida fu al zoco el pastelero, y compr trajes magnficos con que
vestir al joven, y lo llev  casa del kad, y ante testigos prohij 
Hassn Badreddin.

Y Hassn permaneci en la pastelera como hijo del amo, y cobraba el
dinero de los parroquianos, y les venda pasteles, tarros de dulce,
fuentes llenas de crema y toda la confitera famosa de Damasco, y
aprendi en seguida el oficio de pastelero, que le gustaba mucho, por
las lecciones recibidas de su madre, la mujer del visir Nureddin, que
preparaba pasteles, y dulces delante de l cuando era nio.

Y como en toda la ciudad de Damasco fu elogiada la hermosura de Hassn,
el gallardo joven de Bassra, hijo adoptivo del pastelero, la tienda de
Hadj Abdal lleg  ser la ms frecuentada de todas las pasteleras de
Damasco.

Y esto fu todo lo de Hassn Badreddin!

En cuanto  la recin casada Sett El-Hosn, hija del visir Chamseddin, he
aqu lo que hubo de ocurrirle:

Cuando se despert Sett El-Hosn, la maana siguiente  la noche de sus
bodas, no encontr  su lado al hermoso Hassn; pero figurndose que
habra ido al retrete, le aguard muy tranquila.

En aquel momento se present  saber de ella su padre el visir
Chamseddin. Llegaba muy inquieto. Estaba posedo de indignacin por la
injusticia del sultn obligndole  casar  la hermosa Sett El-Hosn con
el palafrenero jorobado. Y al entrar en las habitaciones de su hija, se
dijo: Como sepa que se ha entregado  ese inmundo jorobado, la mato.

Golpe en la puerta de la cmara nupcial y llam: Sett El-Hosn! Y
desde dentro ella contest: Ya voy  abrir, padre mo! Y levantndose
en seguida, abri la puerta. Pareca ms hermosa que de costumbre, y
mostraba resplandeciente el rostro y el alma, satisfecha por haber
sentido las briosas caricias de aquel hermoso ciervo. E inclinndose
ante su padre con coquetera, le bes las manos. Pero su padre, al verla
tan contenta, en lugar de encontrarla afligida por su unin con el
jorobado, le dijo: Ah, desvergonzada! Cmo te atreves  mostrarte con
esa cara de alegra, despus de haber dormido con el horrendo jorobeta?
Y Sett El-Hosn, al oirlo, se ech  reir, y exclam: Por Alah, padre
mo, dejmonos de bromas! Bastante tengo con haber sido la irrisin de
todos los invitados,  causa de mi supuesto marido, ese jorobado que no
vale ni la recortadura de una ua de mi verdadero esposo de esta noche.
Oh, qu noche! Cun llena de delicias junto  mi amado! Basta, pues,
de bromas, padre mo. No me hables ms del jorobado. El visir temblaba
de coraje escuchando  su hija, y sus ojos estaban azules de furor, y
dijo: Qu dices, desdichada? No pasaste aqu la noche con el
jorobado? Y ella contest: Por Alah sobre ti, oh padre mo! No me
hables ms del jorobado. Confndalo Alah,  l,  su padre,  su madre
y  toda su familia! Sabe de una vez que estoy enterada de la
superchera que inventaste para defenderme del mal de ojo. Y di  su
padre todos los pormenores de la boda y de cuanto le haba ocurrido
aquella noche, aadiendo: Qu bien lo pas sintiendo en mi regazo  mi
adorado esposo, el hermoso joven de exquisitas maneras y esplndidos y
negros ojos y de arqueadas cejas!

Odo esto, grit el visir: Pero hija, ests loca? sabes lo que dices?
Dnde se halla el joven  quien llamas tu esposo? Y Sett El-Hosn
respondi: Ha ido al retrete. Entonces, el visir, muy alarmado, se
precipit afuera de la habitacin, y corriendo hacia el retrete, se
encontr al jorobado que segua inmvil, con los pies hacia arriba y la
cabeza dentro del agujero. Estupefacto hasta ms no poder, exclam el
visir: Qu veo? Eres t, jorobeta? Y como no le contestase, repiti
esta pregunta en voz ms alta. Pero el jorobado tampoco quiso contestar,
porque segua aterrado, creyendo que quien le hablaba era el efrit...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente

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_PERO CUANDO LLEG LA 22. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que Giafar prosigui as la
historia contada al califa Harn Al-Rachid:

El cobarde jorobeta, creyendo que le hablaba el efrit, tena un miedo
horrible, y no se atreva  contestar. Entonces, muy enfurecido, el
visir le increp: Respndeme, jorobado maldito,  te atravieso con
este alfanje! Y entonces el jorobado, sin sacar del agujero la cabeza,
contest desde dentro: Por Alah! Oh jefe de los efrits, tenme
compasin! Te juro que te he obedecido, sin moverme de aqu en toda la
noche. Al oirle, el visir ya no supo qu pensar, y exclam: Pero qu
ests diciendo? No soy ningn efrit, sino el padre ele la novia. Y el
jorobado, dando un gran suspiro, contest entonces; Pues mrchate de
aqu, que nada tengo que ver contigo. Y vete antes de que aparezca el
terrible efrit, arrebatador de almas. Adems, te odio, porque t tienes
la culpa de todas mis desdichas, al casarme con la querida de los
bfalos, los asnos y los efrits. Malditos seis t, tu hija y todos los
que obran tan mal como vosotros! Y el visir le dijo: Pero ests loco?
Sal de ah, para que escuche bien eso que acabas de contar. Entonces
el jorobado replic: Acaso est loco; pero no lo estar hasta el punto
de moverme de este sitio sin permiso del terrible efrit. Porque me ha
prohibido salir del agujero antes de que amanezca. As, pues, vete y
djame en paz. Pero antes dime: falta mucho para que salga el sol? Y
el visir, cada vez ms perplejo, contest: Pero qu efrit es ese del
cual hablas? Y entonces el jorobado le cont la historia, su ida al
retrete para hacer sus necesidades antes de entrar al cuarto de la
desposada, la aparicin del efrit bajo las diversas formas de rata,
gato, perro, asno y bfalo, y por fin la prohibicin hecha y el trato
sufrido. Y terminado el relato, rompi  llorar.

Entonces el visir se acerc al jorobado, y tirndole de los pies le sac
del agujero. Y el jorobado, con la faz lastimosamente embadurnada de
amarillo, grit al visir: Maldito seas t, y maldita tu hija, la
amante de los bfalos! Y por temor de que se le apareciese de nuevo el
efrit, ech  correr con todas sus fuerzas, dando alaridos y sin
atreverse  volver la cara. Y lleg al palacio, y fu  ver al sultn, y
le explic su aventura con el efrit.

En cuanto al visir Chamseddin, regres como loco al aposento de su hija
Sett El-Hosn, y le dijo: Hija ma, noto que pierdo la razn. Aclrame
lo sucedido. Entonces, Sett El-Hosn le dijo: Sabe, oh padre mo! que
el joven encantador que logr los honores de la boda durmi toda la
noche conmigo, gozando mis primicias; y tendr un hijo seguramente. Y en
prueba de lo que hablo, ah en la silla tienes su turbante, sus calzones
en el divn, y su calzoncillo en mi cama. Adems, en sus calzones
encontrars algo que ha escondido y que yo no pude adivinar. A estas
palabras, se dirigi el visir hacia la silla, cogi el turbante, y le
di vueltas en todos sentidos para examinarlo bien, y luego exclam:
Es un turbante como el de los visires de Bassra y de Mossul! Despus
desenroll la tela, y encontr un pliego que all estaba cosido, y se
apresur  guardarlo, y examin luego los calzones, encontrando en ellos
el bolsillo con los mil dinares que el judo haba dado  Hassn
Badreddin. Y en el bolsillo haba un papel, donde el judo haba escrito
lo siguiente: Yo, comerciante de Bassra, declaro haber entregado la
cantidad de mil dinares al joven Hassn Badreddin, hijo del visir
Nureddin ( quien Alah haya recibido en Su misericordia), por el
cargamento de la primera nave que arribe  Bassra. Al leer el papel, el
visir Chamseddin lanz un grito y qued desmayado. Cuando volvi en s,
se apresur  abrir el pliego que haba encontrado en el turbante, 
inmediatamente conoci la letra de su hermano Nureddin. Y entonces
empez  llorar y  lamentarse, diciendo: Pobre hermano mo! pobre
hermano mo!

Y cuando se hubo calmado un poco, exclam: Alah es Todopoderoso! Y
dijo  Sett El-Hosn: Oh hija ma! sabes el nombre de aquel  quien
te has entregado esta noche? Pues es Hassn Badreddin, mi sobrino, el
hijo de tu to Nureddin. Y esos mil dinares son tu dote. Alah sea
loado! Despus recit estas dos estrofas:

     _Vuelvo  encontrar sus huellas, y al instante me domina el deseo!
     Y al recordar la mansin de la dicha, derramo todas las lgrimas
     de mis ojos!_

     _Y pregunto y grito, sin lograr respuesta: Quin me ha arrancado
     lejos de l? Oh! tenga piedad de m el autor de mis desventuras,
     y permtame que vuelva!_

En seguida ley cuidadosamente la Memoria de su hermano, y encontr
relatada toda la vida de Nureddin y el nacimiento de su hijo Badreddin.
Y qued muy maravillado, sobre todo cuando contrast las fechas anotadas
por su hermano con las de su propio casamiento en El Cairo, y del
nacimiento de Sett El-Hosn. Y vi que estas fechas concordaban
perfectamente.

Y tanto hubo de asombrarse, que se apresur  ir en busca del sultn
para contarle la historia y mostrarle aquellos papeles. Y el sultn se
asombr tambin de tal modo, que mand  los escribas de palacio
redactasen tan admirable historia para conservarla escrupulosamente en
el archivo.

En cuanto al visir Chamseddin, march  su casa y esper en compaa de
su hija el regreso de su sobrino Hassn Badreddin. Pero acab por darse
cuenta de que Hassn haba desaparecido. Y no pudiendo explicarse la
causa, se dijo: Por Alah! Qu aventura tan extraordinaria es esta
aventura! No he conocido otra semejante...

     Al llegar  este momento ele su narracin, Schahrazada vi aparecer
     la maana, y discreta, interrumpi su relato, para no cansar al
     sultn Schahriar, rey de las islas de la India y de la China.

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_PERO CUANDO LLEG LA 23. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que Giafar al-Barmak, visir del
rey Harn Al-Rachid, prosigui de este modo la historia que contaba al
califa:

Cuando el visir Chamseddin se convenci de que su sobrino Hassn
Badreddin haba desaparecido, se dijo: Puesto que el mundo est hecho
de vida y de muerte, nada tan oportuno como que procure que mi sobrino
Hassn encuentre  su regreso esta vivienda igual que la ha dejado. Y
el visir Chamseddin cogi un tintero, un clamo y un pliego de papel, y
anot uno por uno todos los muebles y enseres de la casa, en esta forma:
Tal armario est en tal sitio; tal cortina en tal otro, y as
sucesivamente. Cuando termin, sell el papel despus de lerselo  su
hija Sett El-Hosn, y lo guard con mucho cuidado en la caja de los
papeles. Despus recogi el turbante, el gorro, los calzones, el ropn y
el bolsillo,  hizo con todo ello un paquete, que guard con el mismo
esmero.

En cuanto  Sett El-Hosn, la hija del visir, qued preada efectivamente
la primera noche de bodas, y  los nueve meses cumplidos pari un hijo
tan hermoso como la luna y que se pareca  su padre en todo, en lo
bello, lo gentil y lo perfecto. En seguida que naci lo lavaron las
mujeres y le ennegrecieron los ojos con kohl. Despus le cortaron el
cordn umbilical, y lo confiaron  las criadas y  la nodriza. Y por su
hermosura sorprendente se le llam Agib[8].

Pero cuando el admirable Agib lleg, da por da, mes por mes y ao por
ao,  cumplir los siete de su edad, su abuelo el visir Chamseddin le
mand  la escuela de un maestro muy famoso, recomendndoselo mucho 
este maestro. Y Agib, acompaado diariamente del esclavo negro Said,
eunuco de su padre, iba  la escuela para regresar  su casa al medioda
y al anochecer. Y as fu  la escuela durante cinco aos, hasta cumplir
los doce. Pero  todo esto los dems nios de la escuela no podan
soportar  Agib, que les pegaba y les insultaba y les deca: Cul de
vosotros puede compararse conmigo? Mi padre, es el visir de Egipto. Al
fin se reunieron los nios y fueron  quejarse al maestro contra la
conducta de Agib. Y el maestro, al ver que sus exhortaciones al hijo del
visir no daban resultado, sin atreverse  despedirle, por ser quien era,
dijo  los otros nios: Os voy  indicar una cosa que en cuanto se la
digis le impedir volver  la escuela. Maana  la hora del recreo os
reuniris todos en torno de Agib y os diris los unos  los otros: Por
Alah! Vamos  jugar  un juego maravilloso! Pero para jugarlo es
preciso que diga en alta voz cada uno su nombre, y el nombre de su padre
y de su madre. Pues el que no pueda decir el nombre de su padre y de su
madre ser considerado como hijo adulterino y no jugar con nosotros.

Y aquella maana, cuando Agib hubo llegado  la escuela, todos los nios
se reunieron  su alrededor, y uno de ellos dijo; Vamos  jugar  un
juego maravilloso! Pero nadie podr jugar sino con la condicin de decir
su nombre y los de sus padres. Empecemos, uno  uno! Y les gui el
ojo.

Entonces avanz uno de los nios, y dijo: Me llamo Nahib, mi madre se
llama Nahiba y mi padre Izeddin. Y otro dijo: Yo me llamo Naguib, mi
madre se llama Gamila y mi padre se llama Mustaf. Y el tercero y el
cuarto y los otros se expresaron en la misma forma. Cuando le toc el
turno  Agib, dijo orgullosamente: Yo soy Agib, mi madre se llama Sett
El-Hosn y mi padre se llama Chamseddin, visir de Egipto.

Pero todos los nios replicaron: No, por Alah! El visir no es tu
padre! Y Agib grit enfurecido: Alah os confunda! El visir es mi
padre! Pero los nios comenzaron  reirse y  palmotear, y le volvieron
la espalda, gritando: Vete, vete! No sabes cmo se llama tu padre!
Chamseddin no es tu padre, sino tu abuelo, el padre de tu madre! No
jugars con nosotros! Y los nios se desbandaron, riendo  carcajadas.

Entonces Agib sinti que se le oprima el pecho y le ahogaban los
sollozos. Y en seguida se le acerc el maestro, y le dijo: Pero cmo,
Agib! no sabas que el visir no es tu padre, sino tu abuelo, el padre
de tu madre Sett El-Hosn? A tu padre, ni t, ni nosotros, ni nadie le
conoce. Porque el sultn haba casado  Sett El-Hosn con un palafrenero
jorobado, pero el tal no pudo acostarse con ella, y ha ido contando por
toda la ciudad que la noche de su boda los efrits le haban encerrado 
l, para dormir ellos con Sett El-Hosn. Y ha contado tambin historias
asombrosas de bfalos, perros, borricos y otros seres semejantes. De
modo, oh mi querido Agib! que nadie sabe el nombre de tu padre. S,
pues, humilde ante Alah y con tus compaeros, que te miran como  hijo
adulterino. Considera que te hallas en la misma situacin que un nio
vendido en el mercado y que ignora quin es su padre. Sabe, pues, que el
visir Chamseddin no es mas que tu abuelo, y que tu padre nadie lo
conoce. Y en adelante procura ser modesto.

Despus de oir al maestro de escuela, Agib sali corriendo  casa de su
madre Sett El-Hosn, llorando tanto, que no pudo al principio articular
palabra. Entonces su madre empez  consolarle, y vindole tan
conmovido, se le llen el corazn de lstima, y le dijo: Hijo mo,
cuntale  tu madre la causa de tu pena! Y le bes y le acarici.
Entonces el pequeo le dijo: Dime, madre, quin es mi padre? Y Sett
El-Hosn, muy asombrada, dijo: Pues el visir! Y, Agib le contest,
ahogado por el llanto: No; ese no es mi padre! No me ocultes la
verdad! El visir es tu padre, pero no el mo! Si no me dices la verdad,
con este pual me matar ahora mismo. Y Agib le repiti  su madre las
palabras del maestro de escuela.

Entonces, al recordar  su primo y marido, la hermosa Sett El-Hosn
record tambin su primera noche de bodas y la belleza y encantos del
maravilloso Hassn Badreddin El-Bassrau, y llor muy emocionada,
suspirando estas estrofas:

     _Encendi el deseo en mi corazn, y se ausent muy lejos! Y se
     ausent hacia lo ms distante de nuestra morada!_

     _Mi pobre razn no he de recobrarla hasta que l vuelva! Y
     aguardndole, he perdido asimismo el sueo reparador y toda la
     paciencia!_

     _Me abandon, y con l me abandon la dicha, arrebatndome la
     tranquilidad! Y desde entonces perd todo reposo!_

     _Me dej, y las lgrimas de mis ojos lloran su ausencia, y al
     correr, sus arroyos llenan los mares;_

     _Que no pasa un da sin que mi deseo me empuje hacia l y palpite
     mi corazn con el dolor de su ausencia;_

     _Por eso su imagen se alza frente  m, y al mirarla, aumentan mi
     cario, mi anhelo y mis recuerdos!_

     _Oh! Su imagen amada es siempre lo primero que se presenta  mis
     ojos en la primera hora de la maana! Y as ha de ser siempre,
     pues no tengo otro pensamiento ni otros amores!_

Despus prosigui en sus sollozos. Y Agib, viendo llorar  su madre, se
ech  llorar tambin. Y mientras los dos estaban llorando, entr en la
habitacin el visir Chamseddin, que haba odo los llantos y las voces.
Y al ver cmo lloraban, se le oprimi el corazn, y dijo muy alarmado:
Hijos mos, por qu lloris as? Entonces Sett El-Hosn le refiri la
aventura de Agib con los chicos de la escuela. Y el visir, al oirla, se
acord de todas las desventuras pasadas, las que le haban ocurrido 
l,  su hermano Nureddin,  su sobrino Hassn Badreddin, y por ltimo 
su nieto Agib, y al reunir todos estos recuerdos no pudo menos de llorar
tambin. Y se fu muy desesperado en busca del emir, y le cont lo que
pasaba, dicindole que aquella situacin no poda durar, ni por su buen
nombre ni por el de sus hijos; y le pidi su venia para partir hacia los
pases de Levante, y llegar  la ciudad de Bassra, en donde pensaba
encontrar  su sobrino Hassn Badreddin. Rog asimismo que el sultn le
escribiera unos decretos que le permitiesen realizar por los pases las
gestiones necesarias para encontrar y atraerse  su sobrino. Y como no
cesaba en su amargo llanto, se enterneci el sultn y le concedi los
decretos. Y despus de darle gracias mil veces y hacer votos por su
engrandecimiento, prosternndose ante l y besando la tierra entre sus
manos, el visir se despidi. Inmediatamente hizo los preparativos para
la marcha y parti con su hija Sett El-Hosn y con Agib.

Anduvieron el primer da y el segundo y el tercero, y as sucesivamente,
en direccin  Damasco, y por fin llegaron sin dificultad  Damasco. Y
se detuvieron cerca de las puertas, en el meidn de Hasba, donde armaron
sus tiendas para descansar dos das antes de seguir el camino. Y les
pareci Damasco una ciudad admirable, llena de rboles y aguas
corrientes, siendo en realidad como la cant el poeta:

     _He pasado un da y una noche en Damasco! Damasco! Su creador
     jur no hacer en adelante nada parecido!_

     _La noche cubre amorosamente  Damasco con sus alas! Y cuando
     llega el da, tiende por encima la sombra de sus rboles
     frondosos!_

     _El roco en las ramas de estos rboles no es roco, sino perlas,
     perlas que caen como copos de nieve  merced de la brisa que las
     empuja!_

     _En sus bosques luce la Naturaleza todas sus galas: el ave da su
     lectura matutina; el agua es como una pgina blanca abierta; la
     brisa responde y escribe lo que dicta el ave, y las blancas nubes
     derraman gotas para la escritura!_

La servidumbre del visir fu  visitar la ciudad y sus zocos para
comprar lo que necesitaban y vender las cosas tradas de Egipto. Y no
dejaron de baarse en los hammams famosos, y entraron en la mezquita de
los Bani-Ommiah[9], situada en el centro de la poblacin, y que no tiene
igual en todo el mundo.

Agib march tambin  la ciudad para distraerse, acompaado de su fiel
eunuco Said. Y el eunuco le segua muy prximo y llevaba en la mano un
ltigo capaz de matar  un camello, pues saba la fama que tienen los
habitantes de Damasco, y con aquel ltigo quera impedirles acercarse 
su amo el hermoso Agib. Y efectivamente, no se engaaba, pues apenas
hubieron visto al hermoso Agib, los habitantes de Damasco se percataron
de lo encantador y gracioso que era, hallndole ms suave que la brisa
del Norte, ms delicioso que el agua fresca para el paladar del sediento
y ms grato que la salud para el convaleciente. Y en seguida la gente de
la calle, de las casas y de las tiendas siguieron  Agib, sin dejarle, 
pesar del ltigo del eunuco. Y otros corran para adelantarse y se
sentaban en el suelo,  su paso, para contemplarle ms tiempo y mejor.
Al fin, por voluntad del Destino, Agib y el eunuco llegaron  una
pastelera, donde se detuvieron para escapar de tan indiscreta
muchedumbre.

Y precisamente aquella pastelera era la de Hassn Badreddin, padre de
Agib. Haba muerto el anciano pastelero que adopt  Hassn, y ste
haba heredado la tienda. Y aquel da Hassn estaba ocupado en preparar
un plato delicioso con granos de granada y otras cosas azucaradas y
sabrosas. Y cuando vi pararse  Agib y al eunuco, qued encantado con
la hermosura de Agib, y no solamente encantado, sino conmovido con una
emocin cordial y extraordinaria, que le hizo exclamar lleno de cario:
Oh mi joven seor! Acabas de conquistar mi corazn y reinas para
siempre en lo ntimo de mi ser, sintindome atrado hacia ti desde el
fondo de mis entraas. Quieres honrarme entrando en mi tienda? Quieres
hacerme la merced de probar mis dulces, sencillamente por piedad? Y
Hassn, al decir esto, senta que, sin poder remediarlo, sus ojos se
arrasaban en lgrimas, y llor mucho al recordar entonces su pasado y su
situacin presente.

Y cuando Agib oy las palabras de su padre, se le enterneci tambin el
corazn, y volvindose hacia el esclavo, le dijo: Said! Este pastelero
me ha enternecido. Se me figura que ha de tener algn hijo ausente y
que yo le recuerdo este hijo. Entremos, pues, en su tienda para
complacerle, y probemos lo que nos ofrece. Y si aliviamos con esto su
pena, es probable que Alah se apiade  su vez de nosotros y haga que
logren buen xito las pesquisas para encontrar  mi padre.

Pero Said, al or  Agib, exclam: Oh mi seor, no hagamos eso! Por
Alah! De ningn modo! No es propio del hijo de un visir entrar en una
pastelera del zoco, y menos todava comer pblicamente en ella. Oh!
No puede ser! Si lo haces por temor  estas gentes que te siguen, y por
eso quieres entrar en esa tienda, ya sabr yo espantarlas y defenderte
con mi ltigo. Pero lo que es entrar en la pastelera, en modo alguno!

Y Hassn Badreddin se afect muchsimo al oir al eunuco. Y luego,
volvindose hacia l, con los ojos llenos de lgrimas, le dijo: Oh
eunuco! Por qu no quieres apiadarte y darme el gusto de entrar en mi
tienda? Porque t, como la castaa, eres negro por fuera, pero por
dentro blanco! Y te han elogiado todos nuestros poetas en versos
admirables, hasta el punto de que puedo revelarte el secreto de que
aparezcas tan blanco por fuera como por dentro lo eres. Entonces el
buen eunuco se ech  reir  carcajadas, y exclam: Es de veras?
Puedes hacerlo as? Por Alah, apresrate  decrmelo! En seguida
Hassn le recit estos versos admirables en loor de los eunucos:

     _Su cortesa exquisita, la dulzura de sus modales y su noble
     apostura han hecho de l el guardin respetado de las casas de los
     reyes!_

     _Y para el harn, qu servidor tan incomparable! Tal es su
     gentileza, que los ngeles del cielo bajan  su vez para servirle!_

Estos versos eran, efectivamente, tan maravillosos y tan oportunos, y
fueron tan admirablemente recitados por Hassn, que el eunuco se
conmovi y se sinti halagadsimo, hasta el punto de que, cogiendo de la
mano  Agib, entr con l en la tienda.

Entonces Hassn Badreddin lleg al colmo de la alegra y se apresur 
hacer cuanto pudo para honrarlos. Cogi un tazn de porcelana de los ms
ricos, lo llen de granos de granada preparados con azcar y almendras
mondadas, perfumado todo deliciosamente y muy en su punto, y lo present
sobre la ms suntuosa de sus bandejas de cobre repujado. Y al verlos
comer con manifiesta satisfaccin, se sinti muy halagado y muy
complacido: Oh, qu honor para m! Qu fortuna la ma! Que os sea
tan agradable como provechoso!

Agib, despus de probar los primeros bocados, invit  sentarse al
pastelero, y le dijo: Puedes quedarte con nosotros y comer con
nosotros. Porque Alah lo tendr en cuenta, haciendo que encontremos al
que buscamos. Y Hassn Badreddin se apresur  replicar: Pero cmo,
hijo mo! Acaso lamentas ya, siendo tan joven, la prdida de un ser
querido? Y Agib contest: Oh buen hombre! La ausencia de un ser
querido ha destrozado ya mi corazn! Y ese ser por quien lloro es nada
menos que mi padre! Porque mi abuelo y yo hemos abandonado nuestro pas
para recorrer todas las comarcas en su busca. Y Agib, al recordar su
desgracia, rompi  llorar, mientras que Badreddin, emocionado por aquel
dolor, lloraba tambin. Y hasta el eunuco inclin la cabeza en seal de
sentimiento. Sin embargo, hicieron los honores al magnfico tazn de
granada perfumada, dispuesta con tanto arte. Y comieron hasta la
saciedad, pues tan exquisita estaba.

Pero como apremiaba el tiempo, Hassn no pudo saber ms, porque el
eunuco hizo que Agib partiese con l hacia las tiendas del visir.

Y apenas se hubo marchado Agib, Hassn sinti que su alma se iba con l,
y no pudo sustraerse al deseo de seguirle. Cerr en seguida su tienda, y
sin sospechar que Agib era su hijo, march  buen paso, para alcanzarles
antes de que hubiesen traspuesto la puerta principal de la ciudad.

Entonces el eunuco se apercibi de que el pastelero les segua, y
volvindose hacia l, le dijo: Pastelero, por qu nos sigues? Y
Badreddin respondi: Tengo que despachar un asunto fuera de la ciudad,
y he querido alcanzaros para que vayamos juntos y regresar despus en
seguida. Adems, vuestra partida me ha arrancado el alma del cuerpo.

Estas palabras indignaron profundamente al eunuco, que exclam: Parece
que va  salirnos muy caro el dichoso dulce! Qu maldito tazn! Este
hombre nos lo va  amargar! Y he aqu que ahora nos seguir  todas
partes! Entonces, Agib, al volverse y ver al pastelero, se puso muy
colorado, y balbuce: Djalo, Said, que el camino de Alah es libre
para todos los musulmanes! Y aadi despus: Si viene hasta las
tiendas, ya no habr duda de que nos persigue, y entonces lo echaremos.
Y dicho esto, Agib baj la cabeza y continu andando, y el eunuco
marchaba  pocos pasos detrs de l.

En cuanto  Hassn, no dej de seguirles hasta el meidn de Hasba, donde
estaban las tiendas. Y entonces Agib y el eunuco se volvieron, vindole
 pocos pasos detrs de ellos. Y esta vez acab por enfadarse Agib,
temiendo que el eunuco se lo contase todo  su abuelo: que Agib haba
entrado en una pastelera y que el pastelero haba seguido  Agib! Y
asustado de que esto ocurriese, cogi una piedra y volvi  mirar 
Hassn, que segua inmvil, contemplndole siempre con una extraa luz
en los ojos. Y Agib, sospechando que esta llama de los ojos del
pastelero era una llama equvoca, se puso an ms furioso y lanz con
toda su fuerza la piedra contra l, hirindole de gravedad en la frente.
Despus, Agib y el eunuco huyeron hacia las tiendas. En cuanto  Hassn
Badreddin, cay al suelo, desmayado y con la cara cubierta de sangre.
Pero afortunadamente no tard en volver en s, se resta la sangre, y
con un trozo de su turbante se vend la herida. Despus comenz 
reconvenirse de este modo: Verdaderamente, toda la culpa la tengo yo!
He procedido muy mal al cerrar la tienda y seguir  ese hermoso
muchacho, hacindole creer que le acosaba con fines sospechosos. Y
suspir despus: Alah karim![10]. Luego regres  la ciudad, abri la
tienda y sigui preparando sus pasteles y vendindolos como antes haca,
pensando siempre, lleno de dolor, en su pobre madre, que en la ciudad de
Bassra le haba enseado desde muy nio las primeras lecciones del arte
de la pastelera. Y se puso  llorar, y para consolarse, recit esta
estrofa:

     _No pidas justicia al infortunio! Slo hallars el desengao!
     Porque el infortunio jams te har justicia!_

En cuanto al visir Chamseddin, to del pastelero Hassn Badreddin,
transcurridos los tres das de descanso en Damasco, dispuso que
levantasen el campamento del meidn, y continuando su viaje  Bassra,
sigui el camino de Homs, luego el de Hama y por fin el de Alepo. Y en
todas partes haca investigaciones. De Alepo march  Mardin, despus 
Mossul y luego  Diarbekir. Y lleg por ltimo  la ciudad de Bassra.

Entonces, apenas hubo descansado, se apresur  presentarse al sultn
de Bassra, que le recibi con mucha amabilidad, preguntndole el motivo
de su viaje. Y Chamseddin le relat toda la historia, y le dijo que era
hermano de su antiguo visir Nureddin. Y al oir el nombre de Nureddin
exclam el sultn: Alah lo tenga en su gracia! Y aadi:
Efectivamente, Nureddin fu mi visir, y lo quise mucho, y muri hace
quince aos. Y dej un hijo llamado Hassn Badreddin, que era mi
favorito predilecto; mas un da desapareci, y no hemos vuelto  saber
de l. Pero en Bassra est todava su madre, la esposa de tu hermano, 
hija de mi antiguo visir, el antecesor de Nureddin.

Esta noticia colm de alegra  Chamseddin, que dijo: Oh rey!
Quisiera ver  mi cuada! Y el rey lo consinti.

Chamseddin corri  casa de su difunto hermano inmediatamente despus de
haber averiguado las seas. Y no tard en llegar, pensando durante todo
el camino en Nureddin, muerto lejos de l, con la tristeza de no poder
abrazarle. Y llorando, recit estas dos estrofas:

     _Oh! Vuelva yo  la morada de mis antiguas noches! Logre yo
     besar sus paredes!_

     _Pero no es el amor  estos muros de la casa querida el que me ha
     herido en mitad del corazn, sino el amor al que en ella viva!_

Atraves Chamseddin la puerta principal, llegando  un gran patio, en
cuyo fondo se alzaba la morada. La puerta era una maravilla de arcadas
de granito, embellecida con mrmoles de todos los colores. En el umbral,
sobre una magnfica losa de mrmol, vi el nombre de su hermano Nureddin
grabado con letras de oro. Se inclin para besar aquel nombre, y se
afect mucho, recitando estas estrofas:

     _Todas las maanas pido noticias suyas al sol que sale! Y todas
     las noches se las pido al relmpayo que brilla!_

     _Cuando duermo, hasta cuando duermo, el deseo, el aguijn del
     deseo, el peso del deseo, la sierra afilada del deseo, trabaja en
     m! Y nunca clamo estos dolores!_

     _Oh dulce amigo! No prolongues ms la dura ausencia! Mi corazn
     est destrozado, cortado en pedazos, por el dolor de esta
     ausencia!_

     _Oh! Que da bendito, qu da tan incomparable sera aquel en que
     al fin pudiramos reunimos!_

     _Pero no temas que por tu ausencia se haya llenado mi corazn con
     el amor de otro! Mi corazn no es bastante grande para encerrar
     otro amor!_

Despus entr Chamseddin en la casa y atraves varios aposentos, hasta
llegar  aquel en que estaba generalmente su cuada, la madre de Hassn
Badreddin El-Bassrau.

Desde la desaparicin de su hijo, se haba encerrado en aquella
estancia, y all pasaba das y noches en continuo llanto. Y haba
mandado construir en medio de la habitacin un pequeo edificio con su
cpula, para que figurase la tumba de su pobre hijo, al cual crea
muerto desde mucho tiempo atrs. Y all dejaba transcurrir entre
lgrimas su vida, y all, extenuada por el dolor, abata la cabeza
aguardando la muerte.

Al llegar junto  la puerta, Chamseddin oy  su cuada, que con voz
doliente recitaba estos versos:

     _Oh tumba! Dime, por Alah, si han desaparecido la hermosura y los
     encantos de mi amigo! Se desvaneci para siempre el magnfico
     espectculo de su belleza?_

     _Oh tumba! No eres seguramente el jardn de las delicias ni el
     elevado cielo; pero dime, cmo veo resplandecer dentro de ti la
     luna y florecer el ramo?_

Entonces entr el visir Chamseddin, salud  su cuada con el mayor
respeto, y la enter de que era el hermano de su esposo Nureddin.
Despus le refiri toda la historia, hacindole saber que Hassn, su
hijo, se haba acostado una noche con su hija Sett El-Hosn y haba
desaparecido por la maana, y Sett El-Hosn qued preada y pari  Agib.
Despus aadi: Agib ha venido conmigo. Es tu hijo, por ser el hijo de
tu hijo y mi hija.

La viuda, que hasta aquel momento haba estado sentada, como una mujer
de riguroso luto que renuncia  los usos sociales, al saber que viva su
hijo y que su nieto estaba all y tena delante  su cuado el visir de
Egipto, se levant apresuradamente y se ech  los pies de Chamseddin,
besndoselos, y recit en honor suyo estas estrofas:

     _Por Alah! Colma de beneficios  aquel que acaba de anunciarme
     esta nueva feliz, pues para m es la noticia ms dichosa y mejor de
     cuantas pueden oirse!_

     _Y si le agradan los regalos, puedo hacerle el de un corazn
     desgarrado por las ausencias!_

El visir orden que buscasen en seguida  Agib, y cuando ste se
present, su abuela se abraz  l llorando. Y Chamseddin le dijo: Oh
mi seora! No es el momento de llorar, sino de que prepares tu viaje 
Egipto en compaa de nosotros. Y quiera Alah reunirnos con tu hijo y
sobrino mo Hassn! Y la abuela de Agib respondi: Escucho y
obedezco. Y en el mismo instante fu  disponer todas las cosas
necesarias, y los vveres, y toda su servidumbre, no tardando en
hallarse dispuesta.

Entonces el visir Chamseddin fu  despedirse del sultn de Bassra. Y el
sultn le entreg muchos regalos para l y para el sultn de Egipto.
Despus, Chamseddin, las dos damas y Agib emprendieron la marcha
acompaados de todo su squito.

Y no se detuvieron hasta llegar nuevamente  Damasco. Hicieron alto en
la plaza de Knun, armaron las tiendas, y el visir dijo: Ahora nos
detendremos en Damasco toda una semana, para tener tiempo de comprar
regalos como se los merece el sultn de Egipto.

Y mientras el visir reciba  los ricos mercaderes que haban acudido
para ofrecerle sus gneros, Agib dijo al eunuco: Baba Said, tengo ganas
de distraerme un rato. Vmonos al zoco para saber qu novedades hay y
qu le ocurri  aquel pastelero cuyos dulces nos comimos, y teniendo
que agradecerle su hospitalidad le pagamos partindole la cabeza de una
pedrada. Realmente, le volvimos mal por bien. Y el eunuco respondi:
Escucho y obedezco.

Entonces Agib y el eunuco abandonaron el campamento, porque Agib obraba
con un ciego impulso, como movido por un cario filial inconsciente.
Llegados  la ciudad, anduvieron por todos los zocos hasta que
encontraron la pastelera. Y era la hora en que los creyentes marchaban
 la mezquita de los Bani-Ommiah para la oracin del _asr_.

Y precisamente en dicho momento estaba Hassn Badreddin en su tienda,
ocupado en confeccionar el mismo plato delicioso de la otra vez: granos
de granada con almendras, azcar y perfumes en su punto. Y entonces Agib
pudo observar al pastelero, y ver en su frente la cicatriz de la pedrada
con que le haba herido. Y se le enterneci ms el corazn, y le dijo:
Oh pastelero, la paz sea contigo! El inters que me inspiras me hace
venir  saber de ti. No me recuerdas? Y apenas lo vi Hassn, se le
conmovieron las entraas, le palpit el corazn desordenadamente,
abati la cabeza hacia el suelo, y su lengua, pegada al paladar, le
impeda decir palabra. Por fin hubo de levantar la vista hacia el
muchacho, y sumisa y humildemente recit estas estrofas:

     _Pens reconvenir  mi amante, pero en cuanto le vi lo olvid
     todo, y no pude dominar mi lengua ni mis ojos!_

     _He callado y baj los ojos ante su apostura imponente y altiva, y
     quise disimular lo que senta, pero no lo pude conseguir!_

     _He aqu cmo, despus de haber escrito pliegos y pliegos de
     reconvenciones, al hallarle ante m me fu imposible leer ni una
     palabra!_

Luego aadi: Oh mis seores! Queris entrar slo por condescendencia
y probar este plato? Porque, por Alah! apenas te he visto, oh lindo
muchacho! mi corazn se ha inclinado hacia tu persona, como la otra vez.
Y me arrepiento de haber cometido la locura de seguirte. Y Agib
contest: Por Alah, que eres un amigo peligroso! Por unos dulces que
nos diste, estuvo en poco que nos comprometieras. Pero ahora no entrar,
ni comer nada en tu casa, como no jures que no saldrs detrs de
nosotros como la otra vez. Y sabe que de otra manera nunca volveremos
aqu, porque vamos  pasar toda la semana en Damasco,  fin de que mi
abuelo pueda comprar regalos para el sultn. Entonces Badreddin
exclam: Lo juro ante vosotros! Y en seguida Agib y el eunuco
entraron en la tienda, y Badreddin les ofreci al instante una terrina
de granos de granada, su deliciosa especialidad. Y Agib le dijo: Ven, y
come con nosotros. Y as puede que Alah conceda el xito  nuestras
pesquisas. Y Hassn se sinti muy feliz al sentarse frente  ellos.
Pero no dejaba ni un instante de contemplar  Agib. Y lo miraba de un
modo tan extrao y persistente, que Agib, cohibido, le dijo: Por Alah!
Qu enamorado tan pesado y tan molesto eres! Ya te lo dije la otra vez.
No me mires de esa manera, pues parece que quieras devorar mi cara con
tus ojos. Y  sus frases respondi Badreddin con estas estrofas:

     _En lo ms profundo de mi corazn hay para ti un secreto que no
     puedo revelar, un pensamiento ntimo y oculto que nunca traducir
     en palabras!_

     _Oh t, que humillas  la brillante luna, orgullosa de su belleza!
     oh t, rostro radiante, que avergenzas  la maana y  la
     resplandeciente aurora!_

     _Te he consagrado un culto mudo; te dediqu, oh vaso selecto! un
     signo mortal y tinos votos que de continuo se acrecientan y
     embellecen!_

     _Y ahora ardo y me derrito por completo! Tu rostro es mi paraso!
     Estoy seguro de morir de esta sed abrasadora! Y sin embargo, tus
     labios podran apagarla y refrescarme con su miel!_

Terminadas estas estrofas, recit otras no menos admirables, pero en
otro sentido, dirigidas al eunuco. Y as estuvo diciendo versos durante
una hora, tan pronto dedicados  Agib como al esclavo. Y luego que sus
huspedes se hubieron saciado, Hassn se levant  fin de traerles lo
indispensable para que se lavasen. Y al efecto les present un hermoso
jarro de cobre muy limpio; les ech agua perfumada en las manos y se las
limpi despus con una hermosa toalla de seda que le penda de la
cintura. Y en seguida les roci con agua de rosas, sirvindose de un
aspersorio de plata que guardaba cuidadosamente en el estante ms alto
de su tienda, sacndolo nada ms que en las ocasiones solemnes. Y no
contento an, sali un instante para volver en seguida, trayendo en la
mano dos alcarrazas llenas de sorbete de agua de rosas, y les ofreci
una  cada uno, diciendo: Aceptadlo y coronad as vuestra
condescendencia. Entonces Agib cogi una alcarraza y bebi, y luego se
la entreg al eunuco, que bebi y se la entreg otra vez  Agib, que
bebi y se la volvi  entregar al esclavo, y as sucesivamente, hasta
que llenaron bien el vientre y se vieron hartos como nunca lo haban
estado en su vida. Y por ltimo, dieron las gracias al pastelero, y se
retiraron muy de prisa para llegar al campamento antes de que se
ocultase el sol.

Y llegados  las tiendas, Agib se apresur  besar la mano  su abuela y
 su madre Sett El-Hosn. Y la abuela le di otro beso, acordndose de su
hijo Badreddin, y hubo de suspirar y llorar mucho. Y despus recit
estas dos estrofas:

     _Si no tuviese la esperanza de que los objetos separados han de
     reunirse algn da, nada habra aguardado ya desde que te fuiste!_

     _Pero hice el juramento de que no entrara en mi corazn ms amor
     que el tuyo! Y Alah mi seor, que conoce todos los secretos, puede
     atestiguar que lo he cumplido!_

Despus le dijo  Agib: Hijo mo, por dnde estuviste? Y l contest:
Por los zocos de Damasco. Y ella dijo: Ya debes tener mucho apetito.
Y se levant y le trajo una terrina llena del famoso dulce de granada,
deliciosa especialidad en que era muy diestra, y cuyas primeras nociones
haba dado  su hijo Badreddin siendo l muy nio.

Y orden al eunuco: Puedes comer con tu amo Agib. Y el eunuco,
haciendo muecas, se deca: Por Alah! Maldito el apetito que tengo!
No podr comer ni un bocado! Pero fu  sentarse junto  su seor.

Y Agib, que se haba sentado tambin, se encontraba con el estmago
lleno de cuanto haba comido y bebido en la pastelera. Sin embargo,
tom un poco de aquel dulce, pero no pudo tragarlo por lo harto que
estaba. Adems le pareci muy poco azucarado. Y en realidad no era as
ni mucho menos. Porque la culpa era de l, pues no poda estar ms
ahto de lo que estaba. As es que, haciendo un gesto de repugnancia,
dijo  su abuela: Oh abuela! Este dulce no est bien hecho. Y la
abuela, despechada, exclam: Cmo te atreves  decir que no estn bien
hechos mis dulces? Ignoras que no hay en el mundo quien me iguale en el
arte de la repostera y la confitera, como no sea tu padre Hassn
Badreddin, y eso porque yo le ense? Pero Agib repuso: Por Alah,
abuela, que  este plato le falta algo de azcar! No se lo digas  mi
madre ni  mi abuelo; pero sabe que acabamos de comer en el zoco, donde
nos ha obsequiado un pastelero, ofrecindonos este mismo plato. Ah!
slo su perfume ensanchaba el corazn! Y su saber delicioso habra
despertado el apetito de un enfermo. Y realmente, este plato preparado
por ti no se le puede comparar ni con mucho, abuela ma.

Y la abuela, enfurecida al oir estas palabras, lanz una terrible mirada
al eunuco Said y le dijo...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

     Entonces, su hermana, la joven Doniazada, le dijo: Oh hermana
     ma! Cun dulces y agradables son tus palabras, y cun delicioso y
     encantador ese cuento!

     Y Schahrazada sonri y dijo: S, hermana ma; pero nada vale
     comparado con lo que os contar la prxima noche, si vivo an, por
     merced de Alah y gusto del rey.

     Y el rey dijo para s: Por Alah! No la matar antes de oir la
     continuacin de su historia, pues realmente es una historia en
     extremo asombrosa y extraordinaria.

     Despus el rey Schahriar y Schahrazada pasaron enlazados el resto
     de la noche, hasta que sali el sol.

     Inmediatamente el rey Schahriar fu  la sala de sus justicias, y
     se llen el divn con la multitud de visires, chambelanes, guardias
     y gente de palacio. Y el rey juzg y dispuso nombramientos y
     destituciones, y gobern y despach los asuntos pendientes, hasta
     que hubo acabado el da.

     Y luego se levant el divn, regres el rey al palacio, y cuando
     lleg la noche fu  buscar  Schahrazada, la hija del visir, y no
     dej de hacer con ella su cosa acostumbrada.

[imagen]

Y ERA LA 24. NOCHE

Y la joven Doniazada, en cuanto se hubo terminado la cosa, se apresur 
levantarse del tapiz y dijo  Schahrazada:

Oh hermana ma! Te suplico que termines ese cuento tan hermoso de la
historia del bello Hassn Badreddin y de su mujer, la hija de su to
Chamseddin. Estabas precisamente en estas palabras: La abuela lanz una
terrible mirada al eunuco Said, y le dijo... Qu le dijo?

Y Schahrazada, sonriendo  su hermana, repuso: La proseguir de todo
corazn y buena voluntad, pero no sin que este rey tan bien educado me
lo permita.

     Entonces, el rey, que aguardaba impaciente el final del relato,
     dijo  Schahrazada: Puedes continuar.

     Y Schahrazada dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que la abuela de Agib se
encoleriz mucho, mir al esclavo de una manera terrible, y le dijo:
Pero desdichado! As has pervertido  este nio! Cmo te atreviste 
hacerle entrar en tiendas de cocineros  pasteleros?  estas palabras
de la abuela de Agib, el eunuco, muy asustado, se apresur  negar, y
dijo: No hemos entrado en ninguna pastelera; no hicimos mas que pasar
por delante. Pero Agib insisti tenazmente: Por Alah! Hemos entrado y
hemos comido muy bien. Y maliciosamente aadi: Y te repito, abuela,
que aquel dulce estaba mucho mejor que este que nos ofreces.

Entonces la abuela se march indignada en busca del visir para enterarle
de aquel terrible delito del eunuco de alquitrn. Y de tal modo excit
al visir contra el esclavo, que Chamseddin, hombre de mal genio, que
sola desahogarse  gritos contra la servidumbre, se apresur  marchar
con su cuada en busca de Agib y el eunuco. Y exclam: Said! Es
cierto que entraste con Agib en una pastelera? Y el eunuco, aterrado,
dijo: No es cierto, no hemos entrado. Pero Agib, maliciosamente,
repuso: S que hemos entrado! Y adems, cuanto hemos comido! Ay,
abuela! Tan rico estaba, que nos hartamos hasta la nariz. Y luego hemos
tomado un sorbete delicioso, con nieve, de lo ms exquisito. Y el
complaciente pastelero no economiz en nada el azcar, como la abuela.
Entonces aument la ira del visir, y volvi  preguntar al eunuco, pero
ste segua negando. En seguida el visir le dijo: Said! Eres un
embustero. Has tenido la audacia de desmentir  este nio, que dice la
verdad, y slo podra creerte si te comieras toda esta terrina preparada
por mi cuada. As me demostraras que te hallas en ayunas.

Entonces, Said, aunque ahito por la comilona en casa de Badreddin, quiso
someterse  la prueba. Y se sent frente  la terrina, dispuesto 
empezar; pero hubo de dejarlo al primer bocado, pues estaba hasta la
garganta. Y tuvo que arrojar el bocado que tom, apresurndose  decir
que la vspera haba comido tanto en l pabelln con los dems esclavos,
que haba cogido una indigestin. Pero el visir comprendi en seguida
que el eunuco haba entrado realmente aquel da en la tienda del
pastelero. Y orden que los otros esclavos lo tendiesen en tierra, y l
mismo, con toda su fuerza, le propin una gran paliza. Y el eunuco,
lleno de golpes, peda piedad, pero segua gritando: Oh mi seor, es
cierto que cog una indigestin! Y como el visir ya se cansaba de
pegarle, se detuvo y le dijo: Vamos! Confiesa la verdad! Entonces el
eunuco se decidi y dijo: S, mi seor, es verdad. Hemos entrado en una
pastelera en el zoco. Y lo que se nos di all de comer era tan rico,
que en mi vida prob una cosa semejante. No como este plato horrible y
detestable! Por Alah! Qu malo es!

Entonces el visir se ech  rer de muy buena gana; pero la abuela no
pudo dominar su despecho, y dijo: Calla, embustero! A que no traes un
plato como ste? Todo eso que has dicho no es mas que una invencin
tuya. Ve, si no,  buscar una terrina de ese mismo dulce. Y si la traes,
podremos comparar mi trabajo y el de ese pastelero. Mi cuado ser quien
juzgue. Y el eunuco contest: No hay inconveniente. Entonces la
abuela le di medio dinar y una terrina de porcelana, vaca.

Y el eunuco sali, marchando  la pastelera, donde dijo al pastelero:
He aqu que acabamos de apostar en favor de ese plato de granada, que
sabes hacer, contra otro que han preparado los criados. Aqu tienes
medio dinar, pero presntalo con toda tu pericia, pues si no, me
apalearn de nuevo. Todava me duelen las costillas. Entonces Hassn se
ech  rer y le dijo: No tengas cuidado; slo hay en el mundo una
persona que sepa hacer este dulce, y es mi madre. Pero est en un pas
muy lejano!

Despus Badreddin llen muy cuidadosamente la terrina, y an hubo de
mejorarla aadindole un poco de almizcle y de agua de rosas. Y el
eunuco regres  toda prisa al campamento. Entonces la abuela de Agib
tom la terrina y se apresur  probar el dulce, para darse cuenta de su
calidad y su sabor. Y apenas lo llev  los labios, exhal un grito y
cay de espaldas.

Y el visir y todos los dems no salan de su asombro, y se apresuraron 
rociar con agua de rosas la cara de la abuela, que al cabo de una hora
pudo volver en s. Y dijo: Por Alah! El autor de este plato de
granada no puede ser mas que mi hijo Hassn Badreddin, y no otro alguno!
Estoy segura de ello! Soy la nica que sabe prepararlo de esta manera,
y slo se lo ense  mi hijo Hassn!

Y al oirla, el visir lleg al lmite de la alegra y de la impaciencia,
y exclam: Alah va  permitir por fin que nos reunamos! En seguida
llam  sus servidores, y despus de meditar unos momentos, concibi un
plan, y les dijo: Id veinte de vosotros inmediatamente  la pastelera
de ese Hassn, conocido en el zoco por Hassn El-Bassrau, y haced
pedazos cuanto haya en la tienda. Amarrad al pastelero con la tela de su
turbante y tradmelo aqu, pero sin hacerle dao alguno.

Luego mont  caballo, y provisto de las cartas oficiales, se fu  la
casa del gobierno para ver al lugarteniente que representaba en Damasco
 su seor el sultn de Egipto. Y mostr las cartas del sultn al
lugarteniente gobernador, que se inclin al leerlas, besndolas
respetuosamente y ponindoselas sobre la cabeza con veneracin. Despus,
volvindose al visir, le dijo: Estoy  tus rdenes. De quin quieres
apoderarte? Y el visir le contest: Solamente de un pastelero del
zoco. Y el gobernador dijo: Pues es muy fcil. Y mand  sus guardias
que fuesen  prestar auxilio  los servidores del visir. Y despus de
despedirse del gobernador, volvi el visir  sus tiendas.

Por su parte, Hassn Badreddin vi llegar gente armada con palos,
piquetas y hachas, que invadieron sbitamente la pastelera, hacindolo
pedazos todo, tirando por los suelos los dulces y pasteles, y
destruyendo, en fin, la tienda entera. Despus, apoderndose del
espantadsimo pastelero, le ataron con la tela de su turbante, sin decir
palabra. Y Hassn pensaba: Por Alah! La causa de todo esto debe haber
sido esa maldita terrina. Qu habrn encontrado en ella?

Y acabaron por llevarle al campamento,  presencia del visir. Y Hassn
Badreddin, muy asustado, exclam: Seor! Qu crimen he cometido? Y
el visir le dijo: Eres t quien ha preparado ese dulce de granada? Y
Hassn repuso: Oh mi seor! Has encontrado en l algo por lo cual
deban cortarme la cabeza? Y el visir replic severamente: Cortarte la
cabeza? Eso sera un castigo demasiado suave. Algo peor te ha de pasar,
como irs viendo.

Porque el visir haba encargado  las dos damas que le dejasen obrar 
su gusto, pues no quera darles cuenta de sus investigaciones hasta su
llegada al Cairo.

Llam, pues,  sus esclavos, y les dijo: Que se me presente uno de
nuestros camelleros. Y traed un cajn grande de madera. Y los esclavos
obedecieron en seguida. Despus, por orden del visir, se apoderaron del
atemorizado Hassn y le hicieron entrar en el cajn, que cerraron
cuidadosamente. En seguida lo cargaron en el camello, levantaron las
tiendas, y la comitiva se puso en marcha. Y as caminaron hasta la
noche. Entonces se detuvieron para comer, y  fin de que Hassn tambin
comiese, le dejaron salir unos instantes, encerrndole despus de nuevo.
Y de este modo prosiguieron el viaje. De cuando en cuando se detenan, y
se haca salir  Hassn para encerrarle luego de ser sometido  un
interrogatorio del visir, que le preguntaba cada vez: Eres t el que
prepar el dulce de granada? Y Hassn contestaba siempre: Oh mi
seor! As es, en verdad. Y el visir exclamaba: Atad  ese hombre y
encerradle en el cajn!

Y de este modo llegaron al Cairo. Pero antes de entrar en la ciudad, el
visir hizo que sacaran  Hassn del cajn y se lo presentasen. Y
entonces dispuso: Que venga en seguida un carpintero! Y el carpintero
compareci, y el visir le dijo: Toma las medidas de alto y de ancho
para construir una picota que le vaya bien  este hombre, y adptala 
un carretn, que arrastrar una pareja de bfalos. Y Hassn, espantado,
exclam: Seor! Qu vas  hacer conmigo? Y el visir dijo: Clavarte
en la picota y llevarte por la ciudad para que todos te vean. Y Hassn
repuso: Pero cul es mi crimen, para que me castigues de ese modo?
Entonces el visir Chamseddin le dijo: La negligencia con que
preparaste el plato de granada! Le faltaban condimento y aroma. Y al
oirlo Hassn se aporre con las manos la cabeza, y dijo: Por Alah!
Todo eso es mi crimen! Y no es otra la causa de este suplicio del
viaje, y de que slo me hayas dado de comer una vez al da, y pienses,
por aadidura, clavarme en la picota? Y el visir respondi:
Ciertamente, esa es toda la causa; por la falta de condimento!

Entonces Hassn lleg al lmite del asombro, y levantando los brazos al
cielo se puso  reflexionar profundamente. Y el visir le dijo: En qu
piensas? Y Hassn respondi: Por Alah! Pienso en que hay muchos locos
en este mundo. Porque si t no fueses el ms loco de todos los locos, no
me hubieras tratado as porque falte un poco de aroma en un plato de
granada. Y el visir elijo: He de ensearte  que no reincidas, y no
veo otro medio. Pero Hassn exclam: Pues tu manera de proceder es un
crimen muchsimo mayor que el mo, y debas empezar por castigarte!
Entonces el visir contest: No te preocupes! La picota es lo que ms
te conviene!

Y mientras tanto, el carpintero segua preparando all mismo el poste
del suplicio, y de cuando en cuando diriga miradas  Hassn, como
querindole decir: Por Alah, que has de estar muy  tu gusto!

Pero  todo esto se hizo de noche. Y se apoderaron de Hassn y
nuevamente lo encerraron en el cajn. Y su to le dijo: Maana te
crucificaremos! Despus aguard  que Hassn se hubiese dormido dentro
de su crcel. Entonces dispuso que cargasen la caja en un camello y di
la orden de partir, no detenindose hasta llegar al palacio.

Y fu entonces cuando quiso revelrselo todo  su hija y  su cuada. Y
dijo  su hija Sett El-Hosn: Loado sea Alah, que nos ha permitido
encontrar  tu primo Hassn Badreddin! Ah le tienes! Marcha, hija
ma, y s feliz! Y procura colocar los muebles, los tapices y todo lo de
la casa y de la cmara nupcial exactamente lo mismo que estaban la noche
de tus bodas. Y Sett El-Hosn, casi en el lmite de la emocin, di al
momento las rdenes necesarias, y sus siervas se levantaron en seguida,
y pusieron manos  la obra, encendiendo los candelabros. Y el visir les
dijo: Voy  auxiliar vuestra memoria. Y abri un armario, y sac el
papel con la lista de los muebles y de todos los objetos, con la
indicacin de los sitios que ocupaban. Y fu leyendo muy detenidamente
esta lista, cuidando que cada cosa se pusiera en su lugar. Y tan 
maravilla se hizo todo, que el observador ms inteligente se habra
credo an en la noche de la boda de Sett El-Hosn con el jorobado.

En seguida el visir coloc con sus propias manos las ropas de Hassn
donde ste las dej: el turbante en la silla, el calzoncillo en el
lecho, los calzones y el ropn en el divn, con la bolsa de los mil
dinares y el contrato del judo, volviendo  coser en el turbante el
pedazo de hule con los papeles que contena.

Despus recomend  Sett El-Hosn que se vistiese como la primera noche,
disponindose  recibir  su primo y esposo Hassn Badreddin, y que
cuando ste entrase, le dijera: Oh, cunto tiempo has estado en el
retrete! Por Alah! Si ests indispuesto, por qu no lo dices? Acaso
no soy tu esclava? Y le recomend tambin, aunque en realidad Sett
El-Hosn no necesitaba esta advertencia, que se mostrase muy cariosa con
su primo y le hiciese pasar la noche lo ms agradablemente posible.

Y luego el visir apunt la fecha de este da bendito. Y fu al aposento
donde estaba Hassn encerrado en el cajn. Lo mand sacar mientras
dorma, le desat las piernas, lo desnud y no le dej mas que una
camisa fina y un gorro en la cabeza, lo mismo que la noche de la boda. Y
despus se escabull, abriendo las puertas que conducan  la cmara
nupcial, para que Hassn se despertase solo.

Y Hassn no tard en despertarse, y atnito al verse casi desnudo en
aquel corredor tan maravillosamente alumbrado, y que no se le hacia
desconocido, dijo: Por Alah! estar despierto  soando?

Pasados los primeros instantes de sorpresa, se arriesg  levantarse y
mirar  travs de una de las puertas que se abran en el pasillo. Y al
momento perdi la respiracin. Acababa de reconocer la sala donde se
haba celebrado la fiesta en honor suyo y con tal detrimento para el
jorobado. Y al mirar por la puerta que conduca  la cmara nupcial, vi
su turbante encima de una silla y en el divn su ropn y sus calzones.
Entonces, llena de sudor la frente, se dijo: Estar despierto? Estar
soando? Estar loco? Y quiso avanzar, pero adelantaba un paso y
retroceda otro, limpindose  cada momento la frente, baada de un
sudor fro. Y al fin exclam: Por Alah! No es posible dudarlo. Esto
es un sueo! Pero no estaba yo amarrado y metido en un cajn? No; esto
no es un sueo! Y as lleg hasta la entrada de la cmara nupcial, y
cautelosamente avanz la cabeza.

Y he aqu que Sett El-Hosn, tendida en el lecho, en toda su hermosura,
levant gentilmente una de las puntas del mosquitero de seda azul y
dijo: Oh dueo querido! Cunto tiempo has estado en el retrete! Ven
en seguida!

Y entonces el pobre Hassn se ech  reir  carcajadas, como un tragador
de haschich  un fumador de opio, y gritaba: Oh, qu sueo tan
asombroso! Qu sueo tan embrollado! Y avanz con infinitas
precauciones, como si pisara serpientes, agarrando con una mano el
faldn de la camisa y tentando en el aire con la otra, como un ciego 
como un borracho.

Despus, sin poder resistir la emocin, se sent en la alfombra y empez
 reflexionar profundamente. Y es el caso que vea all mismo, delante
de l, sus calzones tal como eran, abombados y con sus pliegues bien
hechos, su turbante de Bassra, su ropn, y colgando, los cordones de la
bolsa.

Y nuevamente le habl Sett El-Hosn desde el interior del lecho y le
dijo: Qu haces, mi querido? Te veo perplejo y tembloroso! Ah! No
estabas as al principio!

Entonces, Badreddin, sin levantarse y apretndose la frente con las
manos, empez  abrir y  cerrar la boca, con una risa de loco, y al fin
pudo decir: Qu principio? Y de qu noche? Por Alah! Si hace aos y
aos que me ausent!

Entonces Sett El-Hosn le dijo: Oh querido mo! Tranquilzate! Por el
nombre de Alah sobre ti y en torno de ti! Tranquilzate! Hablo de esta
noche que acabas de pasar en mis brazos, la noche del poderoso ariete!
Saliste un instante y has tardado cerca de una hora. Pero ya veo que no
te encuentras bien. Ven, ojos mos,  que te d calor; ven, alma ma!

Pero Badreddin sigui riendo como un loco, y dijo: Puede que digas la
verdad! Es posible que me haya dormido en el retrete y que haya
soado! Despus aadi: Pero qu sueo tan desagradable! Figrate que
he soado que era algo as como cocinero  pastelero en la ciudad de
Damasco, en Siria, muy lejos de aqu, y que viva diez aos en ese
oficio. He soado tambin con un muchacho, seguramente hijo de noble, al
que acompaaba un eunuco. Y me ocurri con l tal aventura... Y el
pobre Hassn, notando que el sudor le baaba la frente, fu 
enjugarla, pero entonces tent la huella de la piedra que le haba
herido, y di un salto y dijo: Por Alah! Esta es la cicatriz de la
pedrada que me tir aquel muchacho! Despus reflexion un instante, y
aadi: Es efectivamente un sueo! Este golpe es posible que me lo
hayas dado t hace un momento, en uno de nuestros transportes. Y luego
dijo: Sigo contndote mi sueo. Llegu  Damasco, pero no s cmo. Era
una maana, y yo iba como ahora me ves, en camisa y con un gorro blanco:
el gorro del jorobado. Y los habitantes no s qu queran hacer conmigo.
Hered la tienda de un pastelero, un viejecillo muy amable. Pero claro,
esto no ha sido un sueo! Porque he preparado un plato de granada que no
tena bastante aroma... Y despus?... Pero he soado todo esto  ha
sido realidad?...

Entonces Sett El-Hosn exclam: Querido mo, realmente has soado cosas
muy extraas! Por favor, prosigue hasta el final!

Y Hassn Badreddin, interrumpindose de cuando en cuando para lanzar
exclamaciones, refiri  Sett El-Hosn toda la historia, real  soada,
desde el principio hasta el fin. Y luego aadi: Cuando pienso que por
poco me crucifican! Y me hubiesen crucificado si no se disipa
oportunamente el sueo! Por Alah! Todava sudo al acordarme del
cajn!

Y Sett El-Hosn le pregunt: Y por qu te queran crucificar? Y l
contest: Por haber aromatizado poco el dulce de granada. Oh! Me
esperaba la terrible picota con un carretn arrastrado por dos bfalos
del Nilo. Pero gracias  Alah, todo ha sido un sueo... Y  fe que la
prdida de mi pastelera, destruda por completo, me di mucha pena.

Entonces, Sett El-Hosn, que ya no poda ms, salt de la cama, se ech
en brazos de Hassn Badreddin, y estrechndole contra su pecho empez 
besarle todo. Pero l no se mova. Y de pronto dijo: No, no! Esto no
es un sueo! Por Alah! dnde estoy? dnde est la verdad?

Y el pobre Hassn, llevado suavemente al lecho en brazos de Sett
El-Hosn, se tendi extenuado y cay en un sueo profundo, velado por su
esposa, que de cuando en cuando le oa murmurar: Es la realidad! No!
Es un sueo!

Con la maana volvi la calma al espritu de Hassn Badreddin, que al
despertarse se encontr en brazos de Sett El-Hosn, viendo al pie del
lecho  su to el visir Chamseddin, que en seguida le dese la paz. Y
Badreddin le dijo: Por Alah! No has sido t quien mand que me atasen
los brazos y has dispuesto la destruccin de mi tienda? Y todo ello por
estar poco aromatizado el dulce de granada!

Entonces, el visir Chamseddin, como ya no haba razn para callar, le
dijo:

Oh hijo mo! Sabe que eres Hassn Badreddin, hijo de mi difunto
hermano Nureddin, visir de Bassra. Y si te he hecho sufrir tales tratos
ha sido para tener una nueva prueba con que identificarte y saber que
eras t, y no otro, el que entr en la casa de mi hija la noche de la
boda. Y esa prueba la he tenido al ver que conocas (pues yo estaba
escondido detrs de ti) la casa y los muebles, y despus tu turbante,
tus calzones y tu bolsillo, y sobre todo, la etiqueta de esta bolsa y el
pliego sellado del turbante, que contiene las instrucciones de tu padre
Nureddin. Dispnsame, pues, hijo mo; porque no tena otro medio de
conocerte, ya que no te hube visto nunca, pues naciste en Bassra. Oh
hijo mo! Todo esto se debe  una divergencia que surgi hace muchos
aos entre tu padre Nureddin y yo, que soy tu to.

Y el visir le cont toda la historia, y despus le dijo: Oh hijo mo!
En cuanto  tu madre, la he trado de Bassra, y la vas  ver, lo mismo
que  tu hijo Agib, fruto de tu primera noche de bodas con tu prima. Y
el visir corri  llamarlos.

El primero en llegar fu Agib, que esta vez se ech en brazos de su
padre, y Badreddin, lleno de alegra, recit estos versos:

     _Cuando te fuiste, me puse  llorar, y las lgrimas se desbordaban
     de mis prpados!_

     _Y jur que si Alah reuna alguna vez  los amantes, afligidos por
     su separacin, mis labios no volveran  hablar de la pasada
     ausencia!_

     _La felicidad ha cumplido lo que ofreci y ha pagado su deuda! Y
     mi amigo ha vuelto! Levntate hacia aquel que trajo la dicha y
     recgete los faldones de tu ropn para servirle!_

Apenas concluy de recitar, cuando lleg sollozando la abuela de Agib,
madre de Badreddin, y se precipit en los brazos de su hijo, casi
desmayada de jbilo.

Y  la vuelta de grandes expansiones y lgrimas de alegra, se contaron
mutuamente sus historias y sus penas y todos sus padecimientos.

Dieron despus gracias  Alah por haberlos reunido sanos y salvos, y
volvieron  vivir en la felicidad y entre puras delicias y sin privarse
de nada, hasta que les visit la Separadora de los amigos, la
Destructora de la felicidad, la Irreparable, la Inevitable!

       *       *       *       *       *

Y esta es oh rey afortunado!--dijo Schahrazada al rey Schahriar--la
historia maravillosa que el visir Giafar Al-Barmak refiri al califa
Harn Al-Rachid, Emir de los Creyentes de la ciudad de Bagdad. Y son
estas tambin las aventuras del visir Chamseddin, de su hermano el visir
Nureddin y de Hassn Badreddin, hijo de Nureddin.

Y el califa Harn Al-Rachid dijo: Por Alah, que todo esto es
verdaderamente asombroso! Y admirado hasta el lmite de la admiracin,
sonri agradecido  su visir Giafar, y orden  los escribas de palacio
que escribiesen con oro y con su ms bella letra esta maravillosa
historia y que la conservasen cuidadosamente en el armario de los
papeles, para que sirviese de leccin  los hijos de los hijos.

     Y la discreta y sagaz Schahrazada, dirigindose al rey Schahriar,
     sultn de la India y de la China, prosigui de este modo: Pero no
     creas, oh rey afortunado! que esta historia sea tan admirable como
     la que ahora te contar si no ests cansado! Y el rey Schahriar le
     pregunt: Qu historia es esa? Y Schahrazada dijo: Es mucho ms
     admirable que todas las otras. Y el rey Schahriar pregunt: Pero
     cmo se llama? Y ella dijo:

     Es la historia del sastre, el jorobado, el judo, el nazareno y el
     barbero de Bagdad.

     Entonces el rey exclam: Te lo concedo! Puedes contarla!

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Historia del jorobado, con el sastre, el corredor nazareno, el
intendente y el mdico judo; lo que de ello result, y sus aventuras
sucesivamente referidas.


Entonces Schahrazada dijo al rey Schahriar:

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He llegado  saber, oh rey afortunado! que en la antigedad del tiempo
y en lo pasado de las edades y de los siglos, hubo en una ciudad de la
China un hombre que era sastre y estaba muy satisfecho de su condicin.
Amaba las distracciones apacibles y tranquilas y de cuando en cuando
acostumbraba  salir con su mujer, para pasearse y recrear la vista con
el espectculo de las calles y los jardines. Pero cierto da que ambos
haban pasado fuera de casa, al regresar  ella, al anochecer,
encontraron en el camino  un jorobado de tan grotesca facha, que era
antdoto de toda melancola y hara reir al hombre ms triste, disipando
todo pesar y toda afliccin. Inmediatamente se le acercaron el sastre y
su mujer, divirtindose tanto con sus chanzas, que le convidaron 
pasar la noche en su compaa. El jorobado hubo de responder  esta
oferta como era debido, unindose  ellos, y llegaron juntos  la casa.
Entonces el sastre se apart un momento para ir al zoco antes de que los
comerciantes cerrasen sus tiendas, pues quera comprar provisiones con
que obsequiar al husped. Compr pescado frito, pan fresco, limones, y
un gran pedazo de _halaua_[11] para postre. Despus volvi, puso todas
estas cosas delante del jorobado, y todos se sentaron  comer.

Mientras coman alegremente, la mujer del sastre tom con los dedos un
gran trozo de pescado y lo meti por broma todo entero en la boca del
jorobado, tapndosela con la mano para que no escupiera el pedazo, y
dijo: Por Alah! Tienes que tragarte ese bocado de una vez sin remedio,
 si no, no te suelto.

Entonces, el jorobado, tras de muchos esfuerzos, acab por tragarse el
pedazo entero. Pero desgraciadamente para l, haba decretado el Destino
que en aquel bocado hubiese una enorme espina. Y esta espina se le
atraves en la garganta, ocasionndole en el acto la muerte.

     Al llegar  este punto de su relato, vi Schahrazada, hija del
     visir, que se acercaba la maana, y con su habitual discrecin no
     quiso proseguir la historia, para no abusar del permiso concedido
     por el rey Schahriar.

     Entonces, su hermana la joven Doniazada le dijo: Oh hermana ma!
     Cun gentiles, cun dulces y cun sabrosas son tus palabras! Y
     Schahrazada respondi: Pues qu dirs la noche prxima, cuando
     oigas la continuacin, si es que vivo an, porque as lo disponga
     la voluntad de este rey lleno de buenas maneras y de cortesa?

     Y el rey Schahriar dijo para s: Por Alah! No la matar hasta no
     oir lo que falta de esta historia, que es muy sorprendente.

     Despus el rey Schahriar cogi  Schahrazada entre sus brazos, y
     pasaron enlazados el resto de la noche, hasta que lleg la maana.
     Entonces el rey se levant y se fu  la sala de justicia. Y en
     seguida entr el visir, y entraron asimismo los emires, los
     chambelanes y los guardias, y el divn se llen de gente. Y el rey
     empez  juzgar y  despachar asuntos, dando un cargo  este,
     destituyendo  aquel, sentenciando en los pleitos pendientes, y
     ocupando su tiempo de este modo hasta acabar el da. Terminado el
     divn, el rey volvi  sus aposentos y fu en busca de Schahrazada.

[imagen]

Y CUANDO LLEG LA 25. NOCHE


     Doniazada dijo  Schahrazada: Oh hermana ma! Te ruego que nos
     cuentes la continuacin de esa historia del jorobado, con el sastre
     y su mujer. Y Schahrazada repuso: De todo corazn y como debido
     homenaje! Pero no s si lo consentir el rey. Entonces el rey se
     apresur  decir: Puedes contarla. Y Schahrazada dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando el sastre vi morir
de aquella manera al jorobado, exclam: Slo Alah el Altsimo y
Omnipotente posee la fuerza y el poder! Qu desdicha que este pobre
hombre haya venido  morir precisamente entre nuestras manos! Pero la
mujer replic: Y qu piensas hacer ahora? No conoces estos versos del
poeta?

     _Oh alma ma! por qu te sumerges en lo absurdo hasta enfermar?
     Por qu te preocupas con aquello que te acarrear la pena y la
     zozobra?_

     _No temes al fuego, puesto que vas  sentarte en l? No sabes que
     quien se acerca al fuego se expone  abrasarse?_

Entonces su marido le dijo: No s, en verdad, qu hacer. Y la mujer
respondi: Levntate, que entre los dos lo llevaremos, tapndole con
una colcha de seda, y lo sacaremos ahora mismo de aqu, yendo t detrs
y yo delante. Y por todo el camino irs diciendo en alta voz: Es mi
hijo, y sta es su madre! Vamos buscando  un mdico que lo cure. En
dnde hay un mdico?

Al or el sastre estas palabras se levant, cogi al jorobado en
brazos, y sali de la casa en seguimiento de su esposa. Y la mujer
empez  clamar: Oh mi pobre hijo! Podremos verte sano y salvo?
Dime! Sufres mucho? Oh maldita viruela! En qu parte del cuerpo te
ha brotado la erupcin? Y al oirlos, decan los transeuntes: Son un
padre y una madre que llevan  un nio enfermo de viruelas. Y se
apresuraban  alejarse.

Y as siguieron andando el sastre y su mujer, preguntando por la casa de
un mdico, hasta que los llevaron  la de un mdico judo. Llamaron
entonces, y en seguida baj una negra, abri la puerta, y vi  aquel
hombre que llevaba un nio en brazos, y  la madre que lo acompaaba. Y
sta le dijo: Traemos un nio para que lo vea el mdico. Toma este
dinero, un cuarto de dinar, y dselo adelantado  tu amo, rogndole que
baje  ver al nio, porque est muy enfermo.

Volvi  subir entonces la criada, y en seguida la mujer del sastre
traspuso el umbral de la casa, hizo entrar  su marido, y le dijo: Deja
en seguida ah el cadver del jorobado. Y vmonos  escape. Y el sastre
solt el cadver del jorobado, dejndolo arrimado al muro, sobre un
peldao de la escalera, y se apresur  marcharse, seguido por su mujer.

En cuanto  la negra, entr en casa de su amo el mdico judo, y le
dijo: Ah abajo queda un enfermo, acompaado de un hombre y una mujer,
que me han dado para ti este cuarto de dinar para que recetes algo que
le alivie. Y cuando el mdico judo vi el cuarto de dinar, se alegr
mucho y se apresur  levantarse; pero con la prisa no se acord de
coger una luz para bajar. Y por esto tropez con el jorobado,
derribndole. Y muy asustado, al ver rodar  un hombre, le examin en
seguida, y al comprobar que estaba muerto, se crey causante de su
muerte. Y grit entonces: Oh Seor! Oh Alah justiciero! Por las diez
palabras santas! Y sigui invocando  Harn,  Yuschah[12], hijo de
Nun, y  los dems. Y dijo: He aqu que acabo de tropezar con este
enfermo, y le he tirado rodando por la escalera. Pero cmo salgo yo
ahora de casa con un cadver? De todos modos, acab por cogerlo y
llevarlo desde el patio  su habitacin, donde lo mostr  su mujer,
contando todo lo ocurrido. Y ella exclam aterrorizada: No, aqu no lo
podemos tener! Scalo de casa cuanto antes! Como contine con nosotros
hasta la salida del sol, estamos perdidos sin remedio. Vamos  llevarlo
entre los dos  la azotea y desde all lo echaremos  la casa de nuestro
vecino el musulmn. Ya sabes que nuestro vecino es el intendente
proveedor de la cocina del rey, y su casa est infestada de ratas,
perros y gatos, que bajan por la azotea para comerse las provisiones de
aceite, manteca y harina. Por tanto, esos bichos no dejarn de comerse
este cadver, y lo harn desaparecer.

Entonces el mdico judo y su mujer cogieron al jorobado y lo llevaron
 la azotea, y desde all lo hicieron descender pausadamente hasta la
casa del mayordomo, dejndolo de pie contra la pared de la cocina.
Despus se alejaron, descendiendo  su casa tranquilamente.

Pero hara pocos momentos que el jorobado se hallaba arrimado contra la
pared, cuando el intendente, que estaba ausente, regres  su casa,
abri la puerta, encendi una vela, y entr. Y encontr  un hijo de
Adn de pie en un rincn, junto  la pared de la cocina. Y el
intendente, sorprendidsimo, exclam: Qu es eso? Por Alah! He aqu
que el ladrn que acostumbraba  robar mis provisiones no era un bicho,
sino un ser humano. Este es el que me roba la carne y la manteca, 
pesar de que las guardo cuidadosamente por temor  los gatos y  los
perros. Bien intil habra sido matar  todos los perros y gatos del
barrio, como pens hacer, puesto que este individuo es el que bajaba por
la azotea. Y en seguida agarr el intendente una enorme estaca, yndose
para el hombre, y le di de garrotazos, y aunque le vi caer, le sigui
apaleando. Pero como el hombre no se mova, el intendente advirti que
estaba muerto, y entonces dijo desolado: Slo Alah el Altsimo y
Omnipotente posee la fuerza y el poder! Y despus aadi: Malditas
sean la manteca y la carne, y maldita esta noche! Se necesita tener toda
la mala suerte que yo tengo para haber matado as  este hombre. Y no s
qu hacer con l. Despus lo mir con mayor atencin, comprobando que
era jorobado. Y le dijo: No te basta con ser jorobeta? Queras
tambin ser ladrn y robarme la carne y la manteca de mis provisiones?
Oh Dios protector, amprame con el velo de tu poder! Y como la noche
se acababa, el intendente se ech  cuestas al jorobado, sali de su
casa y anduvo cargado con l, hasta que lleg  la entrada del zoco.
Parse entonces, coloc de pie al jorobado junto  una tienda, en la
esquina de una bocacalle, y se fu.

Y al poco tiempo de estar all el cadver del jorobado, acert  pasar
un nazareno. Era el corredor de comercio del sultn. Y aquella noche
estaba beodo. Y en tal estado iba al hammam  baarse. Su borrachera le
incitaba  las cosas ms curiosas, y se deca: Vamos, que eres casi
como el Mesas! Y marchaba haciendo eses y tambalendose, y acab por
llegar adonde estaba el jorobado. Y entonces quiso orinar. Pero de
pronto vi al jorobado delante de l, apoyado contra la pared. Y al
encontrarse con aquel hombre, que segua inmvil, se le figur que era
un ladrn y que acaso fuese quien le haba robado el turbante, pues el
corredor nazareno iba sin nada  la cabeza. Entonces se abalanz contra
aquel hombre, y le di un golpe tan violento en la nuca, que lo hizo
caer al suelo. Y en seguida empez  dar gritos llamando al guarda del
zoco. Y con la excitacin de su embriaguez, sigui golpeando al jorobado
y quiso estrangularlo, apretndole la garganta con ambas manos. En este
momento lleg el guarda del zoco, y vi al nazareno encima del musulmn,
dndole golpes y  punto de ahogarlo. Y el guarda dijo: Deja  ese
hombre y levntate! Y el cristiano se levant.

Entonces el guarda del zoco se acerc al jorobado, que se hallaba
tendido en el suelo, lo examin, y vi que estaba muerto. Y grit
entonces: Cundo se ha visto que un nazareno tenga la audacia de
golpear  un musulmn y matarlo? Y el guarda se apoder del nazareno,
le at las manos  la espalda y le llev  casa del wal[13]. Y el
nazareno se lamentaba y deca: Oh Mesas, oh Virgen! Cmo habr
podido matar  ese hombre? Y qu pronto ha muerto, slo de un puetazo!
Se me pas la borrachera, y ahora viene la reflexin.

Llegados  casa del wal, el nazareno y el cadver del jorobado quedaron
encerrados toda la noche, hasta que el wal se despert por la maana.
Entonces el wal interrog al nazareno, que no pudo negar los hechos
referidos por el guarda del zoco. Y el wal no pudo hacer otra cosa que
condenar  muerte  aquel nazareno que haba matado  un musulmn. Y
orden que el portaalfanje pregonara por toda la ciudad la sentencia de
muerte del corredor nazareno. Luego mand que levantasen la horca y
llevasen  ella al sentenciado.

Entonces se acerc el portaalfanje y prepar la cuerda, hizo el nudo
corredizo, se lo pas al nazareno por el cuello, y ya iba  tirar de
l, cuando de pronto el proveedor del sultn hendi la muchedumbre y
abrindose camino hasta el nazareno, que estaba de pie junto  la horca,
dijo al portaalfanje: Detente! Yo soy quien ha matado  ese hombre!
Entonces el wal le pregunt: Y por qu le mataste? Y el intendente
dijo: Vas  saberlo. Esta noche, al entrar en mi casa, advert que se
haba metido en ella descolgndose por la terraza, para robarme las
provisiones. Y le di un golpe en el pecho con un palo, y en seguida le
vi caer muerto. Entonces le cog  cuestas; y le traje al zoco,
dejndole de pie arrimado contra una tienda en tal sitio y en tal
esquina. Y he aqu que ahora, con mi silencio, iba  ser causa de que
matasen  este nazareno, despus de haber sido yo quien mat  un
musulmn. A m, pues, hay que ahorcarme!

Cuando el wal hubo odo las palabras del proveedor, dispuso que
soltasen al nazareno, y dijo al portaalfanje: Ahora mismo ahorcars 
este hombre, que acaba de confesar su delito.

Entonces el portaalfanje cogi la cuerda que haba pasado por el cuello
del cristiano y rode con ella el cuello del proveedor, lo llev junto
al patbulo, y lo iba  levantar en el aire, cuando de pronto el mdico
judo atraves la muchedumbre, y dijo  voces al portaalfanje:
Aguarda! El nico culpable soy yo! Y despus cont as la cosa:
Sabed todos que este hombre me vino  buscar para consultarme,  fin de
que lo curara. Y cuando yo bajaba la escalera para verle, como era de
noche, tropec con l y rod hasta lo ltimo de la escalera,
convirtindose en un cuerpo sin alma. De modo que no deben matar al
proveedor, sino  m solamente.

Entonces el wal dispuso la muerte del mdico judo. Y el portaalfanje
quit la cuerda del cuello del proveedor y la ech al cuello del mdico
judo, cuando se vi llegar al sastre, que, atropellando  todo el
mundo, dijo: Detente! Yo soy quien lo mat. Y he aqu lo que ocurri.
Sal ayer de paseo y regresaba  mi casa al anochecer. En el camino
encontr  este jorobado, que estaba borracho y muy divertido, pues
llevaba en la mano una pandereta y se acompaaba con ella cantando de
una manera chistossima. Me detuve para contemplarle y divertirme, y
tanto me regocij, que lo convid  comer en mi casa. Y compr pescado
entre otras cosas, y cuando estbamos comiendo, tom mi mujer un trozo
de pescado, que coloc en otro de pan, y se lo meti todo en la boca 
este hombre, y el bocado le ahog, muriendo en el acto. Entonces lo
cogimos entre mi mujer y yo y lo llevamos  casa del mdico judo. Baj
 abrirnos una negra, y yo le dije lo que le dije. Despus le di un
cuarto de dinar para su amo. Y mientras ella suba, agarr en seguida al
jorobado y lo puse de pie contra el muro de la escalera, y yo y mi mujer
nos fuimos  escape. Entretanto, baj el mdico judo para ver al
enfermo; pero tropez con el jorobado, que cay en tierra, y el judo
crey que lo haba matado l.

Y en este momento, el sastre se volvi hacia el mdico judo y le dijo:
No fu as? El mdico repuso: Esa es la verdad! Entonces, el
sastre, dirigindose al wal, exclam: Hay, pues, que soltar al judo
y ahorcarme  m!

El wal, prodigiosamente asombrado, dijo entonces: En verdad que esta
historia merece escribirse en los anales y en los libros. Despus mand
al portaalfanje que soltase al judo y ahorcase al sastre, que se haba
declarado culpable. Entonces el portaalfanje llev al sastre junto  la
horca, le ech la soga al cuello, y dijo: Esta vez va de veras! Ya no
habr ningn otro cambio! Y agarr la cuerda.

He aqu todo, por el momento!

       *       *       *       *       *

En cuanto al jorobado, no era otro que el bufn del sultn, que ni una
hora poda separarse de l. Y el jorobado, despus de emborracharse
aquella noche, se escap de palacio, permaneciendo ausente toda la
noche. Y al otro da, cuando el sultn pregunt por l, le dijeron: Oh
seor, el wal te dir que el jorobado ha muerto, y que su matador iba 
ser ahorcado! Por eso el wal haba mandado ahorcar al matador, y el
verdugo se preparaba  ejecutarle; pero entonces se present un segundo
individuo, y luego un tercero, diciendo todos: Yo soy el nico que ha
matado al jorobado! Y cada cual cont al wal la causa de la muerte.

Y el sultn, sin querer escuchar ms, llam  un chambeln y le dijo:
Baja en seguida en busca del wal y ordnale que traiga  toda esa
gente que est junto  la horca.

Y el chambeln baj, y lleg junto al patbulo, precisamente cuando el
verdugo iba  ejecutar al sastre. Y el chambeln grit: Detente! Y en
seguida le cont al wal que esta historia del jorobado haba llegado 
odos del rey. Y se lo llev, y se llev tambin al sastre, al mdico
judo, al corredor nazareno y al proveedor, mandando transportar tambin
el cuerpo del jorobado, y con todos ellos march en busca del sultn.

Cuando el wal se present entre las manos del rey, se inclin y bes la
tierra, y refiri toda la historia del jorobado, con todos sus
pormenores, desde el principio hasta el fin. Pero es intil repetirla.

El sultn, al oir tal historia, se maravill mucho y lleg al lmite ms
extremo de la hilaridad. Despus mand  los escribas de palacio que
escribieran esta historia con aguja de oro. Y luego pregunt  todos los
presentes: Habis odo alguna vez historia semejante  la del
jorobado?

Entonces el corredor nazareno avanz un paso, bes la tierra entre las
manos del rey, y dijo: Oh rey de los siglos y del tiempo! S una
historia mucho ms asombrosa que nuestra aventura con el jorobado. La
referir, si me das tu venia, porque es mucho ms sorprendente, ms
extraa y ms deliciosa que la del jorobado.

Y dijo el rey: Ciertamente! Desembucha lo que hayas de decir para que
lo oigamos.

Entonces, el corredor nazareno dijo:


[Illustration: Relato del corredor nazareno]

Sabe, oh rey del tiempo! que vine  este pas para un asunto
comercial. Soy un extranjero  quien el Destino encamin  tu reino.
Porque yo nac en la ciudad de El Cairo y soy copto entre los coptos. Y
es igualmente cierto que me cri en El Cairo, y en aquella ciudad fu
corredor mi padre antes que yo.

Cuando muri mi padre ya haba llegado yo  la edad de hombre. Y por eso
fu corredor como l, pues contaba con toda clase de cualidades para
este oficio, que es la especialidad entre nosotros los coptos.

Pero un da entre los das, estaba yo sentado  la puerta del khan de
los mercaderes de granos, y vi pasar  un joven, hermoso como la luna
llena, vestido con el ms suntuoso traje y montado en un borrico blanco
ensillado con una silla roja. Cuando me vi este joven me salud, y yo
me levant por consideracin hacia l. Sac entonces un pauelo que
contena una muestra de ssamo, y me pregunt: Cunto vale el
_ardeb_[14] de esta clase de ssamo? Y yo le dije: Vale cien dracmas.
Entonces me contest: Avisa  los medidores de granos y ven con ellos
al khan Al-Gaonal, en el barrio de Bab Al-Nassr; all me encontrars.
Y se alej, despus de darme el pauelo que contena la muestra de
ssamo.

Entonces me dirig  todos los mercaderes de granos y les ense la
muestra que yo haba justipreciado en cien dracmas. Y los mercaderes la
tasaron en ciento veinte dracmas por _ardeb_. Entonces me alegr
sobremanera, y hacindome acompaar de cuatro medidores, fu en busca
del joven, que, efectivamente, me aguardaba en el khan. Y al verme,
corri  mi encuentro y me condujo  un almacn donde estaba el grano, y
los medidores llenaron sus sacos, y lo pesaron todo, que ascendi en
total  cincuenta medidas en _ardebs_. Y el joven me dijo: Te
corresponden por comisin diez dracmas por cada _ardeb_ que se venda 
cien dracmas. Pero has de cobrar en mi nombre todo el dinero, y lo
guardars cuidadosamente en tu casa, hasta que lo reclame. Como su
precio total es cinco mil dracmas, te quedars con quinientos, guardando
para m cuatro mil quinientos. En cuanto despache mis negocios, ir 
buscarte para recoger esa cantidad. Entonces yo le contest: Escucho y
obedezco. Despus le bes las manos y me fui.

Y efectivamente, aquel da gan mil dracmas de corretaje, quinientos del
vendedor y quinientos de los compradores, de modo que me correspondi el
veinte por ciento, segn la costumbre de los corredores egipcios.

En cuanto al joven, despus de un mes de ausencia, vino  verme y me
dijo: Dnde estn los dracmas? Y le contest en seguida: A tu
disposicin; helos aqu metidos en este saco. Pero l me dijo: Sigue
guardndolos algn tiempo, hasta que yo venga  buscarlos. Y se fu y
estuvo ausente otro mes, y regres y me dijo: Dnde estn los
dracmas? Entonces yo me levant, le salud y le dije: Aqu estn  tu
disposicin. Helos aqu. Despus aad: Y ahora quieres honrar mi
casa viniendo  comer conmigo un plato  dos,  tres  cuatro? Pero se
neg y me dijo: Sigue guardando el dinero, hasta qu venga 
reclamrtelo, despus de haber despachado algunos asuntos urgentes. Y
se march. Y yo guard cuidadosamente el dinero que le perteneca, y
esper su regreso.

Volvi al cabo de un mes, y me dijo: Esta noche pasar por aqu y
recoger el dinero. Y le prepar los fondos; pero aunque le estuve
aguardando toda la noche y varios das consecutivos, no volvi hasta
pasado un mes, mientras yo deca para m: Qu confiado es ese joven!
En toda mi vida, desde que soy corredor en los khanes y los zocos, he
visto confianza como esta. Se me acerc y le vi, como siempre, en su
borrico, con suntuoso traje; y era tan hermoso como la luna llena, y
tena el rostro brillante y fresco como si saliese del hammam, y
sonrosadas las mejillas y la frente como una flor lozana, y en un
extremo del labio un lunar, como gota de mbar negro, segn dice el
poeta:

     _La luna llena se encontr con el sol en lo alto de la torre,
     ambos en todo el esplendor de su belleza!_

     _Tales eran los dos amantes! Y cuantos los vean, tenan que
     admirarlos y desearles completa felicidad!_

     _Y ahora son tan hermosos, que cautivan el alma!_

     _Gloria, pues,  Alah, que realiza tales prodigios y forma sus
     criaturas  su deseo!_

Y al verle, le bes las manos  invoqu para l todas las bendiciones de
Alah, y le dije: Oh mi seor! Supongo que ahora recogers tu dinero.
Y me contest: Ten todava un poco de paciencia; pues en cuanto acabe
de despachar mis asuntos vendr  recogerlo. Y me volvi la espalda y
se fu. Y yo supuse que tardara en volver, y saqu el dinero y lo
coloqu con un inters de veinte por ciento, obteniendo de l cuantiosa
ganancia. Y dije para m: Por Alah! Cuando vuelva, le rogar que
acepte mi invitacin, y le tratar con toda largueza, pues me aprovecho
de sus fondos y me estoy haciendo muy rico.

Y transcurri un ao, al cabo del cual regres, y le vi vestido con
ropas ms lujosas que antes, y siempre montado en su borrico blanco, de
buena raza.

Entonces le supliqu fervorosamente que aceptase mi invitacin y comiera
en mi casa,  lo cual me contest: No tengo inconveniente, pero con la
condicin de que el dinero para los gastos no lo saques de los fondos
que me pertenecen y estn en tu casa. Y se ech  reir. Y yo hice lo
mismo. Y le dije: As sea, y de muy buena gana. Y le llev  casa, y
le rogu que se sentase, y corr al zoco  comprar toda clase de
vveres, bebidas y cosas semejantes, y lo puse todo sobre el mantel
entre sus manos, y le invit  empezar, diciendo: Bismilah! Entonces
se acerc  los manjares, pero alarg la mano izquierda, y se puso 
comer con esta mano izquierda. Y yo me qued sorprendidsimo, y no supe
qu pensar. Terminada la comida, se lav la mano izquierda sin auxilio
de la derecha, y yo le alargu la toalla para que se secase, y despus
nos sentamos  conversar.

Entonces le dije: Oh mi generoso seor! Lbrame de un peso que me
abruma y de una tristeza que me aflige. Por qu has comido con la mano
izquierda? Sufres alguna enfermedad en tu mano derecha? Y al oirlo el
mancebo, me mir y recit estas estrofas:

     _No preguntes por los sufrimientos y dolores de mi alma!
     Conoceras mi mal!_

     _Y sobre todo, no preguntes si soy feliz! Lo fu! Pero hace
     tanto tiempo! Desde entonces, todo ha cambiado! Y contra lo
     inevitable no hay mas que invocar la cordura!_

Despus sac el brazo derecho ele la manga del ropn, y vi que la mano
estaba cortada, pues aquel brazo terminaba en un mun. Y me qued
asombrado profundamente. Pero l me dijo: No te asombres tanto! Y
sobre todo, no creas que he comido con la mano izquierda por falta de
consideracin  tu persona, pues ya ves que ha sido por tener cortada la
derecha. Y el motivo de ello no puede ser ms sorprendente. Entonces le
pregunt: Y cul fu la causa? Y el joven suspir, se le llenaron de
lgrimas los ojos, y dijo:

       *       *       *       *       *

Sabe que yo soy de Bagdad. Mi padre era uno de los principales
personajes entre los personajes. Y yo, hasta llegar  la edad de hombre,
pude oir los relatos de los viajeros, peregrinos y mercaderes que en
casa de mi padre nos contaban las maravillas de los pases egipcios. Y
retuve en la memoria todos estos relatos, admirndolos en secreto, hasta
que falleci mi padre. Entonces cog cuantas riquezas pude reunir, y
mucho dinero, y compr gran cantidad de mercancas en telas de Bagdad y
de Mossul, y otras muchas de alto precio y excelente clase; lo empaquet
todo y sal de Bagdad. Y como estaba escrito por Alah que haba de
llegar sano y salvo al trmino de mi viaje, no tard en hallarme en
esta ciudad de El Cairo, que es tu ciudad.

Pero en este momento el joven se ech  llorar y recit estas estrofas:

     _A veces, el ciego, el ciego de nacimiento, sabe sortear la zanja
     donde cae el que tiene buenos ojos!_

     _A veces, el insensato sabe callar las palabras que, pronunciadas
     por el sabio, son la perdicin del sabio!_

     _A veces, el hombre piadoso y creyente sufre desventuras, mientras
     que el loco, el impo, alcanza la felicidad!_

     _As, pues, conozca el hombre su impotencia! La fatalidad es la
     nica reina del mundo!_

Terminados los versos, sigui en esta forma su relacin:

Entr, pues, en El Cairo, y fu al khan Serur, deshice mis paquetes,
descargu mis camellos y puse las mercancas en un local que alquil
para almacenarlas. Despus di dinero  un criado para que comprase
comida, dorm en seguida un rato, y al despertarme sal  dar una vuelta
por Bain Al-Kasrain, regresando despus al khan Serur, en donde pas la
noche.

Cuando me despert por la maana, dije para m, desliando un paquete de
telas: Voy  llevar esta tela al zoco y  enterarme de cmo van las
compras. Cargu las telas en los hombros de un criado, y me dirig al
zoco, para llegar al centro de los negocios, un gran edificio rodeado
de prticos y de tiendas de todas clases y de fuentes. Ya sabes que all
suelen estar los corredores, y que aquel sitio se llama la kaisariat
Guergus.

Cuando llegu, todos los corredores, avisados de mi viaje, me rodearon,
y yo les di las telas, y salieron en todas direcciones  ofrecer mis
gneros  los principales compradores de los zocos. Pero al volver me
dijeron que el precio ofrecido por mis mercaderas no alcanzaba al que
yo haba pagado por ellas ni  los gastos desde Bagdad hasta El Cairo. Y
como no saba qu hacer, el jeique principal de los corredores me dijo:
Yo s el medio de que debes valerte para que ganes algo. Es
sencillamente que hagas lo que hacen todos los mercaderes. Vender al por
menor tus mercaderas  los comerciantes con tienda abierta, por tiempo
determinado, ante testigos y por escrito, que firmaris ambos, con
intervencin de un cambiante. Y as, todos los lunes y todos los jueves
cobrars el dinero que te corresponda. Y de este modo, cada dracma te
producir dos dracmas y  veces ms. Y durante este tiempo tendrs
ocasin de visitar El Cairo y de admirar el Nilo.

Al oir estas palabras, dije: Es en verdad una idea excelente. Y en
seguida reun  los pregoneros y corredores y march con ellos al khan
Serur y les di todas las mercaderas, que llevaron  la kaisariat. Y lo
vend todo al por menor  los mercaderes, despus que se escribieron las
clusulas de una y otra parte, ante testigos, con intervencin de un
cambista de la kaisariat.

Despachado este asunto, volv al khan, permaneciendo all tranquilo, sin
privarme de ningn placer ni escatimar ningn gasto. Todos los das
coma magnficamente, siempre con la copa de vino encima del mantel. Y
nunca faltaba en mi mesa buena carne de carnero, dulces y confituras de
todas clases. Y as segu, hasta que lleg el mes en que deba cobrar
con regularidad mis ganancias. En efecto, desde la primera semana de
aquel mes, cobre como es debido mi dinero. Y los jueves y los lunes me
iba  sentar en la tienda de alguno de los deudores mos, y el cambista
y el escribano pblico recorran cada una de las tiendas, recogan el
dinero y me lo entregaban.

Y fu en mi una costumbre el ir  sentarme, ya en una tienda, ya en
otra. Pero un da, despus de salir del hammam, descans un rato,
almorc un pollo, beb algunas copas de vino, me lav en seguida las
manos, me perfum con esencias aromticas y me fu al barrio de la
kaisariat Guergus, para sentarme en la tienda de un vendedor de telas
llamado Badreddin Al-Bostan. Cuando me hubo visto me recibi con gran
consideracin y cordialidad, y estuvimos hablando una hora.

Pero mientras conversbamos vimos llegar una mujer con un largo velo de
seda azul. Y entr en la tienda para comprar gneros, y se sent  mi
lado en un taburete. Y el velo, que le cubra la cabeza y le tapaba
ligeramente el rostro, estaba echado  un lado, y exhalaba delicados
aromas y perfumes. Y la negrura de sus pupilas, bajo el velo, asesinaba
las almas y arrebataba la razn. Se sent y salud  Badreddin, que
despus de corresponder  su salutacin de paz, se qued de pie ante
ella, y empez  hablar, mostrndole telas de varias clases. Y yo, al
oir la voz de la dama, tan llena de encanto y tan dulce, sent que el
amor apualaba mi hgado.

Pero la dama, despus de examinar algunas telas, que no le parecieron
bastante lujosas, dijo  Badreddin: No tendras por casualidad una
pieza de seda blanca tejida con hilos de oro puro? Y Badreddin fu al
fondo de la tienda, abri un armario pequeo, y de un montn de varias
piezas de tela sac una de seda blanca tejida con hilos de oro puro, y
luego la desdobl delante de la joven. Y ella la encontr muy  su gusto
y  su conveniencia, y le dijo al mercader: Como no llevo dinero
encima, creo que me la podr llevar, como otras veces, y en cuanto
llegue  casa te enviar el importe. Pero el mercader le dijo: Oh mi
seora! No es posible por esta vez, porque esa tela no es ma, sino del
comerciante que est ah sentado, y me he comprometido  pagarle hoy
mismo. Entonces sus ojos lanzaron miradas de indignacin, y dijo: Pero
desgraciado, no sabes que tengo la costumbre de comprarte las telas ms
caras y pagarte ms de lo que me pides? No sabes que nunca he dejado
de enviarte su importe inmediatamente? Y el mercader contest:
Ciertamente, oh mi seora! Pero hoy tengo que pagar ese dinero en
seguida. Y entonces la dama cogi la pieza de tela, se la tir  la
cara al mercader, y le dijo: Todos sois lo mismo en tu maldita
corporacin! Y levantndose airada, volvi la espalda para salir.

Pero yo comprend que mi alma se iba con ella, me levant
apresuradamente y le dije: Oh mi seora! Concdeme la gracia de
volverte un poco hacia m y desandar generosamente tus pasos. Entonces
ella volvi su rostro hacia donde yo estaba, sonri discretamente, y me
dijo: Consiento en pisar otra vez esta tienda, pero es slo en obsequio
tuyo. Y se sent en la tienda frente  m. Entonces, volvindome hacia
Badreddin, le dije: Cul es el precio de esta tela? Badreddin
contest: Mil cien dracmas. Y yo repuse: Est bien. Te pagar adems
cien dracmas de ganancia. Trae un papel para que te d el precio por
escrito. Y cog la pieza de seda tejida con oro, y  cambio le di el
precio por escrito, y luego entregu la tela  la dama, dicindole:
Tmala, y puedes irte sin que te preocupe el precio, pues ya me lo
pagars cuando gustes. Y para esto te bastar venir un da entre los
das  buscarme en el zoco, donde siempre estoy sentado en una  en otra
tienda. Y si quieres honrarme aceptndola como homenaje mo, te
pertenece desde ahora. Entonces me contest: Alah te lo premie con
toda clase de favores! Ojal alcances todas las riquezas que me
pertenecen, convirtindote en mi dueo y en corona de mi cabeza! As
oiga Alah mi ruego! Y yo le repliqu: Oh seora ma, acepta, pues,
esta pieza de seda! Y que no sea esta sola! Pero te ruego que me
otorgues el favor de que admire un instante el rostro que me ocultas.
Entonces se levant el finsimo velo que le cubra la parte inferior de
la cara y no dejaba ver mas que los ojos.

Y vi aquel rostro de bendicin, y esta sola mirada bast para aturdirme,
avivar el amor en mi alma y arrebatarme la razn. Pero ella se apresur
 bajar el velo, cogi la tela, y me dijo: Oh dueo mo, que no dure
mucho tu ausencia,  morir desolada! Y despus se march. Y yo me
qued solo con el mercader, hasta la puesta del sol.

Y me hallaba como si hubiese perdido la razn y el sentido, dominado en
absoluto por la locura de aquella pasin tan repentina. Y la violencia
de este sentimiento hizo que me arriesgase  preguntar al mercader
respecto  aquella dama. Y antes de levantarme para irme, le dije:
Sabes quin es esa dama? Y me contest: Claro que s. Es una dama
muy rica. Su padre fu un emir ilustre, que muri, dejndole muchos
bienes y riquezas.

Entonces me desped del mercader y me march, para volver al khan Serur,
donde me alojaba. Y mis criados me sirvieron de comer; pero yo pensaba
en ella, y no pude probar bocado. Me ech  dormir; pero el sueo hua
de mi persona, y pas toda la noche en vela, hasta por la maana.

Entonces me levant, me puse un traje ms lujoso todava que el de la
vspera, beb una copa de vino, me desayun con un buen plato, y volv 
la tienda del mercader,  quien hube de saludar, sentndome en el sitio
de costumbre. Y apenas haba tomado asiento, vi llegar  la joven,
acompaada de una esclava. Entr, se sent y me salud, sin dirigir el
menor saludo de paz  Badreddin. Y con su voz tan dulce y su
incomparable modo de hablar, me dijo: Esperaba que hubieses enviado 
alguien  mi casa para cobrar los mil doscientos dracmas que importa la
pieza de seda. A lo cual contest: Por qu tanta prisa, si  m no me
corre ninguna? Y ella me dijo: Eres muy generoso; pero yo no quiero
que por m pierdas nada. Y acab por dejar en mi mano el importe de la
tela, no obstante mi oposicin. Y empezamos  hablar. Y de pronto me
decid  expresarle por seas la intensidad de mi sentimiento. Pero
inmediatamente se levant y se alej  buen paso, despidindose por pura
cortesa. Y sin poder contenerme, abandon la tienda, y la fu siguiendo
hasta que salimos del zoco. Y la perd ele vista; pero se me acerc una
muchacha, cuyo velo no me permita adivinar quin fuese, y me dijo: Oh
mi seor! Ven  ver  mi seora, que quiere hablarte. Entonces, muy
sorprendido, le dije: Pero si aqu nadie me conoce! Y la muchacha
replic: Oh cun escasa es tu memoria! No recuerdas  la sierva que
has visto ahora mismo en el zoco, con su seora, en la tienda de
Badreddin? Entonces ech  andar detrs de ella, hasta que vi  su
seora en una esquina de la calle de los Cambios.

Cuando ella me vi, se acerc  m rpidamente, y llevndome  un rincn
de la calle, me dijo: Ojo de mi vida! Sabe que con tu amor llenas todo
mi pensamiento y mi alma. Y desde la hora que te vi, ni disfruto del
sueo reparador, ni como, ni bebo. Y yo le contest: A m me pasa
igual; pero la dicha que ahora gozo me impide quejarme. Y ella dijo:
Ojo de mi vida! Vas  venir  mi casa,  ir yo  la tuya? Yo
repuse: Soy forastero y no dispongo de otro lugar que el khan, en donde
hay demasiada gente. Por tanto, si tienes bastante confianza en mi
cario para recibirme en tu casa, colmars mi felicidad. Y ella
respondi: Cierto que s; pero esta noche es la noche del viernes y no
puedo recibirte... Pero maana, despus de la oracin del medioda,
monta en tu borrico, y pregunta por el barrio de Habbania, y cuando
llegues  l, averigua la casa de Barakat, el que fu gobernador,
conocido por Aby-Schama. All vivo yo. Y no dejes de ir, que te estar
esperando.

Yo estaba loco de alegra; despus nos separamos. Volv al khan Serur,
en donde habitaba, y no pude dormir en toda la noche. Pero al amanecer
me apresur  levantarme, y me puse un trajo nuevo, perfumndome con los
ms suaves aromas, y me prove de cincuenta dinares ele oro, que guard
en un pauelo. Sal del khan Serur, y me dirig hacia el lugar llamado
Bab-Zauilat, alquilando all un borrico, y le dije al burrero: Vamos al
barrio de Habbania. Y me llev en muy escaso tiempo, llegando  una
calle llamada Darb Al-Monkari, y dije al burrero: Pregunta en esta
calle por la casa del nakib[15] Aby-Schama. El burrero se fu, y volvi
 los pocos momentos con las seas pedidas, y me dijo: Puedes apearte.
Entonces ech pie  tierra, y le dije: Ve adelante para ensearme el
camino. Y me llev  la casa, y entonces le orden: Maana por la
maana volvers aqu para llevarme de nuevo al khan. Y el hombre me
contest que as lo hara. Entonces le di un cuarto de dinar de oro, y
cogindolo, se lo llev  los labios y despus  la frente, para darme
las gracias, marchndose en seguida.

Llam entonces  la puerta de la casa. Me abrieron dos jovencitas, dos
vrgenes de pechos firmes y blancos, redondos como lunas, y me dijeron:
Entra, oh seor! nuestra ama te aguarda impaciente. No duerme por las
noches  causa de la pasin que le inspiras.

Entr en un patio, y vi un soberbio edificio con siete puertas; y
apareca toda la fachada llena de ventanas, que daban  un inmenso
jardn. Este jardn encerraba todas las maravillas de rboles frutales
y de flores; lo regaban arroyos y lo encantaba el gorjeo de las aves. La
casa era toda de mrmol blanco, tan difano y pulimentado, que reflejaba
la imagen de quien lo miraba, y los artesonados interiores estaban
cubiertos de oro y rodeados de inscripciones y dibujos de distintas
formas. Todo su pavimento era de mrmol muy rico y de fresco mosaico. En
medio de la sala hallbase una fuente incrustada de perlas y pedrera.
Alfombras de seda cubran los suelos, tapices admirables colgaban de los
muros, y en cuanto  los muebles, el lenguaje y la escritura ms
elocuentes no podran describirlos.

A los pocos momentos de entrar y sentarme...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 26. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el mercader prosigui as su
historia al corredor copto del Cairo, el cual se la contaba al sultn de
aquella ciudad de la China:

Vi que se me acercaba la joven, adornada con perlas y pedrera,
luminosa la cara y asesinos los negros ojos. Me sonri, me cogi entre
sus brazos, y me estrech contra ella. En seguida junt sus labios con
los mos, y gust de mi lengua con la suya. Y yo hice lo propio. Y ella
me dijo: Es cierto que te tengo aqu,  es un sueo? Yo respond:
Soy tu esclavo! Y ella dijo: Hoy es un da de bendicin! Por Alah!
Ya no viva, ni poda disfrutar comiendo y bebiendo! Yo contest: Y
yo igualmente. Luego nos sentamos, y yo, confundido por aquel modo de
recibirme, no levantaba la cabeza.

Pero pusieron el mantel y nos presentaron platos exquisitos: carnes
asadas, pollos rellenos y pasteles de todas clases. Y ambos comimos
hasta saciarnos, y ella me pona los manjares en la boca, invitndome
cada vez con dulces palabras y miradas insinuantes. Despus me
presentaron el jarro y la palangana de cobre, y me lav las manos, y
ella tambin, y nos perfumamos con agua de rosas y almizcle, y nos
sentamos para departir.

Entonces ella empez  contarme sus penas, y yo hice lo mismo. Y con
esto me enamor todava ms. Y en seguida empezamos con mimos y juegos,
y nos estuvimos besando y hacindonos mil caricias, hasta que anocheci.
Pero no sera de ninguna utilidad detallarlos. Despus nos fuimos al
lecho, y permanecimos enlazados hasta la maana. Y lo dems, con sus
pormenores, pertenece al misterio.

A la maana siguiente me levant, puse disimuladamente debajo de la
almohada el bolsillo con los cincuenta dinares de oro, me desped de la
joven y me dispuse  salir. Pero ella se ech  llorar, y me dijo: Oh
dueo mo! cundo volver  ver tu hermoso rostro? Y yo le dije:
Volver esta misma noche.

Y al salir encontr  la puerta el borrico que me condujo la vspera, y
all estaba tambin el burrero esperndome. Mont en el burro, y llegu
al khan Serur, donde hube de apearme, y dando medio dinar de oro al
burrero, le dije: Vuelve aqu al anochecer. Y me contest: Tus
rdenes estn sobre mi cabeza. Entr entonces en el khan y almorc.
Despus sal para recoger de casa de los mercaderes el importe de mis
gneros. Cobr las cantidades, regres  casa, dispuse que preparasen un
carnero asado, compr dulces, y llam  un mandadero, al cual di las
seas de la casa de la joven, pagndole por adelantado y ordenndole que
llevara todas aquellas cosas. Y yo segu ocupado en mis negocios hasta
la noche, y cuando vino  buscarme el burrero, cog cincuenta dinares de
oro, que guard en un pauelo, y sal.

Al entrar en la casa pude ver que todo lo haban limpiado, lavado el
suelo, brillante la batera de cocina, preparados los candelabros,
encendidos los faroles, prontos los manjares y escanciados los vinos y
dems bebidas. Y ella, al verme, se ech en mis brazos, y acaricindome
me dijo: Por Alah! Cunto te deseo! Y despus nos pusimos  comer
avellanas y nueces hasta media noche. Entonces nos enlazamos hasta por
la maana. Y me levant, puse los cincuenta dinares de oro en el sitio
de costumbre, y me fu.

Mont en el borrico, me dirig al khan, y all estuve durmiendo. Al
anochecer me levant y dispuse que el cocinero del khan preparase la
comida: un plato de arroz salteado con manteca y aderezado con nueces y
almendras, y otro plato de cotufas fritas, con varias cosas ms. Luego
compr flores, frutas y varias clases de almendras, y las envi  casa
de mi amada. Y cogiendo cincuenta dinares de oro, los puse en un pauelo
y sal. Y aquella noche me sucedi con la joven lo que estaba escrito
que sucediese.

Y siguiendo de este modo, acab por arruinarme en absoluto, y ya no
posea un dinar, ni siquiera un dracma. Entonces dije para m que todo
ello haba sido obra del Cheitn. Y recit las siguientes estrofas:

     _Si la fortuna abandonase al rico, lo veris empobrecerse y
     extinguirse sin gloria, como el sol que amarillea al ponerse!_

     _Y al desaparecer, su recuerdo se borra para siempre de todas las
     memorias! Y si vuelve algn da, la suerte no le sonreir nunca!_

     _Ha de darle vergenza presentarse en las calles! Y  solas
     consigo mismo, derramar todas las lgrimas de sus ojos!_

     _Oh, Alah! El hombre nada puede esperar de sus amigos, porque si
     cae en la miseria, hasta sus parientes renegarn de l!_

Y no sabiendo qu hacer, dominado por tristes pensamientos, sal del
khan para pasear un poco, y llegu  la plaza de Bain Al-Kasrain, cerca
de la puerta de Zauilat. All vi un gento enorme que llenaba toda la
plaza, por ser da de fiesta y de feria. Me confund entre la
muchedumbre, y por decreto del Destino hall  mi lado un jinete muy
bien vestido. Y como la gente aumentaba, me apretujaron contra l, y
precisamente mi mano se encontr pegada  su bolsillo, y not que el
bolsillo contena un paquetito redondo. Entonces met rpidamente la
mano y saqu el paquetito; pero no tuve bastante destreza para que l no
lo notase. Porque el jinete comprob por la disminucin de peso que le
haban vaciado el bolsillo. Volvise iracundo, blandiendo la maza de
armas, y me asest un golpazo en la cabeza. Ca al suelo, y me rode un
corro de personas, algunas de las cuales impidieron que se repitiera la
agresin cogiendo al caballo de la brida y diciendo al jinete: No te
da vergenza aprovecharte de las apreturas para pegar  un hombre
indefenso? Pero l dijo: Sabed todos que ese individuo es un ladrn!

En aquel momento volv en m del desmayo en que me encontraba, y o que
la gente deca: No puede ser! Este joven tiene sobrada distincin para
dedicarse al robo. Y todos discutan si yo habra  no robado, y cada
vez era mayor la disputa. Hube de verme al fin arrastrado por la
muchedumbre, y quiz habra podido escapar de aquel jinete, que no
quera soltarme, cuando, por decreto del Destino, acertaron  pasar por
all el wal y su guardia, que atravesando la puerta de Zauilat, se
aproximaron al grupo en que nos encontrbamos. Y el wal pregunt: Qu
es lo que pasa? Y contest el jinete: Por Alah! Oh Emir! He aqu 
un ladrn. Llevaba yo un bolsillo azul con veinte dinares de oro, y
entre las apreturas ha encontrado manera de quitrmelo. Y el wal
pregunt al jinete: Tienes algn testigo? Y el jinete contest: No
tengo ninguno. Entonces el wal llam al mokadem, jefe de polica, y le
dijo: Apodrate de ese hombre y regstralo. Y el mokadem me ech mano,
porque ya no me protega Alah, y me despoj de toda la ropa, acabando
por encontrar el bolsillo, que era efectivamente de seda azul. El wal
lo cogi y cont el dinero, resultando que contena exactamente los
veinte dinares de oro, segn el jinete haba afirmado.

Entonces el wal llam  sus guardias, y les dijo: Traed ac  ese
hombre. Y me pusieron en sus manos, y me dijo: Es necesario declarar
la verdad. Dime si confiesas haber robado este bolsillo. Y yo,
avergonzado, baj la cabeza y reflexion un momento, diciendo entre m:
Si digo que no he sido yo, no me creern, pues acaban de encontrarme el
bolsillo encima, y si digo que lo he robado, me pierdo. Pero acab por
decidirme, y contest: S, lo he robado.

Al verme qued sorprendido el wal, y llam  los testigos, para que
oyesen mis palabras, mandndome que las repitiese ante ellos. Y ocurra
todo aquello en la Bab-Zauilat.

El wal mand entonces al portaalfanje que me cortase la mano, segn la
ley contra los ladrones. Y el portaalfanje me cort inmediatamente la
mano derecha. Y el jinete se compadeci de m  intercedi con el wal
para que no me cortasen la otra mano. Y el wal le concedi esa gracia y
se alej. Y la gente me tuvo lstima, y me dieron un vaso de vino para
infundirme alientos, pues haba perdido mucha sangre, y me hallaba muy
dbil. En cuanto al jinete, se acerc  m, me alarg el bolsillo y me
lo puso en la mano, diciendo: Eres un joven bien educado y no se hizo
para ti el oficio de ladrn. Y dicho esto se alej, despus de haberme
obligado  aceptar el bolsillo. Y yo me march tambin, envolvindome el
brazo con un pauelo y tapndolo con la manga del ropn. Y me haba
quedado muy plido y muy triste  consecuencia de lo ocurrido.

Sin darme cuenta, me fu hacia la casa de mi amiga. Y al llegar, me
tend extenuado en el lecho. Pero ella, al ver mi palidez y mi
decaimiento, me dijo: Qu te pasa? Cmo ests tan plido? Y yo
contest: Me duele mucho la cabeza; no me encuentro bien. Entonces,
muy entristecida, me dijo: Oh dueo mo, no me abrases el corazn!
Levanta un poco la cabeza hacia m, te lo ruego, ojo de mi vida! y dime
lo que te ha ocurrido. Porque adivino en tu rostro muchas cosas. Pero
yo le dije: Por favor! Ahrrame la pena de contestarte. Y ella,
echndose  llorar, replic: Ya veo que te cansaste de m, pues no
ests conmigo, como de costumbre! Y derram abundantes lgrimas
mezcladas con suspiros, y de cuando en cuando interrumpa sus lamentos
para dirigirme preguntas, que quedaban sin respuesta; y as estuvimos
hasta la noche. Entonces nos trajeron de comer y nos presentaron los
manjares, como solan. Pero yo me guard bien de aceptar, pues me habra
avergonzado coger los alimentos con la mano izquierda, y tema que me
preguntase el motivo de ello. Y por tanto, exclam: No tengo ningn
apetito ahora. Y ella dijo: Ya ves como tena razn. Entrame de lo
que te ha pasado, y por qu ests tan afligido y con luto en el alma y
en el corazn. Entonces acab por decirle: Te lo contar todo, pero
poco  poco, por partes. Y ella, alargndome una copa de vino, repuso:
Vamos, hijo mo! Djate de pensamientos tristes. Con esto se cura la
melancola. Bebe este vino, y confame la causa de tus penas. Y yo le
dije: Si te empeas, dame t misma de beber con tu mano. Y ella acerc
la copa  mis labios, inclinndola con suavidad, y me di de beber.
Despus la llen de nuevo, y me la acerc otra vez. Hice un esfuerzo,
tend la mano izquierda y cog la copa. Pero no pude contener las
lgrimas y romp  llorar.

Y cuando ella me vi llorar, tampoco pudo contenerse, me cogi la cabeza
con ambas manos, y dijo: Oh, por favor! Dime el motivo de tu llanto!
Me ests abrasando el corazn! Dime tambin por qu tomaste la copa con
la mano izquierda. Y yo le contest: Tengo un tumor en la derecha. Y
ella replic: Ensamelo; lo sajaremos, y te aliviars. Y yo respond:
No es el momento oportuno para tal operacin. No insistas, porque estoy
resuelto  no sacar la mano. Vaci por completo la copa, y segu
bebiendo cada vez que ella me la ofreca, hasta que me posey la
embriaguez, madre del olvido. Y tendindome en el mismo sitio en que me
hallaba, me dorm.

Al da siguiente, cuando me despert, vi que me haba preparado el
almuerzo: cuatro pollos cocidos, caldo de gallina y vino abundante. De
todo me ofreci, y com y beb, y despus quise despedirme y marcharme.
Pero ella me dijo: Adnde piensas ir? Y yo contest: A cualquier
sitio en que pueda distraerme y olvidar las penas que me oprimen el
corazn. Y ella me dijo: Oh, no te vayas! Qudate un poco ms! Y yo
me sent, y ella me dirigi una intensa mirada, y me dijo: Ojo de mi
vida, qu locura te aqueja? Por mi amor te has arruinado. Adems,
adivino que tengo tambin la culpa de que hayas perdido la mano derecha.
Tu sueo me ha hecho descubrir tu desgracia. Pero por Alah! jams me
separar de ti. Y quiero casarme contigo legalmente.

Y mand llamar  los testigos, y les dijo: Sed testigos de mi
casamiento con este joven. Vais  redactar el contrato de matrimonio,
haciendo constar que me ha entregado la dote.

Y los testigos redactaron nuestro contrato de matrimonio. Y ella les
dijo: Sed testigos asimismo de que todas las riquezas que me
pertenecen, y que estn en esa arca que veis, as como cuanto poseo, es
desde ahora propiedad de este joven. Y los testigos lo hicieron
constar, y levantaron acta de su declaracin, as como de que yo
aceptaba, y se fueron despus de haber cobrado sus honorarios.

Entonces la joven me cogi de la mano, y me llev frente  un armario,
lo abri y me ense un gran cajn, que abri tambin, y me dijo: Mira
lo que hay en esa caja. Y al examinarla, vi que estaba llena de
pauelos, cada uno de los cuales formaba un paquetito. Y me dijo: Todo
esto son los bienes que durante el transcurso del tiempo fu aceptando
de ti. Cada vez que me dabas un pauelo con cincuenta dinares de oro,
tena yo buen cuidado de guardarlo muy oculto en esa caja. Ahora recobra
lo tuyo. Alah te lo tena reservado y lo haba escrito en tu Destino.
Hoy te protege Alah, y me eligi para realizar lo que l haba escrito.
Pero por causa ma perdiste la mano derecha, y no puedo corresponder
como es debido  tu amor ni  tu adhesin  mi persona, pues no bastara
aunque para ello sacrificase mi alma. Y aadi: Toma posesin de tus
bienes. Y yo mand fabricar una nueva caja, en la cual met uno por uno
los paquetes que iba sacando del armario de la joven.

Me levant entonces y la estrech en mis brazos. Y sigui dicindome las
palabras ms gratas y lamentando lo poco que poda hacer por m en
comparacin de lo que yo haba hecho por ella. Despus, queriendo colmar
cuanto haba hecho, se levant  inscribi  mi nombre todas las alhajas
y ropas de lujo que posea, as como sus valores, terrenos y fincas,
certificndolo con su sello y ante testigos.

Y aquella noche,  pesar de los transportes de amor  que nos
entregamos, se durmi muy entristecida por la desgracia que me haba
ocurrido por su causa.

Y desde aquel momento no dej de lamentarse y afligirse de tal modo, que
al cabo de un mes se apoder de ella un decaimiento, que se fu
acentuando y se agrav, hasta el punto de que muri  los cincuenta
das.

Entonces dispuse todos los preparativos de los funerales, y yo mismo la
deposit en la sepultura y mand verificar cuantas ceremonias preceden
al entierro. Al regresar del cementerio entr en la casa y examin todos
sus legados y donaciones, y vi que entre otras cosas me haba dejado
grandes almacenes llenos de ssamo. Precisamente de este ssamo cuya
venta te encargu, oh mi seor! por lo cual te aviniste  aceptar un
escaso corretaje, muy inferior  tus mritos.

Y esos viajes que he realizado y que te asombraban eran indispensables
para liquidar cuanto ella me ha dejado, y ahora mismo acabo de cobrar
todo el dinero y arreglar otras cosas.

Te ruego, pues, que no rechaces la gratificacin que quiero ofrecerte,
oh t que me das hospitalidad en tu casa y me invitas  compartir tus
manjares! Me hars un favor aceptando todo el dinero que has guardado y
que cobraste por la venta del ssamo.

Y tal es mi historia y la causa de que coma siempre con la mano
izquierda.

       *       *       *       *       *

Entonces, yo, oh poderoso rey! dije al joven: En verdad que me colmas
de favores y beneficios. Y me contest: Eso no vale nada. Quieres
ahora, oh excelente corredor! acompaarme  mi tierra, que, como sabes,
es Bagdad? Acabo de hacer importantes compras de gneros en El Cairo, y
pienso venderlos con mucha ganancia en Bagdad. Quieres ser mi compaero
de viaje y mi socio en las ganancias? Y contest: Pongo tus deseos
sobre mis ojos. Y determinamos partir  fin del mes.

Mientras tanto, me ocup en vender sin prdida ninguna todo lo que
posea, y con el dinero que aquello me produjo compr tambin muchos
gneros. Y part con el joven hacia Bagdad, y desdo all, despus de
obtener ganancias cuantiosas y comprar otras mercancas, nos encaminamos
 este pas que gobiernas, oh rey de los siglos!

Y el joven vendi aqu todos sus gneros y ha marchado de nuevo 
Egipto, y me dispona  reunirme con l, cuando me ha ocurrido esta
aventura con el jorobado, debida  mi desconocimiento del pas, pues soy
un extranjero que viaja para realizar sus negocios.

Tal es, oh rey de los siglos! la historia, que juzgo ms extraordinaria
que la del jorobado.

Pero el rey contest: Pues  mi no me lo parece. Y voy  mandar que os
ahorquen  todos, para que paguis el crimen cometido en la persona de
mi bufn, este pobre jorobado  quien matasteis.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 27. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando el rey de la China
dijo: Voy  mandar que os ahorquen  todos, el intendente di un paso,
prosternndose ante el rey, y dijo: Si me lo permites, te contar una
historia que ha ocurrido hace pocos das, y que es ms sorprendente y
maravillosa que la del jorobado. Si as lo crees despus de haberla
odo, nos indultars  todos. El rey de la China dijo: As sea! Y el
intendente cont lo que sigue:

[Illustration: Relato del intendente del rey de la China]

Sabe, oh rey de los siglos y del tiempo! que la noche ltima me
convidaron  una comida de boda,  la cual asistan los sabios versados
en el Libro de la Nobleza. Terminada la lectura del Corn, se tendi el
mantel, se colocaron los manjares y se trajo todo lo necesario para el
festn. Pero entre otros comestibles, haba un plato de arroz preparado
con ajos, que se llama _rozbaja_, y que es delicioso si est en su punto
el arroz y se han dosificado bien los ajos y especias que lo sazonan.
Todos empezamos  comerlo con gran apetito, excepto uno de los
convidados, que se neg rotundamente  tocar este plato de rozbaja. Y
como le instbamos  que lo probase, jur que no hara tal cosa.
Entonces repetimos nuestro ruego, pero l nos dijo: Por favor, no me
apremiis de ese modo. Bastante lo pagu una vez que tuve la desgracia
de probarlo. Y recit esta estrofa:

     _Si no quieres tratarte con el que fu tu amigo y deseas evitar su
     saludo, no pierdas el tiempo en inventar estratagemas: huye de l!_

Entonces no quisimos insistir ms. Pero le preguntamos: Por Alah!
Cul es la causa que te impide probar este delicioso plato de
rozbaja? Y contest: He jurado no comer rozbaja sin haberme lavado las
manos cuarenta veces seguidas con sosa, otras cuarenta con potasa y
otras cuarenta con jabn,  sean ciento veinte veces.

Y el dueo de la casa mand  los criados que trajesen inmediatamente
agua y las dems cosas que haba pedido el convidado. Y despus de
lavarse se sent de nuevo el convidado, y aunque no muy  gusto, tendi
la mano hacia el plato en que todos comamos, y trmulo y vacilante
empez  comer. Mucho nos sorprendi aquello, pero ms nos sorprendimos
cuando al mirar su mano vimos que slo tena cuatro dedos, pues careca
del pulgar. Y el convidado no coma mas que con cuatro dedos. Entonces
le dijimos: Por Alah sobre ti! Dinos por qu no tienes pulgar. Es una
deformidad de nacimiento, obra de Alah,  has sido vctima de algn
accidente?

Y entonces contest: Hermanos, an no lo habis visto todo. No me falta
un pulgar, sino los dos, pues tampoco le tengo en la mano izquierda. Y
adems, en cada pie me falta otro dedo. Ahora lo vais  ver. Y nos
ense la otra mano, y descubri ambos pies, y vimos que, efectivamente,
no tena mas que cuatro dedos en cada uno. Entonces aument nuestro
asombro, y le dijimos: Hemos llegado al lmite de la impaciencia, y
deseamos averiguar la causa de que perdieras los dos pulgares y esos
otros dos dedos de los pies, as como el motivo de que te hayas lavado
las manos ciento veinte Veces seguidas. Entonces nos refiri lo
siguiente:

Sabed, oh todos vosotros! que mi padre era un mercader entre los
grandes mercaderes, el principal de los mercaderes de la ciudad de
Bagdad en tiempo del califa Harn Al-Rachid. Y eran sus delicias el vino
en las copas, los perfumes de las flores, las flores en su tallo,
cantoras y danzarinas, los ojos negros y las propietarias de estos ojos.
As es que cuando muri no me dej dinero, porque todo lo haba gastado.
Pero como era mi padre, le hice un entierro segn su rango, di festines
fnebres en honor suyo, y le llev luto das y noches. Despus fu  la
tienda que haba sido suya, la abr, y no hall nada que tuviese valor;
al contrario, supe que dejaba muchas deudas. Entonces fu  buscar  los
acreedores de mi padre, rogndoles que tuviesen paciencia, y los
tranquilic lo mejor que pude. Despus me puse  vender y comprar, y 
pagar las deudas, semana por semana, conforme  mis ganancias. Y no dej
de proceder del mismo modo hasta que pagu todas las deudas y acrecent
mi capital primitivo con mis legtimas ganancias.

Pero un da que estaba yo sentado en mi tienda, vi avanzar montada en
una mula torda, un milagro entre los milagros, una joven deslumbrante de
hermosura. Delante de ella iba un eunuco y otro detrs. Par la mula, y
 la entrada del zoco se ape, y penetr en el mercado, seguida de uno
de los dos eunucos. Y ste le elijo: Oh mi seora! Por favor, no te
dejes ver de los transentes. Vas  atraer contra nosotros alguna
calamidad. Vmonos de aqu. Y el eunuco quiso llevrsela. Pero ella no
hizo caso de sus palabras, y estuvo examinando todas las tiendas del
zoco, una tras otra, sin que viera ninguna ms lujosa ni mejor
presentada que la ma. Entonces se dirigi hacia m, siempre seguida por
el eunuco, se sent en mi tienda y me dese la paz. Y en mi vida haba
odo voz ms suave ni palabras ms deliciosas. Y la mir, y slo con
verla me sent turbadsimo, con el corazn arrebatado. Y no pude apartar
mis miradas de su semblante, y recit estas dos estrofas:

     _Di  la hermosa del velo suave, tan suave como el ala de un
     palomo!_

     _Dile que al pensar en lo que padezco, creo que la muerte me
     aliviara!_

     _Dile que sea buena un poco nada ms! Por ella, para acercarme 
     sus alas, he renunciado  mi tranquilidad!_

Cuando oy mis versos, me correspondi con los siguientes:

     _He gastado mi corazn amndote! Y este corazn rechaza otros
     amores!_

     _Y si mis ojos viesen alguna vez otra beldad, ya no podran
     alegrarse!_

     _Jur no arrancar nunca tu amor de mi corazn! Y sin embargo, mi
     corazn est triste y sediento de tu amor!_

     _He bebido en una copa en la cual encontr el amor puro! Por qu
     no han humedecido tus labios esa copa en que encontr el amor?..._

Despus me dijo: Oh joven mercader! tienes telas buenas que
ensearme? A lo cual contest: Oh mi seora! Tu esclavo es un pobre
mercader, y no posee nada digno de ti. Ten, pues, paciencia, porque como
todava es muy temprano, an no han abierto las tiendas los dems
mercaderes. Y en cuanto abran, ir  comprarles yo mismo los gneros que
buscas. Luego estuve conversando con ella, sintindome cada vez ms
enamorado.

Pero cuando los mercaderes abrieron sus establecimientos, me levant y
sal  comprar lo que me haba encargado, y el total de las compras, que
tom por mi cuenta, ascenda  cinco mil dracmas. Y todo se lo entregu
al eunuco. Y en seguida la joven parti con l, dirigindose al sitio
donde la esperaba el otro esclavo con la mula. Y yo entr en mi casa
embriagado de amor. Me trajeron la comida y no pude comer, pensando
siempre en la hermosa joven. Y cuando quise dormir huy de m el sueo.

De este modo transcurri una semana, y los mercaderes me reclamaron el
dinero; pero como no volv  saber de la joven, les rogu que tuviesen
un poco de paciencia, pidindoles otra semana de plazo. Y ellos se
avinieron. Y efectivamente, al cabo de la semana vi llegar  la joven,
montada en su mula y acompaada por un servidor y los dos eunucos. Y la
joven me salud y me dijo: Oh mi seor! Perdname que hayamos tardado
tanto en pagarte. Pero ah tienes el dinero. Manda venir  un cambista,
para que vea estas monedas de oro. Mand llamar al cambista, y en
seguida uno de los eunucos le entreg el dinero, lo examin y lo
encontr de ley. Entonces tom el dinero, y estuve hablando con la joven
hasta que se abri el zoco y llegaron los mercaderes  sus tiendas. Y
ella me dijo: Ahora necesito estas y aquellas cosas. Ve 
comprrmelas. Y compr por mi cuenta cuanto me haba encargado,
entregndoselo todo. Y ella lo tom, como la primera vez, y se fu en
seguida. Y cuando la vi alejarse, dije para m: No entiendo esta
amistad que me tiene. Me trae cuatrocientos dinares y se lleva gneros
que valen mil. Y se marcha sin decirme siquiera dnde vive. Pero
solamente Alah sabe lo que se oculta en un corazn!

Y as transcurri todo un mes, cada da ms atormentado mi espritu por
estas reflexiones. Y los mercaderes vinieron  reclamarme su dinero en
forma tan apremiante, que para tranquilizarlos hube de decirles que iba
 vender mi tienda con todos los gneros, y mi casa y todos mis bienes.
Me hall, pues, prximo  la ruina, y estaba muy afligido, cuando vi 
la joven que entraba en el zoco y se diriga  mi tienda. Y al verla se
desvanecieron todas mis zozobras, y hasta olvid la triste situacin en
que me haba encontrado durante su ausencia. Y ella se me acerc, y con
su voz llena de dulzura me dijo: Saca la balanza, para pesar el dinero
que te traigo. Y me di, en efecto, cuanto me deba y algo ms, en pago
de las compras que para ella haba hecho.

En seguida se sent  mi lado y me habl con gran afabilidad, y yo
desfalleca de ventura. Y acab por decirme: Eres soltero  tienes
esposa? Y yo dije: Por Alah! No tengo ni mujer legtima ni
concubina. Y al decirlo, me ech  llorar. Entonces ella me pregunt:
Por qu lloras? Y yo respond: Por nada; es que me ha pasado una
cosa por la mente. Luego me acerqu  su criado, le di algunos dinares
de oro y le rogu que sirviese de mediador entre ella y mi persona para
lo que yo deseaba. Y l se ech  reir, y me dijo: Sabe que mi seora
est enamorada de ti. Pues ninguna necesidad tena de comprar telas, y
slo las ha comprado para poder hablar contigo y darte  conocer su
pasin. Puedes, por tanto, dirigirte  ella, seguro de que no te reir
ni ha de contrariarte.

Y cuando ella iba  despedirse, me vi entregar el dinero al servidor
que la acompaaba. Y entonces volvi  sentarse y me sonri. Y yo le
dije: Otorga  tu esclavo la merced que desea solicitar de ti y
perdnale anticipadamente lo que va  decirte. Despus le habl de lo
que tena en mi corazn. Y vi que le agradaba, pues me dijo: Este
esclavo te traer mi respuesta y te sealar mi voluntad. Haz cuanto te
diga que hagas. Despus se levant y se fu.

Entonces fu  entregar  los mercaderes su dinero con los intereses que
les correspondan. En cuanto  m, desde el instante que dej de verla
perd todo mi sueo durante todas mis noches. Pero en fin, pasados
algunos das, vi llegar al esclavo y lo recib con solicitud y
generosidad, rogndole que me diese noticias. Y l me dijo: Ha estado
enferma estos das. Y yo insist: Dame algunos pormenores acerca de
ella. Y l respondi: Esta joven ha sido educada por nuestra ama
Zobeida, esposa favorita de Harn Al-Rachid, y ha entrado en su
servidumbre. Y nuestra ama Zobeida la quiere como si fuese hija suya, y
no le niega nada. Pero el otro da le pidi permiso para salir,
dicindole: Mi alma desea pasearse un poco y volver en seguida 
palacio. Y se le concedi el permiso. Y desde aquel da no dej de
salir y de volver  palacio, con tal frecuencia, que acab por ser
peritsima en compras, y se convirti en la proveedora de nuestra ama
Zobeida. Entonces te vi, y le habl de ti  nuestra ama, rogndole que
la casase contigo. Y nuestra ama le contest: Nada puedo decirte sin
conocer  ese joven. Si me convenzo de que te iguala en cualidades, te
unir con l. Pero ahora vengo  decirte que nuestro propsito es que
entres en palacio. Y si logramos hacerte entrar sin que nadie se entere,
puedes estar seguro de casarte, pero si se descubre te cortarn la
cabeza. Qu dices  esto? Yo respond: Que ir contigo. Entonces me
dijo: Apenas llegue la noche, dirgete  la mezquita que Sett-Zobeida
ha mandado edificar junto al Tigris. Entra, haz tu oracin, y
agurdame. Y yo respond: Obedezco, amo, y honro.

Y cuando vino la noche fu  la mezquita, entr, me puse  rezar, y pas
all toda la noche. Pero al amanecer vi, por una de las ventanas que dan
al ro, que llegaban en una barca unos esclavos llevando dos cajas
vacas. Las metieron en la mezquita y se volvieron  su barca. Pero uno
de ellos, que se haba quedado detrs de los otros, era el que me haba
servido de mediador. Y  los pocos momentos vi llegar  la mezquita  mi
amada, la dama de Sett-Zobeida. Y corr  su encuentro, queriendo
estrecharla entre mis brazos. Pero ella huy hacia donde estaban las
cajas vacas  hizo una sea al eunuco, que me cogi, y antes de que
pudiese defenderme me encerr en una de aquellas cajas. Y en el tiempo
que se tarda en abrir un ojo y cerrar el otro, me llevaron al palacio
del califa. Y me sacaron de la caja. Y me entregaron trajes y efectos
que valdran lo menos cincuenta mil dracmas. Despus vi  otras veinte
esclavas blancas, todas con pechos de vrgenes. Y en medio de ellas
estaba Sett-Zobeida, que no poda moverse de tantos esplendores como
llevaba  partir del ombligo.

Y las damas formaban dos filas frente  la sultana. Yo di un paso y bes
la tierra entre sus manos. Entonces me hizo sea de que me sentase, y
me sent entre sus manos. En seguida me interrog acerca de mis
negocios, mi parentela y mi linaje, contestndole yo  cuanto me
preguntaba. Y pareci muy satisfecha, y dijo: Alah! Ya veo que no he
perdido el tiempo criando  esta joven, pues le encuentro un esposo cual
ste! Y aadi: Sabe que la considero como si fuese mi propia hija, y
ser para ti una esposa sumisa y dulce ante Alah y ante ti! Y entonces
me inclin, bes la tierra y consent en casarme.

Y Sett-Zobeida me invit  pasar en el palacio diez das. Y all
permanec estos diez das, pero sin saber nada de la joven. Y eran otras
jvenes las que me traan el almuerzo y la comida y servan  la mesa.

Transcurrido el plazo indispensable para los preparativos de la boda,
Sett-Zobeida rog al Emir de los Creyentes el permiso para la boda. Y el
califa, despus de dar su venia, regal  la joven diez mil dinares de
oro. Y Sett-Zobeida mand  buscar al kad y  los testigos, que
escribieron el contrato de matrimonio. Despus empez la fiesta. Se
prepararon dulces de todas clases y los manjares de costumbre. Comimos,
bebimos y se repartieron platos de comida por toda la ciudad, durando el
festn diez das completos. Despus llevaron  la joven al hammam para
prepararla, segn es uso.

Y durante este tiempo se puso la mesa para m y mis convidados, se
trajeron platos exquisitos, y entre otras cosas, en medio de pollos
asados, pasteles de todas clases, rellenos deliciosos y dulces
perfumados con almizcle y agua de rosas, haba un plato de rozbaja capaz
de volver loco al espritu ms equilibrado. Y yo, por Alah! en cuanto
me sent  la mesa, no pude menos de precipitarme sobre este plato de
rozbaja y hartarme de l. Despus me sequ las manos.

Y as estuve tranquilo hasta la noche. Pero se encendieron las antorchas
y llegaron las cantoras y taedoras de instrumentos. Despus se procedi
 vestir  la desposada. Y la vistieron siete veces con trajes
diferentes, en medio de los cantos y del sonar de los instrumentos. En
cuanto al palacio, estaba lleno completamente por una muchedumbre de
convidados. Y yo, cuando hubo terminado la ceremonia, entr en el
aposento reservado, y me trajeron  la novia, procediendo su servidumbre
 despojarla de todos los vestidos, retirndose despus.

Cuando la vi toda desnuda y estuvimos solos en nuestro lecho, la cog
entre mis brazos; y tal era mi ventura, que me pareca mentira el
poseerla. Pero en este momento not el olor de mi mano con la cual haba
comido la rozbaja, y apenas lo not lanz un agudo chillido.

Inmediatamente acudieron por todas partes las damas de palacio, mientras
que yo, trmulo de emocin, no me daba cuenta de la causa de todo
aquello. Y le dijeron: Oh hermana nuestra! qu te ocurre? Y ella
contest: Por Alah sobre vosotras! Libradme al instante de este
estpido, al cual cre hombre de buenas maneras! Y yo le pregunt: Y
por qu me juzgas estpido  loco? Y ella dijo: Insensato! Ya no te
quiero, por tu poco juicio y tu mala accin! Y cogi un ltigo que
estaba cerca de ella, y me azot con tan fuertes golpes, que perd el
conocimiento. Entonces ella se detuvo, y dijo  las doncellas: Cogedlo
y llevdselo al gobernador de la ciudad, para que le corten la mano con
que comi los ajos. Pero ya haba yo recobrado el conocimiento, y al
oir aquellas palabras, exclam: No hay poder y fuerza mas que en Alah
Todopoderoso! Pero por haber comido ajos me han de cortar una mano?
Quin ha visto nunca semejante cosa? Entonces las doncellas empezaron
 interceder en mi favor, y le dijeron: Oh hermana, no le castigues
esta vez! Concdenos la gracia de perdonarle! Entonces ella dijo: Os
concedo lo que peds; no le cortarn la mano, pero de todos modos algo
he de cortarle de sus extremidades. Despus se fu y me dej solo.

En cuanto  m, estuve diez das completamente solo y sin verla. Pero
pasados los diez das, vino  buscarme y me dijo: Oh t, el de la cara
ennegrecida![16]. Tan poca cosa soy para ti, que comiste ajo la noche
de la boda? Despus llam  sus siervas y les dijo: Atadle los brazos
y las piernas! Y entonces me ataron los brazos y las piernas, y ella
cogi una cuchilla de afeitar bien afilada y me cort los dos pulgares
de las manos y los dedos gordos de ambos pies. Y por eso, oh todos
vosotros! me veis sin pulgares en las manos y en los pies.

En cuanto  m, ca desmayado. Entonces ella ech en mis heridas polvos
de una raz aromtica, y as resta la sangre. Y yo dije, primero entre
m y luego en alta voz: No volver  comer rozbaja sin lavarme despus
las manos cuarenta veces con potasa, cuarenta con sosa y cuarenta con
jabn! Y al oirme, me hizo jurar que cumplira esta promesa, y que no
comera rozbaja sin cumplir con exactitud lo que acababa de decir.

Por eso, cuando me apremiabais todos los aqu reunidos  comer de ese
plato de rozbaja que hay en la mesa, he palidecido y me he dicho: He
aqu la rozbaja que me cost perder los pulgares. Y al empearos en que
la comiera, me vi obligado por mi juramento  hacer lo que visteis.

       *       *       *       *       *

Entonces, oh rey de los siglos!--dijo el intendente continuando la
historia, mientras los dems circunstantes estaban escuchando--pregunt
al joven mercader de Bagdad: Y qu te ocurri luego con tu esposa? Y
l me contest:

       *       *       *       *       *

Cuando hice aquel juramento ante ella, se tranquiliz su corazn, y
acab por perdonarme. Entonces la cog y me acost con ella. Y por
Alah! recuper bien el tiempo perdido y olvid mis pesares. Y
permanecimos unidos largo tiempo de aquel modo. Despus ella me dijo:
Has de saber que nadie de la corte del califa sabe lo que ha pasado
entre nosotros. Eres el nico que logr introducirse en este palacio. Y
has entrado gracias al apoyo de El-Sayedat[17] Zobeida. Despus me
entreg diez mil dinares de oro, dicindome: Toma este dinero y ve 
comprar una buena casa en que podamos vivir los dos.

Entonces sal, y compr una casa magnfica. Y all transport las
riquezas de mi esposa y cuantos regalos le haban hecho, los objetos
preciosos, telas, muebles y dems cosas bellas. Y todo lo puse en
aquella casa que haba comprado. Y vivimos juntos hasta el lmite de los
placeres y de la expansin.

Pero al cabo de un ao, por voluntad de Alah, muri mi mujer. Y no
busqu otra esposa, pues quise viajar. Sal entonces de Bagdad, despus
de haber vendido todos mis bienes, y cog todo mi dinero y emprend el
viaje, hasta que llegu  esta ciudad.

       *       *       *       *       *

Y tal es, oh rey del tiempo!--prosigui el intendente--la historia que
me refiri el joven mercader de Bagdad. Entonces todos los invitados
seguimos comiendo, y despus nos fuimos.

Pero al salir me ocurri la aventura con el jorobado. Y entonces sucedi
lo que sucedi.

Esta es la historia. Estoy convencido de que es ms sorprendente que
nuestra aventura con el jorobado. Uasalam![18].

Entonces dijo el rey de la China: Pues te equivocas. No es ms
maravillosa que la aventura del jorobado. Porque la aventura del
jorobado es mucho ms sorprendente. Y por eso van  crucificaros 
todos, desde el primero hasta el ltimo.

Pero en este momento avanz el mdico judo, bes la tierra entre las
manos del sultn, y dijo: Oh rey del tiempo! Te voy  contar una
historia que es seguramente ms extraordinaria que todo cuanto oste, y
que la misma aventura del jorobado.

Entonces dijo el rey de la China: Cuntala pronto, porque no puedo
aguardar ms.

Y el mdico judo dijo:

[Illustration: Relato del mdico judo]

La cosa ms extraordinaria que me ocurri en mi juventud es
precisamente esta que vais  oir, oh mis seores llenos de cualidades!

Estudiaba entonces medicina y ciencias en la ciudad de Damasco. Y
cuando tuve bien aprendida mi profesin, empec  ejercerla y  ganarme
la vida.

Pero un da entre los das, cierto esclavo del gobernador de Damasco
vino  mi casa, y dicindome que le acompaase, me llev al palacio del
gobernador. Y all, en medio de una gran sala, vi un lecho de mrmol
chapeado de oro. En este lecho estaba echado y enfermo un hijo de Adn.
Era un joven tan hermoso, que no se habra encontrado otro como l entre
todos los de su tiempo. Me acerqu  su cabecera, y le dese pronta
curacin y completa salud. Pero l slo me contest hacindome una sea
con los ojos. Y yo le dije: Oh mi seor, dame la mano! Y l me alarg
la mano izquierda, lo cual me asombr mucho, hacindome pensar: Por
Alah! Qu cosa tan sorprendente! He aqu un joven de buena apariencia y
de elevada condicin, y que est sin embargo muy mal educado. No por
eso dej de tomarle el pulso, y recet un medicamento  base de agua de
rosas. Y le segu visitando, hasta que, pasados diez das, recuper las
fuerzas y pudo levantarse como de costumbre. Entonces le aconsej que
fuese al hammam y que despus volviese  descansar.

El gobernador de Damasco me demostr su gratitud regalndome un
magnfico ropn de honor y nombrndome, no slo mdico suyo, sino
tambin del hospital de Damasco. En cuanto al joven, que durante su
enfermedad haba seguido alargndome la mano izquierda, me rog que le
acompaase al hammam, que se haba reservado para l solo, prohibiendo
entrar  los dems clientes. Y cuando llegamos al hammam se acercaron
los criados del joven, le ayudaron  desnudarse, cogiendo su ropa y
dndole otra, limpia y nueva. Y al ver desnudo al joven, not que
careca de mano derecha. Y me sorprendi y apen grandemente el
descubrimiento. Y aument mi asombro cuando vi huellas de varazos en
todo su cuerpo. Entonces el joven se volvi hacia m, y me dijo: Oh
mdico del siglo! No te asombre el verme como me ves, pues voy 
contarte el motivo, y oirs una relacin muy extraordinaria. Pero
tenemos que aguardar  estar fuera del hammam.

Despus de salir del hammam llegamos al palacio, y nos sentamos para
descansar y comer luego. Pero el joven me dijo: No prefieres que
subamos  la sala alta? Y yo le contest que s, y entonces mand  los
criados que asaran un carnero y lo subieran  la sala alta,  la cual
nos encaminamos. Y los esclavos no tardaron en subir el carnero asado y
toda clase de frutas. Y nos pusimos  comer, y l siempre se serva de
la mano izquierda. Entonces yo le dije: Cuntame ahora esa historia. Y
l contest: Oh mdico del siglo, te la voy  contar! Escucha, pues.

       *       *       *       *       *

Sabe que nac en la ciudad de Mossul, donde mi familia figuraba entre
las ms principales. Mi padre era el mayor de los diez vstagos que dej
mi abuelo al morir, y cuando esto ocurri, mi padre estaba ya casado,
como todos mis tos. Pero l era el nico que tuvo un hijo, que fu yo,
pues ninguno de mis tos los tuvo. Por eso fu creciendo entre las
simpatas de todos mis tos, que me queran muchsimo y se alegraban
mirndome.

Un da que estaba con mi padre en la gran mezquita de Mossul para rezar
la oracin del viernes, vi que despus de la plegaria todo el mundo se
haba marchado, menos mi padre y mis tos. Se sentaron todos en la gran
estera, y yo me sent con ellos. Y se pusieron  hablar, versando la
conversacin sobre los viajes y las maravillas de los pases extranjeros
y de las grandes ciudades lejanas. Pero sobre todo hablaron de Egipto y
del Cairo. Y mis tos repitieron los relatos admirables de los viajeros
que haban estado en Egipto, y decan que no haba en la tierra pas ms
bello ni ro ms maravilloso que el Nilo. Por eso los poetas han hecho
muy bien en cantar ese pas y su Nilo, y dice la verdad el poeta cuando
dice:

     _Por Alah! Te conjuro que digas al ro de mi pas, al Nilo de mi
     pas, que aqu no puedo extinguir la sed, que el ufrates no puede
     apagar la sed que me atormenta!_

Mis tos empezaron  enumerar las maravillas de Egipto y de su ro, con
tal elocuencia y tanto calor, que cuando dejaron de hablar y se fu
cada cual  su casa, qued muy pensativo y preocupado, y no poda
apartarse de mi espritu el grato recuerdo de todas aquellas cosas que
acababa de oir con motivo de aquel pas tan admirable. Y cuando volv 
casa, no pude pegar los ojos en toda la noche, y perd el apetito.

Averig  los pocos das que mis tos estaban preparando un viaje 
Egipto, y rogu con tanto ardor  mi padre, y tanto labor para que me
dejase ir con ellos, que me lo permiti y hasta me compr mercaderas
muy estimables. Y encarg  mis tos que no me llevasen con ellos 
Egipto, sino que me dejasen en Damasco, donde deba yo ganar dinero con
los gneros que llevaba. Me desped de mi padre, me junt con mis tos,
y salimos de Mossul.

As viajamos hasta Alepo, donde nos detuvimos algunos das, y desde all
reanudamos el viaje hacia Damasco, adonde no tardamos en llegar.

Y vimos que Damasco es una hermosa ciudad, entre jardines, arroyos,
rboles, frutas y pjaros. Nos albergamos en uno de los khanes, y mis
tos se quedaron en Damasco hasta que vendieron sus mercaderas de
Mossul, comprando otras en Damasco para despacharlas en El Cairo, y
vendieron tambin mis gneros tan ventajosamente, que cada dracma de
mercadera me vali cinco dracmas de plata. Despus mis tos me dejaron
solo en Damasco y prosiguieron su viaje  Egipto.

En cuanto  m, continu viviendo en Damasco, en donde alquil una casa
maravillosa, cuyas bellezas no puede enumerar la lengua humana. Me
costaba dos dinares de oro al mes. Pero no me content con esto. Empec
 hacer cuantiosos gastos, satisfaciendo todos mis caprichos, sin
privarme de ninguna clase de manjares ni bebidas. Y este gnero de vida
dur hasta que hube gastado el dinero con que contaba.

Y por entonces, estando sentado un da  la puerta de mi casa para tomar
el fresco, vi acercarse  m, viniendo no s de dnde,  una joven
ricamente vestida, sobrepasando en elegancia  todo cuanto haba visto
en mi vida. Me levant sbitamente y la invit  que honrase mi casa con
su presencia. No hizo ningn reparo, sino que traspuso el umbral y
penetr en la casa gentilmente. Cerr entonces la puerta detrs de
nosotros, y lleno de jbilo la cog en brazos y la transport al saln.
All se descubri, se quit el velo, y se me apareci en toda su
hermosura. Y tan hechicera la encontr, que me sent completamente
dominado por su amor.

Sal en seguida en busca del mantel, lo cubr con manjares suculentos y
frutas exquisitas y cuanto era de mi obligacin en aquellas
circunstancias. Y nos pusimos  comer y  jugar, y luego  beber, y de
tal manera lo hicimos, que nos emborrachamos por completo. La pose
entonces. Y la noche que pas con ella hasta la maana se contar entre
las ms benditas.

Al da siguiente cre que haca bien las cosas ofrecindole diez dinares
de oro. Pero los rechaz y dijo que nunca aceptara nada de m. Despus
me dijo: Y ahora, oh querido mo! sabe que volver  verte dentro de
tres das, al anochecer. Agurdame, porque no he de faltar. Y como yo
misma me convido, no quiero ocasionarte gastos; de modo que te voy  dar
dinero para que prepares otro festn como el de hoy. Y me entreg diez
dinares de oro que me oblig  aceptar, y se despidi, llevndose tras
ella toda mi alma.

Pero, como me haba prometido, volvi  los tres das, ms ricamente
vestida que la primera vez. Por mi parte, haba preparado todo lo
indispensable, y en realidad no haba escatimado nada. Y comimos y
bebimos como la otra vez, y no dejamos de hacer juntos aquello que
hicimos hasta que brill la maana. Entonces me dijo: Oh mi dueo
amado! de veras me encuentras hermosa? Yo le contest: Por Alah! Ya
lo creo. Y ella me dijo: Si es as, puedo pedirte permiso para traer 
una muchacha ms hermosa y ms joven que yo,  fin de que se divierta
con nosotros y podamos reirnos y jugar juntos, pues me ha rogado que la
saque conmigo, para regocijarnos y hacer locuras los tres. Acept de
buena gana, y dndome entonces veinte dinares de oro, me encarg que no
economizase nada para preparar lo necesario y recibirlas dignamente en
cuanto llegasen ella y la otra joven. Despus se despidi y se fu.

Al cuarto da me dediqu, como de costumbre,  prepararlo todo, con la
largueza de siempre, y an ms todava, por tener que recibir  una
persona extraa. Y apenas puesto el sol, vi llegar  mi amiga acompaada
por otra joven que vena envuelta en un velo muy grande. Entraron y se
sentaron. Y yo, lleno de alegra, me levant, encend los candelabros y
me puse enteramente  su disposicin. Ellas se quitaron entonces sus
velos, y pude contemplar  la otra joven. Alah, Alah! Pareca la luna
llena. Me apresur  servirlas, y les present las bandejas repletas de
manjares y bebidas, y empezaron  comer y beber. Y yo, entretanto,
besaba  la joven desconocida, y le llenaba la copa y beba con ella.
Pero esto acab por encender los celos de la otra, que supo
disimularlos, y hasta me dijo: Por Alah! Cun deliciosa es esa joven!
No te parece ms hermosa que yo? Y yo respond ingenuamente: Es
verdad; razn tienes. Y ella dijo: Pues cgela y ve  dormir con ella.
As me complacers. Yo respond: Respeto tus rdenes y las pongo sobre
mi cabeza y mis ojos. Ella se levant entonces, y nos prepar el lecho,
invitndonos  ocuparlo. Y despus me tend junto  mi nueva amiga, y la
pose hasta por la maana.

Pero he aqu que al despertarme me encontr la mano llena de sangre, y
vi que no era sueo, sino realidad. Como ya era de da claro, quise
despertar  mi compaera, dormida an, y le toqu ligeramente la
cabeza. Y la cabeza se separ inmediatamente del cuerpo y cay al suelo.

En cuanto  mi primera amiga, no haba de ella ni rastro ni olor.

Sin saber qu hacer, estuve una hora recapacitando, y por fin me decid
 levantarme, para abrir una huesa en aquella misma sala. Levant las
losas de mrmol, empec  cavar,  hice una hoya lo bastante grande para
que cupiese el cadver, y lo enterr inmediatamente. Cegu luego el
agujero y puse las losas lo mismo que antes estaban.

Hecho esto fu  vestirme, cog el dinero que me quedaba, sal en busca
del amo de la casa, y pagndole el importe de otro ao de alquiler, le
dije: Tengo que ir  Egipto, donde mis tos me esperan. Y me fu,
precediendo mi cabeza  mis pies.

Al llegar al Cairo encontr  mis tos, que se alegraron mucho al verme,
y me preguntaron la causa de aquel viaje. Y yo les dije: Pues
nicamente el deseo de volveros  ver y el temor de gastarme en Damasco
el dinero que me quedaba. Me invitaron  vivir con ellos, y acept. Y
permanec en su compaa todo un ao, divirtindome, comiendo, bebiendo,
visitando las cosas interesantes de la ciudad, admirando el Nilo y
distrayndome de mil maneras. Desgraciadamente, al cabo del ao, como
mis tos haban realizado buenas ganancias vendiendo sus gneros,
pensaron en volver  Mossul; pero como yo no quera acompaarlos,
desaparec para librarme de ellos, y se marcharon solos, pensando que
yo habra ido  Damasco para prepararles alojamiento, puesto que conoca
bien esta ciudad. Despus segu gastando, y permanec all otros tres
aos, y cada ao mandaba el precio del alquiler  mi casero de Damasco.
Transcurridos los tres aos, como apenas me quedaba dinero para el viaje
y estaba aburrido de la ociosidad, decid volver  Damasco.

Y apenas llegu, me dirig  mi casa, y fu recibido con gran alegra
por mi casero, que me di la bienvenida, y me entreg las llaves,
ensendome la cerradura, intacta y provista de mi sello. Y
efectivamente, entr y vi que todo estaba como lo haba dejado.

Lo primero que hice fu lavar el entarimado, para que desapareciese toda
huella de sangre de la joven asesinada, y cuando me qued tranquilo me
fu al lecho, para descansar de las fatigas del viaje. Y al levantar la
almohada para ponerla bien, encontr debajo un collar de oro con tres
filas de perlas nobles. Era precisamente el collar de mi amada, y lo
haba puesto all la noche de nuestra dicha. Y ante este recuerdo
derram lgrimas de pesar y deplor la muerte de aquella joven. Luego
ocult cuidadosamente el collar en el interior de mi ropn.

Pasados tres das de descanso en mi casa, pens ir al zoco, para buscar
ocupacin y ver  mis amigos. Llegu al zoco, pero estaba escrito por
acuerdo del Destino que haba de tentarme el Cheitn y haba de
sucumbir  su tentacin, porque el Destino tiene que cumplirse. Y
efectivamente, me di la tentacin de deshacerme de aquel collar de oro
y de perlas. Lo saqu del interior del ropn, y se lo present al
corredor ms hbil del zoco. ste me invit  sentarme en su tienda, y
en cuanto se anim el mercado, cogi el collar, me rog que le esperase,
y se fu  someterlo  las ofertas de mercaderes y parroquianos. Y al
cabo de una hora volvi, y me dijo: Cre  primera vista que este
collar era de oro de ley y perlas finas, y valdra lo menos mil dinares
de oro; pero me equivoqu: es falso. Est hecho segn los artificios de
los francos, que saben imitar el oro, las perlas y las piedras
preciosas; de modo que no me ofrecen por l mas que mil dracmas, en vez
de mil dinares. Yo contest: Verdaderamente, tienes razn. Este collar
es falso. Lo mand construir para burlarme de una amiga,  quien se lo
regal. Y ahora esta mujer ha muerto y le ha dejado el collar  la ma;
de modo que hemos decidido venderlo por lo que den. Tmalo, vndelo en
ese precio y treme los mil dracmas. Y el astuto corredor se fu con el
collar, despus de haberme mirado con el ojo izquierdo.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 28. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el mdico judo continu de
este modo la historia del joven:

El corredor, al ver que el joven no conoca el valor del collar, y se
explicaba de aquel modo, comprendi en seguida que lo haba robado  se
lo haba encontrado, cosa que deba aclararse. Cogi, pues, el collar, y
se lo llev al jefe de los corredores del zoco, que se hizo cargo de l
en seguida, y fu en busca del wal de la ciudad,  quien dijo: Me
haban robado este collar, y ahora hemos dado con el ladrn, que es un
joven vestido como los hijos de los mercaderes, y est en tal parte, en
casa de tal corredor.

Y mientras yo aguardaba al corredor con el dinero, me vi rodeado y
apresado por los guardias, que me llevaron  la fuerza  casa del wal.
Y el wal me hizo preguntas acerca del collar, y yo le cont la misma
historia que al corredor. Entonces el wal se ech  reir, y me dijo:
Ahora te ensear el precio de ese collar. E hizo una sea  sus
guardias, que me agarraron, me desnudaron, y me dieron tal cantidad de
palos y latigazos, que me ensangrentaron todo el cuerpo. Entonces,
lleno de dolor, les dije: Os dir la verdad! Ese collar lo he
robado! Me pareci que esto era preferible  declarar la terrible
verdad del asesinato de la joven, pues me habran sentenciado  muerte y
me habran ejecutado, para castigar el crimen.

Y apenas me haba acusado de tal robo, me asieron del brazo y me
cortaron la mano derecha, como  los ladrones, y me sumergieron el brazo
en aceite hirviendo para cicatrizar la herida. Y ca desmayado de dolor.
Y me dieron de beber una cosa que me hizo recobrar los sentidos.
Entonces recog mi mano cortada y regres  mi casa.

Pero al llegar  ella, el propietario, que se haba enterado de todo, me
dijo: Desde el momento que te has declarado culpable de robo y de
hechos indignos, no puedes seguir viviendo en mi casa. Recoge, pues, lo
tuyo y ve  buscar otro alojamiento. Yo contest: Seor, dame dos 
tres das de plazo para que pueda buscar casa. Y l me dijo: Me avengo
 otorgarte ese plazo. Y dejndome, se fu.

En cuanto  m, me ech al suelo, me puse  llorar, y deca: Cmo he
de volver  Mossul, mi pas natal; cmo he de atreverme  mirar  mi
familia, despus que me han cortado una mano!... Nadie me creer cuando
diga que soy inocente. No puedo hacer mas que entregarme  la voluntad
de Alah, que es el nico que puede procurarme un medio de salvacin.

Los pesares y las tristezas me pusieron enfermo, y no pude ocuparme en
buscar hospedaje. Y al tercer da, estando en el lecho, vi invadida mi
habitacin por los soldados del gobernador de Damasco, que venan con el
amo de la casa y el jefe de los corredores. Y entonces el amo de la casa
me dijo: Sabe que el wal ha comunicado al gobernador general lo del
robo del collar. Y ahora resulta que el collar no es de este jefe de los
corredores, sino del mismo gobernador general,  mejor dicho, de una
hija suya, que desapareci tambin hace tres aos. Y vienen para
prenderte.

Al oir esto, empezaron  temblar todos mis miembros y coyunturas, y me
dije: Ahora s que me condenan  muerte sin remisin. Ms vale
declarrselo todo al gobernador general. El ser el nico juez de mi
vida  de mi muerte. Pero ya me haban cogido y atado, y me llevaban
con una cadena al cuello  presencia del gobernador general. Y nos
pusieron entre sus manos  m y al jefe de los corredores. Y el
gobernador, mirndome, dijo  los suyos: Este joven que me trais no es
un ladrn, y le han cortado la mano injustamente. Estoy seguro de ello.
En cuanto al jefe de los corredores, es un embustero y un calumniador.
Apoderaos de l y metedlo en un calabozo! Despus el gobernador dijo
al jefe de los corredores: Vas  indemnizar en seguida  este joven por
haberle cortado la mano; si no, mandar que te ahorquen y confiscar
todos tus bienes, corredor maldito. Y aadi, dirigindose  los
guardias: Quitdmelo de delante, y salid todos! Entonces el
gobernador y yo nos quedamos solos. Pero ya me haban libertado de la
argolla del cuello, y tena tambin los brazos libres.

Cuando todos se marcharon, el gobernador me mir con mucha lstima y me
dijo: Oh hijo mo! Ahora vas  hablarme con franqueza, dicindome toda
la verdad, sin ocultarme nada. Cuntame, pues, cmo lleg este collar 
tus manos. Yo le contest: Oh mi seor y soberano! Te dir la
verdad. Y le refer cuanto me haba ocurrido con la primera joven, cmo
sta me haba proporcionado y trado  la casa  la segunda joven, y
cmo, por ltimo, llevada de los celos, haba sacrificado  su
compaera. Y se lo cont con todos sus pormenores. Pero no hay utilidad
en repetirlos.

Y el gobernador, en cuanto lo hubo odo, inclin la cabeza, lleno de
dolor y amargura, y se cubri la cara con el pauelo. Y as estuvo
durante una hora, y su pecho se desgarraba en sollozos. Despus se
acerc  m, y me dijo:

Sabe, oh hijo mo! que la primera joven es mi hija mayor. Fu desde su
infancia muy perversa, y por este motivo hube de criarla severamente.
Pero apenas lleg  la pubertad, me apresur  casarla, y con tal fin la
envi al Cairo,  casa de un to suyo, para unirla con uno de mis
sobrinos, y por lo tanto, primo suyo. Se cas con l, pero su esposo
muri al poco tiempo, y entonces ella volvi  mi casa. Y no haba
dejado de aprovechar su estancia en Egipto para aprender todo gnero de
libertinaje. Y t, que estuviste en Egipto, ya sabrs cun expertas son
en esto aquellas mujeres. No les basta con los hombres, y se aman y se
mezclan unas con otras, y se embriagan y se pierden. Por eso, apenas
estuvo de regreso mi hija, te encontr y se entreg  ti, y te fu 
buscar cuatro veces seguidas. Pero con esto no le bastaba. Como ya haba
tenido tiempo para pervertir  su hermana, mi segunda hija, hasta el
punto de inspirarle un amor apasionado, no le cost trabajo llevarla 
tu casa, despus de contarle cuanto haca contigo. Y mi segunda hija me
pidi permiso para acompaar  su hermana al zoco, y yo se lo conced.
Y sucedi lo que sucedi!

Pero cuando mi hija mayor regres sola, le pregunt dnde estaba su
hermana. Y me contest llorando, y acab por decirme, sin cesar en sus
lgrimas: Se me ha perdido en el zoco, y no he podido averiguar qu ha
sido de ella. Eso fu lo que me dijo  m. Pero no tard en confiarse 
su madre, y acab por decirle en secreto la muerte de su hermana,
asesinada en tu lecho por sus propias manos. Y desde entonces no cesa de
llorar, y no deja de repetir da y noche: Tengo que llorar hasta que
me muera! Y tus palabras, oh hijo mo! no han hecho mas que confirmar
lo que yo saba, probando que mi hija haba dicho la verdad. Ya ves,
hijo mo, cuan desventurado soy! De modo que he de expresarte un deseo y
pedirte un favor, que confo no has de rehusarme. Deseo ardientemente
que entres en mi familia, y quisiera darte por esposa  mi tercera
hija, que es una joven buena, ingenua y virgen, y no tiene ninguno de
los vicios de sus hermanas. Y no te pedir dote para este casamiento,
sino que, al contrario, te remunerar con largueza, y te quedars en mi
casa como un hijo.

Entonces le contest: Hgase tu voluntad, oh mi seor! Pero antes,
como acabo de saber que mi padre ha muerto, quisiera mandar recoger su
herencia.

En seguida el gobernador envi un propio  Mossul, mi ciudad natal, para
que en mi nombre recogiese la herencia dejada por mi padre. Y
efectivamente, me cas con la hija del gobernador, y desde aquel da
todos vivimos aqu la vida ms prspera y dulce.

Y t mismo, oh mdico! has podido comprobar con tus propios ojos cun
amado y honrado soy en esta casa. Y no tendrs en cuenta la descortesa
que he cometido contigo durante toda mi enfermedad tendindote la mano
izquierda, puesto que me cortaron la derecha!

       *       *       *       *       *

En cuanto  m--prosigui el mdico judo--, mucho me maravill esta
historia, y felicit al joven por haber salido de aquel modo de tal
aventura. Y l me colm de presentes y me tuvo consigo tres das en
palacio, y me despidi cargado de riquezas y bienes.

Y entonces me dediqu  viajar y  recorrer el mundo, para
perfeccionarme en mi arte. Y he aqu que llegu  tu Imperio, oh rey
esplndido y poderoso! Y entonces fu cuando la noche pasada me ocurri
la desagradable aventura con el jorobado. Tal es mi historia!

       *       *       *       *       *

Entonces el rey de la China dijo: Esa historia, aunque logr
interesarme, te equivocas, oh mdico, porque no es tan maravillosa ni
sorprendente como la aventura del jorobado; de modo que no me queda mas
que mandaros ahorcar  los cuatro, y principalmente  ese maldito
sastre, que es causa y principio de vuestro crimen.

       *       *       *       *       *

Odas tales palabras, el sastre se adelant entre las manos del rey de
la China, y dijo: Oh rey lleno de gloria! Antes de mandarnos ahorcar,
permteme hablar  m tambin, y te referir una historia que encierra
cosas ms extraordinarias que todas las dems historias juntas, y es ms
prodigiosa que la historia misma del jorobado.

Y el rey de la China dijo: Si dices la verdad, os perdonar  todos.
Pero desdichado de ti si me cuentas una historia poco interesante y
desprovista de cosas sublimes! Porque no vacilar entonces en empalaros
ti y  tus tres compaeros, haciendo que os atraviesen de parte  parte,
desde la base hasta la cima.

       *       *       *       *       *

Entonces el sastre dijo:

[Illustration: Relato del sastre]


Sabe, pues, oh rey del tiempo! que antes de mi aventura con el jorobado
me haban convidado en una casa donde se daba un festn  los
principales miembros de los gremios de nuestra ciudad: sastres,
zapateros, lenceros, barberos, carpinteros y otros.

Y era muy de maana. Por eso, desde el amanecer, estbamos todos
sentados en corro para desayunarnos, y no aguardbamos mas que al amo de
la casa, cuando le vimos entrar acompaado de un joven forastero,
hermoso, bien formado, gentil y vestido  la moda de Bagdad. Y era todo
lo hermoso que se poda desear, y estaba tan bien vestido como pudiera
imaginarse. Pero era ostensiblemente cojo. Luego que entr adonde
estbamos, nos dese la paz, y nos levantamos todos para devolverle su
saludo. Despus bamos  sentarnos, y l con nosotros, cuando
sbitamente le vimos cambiar de color y disponerse  salir. Entonces
hicimos mil esfuerzos para detenerle entre nosotros. Y el amo de la casa
insisti mucho y le dijo: En verdad, no entendemos nada de esto. Te
ruego que nos digas qu motivo te impulsa  dejarnos.

Entonces el joven respondi: Por Alah te suplico, oh mi seor! que
no insistas en retenerme! Porque hay aqu una persona que me obliga 
retirarme, y es ese barbero que est sentado en medio de vosotros.

Estas palabras sorprendieron extraordinariamente al amo de la casa, y
nos dijo: Cmo es posible que  este joven, que acaba de llegar de
Bagdad, le moleste la presencia de ese barbero que est aqu? Entonces
todos los convidados nos dirigimos al joven, y le dijimos: Cuntanos,
por favor, el motivo de tu repulsin hacia ese barbero. Y l contest:
Seores, ese barbero de cara de alquitrn y alma de betn fu la causa
de una aventura extraordinaria que me sucedi en Bagdad, mi ciudad, y
ese maldito tiene tambin la culpa de que yo est cojo. As es que he
jurado no vivir nunca en la ciudad en que l viva, ni sentarme en sitio
en donde l se sentara. Y por eso me vi obligado  salir de Bagdad, mi
ciudad, para venir  este pas lejano. Pero ahora me lo encuentro aqu.
Y por eso me marcho ahora mismo, y esta noche estar lejos de esta
ciudad, para no ver  ese hombre de mal agero.

Y al oirlo, el barbero se puso plido, baj los ojos y no pronunci
palabra. Entonces insistimos tanto con el joven, que se avino 
contarnos de este modo su aventura con el barbero.

[Illustration: Historia del joven cojo con el barbero de Bagdad

(CONTADA POR EL COJO Y REPETIDA POR EL SASTRE)]

Sabed, oh todos los aqu presentes! que mi padre era uno de los
principales mercaderes de Bagdad, y por voluntad de Alah fu su nico
hijo. Mi padre, aunque muy rico y estimado por toda la poblacin,
llevaba en su casa una vida pacfica, tranquila y llena de reposo. Y en
ella me educ, y cuando llegu  la edad de hombre me dej todas sus
riquezas, puso bajo mi mando  todos sus servidores y  toda la familia,
y muri en la misericordia de Alah,  quien fu  dar cuenta de la deuda
de su vida. Yo segu, como antes, viviendo con holgura, ponindome los
trajes ms suntuosos y comiendo los manjares ms exquisitos. Pero he de
deciros que Alah, Omnipotente y Gloriossimo, haba infundido en mi
corazn el horror  la mujer y  todas las mujeres, de tal modo, que
slo verlas me produca sufrimiento y agravio. Viva, pues, sin ocuparme
de ellas, pero muy feliz y sin desear cosa alguna.

Un da entre los das, iba yo por una de las calles de Bagdad, cuando vi
venir hacia m un grupo numeroso de mujeres. En seguida, para librarme
de ellas, emprend rpidamente la fuga y me met en una calleja sin
salida. Y en el fondo de esta calle haba un banco, en el cual me sent
 descansar.

Y cuando estaba sentado se abri frente  m una celosa, y apareci en
ella una joven con una regadera en la mano, y se puso  regar las flores
de unas macetas que haba en el alfizar de la ventana.

Oh mis seores! He de deciros que al ver  esta joven sent nacer en m
algo que en mi vida haba sentido. As es que en aquel mismo instante mi
corazn qued hechizado y completamente cautivo, mi cabeza y mis
pensamientos no se ocuparon mas que de aquella joven, y todo mi pasado
horror  las mujeres se transform en un deseo abrasador. Pero ella, en
cuanto hubo regado las plantas, mir distradamente  la izquierda y
luego  la derecha, y al verme me dirigi una larga mirada que me sac
por completo el alma del cuerpo. Despus cerr la celosa y desapareci.
Y por ms que la estuve esperando hasta la puesta del sol, no volvi 
aparecer. Y yo pareca un sonmbulo  un ser que ya no pertenece  este
mundo.

Mientras segua sentado de tal suerte, he aqu que lleg y baj de su
mula,  la puerta de la casa, el kad de la ciudad, precedido de sus
negros y seguido de sus criados. El kad entr en la misma casa en cuya
ventana haba yo visto  la joven, y comprend que deba ser su padre.

Entonces volv  mi casa en un estado deplorable, lleno de pesar y de
zozobra, y me dej caer en el lecho. Y en seguida se me acercaron todas
las mujeres de la casa, mis parientes y servidores, y se sentaron  mi
alrededor y empezaron  importunarme acerca de la causa de mi mal. Y
como nada quera decirles sobre aquel asunto, no les contest palabra.
Pero de tal modo fu aumentando mi pena de da en da, que ca
gravemente enfermo y me vi muy atendido y muy visitado por mis amigos y
parientes.

Y he aqu que uno de los das vi entrar en mi casa  una vieja, que en
vez de gemir y compadecerse, se sent  la cabecera del lecho y empez 
decirme palabras cariosas para calmarme. Despus me mir, me examin
atentamente, y pidi  mi servidumbre que me dejaran solo con ella.
Entonces me dijo: Hijo mo, s la causa de tu enfermedad, pero necesito
que me des pormenores. Y yo le comuniqu en confianza todas las
particularidades del asunto, y me contest: Efectivamente, hijo mo,
esa es la hija del kad de Bagdad y aquella casa es ciertamente su casa.
Pero sabe que el kad no vive en el mismo piso que su hija, sino en el
de abajo. Y de todos modos, aunque la joven vive sola, est vigiladsima
y bien guardada. Pero sabe tambin que yo voy mucho  esa casa, pues soy
amiga de esa joven, y puedes estar seguro de que no has de lograr lo que
deseas mas que por mi mediacin. Anmate, pues, y ten alientos!

Estas palabras me armaron de firmeza, y en seguida me levant y me sent
el cuerpo gil y recuperada la salud. Y al ver esto, se alegraron todos
mis parientes. Y entonces la anciana se march, prometindome volver al
da siguiente para darme cuenta de la entrevista que iba  tener con la
hija del kad de Bagdad.

Y en efecto, volvi al da siguiente. Pero apenas le vi la cara,
comprend que no traa buenas noticias. Y la vieja me dijo; Hijo mo,
no me preguntes lo que acaba de suceder. Todava estoy trastornada.
Figrate que en cuanto le dije al odo el objeto de mi visita, se puso
de pie y me replic muy airada: Malhadada vieja, si no te callas en el
acto y no desistes de tus vergonzosas proposiciones, te mandar castigar
como mereces. Entonces, hijo mo, ya no dije nada; pero me propongo
intentarlo por segunda vez. No se dir que he fracasado en estos
empeos, en los que soy ms experta que nadie. Despus me dej y se fu.

Pero yo volv  caer enfermo con mayor gravedad, y dej de comer y
beber.

Sin embargo, la vieja, como me haba ofrecido, volvi  mi casa  los
pocos das, y su cara resplandeca, y me dijo sonriendo: Vamos, hijo,
dame albricias por las buenas nuevas que te traigo! Y al oirlo, sent
tal alegra, que me volvi el alma al cuerpo, y dije en seguida  la
anciana: Ciertamente, buena madre, te deber el mayor beneficio.
Entonces ella me dijo: Volv ayer  casa de la joven. Y cuando me vi
muy triste y abatida y con los ojos arrasados en lgrimas, me pregunt:
Oh msera! por qu est tan oprimido tu pecho? Qu te pasa?
Entonces se aument mi llanto, y le dije: Oh hija ma y seora! no
recuerdas que vine  hablarte de un joven apasionadamente prendado de
tus encantos? Pues bien; hoy est para morirse por culpa tuya. Y ella,
con el corazn lleno de lstima, y muy enternecida, pregunt: Pero
quin es ese joven de que me hablas? Y yo le dije: Es mi propio hijo,
el fruto de mis entraas. Te vi hace algunos das, cuando estabas
regando las flores, y pudo admirar un momento los encantos de tu cara, y
l, que hasta ese momento no quera ver ninguna mujer y se horrorizaba
de tratar con ellas, est loco de amor por ti. Por eso, cuando le cont
la mala acogida que me hiciste, recay gravemente en su enfermedad. Y
ahora acabo de dejarle tendido en los almohadones de su lecho,  punto
de rendir el ltimo suspiro al Creador. Y me temo que no haya esperanza
de salvacin para l. A estas palabras palideci la joven, y me dijo:
Y todo eso es por causa ma? Yo le contest: Por Alah, que as es!
Pero qu piensas hacer ahora? Soy tu sierva, y pondr tus rdenes sobre
mi cabeza y sobre mis ojos. Y la joven me dijo: Ve en seguida  su
casa, y transmtele de mi parte el saludo, y dile que me causa mucho
dolor su pena. Y en seguida le dirs que maana viernes, antes de la
plegaria, le aguardo aqu. Que venga  casa, y ya dir  mi gente que le
abran la puerta, y le har subir  mi aposento, y pasaremos juntos toda
una hora. Pero tendr que marcharse antes de que mi padre vuelva de la
oracin.

Odas las palabras de la anciana, sent que recobraba las fuerzas y que
se desvanecan todos mis padecimientos y descansaba mi corazn. Y saqu
del ropn una bolsa repleta de dinares y rogu  la anciana que la
aceptase. Y la vieja me dijo: Ahora reanima tu corazn y ponte alegre.
Y yo le contest: En verdad que se acab mi mal. Y en efecto, mis
parientes notaron bien pronto mi curacin, y llegaron al colmo de la
alegra, lo mismo que mis amigos.

Aguard, pues, de este modo hasta el viernes, y entonces vi llegar  la
vieja. Y en seguida me levant, me puse mi mejor traje, me perfum con
esencia de rosas,  iba  correr  casa de la joven, cuando la anciana
me dijo: Todava queda mucho tiempo. Ms vale que entretanto vayas al
hammam  tomar un buen bao y que te den masaje, que te afeiten y
depilen, puesto que ahora sales de una enfermedad. Vers qu bien te
sienta. Y yo respond: Verdaderamente, es una idea acertada. Pero
mejor ser llamar  un barbero, para que me afeite la cabeza, y despus
podr ir  baarme al hammam.

Mand entonces  un sirviente que fuese  buscar  un barbero, y le
dije: Ve en seguida al zoco y busca un barbero que tenga la mano
ligera, pero sobre todo que sea prudente y discreto, sobrio en palabras
y nada curioso, que no me rompa la cabeza con su charla, como hacen la
mayor parte de los de su profesin. Y mi servidor sali  escape y me
trajo un barbero viejo.

Y el barbero era ese maldito que veis delante de vosotros, oh mis
seores!

Cuando entr, me dese la paz, y yo correspond  su saludo de paz. Y me
dijo: Que Alah aparte de ti toda desventura, pena, zozobra, dolor y
adversidad! Y contest: Ojal atienda Alah tus buenos deseos! Y
prosigui: He aqu que te anuncio la buena nueva, oh mi seor! y la
renovacin de tus fuerzas y tu salud. Y qu he de hacer ahora?
Afeitarte  sangrarte? Pues no ignoras que nuestro gran Ibn-Abbas dijo:
El que se corta el pelo el da del viernes alcanza el favor de Alah,
pues aparta de l setenta clases de calamidades. Y el mismo Ibn-Abbas
ha dicho: Pero el que se sangra el viernes  hace que le apliquen ese
mismo da ventosas escarificadas, se expone  perder la vista y corre el
riesgo de coger todas las enfermedades. Entonces le contest: Oh
jeique! basta ya de chanzas; levntate en seguida para afeitarme la
cabeza, y hazlo pronto, porque estoy dbil y no puedo hablar ni aguardar
mucho.

Entonces se levant y cogi un paquete cubierto con un pauelo, en que
deba llevar la baca, las navajas y las tijeras; lo abri, y sac, no
la navaja, sino un astrolabio de siete facetas. Lo cogi, se sali al
medio del patio de mi casa, levant gravemente la cara hacia el sol, lo
mir atentamente, examin el astrolabio, volvi, y me dijo: Has de
saber que este viernes es el dcimo da del mes de Safar del ao 763 de
la hgira de nuestro Santo Profeta; vayan  l la paz y las mejores
bendiciones! Y lo s por la ciencia de los nmeros, la cual me dice que
este viernes coincide con el preciso momento en que se verifica la
conjuncin del planeta Mirrikh con el planeta Hutared, por siete grados
y seis minutos. Y esto viene a demostrar que el afeitarse hoy la cabeza
es una accin fausta y de todo punto admirable. Y claramente me indica
tambin que tienes la intencin de celebrar una entrevista con una
persona cuya suerte se me muestra como muy afortunada. Y an podra
contarte ms cosas que te han de suceder, pero son cosas que debo
callarlas.

Yo contest: Por Alah! Me ahogas con tanto discurso y me arrancas el
alma. Parece tambin que no sepas mas que vaticinar cosas desagradables.
Y yo slo te he llamado para que me afeites la cabeza. Levntate, pues,
y afitame sin ms discursos. Y el barbero replic: Por Alah! Si
supieses la verdad de las cosas, me pediras ms pormenores y ms
pruebas. De todos modos, sabe que, aunque soy barbero, soy algo ms que
barbero. Pues adems de ser el barbero ms reputado de Bagdad, conozco
admirablemente, aparte del arte de la medicina, las plantas y los
medicamentos, la ciencia de los astros, las reglas de nuestro idioma, el
arte de las estrofas y de los versos, la elocuencia, la ciencia de los
nmeros, la geometra, el lgebra, la filosofa, la arquitectura, la
historia y las tradiciones de todos los pueblos de la tierra. Por eso
tengo mis motivos para aconsejarte, oh mi seor! que hagas exactamente
lo que dispone el horscopo que acabo de obtener gracias  mi ciencia y
al examen de los clculos astrales. Y da gracias  Alah, que me ha
trado  tu casa, y no me desobedezcas, porque slo te aconsejo tu bien
por el inters que me inspiras. Ten en cuenta que no te pido mas que
servirte un ao entero sin ningn salario. Pero no hay que dejar de
reconocer,  pesar de todo, que soy un hombre de bastante mrito y que
me merezco esta justicia.

A estas palabras le respond: Eres un verdadero asesino, que te has
propuesto volverme loco y matarme de impaciencia.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 29. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber oh rey afortunado! que cuando el joven dijo al
barbero: Vas  volverme loco y  matarme de impaciencia, el barbero
respondi:

Sabe, sin embargo, oh mi seor! que soy un hombre  quien todo el
mundo llama el Silencioso,  causa de mi poca locuacidad. De modo que no
me haces justicia creyndome un charlatn, sobre todo si te tomas la
molestia de compararme, siquiera sea por un momento, con mis hermanos.
Porque sabe que tengo seis hermanos que ciertamente son muy charlatanes,
y para que los conozcas te voy  decir sus nombres: el mayor se llama
El-Bacbuk,  sea el que al hablar hace un ruido como un cntaro que se
vaca; el segundo, El-Haddar,  el que muge repetidas veces como un
camello; el tercero, Bacbac,  el Cacareador hinchado; el cuarto, El-Kuz
El-Assuan,  el Botijo irrompible de Assuan; el quinto, El-Asch,  la
Camella preada,  el Gran Caldero; el sexto, Schakalik,  el Tarro
hendido, y el sptimo, El-Samet,  el Silencioso; y este silencioso es
tu servidor.

Cuando o todo este flujo de palabras, sent que la impaciencia me
reventaba la vejiga de la hiel, y exclam dirigindome  mis criados:
Dadle en seguida un cuarto de diar  este hombre y que se largue de
aqu! Porque renuncio en absoluto  afeitarme. Pero el barbero; apenas
oy esta orden, dijo: Oh mi seor! qu palabras tan duras acabo de
escuchar de tus labios! Porque por Alah! sabe que quiero tener el honor
de servirte sin ninguna retribucin, y de servirte sin remedio, pues
considero un deber el ponerme  tus rdenes y ejecutar tu voluntad. Y me
creera deshonrado para toda mi vida si aceptara lo que quieres darme
tan generosamente. Porque sabe que si t no tienes idea alguna de mi
vala, yo, en cambio, estimo en mucho la tuya. Y estoy seguro de que
eres digno hijo de tu difunto padre. (Alah lo haya recibido en Su
misericordia!) Pues tu padre era acreedor mo por todos los beneficios
de que me colmaba. Y era un hombre lleno de generosidad y de grandeza, y
me tena gran estimacin, hasta el punto de que un da me mand llamar,
y era un da bendito como ste; y cuando llegu  su casa le encontr
rodeado de muchos amigos, y  todos los dej para venir  mi encuentro,
y me dijo: Te ruego que me sangres. Entonces saqu el astrolabio, med
la altura del sol, examin escrupulosamente los clculos, y descubr que
la hora era nefasta y que aquel da era muy peligrosa la operacin de
sangrar. Y en seguida comuniqu mis temores  tu difunto padre, y tu
padre se someti dcilmente  mis palabras, y tuvo paciencia hasta que
lleg la hora fausta y propicia para la operacin. Entonces le hice una
buena sangra, y se la dej hacer con la mayor docilidad, y me di las
gracias ms expresivas, y por si no fuese bastante, me las dieron
tambin todos los presentes. Y para remunerarme por la sangra, me di
en el acto tu difunto padre cien dinares de oro.

Yo, al oir estas palabras, le dije: Ojal no haya tenido Alah
compasin de mi difunto padre, por lo ciego que estuvo al recurrir  un
barbero como t! Y el barbero, al oirme, se ech  reir, meneando la
cabeza, y exclam: No hay ms Dios que Alah, y Mahoma es el enviado de
Alah! Bendito sea el nombre de Aquel que transforma y no se transforma!
Ahora bien, oh joven! yo te crea dotado de razn, pero estoy viendo
que la enfermedad que tuviste te ha perturbado por completo el juicio y
te hace divagar. Pero esto no me asombra, pues conozco las palabras
santas dichas por Alah en nuestro Santo y Precioso Libro, en el
versculo que empieza de este modo: Los que reprimen su ira y perdonan
 los hombres culpables... De modo, que me avengo  olvidar tu sinrazn
para conmigo y olvido tambin tus agravios, y de todo ello te disculpo.
Pero, en realidad, he de confesarte que no comprendo tu impaciencia ni
me explico su causa. No sabes que tu padre no emprenda nunca nada sin
consultar antes mi opinin? Y  fe que en esto segua el proverbio que
dice: El hombre que pide consejo se resguarda! Y yo, est seguro de
ello, soy un hombre de vala, y no encontrars nunca tan buen consejero
como este tu servidor, ni persona ms versada en los preceptos de la
sabidura y en el arte de dirigir hbilmente los negocios. Heme, pues,
aqu, plantado sobre mis dos pies, aguardando tus rdenes y dispuesto
por completo  servirte. Pero dime, cmo es que t no me aburres y en
cambio te veo tan fastidiado y tan furioso? Verdad es que si tengo tanta
paciencia contigo es slo por respeto  la memoria de tu padre,  quien
soy deudor de muchos beneficios. Entonces le repliqu: Por Alah! Ya
es demasiado! Me ests matando con tu charla. Te repito que slo te he
mandado llamar para que me afeites la cabeza y te marches en seguida.

Y diciendo esto, me levant muy furioso, y quise echarle y alejarle de
all,  pesar de tener ya mojado y jabonado el crneo. Entonces, sin
alterarse, prosigui: En verdad que acabo de comprobar que te fastidio
sobremanera. Pero no por eso te tengo mala voluntad, pues comprendo que
tu inteligencia no est muy desarrollada, y que adems eres todava
demasiado joven. Pues no hace mucho tiempo que an te llevaba yo 
caballo sobre mis espaldas, para conducirte de este modo  la escuela, 
la cual no queras ir. Y le contest: Vamos, hermano, te conjuro por
Alah y por su verdad santa, que te vayas de aqu y me dejes dedicarme 
mis ocupaciones! Vete por tu camino! Y al pronunciar estas palabras,
me di tal ataque de impaciencia, que me desgarr las vestiduras y
empec  dar gritos inarticulados, como un loco.

Y cuando el barbero me vi en aquel estado, se decidi  coger la navaja
y  pasarla por la correa que llevaba  la cintura. Pero gast tanto
tiempo en pasar y repasar el acero por el cuero, que estuve  punto de
que se me saliese el alma del cuerpo. Pero, al fin, acab por acercarse
 mi cabeza, y empez  afeitarme por un lado, y, efectivamente, iban
desapareciendo algunos pelos. Despus se detuvo, levant la mano, y me
dijo: Oh joven dueo mo! Los arrebatos son tentaciones del Cheitn.
Y me recit estas estrofas:

     _Oh sabio! Medita mucho tiempo tus propsitos, y no tomes nunca
     resoluciones precipitadas, sobre todo cuando te elijan para ser
     juez en la tierra!_

     _Oh juez! Nunca juzgues con dureza, y encontrars misericordia
     cuando te toque el turno fatal!_

     _Y no olvides jams que no hay en la tierra mano tan poderosa que
     no pueda ser humillada por la mano de Alah, que la domina!_

     _Y tampoco olvides que el tirano ha de encontrar siempre otro
     tirano que le oprimir!_

Despus me dijo: Oh mi seor! Ya veo sobradamente que no te merecen
ninguna consideracin mis mritos ni mi talento. Y sin embargo, esta
misma mano que hoy te afeita es la misma mano que toca y acaricia la
cabeza de los reyes, emires, visires y gobernadores; en una palabra, la
cabeza de toda la gente ilustre y noble. Y deba referirse  m  
alguien que se me pareciese el poeta que habl de este modo:

     _Considero todos los oficios como collares preciosos, pero el de
     barbero es la perla ms hermosa del collar!_

     _Supera en sabidura y grandeza de alma  los ms sabios y  los
     ms ilustres, y su mano domina la cabeza de los reyes!_

Y replicando  tanta palabrera, le dije: Quieres ocuparte en tu
oficio, s  no? Has conseguido destrozarme el corazn y hundirme el
cerebro. Y entonces exclam: Voy sospechando que tienes prisa de que
acabe. Y le dije: S que la tengo! S que la tengo! S que la
tengo! Y l insisti: Que aprenda tu alma un poco de paciencia y de
moderacin. Porque sabe, oh mi joven amo! que el apresuramiento es una
mala sugestin del Tentador, y slo trae consigo el arrepentimiento y el
fracaso. Y adems, nuestro soberano Mohamed (sean con l las
bendiciones y la paz!) ha dicho: Lo ms hermoso del mundo es lo que se
hace con lentitud y madurez. Pero lo que acabas de decirme excita
grandemente mi curiosidad, y te ruego que me expliques el motivo de
tanta impaciencia, pues nada perders con decirme qu es lo que te
obliga  apresurarte de este modo. Confo, en mi buen deseo hacia ti,
que ser un motivo agradable, pues me causara mucho sentimiento que
fuese de otra clase. Pero ahora tengo que interrumpir por un momento mi
tarea, pues como quedan pocas horas de sol, necesito aprovecharlas.
Entonces solt la navaja, cogi el astrolabio, y sali en busca de los
rayos del sol, y estuvo mucho tiempo en el patio. Y midi la altura del
sol, pero todo esto sin perderme de vista y hacindome preguntas.
Despus, volvindose hacia m, me dijo: Si tu impaciencia es slo por
asistir  la oracin, puedes aguardar tranquilamente, pues sabe que en
realidad an nos quedan tres horas, ni ms ni menos. Nunca me equivoco
en mis clculos., Y yo contest: Por Alah! Ahrrame estos discursos,
pues me tienes con el hgado hecho trizas!

Entonces cogi la navaja y volvi  suavizarla, como lo haba hecho
antes, y reanud la operacin de afeitarme muy poco  poco; pero no
poda dejar de hablar, y prosigui: Mucho siento tu impaciencia, y si
quisieras revelarme su causa, sera bueno y provechoso para ti. Pues ya
te dije que tu difunto padre me profesaba gran estimacin, y nunca
emprenda nada sin oir mi parecer. Entonces hube de convencerme que
para librarme del barbero no me quedaba otro recurso que inventar algo
para justificar mi impaciencia, pues pens: He aqu que se aproxima la
hora de la plegaria, y si no me apresuro  marchar  casa de la joven,
se me har tarde, pues la gente saldr de las mezquitas, y entonces todo
lo habr perdido. Dije, pues, al barbero: Abrevia de una vez y djate
de palabras ociosas y de curiosidades indiscretas. Y ya que te empeas
en saberlo, te dir que tengo que ir  casa de un amigo que acaba de
enviarme una invitacin urgente convidndome  un festn.

Pero cuando oy hablar de convite y festn, el barbero dijo: Que Alah
te bendiga y te llene de prosperidades! Porque precisamente me haces
recordar que he convidado  comer en mi casa  varios amigos y se me ha
olvidado prepararles comida. Y me acuerdo ahora, cuando ya es demasiado
tarde. Entonces le dije: No te preocupe ese retraso, que lo voy 
remediar en seguida. Ya que no como en mi casa, por haberme convidado 
un festn, quiero darte cuantos manjares y bebidas tena dispuestos,
pero con la condicin de que termines en seguida tu negocio y acabes
pronto de afeitarme la cabeza. Y el barbero contest: Ojal Alah te
colme de sus dones y te lo pague en bendiciones en su da! Pero oh mi
seor! ten la bondad de enumerar, aunque sea muy sucintamente, las cosas
con que va  obsequiarme tu generoso desprendimiento, para que yo las
conozca. Y le dije: Tengo  tu disposicin cinco marmitas llenas de
cosas excelentes: berenjenas y calabacines rellenos, hojas de parra
sazonadas con limn, albondiguillas con trigo partido y carne mechada,
arroz con tomate y filetes de carnero, guisado con cebolletas. Y adems
diez pollos asados y un carnero  la parrilla. Despus, dos grandes
bandejas: una de kenafa y la otra de pasteles, quesos, dulce y miel. Y
frutas de todas clases: pepinos, melones, manzanas, limones, dtiles
frescos y otras muchas ms. Entonces me dijo: Manda traer todo eso
aqu, para verlo. Y yo mand que lo trajesen, y lo fu examinando y lo
prob todo, y me dijo: Grande es tu generosidad, pero faltan las
bebidas! Y yo contest: Tambin las tengo. Y replic: Di que las
traigan. Y mand traer seis vasijas, llenas de seis clases de bebidas,
y las prob una por una, y me dijo: Alah te provea de todas sus
gracias! Cun generoso es tu corazn! Pero ahora falta el incienso, y
el benju, y los perfumes para quemar en la sala, y el agua de rosas y
la de azahar para rociar  mis huspedes. Entonces mand traer un
cofrecillo lleno de mbar gris, loe, nadd, almizcle, incienso y benju,
que vala ms de cincuenta dinares de oro, y no se me olvidaron las
esencias aromticas ni los hisopos de plata con agua de olor. Y como el
tiempo se acortaba tanto como se me oprima el corazn, dije al barbero:
Toma todo esto, pero acaba de afeitarme la cabeza, por la vida de
Mohamed (sean con El la oracin y la paz de Alah!) Y el barbero dijo
entonces: Por Alah! No coger ese cofrecillo sin haberlo abierto, 
fin de saber su contenido. Y no hubo ms remedio que llamar  un criado
para que abriese el cofrecillo. Y entonces el barbero solt el
astrolabio, se sent en el suelo, y empez  sacar todos los perfumes,
incienso, benju, almizcle, mbar gris, loe, y los olfate uno tras
otro con tanta lentitud y tanta parsimonia, que se me figur otra vez
que el alma se me sala del cuerpo. Despus se levant, me di las
gracias, cogi la navaja, y volvi  reanudar la operacin de afeitarme
la cabeza. Pero apenas haba empezado, se detuvo de nuevo y me dijo:

Por Alah, oh hijo de mi vida! no s  cul de los dos alabar y
bendecir hoy ms extremadamente, si  ti   tu difunto padre! Porque,
en realidad, el festn que voy  dar en mi casa se debe por completo 
tu iniciativa generosa y  tus magnnimos donativos. Pero te lo dir?
Permteme que te haga esta confianza. Mis convidados son personas poco
dignas de tan suntuoso festn. Son, como yo, gente de diversos oficios,
pero resultan deliciosos. Y para que te convenzas, nada mejor que los
enumere: en primer lugar, el admirable Zeitn, el que da masaje en el
hammam; el alegre y bromista Salih, que vende torrados; Haukal, vendedor
de habas cocidas; Hakraschat, verdulero; Hamid, basurero, y finalmente,
Hakaresch, vendedor de leche cuajada.

Todos estos amigos  quienes he invitado no son, ni con mucho, de esos
charlatanes, curiosos  indiscretos, sino gente muy festiva,  cuyo lado
no puede haber tristeza. El que menos, vale ms en mi opinin que el rey
ms poderoso. Pues sabe que cada uno de ellos tiene fama en toda la
ciudad por un baile y una cancin diferentes. Y por si te agradase
alguna, voy  bailar y cantar cada danza y cada cancin.

Fjate bien: he aqu la danza de mi amigo Zeitn el del hammam... Qu
te ha parecido? Y en cuanto  su cancin, es sta:

     _Mi amiga es tan gentil, que el cordero ms dulce no la iguala en
     dulzura! La quiero apasionadamente, y ella me ama lo mismo! Y me
     quiere tanto, que apenas me alejo un instante la veo acudir y
     echarse en mi cama!_

     _Mi amiga es tan gentil, que el cordero ms dulce no la iguala en
     dulzura!_

Pero oh hijo de mi vida!--prosigui el barbero--he aqu ahora la danza
de mi amigo el basurero Hamid. Observa cun sugestiva es, cunta es su
alegra y cunta es su ciencia!... Y escucha la cancin:

     _Mi mujer es avara, y si la hiciese caso me morira de hambre!_

     _Mi mujer es fea, y si la hiciese caso estara siempre encerrado
     en mi casa!_

     _Mi mujer esconde el pan en la alacena! Pero si no como pan y
     sigue siendo tan fea que hara correr  un negro de narices
     aplastadas, tendr que acabar por castrarme!_

Despus, el barbero, sin darme tiempo ni para hacer una sea de
protesta, imit todas las danzas de sus amigos y enton todas sus
canciones. Y luego me dijo: Eso es lo que saben hacer mis amigos. De
modo que si quieres reirte de veras, he de aconsejarte, por inters tuyo
y placer para todos, que vengas  mi casa, para estar en nuestra
compaa, y dejes  esos amigos  quienes me has dicho que tenas
intencin de ver. Porque observo an en tu cara huellas de fatiga, y
adems de esto, como acabas de salir de una enfermedad, convendra que
te precavieses, pues es muy posible que haya entre esos amigos alguna
persona indiscreta, de esas aficionadas  la palabrera,  cualquier
charlatn sempiterno, curioso  importuno, que te haga recaer en tu
enfermedad de modo ms grave que la primera vez.

Entonces dije: Hoy no me es posible aceptar tu invitacin; otro da
ser. Y l contest: Lo ms ventajoso para ti es que apresures el
momento de venir  mi casa, para que disfrutes de toda la urbanidad de
mis amigos y te aproveches de sus admirables cualidades. As, obrars
segn dice el poeta:

     _Amigo, no difieras nunca el aprovecharte del goce que se te
     ofrece! No dejes nunca para otro da la voluptuosidad que pasa!
     Porque la voluptuosidad no pasa todos los das, ni el goce ofrece
     diariamente sus labios  tus labios! Sabe que la fortuna es mujer,
     y como la mujer, mudable!_

Entonces, con tanta arenga y tanta habladura, hube de echarme  reir,
pero con el corazn lleno de rabia. Y despus dije al barbero: Ahora te
mando que acabes de afeitarme y me dejes ir por el camino de Alah, bajo
su santa proteccin, y por tu parte, ve  buscar  tus amigos, que 
estas horas te estarn aguardando. Y el barbero repuso: Pero por qu
te niegas? Realmente, no es que te pida una gran cosa. Fjate bien: que
vengas  conocer  mis amigos, que son unos compaeros deliciosos y que
nada tienen de indiscretos ni de importunos. Y an podra decirte que,
en cuanto los veas una vez nada ms, no querrs tener trato con otros, y
abandonars para siempre  tus actuales amigos. Y yo dije: Aumente
Alah la satisfaccin que su amistad te causa! Algn da los convidar 
un banquete que dar para ellos.

Entonces ese maldito barbero me dijo: Ya veo que de todos modos
prefieres el festn de tus amigos y su compaa  la compaa de los
mos; pero te ruego que tengas un poco de paciencia y que aguardes  que
lleve  mi casa estas provisiones que debo  tu generosidad. Las pondr
en el mantel, delante de mis convidados, y como mis amigos no cometern
la majadera de molestarse si los dejo solos para que honren mi mesa,
les dir que por hoy no cuenten conmigo ni aguarden mi regreso. Y en
seguida vendr  buscarte, para ir contigo adonde quieras ir. Entonces
exclam: Oh! Slo hay fuerzas y recursos en Alah Altsimo y
Omnipotente! Pero t oh ser humano! vete  buscar  tus amigos,
divirtete con ellos cuanto quieras, y djame marchar en busca de los
mos, que  esta hora precisamente esperan mi llegada. Y el barbero
dijo: Eso nunca! De ningn modo consentir en dejarte solo. Y yo,
haciendo mil esfuerzos para no insultarle, le dije: Sabe, en fin, que
al sitio donde voy no puedo ir mas que solo. Y l dijo: Entonces ya
comprendo! Es que tienes cita con una mujer, pues si no, me llevaras
contigo. Y sin embargo, sabe que no hay en el mundo quien merezca ese
honor como yo, y sabe adems que podra ayudarte mucho en cuanto
quisieras hacer. Pero ahora se me ocurre que acaso esa mujer sea una
forastera embaucadora. Y si es as, desdichado de ti si vas solo!
All perders el alma seguramente! Porque esta ciudad de Bagdad no se
presta  esa clase de citas. Oh, nada de eso! Sobre todo, desde que
tenemos este nuevo gobernador, cuya severidad es tremenda para estas
cosas. Y dicen que no tiene zib ni compaones, y por odio y por envidia
castiga con tal crueldad esa clase de aventuras.

Entonces, no pudiendo reprimirme, exclam violentamente: Oh t el ms
maldito de los verdugos! Vas  acabar de una vez con esa infame mana
de hablar? Y el barbero consinti en callar un momento, cogi de nuevo
la navaja, y por fin acab de afeitarme la cabeza. Y  todo esto, ya
haca rato que haba llegado la hora de la plegaria. Y para que el
barbero se marchase, le dije: Ve  casa de tus amigos  llevarles esos
manjares y bebidas, que yo te prometo aguardar tu vuelta para que puedas
acompaarme  esa cita. E insist mucho,  fin de convencerle. Y
entonces me dijo: Ya veo que quieres engaarme para deshacerte de m y
marcharte solo. Pero sabe que te atraers una serie de calamidades de
las que no podrs salir ni librarte. Te conjuro, pues, por inters tuyo,
 que no te vayas hasta que yo vuelva, para acompaarte y saber en qu
para tu aventura. Yo le dije: S, pero por Alah! no tardes mucho en
volver.

Entonces el barbero me rog que le ayudara  echarse  cuestas todo lo
que le haba regalado, y  ponerse encima de la cabeza las dos grandes
bandejas de dulces, y sali cargado de este modo. Pero apenas se vi
fuera el maldito, cuando llam  dos ganapanes, les entreg la carga,
les mand que la llevasen  su casa, y se embosc en una calleja,
acechando mi salida.

En cuanto  m, apenas desapareci el barbero, me lav lo ms de prisa
posible, me puse la mejor ropa, y sal de mi casa. E inmediatamente o
la voz de los muezines, que llamaban  los creyentes  la oracin aquel
santo da de viernes:

     _Bismillahi'rramani'rrahim! En nombre de Alah, el Clemente sin
     lmites, el Misericordioso!_

     _Loor  Alah, Seor de los hombres, Clemente y Misericordioso!_

     _Supremo soberano, Arbitro absoluto el da de la Retribucin!_

     _A ti adoramos, tu socorro imploramos!_

     _Dirgenos por el camino recto,_

     _Por el camino de aquellos  quienes colmaste de beneficios,_

     _Y no por el camino de aquellos que incurrieron en tu clera, ni de
     los que se han extraviado!_

Al verme fuera de casa, me dirig apresuradamente  la de la joven. Y
cuando llegu  la puerta del kad, instintivamente volv la cabeza y vi
al maldito barbero  la entrada del callejn. Pero como la puerta estaba
entornada, esperando que yo llegase, me precipit dentro y la cerr en
seguida. Y vi en el patio  la vieja, que me gui al piso alto, donde
estaba la joven.

Pero apenas haba entrado, omos gente que vena por la calle. Era el
kad, que, con su squito, volva de la oracin. Y vi en la esquina al
barbero, que segua aguardndome. En cuanto al kad, me tranquiliz la
joven, dicindome que la visitaba pocas veces, y que adems siempre se
encontrara medio de ocultarme.

Pero, por mi desgracia, haba dispuesto Alah que ocurriera un incidente,
cuyas consecuencias hubieron de serme fatales. Se di la coincidencia de
que precisamente aquel da una de las esclavas del kad hubiese merecido
un castigo. Y el kad, en cuanto entr, se puso  apalearla, y deba
pegarle muy recio, porque la esclava empez  dar alaridos. Y entonces
uno de los negros de la casa intercedi por ella; pero, enfurecido el
kad, le di tambin de palos, y el negro empez  gritar. Y se arm tal
tumulto, que alborot toda la calle, y el maldito barbero crey que me
haban sorprendido y que era yo quien chillaba. Entonces comenz 
lamentarse, y se desgarr la ropa, se cubri de polvo la cabeza y peda
socorro  los transeuntes que empezaban  reunirse  su alrededor. Y
llorando deca: Acaban de asesinar  mi amo en la casa del kad!
Despus, siempre chillando, corri  mi casa seguido de la multitud, y
avis  mis criados, que en seguida se armaron de garrotes y corrieron
hacia la casa del kad, vociferando y alentndose mutuamente. Y
llegaron todos, con el barbero  la cabeza. Y el barbero segua
destrozndose la ropa y gritando  voz en cuello delante de la puerta
del kad, junto adonde yo estaba.

Y cuando el kad oy este tumulto, mir por una ventana y vi  todos
aquellos energmenos que golpeaban su puerta con los palos. Entonces,
juzgando que la cosa era bastante grave, baj, abri la puerta y
pregunt: Qu pasa, buena gente? Y mis criados le dijeron: Eres t
quien ha matado  nuestro amo? Y l repuso: Pero quin es vuestro
amo, y qu ha hecho para que yo le mate?...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 30. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el kad, sorprendido,
repuso: Qu ha hecho vuestro amo para que yo le mate? Y por qu est
entre vosotros ese barbero que chilla y se revuelve como un asno?
Entonces el barbero exclam: T eres quien ha matado  palos  mi amo,
pues yo estaba en la calle y o sus gritos. Y el kad contest: Pero
quin es tu amo? De dnde viene? Adnde va? Quin lo ha trado aqu?
Y el barbero dijo: Malhadado kad, no te hagas el tonto, pues s toda
la historia, la entrada de mi amo en tu casa y todos los dems
pormenores. S, y ahora quiero que todo el mundo lo sepa, que tu hija
est prendada de mi amo, y mi amo la corresponde. Y le he acompaado
hasta aqu. Y t lo has sorprendido en la cama con tu hija, y lo has
matado  palos, sin ayuda de tu servidumbre. Y yo te voy  obligar ahora
mismo  que vengas conmigo al palacio de nuestro nico juez, el califa,
como no prefieras devolvernos inmediatamente  nuestro amo, indemnizarle
de los malos tratos que le has hecho sufrir y entregrnoslo sano y
salvo,  m y  sus parientes. Si no, me obligars  entrar  viva
fuerza en tu casa para libertarlo. Apresrate, pues,  entregrnoslo.

Al oir estas palabras, el kad qued cortado y lleno de confusin y de
vergenza ante toda aquella gente que estaba escuchando. Pero de todos
modos, volvindose hacia el barbero, le dijo: Si no eres un embaucador,
te autorizo para que entres en mi casa y busques  tu amo por donde
quieras, y lo libertes. Entonces el barbero se precipit dentro de la
casa.

Y yo, que asista  todo esto detrs de una celosa, cuando vi que el
barbero haba entrado en la casa, quise huir inmediatamente. Pero por
ms que buscaba escaparme, no hall ninguna salida que no pudiese ser
vista por la gente de la casa  no la pudiese utilizar el barbero. Sin
embargo, en una de las habitaciones encontr un cofre enorme que estaba
vaco, y me apresur  esconderme en l, dejando caer la tapa. Y all me
qued bien quieto, conteniendo la respiracin.

Pero el barbero, despus de rebuscar por toda la casa, entr en aquel
cuarto, y debi mirar  derecha  izquierda y ver el cofre. Entonces, el
maldito comprendi que yo estaba dentro, y sin decir nada, lo cogi, se
lo carg  hombros y busc  escape la salida, mientras que yo me mora
de miedo. Pero dispuso la fatalidad que el populacho se empease en ver
lo que haba en el cofre, y de pronto levantaron la tapa. Y yo, no
pudiendo soportar aquella vergenza, me levant sbitamente y me tir al
suelo, pero con tal precipitacin, que me romp una pierna, y desde
entonces estoy cojo. Y luego slo pens en escapar y esconderme, y como
me vi entre una muchedumbre tan extraordinaria, me puse  echar puados
de monedas, y mientras se detuvieron  recoger el oro, me escurr y
escap lo ms aprisa que pude. Y as recorr las calles ms oscuras y
ms apartadas. Pero juzgad cul sera mi temor cuando de pronto vi al
barbero detrs de m. Y deca  gritos: Oh buenas gentes! Gracias 
Alah que he encontrado  mi amo! Despus, sin dejar de correr detrs de
m, me dijo: Oh mi seor! Ya ves ahora cun mal hiciste en obrar con
impaciencia y sin atender  mis consejos, porque, segn has podido
comprobar, no eres hombre de muchas luces, pues eres muy arrebatado y
hasta algo simple. Pero seor, adnde corres as? Agurdame! Y yo,
que no saba ya cmo deshacerme de aquella calamidad  no ser por la
muerte, me par y le dije: Oh barbero! No te basta con haberme puesto
en el estado en que me ves? Quieres, pues, mi muerte?

Pero al acabar de hablar vi abierta delante de m la tienda de un
mercader amigo mo. Me precipit dentro y supliqu al mercader que le
impidiera entrar detrs de m  ese maldito. Y pudo lograrlo con la
amenaza de un garrote enorme y echndole miradas terribles. Pero el
barbero no se fu sin maldecir al mercader y tambin al padre y al
abuelo del mercader, vomitando insultos, injurias y maldiciones tanto
contra m como contra el mercader. Y yo di gracias al Recompensador por
aquella liberacin que no esperaba nunca.

El mercader me interrog entonces, y le cont mi historia con este
barbero, y le rogu que me dejara en su tienda hasta mi curacin, pues
no quera volver  mi casa por miedo  que me persiguiese otra vez ese
barbero de betn.

Pero por la gracia de Alah, mi pierna acab de curarse. Entonces cog
todo el dinero que me quedaba, mand llamar testigos y escrib un
testamento, en virtud del cual legaba  mis parientes el resto de mi
fortuna, mis bienes y mis propiedades despus de mi muerte, y eleg 
una persona de confianza para que administrase todo aquello,
encargndole que tratase bien  todos los mos, grandes y pequeos. Y
para perder de vista definitivamente  este barbero maldito, decid
salir de Bagdad y marcharme  cualquiera otra parte, donde no corriese
el riesgo de encontrarme cara  cara con mi enemigo.

Sal, pues, de Bagdad, y no dej de viajar da y noche hasta que llegu
 este pas, donde crea haberme librado de mi perseguidor. Pero ya veis
que todo fu trabajo perdido, oh mis seores! pues me lo acabo de
encontrar entre vosotros, en este banquete  que me habis invitado.

Por eso os explicaris que no pueda tener tranquilidad mientras no huya
de este pas, como del otro, y todo por culpa de ese malvado, de esa
calamidad con cara de piojo, de ese barbero asesino,  quien Alah
confunda,  l,  su familia y  toda su descendencia!

Cuando aquel joven--prosigui el sastre, hablando al rey de la
China--acab de pronunciar estas palabras, se levant con el rostro muy
plido, nos dese la paz, y sali sin que nadie pudiera impedrselo.

En cuanto  nosotros, una vez que omos esta historia tan sorprendente,
miramos al barbero, que estaba callado y con los ojos bajos, y le
dijimos: Es verdad lo que ha contado ese joven? Y en tal caso, por
qu procediste de ese modo, causndole tanta desgracia? Entonces el
barbero levant la frente, y nos dijo: Por Alah! Bien saba yo lo que
me haca al obrar as, y lo hice para ahorrarle mayores calamidades.
Pues  no ser por m, estaba perdido sin remedio. Y tiene que dar
gracias  Alah y drmelas  m por no haber perdido mas que una pierna
en vez de perderse por completo. En cuanto  vosotros, oh mis seores!
para probaros que no soy ningn charlatn, ni un indiscreto, ni en nada
semejante  ninguno de mis seis hermanos, y para demostraros tambin que
soy un hombre listo y de buen criterio, y sobre todo muy callado, os voy
 contar mi historia, y juzgaris.

Despus de estas palabras, todos nosotros--continu el sastre--nos
dispusimos  escuchar en silencio aquella historia, que juzgbamos haba
de ser extraordinaria.

[Illustration: Historias del barbero de Bagdad y de sus seis hermanos

(CONTADAS POR EL BARBERO Y REPETIDAS POR EL SASTRE)]


HISTORIA DEL BARBERO


El barbero dijo:

Sabed, pues, oh mis seores! que yo viv en Bagdad durante el reinado
del Emir de los Creyentes El-Montasser Billah[19]. Y bajo su gobierno
vivamos, porque amaba  los pobres y  los humildes, y gustaba de la
compaa de los sabios y los poetas.

Pero un da entre los das, el califa tuvo motivos de queja contra diez
individuos que habitaban no lejos de la ciudad, y mand al
gobernador-lugarteniente que trajese entre sus manos  estos diez
individuos. Y quiso el Destino que precisamente cuando les hacan
atravesar el Tigris en una barca, estuviese yo en la orilla del ro. Y
vi  aquellos hombres en la barca, y dije para m: Seguramente esos
hombres se han dado cita en esa barca para pasarse en diversiones todo
el da, comiendo y bebiendo. As es que necesariamente me tengo que
convidar para tomar parte en el festn.

Me aproxim  la orilla, y sin decir palabra, que por algo soy el
Silencioso, salt  la barca y me mezcl con todos ellos. Pero de pronto
vi llegar  los guardias del wal, que se apodraron de todos, les
echaron  cada uno una argolla al cuello y cadenas  las manos, y
acabaron por cogerme  m tambin y ponerme asimismo la argolla al
cuello y las cadenas  las manos. Y yo no dije palabra, lo cual os
demostrar oh mis seores! mi firmeza de carcter y mi poca locuacidad.
Me aguant, pues, sin protestar, y me vi llevado con los diez individuos
 la presencia del Emir de los Creyentes, el califa Montasser Billah.

Y en cuanto nos vi, el califa llam al portaalfanje, y le dijo: Corta
inmediatamente la cabeza  esos diez malvados! Y el verdugo nos puso
en fila en el patio,  la vista del califa, y empuando el alfanje,
hiri la primera cabeza y la hizo saltar, y la segunda, y la tercera,
hasta la dcima. Pero cuando lleg  mi, el nmero de cabezas cortadas
era precisamente el de diez, y no tena orden de cortar ni una ms. Se
detuvo, por tanto, y dijo al califa que sus rdenes estaban ya
cumplidas. Pero entonces volvi la cara el califa, y vindome todava en
pie, exclam: Oh mi portaalfanje! Te he mandado cortar la cabeza 
los diez malvados! Cmo es que perdonaste al dcimo? Y el portaalfanje
repuso: Por la gracia de Alah sobre ti y por la tuya sobre nosotros!
He cortado diez cabezas. Y el califa dijo: Vamos  ver; cuntalas
delante de mi. Las cont, y efectivamente, resultaron diez cabezas. Y
entonces el califa me mir y me dijo: Pero t quin eres? Y qu haces
ah entre esos bandidos, derramadores de sangre? Entonces, oh mis
seores! y slo entonces, al ser interrogado por el Emir de los
Creyentes, me resolv  hablar. Y dije: Oh Emir de los Creyentes! Soy
el jeique  quien llaman El-Samed,  causa de mi poca locuacidad. En
punto  prudencia, tengo un buen acopio en mi persona, y en cuanto  la
rectitud de mi juicio, la gravedad de mis palabras, lo excelente de mi
razn, lo agudo de mi inteligencia y mi ninguna verbosidad, nada he de
decirte, pues tales cualidades son en m infinitas. Mi oficio es el de
afeitar cabezas y barbas, escarificar piernas y pantorrillas y aplicar
ventosas y sanguijuelas. Y soy uno de los siete hijos de mi padre, y mis
seis hermanos estn vivos.

Pero he aqu la aventura. Esta misma maana me paseaba yo  lo largo
del Tigris, cuando vi  esos diez individuos que saltaban  una barca, y
me junt con ellos, y con ellos me embarqu, creyendo que estaban
convidados  algn banquete en el ro. Pero he aqu que, apenas llegamos
 la otra orilla, adivin que me encontraba entre criminales, y me di
cuenta de esto al ver  tus guardias que se nos echaban encima y nos
ponan la argolla al cuello. Y aunque nada tena yo que ver con esa
gente, no quise hablar ni una palabra ni protestar de ningn modo,
obligndome  ello mi excesiva firmeza de carcter y mi ninguna
locuacidad. Y mezclado con estos hombres fui conducido entre tus manos,
oh Emir de los Creyentes! Y mandaste que cortasen la cabeza  esos diez
bandidos, y fu el nico que qued entre las manos de tu portaalfanje, y
 pesar de todo, no dije tan siquiera ni una palabra. Creo, pues, que
esto es una buena prueba de valor y de firmeza muy considerable. Y
adems, el solo hecho de unirme con esos diez desconocidos es por s
mismo la mayor demostracin de valenta que yo sepa. Pero no te asombre
mi accin, oh Emir de los Creyentes! pues toda mi vida he procedido del
mismo modo, queriendo favorecer  los extraos.

Cuando el califa oy mis palabras, y advirti en ellas que en m era
nativo el valor y la virilidad, y mi amor al silencio y  la compostura,
y mi odio  la indiscrecin y  la impertinencia,  pesar de lo que diga
ese joven cojo que estaba ah hace un momento, y  quien salv de toda
clase de calamidades, el Emir dijo: Oh venerable jeique, barbero
espiritual  ingenio lleno de gravedad y de sabidura! Dime: y tus seis
hermanos son como t? Te igualan en prudencia, talento y discrecin? Y
yo respond: Alah me libre de ellos! Cun poco se asemejan  m, oh
Emir de los Creyentes! Acabas de afligirme con tu censura al compararme
con esos seis locos que nada tienen de comn conmigo, ni de cerca ni de
lejos! Pues por su verbosidad impertinente, por su indiscrecin y por su
cobarda, se han buscado mil disgustos, y cada uno tiene una deformidad
fsica, mientras que yo estoy sano y completo de cuerpo y espritu.
Porque, efectivamente, el mayor de mis hermanos es cojo; el segundo,
tuerto; el tercero, mellado; el cuarto, ciego; el quinto, no tiene
narices ni orejas, porque se las cortaron, y al sexto le han rajado los
labios.

Pero oh Emir de los Creyentes! no creas que exagero con esto mis
cualidades, ni aumento los defectos de mis hermanos. Pues si te contase
su historia, veras cuan diferente soy de todos ellos. Y como su
historia es infinitamente interesante y sabrosa, te la voy  contar sin
ms dilaciones.

[Illustration: Historia de Bacbuk, primer hermano del barbero]

As, sabe, oh Emir de los Creyentes! que el mayor de mis hermanos, el
que se qued cojo, se llama El-Bacbuk, porque cuando se pone  charlar,
parece oirse el ruido que hace un cntaro al vaciarse. Su oficio ha sido
el de sastre en Bagdad.

Ejerca su oficio de sastre en una tiendecilla cuyo propietario era un
hombre cuajado de dinero y de riquezas. Este hombre habitaba en lo alto
de la misma casa en que estaba situada la tienda de mi hermano Bacbuk. Y
adems, en el subterrneo de la casa haba un molino, donde viva un
molinero y el buey del molinero.

Pero un da que mi hermano Bacbuk estaba cosiendo, sentado en su tienda,
teniendo debajo de l al molinero y al buey del molinero, y encima al
enriquecido propietario, he aqu que mi hermano Bacbuk levant de pronto
la cabeza, y vi asomada en una de las ventanas altas  una hermosa
mujer como la luna saliente, que se distraa mirando  los transeuntes.
Y esta mujer era la esposa del propietario de la casa.

Al verla mi hermano Bacbuk, sinti que su corazn se prendaba
apasionadamente de ella, y le fu imposible coser ni hacer otra cosa que
mirar  la ventana. Y se pas todo el da como aturdido y en
contemplacin hasta por la noche. Y al da siguiente, en cuanto
amaneci, se sent en su sitio de costumbre, y mientras cosa, muy poco
 poco, levantaba  cada momento la cabeza para mirar  la ventana. Y 
cada puntada que daba con la aguja se pinchaba los dedos, pues tena los
ojos en la ventana constantemente. Y as estuvo varios das, durante los
cuales apenas si trabaj ni su labor vali ms de un dracma.

En cuanto  la joven, comprendi en seguida los sentimientos de mi
hermano Bacbuk. Y se propuso sacarles todo el partido posible y
divertirse  su costa. Y un da que estaba mi hermano ms entontecido
que de costumbre, la joven le dirigi una mirada asesina, que se clav
inmediatamente en el corazn de Bacbuk. Y Bacbuk mir en seguida  la
joven, pero de un modo tan ridculo, que ella se quit de la ventana
para rerse  su gusto, y fu tal su explosin de risa, que se cay de
trasero sobre el piso. Pero el infeliz Bacbuk lleg al lmite de la
alegra pensando que la joven le haba mirado cariosamente.

As es que al da siguiente no se asombr, ni con mucho, mi hermano
Bacbuk cuando vi entrar en su tienda al propietario de la casa, que
llevaba debajo del brazo una hermosa pieza de hilo envuelta en un
pauelo de seda, y le dijo: Te traigo esta pieza de tela para que me
cortes unas camisas. Entonces Bacbuk no dud que aquel hombre estaba
all enviado por su mujer, y contest: Sobre mis ojos y sobre mi
cabeza! Esta misma noche estarn acabadas tus camisas. Y efectivamente,
mi hermano se puso  trabajar con tal ahinco, privndose hasta de comer,
que por la noche, cuando lleg el propietario de la casa, ya tena las
veinte camisas cortadas, cosidas y empaquetadas en el pauelo de seda. Y
el propietario de la casa le pregunt: Qu te debo? Pero precisamente
en aquel instante se present furtivamente en la ventana la joven, y
dirigi una mirada  Bacbuk, hacindole una sea con los ojos, como
indicndole que no aceptase nada. Y mi hermano no quiso cobrarle nada al
propietario de la casa, por ms que en aquella ocasin estuviese muy
apurado y cualquier dinero habra sido para l una gran ayuda. Pero se
consider dichoso con trabajar para el marido y favorecerle por amor 
la linda cara de la mujer.

Y al da siguiente al amanecer se present el propietario de la casa con
otra pieza de tela debajo del brazo, y le dijo  mi hermano Bacbuk: He
aqu que acaban de advertirme en mi casa que necesito tambin
calzoncillos nuevos para ponrmelos con las camisas nuevas. Y te traigo
esta otra pieza de tela para que me hagas calzoncillos. Pero que sean
muy anchos. Y no escatimes para nada los pliegues ni la tela. Mi
hermano contest: Escucho y obedezco. Y se estuvo tres das completos
cose que te cose, sin tomar otro alimento que el estrictamente
necesario, pues no quera perder tiempo, y adems no tena ni un dracma
para comprar comida.

Y cuando hubo terminado los calzoncillos, los envolvi en el pauelo, y
muy contento, fu  llevrselos l mismo al propietario de la casa.

No es necesario decir, oh Emir de los Creyentes! que la joven se haba
puesto de acuerdo con su marido para burlarse del infeliz de mi hermano
y hacerle las ms sorprendentes jugarretas. Porque cuando mi hermano le
present los calzoncillos al propietario de la casa, ste hizo como que
iba  pagarle, pero inmediatamente apareci en la puerta la linda cara
de la mujer, sonrindole con los ojos y hacindole seas con las cejas
para que no cobrase. Y Bacbuk se neg en redondo  recibir nada del
marido. Entonces el marido se ausent un instante para hablar con su
esposa, que haba desaparecido tambin, y volvi en seguida junto  mi
hermano y le dijo: Para agradecer tus favores, hemos resuelto mi mujer
y yo casarte con nuestra esclava blanca, que es muy hermosa y muy
gentil, y de tal suerte sers de nuestra casa. Y Bacbuk se figur en
seguida que era una excelente astucia de la mujer para que l pudiese
entrar con libertad en la casa. Y acept en el acto. Y al momento
mandaron llamar  la esclava, y la casaron con mi hermano Bacbuk.

Pero cuando lleg la noche, quiso acercarse Bacbuk  la esclava blanca,
y sta le dijo: No, no! Esta noche no! Y por mucho que lo deseara
Bacbuk, no pudo darle ni siquiera un beso.

Adems, el propietario de la casa haba dicho  mi hermano Bacbuk que
aquella noche, en lugar de dormir en la tienda, durmiese en el molino
que haba en el stano de la casa,  fin de que estuviesen ms anchos l
y su mujer. Y como la esclava, despus de resistirse  la copulacin, se
subi  casa de su seora, Bacbuk tuvo que acostarse solo. Y al amanecer
an dorma Bacbuk, cuando entr el molinero y dijo en alta voz: Ya ha
descansado bastante este buey. Voy  engancharlo al molino para moler
todo ese trigo que se me est amontonando en cantidad considerable. Y
se acerc entonces  mi hermano, fingiendo confundirle con el buey, y le
dijo: Vaya, arriba, holgazn, que tengo que engancharte! Y mi hermano
Bacbuk no quiso hablar, tal era su estupidez, y se dej enganchar al
molino. Y el molinero lo at por la cintura al cilindro del molino, y
dndole un gran latigazo, exclam: Yallah! Y cuando Bacbuk recibi
aquel golpe, no pudo menos de mugir como un buey. Y el molinero sigui
dndole grandes latigazos y hacindole dar vueltas al molino durante
mucho tiempo. Y mi hermano muga absolutamente como un buey, y resoplaba
al recibir los estacazos.

Y no tard en llegar el propietario de la casa, que, al verle en tal
estado, dando vueltas y recibiendo golpes, fu en seguida  avisar  su
mujer, y sta envi  la esclava blanca, que desat  mi hermano y le
dijo muy compasivamente: Mi seora acaba de saber el mal trato que te
han hecho sufrir, y lo siente muchsimo. Todos lamentamos tus
sufrimientos. Pero el infeliz Bacbuk haba recibido tanto palo y estaba
tan molido, que no pudo contestar palabra.

Y hallndose en tal estado, se present el jeique que haba escrito su
contrato de matrimonio con la esclava blanca. Y le dese la paz, y le
dijo: Concdate Alah larga vida! As sea bendito tu matrimonio! Estoy
seguro de que acabas de pasar una noche feliz y que has gozado los
transportes ms dulces y ms ntimos, abrazos, besos y copulaciones
desde la noche hasta la maana. Y mi hermano Bacbuk le contest: Alah
confunda  los embaucadores y  los prfidos de tu clase, traidor  la
milsima potencia! T me metiste en todo esto para que diese vueltas al
molino en lugar del buey del molinero, y eso hasta la maana. Entonces
el jeique le invit  que se lo contase todo, y mi hermano se lo cont.
Y entonces el jeique le dijo: Todo eso est muy claro. No es otra cosa
sino que tu estrella no concuadra con la estrella de la joven. Y Bacbuk
le replic: Ah, maldito! Anda  ver si puedes inventar ms perfidias.
Despus mi hermano se fu y volvi  meterse en su tienda, con el fin de
aguardar algn trabajo que le permitiese ganar el pan, ya que tanto
haba trabajado sin cobrar.

Y mientras estaba sentado, hete aqu que se present la esclava blanca,
y le dijo: Mi ama te quiere muchsimo, y me encarga te diga que acaba
de subir  la azotea para tener el gusto de contemplarte desde el
tragaluz. Y efectivamente, mi hermano vi aparecer en el tragaluz  la
joven, deshecha en lgrimas, y se lamentaba y deca: Oh querido mo!
por qu me pones tan mala cara y ests tan enfadado que ni siquiera me
miras? Te juro por tu vida que cuanto te ha pasado en el molino se ha
hecho  espaldas mas. En cuanto  esa esclava loca, no quiero que la
mires siquiera. En adelante, yo sola ser tuya. Y mi hermano Bacbuk
levant entonces la cabeza y mir  la joven. Y esto le bast para
olvidar todas las tribulaciones pasadas y para hartar sus ojos
contemplando aquella hermosura. Despus se puso  hablarle por seas, y
ella con l, hasta que Bacbuk se convenci de que todas sus desgracias
no le haban pasado  l, sino  otro cualquiera.

Y con la esperanza de ver  la joven, sigui cortando y cosiendo
camisas, calzoncillos, ropa interior y ropa exterior, hasta que un da
fu  buscarle la esclava blanca, y le dijo: Mi seora te saluda. Y
como mi amo y esposo suyo se marcha esta noche  un banquete que le dan
sus amigos, y no volver hasta por la maana, te aguardar impaciente mi
seora para pasar contigo esta noche entre delicias y lo que sabes. Y
el infeliz Bacbuk estuvo  punto de volverse loco al oir tal noticia.

Porque la astuta casada haba combinado un ltimo plan, de acuerdo con
su marido, para deshacerse de mi hermano, y verse libres, ella y l, de
pagarle toda la ropa que le haban encargado. Y el propietario de la
casa haba dicho  su mujer: Cmo haramos que entrase en tu aposento
para sorprenderle y llevarle  casa del wal? Y la mujer contest:
Djame obrar  mi gusto, y lo engaar con tal engao y lo comprometer
en tal compromiso, que toda la ciudad se ha de burlar de l.

Y Bacbuk no se figuraba nada de esto, pues desconoca en absoluto todas
las astucias y todas las emboscadas de que son capaces las mujeres. As
es que, llegada la noche, fu  buscarle la esclava, y lo llev  las
habitaciones de su seora, que en seguida se levant, le sonri, y le
dijo: Por Alah! Dueo mo, qu ansias tena de verte junto  m! Y
Bacbuk contest: Y yo tambin! Pero dmonos prisa, y ante todo, un
beso! Y en seguida... Pero an no haba acabado de hablar, cuando se
abri la puerta y entr el marido con dos esclavos negros, que se
precipitaron sobre mi hermano Bacbuk, lo ataron, le arrojaron al suelo y
empezaron por acariciarle la espalda con sus ltigos. Despus se le
echaron  cuestas para llevarle  casa del wal. Y el wal le conden 
que le diesen doscientos azotes, y despus le montaran en un camello y
le pasearan por todas las calles de Bagdad. Y un pregonero iba gritando:
De esta manera se castigar  todo cabalgador que asalte  la mujer
del prjimo!

Pero mientras as paseaban  mi hermano Bacbuk, se enfureci de pronto
el camello y empez  dar grandes corcovos. Y Bacbuk, como no poda
valerse, cay al suelo y se rompi una pierna, quedando cojo desde
entonces. Y Bacbuk, con su pata rota, sali de la ciudad. Pero me
avisaron de todo ello  tiempo, oh Prncipe de los Creyentes! y corr
detrs de l, y le traje aqu en secreto, he de confesarlo, y me
encargu de su curacin, de sus gastos y de todas sus necesidades. Y as
seguimos.

Y cuando hube contado esta historia de Bacbuk, oh mis seores! el
califa Montasser-Billah se ech  reir  carcajadas, y dijo: Qu bien
la contaste! Qu divertido relato! Y yo repuse: En verdad que no
merezco an tanta alabanza tuya. Porque entonces, qu dirs cuando
hayas odo la historia de cada uno de mis otros hermanos? Pero temo que
me tomes por un charlatn indiscreto. Y el califa contest: Al
contrario, barbero sobrenatural! Apresrate  contarme lo que ocurri 
tus hermanos, para adornar mis odos con esas historias que son
pendientes de oro, y no temas entrar en pormenores, pues juzgo que tu
historia ha de tener tantas delicias como sabor. Y entonces dije:

[Illustration: Historia de El-Haddar, segundo hermano del barbero]

Sabe, pues, oh Emir de los Creyentes! que mi segundo hermano se llama
El-Haddar, porque muge como un camello. Y adems est mellado. Como
oficio no tiene ninguno, pero en cambio me da muchos disgustos. Juzgad
con vuestro entendimiento al or esta aventura.

Un da que vagaba sin rumbo por las calles de Bagdad, se le acerc una
vieja y le dijo en voz baja: Escucha, oh ser humano! Te voy  hacer
una proposicin, que puedes aceptar  rechazar, segn te plazca. Y mi
hermano se detuvo, y dijo: Ya te escucho. Y la vieja prosigui: Pero
antes de ofrecerte esa cosa, me has de asegurar que no eres un charlatn
indiscreto. Y mi hermano respondi: Puedes decir lo que quieras. Y
ella le dijo: Qu te parecera un hermoso palacio, con arroyos y
rboles frutales, en el cual corriese el vino en las copas nunca vacas,
en donde vieras caras arrebatadoras, besaras mejillas suaves, poseyeras
cuerpos flexibles y disfrutaras de otras cosas por el estilo, gozando
desde la noche hasta la maana? Y para disfrutar de todo eso, no
necesitaras mas que avenirte  una condicin. Mi hermano El-Haddar
replic  estas palabras de la vieja: Pero oh seora ma! cmo es que
vienes  hacerme precisamente  m esa proposicin, excluyendo  otra
cualquiera entre las criaturas de Alah? Qu has encontrado en m para
preferirme? Y la vieja contest: Ya te he dicho que ahorres palabras,
que sepas callar, y conducirte en silencio. Sgueme, pues, y no hables
ms. Despus se alej precipitadamente. Y mi hermano, con la esperanza
de todo lo prometido, ech  andar detrs de ella, hasta que llegaron 
un palacio magnfico, en el cual entr la vieja  hizo entrar  mi
hermano Haddar. Y mi hermano vi que el interior del palacio era muy
bello, pero que era ms bello an lo que encerraba. Porque se encontr
en medio de cuatro muchachas como lunas. Y estas jvenes estaban
tendidas sobre riqusimos tapices y entonaban con una voz deliciosa
canciones de amor.

Despus de las zalemas acostumbradas, una de ellas se levant, llen una
copa y la bebi. Y mi hermano Haddar le dijo: Que te sea sano y
delicioso y aumente tus fuerzas. Y se aproxim  la joven, para tomar
la copa vaca y ponerse  sus rdenes. Pero ella llen inmediatamente la
copa y se la ofreci. Y Haddar, cogiendo la copa, se puso  beber. Y
mientras l beba, la joven empez  acariciarle la nuca; pero de pronto
le golpe con tal saa, que mi hermano acab por enfadarse. Y se levant
para irse, olvidando su promesa de soportarlo todo sin protestar. Y
entonces se acerc la vieja y le gui el ojo, como dicindole: No
hagas eso! Qudate y aguarda hasta el fin. Y mi hermano obedeci, y
hubo de soportar pacientemente todos los caprichos de la joven. Y las
otras tres porfiaron en darle bromas no menos pesadas: una le tiraba de
las orejas como para arrancrselas, otra le daba capirotazos en la
nariz, y la tercera le pellizcaba con las uas. Y mi hermano lo tomaba
con mucha resignacin, porque la vieja le segua haciendo seas de que
callase. Por fin, para premiar su paciencia, se levant la joven ms
hermosa y le dijo que se desnudase. Y mi hermano obedeci sin
protestar. Y entonces la joven cogi un hisopo, le roci con agua de
rosas, y le dijo: Me gustas mucho, ojo de mi vida! Pero me fastidian
las barbas y los bigotes, que pinchan la piel. De modo que, si quieres
de m lo que t sabes, te has de afeitar la cara. Y mi hermano
contest: Pues eso no puede ser, porque sera la mayor vergenza que me
podra ocurrir. Y ella dijo: Pues no podr amarte de otro modo. No hay
ms remedio. Y entonces mi hermano dej que la vieja le llevase  una
habitacin contigua, donde le cort la barba y se la afeit, y despus
los bigotes y las cejas. Y luego le embadurn la cara con colorete y
polvos, y lo condujo  la sala donde estaban las jvenes. Y al verle les
entr tal risa, que doblaron sobre sus posaderas.

Despus se le acerc la ms hermosa de aquellas jvenes y le dijo: Oh
dueo mo! Tus encantos acaban de conquistar mi alma. Y slo he de
pedirte un favor, y es que as, desnudo como ests y tan lindo, ejecutes
delante de nosotras una danza que sea graciosa y sugestiva. Y como
El-Haddar no pareciese muy dispuesto, prosigui la joven: Te conjuro
por mi vida  que lo hagas. Y despus logrars de m lo que t sabes.
Entonces, al son de la darabuka, manejada por la vieja, mi hermano se
at  la cintura un pauelo de seda y se puso  bailar en medio de la
sala.

Pero tales eran sus gestos y sus piruetas, que las jvenes se
desternillaban de risa, y empezaron  tirarle cuanto vieron  mano: los
almohadones, las frutas, las bebidas y hasta las botellas. Y la ms
bella de todas se levant entonces y fu adoptando toda clase de
posturas, mirando  mi hermano con ojos como entornados por el deseo, y
despus se fu despojando de todas sus ropas, hasta quedarse slo con la
finsima camisa y el amplio calzn de seda. Y El-Haddar, que haba
interrumpido el baile tan pronto como vi  la joven desnuda, lleg al
lmite ms extremo de la excitacin.

Pero entonces se le acerc la vieja y le dijo: Ahora te toca correr
detrs de ella. Porque cuando se excita con la bebida y con la danza,
acostumbra  desnudarse por completo, pero no se entrega  ningn amante
sin haber examinado su cuerpo desnudo, su zib en ereccin y su ligereza
para correr, juzgndole entonces digno de ella. De modo que la vas 
perseguir por todas partes, de habitacin en habitacin, hasta que la
puedas atrapar. Y slo entonces consentir que la cabalgues.

Y mi hermano, al oir aquello, se quit el cinturn de seda y se dispuso
 correr. Y la joven se despoj de la camisa y de lo dems, y apareci
toda desnuda, cimbrendose como una palmera nueva. Y ech  correr,
rindose  carcajadas y dando dos vueltas al saln. Y mi hermano la
persegua con su zib erguido.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 31. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el barbero prosigui su
relato en esta forma:

Mi hermano Haddar, con su zib erguido, empez  perseguir  la joven,
que, ligera, hua de l y se rea. Y las otras jvenes y la vieja, al
ver correr  aquel hombre con su rostro pintarrajeado, sin barbas, ni
bigotes, ni cejas, y erguido su zib hasta no poder ms, se moran de
risa y palmoteaban y golpeaban el suelo con los pies.

Y la joven, despus de dar dos vueltas  la sala, se meti por un
pasillo muy largo, y luego cruz dos habitaciones, una tras otra,
siempre perseguida por mi hermano, completamente loco. Y ella, sin dejar
de correr, rea con toda su alma, moviendo las caderas.

Pero de pronto desapareci en un recodo, y mi hermano fu  abrir una
puerta por la cual crea que haba salido la joven, y se encontr en
medio de una calle. Y esta calle era la calle en que vivan los
curtidores de Bagdad. Y todos los curtidores vieron  El-Haddar afeitado
de barbas, sin bigotes, las cejas rapadas y pintado el rostro como una
ramera. Y escandalizados, se pusieron  darle correazos, hasta que
perdi el conocimiento. Y despus le montaron en un burro, ponindole al
revs, de cara al rabo, y le hicieron dar la vuelta  todos los zocos,
hasta que lo llevaron al wal, que les pregunt: Quin es ese hombre?
Y ellos contestaron: Es un desconocido que sali sbitamente de casa
del gran visir. Y lo hemos hallado en este estado. Entonces el wal
mand que le diesen cien latigazos en la planta de los pies, y lo
desterr de la ciudad. Y yo oh Emir de los Creyentes! corr en busca de
mi hermano, me lo traje secretamente y le di hospedaje. Y ahora lo
sostengo  mi costa. Comprenders que si yo no fuera un hombre lleno de
entereza y de cualidades, no habra podido soportar  semejante necio.

Pero en lo que se refiere  mi tercer hermano, ya es otra cosa, como vas
 ver.

[imagen]

[imagen]




NDICE


                                                  Pginas

HISTORIA DEL VISIR NUREDDIN, DE SU HERMANO EL
  VISIR CHAMSEDDIN Y DE HASSN BADREDDIN            9-104

    Empieza  mediados de la 19. noche y termina  ltimos
    de la 24.

HISTORIA DEL JOROBADO, CON EL SASTRE, EL CORREDOR
  NAZARENO, EL INTENDENTE Y EL MDICO JUDO;
  LO QUE DE ELLO RESULT, Y SUS AVENTURAS
  SUCESIVAMENTE REFERIDAS                         105-179

    Comienza hacia el fin de la 24. noche y termina  ltimos de
    la 32.--Comprende:

        RELATO DEL CORREDOR NAZARENO              118-145
        RELATO DEL INTENDENTE DEL REY DE LA CHINA 146-160
        RELATO DEL MDICO JUDO                   160-177
        RELATO DEL SASTRE                         178-179

            la cual comprende:

                HISTORIA DEL JOVEN COJO CON EL BARBERO DE
                  BAGDAD                          180-210

            y las

                HISTORIAS DEL BARBERO DE BAGDAD Y DE SUS
                  SEIS HERMANOS                   210-229

                    que son:

                        _Historia del barbero_    210-214
                        _Historia de Bacbuk_      215-223
                        _Historia de El-Haddar_   223-229

       *       *       *       *       *

Editorial PROMETEO.--Llorca y C. 5.d b. Apartado 130, Valencia


OBRAS DE V. BLASCO IBAEZ

Director literario de esta Editorial

NOVELAS: Arroz y tartana. Flor de Mayo. La Barraca. Entre naranjos.
Snnica la cortesana. Caas y barro. La Catedral. El Intruso. La Bodega.
La Horda. La maja desnuda. Sangre y arena. Los muertos mandan. Luna
Benamor. Los argonautas (2 tomos). Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Mare nostrum. Los enemigos de la mujer. El prstamo de la difunta. El
paraso de las mujeres. La tierra de todos. La reina Calafia. Novelas de
la Costa Azul. _5 ptas. vol._--CUENTOS: La Condenada. Cuentos
valencianos. _5 ptas. vol._--VIAJES: En el pas del arte. Oriente. La
vuelta al mundo, de un novelista (3 t.) _5 ptas. vol._--ARTCULOS: El
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Altamira, Bchner, Darwin, Kropotkine, Renn, Spencer, etc.--_2 ptas.
volumen._


BIBLIOTECA CLSICA

HOMERO: _Ilada._ 2 t.--_Odisea._ 2 t.--ESQUILO. 1 t.--SFOCLES. 2
t.--HESIODO. 1 t.--EURPIDES. 4 t.--TECRITO. 1 t.--ARISTFANES. 3
t.--Jenofonte. 1 t.--PLAUTO: _Comedias._ 2 t.--FEDRO: _Fbulas._--SYRO:
_Sentencias._ 1 t.--CICERN: _La Repblica._--_Las paradojas._ 1
t.--ARISTTELES: _La poltica._ 1 t.--LA CANCIN DE ROLDN. 1
t.--QUEVEDO: _Obras satricas._ 1 t.--CERVANTES: _Teatro selecto._ 1
t.--VIDA DE CERVANTES, por su primer bigrafo Mayns y Siscar. 1
t.--LOPE DE VEGA: _Novelas._ 1 t.--_Comedias._ 1 t.--GUILLEM DE CASTRO:
_Teatro._ 1 t.--CALDERN: _Teatro._ 2 t.--SHAKESPEARE: _Obras
completas._ 12 t.--_2 ptas. vol._


LA CIENCIA PARA TODOS

Volmenes ilustrados  _1'50 pesetas._


CULTURA CONTEMPORNEA

E. FAGUET: _El arte de leer._ 3 ptas.--E. BERGSON: _La risa._ 3
ptas.--W. WILSON, ex presidente de los Estados Unidos: _La nueva
libertad._ 3 ptas.--W. SOMBART: _Socialismo y movimiento social._ 4
ptas.


NUEVA BIBLIOTECA DE LITERATURA

Anatole France, Daudet, Vctor Hugo, etctera.--_2 ptas. vol._


LOS CLSICOS DEL AMOR

Obras de Apuleyo, Longo, Marcial, Voltaire, Casanova, etc.--_2 ptas.
volumen._


LAS NOVELAS DEL MISTERIO

Aventuras del famoso detective Sherlock Holmes, por Conan Doyle. 8
t.--_2 ptas. vol._


COLECCIN POPULAR

Filosofa, Historia, Pedagoga, Poltica, Crtica, Viajes, Arte,
etc.--_1 pta. volumen._


LOS GRANDES NOVELISTAS

Tolstoi, Dumas, Su, Conan-Doyle, etc.--A _35 cnts._ Edicin _La Novela
Ilustrada_.


LA NOVELA LITERARIA

Amplia y selecta coleccin dirigida por Blasco Ibez, que cuenta con el
apoyo de los novelistas de todos los paises para esta obra de difusin
literaria. Todos los volmenes llevan un estudio biogrfico y crtico
del autor de la obra escrito por Blasco Ibez. Novelas de Paul Adam,
Barbusse, Bazin, Bourges, Bourget, Duvernois, Frapi, Harry, Hermant,
Huysmans, Jaloux, Lavedan, Louys, Margueritte, Miomandre, Regnier,
Rosny, Tinayre y otros muchos maestros de la novela contempornea.--_4
pesetas volumen en rstica._

     J. FRANCS: _La danza del corazn_ (novela). 3'50 ptas.--_Teatro de
     amor._ 3 ptas.

     F. LLORCA: _Lo que cantan los nios._ Canciones y juegos
     infantiles. 2 ptas.


HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914

ESCRITA POR V. BLASCO IBEZ.

Ilustrada con millares de grabados.

     _Las grandes batallas.--El herosmo.--Los horrores de la lucha.--La
     guerra en el mar y en los aires.--Tipos y costumbres de los
     beligerantes.--Personajes de la tragedia, retratos, caricaturas y
     documentos.--Planos y mapas.--La vida en el campamento, en los
     campos de batalla y hospitales.--Panoramas trgicos._--Nueve tomos,
     lujosamente encuadernados.--Precio de cada tomo, _25 pesetas_.


El libro de las mil noches y una noche.

Traduccin directa y literal del rabe por el doctor Mardrus.--Versin
castellana de V. Blasco Ibez.--Prlogo de E. Gmez Carrillo.--23
tomos.--_2 ptas. volumen._


_Pdanos Catlogos especiales de estas obras y Bibliotecas_


NOTAS:

[1] _Mesr_  _Massr_ es el nombre con que los rabes designan
indistintamente  Egipto y  la ciudad de El Cairo (Al-Kahira).

[2] _Chamseddin_: Sol de la Religin. _Nureddin_: Luz de la Religin.

[3] _Hassn_: Hermoso. _Badreddin_: Luna llena de la Religin.

[4] Se refiere  las que figuran en la pgina 26.

[5] Tumba.

[6] La Soberana de Belleza.

[7] _Scham_: Siria. Tambin se llama as a la ciudad de Damasco.

[8] Esto es: Maravilloso.

[9] Los Bani-Ommiah,  Ommiadas, dinasta de califas en Damasco.

[10] Dios es generoso!

[11] _Halaua_, pasta blanca hecha con aceite de ssamo, azcar, nueces,
etctera, en forma de panes grandes y semiesfricos.

[12] Aarn, Josu.

[13] _Wal_: gobernador de una provincia por delegacin del sultn.

[14] _Ardeb_  _irdab_, medida rabe de capacidad que todava se usa
hoy.

[15] Gobernador de una provincia.

[16] Expresin muy usada: significa que no se ha ejecutado bien un acto
cualquiera. En cambio, cuando se dice: Tu cara se ha blanqueado, se
quiere decir que alguien ha salido airossimo de algn trance.

[17] _El-Sayedat_: la gran seora, el ama.

[18] Frmula para despedirse  retirarse: Que la paz sea sobre ti.

[19] _Montasser Billah_: El Victorioso con ayuda de Alah.






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noche; t 2, by Anonymous

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because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
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and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
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