The Project Gutenberg EBook of Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y
otros poemas., by Rubn Daro

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Title: Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas
       Obras Completas Vol. VII

Author: Rubn Daro

Illustrator: Enrique Ochoa

Release Date: October 30, 2015 [EBook #50341]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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                      CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

                       LOS CISNES Y OTROS POEMAS

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                            CANTOS DE VIDA
                              Y ESPERANZA

                       LOS CISNES Y OTROS POEMAS

                                  POR

                              RUBN DARO

                             ILUSTRACIONES

                                  DE

                             ENRIQUE OCHOA

                  Volumen VII de las obras completas.
                       Administracin: Editorial
                             MUNDO LATINO
                                Madrid.
]

[imagen: ES PROPIEDAD]



Imp. de Ramona Velasco, Viuda de P. Prez, Libertad 31.

                                   A
                               NICARAGUA

                       A LA REPBLICA ARGENTINA

                                 R. D.





PREFACIO

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Podra repetir aqu ms de un concepto de las palabras liminares de
_Prosas profanas_. Mi respeto por la aristocracia del pensamiento, por
la nobleza del Arte, siempre es el mismo. Mi antiguo aborrecimiento a la
mediocridad, a la mulatez intelectual, a la chatura esttica, apenas si
se aminora hoy con una razonada indiferencia.

       *       *       *       *       *

El movimiento de libertad que me toc iniciar en Amrica se propag
hasta Espaa, y tanto aqu como all el triunfo est logrado. Aunque
respecto a la tcnica tuviese demasiado que decir en el pas en donde la
expresin potica est anquilosada a punto de que la momificacin del
ritmo ha llegado a ser un artculo de fe, no har sino una corta
advertencia. En todos los pases cultos de Europa se ha usado del
exmetro absolutamente clsico sin que la mayora letrada y sobre todo
la minora leda se asustasen de semejante manera de cantar. En Italia
ha mucho tiempo, sin citar antiguos, que Carducci ha autorizado los
exmetros; en ingls, no me atrevera casi a indicar, por respeto a la
cultura de mis lectores, que la _Evangelina_ de Longfellow est en los
mismos versos en que Horacio dijo sus mejores pensares. En cuanto al
verso libre moderno... no es verdaderamente singular que en esta tierra
de Quevedos y de Gngoras los nicos innovadores del instrumento lrico,
los nicos libertadores del ritmo, hayan sido los poetas del _Madrid
Cmico_ y los libretistas del gnero chico?

       *       *       *       *       *

Hago esta advertencia porque la forma es lo que primeramente toca a las
muchedumbres. Yo no soy un poeta para muchedumbres. Pero s que
indefectiblemente tengo que ir a ellas.

Cuando dije que mi poesa era ma, en m sostuve la primera condicin
de mi existir, sin pretensin ninguna de causar sectarismo en mente o
voluntad ajena, y en un intenso amor a lo absoluto de la belleza.

Al seguir la vida que Dios me ha concedido tener, he buscado expresarme
lo ms noble y altamente en mi comprensin; voy diciendo mi verso con
una modestia tan orgullosa que solamente las espigas comprenden, y
cultivo, entre otras flores, una rosa rosada, concrecin de alba,
capullo de porvenir, entre el bullicio de la literatura.

Si en estos cantos hay poltica, es porque aparece universal. Y si
encontris versos a un presidente, es porque son un clamor continental.
Maana podremos ser yanquis (y es lo ms probable); de todas maneras, mi
protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes, tan
ilustres como Jpiter.

RIGHT
R. D.





                      CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

                                   A
                            J. ENRIQUE ROD

[imagen:

    El alma que entra all debe ir desnuda,
    temblando de deseo y fiebre santa,
    sobre cardo heridor y espina aguda:
    As suea, as vibra y as canta]

    [imagen]




    I


    Yo soy aquel que ayer no ms deca
    el verso azul y la cancin profana,
    en cuya noche un ruiseor haba
    que era alondra de luz por la maana.

      El dueo fu de mi jardn de sueo,
    lleno de rosas y de cisnes vagos;
    el dueo de las trtolas, el dueo
    de gndolas y liras en los lagos;
      y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
    y muy moderno; audaz, cosmopolita;
    con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
    y una sed de ilusiones infinita.

      Yo supe de dolor desde mi infancia,
    mi juventud... fu juventud la ma?
    sus rosas aun me dejan su fragancia--
    una fragancia de melancola...

      Potro sin freno se lanz mi instinto,
    mi juventud mont potro sin freno;
    iba embriagada y con pual al cinto;
    si no cay, fu porque Dios es bueno.

      En mi jardn se vi una estatua bella;
    se juzg mrmol y era carne viva;
    una alma joven habitaba en ella,
    sentimental, sensible, sensitiva.

      Y tmida ante el mundo, de manera
    que encerrada en silencio no sala,
    sino cuando en la dulce primavera
    era la hora de la meloda...

      Hora de ocaso y de discreto beso;
    hora crepuscular y de retiro;
    hora de madrigal y de embeleso,
    de te adoro, de ay! y de suspiro.

      Y entonces era en la dulzaina un juego
    de misteriosas gamas cristalinas,
    un renovar de notas del Pan griego
    y un desgranar de msicas latinas,

      con aire tal y con ardor tan vivo,
    que a la estatua nacan de repente
    en el muslo viril patas de chivo
    y dos cuernos de stiro en la frente.

      Como la Galatea gongorina
    me encant la marquesa verleniana,
    y as juntaba a la pasin divina
    una sensual hiperestesia humana;

      todo ansia, todo ardor, sensacin pura
    y vigor natural; y sin falsa,
    y sin comedia y sin literatura...:
    si hay un alma sincera, esa es la ma.

      La torre de marfil tent mi anhelo;
    quise encerrarme dentro de m mismo,
    y tuve hambre de espacio y sed de cielo
    desde las sombras de mi propio abismo.

      Como la esponja que la sal satura
    en el jugo del mar, fu el dulce y tierno
    corazn mo, henchido de amargura
    por el mundo, la carne y el infierno.

      Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
    el Bien supo elegir la mejor parte;
    y si hubo spera hiel en mi existencia,
    melific toda acritud el Arte.

      Mi intelecto libr de pensar bajo,
    ba el agua castalia el alma ma,
    peregrin mi corazn y trajo
    de la sagrada selva la armona.

      Oh, la selva sagrada! Oh, la profunda
    emanacin del corazn divino
    de la sagrada selva! Oh, la fecunda
    fuente cuya virtud vence al destino!

      Bosque ideal que lo real complica,
    all el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
    mientras abajo el stiro fornica,
    ebria de azul desle Filomela.

      Perla de ensueo y msica amorosa
    en la cpula en flor del laurel verde,
    Hipsipila sutil liba en la rosa,
    y la boca del fauno el pezn muerde.

      All va el dios en celo tras la hembra,
    y la caa de Pan se alza del lodo;
    la eterna Vida sus semillas siembra,
    y brota la armona del gran Todo.

      El alma que entra all debe ir desnuda,
    temblando de deseo y fiebre santa,
    sobre cardo heridor y espina aguda:
    As suea, as vibra y as canta.

      Vida, luz y verdad, tal triple llama
    produce la interior llama infinita;
    el Arte puro como Cristo exclama:
    _Ego sum lux et veritas et vita!_

      Y la vida es misterio; la luz ciega
    y la verdad inaccesible asombra;
    la adusta perfeccin jams se entrega,
    y el secreto ideal duerme en la sombra.

      Por eso ser sincero es ser potente,
    de desnuda que est, brilla la estrella;
    el agua dice el alma de la fuente
    en la voz de cristal que fluye d'ella.

      Tal fu mi intento, hacer del alma pura
    ma, una estrella, una fuente sonora,
    con el horror de la literatura
    y loco de crepsculo y de aurora.

      Del crepsculo azul que da la pauta
    que los celestes xtasis inspira,
    bruma y tono menor--toda la flauta!,
    y Aurora, hija del Sol--toda la lira!

      Pas una piedra que lanz una honda;
    pas una flecha que aguz un violento.
    La piedra de la honda fu a la onda,
    y la flecha del odio fuese al viento.

      La virtud est en ser tranquilo y fuerte;
    con el fuego interior todo se abrasa;
    se triunfa del rencor y de la muerte,
    y hacia Beln... la caravana pasa!


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II

SALUTACIN DEL OPTIMISTA


    Inclitas razas ubrrimas, sangre de Hispania fecunda,
    espritus fraternos, luminosas almas, salve!
    Porque llega el momento en que habrn de cantar nuevos himnos
    lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los mbitos; mgicas
    ondas de vida van renaciendo de pronto;
    retrocede el olvido, retrocede engaada la muerte;
    se anuncia un reino nuevo, feliz sibila suea
    y en la caja pandrica de que tantas desgracias surgieron
    encontramos de sbito, talismnica, pura, riente,
    cual pudiera decirla en sus versos Virgilio divino,
    la divina reina de luz, la celeste Esperanza!

      Plidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba
    o a perpetuo presidio condenasteis al noble entusiasmo,
    ya veris al salir del sol en un triunfo de liras,
    mientras dos continentes, abonados de huesos gloriosos,
    del Hrcules antiguo la gran sombra soberbia evocando,
    digan al orbe: la alta virtud resucita
    que a la hispana progenie hizo duea de siglos.

      Abominad la boca que predice desgracias eternas,
    abominad los ojos que ven slo zodiacos funestos,
    abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
    o que la tea empuan o la daga suicida.
    Sintense sordos mpetus en las entraas del mundo,
    la inminencia de algo fatal hoy conmueve a la tierra;
    fuertes colosos caen, se desbandan bicfalas guilas,
    y algo se inicia como vasto social cataclismo
    sobre la faz del orbe. Quin dir que las savias dormidas
    no despierten entonces en el tronco del roble gigante
    bajo el cual se exprimi la ubre de la loba romana?
    Quin ser el pusilnime que al vigor espaol niegue msculos
    y que al alma espaola juzgase ptera y ciega y tullida?
    No es Babilonia ni Nnive enterrada en olvido y en polvo
    ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro,
    la nacin generosa, coronada de orgullo inmarchito,
    que hacia al lado del alba fija las miradas ansiosas,
    ni la que tras los mares en que yace sepulta la Atlntida,
    tiene su coro de vstagos, altos, robustos y fuertes.

      nanse, brillen, secndense, tantos vigores dispersos;
    formen todos un solo haz de energa ecumnica.
    Sangre de Hispania fecunda, slidas, nclitas razas,
    muestren los dones pretritos que fueron antao su triunfo.
    Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espritu ardiente
    que regar lenguas de fuego en esa epifana.
    Juntas las testas ancianas ceidas de lricos lauros
    y las cabezas jvenes que la alta Minerva decora,
    as los manes heroicos de los primitivos abuelos,
    de los egregios padres que abrieron el surco prstino,
    sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
    y el rumor de espigas que inici la labor triptolmica.

      Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
    en espritu unidos, en espritu y ansias y lengua,
    ven llegar el momento en que habrn de cantar nuevos himnos,
    La latina estirpe ver la gran alba futura,
    en un trueno de msica gloriosa, millones de labios
    saludarn la esplndida luz que vendr del Oriente,
    Oriente augusto en donde todo lo cambia y renueva
    la eternidad de Dios, la actividad infinita.
    Y as sea Esperanza la visin permanente en nosotros,
    Inclitas razas ubrrimas, sangre de Hispania fecunda!


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III

AL REY OSCAR

    Le Roi de Sude et de Norvge,
    aprs avoir visit Saint-Jean-de-Luz,
    s'est rendu  Hendaye et  Fonterabie.
    En arrivant sur le sol espagnol,
    il a cri: Vive l'Espagne!

       _Le Figaro_, mars 1899.


    As, Sire, en el aire de la Francia nos llega
    la paloma de plata de Suecia y de Noruega,
    que trae en vez de olivo una rosa de fuego.

      Un bcaro latino, un noble vaso griego
    recibir el regalo del pas de la nieve.
    Que a los reinos boreales el patrio viento lleve
    otra rosa de sangre y de luz espaolas;
    pues sobre la sublime hermandad de las olas,
    al brotar tu palabra, un saludo le enva
    al sol de media noche el sol de Medioda.

      Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta.
    El Norte ama las palmas; y se junta el poeta
    del fjord con el del carmen, porque el mismo oriflama
    es de azur. Su divina cornucopia derrama
    sobre el polo y el trpico, la Paz; y el orbe gira
    en un ritmo uniforme por una propia lira:
    El amor. All surge Sigurd que al Cid se ana.
    Cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna,
    y la musa de Bcquer del ensueo es esclava
    bajo un celeste palio de luz escandinava.

      Sire de ojos azules, gracias: por los laureles
    de cien bravos vestidos de honor; por los claveles
    de la tierra andaluza y la Alhambra del moro;
    por la sangre solar de una raza de oro;
    por la armadura antigua y el yelmo de la gesta;
    por las lanzas que fueron una vasta floresta
    de gloria y que pasaron Pirineos y Andes;
    por Lepanto y Otumba; por el Per, por Flandes;
    por Isabel que cree, por Cristbal que suea
    y Velzquez que pinta y Corts que domea;
    por el pas sagrado en que Herakles afianza,
    sus macizas columnas de fuerza y esperanza,
    mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa
    que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga;
    por el len simblico y la Cruz, gracias, Sire.

      Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire,
    mientras la onda cordial alimente un ensueo,
    mientras haya una viva pasin, un noble empeo,
    un buscado imposible, una imposible hazaa,
    una Amrica oculta que hallar, vivir Espaa!

      Y pues tras la tormenta vienes de peregrino
    real, a la morada que entristeci el destino,
    la morada que viste luto sus puertas abra
    al purpreo y ardiente vibrar de tu palabra:
    Y que sonra, oh rey Oscar por un instante;
    y tiemble en la flor urea el ms puro brillante
    para quien sobre brillos de corona y de nombre,
    con labios de monarca lanza un grito de hombre!


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IV

LOS TRES REYES MAGOS


    Yo soy Gaspar. Aqu traigo el incienso.
    Vengo a decir: La vida es pura y bella.
    Existe Dios. El amor es inmenso.
    Todo lo s por la divina Estrella!

     --Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
    Existe Dios. l es la luz del da.
    La blanca flor tiene sus pies en lodo.
    Y en el placer hay la melancola!

     --Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
    que existe Dios. l es el grande y fuerte.
    Todo lo s por el lucero puro
    que brilla en la diadema de la Muerte.

     --Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
    Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
    Cristo resurge, hace la luz del caos
    y tiene la corona de la Vida.


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V

CYRANO EN ESPAA


    He aqu que Cyrano de Bergerac traspasa
    de un salto el Pirineo. Cyrano est en su casa.
    No es en Espaa, acaso, la sangre vino y fuego?
    Al gran gascn saluda y abraza el gran manchego.
    No se hacen en Espaa los ms bellos castillos?
    Roxanas encarnaron con rosas los Murillo,
    y la hoja toledana que aqu Quevedo empua
    concenla los bravos cadetes de Gascua.
    Cyrano hizo su viaje a la luna; mas, antes,
    ya el divino luntico de don Miguel Cervantes
    pasaba entre las dulces estrellas de su sueo
    jinete en el sublime pegaso Clavileo.
    Y Cyrano ha ledo la maravilla escrita
    y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita
    Bergerac el sombrero; Cyrano Balazote
    siente que es lengua suya la lengua del Quijote.
    Y la nariz heroica del gascn se dira
    que husmea los dorados vinos de Andaluca.
    Y la espada francesa, por l desenvainada,
    brilla bien en la tierra de la capa y la espada.
    Bienvenido; Cirano de Bergerac! Castilla
    te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla
    al sol que all en tus tiempos no se ocult en Espaa.
    Tu nariz y penacho no estn en tierra extraa,
    pues vienes a la tierra de la Caballera.
    Eres el noble husped de Caldern. Mara
    Roxana te demuestra que lucha la fragancia
    de las rosas de Espaa con las rosas de Francia,
    y sus supremas gracias, y sus sonrisas nicas
    y sus miradas, astros que visten negras tnicas,
    y la lira que vibra en su lengua sonora
    te dan una Roxana de Espaa, encantadora.
    Oh poeta! Oh celeste poeta de la facha
    grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha,
    prncipe de locuras, de sueos y de rimas:
    Tu penacho es hermano de las ms altas cimas,
    del nido de tu pecho una alondra se lanza,
    un hada es tu madrina, y es la Desesperanza;
    y en medio de la selva del duelo y del olvido
    las nueve musas vendan tu corazn herido.
    All en la luna hallaste algn mgico prado
    donde vaga el espritu de Pierrot desolado?
    Viste el palacio blanco de los locos del Arte?
    Fu acaso la gran sombra de Pndaro a encontrarte?
    Contemplaste la mancha roja que entre las rocas
    albas forma el castillo de las Vrgenes locas?
    Y en un jardn fantstico de misteriosas flores
    no oiste al melodioso Rey de los ruiseores?
    No juzgues mi curiosa demanda inoportuna,
    pues todas esas cosas existen en la Luna.
    Bienvenido, Cyrano de Bergerac! Cyrano
    de Bergerac, cadete y amante, y castellano
    que trae los recuerdos que Durandal abona
    al pas en que aun brillan las luces de Tizona.
    El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte
    el que vence el espacio y el tiempo; su estandarte,
    pueblos, es del espritu el azul oriflama.
    Qu elegido no corre si su trompeta llama?
    Y a travs de los siglos se contestan, oid:
    La Cancin de Rolando y la Gesta del Cid.
    Cyrano va marchando, poeta y caballero,
    al redoblar sonoro del grave Romancero.
    Su penacho soberbio tiene nuestra aureola.
    Son sus espuelas finas de fbrica espaola.
    Y cuando en su balada Rostand teje el envo,
    creerase a Quevedo rimando un desafo.
    Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca
    el tiempo el lauro; el viejo corral de la Pacheca
    recibe al generoso embajador del fuerte
    Molire. En copa gala Tirso su vino vierte.
    Nosotros exprimimos las uvas de Champaa
    para beber por Francia y en un cristal de Espaa.


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VI

SALUTACIN A LEONARDO


    Maestro, Pomona levanta su cesto. Tu estirpe
    saluda la aurora. Tu aurora! Que extirpe
    de la indiferencia la mancha; que gaste
    la dura cadena de siglos; que aplaste
    al sapo la piedra de su honda.

      Sonrisa ms dulce no sabe Gioconda.
    El verso su ala y el ritmo su onda
    hermanan en una
    dulzura de luna
    que suave resbala
    (el ritmo de la onda y el verso del ala
    del mgico Cisne, sobre la laguna)
    sobre la laguna.

      Y as, soberano maestro
    del estro,
    las vagas figuras
    del sueo, se encarnan en lneas tan puras
    que el sueo
    recibe la sangre del mundo mortal,
    y Psiquis consigue su empeo
    de ser advertida a travs del terrestre cristal.
    (_Los bufones
    que hacen sonrer a Monna Lisa,
    saben canciones
    que ha tiempo en los bosques de Grecia deca la risa
    de la brisa._)

      Pasa su Eminencia.
    Como flor o pecado en su traje
    rojo;
    como flor o pecado, o conciencia
    de sutil monseor que a su paje
    mira con vago recelo o enojo.
    Npoles deja a la abeja de oro
    hacer su miel
    en su fiesta de azul; y el sonoro
    bandoln y el laurel
    nos anuncia Florencia.
    Maestro, si all en Roma
    quema el sol de Segor y Sodoma
    la amarga ciencia
    de pupreas banderas, tu gesto
    las palmas nos da redimidas,
    bajo los arcos
    de tu genio: San Marcos
    y Partenn de luces y lneas y vidas.
    (_Tus bufones
    que hacen la risa
    de Monna Lisa
    saben tan antiguas canciones._)

      Los leones de Asuero
    junto al trono para recibirte,
    mientras sonre el divino Monarca;
    pero
    hallars la sirte,
    la sirte para tu barca,
    si parts en la lrica barca
    con tu Gioconda...
    la onda
    y el viento
    saben la tempestad para tu cargamento.

      Maestro!
    pero t en cabalgar y domar fuiste diestro.
    Pasiones e ilusiones:
    A unas con el freno, a otras con el cabestro
    las domaste, cebras o leones.
    Y en la selva del Sol, prisionera
    tuviste la fiera
    de la luz: y esa loca fu casta
    cuando dijiste: Basta.
    Seis meses maceraste tu Ester en tus aromas.
    De tus techos reales volaron las palomas.

      Por tu cetro y tu gracia sensitiva,
    por tu copa de oro en que suean las rosas,
    en mi ciudad, que es tu cautiva,
    tengo un jardn de mrmol y de piedras preciosas
    que custodia una esfinge viva.


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VII

PEGASO


    Cuando iba yo a montar ese caballo rudo
    y tembloroso, dije: La vida es pura y bella.
    Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella.
    El cielo estaba azul y yo estaba desnudo.

      Sobre mi frente Apolo hizo brillar su escudo
    y de Belerofonte logr seguir la huella.
    Toda cima es ilustre si Pegaso la sella,
    y yo, fuerte, he subido donde Pegaso pudo.

      Yo soy el caballero de la humana energa,
    yo soy el que presenta su cabeza triunfante
    coronada con el laurel del Rey del da;

      domador del corcel de cascos de diamante,
    voy en un gran volar, con la aurora por gua,
    adelante en el vasto azur, siempre adelante!


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VIII

A ROOSEVELT


    Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
    que habra que llegar hasta ti, Cazador!
    Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
    con un algo de Wshington y cuatro de Nemrod!
    Eres los Estados Unidos,
    eres el futuro invasor
    de la Amrica ingenua que tiene sangre indgena,
    que aun reza a Jesucristo y aun habla en espaol.

      Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
    eres culto, eres hbil; te opones a Tolstoy.
    Y domando caballos, o asesinando tigres,
    eres un Alejandro-Nabucodonosor.
    (Eres un Profesor de Energa
    como dicen los locos de hoy.)

      Crees que la vida es incendio,
    que el progreso es erupcin;
    que en donde pones la bala
    el porvenir pones.
                       No.

      Los Estados Unidos son potentes y grandes.
    Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
    que pasa por las vrtebras enormes de los Andes.
    Si clamis se oye como el rugir del len.
    Ya Hugo a Grant lo dijo: Las estrellas son vuestras.
    (Apenas brilla, alzndose, el argentino sol
    y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos.
    Juntis al culto de Hrcules el culto de Mammn;
    y alumbrando el camino de la fcil conquista,
    la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.

      Mas la Amrica nuestra, que tena poetas
    desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
    que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
    que el alfabeto pnico en un tiempo aprendi;
    que consult los astros, que conoci la Atlntida
    cuyo nombre nos llega resonando en Platn,
    que desde los remotos momentos de su vida
    vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
    la Amrica del grande Moctezuma, del Inca,
    la Amrica fragante de Cristbal Coln,
    la Amrica catlica, la Amrica espaola,
    la Amrica en que dijo el noble Guatemoc:
    Yo no estoy en un lecho de rosas; esa Amrica
    que tiembla de huracanes y que vive de Amor;
    hombres de ojos sajones y alma brbara, vive.
    Y suea. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.
    Tened cuidado. Vive la Amrica espaola!
    hay mil cachorros sueltos del Len Espaol.
    Se necesitara, Roosevelt, ser por Dios mismo,
    el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
    para poder tenernos en vuestras frreas garras.

      Y, pues contis con todo, falta una cosa: Dios!

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IX


    Torres de Dios! Poetas!
    Parrayos celestes,
    que resists las duras tempestades,
    como crestas escuetas
    como picos agrestes,
    rompeolas de las eternidades!

      La mgica Esperanza anuncia un da
    en que sobre la roca de armona
    expirar la prfida sirena.
    Esperad, esperemos todava!

      Esperad todava.
    El bestial elemento se solaza
    en el odio a la sacra poesa
    y se arroja baldn de raza a raza.
    La insurreccin de abajo
    tiende a los Excelentes.
    El canbal codicia su tasajo
    con roja enca y afilados dientes.

      Torres, poned al pabelln sonrisa.
    Poned ante ese mal y ese recelo,
    una soberbia insinuacin de brisa
    y una tranquilidad de mar y cielo...


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X

CANTO DE ESPERANZA


    Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
    Un soplo milenario trae amagos de peste.
    Se asesinan los hombre en el extremo Este.

      Ha nacido el apocalptico Anticristo?
    Se han sabido presagios y prodigios se han visto
    y parece inminente el retorno del Cristo.

      La tierra est preada de dolor tan profundo
    que el soador, imperial meditabundo,
    sufre con las angustias del corazn del mundo.

      Verdugos de ideales afligieron la tierra,
    en un pozo de sombra la humanidad se encierra
    con los rudos molosos del odio y de la guerra.

      Oh, Seor Jesucristo! por qu tardas, qu esperas
    para tender tu mano de luz sobre las fieras
    y hacer brillar al sol tus divinas banderas!

      Surge de pronto y vierte la esencia de la vida
    sobre tanta alma loca, triste o empedernida
    que amante de tinieblas tu dulce aurora olvida.

      Ven, Seor, para hacer la gloria de ti mismo,
    ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,
    ven a traer amor y paz sobre el abismo.

      Y tu caballo blanco, que mir el visionario,
    pase. Y suene el divino clarn extraordinario.
    Mi corazn ser brasa de tu incensario.


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XI


    Mientras tenis, oh negros corazones!,
    concilibulos de odio y de miseria,
    el rgano de Amor riega sus sones.
    Cantan: oid: La vida es dulce y seria.

      Para ti, pensador meditabundo,
    plido de sentirte tan divino,
    es ms hostil la parte agria del mundo.
    Pero tu carne es pan, tu sangre es vino.

      Dejad pasar la noche de la cena
    --Oh Shakespeare pobre, y oh Cervantes manco!--
    Y la pasin del vulgo que condena.
    Un gran Apocalipsis horas futuras llena.
    Ya surgir vuestro Pegaso blanco!


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XII

HELIOS


    Oh ruido divino,
    Oh ruido sonoro!
    Lanz la alondra matinal el trino
    y sobre ese preludio cristalino,
    los caballos de oro
    de que el Hiperionida
    lleva la rienda asida,
    al trotar forman msica armoniosa,
    un argentino trueno,
    y en el azul sereno
    con sus cascos de fuego dejan huellas de rosa.
    Adelante, oh cochero
    celeste, sobre Osa
    y Pelin sobre Titania viva.
    Atrs se queda el trmulo matutino lucero,
    y el universo el verso de su msica activa.

      Pasa, oh dominador, oh conductor del carro
    de la mgica ciencia! Pasa, pasa, oh bizarro
    manejador de la fatal cuadriga
    que al pisar sobre el viento
    despierta el instrumento
    sacro! Tiemblan las cumbres
    de los montes ms altos,
    que en sus rtmicos saltos
    toc Pegaso. Giran muchedumbres
    de guilas bajo el vuelo
    de tu poder fecundo,
    y si hay algo que iguale la alegra del cielo,
    es el gozo que enciende las entraas del mundo.

      Helios! tu triunfo es ese,
    pese a las sombras, pese
    a la noche, y al miedo, y a la lvida Envidia.
    T pasas, y la sombra, y el dao, y la desidia,
    y la negra pereza, hermana de la muerte,
    y el alacrn del odio que su ponzoa vierte,
    y Satn todo, emperador de las tinieblas,
    se hunden, caen. Y haces el alba rosa, y pueblas
    de amor y de virtud las humanas conciencias,
    riegas todas las artes, brindas todas las ciencias;
    los castillos de duelo de la maldad derrumbas,
    abres todos los nidos, cierras todas las tumbas,
    y sobre los vapores del tenebroso Abismo,
    pintas la Aurora, el Oriflama de Dios mismo.

      Helios! Portaestandarte
    de Dios, padre del Arte,
    la paz es imposible, mas el amor eterno.
    Danos siempre el anhelo de la vida,
    y una chispa sagrada de tu antorcha encendida
    con que esquivar podamos la entrada del infierno.

      Que sientan las naciones
    el volar de tu carro, que hallen los corazones
    humanos en el brillo de tu carro, esperanza;
    que del alma Quijote, y el cuerpo Sancho Panza
    vuele una psique cierta a la verdad del sueo;
    que hallen las ansias grandes de este vivir pequeo
    una realizacin invisible y suprema;
    Helios! que no nos mate tu llama que nos quema!
    Gloria hacia ti del corazn de las manzanas,
    de los clices blancos de los lirios,
    y del amor que manas
    hecho de dulces fuegos y divinos martirios,
    y del volcn inmenso,
    y del hueso minsculo,
    y del ritmo que pienso,
    y del ritmo que vibra en el corpsculo,
    y del oriente intenso
    y de la meloda del crepsculo.

      Oh ruido divino!
    Pasa sobre la cruz del palacio que duerme,
    y sobre el alma inerme
    de quien no sabe nada. No turbes el destino,
    oh ruido sonoro!
    El hombre, la nacin, el continente, el mundo,
    aguardan la virtud de tu carro fecundo,
    cochero azul que riges los caballos de oro!


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XIII

SPES


    Jess, incomparable perdonador de injurias,
    oye; Sembrador de trigo, dame el tierno
    pan de tus hostias; dame, contra el saudo infierno
    una gracia lustral de iras y lujurias.

      Dme que este espantoso horror de la agona
    que me obsede, es no ms de mi culpa nefanda,
    que al morir hallar la luz de un nuevo da
    y que entonces oir mi Levntate y anda!


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    Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
    y bajo los prticos vense sus rostros de rosa;
    y la ms hermosa
    sonre al ms fiero de los vencedores.]

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    XIV

    MARCHA TRIUNFAL


    Ya viene el cortejo!
    Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.
    La espada se anuncia con vivo reflejo;
    ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines!

      Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
    los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
    la gloria solemne de los estandartes
    llevados por manos robustas de heroicos atletas.
    Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
    los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
    los cascos que hieren la tierra,
    y los timbaleros
    que el paso acompasan con ritmos marciales.
    Tal pasan los fieros guerreros
    debajo los arcos triunfales!

      Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
    su canto sonoro,
    su clido coro,
    que envuelve en un trueno de oro
    la augusta soberbia de los pabellones.
    l dice la lucha, la herida venganza,
    las speras crines,
    los rudos penachos, la pica, la lanza,
    la sangre que riega de heroicos carmines
    la tierra;
    los negros mastines
    que azuza la muerte, que rige la guerra.

      Los ureos sonidos
    anuncian el advenimiento
    triunfal de la Gloria;
    dejando el picacho que guarda sus nidos,
    tendiendo sus alas enormes al viento,
    los cndores llegan. Lleg la victoria!

      Ya pasa el cortejo.
    Seala el abuelo los hroes al nio:--
    Ved cmo la barba del viejo
    los bucles de oro circundan de armio.
    Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
    y bajo los prticos vense sus rostros de rosa;
    y la ms hermosa
    sonre al ms fiero de los vencedores.
    Honor al que trae cautiva la extraa bandera;
    honor al herido y honor a los fieles
    soldados que muerte encontraron por mano extranjera:
    Clarines! Laureles!

      Las nobles espadas de tiempos gloriosos,
    desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:--
    Las viejas espadas de los granaderos ms fuertes que osos,
    hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros.--
    Las trompas guerreras resuenan;
    de voces los aires se llenan...
    --A aquellas antiguas espadas,
    a aquellos ilustres aceros,
    que encarnan las glorias pasadas;...
    Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
    y al hroe que gua su grupo de jvenes fieros;
    al que ama la insignia del suelo materno,
    al que ha desafiado, ceido el acero y el arma en la mano,
    los soles del rojo verano,
    las nieves y vientos del glido invierno,
    la noche, la escarcha
    y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
    saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha
    triunfal!....





                              LOS CISNES

                                   A

                            JUAN R. JIMENEZ

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I


    Qu signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
    al paso de los tristes y errantes soadores?
    por qu tan silencioso de ser blanco y ser bello,
    tirnico a las aguas e impasible a las flores?

      Yo te saludo ahora como en versos latinos
    te saludara antao Publio Ovidio Nasn.
    Los mismos ruiseores cantan los mismos trinos,
    y en diferentes lenguas es la misma cancin.

      A vosotros mi lengua no debe ser extraa.
    A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
    Soy un hijo de Amrica, soy un nieto de Espaa...
    Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez...

      Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
    den a las frentes plidas sus caricias ms puras
    y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
    de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.

      Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
    se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
    casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
    y somos los mendigos de nuestras pobres almas.

      Nos predican la guerra con guilas feroces,
    gerifaltes de antao revienen a los puos,
    mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
    ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuos.

      Faltos de los alientos que dan las grandes cosas,
    qu haremos los poetas sino buscar tus lagos?
    a falta de laureles son muy dulces las rosas,
    y a falta de victorias busquemos los halagos.

      La Amrica espaola como la Espaa entera
    fija est en el Oriente de su fatal destino;
    yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
    con la interrogacin de tu cuello divino.

      Seremos entregados a los brbaros fieros?
    Tantos millones de hombres hablaremos ingls?
    Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
    Callaremos ahora para llorar despus?

      He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros
    que habis sido los fieles en la desilusin,
    mientras siento una fuga de americanos potros
    y el estertor postrero de un caduco len...

    ...Y un cisne negro dijo:--La noche anuncia el da.
    Y uno blanco:--La aurora es inmortal! la aurora
    es inmortal! Oh tierras de sol y de armona,
    aun guarda la Esperanza la caja de Pandora!


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II

EN LA MUERTE DE RAFAEL NEZ

RIGHT
Que sais je?


    El pensador lleg a la barca negra;
    y le vieron hundirse
    en las brumas del lago del Misterio,
    los ojos de los Cisnes.

      Su manto de poeta
    reconocieron, los ilustres lises
    y el laurel y la espina entremezclados
    sobre la frente triste.

      A lo lejos alzbanse los muros
    de la ciudad teolgica, en que vive
    la sempiterna Paz. La negra barca
    lleg a la ansiada costa, y el sublime
    espritu goz la suma gracia;
    y oh Montaigne! Nez vi la cruz erguirse,
    y hall al pie de la sacra Vencedora
    el helado cadver de la Esfinge.


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III


    Por un momento, oh Cisne, juntar mis anhelos
    a los de tus dos alas que abrazaron a Leda,
    y a mi maduro ensueo, aun vestido de seda,
    dirs, por los Dioscuros, la gloria de los cielos.

      Es el otoo. Ruedan de la flauta consuelos.
    Por un instante, oh Cisne, en la oscura alameda
    sorber entre dos labios lo que el Pudor me veda,
    y dejar mordidos Escrpulos y Celos.

      Cisne, tendr tus alas blancas por un instante,
    y el corazn de rosa que hay en tu dulce pecho
    palpitar en el mo con su sangre constante.

      Amor ser dichoso, pues estar vibrante
    el jbilo que pone al gran Pan en acecho
    mientras su ritmo esconde la fuente de diamante.


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    Melancola de haber amado,
    junto a la fuente de la arboleda,
    el luminoso cuello estirado
    entre los blancos muslos de Leda!]

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    IV


    Antes de todo, gloria a ti, Leda!
    tu dulce vientre cubri de seda
    el Dios. Miel y oro sobre la brisa!
    Sonaban alternativamente
    flauta y cristales, Pan y la fuente.
    Tierra era canto, Cielo sonrisa!

      Ante el celeste, supremo acto,
    dioses y bestias hicieron pacto.
    Se di a la alondra la luz del da,
    se di a los buhos sabidura
    y meloda al ruiseor.
    A los leones fu la victoria,
    para las guilas toda la gloria,
    y a las palomas todo el amor.

      Pero vosotros sois los divinos
    prncipes. Vagos como las naves,
    inmaculados como los linos,
    maravillosos como las aves.

      En vuestros picos tenis las prendas,
    que manifiestan corales puros.
    Con vuestros pechos abrs las sendas
    que arriba indican los Dioscuros.

      Las dignidades de vuestros actos,
    eternizadas en lo infinito,
    hacen que sean ritmos exactos,
    voces de ensueo, luces de mito.

      De orgullo olmpico sois el resumen,
    Oh, blancas urnas de la armona!
    Ebrneas joyas que anima un numen
    con su celeste melancola.

      Melancola de haber amado,
    junto a la fuente de la arboleda,
    el luminoso cuello estirado
    entre los blancos muslos de Leda!


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                             OTROS POEMAS

                                  AL

                       DOCTOR ADOLFO ALTAMIRANO


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I

RETRATOS


    Don Gil, Don Juan, Don Lope, Don Carlos, Don Rodrigo,
    cya es esta cabeza soberbia? esa faz fuerte?
    esos ojos de jaspe? esa barba de trigo?
    Este fu un caballero que persigui a la Muerte.

      Cien veces hizo cosas tan sonoras y grandes
    que de guilas poblaron el campo de su escudo;
    y ante su rudo tercio de Amrica o de Flandes
    qued el asombro ciego, qued el espanto mudo.

      La coraza revela fina labor; la espada
    tiene la cruz que erige sobre su tumba el miedo;
    y bajo el puo firme que da su luz dorada,
    se afianza el rayo slido del yunque de Toledo.

      Tiene labios de Borgia, sangrientos labios dignos
    de exquisitas calumnias, de rezar oraciones
    y de decir blasfemias: rojos labios malignos
    florecidos de ancdotas en cien Decamerones.

      Y con todo, este hidalgo de un tiempo indefinido,
    fu el abad solitario de un ignoto convento,
    y dedic en la muerte sus hechos: AL OLVIDO!
    y el grito de su vida luciferina: AL VIENTO!


II

    En la forma cordial de la boca, la fresa
    solemniza su prpura; y en el sutil dibujo
    del valo del rostro de la blanca abadesa
    la pura frente es ngel y el ojo negro es brujo.

      Al marfil monacal de esa faz misteriosa
    brota una dulce luz de un resplandor interno,
    que enciende en las mejillas una celeste rosa
    en que su pincelada fatal puso el Infierno.

      Oh, Sor Mara! Oh, Sor Mara! Oh, Sor Mara!
    la mgica mirada y el continente regio,
    no hicieron en un alma pecaminosa un da,
    brotar el encendido clavel del sacrilegio?

      Y parece que el hondo mirar cosas dijera,
    especiosas y ungidas de miel y de veneno.
    (Sor Mara muri condenada a la hoguera:
    Dos abejas volaron de las rosas del seno.)

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II

POR EL INFLUJO DE LA PRIMAVERA


    Sobre el jarrn de cristal
    hay flores nuevas. Anoche
    hubo una lluvia de besos.
    Despert un fauno bicorne
    tras un alma sensitiva.
    Dieron su olor muchas flores.
    En la pasional siringa
    brotaron las siete voces
    que en siete carrizos puso
    Pan.

      Antiguos ritos paganos
    se renovaron. La estrella
    de Venus brill ms lmpida
    y diamantina. Las fresas
    del bosque dieron su sangre.
    El nido estuvo de fiesta.
    Un ensueo florentino
    se enflor de primavera,
    de modo que en carne viva
    renacieron ansias muertas.
    Imaginos un roble
    que diera una rosa fresca;
    un buen egipn latino
    con una bacante griega
    y parisiense. Una msica
    magnfica. Una suprema
    inspiracin primitiva,
    llena de cosas modernas.
    Un vasto orgullo viril
    que aroma el _odor di femina_;
    un trono de roca en donde
    descansa un lirio.

      Divina Estacin! Divina
    Estacin! Sonre el alba
    ms dulcemente. La cola
    del pavo real exalta
    su prestigio. El sol aumenta
    su ntima influencia; y el arpa
    de los nervios vibra sola.
    Oh, Primavera sagrada!
    Oh, gozo del don sagrado
    de la vida! Oh, bella palma
    sobre nuestras frentes! Cuello
    del cisne! Paloma blanca!
    Rosa roja! Palio azul!
    Y todo por ti, oh, alma!
    Y por ti, cuerpo, y por ti,
    idea, que los enlazas.
    Y por Ti, lo que buscamos
    y no encontraremos nunca,
    jams!


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    La dulzura del ngelus matinal y divino
    que diluyen ingenuas campanas provinciales,
    en un aire inocente a fuerza de rosales,
    de plegaria, de ensueo de virgen y de trino.
]

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III

LA DULZURA DEL NGELUS...


    La dulzura del ngelus matinal y divino
    que diluyen ingenuas campanas provinciales,
    en un aire inocente a fuerza de rosales,
    de plegaria, de ensueo de virgen y de trino.

      De ruiseor, opuesto todo al rudo destino
    que no cree en Dios... El ureo ovillo vespertino
    que la tarde devana tras opacos cristales
    por tejer la inconstil tela de nuestros males
      todos hechos de carne y aromados de vino...
    Y esta atroz amargura de no gustar de nada,
    de no saber adnde dirigir nuestra prora

      mientras el pobre esquife en la noche cerrada
    va en las hostiles olas hurfano de la aurora...
    (Oh, suaves campanas entre la madrugada!)

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IV

TARDE DEL TRPICO


    Es la tarde gris y triste.
    Viste el mar de terciopelo
    y el cielo profundo viste
    de duelo.

      Del abismo se levanta
    la queja amarga y sonora.
    La onda, cuando el viento canta,
    llora.

      Los violines de la bruma
    saludan al sol que muere.
    Salmodia la blanca espuma;
    miserere.

      La armona el cielo inunda,
    y la brisa va a llevar
    la cancin triste y profunda
    del mar.

      Del clarn del horizonte
    brota sinfona rara,
    como si la voz del monte
    vibrara.

      Cual si fuese lo invisible...
    cual si fuese el rudo son
    que diese al viento un terrible
    len.


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V

NOCTURNO


    Quiero expresar mi angustia en versos que abolida
    dirn mi juventud de rosas y de ensueos,
    y la desfloracin amarga de mi vida
    por un vasto dolor y cuidados pequeos.

      Y el viaje de un vago Oriente por entrevistos barcos,
    y el grano de oraciones que floreci en blasfemia,
    y los azoramientos del cisne entre los charcos
    y el falso azul nocturno de inquerida bohemia.

      Lejano clavicordio que en silencio y olvido
    no diste nunca al sueo la sublime sonata,
    hurfano esquife, rbol insigne, oscuro nido
    que suaviz la noche de dulzura de plata...

      Esperanza olorosa a hierbas frescas, trino
    del ruiseor primaveral y matinal,
    azucena tronchada por un fatal destino,
    rebusca de la dicha, persecucin del mal...

      El nfora funesta del divino veneno
    que ha de hacer por la vida la tortura interior,
    la conciencia espantable de nuestro humano cieno
    y el horror de sentirse pasajero, el horror

      de ir a tientas, en intermitentes espantos,
    hacia lo inevitable, desconocido y la
    pesadilla brutal de este dormir de llantos
    de la cual no hay ms que Ella que nos despertar!


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    Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro...
    Y a veces lloro sin querer...
]

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VI

CANCIN DE OTOO EN PRIMAVERA

                           A MARTNEZ SIERRA


    Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro...
    Y a veces lloro sin querer...

      Plural ha sido la celeste
    historia de mi corazn.
    Era una dulce nia, en este
    mundo de duelo y afliccin.

      Miraba como el alba pura;
    sonrea como una flor.
    Era su cabellera oscura
    hecha de noche y de dolor.

      Yo era tmido como un nio.
    Ella, naturalmente, fu,
    para mi amor hecho de armio,
    Herodas y Salom...

      Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver...!
    Cuando quiero llorar, no lloro,
    y a veces lloro sin querer...

      Y ms consoladora y ms
    halagadora y expresiva,
    la otra fu ms sensitiva
    cual no pens encontrar jams.

      Pues a su continua ternura
    una pasin violenta una.
    En un peplo de gasa pura
    una bacante se envolva...

      En brazos tom mi ensueo
    y lo arrull como a un beb...
    Y le mat, triste y pequeo,
    falto de luz, falto de fe...

      Juventud, divino tesoro,
    te fuiste para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro,
    y a veces lloro sin querer...

      Otra juzg que era mi boca
    el estuche de su pasin;
    y que me roera, loca,
    con sus dientes el corazn

      poniendo en un amor de exceso
    la mira de su voluntad,
    mientras eran abrazo y beso
    sntesis de la eternidad;

      y de nuestra carne ligera
    imaginar siempre un Edn,
    sin pensar que la Primavera
    y la carne acaban tambin...

      Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro,
    y a veces lloro sin querer!

      Y las dems! en tantos climas,
    en tantas tierras, siempre son,
    si no pretextos de mis rimas,
    fantasmas de mi corazn.

      En vano busqu a la princesa
    que estaba triste de esperar.
    La vida es dura. Amarga y pesa.
    Ya no hay princesa que cantar!

      Mas a pesar del tiempo terco,
    mi sed de amor no tiene fin;
    con el cabello gris, me acerco
    a los rosales del jardn....

      Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver....
    Cuando quiero llorar, no lloro,
    y a veces lloro sin querer....

    Mas es ma el Alba de oro!


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VII

TRBOL

    DE DON LUIS DE GNGORA Y ARGOTE
               A DON DIEGO DE SILVA VELZQUEZ


I

    Mientras el brillo de tu gloria augura
    ser en la eternidad sol sin poniente,
    fnix de viva luz, fnix ardiente,
    diamante parangn de la pintura,
      de Espaa est sobre la veste oscura
    tu nombre, como joya reluciente;
    rompe la Envidia el fatigado diente,
    y el Olvido lamenta su amargura.

      Yo en equvoco altar, t en sacro fuego,
    miro a travs de mi penumbra el da
    en que el calor de tu amistad, Don Diego,

      jugando de la luz con la armona,
    con la alma luz, de tu pincel el juego
    el alma duplic de la faz ma.


II

    DE DON DIEGO DE SILVA VELZQUEZ
              A DON LUIS DE GNGORA Y ARGOTE

    Alma de oro, fina voz de oro,
    al venir hacia m por qu suspiras?
    ya empieza el noble coro de las liras
    a preludiar el himno a tu decoro;
      ya al misterioso son del noble coro
    calma el Centauro sus grotescas iras,
    y con nueva pasin que les inspiras,
    tornan a amarse Anglica y Medoro.

      A Tecrito y Possin la Fama dote
    con la corona de laurel supremo;
    que en donde da Cervantes el Quijote

      y yo las telas con mis luces gemo,
    para Don Luis de Gngora y Argote
    traer una nueva palma Polifemo.


III

    En tanto pace estrellas el Pegaso divino,
    y vela tu hipogrifo, Velzquez, la Fortuna,
    en los celestes parques al Cisne gongorino
    deshoja sus sutiles margaritas la Luna.

      Tu castillo, Velzquez, se eleva en el camino
    del Arte como torre que de guilas es cuna,
    y tu castillo, Gngora, se alza al azul cual una
    jaula de ruiseores labrada en oro fino.

      Gloriosa la pennsula que abriga tal colonia.
    Aqu bronce corintio y all mrmol de Jonia!
    Las rosas a Velzquez, y a Gngora claveles.

      De ruiseores y guilas se pueblen las encinas,
    y mientras pasa Anglica sonriendo a las Meninas,
    salen las nueve musas de un bosque de laureles.

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VIII

CHARITAS


    A Vicente de Pal, nuestro Rey Cristo
    con dulce lengua dice:
    --Hijo mo tus labios
    dignos son de imprimirse
    en la herida que el ciego
    en mi costado abri. Tu amor sublime
    tiene sublime premio: asciende y goza
    el alto galardn que conseguiste.

      El alma de Vicente llega al coro
    de los alados ngeles que al triste
    mortal custodia: eran ms brillantes
    que los celestes astros. Cristo: Sigue,--
    dijo al amado espritu del Santo.--

      Ve entonces la regin en donde existen
    los augustos Arcngeles, zodaco
    de diamantina nieve, indestructibles
    ejrcitos de luz y mensajeras
    castas palomas o guilas insignes.

      Luego la majestad esplendorosa
    del coro de los Prncipes,
    que las divinas rdenes realizan
    y en el humano espritu presiden;
    el coro de las altas Potestades
    que al torrente infernal levantan diques:
    el coro de las msticas Virtudes,
    las huellas de los mrtires
    y las intactas manos de las vrgenes;
    el coro prestigioso
    de las Dominaciones que dirigen
    nuestras almas al bien, y el coro excelso
    de los Tronos insignes,
    que del Eterno el solio,
    caritides de luz indefinible,
    sostienen por los siglos de los siglos,
    y al coro de Querubes que compite
    con la antorcha del sol.
              Por fin, la gloria
    de teolgico fuego en que se erigen
    las llamas vivas de inmortal esencia.

      Cristo al Santo bendice
    y as penetra el Serafn de Francia
    al coro de los gneos Serafines.

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IX

NO OBSTANTE...


    Oh, terremoto mental!
    Yo sent un da en mi crneo
    como el caer subitneo
    de una Babel de cristal.

      De Pascal mir el abismo,
    y vi lo que pudo ver
    cuando sinti Baudelaire
    el ala del idiotismo.

      Hay, no obstante, que ser fuerte;
    pasar todo precipicio
    y ser vencedor del Vicio,
    de la Locura y la Muerte.

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    En la fresca flor el verso sutil;
    el triunfo de Amor en el mes de Abril:
    Amor, verso y flor, la nia gentil.
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X

LBRANOS SEOR...


    El verso sutil que pasa o se posa
    sobre la mujer o sobre la rosa,
    beso puede ser, o ser mariposa.

      En la fresca flor el verso sutil;
    el triunfo de Amor en el mes de Abril:
    Amor, verso y flor, la nia gentil.

      Amor y dolor. Halagos y enojos.
    Herodas re en los labios rojos.
    Dos verdugos hay que estn en los ojos.

      Oh, saber amar es saber sufrir,
    amar y sufrir, sufrir y sentir,
    y el hacha besar que nos ha de herir...

      Rosa de dolor, gracia femenina;
    inocencia y luz, corola divina!
    y aroma fatal y cruel espina...

      Lbranos Seor de Abril y la flor,
    y del cielo azul, y del ruiseor,
    de dolor y amor lbranos Seor.

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XI

FILOSOFA


    Saluda al sol, araa, no seas rencorosa.
    Da tus gracias a Dios, oh, sapo, pues que eres.
    El peludo cangrejo tiene espinas de rosa
    y los moluscos reminiscencias de mujeres.
    Saber ser lo que sois, enigmas siendo formas;
    deja la responsabilidad a las Normas,
    que a su vez la enviarn al Todopoderoso...
    (Toca, grillo, a la luz de la luna; y dance el oso).


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XII

LEDA


    El cisne en la sombra parece de nieve;
    su pico es de mbar, del alba al trasluz;
    el suave crepsculo que pasa tan breve
    las cndidas alas sonrosa de luz.

      Y luego, en las ondas del lago azulado,
    despus que la aurora perdi su arrebol,
    las alas tendidas y el cuello enarcado,
    el cisne es de plata, baado de sol.

      Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
    olmpico pjaro herido de amor,
    y viola en las linfas sonoras a Leda,
    buscando su pico los labios en flor.

      Suspira la bella desnuda y vencida,
    y en tanto que al aire sus quejas se van,
    del fondo verdoso de fronda tupida
    chispean turbados los ojos de Pan.

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XIII

DIVINA PSIQUIS


    Divina Psiquis, dulce mariposa invisible
    que desde los abismos has venido a ser todo
    lo que en mi sr nervioso y en mi cuerpo sensible
    forma la chispa sacra de la estatua de lodo!

      Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra
    y prisionera vives en m de extrao dueo:
    Te reducen a esclava mis sentidos en guerra
    y apenas vagas libre por el jardn del sueo.

      Sabia de la Lujuria que sabe antiguas ciencias,
    te sacudes a veces entre imposibles muros,
    y ms all de todas las vulgares conciencias
    exploras los recodos ms terribles y oscuros.

      Y encuentras sombra y duelo. Que sombra y duelo encuentres
    bajo la via en donde nace el vino del Diablo.
    Te posas en los senos, te posas en los vientres
    que hicieron a Juan loco e hicieron cuerdo a Pablo.

      A Juan virgen y a Pablo militar y violento,
    a Juan que nunca supo del supremo contacto;
    a Pablo el tempestuoso que hall a Cristo en el viento,
    y a Juan ante quien Hugo se queda estupefacto.

      Entre la catedral y las ruinas paganas
    vuelas, oh, Psiquis, oh, alma ma!
    --Como deca
    aquel celeste Edgardo
    que entr en el paraso entre un son de campanas
    y un perfume de nardo--
    Entre la catedral
    y las paganas ruinas
    repartes tus dos alas de cristal,
    tus dos alas divinas.
    Y de la flor
    que el ruiseor
    canta en su griego antiguo, de la rosa,
    vuelas, oh, Mariposa!
    a posarte en un clavo de Nuestro Seor!

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XIV

EL SONETO DE TRECE VERSOS


    De una juvenil inocencia
    qu conservar sino el sutil
    perfume, esencia de su Abril,
    la ms maravillosa esencia!

      Por lamentar a mi conciencia
    qued de un sonoro marfil
    un cuento que fu de las _Mil
    y Una Noche_ de mi existencia...

      Scherezada se entredurmi...
    El Visir qued meditando...
    Dinarzada el da olvid...

      Mas el pjaro azul volvi...
    Pero...
            No obstante...
                          Siempre...
                                    Cuando...

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XV


    Oh, miseria de toda lucha por lo finito!
    Es como el ala de la mariposa
    nuestro brazo que deja el pensamiento escrito.
    Nuestra infancia vale la rosa,
    el relmpago nuestro mirar,
    y el ritmo que en el pecho
    nuestro corazn mueve,
    es un ritmo de onda de mar,
    o un caer de copo de nieve,
    o el del cantar
    del ruiseor,
    que dura lo que dura el perfumar
    de su hermana la flor.
    Oh, miseria de toda lucha por lo finito!
    El alma que se advierte sencilla y mira claramente
    la gracia pura de la luz cara a cara,
    como el botn de rosa, como la coccinela,
    esa alma es la que al fondo del infinito vuela.
    El alma que ha olvidado la admiracin, que sufre
    en la melancola agria, olorosa a azufre,
    de envidiar malamente y duramente, anida
    en un nido de topos. Es manca. Est tullida.
    Oh, miseria de toda lucha por lo finito!

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XVI

A PHOCS EL CAMPESINO


    Phocs el campesino, hijo mo, que tienes,
    en apenas escasos meses de vida, tantos
    dolores en tus ojos que esperan tantos llantos
    por el fatal pensar que revelan tus sienes...

      Tarda en venir a este dolor a donde vienes,
    a este mundo terrible en duelos y en espantos;
    duerme bajo los Angeles, suea bajo los Santos,
    que ya tendrs la Vida para que te envenenes...

      Suea, hijo mo, todava, y cuando crezcas,
    perdname el fatal don de darte la vida
    que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;

      Pues t eres la crislida de mi alma entristecida,
    y te he de ver en medio del triunfo que merezcas
    renovando el fulgor de mi psique abolida.

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XVII


    Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla,
    dijo Hugo--ambrosa ms bien oh maravilla!
    la vida se soporta,
    tan doliente y tan corta,
    solamente por eso:
    roce, mordisco o beso
    en ese pan divino
    para el cual nuestra sangre es nuestro vino!
    En ella est la lira,
    en ella est la rosa,
    en ella est la ciencia armoniosa,
    en ella se respira
    el perfume vital de toda cosa.

      Eva y Cipris concentran el misterio
    del corazn del mundo.
    Cuando el ureo Pegaso
    en la victoria matinal se lanza
    con el mgico ritmo de su paso
    hacia la vida y hacia la esperanza,
    si alza la crin y las narices hincha
    y sobre las montaas pone el casco sonoro
    y hacia la mar relincha,
    y el espacio se llena
    de un gran temblor de oro,
    es que ha visto desnuda a Anadiomena.

      Gloria, oh Potente a quien las sombras temen!
    Que las ms blancas trtolas te inmolen!
    Pues por ti la floresta est en el polen
    y el pensamiento en el sagrado semen!

      Gloria, oh, Sublime que eres la existencia
    por quien siempre hay futuros en el tero eterno!
    Tu boca sabe al fruto del rbol de la Ciencia
    y al torcer tus cabellos apagaste el infierno!

      Intil es el grito de la legin cobarde
    del inters, intil el progreso
    _yankee_, si te desdea.
    Si el progreso es de fuego, por ti arde.
    Toda lucha del hombre va a tu beso,
    por ti se combate o se suea!

      Pues en ti existe Primavera para el triste,
    labor gozosa para el fuerte,
    nctar, nfora, dulzura amable.
    Porque en ti existe
    el placer de vivir hasta la muerte--
    ante la eternidad de lo probable...!


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XVIII

UN SONETO A CERVANTES

A RICARDO CALVO


    Horas de pesadumbre y de tristeza
    paso en mi soledad. Pero Cervantes
    es buen amigo. Endulza mis instantes
    speros, y reposa mi cabeza.

      l es la vida y la naturaleza,
    regala un yelmo de oros y diamantes
    a mis sueos errantes.
    Es para m: suspira, re y reza.

      Cristiano y amoroso y caballero
    Parla como un arroyo cristalino.
    As le admiro y quiero,

      viendo cmo el destino
    hace que regocije al mundo entero
    la tristeza inmortal de ser divino!

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XIX

MADRIGAL EXALTADO

A MADEMOISELLE VILLAGRN



    Dies _ir, dies illa!_
    _Solvet seclum in favilla_
    cuando quema esa pupila!

      La tierra se vuelve loca,
    el cielo a la tierra invoca
    cuando sonre esa boca.

      Tiemblan los lirios tempranos
    y los rboles lozanos
    al contacto de esas manos.

      El bosque se encuentra estrecho
    al egipn en acecho
    cuando respira ese pecho.

      Sobre los senderos, es
    como una fiesta, despus
    que se han sentido esos pies

      y el Sol, sultn de orgullosas
    rosas, dice a sus hermosas
    cuando en primavera estn:
    Rosas, rosas, dadme rosas
    para Adela Villagrn!


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XX

MARINA


    Mar armonioso,
    mar maravilloso,
    tu salada fragancia,
    tus colores y msicas sonoras
    me dan la sensacin divina de mi infancia
    en que suaves las horas
    venan en un paso de danza reposada
    a dejarme un ensueo o regalo de hada.

      Mar armonioso,
    mar maravilloso,
    de arcadas de diamante que se rompen en vuelos
    rtmicos que denuncian algn mpetu oculto,
    espejo de mis vagas ciudades de los cielos,
    blanco y azul tumulto
    de donde brota un canto
    inextinguible,
    mar paternal, mar santo,
    mi alma siente la influencia de tu alma invisible.

      Velas de los Colones
    y velas de los Vascos,
    hostigadas por odios de ciclones
    ante la hostilidad de los peascos;
    o galeras de oro,
    velas purpreas de bajeles
    que saludaron el mugir del toro
    celeste, con Europa sobre el lomo
    que salpicaba la revuelta espuma.
    Magnfico y sonoro
    se oye en las aguas como
    un tropel de tropeles,
    tropel de los tropeles de tritones!
    Brazos salen de la onda, suenan vagas canciones,
    brillan piedras preciosas,
    mientras en las revueltas extensiones
    Venus y el Sol hacen nacer mil rosas.

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XXI

CLEOPOMPO Y HELIODEMO

A VARGAS VILA


    Cleopompo y Heliodemo, cuya filosofa
    es idntica, gustan dialogar bajo el verde
    palio del platanar. All Cleopompo muerde
    la manzana epicrea y Heliodemo fa

      al aire su confianza en la eterna armona.
    Mal haya quien las Parcas inhumano recuerde:
    Si una sonora perla de la clepsidra pierde,
    no volver a ofrecerla la mano que la enva.

      Una vaca aparece, crepuscular. Es hora
    en que el grillo en su lira hace halagos a Flora,
    y en el azul florece un diamante supremo:

      Y en la pupila enorme de la bestia apacible
    miran como que rueda en un ritmo visible
    la msica del mundo, Cleopompo y Heliodemo.

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XXII

AY, TRISTE DEL QUE UN DA...


    Ay, triste del que un da en su esfinge interior
    pone los ojos e interroga. Est perdido.
    Ay del que pide eurekas al placer o al dolor.
    Dos dioses hay, y son Ignorancia y Olvido.

      Lo que el rbol desea decir y dice al viento,
    y lo que el animal manifiesta en su instinto,
    cristalizamos en palabra y pensamiento.
    Nada ms que maneras expresan lo distinto.


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XXIII


    En el pas de las Alegoras
    Salom siempre danza,
    ante el tiarado Herodes,
    eternamente.
    Y la cabeza de Juan el Bautista,
    ante quien tiemblan los leones,
    cae al hachazo. Sangre llueve.
    Pues la rosa sexual
    al entreabrirse
    conmueve todo lo que existe,
    con su efluvio carnal
    y con su enigma espiritual.


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XXIV

AUGURIOS

A E. DAZ ROMERO


    Hoy pas un guila
    sobre mi cabeza,
    lleva en sus alas
    la tormenta,
    lleva en sus garras
    el rayo que deslumbra y aterra.
    Oh, guila!
    Dame la fortaleza
    de sentirme en el lodo humano
    con alas y fuerzas
    para resistir los embates
    de las tempestades perversas,
    y de arriba las cleras
    y de abajo las roedoras miserias.

      Pas un buho
    sobre mi frente.
    Yo pens en Minerva
    y en la noche solemne.
    Oh, buho!
    Dame tu silencio perenne,
    y tus ojos profundos en la noche
    y tu tranquilidad ante la muerte.
    Dame tu nocturno imperio
    y tu sabidura celeste,
    y tu cabeza cual la de Jano
    que siendo una, mira a Oriente y Occidente.

      Pas una paloma
    que casi roz con sus alas mis labios.
    Oh, paloma!
    Dame tu profundo encanto
    de saber arrullar, y tu lascivia
    en campo tornasol; y en campo
    de luz tu prodigioso
    ardor en el divino acto.
    (Y dame la justicia en la naturaleza,
    pues, en este caso,
    t sers la perversa
    y el chivo ser el casto.)

      Pas un gerifalte. Oh, gerifalte!
    Dame tus uas largas
    y tus giles alas cortadoras de viento
    y tus giles patas
    y tus uas que bien se unden
    en las carnes de la caza.
    Por mi cetrera
    irs en jira fantstica,
    y me traers piezas famosas
    y raras
    palpitantes ideas,
    sangrientas almas.

      Pasa el ruiseor.
    Ah, divino doctor!
    No me des nada. Tengo tu veneno,
    tu puesta de sol
    y tu noche de luna y tu lira,
    y tu lrico amor.
    (Sin embargo en secreto,
    tu amigo soy,
    pues ms de una vez me has brindado
    en la copa de mi dolor,
    con el elixir de la luna
    celestes gotas de Dios...)

      Pasa un murcilago.
    Pasa una mosca. Un moscardn.
    Una abeja en el crepsculo.
    No pasa nada.
    La muerte lleg.

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XXV

MELANCOLA

A DOMINGO BOLVAR


    Hermano, t que tienes la luz, dme la ma.
    Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
    Voy bajo tempestades y tormentas
    ciego de ensueo y loco de armona.

      Ese es mi mal. Soar. La poesa
    es la camisa frrea de mil puntas cruentas
    que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
    dejan caer las gotas de mi melancola.

      Y as voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
    a veces me parece que el camino es muy largo,
    y a veces que es muy corto...

      Y en este titubeo de aliento y agona,
    cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
    No oyes caer las gotas de mi melancola?

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XXVI

ALELUYA!

A MANUEL MACHADO


    Rosas rosadas y blancas, ramas verdes,
    corolas frescas y frescos
    ramos, Alegra!

      Nidos en los tibios rboles,
    huevos en los tibios nidos,
    dulzura, Alegra!

      El beso de esa muchacha
    rubia, y el de esa morena
    y el de esa negra, Alegra!

      Y el vientre de esa pequea
    de quince aos, y sus brazos
    armoniosos, Alegra!

      Y el aliento de la selva virgen
    y el de las vrgenes hembras,
    y las dulces rimas de la Aurora,
    Alegra, Alegra, Alegra!

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XXVII

DE OTOO


    Yo s que hay quienes dicen: Por qu no canta ahora
    con aquella locura armoniosa de antao?
    Esos no ven la obra profunda de la hora,
    la labor del minuto y el prodigio del ao.

      Yo, pobre rbol, produje, al amor de la brisa,
    cuando empec a crecer, un vago y dulce son.
    Pas ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
    Dejad al huracn mover mi corazn!


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XXVIII

A GOYA


    Poderoso visionario,
    raro ingenio temerario,
    por ti enciendo mi incensario.

      Por ti, cuya gran paleta,
    caprichosa, brusca, inquieta,
    debe amar todo poeta;
      Por tus lbregas visiones,
    tus blancas irradiaciones,
    tus negros y bermellones;

      Por tus colores dantescos,
    por tus majos pintorescos,
    y las glorias de tus frescos.

      Porque entra en tu gran tesoro
    el diestro que mata al toro,
    la nia de rizos de oro.

      Y con el bravo torero,
    el infante, el caballero,
    la mantilla y el pandero.

      Tu loca mano dibuja
    la silueta de la bruja
    que en la sombra se arrebuja.

      Y aprende una abracadabra
    del diablo patas de cabra
    que hace una mueca macabra.

      Musa soberbia y confusa,
    ngel, espectro, medusa.
    Tal aparece tu musa.

      Tu pincel asombra, hechiza,
    ya en sus claros electriza,
    ya en sus sombras sinfoniza;

      con las manolas amables,
    los reyes, los miserables,
    o los cristos lamentables.

      En tu claroscuro brilla
    la luz muerta y amarilla
    de la horrenda pesadilla,

      o hace encender tu pincel
    los rojos labios de miel
    o la sangre del clavel.

      Tienen ojos asesinos
    en sus semblantes divinos
    tus ngeles femeninos.

      Tu caprichosa alegra
    mezclaba la luz del da
    con la noche oscura y fra:

      As es de ver y admirar
    tu misteriosa y sin par
    pintura crepuscular.

      De lo que da testimonio:
    Por tus frescos, San Antonio;
    por tus brujas, el demonio.


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XXIX

CARACOL

A ANTONIO MACHADO


    En la playa he encontrado un caracol de oro
    macizo y recamado de las perlas ms finas;
    europa le ha tocado con sus manos divinas
    cuando cruz las ondas sobre el celeste toro.

      He llevado a mis labios el caracol sonoro
    y he suscitado el eco de las dianas marinas,
    le acerqu a mis odos y las azules minas
    me han contado en voz baja su secreto tesoro.

      As la sal me llega de los vientos amargos
    que en sus hinchadas velas sinti la nave Argos
    cuando amaron los astros el sueo de Jasn;

      y oigo un rumor de olas y un incgnito acento
    y un profundo oleaje y un misterioso viento...
    (el caracol la forma tiene de un corazn).

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XXX

AMO, AMAS


    Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
    el sr y con la tierra y con el cielo,
    con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:
    Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

      Y cuando la montaa de la vida
    nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
    amar la inmensidad que es de amor encendida
    y arder en la fusin de nuestros pechos mismos!


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XXXI

SONETO AUTUMNAL AL MARQUS DE BRADOMN


    Marqus, (como el Divino lo eres) te saludo.
    Es el otoo y vengo de un Versalles doliente.
    Haba mucho fro y erraba vulgar gente.
    El chorro de agua de Verlaine estaba mudo.

      Me qued pensativo ante un mrmol desnudo,
    cuando vi una paloma que pas de repente,
    y por caso de cerebracin inconsciente
    pens en ti. Toda exgesis en este caso eludo.

      Versalles otoal; una paloma; un lindo
    mrmol; un vulgo errante, municipal y espeso;
    anteriores lecturas de tus sutiles prosas;

      la reciente impresin de tus triunfos... prescindo
    de ms detalles para explicarte por eso
    como, autumnal, te envo este ramo de rosas.

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XXXII

NOCTURNO

A MARIANO DE CVIA


    Los que auscultasteis el corazn de la noche,
    los que por el insomnio tenaz habis odo
    el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
    lejano, un eco vago, un ligero ruido...

      En los instantes del silencio misterioso,
    cuando surgen de su prisin los olvidados,
    en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
    sabris leer estos versos de amargor impregnados...!

      Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
    de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
    y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores
    y el duelo de mi corazn, triste de fiestas.

      Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
    la prdida del reino que estaba para m,
    el pensar que un instante pude no haber nacido,
    y el sueo que es mi vida desde que yo nac!

      Todo esto viene en medio del silencio profundo
    en que la noche envuelve la terrena ilusin,
    y siento como un eco del corazn del mundo
    que penetra y conmueve mi propio corazn.

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XXXIII

URNA VOTIVA

RIGHT
A LAMBERTI


    Sobre el caro despojo esta urna cincelo:
    un amable frescor de inmortal siempreviva
    que decore la greca de la urna votiva
    en la copa que guarda roco del cielo;

      una alondra fugaz sorprendida en su vuelo
    cuando fuese a cantar en la rama de oliva,
    una estatua de Diana en la selva nativa
    que la Musa Armona envolviera en su velo.

      Tal si fuese escultor con amor cincelara
    en el mrmol divino que brinda Carrara,
    coronando la obra una lira, una cruz;

      y sera mi sueo, al nacer de la aurora,
    contemplar en la faz de una nia que llora,
    una lgrima llena de amor y de luz.

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    Claras horas de la maana
    en que mil clarines de oro
    dicen la divina diana!
    Salve al celeste Sol sonoro!
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XXXIV

PROGRAMA MATINAL


    Claras horas de la maana
    en que mil clarines de oro
    dicen la divina diana!
    Salve al celeste Sol sonoro.

      En la angustia de la ignorancia
    de lo porvenir, saludemos
    la barca llena de fragancia
    que tiene de marfil los remos.

      Epicreos o soadores
    amemos la gloriosa Vida,
    siempre coronados de flores
    y siempre la antorcha encendida!

      Exprimamos de los racimos
    de nuestra vida transitoria
    los placeres porque vivimos
    y los champaas de la gloria.

      Devanemos de Amor los hilos,
    hagamos, porque es bello, el bien,
    y despus durmamos tranquilos
    y por siempre jams. Amn.

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XXXV

IBIS


    Cuidadoso estoy siempre ante el Ibis de Ovidio,
    enigma humano tan ponzooso y suave
    que casi no pretende su condicin de ave
    cuando se ha conquistado sus terrores de ofidio.


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XXXVI

THANATOS


    En _medio del camino de la vida_...
    dijo Dante. Su verso se convierte:
    En medio del camino de la Muerte.

      Y no hay que aborrecer a la ignorada
    emperatriz y reina de la Nada.
    Por ella nuestra tela est tejida,
    y ella en la copa de los sueos vierte
    un contrario nepente: ella no olvida!


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XXXVII

OFRENDA


    Bandera que aprisiona
    el aliento de Abril,
          corona
    tu torre de marfil.

      Cual princesa encantada,
    eres mimada por
          un hada
    de rosado color.

      Las rosas que tu pises
    tu boca han de envidiar;
          los lises
    tu pureza estelar:

      Carrera de Atalanta
    lleva tu dicha en flor;
          y canta
    tu nombre un ruiseor.

      Y si meditabunda
    sientes pena fugaz,
          inunda
    luz celeste tu faz.

      Ronsard, lira de Galia,
    te dara un rondel,
          Italia
    te brindara al pincel,
      para que la corona
    tuvieses, celestial
          Madona,
    en un lienzo inmortal.

      Ten al laurel cario,
    hoy, cuando aspiro a que
    vaya a ornar tu corpio
    mi rimado _bouquet_.

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XXXVIII

PROPSITO PRIMAVERAL

A VARGAS VILA


    A saludar me ofrezco y a celebrar me obligo
    tu triunfo, Amor, al beso de la estacin que llega
    mientras el blanco cisne del lago azul navega
    en el mgico parque de mis triunfos testigo.

      Amor, tu hoz de oro ha segado mi trigo;
    por ti me halaga el suave son de la flauta griega
    y por ti Venus prdiga sus manzanas me entrega
    y me brinda las perlas de las mieles del higo.

      En el erecto trmino coloco una corona
    en que de rosas frescas la prpura detona;
    y en tanto canta el agua bajo el boscaje oscuro,

      junto a la adolescente que en el misterio inicio
    apurar alternando con tu dulce ejercicio
    las nforas de oro del divino Epicuro.

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    Rey de los hidalgos, seor de los tristes.
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XXXIX

LETANA DE NUESTRO SEOR DON QUIJOTE

A NAVARRO LEDESMA


    Rey de los hidalgos, seor de los tristes,
    que de fuerza alientas y de ensueos vistes,
    coronado de ureo yelmo de ilusin;
    que nadie ha podido vencer todava,
    por la adarga al brazo, toda fantasa,
    y la lanza en ristre, toda corazn.

      Noble peregrino de los peregrinos,
    que santificaste todos los caminos
    con el paso augusto de tu heroicidad,
    contra las certezas, contra las conciencias
    y contra las leyes y contra las ciencias,
    contra la mentira, contra la verdad...

      Caballero errante de los caballeros,
    barn de varones, prncipe de fieros,
    par entre los pares, maestro, salud!
    Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,
    entre los aplausos o entre los desdenes,
    y entre las coronas y los parabienes
    y las tonteras de la multitud!

      T, para quien pocas fueran las victorias
    antiguas y para quien clsicas glorias
    seran apenas de ley y razn,
    soportas elogios, memorias, discursos,
    resistes certmenes, tarjetas, concursos,
    y, teniendo a Orfeo, tienes a orfen!

      Escucha, divino Rolando del sueo,
    a un enamorado de tu Clavileo,
    y cuyo Pegaso relincha hacia ti;
    escucha los versos de estas letanas,
    hechas con las cosas de todos los das
    y con otras que en lo misterioso vi.

      Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
    con el alma a tientas, con la fe perdida,
    llenos de congojas y faltos de sol,
    por advenedizas almas de manga ancha,
    que ridiculizan el ser de la Mancha,
    el ser generoso y el ser espaol!

      Ruega por nosotros, que necesitamos
    las mgicas rosas, los sublimes ramos
    de laurel! _Pro nobis ora_, gran seor.
    (Tiembla la floresta de laurel del mundo,
    y antes que tu hermano vago, Segismundo,
    el plido Hamlet te ofrece una flor.)

      Ruega generoso, piadoso, orgulloso;
    ruega casto, puro, celeste, animoso;
    por ns intercede, suplica por ns,
    pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
    sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
    sin pies y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

      De tantas tristezas, de dolores tantos,
    de los superhombres de Nietzsche, de cantos
    fonos, recetas que firma un doctor,
    de las epidemias, de horribles blasfemias
    de las Academias,
    lbranos, seor.

      De rudos malsines,
    falsos paladines,
    y espritus finos y blandos y ruines,
    del hampa que sacia
    su canallocracia
    con burlar la gloria, la vida, el honor,
    del pual con gracia,
    lbranos, seor!

      Noble peregrino de los peregrinos,
    que santificaste todos los caminos
    con el paso augusto de tu heroicidad,
    contra las certezas, contra las conciencias
    y contra las leyes y contra las ciencias,
    contra la mentira, contra la verdad...

      Ora por nosotros, seor de los tristes,
    que de fuerza alientas y de ensueos vistes,
    coronado de ureo yelmo de ilusin;
    que nadie ha podido vencer todava,
    por la adarga al brazo, toda fantasa,
    y la lanza en ristre, toda corazn!

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XL

ALL LEJOS


    Buey que vi en mi niez echando vaho un da
    bajo el nicaragense sol de encendidos oros,
    en la hacienda fecunda, plena de la armona
    del trpico; paloma de los bosques sonoros
    del viento, de las hachas, de pjaros y toros
    salvajes, yo os saludo, pues sois la vida ma.

      Pesado buey, t evocas la dulce madrugada
    que llamaba a la ordea de la vaca lechera,
    cuando era mi existencia toda blanca y rosada,
    y t, paloma arrulladora y montaera,
    significas en mi primavera pasada
    todo lo que hay en la divina Primavera.

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XLI

LO FATAL

A REN PREZ


    Dichoso el rbol que es apenas sensitivo,
    y ms la piedra dura porque esa ya no siente,
    pues no hay dolor ms grande que el dolor de ser vivo,
    ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

      Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
    y el temor de haber sido y un futuro terror...
    Y el espanto seguro de estar maana muerto,
    y sufrir por la vida y por la sombra y por

      lo que no conocemos y apenas sospechamos,
    y la carne que tienta con sus frescos racimos,
    y la tumba que aguarda con sus fnebres ramos,
    y no saber a dnde vamos,
    ni de dnde venimos....

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NDICE


CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

                                              _Pginas._

PREFACIO                                             7

   I.--Yo soy aquel que ayer no ms deca           19

  II.--Salutacin del optimista                     27

 III.--Al rey Oscar                                 31

  IV.--Los tres reyes magos                         35

   V.--Cyrano en Espaa                             39

  VI.--Salutacin a Leonardo                        43

 VII.--Pegaso                                       49

VIII.--A Roosevelt                                  51

  IX.--Torres de Dios! Poetas!                      55

   X.--Canto de esperanza                           57

  XI.--Mientras tenis, oh negros corazones         61

 XII.--Helios                                       63

XIII.--Spes                                         69

 XIV.--Marcha triunfal                              73




LOS CISNES


I.--Qu signo haces, oh cisne, con tu encorvado
cuello                                              81

II.--En la muerte de Rafael Nez                   85

III.--Por un momento, oh cisne, juntar mis
anhelos                                             87

IV.--Antes de todo, gloria a ti, Leda!              91


OTROS POEMAS

I.--Retratos                                        99

II.--Por el influjo de la Primavera                103

III.--La dulzura del ngelus                       109

IV.--Tarde del trpico                             111

V.--Nocturno                                       113

VI.--Cancin de otoo en primavera                 117

VII.--Trbol                                       121

VIII.--Charitas                                  125

IX.--No obstante                                   129

X.--Lbranos Seor                                 133

XI.--Filosofa                                     137

XII.--Leda                                         139

XIII.--Divina Psiquis, dulce mariposa invisible    141

XIV.--El soneto de trece versos                    145

XV.--Oh, miseria de toda lucha por lo finito!      147

XVI.--A Phocs el campesino                        149

XVII.--Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla   151

XVIII.--Un soneto a Cervantes                      155

XIX.--Madrigal exaltado                            157

XX.--Marina                                        159

XXI.--Cleopompo y Heliodemo                        163

XXII.--Ay, triste del que un da                   165

XXIII.--En el pas de las Alegoras                167

XXIV.--Augurios                                    169

XXV.--Melancola                                   173

XXVI.--Aleluya!                                    175

XXVII.--De otoo                                   177

XXVIII.--A Goya                                    179

XXIX.--Caracol                                     183

XXX.--Amo, amas                                    185

XXXI.--Soneto autumnal al marqus de Bradomn      187

XXXII.--Nocturno                                   191

XXXIII.--Urna votiva                               193

XXXIV.--Programa matinal                           197

XXXV.--Ibis                                        199

XXXVI.--Thanatos                                   201

XXXVII.--Ofrenda                                   203

XXXVIII.--Propsito primaveral                     207

XXXIX.--Letana de nuestro seor Don Quijote       211

XL.--All lejos                                    217

XLI.--Lo fatal                                     219

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                                ACABSE
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                           TIPOGRAFA YAGES
                              EL DA XXXI
                               DE ENERO
                                DEL AO
                               MCMXVIII]







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y otros poemas, by Rubn Daro

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paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
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or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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individual work is in the public domain in the United States and you are
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are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
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the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
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Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
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whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
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with this eBook or online at www.gutenberg.org/license

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with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
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forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
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Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

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LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
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that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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