Project Gutenberg's Dramas de Guillermo Shakspeare, by William Shakespeare

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Title: Dramas de Guillermo Shakspeare
       Julio Csar; Como gusteis; Comedia de equivocaciones; Las
       alegres comadres de Windsor

Author: William Shakespeare

Translator: Jos Arnaldo Mrquez

Release Date: June 6, 2019 [EBook #59686]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS DE GUILLERMO SHAKSPEARE ***




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                              SHAKSPEARE.

                             ES PROPIEDAD.




                                DRAMAS

                                  DE

                         GUILLERMO SHAKSPEARE

                             JULIO CSAR.

               COMO GUSTEIS.--COMEDIA DE EQUIVOCACIONES.
                   LAS ALEGRES COMADRES DE WINDSOR.

                             TRADUCCIN DE

                         JOS ARNALDO MRQUEZ

             _Dibujos y grabados al boj de los principales
                          artistas alemanes._

                              _BARCELONA_
                      BIBLIOTECA ARTE Y LETRAS
                 E. DOMENECH Y C.--_Ausias March, 95_
                                 1883

                            [Illustration]

                    IMPRENTA DE F. GIR, BARCELONA




                             JULIO CSAR.

                             TRADUCCIN DE

                         JOS ARNALDO MRQUEZ.

                      Ilustracin de _A. Wagner_.
                  Grabados de _Kseberg_ y _Knesing_.




PERSONAJES.


JULIO CSAR.
OCTAVIO CSAR,   }
MARCO ANTONIO,   } Triunviros despus de la muerte de Julio
M. E. LPIDO,    }   Csar.
CICERN,       }
PUBLIO,        } Senadores.
POPILIO LENA,  }
MARCO BRUTO,     }
CASIO,           }
CASCA,           }
TREBONIO,        }
LIGARIO,         } Conspiradores contra Csar.
DECIO BRUTO,     }
METELIO CIMBER,  }
CINNA,           }
FLAVIO y MARULO, tribunos.
ARTEMIDOR, sofista de Gnidos.
UN ADIVINO.
CINNA, poeta.--Otro poeta.
LUCILIO, TICINIO, MESSALA, CATN el joven y VOLUMNIO,
amigos de Bruto y Casio.--VARRO, CLITO, CLAUDIO, STRATO,
LUCIO, DARDANIO, criados de Bruto.
CALFURNIA, esposa de Csar.
PORCIA, esposa de Bruto.

       *       *       *       *       *

SENADORES, CIUDADANOS, GUARDIAS, ETC.

       *       *       *       *       *

     ESCENA.--Durante gran parte de la representacin, en Roma.--Despus
     en Sardis y cerca de Filipo.




[Illustration]




ACTO I.

Una calle de Roma.

Entran FLAVIO, MARULO y una turba de CIUDADANOS.


FLAVIO.

Fuera!  vuestras casas, holgazanes, marchad  vuestras casas! Acaso es
hoy da de fiesta? Qu! Sois trabajadores, y no sabis que en da de
trabajo no debis andar sin la divisa de vuestra profesin?--Habla!
Cul es tu oficio?

CIUDADANO 1.-- la verdad, seor, soy carpintero.

MARULO.--Dnde est tu delantal de cuero y tu escuadra? Qu haces
luciendo tu mejor vestido?--Y usarc, seor mo, de qu oficio es?

CIUDADANO 2.--En verdad, seor, que comparado con un obrero de lo
mejor, no soy mas, como dirais, que un remendn.

MARULO.--Pero cul es tu oficio? Responde sin rodeos.

CIUDADANO 2.--Un oficio, seor, que espero podr ejercer con toda
conciencia; y es, en verdad, seor, el de remendar malas suelas.

MARULO.--Qu oficio tienes, bellaco? Avieso bellaco qu oficio?

CIUDADANO 2.--No os enojis conmigo, seor, os lo suplico. Pero aun
enojado, os puedo remendar.

MARULO.--Qu significa eso? Remendarme t, mozo impudente!

CIUDADANO 2.--Es claro, seor; remendar vuestro coturno.

FLAVIO.--Es decir que eres zapatero de viejo?

CIUDADANO 2.--En verdad, seor, yo no vivo sino por la lesna. Ni me
entremeto en los asuntos de los negociantes, ni en los de las mujeres,
sino con la lesna. Soy en todas veras un cirujano de los calzados
viejos. Cuando estn en gran peligro los restauro; y la obra de mis
manos ha servido  hombres tan correctos, como los que en cualquier
tiempo caminaron en el cuero ms lujoso.

FLAVIO.--Pues por qu no ests hoy en tu taller? Por qu llevas 
estos hombres  vagar por las calles?

CIUDADANO 2.-- decir verdad, seor, para que gasten los zapatos y
tener yo as ms trabajo. Pero ciertamente, si holgamos hoy, es por ver
 Csar y alegrarnos de su triunfo.

MARULO.--Regocijarse! de qu? Qu conquista trae  la patria? Qu
tributarios le siguen  Roma, engalanando con los lazos de su cautiverio
las ruedas de su carro? Vosotros, imbciles, piedras, menos que cosas
inertes, corazones endurecidos, crueles hombres de Roma, no conocisteis
 Pompeyo? Cuntas y cuntas veces habis escalado muros y parapetos,
torres y ventanas, y hasta el tope de las chimeneas, llevando en brazos
 vuestros pequeuelos, y os habis sentado all todo el largo da en
paciente expectacin para ver al gran Pompeyo pasar por las calles de
Roma! Y apenas veais asomar su carro no lanzabais una aclamacin
universal que haca temblar al Tber en su lecho al oir en sus cncavas
mrgenes el eco de vuestro clamoreo? Y ahora os engalanis con vuestros
mejores trajes? Y ahora os regalis con un da de fiesta? Y ahora
regis de flores el camino de aquel que viene en triunfo sobre la sangre
de Pompeyo?

Marchaos: corred  vuestros hogares, caed de rodillas y rogad  los
dioses que suspendan la calamidad que por fuerza ha de caer sobre esta
ingratitud!

FLAVIO.--Id, id, buenas gentes, y por esta falta reunid  todos los
infelices de vuestra clase; llevadlos  orillas del Tber y verted
vuestras lgrimas en su cauce, hasta que su ms humilde corriente llegue
 besar la ms encumbrada de sus mrgenes. (_Salen los ciudadanos._)
Mirad si no se conmueve su ms vil instinto. Su culpa les ata la lengua,
y se ahuyentan. Bajad por aquella va al Capitolio; yo ir por esta.
Desnudad las imgenes si las encontris recargadas de ceremonias.

MARULO.--Podremos hacerlo? Sabis que es la fiesta Lupercalia.

FLAVIO.--No importa. No dejis que imagen alguna sea colgada con los
trofeos de Csar. Ir de aqu para all, y alejar de las calles al
vulgo. Haced lo mismo donde quiera que lo veis aglomerarse. Estas
plumas crecientes, arrancadas  las alas de Csar, no le dejarn alzar
ms que un vuelo ordinario. Quin otro se podra cerner sobre la vista
de los hombres, y tenernos  todos en servil sobrecogimiento? (_Salen._)


ESCENA II.

Plaza pblica en Roma.

     Entran en procesin, con msica, CSAR, ANTONIO, para las carreras,
     CALFURNIA, PORCIA, DECIO, CICERN, BRUTO, CASIO y CASCA. Sguelos
     una gran muchedumbre en la cual est un ADIVINO.

CSAR.--Calfurnia.

CASIO.--Silencio! Csar habla.

CSAR.--Calfurnia.

CALFURNIA.--Heme aqu, mi seor.

CSAR.--Cuando Antonio emprenda la carrera, te colocars directamente en
su camino. Antonio!

ANTONIO.--Csar, mi seor.

CSAR.--No olvides, Antonio, en la rapidez de tu carrera, el tocar 
Calfurnia; porque al decir de nuestros mayores, las estriles tocadas en
esta santa carrera, se libertan de la maldicin de su esterilidad.

ANTONIO.--Tengo de recordarlo. Cuando Csar dice _Haz esto_, se hace.

ADIVINO.--Csar.

CSAR.--Ea! Quin llama?

CASCA.--Que cese todo ruido! otra vez, silencio!

CSAR.--Quin de entre la multitud me ha llamado? Oigo una voz ms
vibrante que toda la msica, clamar _Csar_. Habla. Csar se detiene 
oirte.

ADIVINO.--Cuidado con los idus de Marzo!

CSAR.--Quin es este hombre?

BRUTO.--Un agorero os previene que desconfiis de los idus de Marzo.

CSAR.--Traedle  mi presencia. Quiero ver su rostro.

CASIO.--Mozo, sal de la turba y mira  Csar.

CSAR.--Qu me dices ahora? Habla de nuevo.

ADIVINO.--Cuidado con los idus de Marzo.

CSAR.--Es un soador. Dejmoslo. Abrid paso.

(_Salen todos, menos Bruto y Casio._)

CASIO.--Iris  ver el orden de las carreras?

BRUTO.--Yo? No.

CASIO.--Id. Os lo ruego.

BRUTO.--No soy aficionado  juegos. Me falta algo de ese vivaz espritu
que hay en Antonio. Pero no sea yo estorbo  vuestros deseos: me
alejar.

CASIO.--De poco tiempo ac pongo empeo en observaros, Bruto. No
encuentro en vuestros ojos aquella suavidad, aquella afectuosa
expresin con que yo deba contar. Os mostris demasiado rgido y
extrao para con este amigo que os ama.

BRUTO.--Casio, no os engais. Si mi aspecto se ha hecho sombro, su
turbacin slo se refiere  m mismo. Desde hace poco estoy atormentado
por pasiones un tanto desacordes; concepciones que no conciernen sino 
m propio, y que tal vez dan algn campo  mi proceder. No por esto se
aflijan mis buenos amigos (de cuyo nmero sed uno, Casio), ni dn  mi
negligencia otra interpretacin que la de estar el pobre Bruto en lucha
consigo mismo, olvidando as el dar muestras de afecto  los dems
hombres.

CASIO.--Pues, Bruto, he equivocado mucho vuestra pasin; y por esto
haba yo atesorado en este mi pecho, aspiraciones de alto valor, dignas
de ser meditadas. Decidme, buen Bruto, podis mirar vuestro rostro?

BRUTO.--No, Casio, porque el ojo no se ve  s propio sino por reflejo,
por algunos otros objetos.

CASIO.--Es exacto. Y deplrase mucho que no tengis, Bruto, espejos que
os pongan  la vista vuestra oculta vala, para que podis mirar vuestra
sombra. All donde se respetan en Roma  muchos de los mejores (excepto
el inmortal Csar), he odo hablar de Bruto, y gimiendo bajo el yugo de
esta poca, anhelar porque el noble Bruto abriera los ojos.

BRUTO.-- qu peligros querrais arrastrarme, Casio, hacindome buscar
en m mismo lo que no existe en m?

CASIO.--Por tanto, buen Bruto, preparaos  oir: Y pues conocis que no
podrais miraros de mejor modo que por reflejo, yo, espejo vuestro, os
revelar modestamente aquella parte de vos mismo que no conocis an. Ni
tengis recelo de m, gentil Bruto. Si fuera yo un atolondrado vulgar; 
acostumbrara repetir con manoseados juramentos mi afecto  cada nuevo
pretendiente;  si supirais que voy en pos de los hombres, los abrazo
estrechamente, y lugo los hago blanco del escndalo;  que de banquete
en banquete me prodigo en adhesiones  todos los vencidos, entonces
podrais tenerme por peligroso. (_Preludios y aclamaciones._)

BRUTO.--Qu significan estas aclamaciones? Temo que el pueblo elija 
Csar por su rey.

CASIO.--En verdad temis eso? Luego debo pensar que no lo deseis as.

BRUTO.--No lo quisiera, Casio. Y, sin embargo, le amo bastante. Pero, 
qu me detenis aqu tanto tiempo? Qu es lo que deseis comunicarme?
Si es para el bien general, aunque pusirais en un ojo los honores y en
el otro la muerte, sera tan indiferente  los unos como  la otra.
Porque, as me amparen los dioses, como es verdad que amo el nombre del
honor ms que temo la muerte.

CASIO.--Conozco en vos esa virtud interna, Bruto, como conozco vuestra
fisonoma exterior. Pues bien: el honor es el tema de mi relato. No
sabra decir lo que vos y otros pensis de esta vida; pero por lo que 
m toca,  m solo, preferira no vivir  vivir en el terror de aquello
que es igual  m. Nac libre, como Csar; y as nacsteis tambin.
Ambos hemos sido igualmente bien alimentados, y podemos resistir tan
bien como l los rigores del invierno. En cierta ocasin, en un da
desapacible y borrascoso, cuando el Tber agitado rompa contra sus
mrgenes, me dijo Csar: Te atreveras, Casio,  arrojarte ahora
conmigo en estas aguas furiosas, y nadar hasta aquel punto all arriba?
Apenas lo hubo dicho cuando, equipado como me hallaba, me arroj al agua
y le invit  seguirme, lo cual ciertamente hizo. Ruga el torrente, y
luchamos contra l hendindole con vigoroso esfuerzo y avanzando con
corazones inflamados por la emulacin; pero antes de llegar al trmino,
clam Csar: Auxliame, Casio,  me sumerjo. Yo, como nuestro grande
antepasado Eneas, que llev sobre sus hombros al viejo Anquises para
salvarlo de las llamas de Troya, llev al fatigado Csar salvndolo de
las aguas del Tber. Y este hombre ha llegado ahora  ser un dios! Y
Casio es un miserable que se ha de encorvar humildemente si Csar se
digna enviarle siquiera un negligente saludo! En Iberia tuvo una fiebre,
y observ cmo temblaba durante el acceso. Sus cobardes labios
palidecieron, y esos mismos ojos cuyo ceo intimida hoy al mundo,
perdieron su brillo. Le oa gemir, s; y esa su lengua que invit  los
romanos  distinguirlo y escribir en los libros sus discursos, oh
mengua! clamaba como una nia enferma: Dame algo que beber, Ticinio!
Por los dioses! que me confunde el ver  hombre de tan cuitado carcter
ir  la cabeza del majestuoso mundo, y llevar la palma l solo.
(_Aclamacin._)

BRUTO.--Otra aclamacin general! Creo que estos aplausos son por
algunos nuevos honores prodigados  Csar.

CASIO.--Pero, hombre! l se pasea por el estrecho mundo, como un
coloso. Y nosotros, turba mezquina, caminamos bajo sus piernas de
gigante, y atisbamos por todos lados para ver de encontrar para nosotros
una tumba sin honra. Alguna vez los hombres son dueos de sus destinos.
La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros
mismos, si consentimos en ser inferiores. Bruto y Csar. Qu habra en
ese Csar? Por qu habra de ser ese nombre ms ruidoso que el vuestro?
Escribidlos juntos: tampoco es menos vuestro nombre, no es menos
simtrico. Pronunciadlos: fcil  la boca. Pesadlos: no pesa menos.
Conjurad con ellos: Bruto conmover un espritu tan pronto como Csar. Y
ahora, por todos los dioses juntos, de qu vianda se alimenta este
nuestro Csar para haber llegado  ser tan grande? Vergenza para
nuestra poca! Has perdido oh Roma! la prole de las sangres nobles!
Cundo pas edad alguna desde el gran diluvio sin que fuese famosa por
ms de un hombre? Cundo pudieron decir antes de ahora los que de Roma
hablaban, que sus vastos muros no contenan sino un hombre? Y existe
ahora en verdad Roma y sobra espacio cuando no hay en ella ms que un
solo hombre. Oh! Vos y yo hemos odo decir  nuestros padres que
existi una vez un Bruto que habra sobrellevado en paciencia al mismo
eterno demonio, para mantener su rango en Roma, con tanta facilidad como
un rey.

BRUTO.--De vuestro afecto no abrigo inquietud. De lo que me inducirais
 hacer, no me falta alguna aspiracin. Ms tarde os dir cmo he
pensado en ello y en las cosas de estos tiempos; mas no deseo hacerlo
por ahora. Os ruego afectuosamente que no queris hacerme ir ms lejos.
Prestar atencin  lo que habis dicho; escuchar con paciencia lo que
tenis que decir, y hallar momento oportuno para oir y responder acerca
de tan altos propsitos. Hasta entonces, noble amigo mo, meditad en
esto: Bruto preferira ser un aldeano  reputarse hijo de Roma en las
duras condiciones que estos tiempos parecen imponernos. (_Vuelven 
entrar Csar y su squito._) Han terminado los juegos y Csar est de
vuelta.

CASIO.--Cuando pase el cortejo, tirad  Casca por la manga, y l os dir
con su brusca manera cunto hoy ha ocurrido digno de nota.

BRUTO.--As lo har; pero, Casio, mira. La clera centellea en el ceo
de Csar, y los dems parecen un squito consternado. Las mejillas de
Calfurnia han palidecido; y Cicern deja ver en sus ojos el mismo fuego
intenso que les hemos visto en el Capitolio cuando le contrariaban
algunos senadores.

CASIO.--Casca nos dir lo que acontece.

CSAR.--Antonio?

ANTONIO.--Csar.

CSAR.--Rodame de hombres gordos; hombres de poca cabeza, que duermen
bien toda la noche. All est Casio con su aspecto esculido y
hambriento.--Piensa demasiado. Hombres as son peligrosos.

ANTONIO.--No le temis, Csar. No es peligroso. Es un noble romano, y de
muy buena pasta.

CSAR.--Le querra ms gordo; pero no le temo. Mas si cupiera temor en
quien se llama Csar, no s de hombre alguno  quien evitara ms pronto
que  ese esculido Casio. Lee mucho, es gran observador, y penetra
perfectamente las acciones de los hombres. No es amigo de juegos como
t, Antonio, ni oye msica. Rara vez sonre, y si sonre es de tal modo
que parece burlarse de s mismo y desdear su espritu por haber sido
capaz de sonreir  cosa alguna. Tales hombres jams pueden estar
tranquilos  la vista de alguno ms grande que ellos, y por eso son muy
peligrosos. Prefiero decirte lo que es de temer, no lo que yo tema;
porque siempre soy Csar. Ven  mi derecha, pues no puedo oir por esta
oreja, y dime verazmente lo que piensas de l. (_Salen Csar y su
squito. Casca se queda atrs._)

CASCA.--Me habis tirado por la manga. Querrais hablar conmigo?

BRUTO.--S, Casca. Decidnos qu ha sucedido hoy para que Csar parezca
tan melanclico.

CASCA.--Pues no estabais con l? Yo as lo crea.

BRUTO.--Entonces no preguntara  Casca lo que ha sucedido.

CASCA.--Pues sucedi que le ofrecieron una corona y al serle ofrecida la
apart con el revs de la mano, as. Y entonces el pueblo se puso 
aclamarlo.

BRUTO.--Y el segundo bullicio de qu provino?

CASCA.--De lo mismo.

BRUTO.--Tres veces aclamaron. Por qu la ltima vez?

CASCA.--Pues, por lo mismo.

BRUTO.--Tres veces le fu ofrecida la corona?

CASCA.--Tres veces,  fe ma, y tres veces la apart--cada vez ms
suavemente que la anterior--y en cada vez mis honrados vecinos
vociferaron.

CASIO.--Quin le ofreci la corona?

CASCA.--Antonio, por cierto.

BRUTO.--Decidnos de qu manera, amable Casca.

CASCA.--Que me ahorquen si puedo decir el cmo se hizo. No fu mas que
una tontera y apenas me fij en ello. V  Marco Antonio ofrecerle una
corona--no, no era tampoco una corona; era una especie de coronilla--y,
como os he dicho, la apart una vez; pero  pesar de todo, tengo para
mis adentros que ms le habra gustado tenerla. Se la ofreci lugo por
segunda vez, y volvi  apartarla; mas,  lo que barrunto, se le hizo
muy pesado retirar de ella los dedos. Y en seguida se la ofreci por
tercera vez, y por tercera vez la puso aparte. Al verle rehusar todava,
la turba vitore y bati palmas y arroj por alto sus mugrientos gorros,
y exhal tal volumen de pestfero aliento porque Csar haba rehusado la
corona, que casi asfixi  Csar: pues se desmay y cay en el acto. Por
mi parte no me atrev  reirme, de miedo de aspirar aquel aire al abrir
los labios.

BRUTO.--Hablad con calma, os lo ruego. Qu! Se desmay Csar?

CASCA.--Cay en la plaza del mercado, arrojando espuma por la boca, y
perdi el habla.

BRUTO.--Es muy verosmil. Padece de vrtigos.

CASIO.--No. Csar no padece de vrtigos. Somos vos y yo, y el honrado
Casca quienes sufrimos vrtigos.

[Illustration: _Marco Antonio ofreciendo  Csar la corona._]

CASCA.--No s lo que queris decir en ello; pero estoy seguro de que
Csar cay. Y si no es verdad que el populacho palmote y lo silb,
segn que l le agradaba  le desagradaba, como suele hacerlo con los
actores en el teatro, decid que no soy hombre de bien.

BRUTO.--Qu dijo cuando volvi en s?

CASCA.--Antes de caer, cuando vi aquel rebao de populacho alegrarse de
que rehusaba la corona, me pidi abrir su gola, y les ofreci el cuello
para que lo cortasen. Y  fe ma si yo hubiera sido uno de ellos, le
habra tomado la palabra, aunque hubiese tenido que ir al infierno entre
los bribones; y as cay. Cuando volvi en s dijo que si haba hecho 
dicho cosa fuera de camino, deseaba que sus seoras lo atribuyesen  su
enfermedad. Tres o cuatro perdidos, exclamaron: Ay! qu alma tan
buena! y lo perdonaron de todo corazn; pero de estos no se puede hacer
caso. No habran dicho menos si Csar hubiese acuchillado  sus madres.

BRUTO.--Y despus de esto se alej as, lleno de tristeza?

CASCA.--S.

CASIO.--Dijo algo Cicern?

CASCA.--S. Habl en griego.

CASIO.--Con qu objeto?

CASCA.--Pues si yo os lo dijera, nunca volvera  veros la cara. Pero
los que le entendan se sonrean uno al otro y meneaban la cabeza. En
cuanto  m... aquello estaba en griego. Tambin puedo daros ms nuevas.
Marulo y Flavio han sido reducidos  silencio por haber arrancado
adornos de las imgenes de Csar. Adios. Ms tonteras hubo, pero no
podra acordarme de todas.

CASIO.--Queris cenar conmigo esta noche, Casca?

CASCA.--No. Ya he dado palabra  otro.

CASIO.--Queris comer conmigo maana?

CASCA.--S, si estoy vivo, si no cambiis de idea, y si la comida vale
la pena.

CASIO.--Bueno. Os aguardar.

CASCA.--Enhorabuena. Adios, amigos, uno y otro. (_Sale._)

BRUTO.--Qu impetuoso carcter ha llegado  ser! Ya era harto impulsivo
cuando entr  la escuela.

CASIO.--Y lo mismo es ahora para ejecutar cualquiera audaz  noble
empresa, aun cuando reviste esa forma embarazosa. Su rudeza sirve para
sazonar su buen sentido, y hace que las gentes saboreen ms sus palabras
y las digieran mejor.

BRUTO.--As es en verdad. Por ahora os dejo. Si os place hablar conmigo
maana, ir  vuestra casa. Si prefers venir  la ma, os aguardar.

CASIO.--Har esto ltimo. Y hasta entonces, reflexionad sobre el mundo.
(_Sale Bruto._)

Bien, Bruto, eres noble, y, sin embargo, veo que, dispuesto como est tu
noble metal, se le puede elaborar. Y por esto conviene que las almas
nobles estn siempre asociadas  sus semejantes; porque quin hay tan
firme que no pueda ser seducido? Csar apenas me tolera, pero ama 
Bruto. Si yo fuese ahora Bruto y Bruto fuese Casio, Csar no me
soportara. Por diferentes manos har arrojar esta noche por sus
ventanas, escritos, como provenientes de varios ciudadanos, mostrando la
alta opinin que Roma tiene de su nombre; y en ellos se insinuar con
disimulo la ambicin de Csar. Despus de esto, ya puede Csar ver de
asentarse firmemente, porque le derribaremos,  habremos de sufrir das
peores. (_Sale._)


ESCENA III.

Calle de Roma.

     (Truenos y rayos. Entran por lados opuestos CASCA con la espada
     desnuda, y CICERN.)

CICERN.--Buenas tardes, Casca. Habis llevado  Csar  casa? Por qu
estis sin aliento, y por qu miris tan azorado?

[Illustration]

CASCA.--No os conmueve el ver que todo el cimiento de la tierra se
estremece como una cosa insegura? Oh, Cicern! He visto tempestades en
que los vientos enfurecidos hendan los nudosos robles. He visto
henchirse el ambicioso Ocano, embravecerse y cubrirse de espumas por
levantarse hasta las nubes amenazantes. Pero nunca hasta ahora he pasado
por una tempestad que destile fuego.  hay en el cielo una guerra
intestina,  el mundo demasiado malo para con los dioses, los provoca 
enviar la destruccin.

CICERN.--Pues qu! Habis visto algo an ms asombroso?

CASCA.--Un esclavo ordinario (le conocis bien de vista) alz la mano
izquierda que brot llamas y ardi como veinte teas juntas. Y, sin
embargo, esa mano, insensible al fuego, permaneci ilesa. Adems (y
desde ese instante no he vuelto  envainar mi espada), me encontr junto
al capitolio con un len que me mir fijamente y se alej encolerizado,
sin molestarme. Y sobre un montculo haba agrupadas cien mujeres,
plidas, demudadas por el espanto, que juraban haber visto hombres
enteramente envueltos en llamas, que paseaban las calles arriba y abajo.
Y ayer el ave nocturna se pos aun en mitad del da sobre la plaza del
mercado gritando y chillando. Cuando tales prodigios coinciden de tal
modo, nadie diga: Son cosas naturales--sus razones son estas; porque
creo que son portentos llenos de pronsticos para los lugares donde
aparecen.

CICERN.--Ciertamente, este es un tiempo asaz extrao. Pero los hombres
pueden interpretar las cosas  su modo, sin que entre en ello para nada
el fin  que las cosas mismas se encaminan.--Vendr Csar maana al
Capitolio?

CASCA.--Vendr porque requiri  Antonio para avisarnos que estara all
maana.

CICERN.--Buenas noches, pues, Casca. Este cielo perturbado no est como
para paseo.

CASCA.--Adios, Cicern. (_Sale Cicern._)

(_Entra Casio._)

CASIO.--Quin est ah?

CASCA.--Un romano.

CASIO.--Por la voz, sois Casca.

CASCA.--Tenis buen odo, Casio: qu noche es esta?

CASIO.--Una noche muy grata  los hombres de bien.

CASCA.--Quin vi jams el cielo amenazar as?

CASIO.--Los que han conocido cun llena de delitos est la tierra. En
cuanto  m, he recorrido las calles, arrostrando esta noche de
peligros; y desceido como me vis, he desnudado mi pecho al granizo de
la tormenta; y cuando el azulado oblicuo rayo pareca abrir el seno del
cielo, yo me present en su propia senda y bajo su mismo estallido.

CASCA.--Pero para qu provocasteis tanto  los cielos? Toca  los
hombres temer y temblar, cuando los ms poderosos dioses envan como
seales heraldos tan terribles para despertar nuestra admiracin.

CASIO.--Casca, no sois despierto. Os faltan esos destellos de vida que
todo romano debera tener,  al menos no os servs de ellos.--Estis
plido, azorado, lleno de temor y de asombro al ver la extraa
impaciencia de los cielos. Pero si consideraseis la verdadera causa de
estos fuegos, de estos espectros que se deslizan; el por qu los
decrpitos, los idiotas y los nios calculan; y las aves y bestias de
diversa clase y calidad, y mil otras cosas cambian su naturaleza y sus
innatas facultades por una condicin monstruosa; entonces hallarais que
el cielo les ha infundado esta disposicin para que sean instrumentos de
temor y alarma para algn monstruoso estado de cosas. Ahora podra yo,
Casca, nombraros  un hombre por dems parecido  esta terrible noche;
hombre que truena, lanza rayos, abre sepulcros y ruje como el len del
Capitolio; un hombre que en accin personal no es ms poderoso que vos 
yo; pero que ha crecido prodigiosamente y es temible como lo son estas
extraas erupciones.

CASCA.--Aluds  Csar, no es as, Casio?

CASIO.--Sea  quin fuere; porque ahora los romanos tienen miembros y
fuerza como sus antepasados; pero mientras tanto oh desventura! el
espritu de nuestros padres est muerto, y slo nos anima el de
nuestras madres; pues nuestro yugo y sumisin muestran que somos
afeminados.

CASCA.--En verdad, se dice que los senadores se proponen entronizar
maana  Csar, como rey; y que llevar su corona por mar y tierra en
todas partes excepto aqu en Italia.

CASIO.--Entonces, ya s dnde he de usar este pual. Casio libertar de
la esclavitud  Casio. Por ello oh dioses! tornis  los dbiles en los
ms fuertes; y por ello oh dioses! vencis  los tiranos. Ni las torres
de piedra, ni los muros de bronce forjado, ni la prisin subterrnea, ni
los fuertes anillos de hierro, pueden reprimir las fuerzas del alma;
porque la vida cansada de estas barreras del mundo, jams pierde el
poder de libertarse  s misma. Y pues s esto, sepa adems todo el
mundo, que de la parte de tirana que sufro me puedo sustraer cuando
quiera.

CASCA.--Tambin lo puedo yo. Cada siervo lleva en su propia mano el
poder de acabar su servidumbre.

CASIO.--Y entonces, por qu habra de ser un tirano Csar? Pobre
hombre! Bien s que no querra ser l un lobo si no viera que los
romanos son ovejas; ni sera len si no fueran los romanos ciervos. Los
que quieren encender un gran fuego, principian por algunas dbiles
pajas. Qu hez es Roma, qu deshecho, qu escombro, cuando sirve de
materia y base para iluminar una cosa tan vil como Csar? Mas oh dolor!
adnde me has llevado? Tal vez hablo esto ante un cautivo voluntario, y
entonces ya s cul tiene que ser mi respuesta; pero estoy armado y no
me importan los peligros.

CASCA.--Hablis  Casca,  un hombre que no es un decidor de
chascarrillos. Tomad mi mano. Alzad el grito porque se remedien todos
estos males, y no habr quien d un paso mas adelante que yo.

CASIO.--Pues queda convenido. Sabed ahora, Casca, que he movido 
ciertos de los ms dignos y generosos romanos  acometer conmigo una
importante empresa llena de honroso peligro. Y s que ahora me aguardan
en el Prtico de Pompeyo, porque en tan terrible noche como esta no hay
movimiento ni paseo en las calles; y nos favorece que la condicin de
los elementos sea, como la obra que tenemos en mano, la ms sangrienta,
fiera y terrible. (_Entra Cinna._)

CASCA.--Quedad oculto un momento.--Alguno viene aprisa.

CASIO.--Es Cinna. Le conozco por los pasos. Es amigo. Cinna, dnde tan
 prisa?

CINNA.--En busca vuestra. Quin es ese? Metelio Cimber?

CASIO.--No. Es Casca: un afiliado  nuestro intento. Me aguardan,
Cinna?

CINNA.--Me alegro de ello. Qu terrible noche! Dos  tres de nosotros
hemos visto extraas visiones.

CASIO.--Me aguardan? Decdmelo, Cinna.

CINNA.--S, se os aguarda. Oh Casio; si pudirais solamente atraer al
noble Bruto  nuestro partido!

CASIO.--Estad satisfecho.--Tomad, buen Cinna, este papel y cuidad de
ponerlo en la silla del pretor, donde Bruto pueda hallarlo; arrojad este
por su ventana; fijad este con cera en la estatua del antiguo Bruto; y
hecho todo, encaminaos al Prtico de Pompeyo donde nos hallaris. Estn
all Decio Bruto y Tibonio?

CINNA.--Todos, excepto Metelio Cimber, que ha ido  buscaros en vuestra
casa. Bien: me apresurar  distribuir estos papeles como me peds.

CASIO.--Una vez hecho, dirigos al teatro de Pompeyo. (_Sale
Cinna._)--Venid, Casca. Todava veremos ambos  Bruto en su casa antes
de amanecer. Tres cuartas partes de l son ya nuestras; despus de la
prxima entrevista, tendremos todo el hombre.

CASCA.--Oh! l ocupa un puesto muy alto en todos los corazones del
pueblo! Y aquello mismo que en nosotros parecera delito, se
transformara por su sola presencia, como por la ms rica alquimia, en
dignidad y en vala.

CASIO.--Bien habis estimado  Bruto, su valer y la gran necesidad que
tenemos de l. Marchmonos; pues es pasada la media noche, y antes del
da le despertaremos y contaremos con l. (_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO II.


ESCENA I.

El huerto de Bruto, en Roma.

Entra Bruto.

BRUTO.

Ea, Lucio! Hola!... No puedo calcular por la marcha de las estrellas lo
que falta para el da. Oyes, Lucio? Ya quisiera yo tener el defecto de
dormir tan profundamente.--Hasta cundo? Despierta! Despierta,
digo.--Ea, Lucio! (_Entra Lucio._)

LUCIO.--Habis llamado, mi seor?

BRUTO.--Coloca una lmpara en mi estudio, y encendida que sea, vendrs
aqu  llamarme.

LUCIO.--As lo har, seor. (_Sale._)

BRUTO.--Tiene que ser por su muerte.--En cuanto  m no tengo para
menospreciarle ninguna causa personal, sino la de todos. l deseara
coronarse. Cmo pueda cambiar esto su naturaleza, he ah el
problema.--Es el da brillante el que hace salir  luz la serpiente, y
esto aconseja caminar con cautela.--Coronarlo? Sea.--Y entonces, de
seguro ponemos en l un estmulo por el cual pueda crear peligros 
voluntad.--El abuso de la grandeza existe cuando esta separa del poder
el remordimiento; y  decir verdad de Csar, nunca ha sabido que sus
afectos hayan vacilado mas que su razn. Pero es prueba ordinaria que la
humildad es para la joven ambicin una escala, desde la cual el trepador
vuelve el rostro; pero una vez en el ms alto peldao, da la espalda 
la escala, alza la vista  las nubes y desdea los bajos escalones por
los cuales ascendi. Acaso lo haga Csar. Luego, so pena de que llegue 
hacerlo, hay que evitarlo. Y pues la contienda no versar sobre lo que
es l en s, hay que darle esta forma: aumentando lo que l es, se
precipitara  estos y aquellos extremos; y, por lo tanto, se le debe
considerar como al huevo de la serpiente, que incubado, llegara  ser
peligroso, como todos los de su especie; y hay que matarlo en el
cascarn. (_Vuelve  entrar Lucio._)

LUCIO.--La lmpara, seor, est encendida en vuestro retrete.--Buscando
una piedra de chispa en la ventana, hall este papel, sellado como vis.
Estoy seguro de que no estaba all cuando fu  acostarme.

BRUTO.--Vuelve  tu lecho, an no es de da. Dime no son maana los
idus de Marzo?

LUCIO.--No lo s, seor.

BRUTO.--Busca en el calendario y avsame.

LUCIO.--Lo har, seor.

BRUTO.--Las exhalaciones que silban por los aires dan tanta luz que bien
podra leer con ella. (_Abre la carta y lee._)

Bruto, ests dormido. Despierta y contmplate  ti mismo. Tendr que
permanecer Roma, etc.--Habla! Hiere! Haz justicia! Ests dormido,
Bruto.--Despierta!

 menudo se han colocado instigaciones de esta clase all donde he
debido tomarlas.--Tendr que permanecer Roma, etc.? Luego de todo
ello debo desentraar esto: Tendr que permanecer Roma bajo el terror
de un hombre? Qu! Roma! Mis antepasados arrojaron de las calles de
Roma  Tarquino cuando era llamado rey. Habla! Hiere! Haz justicia!
Se me suplica pues para que hiera? Oh Roma! Te lo prometo. Si ha de
ser para alcanzar justicia, recibe todo lo que pides de las manos de
Bruto. (_Vuelve  entrar Lucio._)

[Illustration]

Lucio.--Seor, han pasado catorce das de Marzo.

(_Se oye un golpe._)

BRUTO.--Est bien. V  la puerta, alguien llama. (_Sale Lucio._) Desde
el momento en que Casio me excit contra Csar, no he dormido. Entre la
ejecucin de una cosa terrible y el primer mvil de ella, todo el
intervalo es como un fantasma  como un horrible sueo. El genio y los
instrumentos mortales, se confrontan entonces; y el estado del hombre,
como un pequeo reino, adolece de la naturaleza de una insurreccin.
(_Vuelve  entrar Lucio._)

LUCIO.--Seor, es vuestro hermano Casio que est  la puerta y desea
veros.

BRUTO.--Est solo?

LUCIO.--No, seor. Hay otros con l.

BRUTO.--Los conoces?

LUCIO.--No, seor. Tan enterrados llevan los sombreros y tan oculta en
el embozo la mitad de la cara, que de modo alguno podra descubrirlos
por sus fisonomas.

BRUTO.--Hazlos entrar. (_Sale Lucio._)--Son de la faccin. Oh
conspiracin! Te avergenzas acaso de mostrar tu peligroso ceo de
noche, cuando en ella campea ms libre el mal?  bien dnde encontrars
de da una cueva bastante oscura para encubrir tu monstruosa faz? No la
busques oh conspiracin! Pon sobre tu rostro una mscara de sonrisas y
afabilidad; porque  dejarte ver con tu natural aspecto, ni el mismo
Erebo sera bastante oscuro para sustraerte  la desconfianza. (_Entran
Casio, Casca, Decio, Cinna, Metelio Cimber y Trebonio._)

CASIO.--Temo robaros el sueo con demasiado atrevimiento. Buenos das,
Bruto, os importunamos?

BRUTO.--He estado en pi hasta ahora; despierto toda la noche. Conozco
 estos hombres que os acompaan?

CASIO.--S,  cada uno de ellos. Y no hay uno solo entre todos que no os
honre y venere; y cada cual deseara que tuviseis de vos mismo la
opinin que de vos tiene todo romano noble. Este es Trebonio.

BRUTO.--Bien venido.

CASIO.--Este, Decio Bruto.

BRUTO.--Bien venido tambin.

CASIO.--Este es Casca; ste, Cinna; y ste, Metelio Cimber.

[Illustration: _Los conjurados, en el huerto de Bruto._]

BRUTO.--Bien venidos son todos. Qu vigilantes cuidados ahuyentan el
reposo de vuestra noche?

CASIO.--Permits una palabra? (_Cuchichean._)

DECIO.--Aqu est el Este. No es aqu por donde despunta el da?

CASCA.--No.

CINNA.--Oh! Perdonad, que s; y aquellas lneas pardas que orlan las
nubes son mensajeras del da.

CASCA.--Habris de confesar que uno y otro estis equivocados. El sol se
levanta all adonde apunto con mi espada, que es buen trecho hacia el
Sur, considerando la temprana estacin del ao. Dentro de unos dos
meses, presentar su fulgor ms hacia el Norte; y el alto Oriente est,
como el Capitolio, directamente aqu.

BRUTO.--Dadme todos vuestra mano, uno por uno.

CASIO.--Y juremos nuestra resolucin.

BRUTO.--No, nada de juramento.--Si las miradas de los hombres, si el
sufrimiento de nuestras almas, si los abusos del tiempo, no son motivos
bastante poderosos, dispersmonos, y que cada cual vuelva al ocioso
descanso de su lecho. As dejaremos  la tirana previsora que escoja la
mira, hasta que caiga  su turno el ltimo hombre. Pero si estos tienen,
como estoy seguro de ello, sobrado fuego para inflamar  los cobardes y
para revestir de valor el nimo desfalleciente de las mujeres; entonces,
compatriotas, qu habemos menester de ms estmulo que nuestra propia
causa para impulsarnos  hacer justicia? Qu mejor lazo que el de
secretos romanos que han dado su palabra y que no la burlarn? Ni qu
otro juramento que el compromiso de la honradez con la honradez, para
realizar esto  sucumbir por ello? Juren los sacerdotes y los cobardes,
y los hombres recelosos, decrpitos, corrompidos, y las almas que en sus
padecimientos buscan sendas torcidas.--Juren en pr de las malas causas
aquellos miserables que inspiran dudas  los hombres; pero no manchis
la clara virtud de nuestra empresa, ni la inquebrantable altivez de
nuestros nimos, con el pensamiento de que  nuestra causa  su
ejecucin necesitaban ser juradas; siendo as que cada gota de la sangre
que cada romano lleva, y lleva noblemente, sera culpable de bastarda
si l quebrantara la ms mnima parte de promesa alguna que hubiese
hecho.

CASIO.--Pero qu hacer respecto de Cicern? Le sondearemos? Pienso que
estar resueltamente con nosotros.

CASCA.--No lo dejemos fuera.

CINNA.--No: de ningn modo.

METELIO.--Oh! Tengmosle; porque sus cabellos canos nos harn adquirir
buena opinin, y conseguirn que se levanten voces para encomiar
nuestros hechos. Se dir que nuestras manos han sido dirigidas por sus
sentencias, y lejos de aparecer en lo menor nuestra juventud y
fogosidad, desaparecern por completo en su gravedad.

BRUTO.--Oh! No mencionis su nombre; pero no rompamos con l. Jams
seguir cosa alguna principiada por otros.

CASIO.--Entonces, dejadle fuera.

CASCA.--En verdad no es hombre  propsito.

DECIO.--No habr de tocarse  hombre alguno, excepto Csar?

CASIO.--Bien pensado, Decio. No juzgo oportuno que Marco Antonio, tan
amado por Csar, le sobreviva. En l hallaramos un astuto contendiente;
y bien sabis que si perfeccionase sus recursos, seran suficientes para
fastidiarnos  todos. Pues para evitar esto, que Csar y Antonio caigan
juntos.

BRUTO.--Parecera demasiado sangriento nuestro plan, caro Casio, al
cortar la cabeza y mutilar adems los miembros. Sera algo como la ira
en la muerte y la envidia despus. Porque Antonio no es sino un miembro
de Csar. Casio, seamos sacrificadores, no carniceros. Todos nos
erguimos contra el espritu de Csar; pero el espritu de los hombres no
tiene sangre. Oh! si pudisemos por ello dominar el espritu de Csar,
y no desmembrar  Csar! Pero ay! Csar tiene por eso que derramar su
sangre! Y, benvolos amigos, matmosle audazmente pero sin ira.
Tratmosle como la vianda que se corta para los dioses, no como la
osamenta que se arroja  los perros. Y hagan nuestros corazones lo que
los amos astutos: excitar  sus sirvientes  un acto de furor, y despus
aparentar que se les reprueba. As nuestro propsito aparecer
necesario, no envidioso. Y con tal apariencia  los ojos de las gentes,
se nos llamar redentores, no asesinos.--Y en cuanto  Marco Antonio, no
pensis en l, porque no tendr ms poder que el brazo de Csar cuando
la cabeza de Csar est cortada.

CASIO.--Y sin embargo, le temo,  causa del profundo amor que tiene 
Csar.

BRUTO.--Ah, buen Casio! no pensis en l. Si ama  Csar, lo ms que
podr hacer ser reflexionar dentro de s mismo, y morir por Csar.--Y
harto sera que lo hiciera; porque es hombre dado  juegos y disipacin
y  muchos camaradas.

TREBONIO.--No ofrece peligro. No hay para que muera, desde que gusta de
vivir y ha de reirse de esto despus.

(_Suena el reloj._)

BRUTO.--Silencio: contad la hora.

CASIO.--Han dado las tres.

TREBONIO.--Es tiempo de partir.

CASIO.--Pero es de dudar, si vendr hoy Csar,  no, porque de algn
tiempo  esta parte se ha vuelto supersticioso. Alguna vez tuvo sobre la
fantasa, los sueos y las ceremonias, una opinin del todo diferente de
la del vulgo; pero quizs estos prodigios aparentes, el extrao terror
de esta noche y la persuasin de sus augures le hagan abstenerse de
venir hoy al Capitolio.

DECIO.--Perded cuidado. Si tal resolviera, yo prevalecera sobre l;
porque se deleita en oir que se triunfa de los unicornios por medio de
los rboles, de los osos por los espejos, de los elefantes por los
fosos, y de los hombres por la adulacin. Y cuando digo que l detesta 
los aduladores, afirma que s, porque esto le lisonjea ms. Dejadme
hacer; que ya dar  su humor la disposicin conveniente, y le traer al
Capitolio.

CASIO.--All estaremos todos para recibirlo.

BRUTO.-- la hora octava. Es ese el ltimo trmino?

CINNA.--Sea el ltimo, y no faltis entonces.

METELIO.--Cayo Ligario tiene mala voluntad  Csar, que lo reprendi por
haber hablado bien de Pompeyo. Me admira que ninguno de vosotros se haya
acordado de l.

BRUTO.--Id en seguida  encontrarlo, buen Metelio. Me profesa un afecto
verdadero y ya me he explicado con l. Enviadle aqu, que yo le
apercibir.

CASIO.--La maana se nos viene encima, y os dejaremos, Bruto. Amigos,
dispersaos; pero recordad todos lo que habis dicho, y haced ver que
sois verdaderos romanos.

BRUTO.--Buenos caballeros, poned risueos y alegres los semblantes, sin
dejar que el aspecto revele los propsitos; antes bien llevadlos, como
nuestros actores romanos, con entero aliento y con seria constancia. Y
con esto os deseo buen da  cada uno. (_Salen todos, menos uno._)
Muchacho! Lucio! Dormido como una piedra?--No importa. Goza el dulce
y pesado roco del sueo.--No tienes ni los clculos ni las fantasas
que el afanoso cuidado hace surgir en el cerebro de los hombres, y por
eso tienes el sueo tan profundo.

(_Entra Porcia._)

PORCIA.--Bruto, mi seor.

BRUTO.--Porcia qu intentis? Y para qu os levantis ahora? No es
bueno para vuestra salud exponer vuestra delicada constitucin al fro
severo de la madrugada.

[Illustration]

PORCIA.--Tampoco lo es para la vuestra. Os habis deslizado friamente de
mi lecho; anoche durante la cena os levantasteis de repente y os
pusisteis  pasear con los brazos cruzados, meditando y suspirando. Y
cuando os pregunt lo que tenais, me mirasteis fijamente, con
severidad. Insist y os frotasteis la cabeza, y en un extremo de
impaciencia golpesteis el suelo con el pi. Volv  insistir de nuevo,
y no me respondisteis, sino que con ademn encolerizado me hicisteis
sea con la mano para que os dejara. As lo hice, temiendo aumentar esa
impaciencia que me pareca ya demasiado irritada; pero esperando  pesar
de todo que no sera sino efecto del mal humor que  veces se apodera de
todo hombre. Mas no os dejar comer, ni hablar, ni dormir; y si hubiera
de hacer en vuestro semblante el mismo estrago que en vuestro nimo, yo
no podra conoceros. Bruto, seor y amado mo, dejadme saber la causa
de vuestro pesar.

BRUTO.--No estoy bien de salud: no es nada ms.

PORCIA.--Bruto es sensato, y  estar falto de salud, empleara los
medios de recobrarla.

BRUTO.--As lo hago. Buena Porcia, id  vuestra cama.

PORCIA.--Bruto est enfermo? Y es medicinal pasearse descubierto y
absorber las emanaciones de la hmeda maana? Qu! Est enfermo Bruto,
y abandona su saludable lecho para afrontar los miasmas de la noche,
exponerse al aire vaporoso  impuro, y agravar su enfermedad? No, Bruto
mo. Es en vuestra alma donde hay alguna amarga dolencia, y yo por el
derecho y virtud de mi puesto debo conocerla. Y os imploro de rodillas,
en nombre de la belleza que algn da se elogiaba en m; en nombre de
vuestras protestas de amor y de aquel gran juramento que nos reuni
haciendo de ambos uno solo; os imploro para que descubris ante m, pues
soy vuestra mitad, pues soy vos mismo, el por qu estis tan adusto; y
qu hombres se han dirigido  vos esta noche, puesto que haba seis 
siete de ellos que ocultaban sus rostros aun en medio de la oscuridad.

BRUTO.--No os arrodilleis, gentil Porcia.

PORCIA.--No lo necesitara si Bruto fuera afable.--Decidme, Bruto:
Dentro del vnculo del matrimonio es de esperar que yo ignore secretos
que os pertenecen?  no soy parte de vos mismo sino de una manera
limitada; slo para acompaaros  la mesa, confortar vuestro lecho, y
hablaros de vez en cuando? No hay sitio para m sino en los confines de
vuestra condescendencia? Si no es ms que esto, Porcia es la manceba de
Bruto, no su esposa.

BRUTO.--Sois mi verdadera y honorable esposa, tan querida para m como
las gotas de sangre que afluyen  mi triste corazn.

PORCIA.--Si esto fuera verdad, sabra yo entonces este secreto. Mujer
soy, es cierto; pero mujer  quien Bruto tom por esposa. Soy mujer, es
cierto; pero mujer bien conocida: hija de un Catn. Pensis que no ser
ms fuerte que mi sexo, teniendo tal padre y tal esposo? Decidme
vuestros designios: no los revelar. Harta prueba he dado de mi
constancia, hacindome voluntariamente una herida aqu en el muslo.
Puedo sobrellevar esto con paciencia, y no los secretos de mi esposo?

BRUTO.--Oh dioses! Hacedme digno de esta noble esposa! (_Se oye
golpear adentro._) Escucha, escucha; alguien llama. Retrate, Porcia,
por un rato, y pronto compartir mi corazn con el tuyo sus secretos. Te
explicar mis compromisos y todo el significado de mi tristeza. Vete
aprisa. (_Sale Porcia._--_Entran Lucio y Ligario._)--Lucio: quin
llama?

LUCIO.--Hay aqu un hombre enfermo que desea hablaros.

BRUTO.--(_Aparte._) Es Cayo Ligario, de quien habl Metelio. Muchacho,
aprtate. (_Sale Lucio._) Cayo Ligario?

LIGARIO.--Recibid el saludo matinal de una lengua dbil.

BRUTO.--Oh! Qu tiempo habis escogido, valeroso Ligario, para llevar
pauelo!--Cunto deseara que no estuviseis enfermo!

LIGARIO.--No estoy enfermo, si Bruto tiene en mano alguna proeza digna
del nombre del honor.

BRUTO.--La tengo, Ligario, si queris oirla con sana disposicin.

LIGARIO.--Por todos los dioses ante quienes se inclinan los romanos,
aqu olvido mi dolencia! Alma de Roma! Valeroso hijo, nacido de dignos
progenitores! T, como los exorcistas, has conjurado mi pesaroso
espritu. Pdeme ahora que ntre en accin, y procurar lo imposible:
ms; lo vencer. Qu debo hacer?

BRUTO.--Una faena que tornar en hombres sanos  los enfermos.

LIGARIO.--Pero no hay algunos sanos  quienes debemos tornar enfermos?

BRUTO.--Tambin tendremos que hacerlo. Os revelar esto, Cayo mo,
mientras vamos hacia aquel en quien se deba realizar.

LIGARIO.--Avanzad audazmente; que yo con el corazn de nuevo inflamado,
os seguir para hacer no s qu; pero me basta estar guiado por Bruto.

BRUTO.--Entonces, seguidme.

(_Salen._)


ESCENA II.

Un cuarto en el palacio de Csar.

Los mismos.--Truenos y rayos.--Entra CSAR en traje de noche.

CSAR.--Ni cielo ni tierra han estado en paz esta noche. Tres veces ha
clamado Calfurnia durante su sueo: Auxilio, oh! Asesinan 
Csar!--Quin va?

(_Entra un criado._)

CRIADO.--Seor?

CSAR.--V  decir  los sacerdotes que ofrezcan el sacrificio y me
traigan su opinin sobre los sucesos.

CRIADO.--Voy en el acto, seor. (_Entra Calfurnia._)

CALFURNIA.--Csar qu intentis? Pensis salir? No, no os moveris hoy
de vuestra casa.

CSAR.--Csar saldr. Jams cosa alguna de cuantas me han amenazado, se
me ha presentado de frente. Al ver el rostro de Csar, se desvanecen.

CALFURNIA.--Nunca d grande importancia  ritos y ceremonias; mas ahora
me asustan. Fuera de las cosas que hemos odo y visto, cuntanse las ms
horribles visiones como observadas por los guardias. Una leona ha dado
nacimiento  sus cachorros en la calle; y se han entreabierto las tumbas
y dejado salir los muertos. Feroces guerreros combatan airados entre
las nubes, en filas, en escuadrones y en extricta forma militar,
haciendo llover la sangre sobre el Capitolio.--El fragor de la batalla
atronaba el aire, y se oa el relinchar de los caballos y el quejido de
los hombres moribundos, y los espectros daban alaridos por las calles.
Oh Csar! Estas no son cosas usuales y me infunden temor.

CSAR.--Cmo evitar que se cumpla aquello que los dioses hayan
dispuesto? Csar saldr; pues esas predicciones tanto se dirigen  Csar
como  todo el mundo.

CALFURNIA.--No es al morir los mendigos cuando se ve aparecer los
cometas; pero los cielos mismos se inflaman para anunciar la muerte de
los prncipes.

CSAR.--Los cobardes mueren muchas veces antes de perder la vida. Los
valientes no experimentan la muerte sino una vez. De todas las
maravillas que he odo, la que ms extraa me parece es el que los
hombres tengan miedo; pues la muerte es un fin necesario y cuando haya
de venir, vendr. (_Vuelve  entrar el criado._) Qu dicen los augures?

CRIADO.--No querran veros salir hoy. Sacando las entraas de la vctima
ofrecida en el sacrificio, no pudieron encontrarle en el pecho el
corazn.

CSAR.--Esto lo hacen los dioses para vergenza de la cobarda. Csar
sera una bestia sin corazn, si dejase de salir hoy por miedo. No,
Csar no lo har. Bien saben los peligros que Csar es ms peligroso que
ellos.--Somos leones gemelos; pero nac primero y soy el ms terrible.
Y Csar saldr!

CALFURNIA.--Ay! La confianza impone silencio  vuestra prudencia! No
salgis hoy, mi seor. Llamad temor mo, no vuestro, lo que os retiene
en casa. Enviaremos  Antonio al Palacio del Senado y dir que no
estis bien de salud. Dejad que os ruegue de rodillas el concederme
esto.

CSAR.--Marco Antonio dir que no estoy bien y me quedar en casa por
complacerte. (_Entra Decio._)--He aqu  Decio Bruto que les dir as.

DECIO.--Salud oh Csar! Buenos das, digno Csar. Vengo  conduciros al
Senado.

CSAR.--Y llegis muy  tiempo para llevar mi saludo  los senadores y
decirles que no ir hoy. Que no puedo, sera falso; y que no me atrevo,
ms falso an.--No ir hoy: decidles solamente esto.

CALFURNIA.--Decid que est enfermo.

CSAR.--Csar enviar una mentira? He llevado tan lejos las conquistas
de mi brazo, para que tema decir la verdad  unos cuantos ancianos?
Decio, id  decir que Csar no ir.

DECIO.--Dejadme alegar alguna causa, poderoso Csar, para que al dar el
mensaje no se burlen de m.

CSAR.--La causa es mi voluntad.--No ir. Esto basta para satisfacer al
Senado. Mas para vuestra satisfaccin particular os har saber, pues os
tengo en afecto, que es mi esposa Calfurnia quien me retiene en casa.
So anoche haber visto mi estatua, de la cual manaba, como de una
fuente de cien bocas, un raudal de sangre; y  muchos vigorosos romanos
venir  empapar sus manos en ella. Y creyendo que esto significa
pronsticos, portentos y peligros inminentes, me ha suplicado de
rodillas que permanezca hoy en casa.

DECIO.--Errada interpretacin ha dado al sueo. Ha sido ms bien una
buena y afortunada visin.--Vuestra estatua manando sangre por cien
partes, significa que la gran Roma recibir por vos nueva sangre
vivificadora; y que grandes hombres se apresurarn por obtener una
tintura, una gota, un residuo.--He ah lo que significa el sueo de
Calfurnia.

CSAR.--Habis dado as una buena explicacin.

DECIO.--Mejor la encontraris cuando hayis odo lo que an tengo que
decir. Sabedlo ahora: el Senado ha resuelto dar hoy al poderoso Csar
una corona. Si enviis  decir que no iris, podran acaso variar de
intento.--Adems, sera un sarcasmo posible que alguno dijera: Disolved
el Senado hasta nueva ocasin, cuando la esposa de Csar tenga mejores
sueos. Si Csar se oculta no susurrarn entre ellos Csar tiene
miedo? Perdonadme, Csar; pero mi amor, mi profundo amor por vuestros
actos me impele  decroslo, y siempre mi razn ha sido dcil  mis
afectos.

CSAR.--Qu pueriles aparecen ahora tus temores, Calfurnia! Me
avergenzo de haber cedido ante ellos. Dame mi manto porque voy  ir.
(_Entran Publio, Bruto, Ligario, Metelio, Casca, Trebonio y Cinna._)--Y
he aqu  Publio que viene  conducirme.

PUBLIO.--Buenos das, Csar.

CSAR.--Bienvenido, Publio. Qu! Tambin habis madrugado, Bruto?
Buenos das, Casca.--Cayo Ligario, Csar nunca fu tan enemigo vuestro
como esa fiebre que os trae tan extenuado.--Qu hora es?

BRUTO.--Csar, han dado las ocho.

CSAR.--Gracias por vuestra solicitud y cortesa. (_Entra
Antonio_).--Ved: Antonio,  pesar de que se divierte hasta tarde en la
noche, est en pi. Buenos das, Antonio.

ANTONIO.--As los tenga el muy noble Csar.

CSAR.--Invtalos  prepararse all dentro. Hago mal en hacerme esperar
as. Al momento, Cinna. Al momento, Metelio. Qu! Trebonio, tengo en
reserva para vos una hora de conversacin. Acordaos de visitarme hoy.
Colocaos cerca de m para que lo recuerde.

TREBONIO.--Lo har, Csar (_aparte_), y tan cerca, que vuestros mejores
amigos hubieran querido verme ms lejos.

CSAR.--Entrad, buenos amigos, y bebamos juntos un poco de vino; y como
buenos amigos iremos en seguida todos juntos.

BRUTO.--(_Aparte._) Oh Csar! El corazn de Bruto se contrista pensando
que cada apariencia no es la misma realidad.

(_Salen._)


ESCENA III.

Una calle cerca del Capitolio.--La misma.

Entra ARTEMIDORO leyendo un papel.

ARTEMIDORO.--Csar, desconfa de Bruto: vigila  Casio: no te acerques
 Casca: observa  Cinna: no confes en Trebonio: nota bien  Metelio
Cimber: Decio Bruto no te ama: has ofendido  Cayo Ligario: todos estos
hombres tienen un mismo pensamiento, y este pensamiento es contra Csar.
Si no eres inmortal, precvete: la seguridad abre las puertas  la
conspiracin. Que los poderosos dioses te amparen.

Tu admirador

_Artemidoro._

Me quedar aqu hasta que pase Csar, y como uno del squito, le dar
esto. Mi corazn deplora que la virtud no pueda vivir libre de la
mordedura de la envidia. Si lees esto, oh Csar! podrs vivir. Si no,
los hados se habrn conjurado con los traidores. (_Sale._)


ESCENA IV.

Otra parte de la misma calle, delante de la casa de Bruto. La misma.

PORCIA.--Corre, corre, muchacho, al palacio del Senado. No te detengas 
responderme, v al instante.  qu te detienes?

LUCIO.--Para saber qu me encargais, seora.

PORCIA.--Querra que pudieses ir y volver, aun antes de decirte lo que
has de hacer all. Oh constancia! Dame toda tu fuerza! Pon una montaa
entera entre mi corazn y mi boca. Tengo la mente del hombre, pero la
debilidad de la mujer. Qu duro es para nosotras guardar secretos!
Todava ests aqu?...

LUCIO.--Pero qu har, seora? Nada ms que correr al Capitolio? Y
regresar lo mismo que he ido, y nada ms?

PORCIA.--S, y avsame si tu amo parece bien, porque se fu un poco
enfermo; y observa bien lo que hace Csar, y qu squito le
rodea.--Escucha! Qu ruido es ese?

LUCIO.--No alcanzo a oir nada, seora.

(_Entra el adivino._)

PORCIA.--Acrcate, mozo. Por dnde has andado?

ADIVINO.--En mi propia casa, seora.

PORCIA.--Qu hora es?

ADIVINO.--Cerca de las nueve, seora.

PORCIA.--Ha ido ya Csar al Capitolio?

ADIVINO.--Todava no, seora. Voy  tomar un sitio para verle pasar al
Capitolio.

PORCIA.--Tienes algn lugar en el squito de Csar? No es as?

ADIVINO.--Le tengo, seora; y si Csar quiere ser tan bueno para Csar,
que me preste odo, le suplicar que vele por s propio.

PORCIA.--Qu! Sabes acaso que se intente hacerle algn mal?

ADIVINO.--Ninguno, que yo sepa; pero alguno muy grande que temo podra
acontecerle. Aqu la calle es angosta y la muchedumbre de senadores,
pretores y secuaces comunes que se agrupan tras de los pasos de Csar,
oprimirn  un hombre dbil, quizs hasta ahogarlo. Me ir  un sitio
ms despejado, y desde all hablar al gran Csar cuando pase.

PORCIA.--Debo retirarme. Ay de m! Qu dbil cosa es el corazn de la
mujer! Oh Bruto! Los cielos te amparen en tu empresa! Sin duda el
muchacho me oy decir: Bruto tiene un squito que no puede agradar 
Csar. Oh, siento que me desmayo! Corre, Lucio, y hazme presente  mi
seor: dile que estoy alegre, y vuelve pronto, y repteme lo que te
habr dicho.

(_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO III.


ESCENA I.

El Capitolio de Roma.--El Senado en sesin.

     Muchedumbre de pueblo en la calle que conduce al Capitolio, y entre
     ellos ARTEMIDORO y el ADIVINO.--Preludios.--Entran CSAR, BRUTO,
     CASIO, CASCA, DECIO, METELIO, TREBONIO, CINNA, ANTONIO, LPIDO,
     POPILIO, PUBLIO y otros.

CSAR.

Han llegado los idus de Marzo.

ADIVINO.--S, Csar: pero no han pasado.

ARTEMIDORO.--Salve, Csar. Leed este papel.

DECIO.--Trebonio desea que pasis la vista, cuando tengis holgura para
ello, sobre esta su humilde peticin.

ARTEMIDORO.--Oh Csar! Leed primero la ma, porque es una solicitud que
concierne ms de cerca  Csar. Leedla, gran Csar.

CSAR.--Lo que concierne personalmente  Nos se debe dejar para lo
ltimo.

ARTEMIDORO.--No tardis, Csar. Leed al instante.

CSAR.--Qu! Est loco este mozo?

PUBLIO.--Aprtate, malandrn!

CASIO.--Qu! Instis vuestras peticiones en la calle? Venid al
Capitolio. (_Csar entra al Capitolio. Los dems le siguen. Los
senadores se ponen en pi._)

[Illustration]

POPILIO.--Deseo que vuestra empresa hoy prospere.

CASIO.--Qu empresa, Popilio?

POPILIO.--Que os vaya bien. (_Avanza hacia Csar._)

BRUTO.--Qu dijo Popilio Lena?

CASIO.--Dijo que deseaba que nuestra empresa hoy prosperase. Temo que
haya sido descubierto nuestro intento.

BRUTO.--Mira cmo se acerca  Csar: obsrvalo.

CASIO.--Casca, s rpido, pues tememos la alarma. Bruto, qu se debe
hacer? Si esto se llega  saber,  Casio  Csar no volvern jams; pues
me quitar la vida.

BRUTO.--S constante, Casio. No es de nuestro proyecto de lo que habla
Popilio Lena; porque, como ves, se sonre, y Csar no cambia de aspecto.

CASIO.--Trebonio conoce su oportunidad: ved, Bruto, cmo se lleva afuera
 Marco Antonio. (_Salen Antonio y Trebonio. Csar y los senadores se
sientan._)

DECIO.--Dnde est Metelio Cimber? Que llegue y presente ahora su
peticin  Csar.

BRUTO.--Ya se ha dirigido all. Poneos junto  l y secundadle.

CINNA.--Casca, sois el primero que alzar su mano.

CSAR.--Estamos prontos? Hay cosa alguna errada, que Csar y su Senado
deban rectificar?

METELIO.--Muy alto, muy noble y muy poderoso Csar, Metelio Cimber
depone  tus plantas un humilde corazn. (_Se arrodilla._)

CSAR.--Debo advertirte, Cimber, que estas genuflexiones y bajas
cortesas podrn inflamar la sangre de las gentes vulgares y convertir
la preeminencia y el primer rango, en juguetes pueriles. No te lisonjees
con la idea de que Csar lleva en s una sangre que pueda cambiar de su
verdadera calidad, por lo que hace bullir la sangre de los necios:
quiero decir por las palabras almibaradas, las reverencias humillantes y
las lisonjas bajas y rastreras.--Tu hermano est expatriado por un
decreto. Si te abajas y ruegas y adulas por l, te echo fuera de mi
camino como  un perro. Entiende que Csar no hace injusticia; ni se
dar por satisfecho sin motivo.

METELIO.--No hay voz ms digna que la ma para que suene ms grata 
los odos del gran Csar, al pedir la vuelta de mi hermano desterrado?

BRUTO.--Beso tu mano, pero sin adulacin, Csar; deseando que otorgues 
Publio Cimber la inmediata libertad de regresar.

CSAR.--Qu! Bruto!

CASIO.--Perdona, Csar, perdona. Casio se pone  tus pis para implorar
la libertad de Publio Cimber.

CSAR.--Podra conmoverme si fuera yo como vosotros; y los ruegos me
conmoveran si yo pudiera rogar para conmover.--Pero soy constante como
la estrella del Norte, cuya fijeza  inmutable condicin no tienen
semejante en el firmamento. Esmaltado le vis con innumerables chispas,
todas inflamadas y brillante cada una; pero entre todas una, slo una
mantiene su lugar. Y as sucede en el mundo: Est bien provisto de
hombres; y los hombres, son de carne y sangre, y vacilantes. Sin
embargo, entre todos conozco  uno, slo uno que mantiene su rango
incontrastable, superior  toda conmocin. Y que ese uno soy yo, lo
mostrar un poco aun en esto: que he sido constante en que se desterrase
 Cimber, y permanezco constante en mantenerlo as.

CINNA.--Oh Csar!

CSAR.--Fuera de aqu! Quieres levantar el Olimpo?

DECIO.--Gran Csar!

CSAR.--No est Bruto intilmente de rodillas?

CASCA.--Hablen por m mis manos. (_Casca hiere  Csar en el cuello.
Csar le toma por el brazo. Hirenle entonces otros conspiradores, y por
ltimo Marco Bruto._)

CSAR.--Tambin t, Bruto? Csar, djate morir! (_Muere. Los senadores
y el pueblo se retiran en confusin._)

CINNA.--Libertad! Libertad! La tirana ha muerto! Corred,
proclamadlo, pregonadlo por las calles.

CASIO.--Que vayan algunos  las tribunas populares y griten: Libertad
y emancipacin!

BRUTO.--Pueblo y senadores, no os asustis.--No huyis: estad quedos. La
ambicin ha pagado su deuda.

CASCA.--Id  la tribuna, Bruto.

DECIO.--Y Casio tambin.

BRUTO.--Dnde est Publio?

CINNA.--Aqu, enteramente azorado con este tumulto.

METELIO.--Permaneced bien juntos, no sea que algn amigo de Csar
pudiera.....

BRUTO.--No hablis de permanecer as!--Buen nimo, Publio. Ningn mal
se intenta  vuestra persona, ni  la de ningn otro romano.--Decidlo
as  todos.

CASIO.--Y dejadnos, Publio; pues si el pueblo se precipitara hacia
nosotros, podra ocasionar algn dao  vuestra avanzada edad.

BRUTO.--Hacedlo as, y que ningn hombre responda de lo acontecido, sino
nosotros que lo hemos hecho.

(_Vuelve  entrar Trebonio._)

CASIO.--Dnde est Antonio?

TREBONIO.--Huy azorado  su casa. Hombres, esposas y nios miran
asombrados, vociferan y corren como si fuera el da final.

BRUTO.--Hados! conocemos vuestra voluntad. Que tenemos de morir, lo
sabemos. Slo ignoramos el tiempo y cules das de los que los hombres
cuentan como suyos, han de ser sorteados.

CASIO.--Bah! El que suprime veinte aos de vida, suprime veinte aos de
estar temiendo la muerte.

BRUTO.--Reconoce eso, y entonces la muerte es ya un beneficio. As somos
amigos de Csar, habiendo abreviado el tiempo en que haba de temer la
muerte. Inclinaos, romanos, inclinaos, y baemos nuestras manos y
nuestros brazos en la sangre de Csar, y empapemos en ella nuestras
espadas; y salgamos hasta la misma plaza del mercado, y agitando
nuestras armas enrojecidas por encima de nuestras cabezas, gritemos:
Paz, independencia y libertad.

CASIO.--Inclinaos, pues, y lavaos con su sangre. Dentro de cuntas
edades se volver  representar esta nuestra grandiosa escena en
naciones an no nacidas y en idiomas que estn an por crearse!

BRUTO.--Cuntas veces se ver en esos juegos futuros desangrar  Csar,
que yace ahora al pi de la base de Pompeyo, no menos insignificante que
un puado de polvo!

CASIO.--Y cuntas veces suceda, otras tantas nuestro grupo ser
apellidado el de los hombres que libertaron nuestra patria!

DECIO.--Y bien saldremos?

CASIO.--S: en marcha todo hombre. Bruto ir  la cabeza, y nosotros
honraremos sus huellas con los ms intrpidos y mejores corazones de
Roma.

(_Entra un criado._)

BRUTO.--Despacio. Quin viene? Un amigo de Antonio.

CRIADO.--As, oh Bruto! me encarg mi seor que me arrodillase. As me
encarg Marco Antonio prosternarme; y una vez postrado, que dijera estas
palabras: Bruto es noble, prudente, valeroso y honrado. Csar era
poderoso, audaz, regio y afectuoso. D que amo  Bruto, y lo venero. D
que tema  Csar, lo veneraba y lo amaba. Si Bruto promete que Antonio
podr venir sin peligro  su presencia, y que se le har comprender cmo
Csar haba merecido la muerte, Marco Antonio no amar ms  Csar
muerto que  Bruto vivo; sino que seguir con entera lealtad los
trabajos y la suerte del noble Bruto al travs de los azares de este
nuevo estado. Esto dice Antonio, mi seor.

BRUTO.--Tu seor es un romano sensato y valeroso. Nunca pens menos de
l. Dile que si gusta venir aqu, ser satisfecho, y sobre mi honor,
volver ileso.

CRIADO.--Lo conducir en seguida. (_Sale el criado._)

BRUTO.--Conozco que nos conviene tenerlo de amigo seguro.

CASIO.--Me alegrara de que se pudiera. Sin embargo, tengo cierta
inclinacin  considerarlo como muy de temer; y mi recelo persiste en
venir maliciosamente al propsito.

(_Vuelve  entrar Antonio._)

BRUTO.--He aqu  Antonio que viene. Bienvenido, Marco Antonio.

ANTONIO.--Oh poderoso Csar! Y yaces tan abatido? Todas tus
conquistas, glorias, triunfos, despojos han venido  reducirse  esta
mezquina condicin? Adios. Ignoro, caballeros, vuestros designios; quin
otro deber verter su sangre, quin est designado. Si lo estoy yo,
ninguna hora mejor que la que ha visto morir  Csar; ni instrumento que
sea la mitad tan digno como esas vuestras espadas, enriquecidas ya con
la ms noble sangre que hay en el mundo entero.--Si me tenis aversin,
os ruego satisfacer vuestro deseo ahora que vuestras manos enrojecidas
exhalan todava el vapor de la sangre. Si hubiera de vivir mil aos,
jams me encontrara tan dispuesto  morir como en este momento. Ningn
lugar me agradara tanto como este al lado de Csar; ningn modo de
muerte como el recibirla de vosotros los genios superiores y escogidos
de esta edad.

BRUTO.--Oh Antonio! No implores de nosotros la muerte. Aunque ahora
tenemos que parecer sanguinarios y crueles como lo vis por nuestras
manos y por este acto nuestro; vos no vis sino las manos y la accin
sangrienta que han ejecutado. No vis nuestros corazones. Estn llenos
de compasin: y la compasin por el infortunio general de Roma (que as
como el fuego ahoga al fuego, ahoga la compasin  la compasin), ha
consumado este hecho en Csar. En cuanto  vos, nuestras espadas no
tienen punta para daaros, Marco Antonio. Nuestros brazos, seguros
contra la malicia, y nuestros corazones de fraternal genialidad, os
reciben con todo benvolo afecto, con sana intencin y reverencia.

CASIO.--Vuestra voz alcanzar tanto poder como la de cualquier otro
hombre, en la distribucin de nuevas dignidades.

BRUTO.--Tened solamente paciencia hasta que hayamos apaciguado  la
multitud enagenada de espanto, y entonces os presentaremos la causa por
la cual yo, que amaba  Csar en el momento de herirlo, he procedido
as.

ANTONIO.--No dudo de vuestra rectitud! Dme cada uno su ensangrentada
mano. Primero estrechar la vuestra, Marco Bruto; en seguida la vuestra,
Cayo Casio. Ahora  vos, Decio Bruto, y  vos ahora, Metelio; vuestra
mano, Cinna; y, mi valeroso Casca, la vuestra. Y ltimo, aunque no
inferior en mi afecto, la vuestra buen Trebonio. Caballeros, todos, ay!
qu dir? Mi crdito se asienta hoy en tan resbaladizo terreno, que
slo podris considerarme de uno de dos tristes modos:  cobarde 
adulador. S: es verdad que te am oh Csar! Y si ahora tu espritu nos
contempla no te afligir, an ms que su muerte, ver  Antonio hacer
las paces, y estrechar las manos sangrientas de tus adversarios oh t
el ms noble de los hombres! en presencia de tu cadver? Si tuviera yo
tantos ojos como heridas tienes, y vertiera por ellos tantas lgrimas
como sangre han manado stas, me estara mejor que unirme en lazos de
amistad con tus enemigos.--Aqu fuste cercado, bravo ciervo, y aqu
caste; y aqu estn tus cazadores, puestas sus seales en tus despojos
y enrojecidos en tu muerte. T eras el bosque de este siervo oh mundo!
y l era, en verdad, tu corazn. Qu semejante al ciervo herido por
muchos prncipes, yaces aqu!

CASIO.--Marco Antonio.

ANTONIO.--Perdonadme, Cayo Casio. Los mismos enemigos de Csar han de
decirlo, y por tanto, en boca de un amigo, no es ms que fra modestia.

CASIO.--No os censuro porque elogiis as  Csar. Pero qu alianza
pensis tener con nosotros? Queris ser contado en el nmero de
nuestros amigos?  seguiremos adelante sin confiar en vos?

ANTONIO.--Por eso os estrech las manos. Pero en verdad me distrajo el
ver cmo yace Csar. Amigo soy de todos,  todos os amo en la esperanza
de que me daris las razones de por qu y cmo era peligroso Csar.

BRUTO.--Y de no serlo, este sera un espectculo salvaje. Nuestras
razones abundan tanto en rectitud, que quedarais satisfecho, Antonio,
aun cuando fuerais el hijo de Csar.

ANTONIO.--Eso es todo lo que busco. Y adems, solicito poder exhibir su
cuerpo en la plaza del mercado, y hablar en la tribuna, como cumple  un
amigo, en el orden de su funeral.

BRUTO.--Lo hars, Marco Antonio.

CASIO.--Bruto, quiero deciros una palabra. (_Aparte._) No sabis lo que
estis haciendo. No consintis en que hable Antonio en el funeral.
Sabis hasta qu grado se podr conmover el pueblo con lo que l diga?

BRUTO.--(_Aparte._) Con vuestro permiso. Yo ocupar primero la tribuna y
explicar la causa de la muerte de Csar. Har constar que Antonio
hablar por nuestra venia y consentimiento y que nos complacemos en que
Csar tenga todos los ritos y ceremonias legales. Esto nos har ms
provecho que dao.

CASIO.--(_Aparte._) No s lo que pueda acontecer. Esto no me place.

BRUTO.--Marco Antonio, tomad aqu el cuerpo de Csar. En vuestra oracin
fnebre no nos censuris, pero hablaris de Csar todo el bien que
podis, y diris que para ello os hemos dado permiso. De otro modo no
tendris parte alguna en este funeral. Y hablaris en la misma tribuna
que yo, despus de terminar mi discurso.

ANTONIO.--Sea as. No deseo ms.

BRUTO.--Preparad, pues, el cadver y seguidnos.

(_Salen todos, excepto Antonio._)

ANTONIO.--Perdname oh despojo desangrado! si soy manso y gentil con
estos carniceros. Reliquia eres del hombre ms noble que jams vieron
los tiempos. Ay de la mano que derram esta valiosa sangre! Ante tus
heridas frescas an, que abren sus labios enrojecidos como bocas mudas
implorando de mi lengua la voz y la expresin, hago ahora esta profeca:
Caer una maldicin sobre los miembros de los hombres: el furor
intestino y la cruel guerra civil arrasarn todas las partes de Italia;
la sangre y la destruccin sern tan habituales, y los objetos terribles
tan familiares, que las madres no harn mas que sonreir cuando vean 
sus pequeuelos descuartizados por la mano de la guerra; la costumbre de
los hechos atroces ahogar toda piedad: el espritu de Csar, vido de
venganza, discurrir teniendo  su lado  Atos acabada de salir del
infierno, y gritar en todos estos confines con voz de monarca:
Destruccin!, y soltar los perros de la guerra; y que este crimen
trascender por sobre la tierra en el quejido de los moribundos
implorando un sepulcro. (_Entra un criado._) T sirves  Octavio Csar
no es as?

CRIADO.--As es, Marco Antonio.

ANTONIO.--Csar escribi para que viniese  Roma.

CRIADO.--Recibi las cartas y est en camino y me encarg deciros de
palabra... Oh Csar! (_Viendo el cadver._)

ANTONIO.--Tienes henchido el corazn. Aprtate y llora. Veo que la
pasin es contagiosa, porque al ver las lgrimas que llenan tus ojos,
siento que los mos se humedecen. Viene tu seor?

CRIADO.--Esta noche estar  menos de siete leguas de Roma.

_Antonio_.--Pues vuela  encontrarle y dile lo que ha acontecido. Hay
una Roma enlutada, una Roma peligrosa; pero todava no hay para Octavio
una Roma segura. Sal de aqu y dile esto. Pero, qudate un momento. No
tornars hasta que haya yo llevado este cadver  la plaza del mercado;
all sondear con mi discurso el modo cmo el pueblo ha recibido la
cruel resolucin de estos hombres sanguinarios; y segn lo que sea,
explicars al joven Octavio el estado de las cosas. Aydame. (_Salen
llevando el cuerpo de Csar_).


ESCENA II.

La misma.--El Foro.

Entran BRUTO y CASIO y un grupo de ciudadanos.

CIUDADANO.--Queremos satisfacernos! Que se nos satisfaga...!

BRUTO.--Pues bien: seguidme y escuchadme, amigos. Casio, id  la otra
calle, y quede dividido el auditorio. Permanezcan aqu los que desean
oirme, y acompaen  Casio los que quieran seguirle; y se darn
pblicamente las razones de la muerte de Csar.

CIUDADANO 1.--Quiero oir hablar  Bruto.

CIUDADANO 2.--Quiero oir  Casio, y comparar sus razones cuando hayamos
odo  uno y otro. (_Sale Casio con algunos ciudadanos. Bruto va al
rostrum._)

CIUDADANO 3.--El noble Bruto ha subido. Silencio!

BRUTO.--Tened paciencia hasta el fin, romanos, compatriotas y amigos!
Escuchadme en mi causa, y guardad silencio para que podis escuchar;
creedme por mi honor, y respetad mi honor para que creis: censuradme
en vuestra sensatez, y despertad vuestros sentidos para juzgar mejor. Si
hubiere en esta asamblea algn caro amigo de Csar,  l me dirijo para
decirle que l no amaba  Csar ms que Bruto. Y si ese amigo pregunta
por qu se levant Bruto contra Csar, he aqu mi respuesta: no porque
amara menos  Csar, sino porque amaba ms  Roma. Querrais mas bien
que viviera Csar y morir esclavos todos, que ver morir  Csar y vivir
todos como hombres libres?--Puesto que Csar me amaba, le lloro; de que
fu afortunado me regocijo; como  valiente le honro; pero como 
ambicioso le mat. Hay lgrimas para su afecto, alegra para su fortuna,
honra para su valor, y muerte para su ambicin. Quin hay aqu tan bajo
que quisiera ser siervo? Si le hay, que hable; pues  se he ofendido.
Quin hay aqu tan embrutecido que no quisiera ser romano? Si le hay,
que hable; pues  se he ofendido tambin. Quin hay aqu tan vil que
no ame  su patria? Si le hay, que hable; pues tambin le he ofendido.
Me detengo para esperar respuesta.

CIUDADANO.--(_Hablan muchos  un tiempo._) Ninguno, Bruto, ninguno.

BRUTO.--Entonces  ninguno he ofendido. No he hecho  Csar sino lo que
harais  Bruto. La cuestin de su muerte est inscrita en el Capitolio:
no disminuda su gloria en cuanto era digno de ella, ni exageradas las
ofensas por las cuales sufri la muerte. (_Entran Antonio y otros con el
cuerpo de Csar._)--Aqu viene su cadver escoltado por Marco Antonio.
Ninguna parte tuvo ste en su muerte, y, sin embargo, goza del beneficio
de ella, ocupando un puesto en la comunidad. Y cul de vosotros no lo
obtendr tambin? Y me despido protestando que si slo por el bien de
Roma mat al hombre  quien ms amaba, tengo la misma arma para m
propio cuando la patria necesite mi muerte.

CIUDADANO.--Viva Bruto! Viva, viva!

CIUDADANO 1.--Llevmosle en triunfo hasta su casa.

CIUDADANO 2.--Erigidle una estatua junto  las de sus antepasados.

CIUDADANO 3.--Hagmosle Csar.

CIUDADANO 4.--Y lo que haba de mejor en Csar ser ahora coronado en
Bruto.

CIUDADANO 1.--Le llevaremos  su casa con vtores y aclamaciones.

BRUTO.--Compatriotas mos...

CIUDADANO 2.--Orden! Silencio! Bruto habla.

BRUTO.--Mis buenos compatriotas, dejadme partir solo, y por merced  m
quedaos aqu con Antonio. Haced honor al cuerpo de Csar, y  la oracin
de Antonio encaminada  la gloria de Csar. Hcela con nuestro
beneplcito y le hemos dado permiso para pronunciarla. Os ruego que
ningn hombre se ausente, excepto yo, hasta que Antonio haya hablado.

CIUDADANO 1.--Quedmonos para oir  Marco Antonio.

CIUDADANO 3.--Que suba  la tribuna pblica y le oiremos. Noble
Antonio, subid.

ANTONIO.--Por consideracin  Bruto, me vis en presencia vuestra.

CIUDADANO 4.--Lo mejor sera que no hablase aqu mal de Bruto.

CIUDADANO 1.--Este Csar era un tirano.

CIUDADANO 3.--No hay duda de ello. Es una bendicin para nosotros que
Roma se haya librado de l.

CIUDADANO 2.--Silencio! Oigamos lo que puede decir Antonio.

ANTONIO.--Amigos, romanos, compatriotas, prestadme atencin. Vengo 
sepultar  Csar, no  ensalzarlo. El mal que los hombres hacen les
sobrevive: el bien es  menudo enterrado con sus huesos. Sea tambin
as con Csar. El noble Bruto os ha dicho que Csar era ambicioso. Si
tal ha sido, su falta fu muy grave, y la habr pagado terriblemente.
Ahora, con permiso de Bruto y los dems (porque Bruto es un hombre
honorable, y honorables son todos ellos, todos) vengo  hablar en el
funeral de Csar.--Amigo mo era, leal y justo para m; pero Bruto dice
que era ambicioso, y Bruto es un hombre honorable. Muchos cautivos trajo
 Roma, y con sus rescates llen las arcas pblicas. Pareci esto
ambicioso en Csar? Las lgrimas de los pobres hacan llorar  Csar, y
la ambicin debera ser de ndole ms dura. Sin embargo, Bruto dice que
era ambicioso; y Bruto es un hombre honorable. Todos habis visto cmo
en la fiesta Lupercalia le present tres veces una corona real y cmo la
rehus tres veces. Era esto ambicin? Sin embargo, Bruto dice que era
ambicioso, y por cierto que l es un hombre honorable. No hablo para
reprobar lo que habl Bruto; pero estoy aqu para decir lo que s. Todos
le amasteis un da y no fu sin motivo. Qu causa os retiene, pues,
para no llevar luto por l? Oh discernimiento! Has ido  albergarte en
los animales inferiores y los hombres han perdido la razn! Toleradme;
porque mi corazn est all en ese fretro, con Csar, y he de detenerme
hasta que vuelva  m.

CIUDADANO 1.--Parece que hay mucho de verdad en lo que dice.

CIUDADANO 2.--Bien pensado, se ha hecho grande injusticia  Csar.

CIUDADANO 3.--En verdad, seores? Pues temo que en lugar suyo venga
alguno peor.

CIUDADANO 4.--Te has fijado en sus palabras? No quiso tomar la corona.
Luego de seguro que no era ambicioso.

CIUDADANO 1.--Si resulta as, alguien lo ha de pagar bien caro!

CIUDADANO 2.--Pobre hombre! Tiene enrojecidos los ojos de llorar.

CIUDADANO 3.--No hay en Roma hombre ms noble que Antonio.

CIUDADANO 4.--Observmosle ahora. Vuelve  hablar.

ANTONIO.--Slo ayer, la palabra de Csar habra hecho frente al mundo
todo: y hedle all que yace ahora sin que haya uno solo bastante humilde
para rendirle homenaje. Oh seores! Si estuviera dispuesto  conmover
vuestros corazones y vuestra mente y arrastrarlos  la clera y al
tumulto, hara injusticia  Bruto  injusticia  Casio; y todos sabis
bien que son hombres honorables. No quiero ser injusto para con ellos.
Prefiero serlo para con el muerto, para conmigo mismo y para con
vosotros, antes que para con hombres tan honorables.--Pero tengo aqu un
pergamino con el sello de Csar. Lo encontr en su retrete y es su
testamento.--Permitid que oigan su ltima voluntad los ciudadanos (si
bien, con vuestro permiso, no me propongo leerlo),  irn  besar las
heridas de Csar muerto, y mojarn sus telas en su sagrada sangre; s; y
mendigarn uno solo de sus cabellos como memoria, y al morir lo
mencionarn en sus testamentos como rico legado  sus sucesores.

CIUDADANO 4.--Queremos oir el testamento. Leedlo, Marco Antonio.

CIUDADANOS.--El testamento! El testamento! Queremos oir el
testamento!

ANTONIO.--Tened paciencia, benvolos amigos; no debo leerlo. No es
oportuno que sepis  qu punto os am Csar. No sois leos, no sois
piedras; sois hombres, y como hombres, al oir el testamento de Csar, os
sentirais inflamados, exasperados por la indignacin.--No es bien
haceros saber que sois sus herederos; pues  saberlo qu no podra
resultar?

CIUDADANO 4.--Leed el testamento. Queremos oirlo, Antonio. Habis de
leernos el testamento, el testamento de Csar.

CIUDADANOS.--El testamento! El testamento!

ANTONIO.--Queris tener paciencia? Permaneceris tranquilos un rato?
Me he dejado llevar ms all de mi intento, al deciros eso. Temo hacer
mal  los hombres honorables cuyos puales hirieron  Csar. Lo temo.

CIUDADANO 4.--Eran traidores! Hombres honorables!

CIUDADANOS.--El testamento! La ltima voluntad!

ANTONIO.--Queris forzarme, pues,  leer el testamento? Rodead entonces
el cadver y dejadme mostraros  aquel que hizo el testamento.--Me
daris permiso para bajar?

CIUDADANOS.--Bajad!

CIUDADANO 2.--Descended!

CIUDADANO 3.--Tenis el permiso.

CIUDADANO 4.--Hagamos rueda. Poneos alrededor.

CIUDADANO 1.--Apartaos un tanto del cadver y del fretro.

CIUDADANO 2.--Haced lugar para Antonio, para el muy noble Antonio.

ANTONIO.--No os agolpis tanto sobre m. Teneos  distancia.

CIUDADANO.--Atrs! Haced sitio! Retroceded!

ANTONIO.--Si tenis lgrimas, preparaos  verterlas. Todos conocis este
manto. Recuerdo cuando Csar lo llev por primera vez. Era una tarde de
verano, en su tienda. Ese da venci  los Nervos. Ved: por aqu penetr
el pual de Casio. Mirad qu rasgadura hizo el envidioso Casca. Por esta
otra hiri Bruto el bien amado. Y observad cmo al retirar su maldito
acero, la sangre de Csar parece haberse lanzado en pos de ste, como
para cerciorarse de si era Bruto en verdad quien le haba abierto tan
odiosamente la puerta. Porque Bruto, bien lo sabis, era el ngel de
Csar. Juzgad, oh dioses, qu entraablemente le amaba Csar! Esa fu
la ms cruel herida de todas. Porque cuando el noble Csar vi que l
tambin le hera, la ingratitud ms fuerte que los brazos de los
traidores, lo abrum completamente. Y estall entonces su poderoso
corazn; y envolviendo su rostro con el manto, cay el gran Csar en la
base de la estatua de Pompeyo, inundada de sangre. Oh, qu cada,
compatriotas! All, vosotros y yo camos, y la traicin sangrienta
triunf sobre nuestras cabezas. Oh! Ahora lloris: veo que la piedad os
mueve, y esas lgrimas son bondadosas. Pero qu! Lloris almas
benvolas, cuando vis solamente la desgarrada vestidura de Csar! Mirad
aqu, aqu est l mismo, acribillado por los traidores.

CIUDADANO 1.--Qu triste espectculo!

CIUDADANO 2.--Oh noble Csar!

CIUDADANO 3.--Oh desgraciado da!

CIUDADANO 4.--Oh traidores! Villanos!

CIUDADANO 1.--Oh sangriento cuadro!

CIUDADANO 3.--Seremos vengados: Venganza! Buscad, registrad,
incendiad, matad. Que no quede un traidor vivo!

ANTONIO.--Quedaos, compatriotas.

CIUDADANO 1.--Guardad silencio. Oigamos al noble Antonio.

CIUDADANO 2.--Le oiremos, y le seguiremos, y moriremos con l.

ANTONIO.--Buenos amigos, caros amigos, no anhelo agitaros con semejante
irrupcin de tumulto. Aquellos que han consumado ese hecho son
honorables. Qu secretos agravios tenan para hacer esto ay! no lo s.
Ellos son discretos y honorables, y, sin duda, os respondern con
razones. No vengo, amigos,  seducir vuestros corazones. Yo no soy
orador, como Bruto; y todos me conocis como un hombre sencillo y rudo
que amaba  su amigo. Y bien lo saban los que me dieron pblicamente
permiso para hablar de l; porque no tengo el talento, ni la elocuencia,
ni la vala, ni la accin, ni la fuerza de la palabra, para sublevar la
sangre de los hombres.--Hablo sin rodeos, y slo os digo aquello que
todos sabis: os muestro las heridas del afectuoso Csar, estas pobres,
pobres bocas mudas, y les pido que hablen por m. Que si yo fuera Bruto,
y Bruto fuera Antonio, habra un Antonio que sublevara vuestros nimos
y pondra una lengua en cada herida de Csar capaz de hacer moverse y
amotinarse hasta las piedras de Roma.

CIUDADANO.--Nos levantaremos!

CIUDADANO 1.--Quemaremos la casa de Bruto!

CIUDADANO 3.--Pues vamos! Busquemos  los conspiradores.

ANTONIO.--Odme an, compatriotas: odme unas palabras ms.

CIUDADANO.--Silencio! Od  Antonio, al muy noble Antonio.

ANTONIO.--Pero, amigos, os lanzis  hacer no sabis qu. Qu ha hecho
Csar para merecer as vuestros afectos? Ay! No sabis an, debo
decroslo, habis olvidado el testamento de que os habl.

CIUDADANO.--Muy cierto. El testamento. Quedmonos  oir el testamento.

ANTONIO.--Hedlo aqu, y bajo el sello de Csar. Da  cada ciudadano
romano,  cada un hombre, setenta y cinco dracmas.

CIUDADANO 2.--Qu noble Csar! Vengaremos su muerte!

CIUDADANO 3.--Qu regio Csar!

ANTONIO.--Escuchadme con paciencia.

CIUDADANO.--Silencio! Silencio!

ANTONIO.--Os ha dejado adems todos sus paseos, sus parques
particulares, y sus huertos recin plantados, en este lado del Tber;
los ha dejado  perpetuidad para vosotros y vuestros herederos, como
parques pblicos, para pasearos y solazaros en ellos.--Hed ah lo que ha
sido Csar. Cundo vendr uno que se le parezca?

CIUDADANO 1.--Nunca, jams. Salgamos, salgamos; quememos sus restos en
el lugar sagrado, y con los tizones incendiemos las casas de los
traidores! Levantemos el cuerpo.

CIUDADANO 2.--Id  traer fuego.

CIUDADANO 3.--Derribad los bancos.

CIUDADANO 4.--Derribad las molduras, las ventanas, lo que sea. (_Salen
los ciudadanos con el cuerpo._)

ANTONIO.--Y ahora, siga adelante la obra.--Ya ests en marcha oh
revuelta! Toma el camino que quieras.--Qu hay ahora, mozo? (_Entra un
criado._)

CRIADO.--Seor. Octavio ha llegado ya  Roma.

ANTONIO.--Y en dnde est?

CRIADO.--l y Lpido estn en casa de Csar.

ANTONIO.--Y all voy inmediatamente  visitarlo. Viene como trado al
intento. La fortuna est alegre, y en su buen humor nos dar no importa
qu.

CRIADO.--Les o decir que Bruto y Casio escapan como locos furiosos
fuera de las puertas de Roma.

ANTONIO.--Es probable que tuviesen alguna noticia del pueblo y de cmo
yo lo haba movido.--Condceme donde Octavio.


ESCENA III.

La misma.--Una calle.

Entra CINNA, el poeta.

CINNA.--So esta noche que estaba en un banquete con Csar, y las cosas
impresionan mi fantasa de un modo desafortunado. No tengo deseo de
andar por las calles, y, sin embargo, algo me impele  hacerlo.

(_Entran ciudadanos._)

CIUDADANO 1.--Cmo os llamis?

CIUDADANO 2.-- dnde vis?

CIUDADANO 3.--Dnde resids?

CIUDADANO 4.--Sois casado  soltero?

CIUDADANO 2.--Responded  cada uno terminantemente.

CIUDADANO 1.--S; y en pocas palabras.

CIUDADANO 4.--S; y discretamente.

CIUDADANO 3.--S; y con veracidad. Ser mejor para vos.

CINNA.--Cmo me llamo?  dnde voy? Dnde resido? Soy casado 
soltero? Pues para responder  cada uno terminantemente, en pocas
palabras, discretamente y con veracidad, digo discretamente: soy
soltero.

CIUDADANO 2.--Eso quiere decir que los que se casan son unos necios. Me
temo que esto os costar que os d un golpe. Continuad: terminantemente.

CINNA.--Terminantemente, voy al funeral de Csar.

CIUDADANO 1.--Como amigo  enemigo?

CINNA.--Como amigo.

CIUDADANO 2.--Ese punto est respondido terminantemente.

CIUDADANO 4.--Vuestra residencia? En pocas palabras.

CINNA.--En pocas palabras, resido junto al Capitolio.

CIUDADANO 3.--Vuestro nombre, seor? Con veracidad.

CINNA.--Con veracidad, mi nombre es Cinna.

CIUDADANO 1.--Hacedle pedazos. Es un conspirador.

CINNA.--Soy Cinna el poeta, soy Cinna el poeta.

CIUDADANO 4.--Despedazadle por sus malos versos. Despedazadle por sus
malos versos.

CIUDADANO 2.--No importa. Su nombre es Cinna. Arrancad solamente ese
nombre de su corazn, y hacedle que retroceda.

CIUDADANO 3.--Despedazadle, despedazadle! Y ahora  las teas!  casa
de Bruto!  casa de Casio! Incendimoslo todo. Que vayan unos  casa
de Decio, otros  la de Casca, otros  la de Ligario! (_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO IV.


ESCENA I.

En Roma. Cuarto en casa de Antonio.

ANTONIO, OCTAVIO Y LPIDO sentados alrededor de una mesa.

ANTONIO.

Todos estos, pues, tienen que morir. Sus nombres estn marcados.

OCTAVIO.--Vuestro hermano debe morir tambin. Consents, Lpido?

LPIDO.--Consiento.

OCTAVIO.--Marcadlo, Antonio.

LPIDO.-- condicin de que no vivir Publio, que es hijo de vuestra
hermana, Marco-Antonio.

ANTONIO.--No vivir. Mirad: le condeno con esta seal. Pero id, Lpido,
 casa de Csar; traed el testamento y arreglaremos el modo de suprimir
alguna parte de los legados.

LPIDO.--Qu! Os hallar aqu?

_Octavio_.--Aqu  en el Capitolio. (_Sale Lpido._)

_Antonio_.--Este es un pobre hombre sin mrito que slo est bueno para
hacer mandados. Es conveniente que, dividido el mundo en tres partes,
venga l  ser uno de los tres que lo dominen?

_Octavio_.--As lo pensabais y consultasteis su voto sobre quines
deban ser marcados para morir en nuestra sentencia de muerte y
proscripcin.

[Illustration]

ANTONIO.--Octavio, he vivido ms das que vos, y aunque prodigamos estos
honores en este hombre para libertarnos del peso de algunas calumnias,
l no los llevar sino como lleva el asno el oro, para trabajar y sudar
en la faena, ya sea que al sealar el camino sea guiado  sea arreado. Y
cuando hemos trado nuestro tesoro adonde queremos, le quitamos la carga
y le hacemos irse, como el asno descargado,  sacudir las orejas y pacer
en el campo.

OCTAVIO.--Haced como queris; pero es un bravo y experto soldado.

ANTONIO.--Tambin lo es mi caballo, Octavio, y por tanto le proveo con
un depsito de heno. Es una criatura  la cual he enseado  lidiar, 
partir,  detenerse,  correr de frente, gobernados siempre por mi
espritu los movimientos de su cuerpo. En cierto modo, Lpido no es ms
que esto. Tiene que ser enseado, disciplinado, estimulado  ir
adelante.--Es un espritu estril que se alimenta con objetos, artes 
imitaciones, manoseadas por otros hombres y cadas en desuso, pero que
para l son moda nueva. No hablis de l sino como de una propiedad. Y
ahora, Octavio, escuchad grandes cosas. Bruto y Casio estn reclutando
fuerzas. Nosotros debemos ir adelante sin vacilar. Combinemos, pues,
nuestra alianza, aseguremos  nuestros ms fieles amigos y ensanchemos
nuestros mejores recursos. Reunmonos inmediatamente en consejo para
descubrir mejor las cosas encubiertas y hacer frente  los peligros
visibles.

OCTAVIO.--Hagmoslo; porque estamos en juego, circundados por muchos
enemigos, y me temo que algunos de los que nos sonren, tienen en su
corazn abismos de maldad.

(_Salen._)


ESCENA II.

Delante de la tienda de Bruto, en el campo cerca de Sardis.

Tambor.--Entran BRUTO, LUCILIO, LUCIO y SOLDADOS. TICINIO Y PNDARO se
encuentran con ellos.

BRUTO.--Alto aqu!

LUCILIO.--Dad la voz y haced alto.

BRUTO.--Qu hay, Lucilio? Est Casio cerca?

LUCILIO.--Va  llegar, y Pndaro ha venido  saludaros en nombre de su
seor.

(_Pndaro da una carta  Bruto_).

BRUTO.--Me saluda bien. Vuestro seor, Pndaro, por mudanza en l,  por
malos oficiales, me ha dado algn motivo para desear que cosas que
haban sido hechas se deshicieran; pero si est tan prximo, quedar
satisfecho.

PNDARO.--No dudo que mi noble dueo aparecer tal como es, lleno de
delicadeza y honor.

BRUTO.--No se duda de l. Una palabra, Lucilio. Quiero saber con certeza
de qu modo os recibi.

LUCILIO.--Cortsmente y con bastante respeto; pero no con las mismas
formas familiares, ni con el libre y amistoso trato que acostumbraba en
tiempos anteriores.

BRUTO.--En ello habis descrito  un caluroso amigo que se enfra.
Advertid, Lucilio, que cuando el amor principia  debilitarse y decaer,
usa siempre una ceremonia forzada. La fe honesta y sencilla no conoce
disfraces.--Pero los hombres frvolos, como ciertos caballos fogosos al
principio, hacen ostentacin y alarde de su firmeza; pero lugo que
sienten las sangrientas espuelas, agachan la cabeza como rocines maosos
y sucumben en la prueba. Avanza su ejrcito?

LUCILIO.--Propnense acampar esta noche en Sardis. La mayor parte, las
tropas de  caballo, han venido con Casio.

BRUTO.--Oyes? Ha llegado. V pausadamente  encontrarlo.

(_Entran Casio y soldados._)

CASIO.--Alto!

BRUTO.--Alto! Pasad la voz.

DENTRO.--Alto!

DENTRO.--Alto!

DENTRO.--Alto!

CASIO.--Muy noble hermano. Habis sido injusto hacia m.

BRUTO.--Juzgadme oh dioses! Hago injusticia  mis enemigos? Pues si no
la hago cmo podra hacerla  un hermano?

CASIO.--Bruto, esta sobria apariencia vuestra encubre injusticias; y
cuando las hacis....

BRUTO.--Conteneos, Casio. Exponed vuestros agravios tranquilamente. Os
conozco bien. Aqu bajo las miradas de nuestros dos ejrcitos, que no
deben ver entre nosotros sino buen afecto, no disputemos. Haced que se
retiren y lugo en mi tienda, Casio, os espaciaris sobre vuestras
quejas y os dar audiencia.

CASIO.--Pndaro, pedid  los jefes que retiren un poco de este lugar sus
tropas.

BRUTO.--Hacedlo tambin, Lucilio; y que nadie venga  nuestra tienda
hasta que haya terminado nuestra conferencia. Que Lucio y Ticinio
guarden la puerta.

(_Salen._)


ESCENA III.

En la tienda de Bruto.

LUCIO y TICINIO  alguna distancia de ella.

CASIO.--Que me habis tratado injustamente, se ve en que habis
condenado y marcado  Lucio Pella por haber recibido aqu sobornos de
los sardios; al paso que mis cartas implorando en su favor, porque
conozco al hombre, han sido despreciadas.

BRUTO.--Os hicisteis injusticia vos mismo, escribiendo en semejante
caso.

CASIO.--En tiempos como el presente, no es oportuno que una pequea
falta sea tan notada.

BRUTO.--Dejadme deciros, Casio, que vos, vos mismo, tenis la mala
reputacin de la codicia; de vender y traficar por oro nuestros empleos
 personas indignas.

CASIO.--Codicia, yo? Bien sabis, Bruto, que  no ser vos quien habla
por los dioses! estas seran vuestras ltimas palabras.

BRUTO.--Y  no estar esta corrupcin amparada bajo el nombre de Casio,
no tardara en aparecer el castigo.

CASIO.--Castigo!

BRUTO.--Acordaos de Marzo, de los dus de Marzo! No fu por la
justicia que corri la sangre del gran Julio? Qu villano toc su
cuerpo y lo hiri, y no por justicia? Qu! Habr de haber uno de
nosotros, los que pusimos la mano sobre el primer hombre del mundo, slo
porque protega  los expoliadores, que manche ahora sus manos con bajos
cohechos? Y venda la alta regin de nuestros grandes honores, por la
vil basura que as se pueda recoger?--Antes que ser un romano semejante,
prefiriera ser un perro hambriento.

CASIO.--No me provoquis, Bruto. No he de sufrirlo. Os olvidis de vos
mismo al acusarme. Soldado soy, soldado ms antiguo y experimentado, ms
hbil que vos para dictar condiciones.

BRUTO.--Apartaos. No sois Casio.

CASIO.--Casio soy.

BRUTO.--Digo que no.

CASIO.--Conteneos  lo olvidar todo. Mirad por vos mismo. No me tentis
ms.

BRUTO.--Fuera! Pobre diablo!

CASIO.--Es posible esto?

BRUTO.--Od, porque tengo que hablar. Debo yo ceder y abrir campo 
vuestra temeraria clera? Me asustar de que me mire un loco?

CASIO.--Oh dioses! Oh dioses! Y debo soportar todo esto?

BRUTO.--Todo esto? S, y ms. Enfureceos hasta que estalle vuestro
orgulloso corazn. Id, mostrad  vuestros esclavos cun iracundo sois, y
que tiemblen vuestros siervos. He de alterarme? He de guardaros
consideracin? He de humillarme ante vuestro mal humor? Por los
dioses! que habis de digerir el veneno de vuestro fastidio, aunque os
haga reventar; porque de hoy en adelante har de vos mi diversin, s,
mi hazme-reir, cuando estis rabioso.

CASIO.--Y  esto hemos llegado?

BRUTO.--Decs que sois mejor soldado. Pues mostradlo. Que vuestra
jactancia se convierta en hechos y quedar muy contento. Por lo que  m
toca, me alegrara recibir lecciones de hombres nobles.

CASIO.--Me hacis injusticia en todo. Dije que soy soldado ms antiguo,
no mejor.--Dije que soy mejor?

BRUTO.--Si lo dijisteis, no me importa.

CASIO.--Cuando Csar viva no se atrevi  provocarme as.

BRUTO.--Poco  poco. No os atrevisteis  tentarlo as!

CASIO.--No me atrev?

BRUTO.--No.

CASIO.--Qu! No atreverme  tentarlo?

BRUTO.--Por vida vuestra, que no.

CASIO.--No contis demasiado sobre mi afecto.--Podra hacer algo que me
pesara despus.

BRUTO.--Ya habis hecho algo que os debera pesar. Nada hay, Casio, en
vuestras amenazas, que pueda inquietarme; porque estoy tan poderosamente
armado de honradez, que pasan junto  m como el aire juguetn del que
no puedo hacer caso. Envi  pediros ciertas sumas de oro, que habis
rehusado; porque yo no s levantar dinero por medios viles, y antes de
arrancar por fraude de las endurecidas manos de los campesinos su
mezquina ganancia por los cielos! preferira hacer acuar mi corazn y
destilar mi sangre por dracmas! Envi donde vos por oro para pagar mis
legiones, y lo negasteis. Fu ese proceder digno de Casio? Habra yo
respondido as  Cayo Casio? Cuando Marco-Bruto llegue  ser tan avaro
que encierre de sus amigos esas miserables monedas, aprontad, oh
dioses, todos vuestros rayos para despedazarle!

CASIO.--No os negu!

BRUTO.--Negasteis.

CASIO.--No negu. El que os trajo mi respuesta fu un imbcil. Bruto ha
desgarrado mi corazn. Un amigo debera soportar los defectos de sus
amigos; pero Bruto exagera los mos.

BRUTO.--No lo hago, sino cuando me hacis sufrir por ellos.

CASIO.--No me tenis afecto.

BRUTO.--No me gustan vuestras faltas.

CASIO.--El ojo de un amigo nunca podra ver tales faltas.

BRUTO.--No las vera un adulador, aunque son tan grandes como el monte
Olimpo.

CASIO.--Venid, Antonio y joven Octavio, venid y vengaos slo de Casio!
Porque Casio est cansado del mundo; odiado por aquel  quien ama;
retado por su hermano; oprimido como un siervo; observadas todas sus
faltas y anotadas en el libro y divulgadas y aprendidas de memoria para
arrojrselas al rostro. Oh! Podra llorar el alma por los ojos! Aqu
est mi pual: he aqu mi pecho desnudo. Dentro hay un corazn ms
valioso que la mina de Pluto, ms rico que el oro. Si es verdad que eres
un romano, tmale. Yo que te he negado oro, te entrego mi corazn. Hiere
como hiciste con Csar; yo s que cuando ms lo aborreciste, lo amabas
an ms que lo que nunca amaste  Casio.

BRUTO.--Envainad vuestro pual. Montad en clera cuanta os plazca: ya
tendr libre campo. Haced lo que os plazca: el deshonor ser mal humor.
Oh Casio! Estis uncido con un cordero que soporta la clera como el
pedernal soporta el fuego; y que slo cuando se le fuerza mucho, despide
una chispa rpida y se enfra al momento.

CASIO.--Ha vivido Casio solamente para servir de diversin y risa  su
Bruto, cuando el pesar y la sangre enardecida le irritaban?

BRUTO.--Tambin estaba yo irritado cuando habl as.

CASIO.--Confesis esto? Dadme vuestra mano.

BRUTO.--Y mi corazn tambin.

CASIO.--Oh Bruto!

BRUTO.--Qu hay ahora?

CASIO.--No tenis por m bastante afecto para tolerarme, cuando ese
violento humor que me di mi madre, me hace olvidarlo todo?

BRUTO.--S, Casio. Y en adelante, cuando seis demasiado exaltado con
vuestro Bruto, l pensar que es vuestra madre quien regaa y os dejar
as. (_Ruido dentro._)

POETA.--(_Adentro._) Dejadme entrar  ver  los generales.--Hay un
resentimiento entre ellos.--No est bien dejarlos solos.

LUCILIO.--(_Adentro._)--No tendris entrada.

POETA.--Nada me detendr sino la muerte. (_Entra el poeta._)

CASIO.--Qu hay ahora? qu sucede?

POETA.--En nombre de la vergenza, generales, qu intentis? Amaos y
sed amigos cual cumple  dos hombres como vosotros. Porque estoy cierto
de haber vivido ms aos que vosotros.

CASIO.--Ha! ha! Qu detestablemente rima este cnico!

BRUTO.--Fuera de aqu, villano! Mozo impudente, fuera!

CASIO.--Tened paciencia con l, Bruto. Es su manera.

BRUTO.--Yo sabr soportar su genialidad, cuando l sepa escoger la
ocasin.--Qu tiene que hacer la guerra con estos necios
danzantes?--Camarada, fuera!

CASIO.--Fuera! fuera! Marchaos. (_Sale el poeta._)

(_Entran Lucilio y Ticinio._)

BRUTO.--Lucilio y Ticinio, encargad  los jefes que se preparen  alojar
sus tropas.

CASIO.--Y regresad inmediatamente trayndonos  Messala. (_Salen Lucilio
y Ticinio._)

BRUTO.--Lucio. Una taza de vino.

CASIO.--No pens que podais haber estado tan encolerizado.

BRUTO.--Oh Casio! Me tienen enfermo muchos pesares.

CASIO.--No usis de vuestra filosofa, si dis importancia  males
accidentales.

BRUTO.--Ningn hombre soporta mejor la afliccin.--Porcia ha muerto.

CASIO.--Ah! Porcia!

BRUTO.--Es muerta.

CASIO.--Y habis podido no matarme cuando os contrari tanto! Oh!
prdida conmovedora  insoportable! De qu dolencia?

BRUTO.--Impaciente por mi ausencia, y pesarosa de que el joven Octavio y
Marco Antonio se hayan hecho tan fuertes (pues con su muerte lleg esa
nueva), perdi la razon, y en ausencia de sus servidores, trag fuego.

CASIO.--Y muri as?

BRUTO.--As.

CASIO.--Oh dioses inmortales!

(_Entra Lucio con vino y bujas._)

BRUTO.--No hableis ms de ella. Dadme una taza de vino. En esto sepulto
todo resentimiento, Casio. (_Bebe._)

CASIO.--Sediento est mi corazon de esa noble promesa. Llena, Lucio,
llena hasta que se derrame la taza. Nunca beber demasiado del afecto
de Bruto. (_Bebe._)

(_Vuelven  entrar Ticinio y Messala._)

BRUTO.--Entrad, Ticinio. Bienvenido, buen Messala. Sentmonos ahora bien
junto  esta luz y examinemos nuestras necesidades.

CASIO.--Porcia! Y eres ida?

BRUTO.--Basta. Os lo ruego. Messala, he recibido aqu cartas anunciando
que el joven Octavio y Marco Antonio avanzan sobre nosotros con fuerzas
poderosas, y que dirigen su marcha hacia Filipi.

[Illustration]

MESSALA.--Tambin tengo cartas del mismo tenor.

BRUTO.--Con qu adicin?

MESSALA.--Que por proscripciones y mandando poner fuera de la ley,
Octavio, Antonio y Lpido han hecho matar cien senadores.

BRUTO.--No estn acordes nuestras cartas en ese punto. Las mas hablan
de setenta senadores muertos por sus proscripciones, siendo Cicern uno
de ellos.

CASIO.--Cicern?

MESSALA.--S. Cicern ha muerto por esa orden de proscripcin. Son de
vuestra esposa esas cartas, mi seor?

BRUTO.--No, Messala.

MESSALA.--Ni cosa alguna escrita en esas cartas acerca de ella?

BRUTO.--Nada, Messala.

MESSALA.--Parceme extraa cosa.

BRUTO.--Por qu lo preguntis? Habis sabido algo de ella en vuestras
cartas?

MESSALA.--No, mi seor.

BRUTO.--Pues sois romano, decid la verdad.

MESSALA.--Pues bien: sobrellevad como romano la verdad que digo. Muerta
es en verdad y de extraa manera.

BRUTO.--Adios, pues, Porcia. Tenemos que morir, Messala; y reflexionando
en que ella haba de morir un da, encuentro paciencia para sufrir esto
ahora.

MESSALA.--As es como los grandes hombres deben sobrellevar las grandes
prdidas.

CASIO.--Tengo tanto de ello en teora como vos; pero mi naturaleza no
podra sufrirlo as.

BRUTO.--Bien.  nuestra obra viva. Qu pensis de marchar
inmediatamente  Filipi?

CASIO.--No me parece bien.

BRUTO.--Qu razn tenis?

CASIO.--Esta. Es mejor que el enemigo nos busque. As gastar sus
recursos y cansar  sus soldados, dandose  s propio; mientras que
nosotros permaneciendo inmviles estamos descansados, fuertes para la
defensa y activos.

BRUTO.--Las buenas razones han de ceder, es claro, ante las mejores. El
pueblo entre Filipi y este campo permanece en una adhesin forzada, pues
nos ha dado de mala gana la contribucin. El enemigo, marchando entre
ellos, llenar con ellos sus filas y vendr refrescado, acrecido y ms
animoso.--Le quitaremos esta ventaja si vamos  Filipi  hacerle frente,
dejando este pueblo  nuestra espalda.

CASIO.--Escuchadme, buen hermano.

BRUTO.--Con vuestro permiso. Debis advertir, adems, que hemos
procurado obtener de nuestros amigos lo ms que era posible. Nuestras
legiones estn del todo completas y nuestra causa ha llegado  su
madurez. El enemigo aumenta cada da. Nosotros, que nos hallamos en la
cima, estamos expuestos  declinar.--Hay en los negocios humanos una
marea que, tomada cuando est llena, conduce  la fortuna; y omitida,
hace que el viaje de la vida est circundado de bajos y
miserias.--Flotando estamos ahora en ese mar, y tenemos que aprovechar
la corriente cuando es favorable,  perder nuestras probabilidades.

CASIO.--As, pues, como lo deseis, seguid adelante. Nosotros nos
pondremos en marcha y los encontraremos en Filipi.

BRUTO.--La alta noche ha avanzado mientras hablbamos. La naturaleza
tiene que obedecer  la necesidad, y la satisfaremos, aunque
mezquinamente, con un breve descanso. No hay ms que hablar?

CASIO.--No ms. Buenas noches. Madrugaremos maana, y en camino.

BRUTO.--Lucio, mi tnica. (_Sale Lucio._)--Adios, buen Messala. Buenas
noches, Ticinio. Buenas noches y buen reposo, noble Casio.

CASIO.--Oh querido hermano! Esta noche ha tenido un mal principio. Que
jams semejante disensin surja entre nuestras almas! No dejis que
suceda, Bruto.

BRUTO.--Ya est bien todo.

CASIO.--Buenas noches, mi seor.

BRUTO.--Buenas noches, buen hermano.

TICINIO.--Buenas noches, Bruto, mi seor.

BRUTO.--Adios  cada uno. (_Salen Casio, Ticinio y Messala.--Vuelve 
entrar Lucio con la tnica._)--Dame mi tnica. Dnde est tu
instrumento?

LUCIO.--Aqu en la tienda.

BRUTO.--Qu! Hablas medio dormido? Pobre bellaco, no te culpo: has
vigilado con exceso.--Llama  Claudio y algunos otros de mis hombres.
Los har dormir en mi tienda sobre almohadones.

LUCIO.--Varro y Claudio! (_Entran Varro y Claudio._)

VARRO.--Llamis, seor?

BRUTO.--Os ruego, seores, acostaros en mi tienda y dormir. Acaso os
despierte ms tarde para asuntos con mi hermano Casio.

VARRO.--Con vuestro permiso quedaremos en pi esperando vuestras
rdenes.

BRUTO.--No lo consentir. Acostaos, buenos seores. Quizs podr variar
de pensamiento. Mira, Lucio, aqu est el libro que busqu tanto. Le
puse en el bolsillo de la tnica.

(_Se acuestan los sirvientes._)

_Lucio_.--Estaba seguro de que su seora no me lo haba dado.

BRUTO.--Ten paciencia conmigo, buen muchacho; soy muy olvidadizo.
Quieres abrir por un rato tus ojos soolientos y tocar uno  dos trozos
en tu instrumento?

LUCIO.--S, mi seor, si os place.

BRUTO.--Me place, muchacho. Te fatigo demasiado, pero tienes buena
voluntad.

LUCIO.--Es mi deber, seor.

BRUTO.--Yo no exigira tu deber ms all de tus fuerzas. S que las
sangres jvenes anhelan la hora del descanso.

LUCIO.--He dormido ya, mi seor.

BRUTO.--Has hecho bien; y volvers  dormir. No te retendr mucho rato.
Si vivo, ser bueno para ti. (_Msica y un canto._)--Es un tono
sooliento. Maldito

[Illustration: _El espectro de Csar._]

sueo! Has dejado caer tu maza de plomo sobre m, muchacho, que as
hace msica para ti? Buenas noches, gentil siervo. No te har el dao de
despertarte. Si cabeceas rompers tu instrumento. Te lo tomar, y, buen
muchacho, buenas noches. Vamos. No est doblada la hoja donde dej la
lectura?--Parceme que es esta. (_Se sienta.--Entra el espectro de
Csar._) Qu mal arde esta buja! Ah! Quin viene aqu? Pienso que la
debilidad de mis ojos da forma  esta monstruosa aparicin. Viene hacia
m. Eres algo? Eres algn dios, ngel  demonio, que haces helarse mi
sangre y erizarse mis cabellos? Dime lo que eres.

ESPECTRO.--Tu mal genio, Bruto.

BRUTO.--Por qu vienes?

ESPECTRO.-- decirte que me vers en Filipi.

BRUTO.--Bien. Entonces he de verte otra vez?

ESPECTRO.--S: en Filipi. (_Se desvanece el espectro._)

BRUTO.--Pues bien: te ver entonces en Filipi. Ahora que he recobrado mi
serenidad te desvaneces. Mal espritu, querra hablar ms contigo.
Muchacho! Lucio! Varro! Claudio! Despertad! Claudio!

LUCIO.--Las cuerdas, mi seor, estn destempladas.

BRUTO.--Piensa que todava se ocupa de su instrumento. Lucio, despierta!

LUCIO.--Mi seor?

BRUTO.--Estabas soando, Lucio, para haber gritado as?

LUCIO.--Mi seor, no saba que hubiese gritado.

BRUTO.--S, por cierto. Viste algo?

LUCIO.--Nada, mi seor.

BRUTO.--Vuelve  dormir, Lucio. Siervo Claudio! Mozo, despierta!

VARRO.--Mi seor?

CLAUDIO.--Mi seor?

BRUTO.--Por qu habis gritado, seores, en vuestro sueo?

VARRO Y CLAUDIO.--Hemos gritado, seor?

BRUTO.--S. Visteis alguna cosa?

VARRO.--No, mi seor, nada he visto.

CLAUDIO.--Ni yo, mi seor.

BRUTO.--Id y saludad por m  mi hermano Casio. Decidle que ponga en
movimiento sus fuerzas con anticipacin, y nosotros seguiremos.

VARRO Y CLAUDIO.--Se har as, mi seor. (_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO V.


ESCENA I.

Los llanos de Filipi.

Entran OCTAVIO, ANTONIO y su ejrcito.

OCTAVIO.

Ahora se realizan, Antonio, nuestras esperanzas. Dijisteis que no
bajara el enemigo, sino que se mantendra en las colinas y tierras
altas. Resulta no ser as; el grueso de sus fuerzas est muy prximo, y
su intento es anticiprsenos aqu en Filipi, buscndonos antes de ser
buscados.

ANTONIO.--Bah! Penetro bien su nimo, y s por qu lo hacen. Ya se
contentaran con ir  otros lugares; y si descienden con arrogante
intrepidez, slo es para inspirarnos por medio de tal apariencia la idea
de que tienen valor. Pero no es verdad. (_Entra un mensajero._)

MENSAJERO.--Generales, preparaos! El enemigo viene en bizarro orden
marcial. Est levantado su sangriento estandarte y hay que tomar alguna
medida inmediatamente.

ANTONIO.--Octavio, haced avanzar vuestras fuerzas sin precipitacin
sobre la izquierda del terreno llano.

OCTAVIO.--Yo ir  la derecha: conservad vos la izquierda.

ANTONIO.--Por qu me contrariis en este trance?

OCTAVIO.--No os contraro; pero har como he dicho. (_Marcha.--Tambor.
Entran Bruto, Casio y su ejrcito. Lucilio, Messala y otros._)

BRUTO.--Hacen alto, y quieren parlamentar.

CASIO.--Manteneos firmes, Ticinio. Nosotros tenemos que ir y hablar.

OCTAVIO.--Marco Antonio, daremos la seal de la batalla?

ANTONIO.--No, Csar. Responderemos  su ataque. Avanzad. Los generales
querran decir algo.

OCTAVIO.--No os movis hasta que se d la seal.

BRUTO.--Antes las palabras que los golpes. No es as, compatriotas?

OCTAVIO.--No porque nos agraden ms las palabras, como  vosotros.

BRUTO.--Buenas palabras son mejores que malos golpes, Octavio.

ANTONIO.--En vuestros malos golpes, dis buenas palabras, Bruto. Dgalo,
si no, el agujero que hicisteis en el corazn de Csar, gritando:
Salve, viva Csar!

CASIO.--Antonio: de cmo dis golpes, nada se sabe todava; pero en
cuanto  vuestras palabras, parecen haber quitado  las abejas toda su
miel.

ANTONIO.--Y su aguijn tambin.

BRUTO.--Oh, s! y su zumbido; porque hacis ruido como ellas y muy
discretamente amenazis antes de punzar.

ANTONIO.--No lo hicisteis vosotros villanos! cuando vuestros viles
puales tropezaban uno con otro en los costados de Csar! Mostrabais
los dientes como monos, y hacais fiestas como perros, y os inclinabais
como siervos para besar los pis de Csar, mientras que el infernal
Casca, como un miserable hera por la espalda el cuello de Csar! Oh
aduladores!

CASIO.--Aduladores! Agradecedlo  vos mismo, Bruto, que,  haber
dominado Casio, esa lengua no habra ofendido hoy as.

OCTAVIO.--Venid, venid  la causa. Si la discusin trae gotas de sudor,
la prueba de ella las traer ms coloridas. Mirad. Desnudo la espada
contra conspiradores: cundo pensis que volver  la vaina? Nunca,
mientras no queden bien vengadas las veintitres heridas de Csar, 
hasta que otro Csar se aada  la carnicera hecha por la espada de los
traidores.

BRUTO.--Csar, no morirs por manos de traidores,  menos que los
traigas contigo.

OCTAVIO.--As lo espero. No nac para morir por la espada de Bruto.

BRUTO.--Oh! Si fueras el ms noble de tu raza, no podras, joven,
recibir ms honrosa muerte.

CASIO.--Un impertinente muchacho de escuela, indigno de tal honor, unido
 un jaranista enmascarado.

ANTONIO.--Silencio, viejo Casio!

OCTAVIO.--Venid, Antonio. Fuera! Os lanzamos el reto al rostro,
traidores! Si os atrevis  combatir hoy, venid al campo. Si no, cuando
hagis el nimo.

(_Salen Octavio, Antonio y su ejrcito._)

CASIO.--Pues bien: ahora, sopla oh viento! Hnchate, ola; boga, barca;
que est encima la tormenta, y todo est en manos del acaso.

BRUTO.--Ea! Lucilio. Tengo que deciros una palabra.

CASIO.--Messala?

MESSALA.--Qu decs, mi general?

CASIO.--Messala, hoy es mi cumpleaos; pues Casio naci en este mismo
da. Dame tu mano y s testigo de que contra mi voluntad, como sucedi
en Pompeya, me veo forzado  aventurar en el xito de una batalla todas
nuestras libertades. Sabis que tuve en grande estima  Epicuro y su
doctrina. Ahora, pienso de otro modo, y en parte creo en cosas que son
presagios. Viniendo de Sardis, cayeron sobre la ensea de nuestra
vanguardia dos vigorosas guilas y en ella se posaban, y se alimentaban
de manos de nuestros soldados que nos acompaaron aqu  Filipi.--Esta
maana volaron y se fueron, y en su lugar vuelan sobre nuestras cabezas
cuervos, milanos y buitres que miran hacia nosotros abajo, como si
furamos una presa moribunda.--Sus sombras parecan el ms funesto
pabelln extendido sobre nuestro ejrcito prximo  perecer.

MESSALA.--No creis tal cosa.

CASIO.--No lo creo sino en parte; porque tengo el espritu despejado, y
resuelto  afrontar los peligros con toda constancia.

BRUTO.--Lucilio tambin.

CASIO.--Ahora, muy noble Bruto, los dioses nos son favorables, para que
amndonos en paz, dejemos correr los das hasta la vejez. Pero desde que
son siempre tan inciertas las cosas humanas, discurramos sobre lo que
puede acontecer de peor. Si perdemos esta batalla, seguramente es esta
la ltima ocasin en que hablaremos juntos.--En tal caso qu contis
hacer?

BRUTO.--Seguir la norma de aquella filosofa en cuyo nombre censur 
Catn por haberse dado la muerte. No s por qu, pero encuentro que es
cobarda y vileza anticipar el trmino de la vida, por temor  lo que
pueda acontecer. Me armar de paciencia para sobrellevar los decretos de
los altos poderes que gobiernan las cosas de aqu abajo.

CASIO.--Es decir que si perdemos esta batalla, estaris contento con
ser llevado como trofeo del vencedor por las calles de Roma?

BRUTO.--No, Casio, no. Ni pienses t, noble romano, que Bruto se dejara
llevar cautivo  Roma. Tiene el alma sobrado grande. Pero este mismo da
debe concluir la obra principiada en los idus de Marzo, y no s si
volveremos  encontrarnos. Recibid por tanto un ltimo adios. Adios,
Casio, por siempre jams! Si volvemos  encontrarnos bien! ser con una
sonrisa. Si no, habremos hecho bien de despedirnos ahora.

CASIO.--Por siempre jams, adios, Bruto! Si volvemos  encontrarnos,
ciertamente que sonreiremos. Si no, en verdad, que esta despedida habr
sido oportuna.

(_Salen._)


ESCENA II.

La misma.--El campo de batalla.

BRUTO.--Corre  toda brida, Messala, corre, corre, y da estas rdenes 
las legiones en el otro lado. Que avancen al instante porque percibo
tibieza en el ala de Octavio, y un ataque repentino los derrotar.
Corre, corre, Messala. Que vengan todos.

(_Salen._)


ESCENA III.

La misma.--Otra parte del campo.

Toque de alarma.--Entran CASIO y TICINIO.

CASIO.--Oh, mirad, Ticinio! Mirad! Los cobardes! Huyen! Yo mismo he
debido volverme enemigo de los mos. V que retroceda mi ensea. Mat
al cobarde y la tom de sus manos.

TICINIO.--Oh Casio! Bruto di la seal demasiado pronto. Haba
alcanzado alguna ventaja sobre Octavio, y la asi con demasiada
precipitacin. Sus soldados se dieron  buscar botn, mientras que
nosotros estamos rodeados por todas partes por Antonio.

(_Entra Pndaro._)

PNDARO.--Hud  ms distancia, mi seor, hud  ms distancia! Marco
Antonio est en vuestras tiendas. Hud, noble Casio, ms lejos!

[Illustration]

CASIO.--Esta colina est bastante lejos. Mira, mira, Ticinio. Son mis
tiendas aquellas donde diviso un incendio?

TICINIO.--Ellas son, mi seor.

CASIO.--Ticinio, si me amas, monta en mi caballo y sepulta tus espuelas
en sus ijares, hasta que hayas llegado  aquellas tropas, all arriba, y
ests de regreso aqu,  fin de que pueda yo estar seguro de si son
nuestras  del enemigo.

_Ticinio_.--Estar de vuelta en un abrir y cerrar de ojos.

(_Sale._)

CASIO.--Pndaro, sube ms arriba,  aquella colina. Mi vista fu siempre
dbil. Mira bien, Ticinio, y dime lo que observes en el campo. (_Sale
Pndaro._)--En este da exhal mi primer aliento. El tiempo se acerca, y
donde principi tengo que acabar. Est llena la medida de mi vida.--Qu
noticias?

PNDARO.--Oh, mi seor!

CASIO.--Qu noticias?

PNDARO.--Ticinio est cercado de jinetes que avanzan sobre l  escape
tendido, pero l sigue adelante. Ya estn  su alcance. Ahora se apean
algunos. Oh! l se apea tambin. Le han cogido. (_Aclamacin._) Y od!
Dan vtores de alegra!

CASIO.--Baja: no mires ms. Oh cobarde de m, que vivo hasta haber
visto  mi mejor amigo apresado en mi presencia! (_Entra Pndaro._)--Ven
ac, siervo. En Parcia te hice prisionero, y me juraste como precio de
tu vida, que siempre trataras de hacer lo que yo te mandase. Pues bien:
cumple tu juramento! S ahora un hombre libre; y con esta buena espada
que atraves las entraas de Csar, busca mi seno. No te detengas 
replicar. Ea! Toma la empuadura, y cuando haya cubierto mi rostro, como
ves que ya lo est, hiere! Csar, ests vengado con la misma espada con
que te d muerte!

(_Muere._)

PNDARO.--As, soy libre. No lo habra sido de este modo, si me hubiese
atrevido  hacer mi voluntad. Oh Casio! Pndaro huir lejos de este
pas, adonde ningn romano se pueda acordar de l. (_Sale.--Vuelven 
entrar Ticinio y Messala._)

MESSALA.--No es ms que un cambio, Ticinio, porque Octavio est
derrotado por el ejrcito del noble Bruto, como las legiones de Casio lo
estn por Antonio.

TICINIO.--Estas nuevas darn no poca satisfaccin  Casio.

MESSALA.--Dnde le dejasteis?

TICINIO.--Qued lleno de desconsuelo en esta colina con Pndaro su
siervo.

MESSALA.--No es l quien yace all en tierra?

TICINIO.--No yace como los que viven. Oh dolor!

MESSALA.--No es l?

TICINIO.--No: ste era l, Messala; pero Casio ya no existe. Oh sol
poniente! Como t envuelto en tus rojos rayos te sepultas en la noche,
as Casio est envuelto en su roja sangre! Se ha puesto el sol de Roma!
Se ha acabado nuestro da! Venid, nubes, lluvias y peligros. Nuestros
hechos estn consumados, y de este fu causa la desconfianza de que yo
alcanzara buen xito.

MESSALA.--La desconfianza del xito ha causado este hecho! Oh odioso
error, engendro de la melancola! Por qu presentas  la mente de los
hombres cosas que no son? Oh error! Prontamente concebido, jams
alcanzas un nacimiento feliz; sino que matas  la madre que te concibi!

TICINIO.--Hola, Pndaro! Dnde est Pndaro?

MESSALA.--Bscalo, Ticinio, mientras voy  encontrar al noble Bruto y 
fulminarle esta noticia. Y digo bien fulminarle, porque el agudo acero y
los dardos envenenados seran mejor recibidos por Bruto que la noticia
de este espectculo.

TICINIO.--Id, Messala, que entre tanto yo buscar  Pndaro. (_Sale
Messala._)-- qu enviarme, valiente Casio? Pues no encontr a tus
amigos? No pusieron sobre mis sienes este laurel de victoria
invitndome  que te lo diera? No oste sus aclamaciones? Y todo lo
interpretaste en dao tuyo! Pero toma este lauro para tu frente. Tu
Bruto me encarg drtele y cumplo su encargo. Bruto, acercaos un tanto y
ved cmo he considerado  Cayo Casio. Con vuestro permiso oh dioses!
esto es lo que cumple  un romano. Ven, espada de Casio,  encontrar el
corazn de Ticinio.

(_Muere.--Alarma. Vuelven  entrar Messala, con Bruto, Catn el joven,
Strato, Volumnio y Lucilio._)

BRUTO.--Dnde, Messala, dnde yace su cuerpo?

MESSALA.--Un poco ms all; y Ticinio lo acompaa.

BRUTO.--Ticinio, yace de espaldas.

CATN.--Ha muerto.

BRUTO.--Oh Julio Csar! An eres poderoso! Tu espritu nos persigue y
hace tornar nuestras espadas contra nuestras propias entraas!

CATN.--Valiente Ticinio! Mirad cmo ha coronado  Cayo Casio muerto!

BRUTO.--Hay todava entre los vivos dos romanos como estos? Adios, oh
t el ltimo romano! Jams, jams podr producir Roma uno igual  ti!
Amigos, debo  este hombre muerto ms lgrimas que las que me verais
derramar. Ya encontrar tiempo, Casio, ya encontrar tiempo. Venid,
pues, y enviad su cuerpo  Fhasos. No debemos hacerle funerales en el
campamento, por no desalentar las tropas. Venid, Lucilio y joven Catn,
vamos al campo. Labeo y Flavio, avanzad con vuestras fuerzas. Son las
tres, y  fuer de romanos, probaremos fortuna antes de la noche en un
segundo combate.

(_Salen._)


ESCENA IV.

Alarma. Entran combatiendo soldados de ambos ejrcitos. En seguida
BRUTO, CATN, LUCILIO y otros.

BRUTO.--Ea, compatriotas, erguid la cabeza, erguidla an!

CATN.--Qu cobarde no lo har? Quin quiere seguirme? Proclamar mi
nombre por el campo. Oh! Soy el hijo de Marco Catn! Enemigo de los
tiranos y amigo de la patria! Soy el hijo de Marco Catn! Oh!

(_Carga sobre el enemigo_).

BRUTO.--Y yo soy Bruto, Marco Bruto soy. Bruto, el amigo de mi patria.
Sabed que yo soy Bruto. (_Sale cargando al enemigo. Catn el joven es
vencido y cae._)

LUCIO.--Oh joven y noble Catn! Has cado? Pues mueres tan
valerosamente como Ticinio, y bien se te debe honorar como al hijo de
Catn.

SOLDADO 1.--Rndete  mueres!.

LUCILIO.--Yo no me rindo sino para morir. Toma este dinero para que me
mates pronto (_le ofrece dinero_); para que te honres con la muerte de
Bruto.

SOLDADO 1.--No debemos hacerlo. Un noble prisionero!

SOLDADO 3.--Campo! Campo! Decid  Antonio que Bruto est en nuestras
manos.

SOLDADO 1.--Dar la nueva. Aqu viene el general. (_Entra
Antonio._)--Bruto es prisionero, seor, Bruto es prisionero!

ANTONIO.--Dnde est?

LUCILIO.--En salvo. Antonio, Bruto est bastante salvo. Me atrevo 
asegurarte que jams enemigo alguno coger vivo al noble Bruto. Los
dioses le defienden de tan gran vergenza. Cuando le encontris, vivo 
muerto, le hallaris digno de s mismo, digno de Bruto!

ANTONIO.--Amigo, este no es Bruto; pero te aseguro que es una presa que
no vale menos. Vela por la seguridad de este hombre y trtalo con toda
bondad. Prefiere tener  tales hombres por amigos que por enemigos.
Marchad y ved si Bruto est vivo  muerto, y avsanos en la tienda de
Octavio de todo lo que haya acontecido.

(_Salen._)


ESCENA V.

Otra parte del campo.

Entran BRUTO, DARDANIO, CLITO, STRATO y VOLUMNIO.

BRUTO.--Venid, exiguo resto de amigos, y descansad en esta roca.

CLITO.--Stacilio mostr la encendida antorcha, pero, seor, no ha
vuelto. Ha sido cogido  muerto.

BRUTO.--Sintate, Clito. Muerto es la palabra. Es la cosa  la moda.
Escucha, Clito. (_Le habla en secreto._)

CLITO.--Qu! Yo! No, mi seor, no por el mundo entero!

BRUTO.--Calma, pues; nada de palabras.

CLITO.--Primero me matar.

BRUTO.--Oye, Dardanio. (_Le habla en secreto._)

DARDANIO.--Hacer semejante cosa, yo?

CLITO.--Oh, Dardanio!

DARDANIO.--Oh, Clito!

CLITO.--Qu te pidi Bruto?

DARDANIO.--Que lo matara, Clito. Mira. Est meditando.

CLITO.--Est ese noble vaso tan colmado de dolor que casi se derrama por
sus ojos.

BRUTO.--Acrcate, buen Volumnio, y escucha una palabra.

VOLUMNIO.--Qu dice mi seor?

BRUTO.--Esto, Volumnio. El espectro de Csar se me ha aparecido dos
veces de noche: una en Sardis y otra anoche, aqu en el campo de Filipi.
Conozco que ha llegado mi hora.

VOLUMNIO.--No, por cierto, seor.

BRUTO.--Estoy seguro de ello, Volumnio. Ya ves cmo van las cosas.
Nuestros enemigos nos han batido completamente. Es ms digno
anticiparse que aguardar  ser forzado. Buen Volumnio, acurdate de que
bamos juntos  la escuela. Pues te suplico por ese antiguo afecto, que
tengas el puo de mi espada mientras me arrojo sobre ella.

VOLUMNIO.--Eso no es lo que cumple  un amigo, seor.

(_Nueva alarma._)

CLITO.--Hud, hud, mi seor. Es imposible quedarse aqu.

BRUTO.--Adios  vos, y  vos, y  vos, Volumnio. Strato, has estado
dormido todo este tiempo. Adios  ti tambin, Strato. Compatriotas! Mi
corazn se regocija de que en toda mi vida no he encontrado un hombre
que no fuese leal para m. Ms gloria tendr yo por este da de derrota
que Octavio y Marco Antonio por su vil conquista. As, adios os digo,
porque la lengua de Bruto ha terminado casi la historia de su vida. La
noche est suspendida sobre mis ojos y mis huesos deben descansar, ya
que han trabajado slo para llegar  esta hora. (_Alarma. Gritos
adentro: hud! hud!_)

CLITO.--Hud, mi seor, hud!

BRUTO.--Aljate. Ya te seguir.

(_Salen Clito, Dardanio y Volumnio._)

BRUTO.--Strato, te ruego que te quedes junto  tu seor. T eres un mozo
digno y en tu vida ha habido algn destello de honor. Ten, pues, derecha
mi espada, y vuelve el rostro  un lado, mientras me arrojo sobre ella.
Quieres hacerlo, Strato?

STRATO.--Dadme primero vuestra mano. Adios, oh mi seor!

BRUTO.--Adios, buen Strato. Est tranquilo oh Csar! No tuve para tu
muerte la mitad de la buena voluntad que para la ma! (_Se precipita
sobre su espada y muere.--Alarma. Retirada. Entran Octavio, Antonio,
Messala, Lucilio y su ejrcito._)

OCTAVIO.--Qu hombre es ese?

MESSALA.--El criado de mi seor. Strato: dnde est tu amo?

STRATO.--Libre de la servidumbre en que estis vos, Messala. Los
vencedores no podrn hacer de l sino una pira. Bruto no se rindi sino
 s mismo, y ningn otro hombre tiene el honor de su muerte.

[Illustration]

LUCILIO.--As es cmo deba encontrarse  Bruto. Gracias oh Bruto! que
has probado cmo Lucilio haba dicho verdad.

OCTAVIO.-- cuantos han servido  Bruto mantendr en mi servicio. Mozo,
quieres pasar tu tiempo conmigo?

STRATO.--S, si Messala me transfiere  vos.

OCTAVIO.--Consentid, Messala.

MESSALA.--Cmo muri mi seor, Strato?

STRATO.--Mantuve su espada y se arroj sobre ella.

MESSALA.--Octavio, tomadle y que os siga, pues prest  mi seor el
ltimo servicio.

ANTONIO.--Este fu el ms noble romano entre todos ellos. Todos los
conspiradores, excepto l, hicieron lo que hicieron slo por envidia al
gran Csar; slo l, al asociarse  ellos, fu guiado por un pensamiento
de general honradez y del bien comn  todos. Su vida era pura, y de tal
modo se combinaron en l los elementos, que la naturaleza, irguindose,
puede decir al mundo: Este era un hombre!

OCTAVIO.--Tratmosle conforme  sus virtudes, con todo respeto y
solemnidad en sus funerales. Sus restos descansarn esta noche en mi
tienda como los de un soldado con los debidos honores. Haced, pues, que
reposen las tropas y vmonos  compartir las glorias de este afortunado
da!

(_Salen._)

[Illustration]

                     *       *       *       *       *




                             COMO GUSTIS.

                            TRADUCCIN   DE

                       JOS   ARNALDO   MRQUEZ.

                     Ilustracin de _E. Klimsch_.

                   Grabado de _Fernando Tegetmeyer_.




PERSONAJES


EL DUQUE, que vive en el destierro.

FEDERICO, hermano del duque y usurpador de sus dominios.

AMIENS  } Lores que asisten al duque en su destierro.
JACQUES }

LE BEAU, cortesano al servicio de Federico.

CARLOS, luchador de Federico.

OLIVERIO  }
SANTIAGO  } Hijos de sir Rowland de Bois.
ORLANDO   }

ADAM     }
DIONISIO } Criados de Oliverio.

PIEDRA-DE-TOQUE, Payaso.

DON OLIVERIO DAATEXTO, vicario.

CORN    }
SILVIO   } Pastores.

GUILLERMO, campesino, enamorado de Andry.

UNA PERSONA QUE REPRESENTA  HIMENEO.

ROSALINDA, hija del duque desterrado.

CELIA, hija de Federico.

FEBE, pastora.

TOMASA, campesina.


LORES DEL SQUITO DE LOS DUQUES, PAJES, MONTEROS Y OTROS CRIADOS.




[Illustration]




ACTO I.


ESCENA I.

Huerto cerca de la casa de Oliverio.

Entran ORLANDO y ADAM.

ORLANDO.

Por lo que recuerdo, Adam, me fu legado de este modo: por testamento,
slo unas miserables mil coronas; y, como dices, encarg  mi hermano,
sobre su bendicin, el cuidarme bien. Y en esto principia mi
desconsuelo. Tiene en la escuela  mi hermano Santiago, de quien se
cuenta con gran elogio el aprovechamiento. En cuanto  m, me mantiene
en casa groseramente;  para hablar con ms propiedad, me detiene aqu
sin mantenerme; porque llamis manutencin para un caballero de mi
nacimiento, la que no difiere del modo de mantener  un buey en el
establo? Mejor criados estn sus caballos; pues aparte de lo lozanos que
se ven con su alimento, se les ensea y adiestra, teniendo para ello
picadores pagados  alto precio.--Pero yo, hermano suyo, nada gano bajo
su poder, sino la talla; por lo cual tan obligados deben estarle sus
animales en sus estercoleros como yo. Fuera de esta nada que tan
liberalmente me da, su conducta parece quitarme lo poco que me di la
naturaleza. Me hace alimentar entre sus criados, me priva del lugar que
corresponde  un hermano, y hace cuanto puede para que la educacin mine
mi buen natural. Esto es, Adam, lo que me aflige; y el espritu de mi
padre, que pienso est dentro de m, principia  sublevarse contra esta
servidumbre. No la soportar ms tiempo, aunque no conozco todava
remedio eficaz para evitarla. (_Entra Oliverio._)

ADAM.--Ah viene mi seor, vuestro hermano.

ORLANDO.--Retrate  un lado, Adam, y oirs cmo ha de atormentarme.

OLIVERIO.--Hola, seor mo! Qu hacis aqu?

ORLANDO.--Nada. No se me ensea  hacer cosa alguna.

OLIVERIO.--Pues qu dais, entonces, seor mo?

ORLANDO.--Por cierto, seor, os estoy ayudando  estropear por la
ociosidad una de las obras de Dios: un pobre  indigno hermano vuestro.

OLIVERIO.--Por cierto, empleaos mejor, y callad algn tanto.

ORLANDO.--Cuidar vuestros cerdos, y comer bellotas con ellos? Qu
herencia de hijo prdigo he consumido para tener que venir  semejante
miseria?

OLIVERIO.--Sabis, seor mo, dnde estis?

ORLANDO.--Oh! Perfectamente. Aqu, en vuestro huerto.

OLIVERIO.--Y sabis en presencia de quin?

ORLANDO.--S; y mejor que lo que sabe de m aquel en cuya presencia
estoy. S que sois mi hermano mayor, y del mismo modo la consideracin
de una sangre generosa debera hacerme conocer de vos. Os permite
preferencia sobre m la etiqueta que rige en las naciones, por cuanto
nacisteis primero; pero la misma tradicin no me despoja de mi sangre,
aun cuando hubieran veinte hermanos entre vos y yo. Tengo en m tanto de
mi padre como vos, aunque confieso que el nacer antes que yo os acerca
ms  su respeto.

OLIVERIO.--Qu! Muchacho!

ORLANDO.--Vamos, vamos, hermano mayor, en esto sois demasiado joven.

OLIVERIO.--Y pondrs tus manos en m, villano?

ORLANDO.--No soy villano. Soy el hijo menor de sir Rowland de Bois. l
fu mi padre; y es tres veces villano quien dice que semejante padre
engendr villanos.--Si no fueras mi hermano, no apartara esta mano de
tu garganta hasta haber arrancado con la otra la lengua que tal dijo. Te
has injuriado  ti mismo.

ADAM.--(_Avanzando._) Apaciguaos, mis gentiles seores. En nombre de la
memoria de vuestro padre, tened armona.

OLIVERIO.--Sultame, te digo.

ORLANDO.--No lo har hasta que me plazca. Tenis que oirme. Mi padre os
encarg en su testamento darme buena educacin. Me habis educado como 
un gan, oscureciendo y ocultando de m todas las cualidades propias de
un caballero. El espritu de mi padre cobra fuerza en m, y no sufrir
eso ms tiempo. Por consiguiente, permitidme los ejercicios que cumplen
 un caballero,  dadme la escasa suma que me fu legada en su
testamento. Yo tratar de probar con ella fortuna.

OLIVERIO.--Y qu irs  hacer? Mendigar cuando la hayas gastado? Bien,
seor mo, no me molestar por vos mucho tiempo ms: tendris alguna
parte de lo que deseis. Os ruego que me dejis.

ORLANDO.--No deseo molestaros ms de lo que exige en conciencia mi
propio bien.

OLIVERIO.--Mrchate con l, perro viejo.

ADAM.--Y es mi recompensa que me llamis perro viejo? Mucha verdad es
que he perdido los dientes en vuestro servicio. Bendiga Dios  mi
antiguo amo! Jams habra dicho l semejante palabra! (_Salen Orlando y
Adam._)

OLIVERIO.--Con que  esto hemos llegado? Principiis  imponerme? Yo
os curar de vuestra petulancia y no por eso dar tampoco las mil
coronas. Hola! Dionisio! (_Entra Dionisio._)

DIONISIO.--Llama vuesamerced?

OLIVERIO.--No haba venido Carlos, el luchador del duque,  hablar
conmigo?

DIONISIO.--Si os place, est  la puerta y solicita llegar hasta vos.

OLIVERIO.--Hazle entrar. (_Sale Dionisio._) Ser buen medio y la lucha
es maana. (_Entra Carlos._)

CARLOS.--Buenos das  vuestra seora.

OLIVERIO.--Mi buen monsieur Carlos, qu noticias en la Corte?

CARLOS.--No hay en la Corte, seor, mas noticias que las antiguas, esto
es, que el antiguo duque est desterrado por su hermano menor el nuevo
duque; y tres  cuatro lores, por amor  l, se han impuesto un
destierro voluntario para acompaarle; y como sus tierras y sus rentas
enriquecen al nuevo duque, este les concede de buena gana permiso para
que peregrinen.

OLIVERIO.--Podis decir si Rosalinda, la hija del duque, es desterrada
con su padre?

CARLOS.--Oh, no! porque su prima, la hija del duque, que se ha criado
junto con ella desde la cuna, la ama tanto, que la habra seguido al
destierro  habra muerto si hubiera quedado separada de ella. Est en
la Corte tan amada del duque como su propia hija, y jams dos seoras se
amaron tanto.

OLIVERIO.--Dnde vivir el antiguo duque?

CARLOS.--Dicen que se encuentra ya en el bosque de Ardenas y buen nmero
de hombres alegres con l, y que all viven sin temor  rey ni Roque,
como el antiguo Robin Hood de Inglaterra. Dicen que muchos caballeros
jvenes acuden  l de da en da y dejan correr alegremente el tiempo
como all en la edad de oro.

OLIVERIO.--Y vis  luchar maana en presencia del nuevo duque?

CARLOS.--S, seor. Y vine  haceros saber un asunto. Se me ha dado 
comprender embozadamente que vuestro hermano menor Orlando est algo
dispuesto  venir disfrazado para probar contra m sus fuerzas. Maana,
seor, luchar por mi reputacin, y el adversario mo que no saque un
miembro roto, quedar bien librado. Vuestro hermano es joven y delicado,
y, por el afecto que os tengo, se me hara penoso el causarle dao, como
tendra que hacerlo por honor mo, si se presentara. As, por el afecto
que os profeso, he venido  haceros saber esto para que le apartis de
su intento  para que soporte sin encono el dao  que l mismo se
lanza, por cuanto es l quien lo busca y lo hace de todo punto contra mi
voluntad.

OLIVERIO.--Gracias, Carlos, por tu afecto hacia m, que vers cun
benvolamente he de recompensar. Ya tena yo noticia del intento de mi
hermano y me he esforzado secretamente para disuadirle, pero l est
resuelto. Te dir, Carlos, que es el mozo ms testarudo que hay en
Francia; lleno de ambicin, mulo envidioso de cuanto sobresale en cada
hombre, y oculto y villano conspirador contra m, que soy su natural
hermano. As, pues, procede como quieras: tanto me importa que le rompas
la crisma, como que le rompas un dedo; y mejor sera que cuidaras de
hacerlo, porque si slo le infieres un dao leve,  si l no alcanza 
brillar grandemente  costa tuya, te suministrar un veneno, te
atrapar en algn lazo traidor y te perseguir hasta arrancarte la vida
por cualquiera suerte de medios indirectos. Te aseguro, y hablo as casi
con lgrimas en los ojos, que no hay entre los vivos uno que sea  la
vez tan joven y tan vil. Hablo solamente como hermano; pues si me
pusiera  analizarlo  tus ojos, tal como es en s, tendra yo que
ruborizarme y llorar, y t quedaras plido y atnito.

CARLOS.--Con todo mi corazn me alegro de haberme dirigido  vos. Si
viene maana, ya le dar su merecido; pues si vuelve  andar por sus
pis, jams volver  luchar por premio. Y con esto guarde Dios 
vuestra merced.

(_Sale._)

OLIVERIO.--Adios, buen Carlos. Y ahora  excitar  ese tunante. Espero
que he de verle llegar  su fin; pues sin saber por qu, no hay cosa que
mi alma deteste ms que  l. Sin embargo, es manso, instrudo sin haber
tenido escuela, lleno de noble aspiracin y ciertamente tan amado de
todos, y en especial de mi propio pueblo, que es quien mejor le conoce,
que yo soy enteramente tenido en menos. Pero esto no ha de durar; este
luchador lo allanar todo. Slo falta enardecer al muchacho para que
acuda all, y voy al instante  ocuparme de ello.

(_Sale._)


ESCENA II.

Esplanada delante del palacio del duque.

Entran ROSALINDA y CELIA.

CELIA.--Te suplico, mi dulce prima, que ests alegre.

ROSALINDA.--Ms alegra demuestro, querida Celia, que la que hay en
m.--Y querrais verme ms alegre an?  menos que me enseis 
olvidar  un padre desterrado, no debis ensearme  recordar ningn
placer extraordinario.

CELIA.--En esto veo que no me amas con tanta consagracin como yo  ti.
Si mi to, tu desterrado padre, hubiese desterrado  tu to, el duque mi
padre, con tal de que hubieses permanecido  mi lado, yo habra podido
ensear  mi afecto  tomar  tu padre por mo; y as lo haras si la
realidad de tu amor hacia m fuera tan bien templada como la de mi amor
por ti.

ROSALINDA.--Bien. Olvidar las circunstancias de mi posicin, para
regocijarme en la tuya.

CELIA.--Sabes que mi padre no ha tenido ni es probable que tenga otros
hijos que yo; y ciertamente,  su muerte, sers su heredera; porque lo
que l tom de tu padre por fuerza, te lo devolver por afecto.--Te
prometo por mi honor que lo har, y sea yo convertida en un monstruo si
quebranto mi juramento. As, pues, mi dulce Rosalinda, mi querida
Rosalinda, algrate!

ROSALINDA.--Lo har en adelante, prima,  idear pasatiempos. Veamos
qu pensarais de improvisar unos amores?

CELIA.--Excelente, y te ruego lo hagas para divertirte; pero no ames con
todas veras  hombre alguno, ni te dejes llevar de ese juego tan all
que no puedas salir de l libre y con honra  costa de un honesto
sonrojo.

ROSALINDA.--Pues entonces cul ha de ser nuestro pasatiempo?

CELIA.--Sentmonos, y con nuestras burlas echemos de su rueda  la buena
matrona Fortuna, para que en adelante sus dones sean igualmente
repartidos.

ROSALINDA.--Deseara que as pudiera ser; porque sus favores estn harto
mal colocados; y la prdiga ciega se equivoca ms  menudo en sus
ddivas  mujeres.

CELIA.--Es verdad; porque rara vez da la honestidad  aquellas  quienes
dota con la hermosura; y da muy pobre apariencia  aquellas  quienes
hace honestas.

ROSALINDA.--No. En esto equivocas la tarea de la Fortuna con la de la
naturaleza. La Fortuna impera en los dones del mundo, no en los rasgos
de la naturaleza.

(_Entra Piedra-de-toque._)

CELIA.--No? Pues no puede la Fortuna hacer que caiga en el fuego una
criatura  quien ha hecho hermosa la naturaleza?--Y aunque esta nos ha
dado ingenio para burlarnos de la Fortuna: no es esta quien enva 
este necio para dar al traste con el argumento?

ROSALINDA.--En verdad que es la Fortuna demasiado dura para con la
naturaleza, cuando se sirve de un natural idiota para imponer silencio
al natural ingenio.

CELIA.--Quizs tampoco sea esto obra de la Fortuna, sino de la
naturaleza; la cual advirtiendo que nuestro ingenio es demasiado obtuso
para discurrir sobre semejante diosa, ha enviado  este idiota para
estimularnos; ya que siempre la estupidez del necio es aguijn del
discreto. Hola! Prodigio adnde bueno?

PIEDRA.--Seora: debis venir  donde vuestro padre.

CELIA.--Os tom de mensajero?

PIEDRA.--No, por mi honor; pero se me encarg llamaros.

CELIA.--Dnde aprendiste ese juramento, bufn?

PIEDRA.--De cierto caballero que jur por su honor ser buenas las tortas
y jur por su honor ser mala la mostaza. Ahora bien; yo sostengo que
eran malas las tortas y buena la mostaza; y, sin embargo, el caballero
no perjur.

CELIA.--Y cmo lo pruebas, lumbrera de ciencia?

ROSALINDA.--S, s. Quita el bozal  tu ingenio.

PIEDRA.--Adelantad ahora las dos: tocaos las caras y jurad por vuestras
barbas que soy un bribn.

CELIA.--S que lo sois, por nuestras barbas si las tuviramos.

[Illustration]

PIEDRA.--S, que lo soy, por mi bribonada si la tuviera. Pero si juris
por lo que no tenis, no perjuris; ni ms perjur ese caballero jurando
por su honor, pues jams lo tuvo;  si lo tuvo lo haba perdido  fuerza
de jurar antes de haber visto nunca aquella mostaza, ni aquellas tortas.

CELIA.--Y te dignars decirme  quin aludes?

PIEDRA.-- uno  quien ama el viejo Federico, vuestro padre.

CELIA.--Para honrarle basta el amor de mi padre. Silencio! no hables
ms de l. No tardar mucho el que te azoten por maldiciente.

PIEDRA.--Tanto ms lastimoso, que los necios no hablen discretamente de
las necedades de los discretos.

CELIA.-- fe que dices verdad: porque al haberse impuesto silencio al
poco ingenio que tienen los necios, la poca necedad que tienen los
discretos ha tomado mucho vuelo.--Aqu viene Monsieur Le Beau.

(_Entra Le Beau._)

ROSALINDA.--Con la boca llena de noticias.

CELIA.--Que nos administrar como las palomas dan el sustento  sus
pequeuelos.

ROSALINDA.--As quedaremos cebadas con noticias.

CELIA.--Tanto mejor: seremos ms negociables.--Buenos das, monsieur Le
Beau, qu nuevas?

LE BEAU.--Hermosa princesa, habis perdido muchos juegos interesantes.

CELIA.--Juegos? De qu color?

LE BEAU.--De qu color, seora? Cmo habr de responderos?

ROSALINDA.--Como lo quieren el ingenio y la fortuna.

PIEDRA.-- como lo mande el destino.

CELIA.--Bien dicho. Eso se ha aplicado con llana.

PIEDRA.--Y an ms. Si no mantengo mi rango....

ROSALINDA.--Ests perdiendo tu antiguo olfato.

LE BEAU.--Me admiris, seoras. Habra querido contaros una buena lucha,
cuyo espectculo habis perdido.

ROSALINDA.--Con todo, decidnos cmo fu.

LE BEAU.--Os contar el principio, y si os place, podris ver vosotras
mismas el fin, porque an falta lo mejor; y vienen aqu, donde os
hallis, para ejecutarlo.

CELIA.--Bien. Sepamos el principio, que ya est muerto y sepultado.

LE BEAU.--Ah viene un anciano con sus tres hijos.

CELIA.--Yo podra referir un cuento aejo que principia de ese modo.

LE BEAU.--Tres jvenes apuestos, de excelente vigor y presencia.

ROSALINDA.--Con carteles en el pescuezo: Sepan cuantos las presentes
vieren.

LE BEAU.--El hermano mayor luch con Carlos, el luchador del duque, y en
un momento fu aquel derribado y sac tres costillas rotas, con lo cual
pocas esperanzas le quedan de vida. Y otro tanto hizo con el segundo y
con el tercero. All yacen, y el pobre anciano su padre se lamenta de
tan lastimosa manera, que cuantos le ven simpatizan sollozando con l.

ROSALINDA.--Ay, desdichado!

PIEDRA.--Pero, seor, cul es la diversin que han perdido las seoras?

LE BEAU.--Pues es claro; la que acabo de decir.

PIEDRA.--De este modo los hombres podrn crecer en sensatez de da en
da. Es la primera vez que oigo decir que romper costillas es una
diversin propia de seoras.

CELIA.--Como que s; te lo aseguro.

ROSALINDA.--Pero hay alguien ms que tenga comezn porque le apliquen
ese solfeo en los costados? Hay algn otro tan apasionado al
rompe-costillas? Veremos esta lucha, prima?

LE BEAU.--Tendris que verla si os quedis; porque, he ah el sitio
destinado para la lucha, y ya estn prontos los que deben tomar parte en
ella.

CELIA.--All vienen, por cierto. Quedmosnos y vemosla. (_Preludio.
Entran el duque Federico, Lores, Orlando, Carlos y squito._)

DUQUE.--Venid. Pues el mancebo no da odo  splicas, que su audacia
responda de su peligro.

ROSALINDA.--Es aqul el antagonista?

LE BEAU.--l mismo, seora.

CELIA.--Ay, qu joven es! Sin embargo, parece como si hubiera de
vencer.

DUQUE.--Qu es esto, hija y sobrina? Os habis escurrido hasta aqu
para ver la lucha?

ROSALINDA.--S, mi seor, si os place darnos permiso.

DUQUE.--Poca diversin tendris en ella, os lo aseguro, siendo tan
desiguales los luchadores. Por compasin  la temprana edad del joven,
intentara disuadirle, pero no quiere oir consejo. Habldle, nias; ved
si podis influir sobre l.

CELIA.--Hacedle venir, monsieur Le Beau.

DUQUE.--Hacedlo. Yo me apartar. (_El duque se va  un lado._)

LE BEAU.--Seor desafiador: las princesas quieren hablaros.

ORLANDO.--Estoy  sus rdenes con todo respeto y humildad.

ROSALINDA.--Mancebo, habis desafiado  Carlos el luchador?

ORLANDO.--No, hermosa princesa. Es l quien hace un reto general. Yo no
vengo sino como uno de tantos, para probar en l la fuerza de mi
juventud.

CELIA.--Vuestro valor oh joven! sobrepuja con exceso  vuestros aos.
Crueles pruebas habis visto del vigor de ese hombre. Si pudirais veros
con nuestros ojos,  juzgaros con nuestro discernimiento, el recelo de
vuestra aventura os aconsejara una empresa ms proporcionada. Os
rogamos, por vuestro bien, que pensis en vuestra seguridad y abandonis
esta tentativa.

ROSALINDA.--Hacedlo, buen joven; que no por ello ser rebajada vuestra
reputacin. Solicitaremos del duque que haga suspender la lucha.

ORLANDO.--Os suplico no me impongis el castigo de pensar mal de m,
aunque me reconozco culpable de negar cosa alguna  tan bellas y
eminentes seoras. Pero acompenme en la lucha vuestras hermosas
miradas y benvolos deseos; que si he de ser vencido, no tendr que
avergonzarse sino uno que jams fu favorecido; y si recibo la muerte,
slo sucumbir uno que ya sobrado la desea. Ni causar pesadumbre  mis
amigos, desde que no tengo uno para deplorarme; ni mal alguno al mundo,
en el cual nada poseo; y el lugar que en l ocupo, ser ocupado mejor
cuando yo lo deje vaco.

ROSALINDA.--Quisiera aadir  vuestra fuerza la muy poca que hay en m.

CELIA.--Y yo la ma para aumentar la suya.

ROSALINDA.--Adios. Ruego al cielo estar equivocada en cuanto  vos.

CELIA.--Ojal se cumplan vuestros deseos!

CARLOS.--Ea! Dnde est ese valeroso joven que tanto afn tiene por
yacer en su madre tierra?

ORLANDO.--Presto, seor; pero sus deseos son ms modestos.

DUQUE.--Slo probaris una suerte.

CARLOS.--Aseguro  vuestra alteza que no tendr ocasin de rogarle para
la segunda, despus de haber intentado con tanto empeo disuadirle de la
primera.

ORLANDO.--Pensis burlaros de m despus. No deberais burlaros antes.
Pero probad como gustis.

ROSALINDA.--Que Hrcules os asista, oh joven!

CELIA.--Quisiera ser invisible para atrapar por una pierna  aquel
hombronazo. (_Carlos y Orlando luchan_).

ROSALINDA.--Oh extraordinario joven!

CELIA.--Si pudiera lanzar de mis ojos un rayo, ya s quin haba de
caer.

(_Carlos es derribado.--Aclamacin_).

DUQUE.--Basta, basta.

ORLANDO.--Suplico  Vuestra Alteza que nos deje continuar. An no estoy
bastante alentado.

DUQUE.--Cmo te encuentras, Carlos?

LE BEAU.--Ha quedado sin habla, seor.

DUQUE.--Llevadlo fuera. (_Llevan  Carlos_).--Cmo te llamas, mancebo?

ORLANDO.--Orlando, seor, el hijo menor de sir Rowland de Bois.

DUQUE.--Habra preferido que fueses hijo de otro. Las gentes tenan  tu
padre por honorable; pero, sin embargo, encontr en l un enemigo. Ms
me habra agradado tu proeza si hubieses descendido de otro linaje. Pero
Dios te guarde. Eres un mancebo valiente. Me habra alegrado de que
hubieses mencionado otro padre. (_Salen el Duque, Federico, el squito y
Le Beau_).

CELIA.-- estar yo en lugar de mi padre, hara esto, prima?

ORLANDO.-- orgullo tengo ser hijo de sir Rowland, siquiera su hijo
menor, y no cambiara de condicin as me adoptara el duque por heredero
suyo.

ROSALINDA.--Mi padre amaba con toda su alma  sir Rowland, y todo el
mundo era del mismo modo de sentir. Si hubiese yo conocido antes  este
joven, hijo suyo, le habra suplicado con lgrimas que no se aventurase
de ese modo.

CELIA.--Vamos, querida prima,  darle las gracias y  animarlo. La
ndole spera y envidiosa de mi padre me lastima el corazn. Sois digno
de aplauso, joven. Si tan bien cumpls vuestras promesas de amor, como
la que ahora habis excedido, vuestra amante deber ser muy feliz.

ROSALINDA. (_Dndole una cadena de su cuello_).--Caballero, llevad esto
en recuerdo mo; que por contraria fortuna no tengo en la mano los
medios de ofrecer todo lo que quisiera. Nos iremos, prima?

CELIA.--S. Adios, gentil caballero.

[Illustration:--_Caballero, llevad esto en recuerdo mo._]

ORLANDO.--No puedo daros las gracias? Me habis abrumado en lo que hay
de mejor en m, y slo quedo en vuestra presencia como un poste, como un
mrmol inerte.

ROSALINDA.--Nos llama. Mi orgullo ha desaparecido junto con mi
prosperidad. Le preguntar lo que desea. Nos llamasteis, caballero?
Habis luchado bien, y vencido an ms que  vuestros adversarios.

CELIA.--Nos vamos, prima?

ROSALINDA.--Soy con vos. Quedad con Dios.

(_Salen Rosalinda y Celia_).

ORLANDO.--Qu pasin me ata la lengua? Ha querido que le hable y no he
podido hablar.--(_Vuelve  entrar Le Beau_).--Oh pobre Orlando! Ests
derribado. No Carlos, algo ms dbil te domina.

LE BEAU.--Amistosamente os aconsejo, buen seor, que abandonis este
lugar. Aunque habis merecido altos elogios, aplausos y afecto, la
ndole del duque es tal que da mal sentido  cuanto habis hecho. El
duque es caprichoso; y lo que es l en toda verdad sera mejor que lo
presumiseis vos que el que yo os lo dijera.

ORLANDO.--Os doy las gracias, seor. Dignaos decirme cul de las dos
damas que presenciaron la lucha es la hija del duque?

LE BEAU.--Ninguna,  juzgar por los modales; pero en realidad es su hija
la menor en estatura. La otra es hija del duque desterrado, y la detiene
aqu su to el usurpador para que acompae  su hija; y las liga un
afecto ms estrecho que el natural vnculo de las hermanas. Pero puedo
aseguraros que de poco tiempo ac el duque ve con desagrado  su gentil
sobrina, sin ms motivo que el de alabar el pueblo las virtudes de sta
y compadecerla por amor  su buen padre. Y  fe ma, la mala voluntad
del duque hacia ella estallar de repente. Quedad con Dios, seor.
Deseara conoceros mejor y gozar de vuestro afecto en el porvenir en un
mundo mejor que este.

ORLANDO.--Os quedo sumamente agradecido.--(_Sale Le Beau_).--Es decir
que tengo que salir de las brasas para caer en las llamas? Del duque
tirano al hermano tirano. Pero, divina Rosalinda!

(_Sale_).


ESCENA III.

Un cuarto en el palacio.

Entran CELIA y ROSALINDA.

CELIA.--Es posible, prima? Es posible, Rosalinda? Ten piedad, Cupido!
Ni una palabra?

ROSALINDA.--Ni una para echarla  un perro.

CELIA.--No, tus palabras tienen demasiado valor para desperdiciarlas en
perros; echa algunas para m. Ea! Pstrame con razones.

ROSALINDA.--Pues as habra dos primas postradas: la una  causa de las
razones, y la otra por haber enloquecido sin ninguna.

CELIA.--Pero es todo esto por tu padre?

ROSALINDA.--No. Alguna parte de ello es por la hija de mi padre. Oh,
qu lleno de espinas es este fatigoso mundo!

CELIA.--No son sino cardillos arrojados sobre ti, en festivo retozo. Si
no caminas por las sendas trilladas, hasta tus faldas los atraparn.

ROSALINDA.--Podra sacudirlos de mi ropa. Pero estos estn en mi
corazn.

CELIA.--Tselos y saldrn.

ROSALINDA.--Probara; si llorando de tos, pudiera tenerlo.

CELIA.--Vamos, vamos, lucha con tus afectos.

ROSALINDA.--Ah! Se ponen del lado de un luchador ms fuerte que yo.

CELIA.--Vlgate mi buen deseo! Ya hars la prueba  su tiempo,  riesgo
de una cada. Pero dejando  un lado estas chanzas, hablemos con
seriedad. Es posible que tan de sbito hayas sentido esta vehemente
inclinacin por el hijo menor de sir Rowland?

[Illustration]

ROSALINDA.--El duque, mi padre, amaba  ste de todo corazn.

CELIA.--Y se sigue de ello que has de amar de todo corazn  su hijo?
Por ese camino llegaremos  que yo debiera odiarle, porque mi padre odi
cordialmente al suyo; y sin embargo, no aborrezco  Orlando.

ROSALINDA.--Por Dios! no le odies, por amor  m.

CELIA.--Y por qu lo odiara? No merece aprecio?

ROSALINDA.--Deja que por ello le ame; y malo t porque yo lo hago.
Mira: ah viene el duque. (_Entran el duque Federico y Lores._)

DUQUE.--Seorita, disponeos  toda prisa y alejaos de nuestra corte.

ROSALINDA.--Yo, to?

DUQUE.--Vos, sobrina. Si pasados estos diez das se te encuentra 
veinte millas de mi corte, mueres.

ROSALINDA.--Ruego  Vuestra Alteza que me haga saber en qu he faltado.
Si tengo conciencia de mi misma,  si conozco mis deseos; si no sueo 
no estoy delirando (y confo en que no lo estoy), entonces, querido to,
jams he ofendido  Vuestra Alteza ni con la sombra de un pensamiento.

DUQUE.--As proceden todos los traidores. Si su purificacin consistiera
en palabras, seran todos tan inocentes como la gracia misma de
Dios.--Baste el que sepas que no confo en t.

ROSALINDA.--Vuestra desconfianza no puede hacer que mi traicin exista.
Decidme en qu se funda la sospecha.

DUQUE.--Eres hija de tu padre; basta con eso.

ROSALINDA.--Tambin lo era cuando Vuestra Alteza se apoder de su
ducado. Tambin lo era cuando Vuestra Alteza lo desterr. No se hereda
la traicin, seor.  si la tenemos por contagio de nuestros amigos en
qu me afectara eso? Mi padre no fu traidor. No me equivoquis, pues,
mi buen seor,  tal punto que juzguis traidora mi pobreza.

CELIA.--Escuchadme, querido soberano.

DUQUE.--Slo por causa vuestra, Celia, la hemos tenido aqu.  no ser
por eso, habra corrido la suerte de su padre.

CELIA.--Yo no ped entonces que se quedara, sino que as lo quisieron
vuestro deseo y vuestro propio remordimiento. Era yo entonces demasiado
nia para conocerla en todo su valor. Pero ahora la conozco. Si es
culpable de traicin, tambin lo soy yo misma. Hasta ahora hemos dormido
juntas, y juntas nos hemos levantado, estudiado, jugado y sentado  la
mesa. Y como los cisnes de Juno, jams fumos  lugar alguno sino como
una pareja inseparable.

DUQUE.--Es demasiado astuta para ti, y su suavidad, su silencio mismo y
su paciencia, hablan al pueblo, y ste la compadece. Eres una simple.
Ella te defrauda de tu reputacin; y t aparecers ms inteligente y ms
virtuosa, cuando ella se haya ido. No repliques, pues. La sentencia que
he dado contra ella es firme  irrevocable: est desterrada.

CELIA.--Pronunciad entonces, seor, esa sentencia contra m. Yo no puedo
vivir sino  su lado.

DUQUE.--Eres una loca. Disponeos  partir, sobrina. Si os excedis del
plazo, por mi honor y lo sagrado de mi palabra, que os costar la vida.

(_Salen el duque Federico y squito._)

CELIA.--Oh pobre Rosalinda ma!  donde irs? Quieres cambiar de
padres? Te dar el mo. Te aseguro que no ests ms desolada que yo.

ROSALINDA.--Tengo mayor motivo.

CELIA.--No es as, prima. Te ruego que te animes. No comprendes que el
duque me ha desterrado,  m, su hija?

ROSALINDA.--No, no lo ha hecho.

CELIA.--Que no? Te falta, pues, Rosalinda, el amor que te ensea que t
y yo somos una? Habremos de ser separadas? Habremos de decirnos adios,
dulce prenda ma? No. Busque mi padre otro heredero. Discurre conmigo
el modo de que huyamos,  dnde iremos y lo que habremos de llevar. Y no
intentes soportar t sola tus pesares, prescindiendo de m; porque tomo
por testigo al cielo, que palidece  la vista de nuestras penas, de que
 pesar de cuanto digas, me marchar contigo.

ROSALINDA.--Pero  dnde ir?

CELIA.-- buscar  mi to.

ROSALINDA.--Ah! Qu peligro para nosotras, doncellas, viajar  tanta
distancia! Ms pronto provoca  los malvados la belleza que el oro.

CELIA.--Me cubrir de pobres y mezquinas vestiduras, y me embadurnar la
cara con una especie de barniz oscuro. Haris lo mismo, y as seguiremos
nuestro camino sin provocar asaltos.

ROSALINDA.--No sera mejor, ya que soy de una estatura ms alta que la
general, que me disfrazara de hombre? Con una buena daga al cinto y un
venablo en la mano (aunque en mi corazn se anide oculto todo el miedo
de la mujer), tendr un exterior marcial  imponente. Y en ello ser
como muchos hombrezuelos cobardes que con la apariencia ocultan su
cobarda.

CELIA.--Qu nombre te he de dar cuando seas hombre?

ROSALINDA.--No quiero tener un nombre que valga menos que el del mismo
paje de Jpiter. As, me llamars Ganimedes. Y qu nombre tomars t?

CELIA.--Uno que de algn modo se refiera  mi situacin. Ya no me
llamar Celia, sino Aliena.

ROSALINDA.--Y qu te parecera, prima, si ensayramos robarnos  aquel
necio de bufn de la corte de vuestro padre? No nos servira de solaz
durante el viaje?

CELIA.--Me seguira de extremo  extremo del mundo. Deja  mi cuidado el
ganarlo. Vmonos. Juntemos nuestras joyas y nuestro caudal, y discurre
t el tiempo ms oportuno y el camino ms seguro para sustraernos  la
persecucin que se nos ha de hacer despus de mi fuga. Ahora iremos
contentas, no al destierro, sino  la libertad.

[Illustration]




[Illustration]




ACTO II.


ESCENA I.

El bosque de Ardenas.

Entran el antiguo DUQUE, AMIENS y otros lores en traje de monteros.

DUQUE.

Y bien, compaeros y hermanos de destierro, no hace la costumbre que
sea ms dulce esta vida que la de las vanas pompas? No estn ms
exentas de peligro estas selvas que la envidiosa corte? Aqu no tenemos
otro padecimiento que el de Adn; la diversidad de la estacin; el rudo
zumbido y el diente helado del viento del invierno. Y cuando sopla sobre
mi cuerpo y lo muerde y lo hace encogerse de fro, me digo sonriendo:
Esto no es adulacin; estos son consejeros que con toda sinceridad me
convencen de lo que soy. Dulces son los frutos de la adversidad que,
semejante al feo y venenoso sapo, lleva en la cabeza una preciosa
joya.--Y esta nuestra vida retirada del bullicio pblico, descubre
idiomas en los rboles, libros en los arroyos, sermones en las piedras,
y el bien en todas las cosas.

AMIENS.--No querra cambiarla. Dichoso sois, Alteza, que podis tornar
la obstinacin de la fortuna en un modo de ser tan dulce y apacible!

DUQUE.--Venid. Iremos  matar venados? Y sin embargo me contrista el
que estos pobrecillos abigarrados, naturales moradores de esta soledad,
sientan que en sus propios confines un venablo de doble filo les
atraviese los costados.

LORD 1.--Por cierto, mi seor, que el melanclico Santiago se aflige de
ello; y en ese sentido jura que sois ms usurpador que el hermano que os
ha desterrado. Milord Amiens y yo nos deslizamos hoy ocultamente hasta
donde yaca aquel, declinado bajo un roble cuyas viejas raices asoman
sobre el arroyo que susurra  lo largo de este bosque.--Vino 
desfallecer all un pobre ciervo fugitivo herido por el arma de algn
cazador; y en verdad, seor, que el desventurado animal exhalaba tan
hondos quejidos, que su piel se dilataba por el esfuerzo como si hubiera
ido  rasgarse, y gruesas lgrimas corran de sus ojos una tras otra en
lastimera sucesin. As, la pobre alimaa, permaneci en el borde mismo
del rpido arroyo que reciba sus lgrimas, mientras la observaba
atentamente el melanclico Santiago.

DUQUE.--Pero qu dijo ste? No moraliz sobre ese espectculo?

LORD 1.--Oh, s, por mil smiles! En primer lugar porque verta sus
lgrimas en el arroyo que no necesitaba de ellas, exclam: Pobre
venado! Haces testamento como las gentes mundanas, dando lo ms que
tienes  quien ya tiene demasiado. En seguida por hallarse solo y
abandonado por sus amigos de piel aterciopelada, dijo: Es justo: esta
desgracia ahuyenta la afluencia de compaeros. Al mismo tiempo un hato
harto de pacer pasa saltando  su lado sin cuidarse de l. S, seguid
adelante, gordos y lustrosos ciudadanos. Es la moda.  qu mirar  ese
quebrado, pobre y arruinado?--As con gran vehemencia destroz la
estructura del pas, corte y ciudad, y aun nuestro presente gnero de
vida; jurando que no somos ms que usurpadores, tiranos y todo lo que
hay de peor, en espantar  estos animales y matarlos en su propio y
nativo albergue.

DUQUE.--Y estaba en tal meditacin cuando le dejasteis?

LORD 2.--S, mi seor; llorando y comentando sobre el quejumbroso
ciervo.

DUQUE.--Mostradme el sitio. Plceme escucharle en estos arranques
repentinos, porque entonces est lleno de lucidez.

LORD 2.--Os conducir directamente hacia l.

(_Salen._)


ESCENA II.

Cuarto en el palacio.

Entran el DUQUE FEDERICO, LORES y SQUITO.

DUQUE FEDERICO.--Cmo es posible que ningn hombre las haya visto? No
puede ser. Sin duda hay en mi corte algunos villanos que han consentido
y cooperado en ello.

LORD 1.--No puedo saber de persona alguna que la haya visto. Las
seoras camareras suyas, la vieron acostarse en su lecho, y temprano en
la maana hallaron que faltaba de l el tesoro de su dueo.

LORD 2.--Seor, tambin se echa de menos al bufn que tantas veces hizo
reir  Vuestra Alteza. Hesperia, la dama de honor de la princesa,
confiesa haber odo secretamente  vuestra hija y  su prima elogiar en
extremo las cualidades y atractivos del luchador que poco h venci al
robusto Carlos; y cree que adonde quiera que hayan ido, seguramente ese
joven las acompaa.

DUQUE FEDERICO.--Enviad adonde su hermano, y traed aqu  ese valiente.
Si se ha ausentado, traedme  su hermano. Yo har que lo encuentre.
Haced esto al instante, y no haya tregua en la investigacin y
diligencia para hacer regresar  esas locas fugitivas.

(_Salen._)


ESCENA III.

Delante de la casa de Oliverio.

Entran ORLANDO y ADAM, que se encuentran.

ORLANDO.--Quin est ah?

ADAM.--Cmo! mi joven seor? Oh mi buen y amado seor! Oh vos,
memoria viva de sir Rowland! Cmo! Qu hacis aqu? Por qu sois
virtuoso? Por qu os aman las gentes? Y por qu sois gentil, fuerte y
valeroso? Por qu tomarais tan  deseo el vencer al membrudo luchador
del caprichoso duque? Demasiado aprisa ha llegado aqu antes que vos
vuestra alabanza. No sabis, seor, que para cierta clase de hombres
sus buenas prendas les sirven slo de enemigos? As os sirven las
vuestras. Vuestras virtudes, mi gentil seor, son para vos santificados
traidores. Oh! qu mundo ste en el cual la nobleza de alma atrae el
veneno al que la posee!

ORLANDO.--Pero qu acontece?

ADAM.--Oh desdichado joven! No pasis por estas puertas. Bajo este
techo vive el enemigo de todas vuestras virtudes. Vuestro hermano (no,
no hermano, y sin embargo es hijo--pero no, no es hijo--no quiero
llamarlo hijo--de aquel  quien iba  llamar su padre) ha odo vuestras
alabanzas, y se propone incendiar esta noche el alojamiento en que
acostumbris dormir, cuando estis en l. Si no lo consigue as, echar
mano de otros medios para deshacerse de vos. Pude oir lo que l y los
suyos decan. Este no es un hogar: esta casa no es ms que un matadero.
Abominadla, temedla, no entris en ella!

[Illustration]

ORLANDO.--Pues  dnde querras entonces que fuese, Adam?

ADAM.--No importa  dnde, con tal de que no vengis aqu.

ORLANDO.--Pues qu! Querras verme ir  mendigar mi alimento?  con
una espada vil y turbulenta arrancar por fuerza en el camino pblico
una subsistencia furtiva? Tendra que hacer esto,  no sabra qu
hacer. Y esto no lo har jams, suceda lo que quiera. Antes me someter
 la malignidad de una sangre degenerada, y de un sanguinario hermano.

ADAM.--Pero no hagis tal. Tengo quinientas coronas, el salario
economizado bajo vuestro padre, que atesor para que me alimentara
cuando mis miembros envejecidos no pudieran ya hacer el servicio y
estuviera mi vejez abandonada en un rincn. Tomadlas; y aquel que
alimenta al cuervo y provee de sustento al gorrioncillo, ser el bculo
de mi vejez. He aqu el oro: os le doy por entero. Permitidme ser
vuestro criado. Aun cuando parezco anciano, soy vigoroso y activo;
porque jams en mi juventud vici mi sangre con licores ardientes y
perturbadores; ni con desvergonzada frente atraje sobre m la
extenuacin y el agotamiento. As mi edad es como un invierno helado
pero saludable. Dejad que os acompae y os prestar en todas vuestras
ocupaciones y necesidades los servicios de un hombre ms joven.

ORLANDO.--Oh buen anciano! Qu bien se muestra en ti el fiel servicio
del mundo antiguo en el cual el servidor derramaba su sudor por el
deber, no por la recompensa! No eres t semejante  los de este tiempo,
en que ninguno trabaja sino por medrar, y una vez conseguido esto,
entorpece el servicio aun con la ganancia. No es as contigo, pobre
anciano, que cultivas un rbol carcomido que no puede producir ni
siquiera una flor en cambio de todas tus fatigas y cuidados. Pero haz
como quieres: iremos juntos, y antes de consumir los salarios de tu
mocedad, encontraremos algn modesto modo de vivir.

ADAM.--Poneos en camino, seor; que yo os seguir hasta el ltimo
aliento, con sincera lealtad. Desde que tuve diez y siete aos hasta
ahora que cuento cerca de ochenta, he vivido aqu; pero ya aqu no vivo
ms. Muchos prueban fortuna  los diez y siete aos; pero  los ochenta
es demasiado tarde. Sin embargo, la fortuna no puede darme mejor premio
que el morir bien, habiendo cumplido mi deber con el amo.

(_Salen._)


ESCENA IV.

El bosque de Ardenas.

Entran ROSALINDA en traje de mancebo. CELIA vestida de pastora y
PIEDRA-DE-TOQUE.

ROSALINDA.--Oh Jpiter! Qu fatigado est mi nimo!

PIEDRA.--Poco me importara el nimo, si no tuviera cansadas las
piernas.

ROSALINDA.--Si me dejara llevar de mi corazn, deshonrara mi traje de
hombre llorando como una mujer. Pero debo animar  la parte ms dbil;
porque justillo y bragas han de ostentar valor ante una falda. nimo,
pues, buena Aliena.

CELIA.--Te ruego que tengas paciencia conmigo. No puedo seguir adelante.

PIEDRA.--Pues por lo que  m atae, mejor querra llevaros en paciencia
que llevaros en brazos; aunque llevaros  cuestas no sera llevar
ninguna cruz; pues creo que andis con la bolsa vaca.

ROSALINDA.--Bien. Esta es la selva de Ardenas.

PIEDRA.--S, heme aqu en Ardenas, con lo cual soy doblemente idiota;
pues mejor lugar tena cuando estaba en casa. Pero los que viajan han de
contentarse con todo.

ROSALINDA.--Y as debis hacerlo, buen Piedra-de-toque. Pero mirad quin
viene. Son un joven y un anciano que conversan con solemnidad. (_Entran
Corino y Silvio._)

CORINO.--Ese es el camino para hacer que os desprecie todava.

SILVIO.--Oh Corino! Si supieras cuanto la amo!

[Illustration]

CORINO.--Algo de ello conjeturo; como que alguna vez he amado.

SILVIO.--No, Corino. No puedes imaginarlo, siendo anciano, aunque hayas
sido en tu juventud un amante tan verdadero, como el que en cualquier
tiempo haya suspirado en el insomnio de la media noche. Pero si tu amor
se pareca al mo (aunque estoy seguro de que jams hombre alguno am
como yo)  cuantas acciones soberanamente ridculas no te ha de haber
arrastrado tu fantasa!

CORINO.-- mil de ellas que ya ni recuerdo.

SILVIO.--Oh! Pues entonces jams amaste tan de corazn! Si no tienes
presente hasta la ms insignificante locura en que te hiciera caer el
amor, no has amado;  si no te has sentado, como yo ahora, fatigando 
tu interlocutor con las alabanzas de tu amada, no has amado:  si no has
abandonado bruscamente la compaa, como me obliga la pasin  hacerlo
ahora, no has amado. Oh Febe, Febe, Febe!

(_Sale Silvio._)

ROSALINDA.--Pobre pastor! Por buscar tu herida, he venido
desgraciadamente  dar con la ma propia!

PIEDRA.--Y yo con la ma. Me acuerdo de que estando enamorado, quebr mi
espada contra una piedra, y le dije que aguantara eso por venir de noche
en busca de Juana Remilgos; y de cmo bes su batidera y los pezones de
la vaca que ella haba ordeado con sus lindas manos agrietadas; y
recuerdo, en fin, haber hecho la corte en lugar de ella  una vaina de
guisantes, de la cual saqu dos y se los devolv diciendo con los ojos
llenos de lgrimas: Pntelos por amor  m. Nosotros, los que amamos
de veras, damos en extraas manas; pero as como todo muere en la
naturaleza, toda naturaleza enamorada muere en la tontera.

ROSALINDA.--Hablas con ms sensatez de lo que piensas.

PIEDRA.--Ya lo creo: no he de caer jams en cuenta de mi propio ingenio,
hasta que me d de narices contra l.

ROSALINDA.--Oh Jove, Jove! La pasin de este pastor se parece mucho 
la ma.

PIEDRA.--Y  la ma; pero ya se me va poniendo un poco rancia aqu
dentro.

CELIA.--Os ruego que uno de vosotros pregunte  aquel hombre, si nos
dar por oro algn alimento.

Estoy medio muerta de desmayo.

PIEDRA.--Hola!  ti, villano!

ROSALINDA.--Silencio, bufn: no es pariente tuyo.

CORINO.--Quin llama?

PIEDRA.--Tus superiores, pobre hombre.

CORINO.--Muy desvalidos han de ser, si son mis iguales.

ROSALINDA.--Silencio, digo. Buenas tardes, amigo.

CORINO.--Y  vos, gentil caballero, y  todos vosotros.

ROSALINDA.--Rugote, pastor, que si el afecto  el oro pueden comprar
algn refrigerio en este desierto, nos procures algo con qu reposar y
alimentarnos. He aqu una joven doncella fatigada en demasa por el
viaje y que se desmaya por falta de socorro.

CORINO.--La compadezco, gentil seor, y quisiera por su bien ms que por
el mo que mis recursos fuesen mayores para aliviarla; pero soy pastor
al servicio de otro hombre, y no trasquilo el rebao que apaciento. Mi
dueo es de carcter duro, y no se cuida de encontrar el camino del
cielo por actos de hospitalidad. Por otra parte, su egido, sus ganados y
sus pastos estn en venta; y con motivo de su ausencia, no hay en
nuestro cortijo cosa con que pudirais alimentaros; pero venid y veris
lo que hay, que por mi parte seris muy bienvenidos.

ROSALINDA.--Y quin comprar sus rebaos y sus pastos?

CORINO.--Aquel joven zagal, que visteis poco h, y que tiene muy poco
inters en comprar algo.

ROSALINDA.--Te suplico que, guardando los fueros de la honradez, compres
t la casa, los pastos y rebaos. Te daremos con que pagarlos.

CELIA.--Y aumentaremos tu salario. Gstame el sitio, y de buena gana
pasara en l mi tiempo.

CORINO.--Que todo est para vender, es seguro. Venid conmigo, y si os
agradan los informes sobre el suelo, las ganancias y este gnero de
vida, ser vuestro fiel labrador, y lo comprar todo con vuestro oro sin
perder momento.

(_Salen._)


ESCENA V.

Entran AMIENS, SANTIAGO y otros.

CANTO.

    AMIENS. Quien bajo el rbol frondoso
           desee yacer conmigo,
           y ajustar su alegre canto
           del ave  los dulces trinos,
           que venga hacia aqu, que venga,
           donde no hay ms enemigo
           que el invierno y la tormenta,
           las tempestades y el fro.

JAQUES.--Continuad, continuad, os lo suplico.

AMIENS.--Os entristecera, monsieur Jaques.

JAQUES.--Y gracias. Ms, os ruego, ms. Puedo sorber melancola de una
cancin, como huevos la comadreja. Ms, te ruego, ms.

AMIENS.--Estoy enronquecido. Conozco que no podra agradaros.

JAQUES.--No deseo que me agradis; deseo, s, que cantis. Vamos: ms:
otra estrofa. No las llamis estrofas?

AMIENS.--Lo que queris, monsieur Jaques.

JAQUES.--No me importan sus nombres. Nada me deben. Queris cantar?

AMIENS.--Ms por satisfaceros que por placer mo.

JAQUES.--Pues bien: si alguna vez doy las gracias  un hombre, ser 
vos; aunque lo que llaman cumplidos se parece al encuentro de dos monos;
y cuando un hombre me da gracias sinceramente, se me figura haberle
dado un centavo, y que me devuelve gracias  lo mendigo. Vamos, cantad y
que los dems cierren la boca.

AMIENS.--Bien. Concluir la cancin. Mientras tanto, seores, cubrid la
mesa; el duque quiere beber bajo este rbol. Ha esperado todo este da
para veros.

JAQUES.--Y yo todo este da he estado evitndolo. Discute demasiado para
m. Yo pienso en tantos asuntos como l; pero, gracias al cielo, no hago
alarde de ello. Vamos, vamos, trinad.

CANTO.

    TODOS. Quien desdea la ambicin
          y vive del sol al brillo
          buscando el pan, y contento
          con lo que haya conseguido,
          que venga, que venga aqu,
          donde no hay ms enemigo
          que el invierno y la tormenta
          las tempestades y el fro.

JAQUES.--Voy  daros un verso para esa tonada, que hice ayer, mal que
pesara  mi inventiva.

AMIENS.--Y yo lo cantar.

JAQUES.--Dice as:

    Si por ventura acontece
    tornarse un hombre en borrico,
    dejando paz y riqueza
    por un porfiado capricho,
    _duc ad me, duc ad me, duc ad me_,
    que aqu ver otros pollinos
    como l; y si no, que venga
    adonde Amiens nuestro amigo.

AMIENS.--Qu significa ese _duc ad me_?

JAQUES.--Es una invocacin griega para llamar  los necios  formar
crculo. Me voy  dormir, si puedo. Y si no pudiese, renegar de todos
los primognitos de Egipto.

AMIENS.--Y yo voy  buscar al duque. Est preparado su banquete.

(_Salen separadamente._)


ESCENA VI.

La misma.

Entran ORLANDO y ADAM.

ADAM.--Mi querido seor, ya no puedo ir ms lejos. Oh, me muero de
hambre! Aqu me acuesto, y marco la medida de mi sepulcro. Adios, mi
bondadoso seor.

ORLANDO.--Cmo es eso, Adam? T no tienes ms corazn? Vive un poco,
anmate un poco, algrate un poco. Si este spero bosque produce algn
animal salvaje,  yo le servir de alimento,  lo traer para
alimentarte. Tu imaginacin, no tus fuerzas, es lo que est expuesto 
morir. Tranquilzate por amor  m; y por unos momentos pon  raya la
muerte. Estar aqu contigo dentro de breve rato, y si no te traigo
algn alimento, tendrs mi consentimiento para morir. Pero si mueres
antes, me habrs hecho perder mi trabajo. No lo dije? Tienes ms alegre
la cara. No tardar en estar de vuelta. Pero yaces aqu  la intemperie.
Te llevar  algn punto abrigado, y si hay cosa que viva en este yermo,
no morirs por falta de comida. nimo, buen Adam!

(_Salen._)


ESCENA VII.

La misma.--Una mesa cubierta.

Entran el antiguo DUQUE, AMIENS, seores y otros.

DUQUE.--Parece que se ha transformado en bestia, pues no puedo
encontrarle cosa alguna  semejanza del hombre.

LORD 1.--Seor, hace un momento que se fu de aqu, donde haba estado
alegre oyendo una cancin.

DUQUE.--Si l, que es un conjunto de discordancias, se aficiona  la
msica, no tardaremos en ver discordancia en los cielos. Id  buscarle:
decidle que deseo hablar con l.

(_Entra Jaques._)

LORD 1.--Me ahorra la pena viniendo l mismo.

DUQUE.--Hola! Cmo es esto, monsieur, y qu vida llevis, que vuestros
pobres amigos tienen que conquistar vuestra compaa?

JAQUES.--Un bufn! un bufn! Encontr un bufn en el bosque; un bufn
abigarrado. Oh miserable mundo! Tan cierto como que vivo encontr  un
bufn que se acost  calentarse al sol, y reneg de la fortuna en
buenas frases, en buenas vigorosas frases. Buenos das, zote--le
dije.--No seor--respondi--no me llamis zote mientras el cielo no me
haya enviado fortuna.--Sac lugo de su bolsillo un reloj de sol y
mirndolo con ojos amortiguados, dijo muy sensatamente: Son las diez;
por lo cual vemos, aadi, cmo va el mundo. No hace sino una hora que
eran las nueve, y dentro de una hora sern las once. As, de hora en
hora maduramos y maduramos, y luego de hora en hora nos pudrimos y nos
pudrimos, y de aqu sale un cuento. Cuando o  aquel pintarrajeado
bufn filosofar as sobre el tiempo, solt una carcajada ms sonora que
el canto del gallo  la madrugada, al pensar que un bufn fuese tan
profundamente meditativo, y me re sin tregua una hora entera contada en
su reloj. Oh noble bufn! Oh digno bufn! No hay ms traje que el de
arlequn.

DUQUE.--Qu bufn es este?

JAQUES.--Oh insigne bufn! Ha sido cortesano, y dice que con tal de que
las damas sean jvenes y hermosas, tienen el don de conocerlo; y en su
cerebro tan seco como galleta de viaje pasado, tiene extraos sitios
atestados de observaciones  las cuales da salida en zurdas formas. Oh
qu dara por ser un bufn! Cunto codicio un traje con cascabeles!

DUQUE.--Tendrs uno.

JAQUES.--Es todo mi deseo, con tal de que desarraiguis de vuestros
mejores juicios toda opinin que se haya robustecido en ellos en contra
de mi cordura. He de tener completa libertad, una patente tan amplia
como el viento, para soplar sobre quien yo quiera, pues as la tienen
los bufones. Y aquellos  quienes ms zahieran mis bufonadas, son los
que ms debern reir. Y por qu ha de ser as, seor? El porqu es
claro como camino de iglesia parroquial. Aquel  quien el bufn hiera
muy cuerdamente, hara una gran necedad, si  pesar de lo que le
escueza, no pareciera insensible al golpe. Si no, quedara desmenuzada
la necedad del cuerdo, aun por las chanzas perdidas del bufn.
Revestidme con mi traje de arlequn; dadme permiso para decir lo que
pienso, y limpiar por completo el asqueroso cuerpo del infecto mundo,
si es que se deja administrar con paciencia mi remedio.

DUQUE.--Quita all! Puedo decir lo que haras.

JAQUES.--Pues qu hara contrarindolo sino un bien?

DUQUE.--Pecaras maligna y groseramente cuando criticaras el pecado;
porque t mismo has sido un libertino tan sensual como el instinto
brutal mismo. Y derramaras sobre el mundo todas las lceras acumuladas
y los males crnicos atrapados por tu libertinaje.

JAQUES.--Pues qu! Acusa  persona alguna en particular, quien clama
contra el orgullo? No fluye con tanta pompa como el mar, hasta que
refluye contra los mismos medios que lo sustentan? A qu mujer de la
ciudad habr nombrado, si digo que la mujer de la ciudad lleva en sus
hombros impdicos el precio pagado por prncipes? Cul de ellas puede
venir  decirme que he querido hablar de ella, cuando su vecina es ni
ms ni menos que ella misma?  quin es aqul aun de la ms baja
condicin que (pensando que aludo  l) dice, que su magnificencia no
existe  expensas mas, sin que en ello ajuste su propia necedad al
tenor de mi discurso? Ahora bien: qu resulta? Dejadme ver en qu le
habr ofendido mi lengua. Si le ha hecho justicia, ser l quien se
habr ofendido  si propio; si no, mi invectiva habr pasado volando
como el ganso silvestre que ningn hombre reclama por suyo. Pero quin
viene? (_Entra Orlando, espada en mano._)

ORLANDO.--Deteneos y no sigis comiendo.

JAQUES.--Pues an no he probado bocado.

ORLANDO.--Ni lo probaris antes que la miseria sea socorrida.

JAQUES.--Qu clase de pjaro es este?

DUQUE.--Es la miseria la que te hace proceder as, hombre atrevido, 
eres un grosero ignorante de los buenos modales, para mostrarte tan
falto de buena crianza?

ORLANDO.--Acertasteis al principio. La aguda espina de la ms rigorosa
necesidad, me priv de mostrarme suave y corts. Nac tierra adentro, y
tengo alguna cultura. Pero, deteneos, repito; porque si alguno toca

[Illustration:--'_Deteneos, y no sigis comiendo._']

 estos frutos antes que yo haya cumplido mi propsito, morir.

JAQUES.--Y si no admits razones en respuesta, habr de morir.

DUQUE.--Qu deseis? Nos forzara  ser benvolos vuestra cortesa, ms
que nos inclinara  la bondad vuestra fuerza.

ORLANDO.--Estoy casi muerto por el hambre. Dejadme tomar alimento.

DUQUE.--Sentaos y alimentaos y sed bien venido  nuestra mesa.

ORLANDO.--Hablis afablemente? Os ruego que me perdonis. Parecame que
todo haba de ser salvaje en este lugar, y por eso tom un aspecto
imperioso  inflexible. Pero quienes quiera que seis, los que en este
desierto inaccesible,  la sombra del melanclico ramaje vis correr
indiferentes las cansadas horas del tiempo; si alguna vez visteis das
mejores; si alguna vez osteis el taer de las campanas llamndoos al
templo; si os habis sentado al banquete de un hombre de bien; y si
alguna vez enjugasteis de vuestros prpados una lgrima de piedad y
sabis lo que es compadecer y ser compadecidos, dejad que la humildad
sea mi principal fuerza, y en tal esperanza envaino, sonrojndome, este
acero.

DUQUE.--En verdad, hemos visto das mejores, y la sagrada campana nos ha
llamado al templo, y nos hemos sentado  las fiestas de hombres buenos,
y hemos enjugado de nuestros prpados lgrimas arrancadas por la santa
piedad; as, pues, sentaos tranquilamente y disponed de cuanta ayuda
podemos ofrecer en alivio de vuestras necesidades.

ORLANDO.--Pues bien: aplazad por pocos momentos vuestro alimento,
mientras voy, como la cierva, en busca de mi cervato para alimentarlo.
Hay all un pobre anciano que sigui con paso fatigado mi largo camino,
movido por el ms desinteresado afecto. Hasta que l, oprimido por dos
causas de debilidad--los aos y el hambre--sea satisfecho primero, yo no
probar bocado.

DUQUE.--Id  traerlo, y nada ser tocado hasta que volvis.

ORLANDO.--Os lo agradezco, y sed bendecidos por vuestro auxilio.
(_Sale._)

DUQUE.--Ya lo ves: no somos los nicos desgraciados. Este vasto teatro
del mundo, presenta escenas an ms dolorosas que esta en que tomamos
parte.

JAQUES.--Todo el mundo es un escenario, y todos, hombres y mujeres, son
meros actores. Todos tienen sus entradas y salidas, y cada hombre en su
vida representa muchos papeles, siendo los actos siete edades. Al
principio, infante que lloriquea en brazos de la nodriza. Lugo lloroso
rapaz, con su saquillo y su luciente cara matutina, arrastrndose de
mala gana  la escuela, con paso de caracol. Despus, enamorado,
suspirando como una fragua, con una triste balada compuesta  las cejas
de su dama. En seguida, soldado, lleno de extraas imprecaciones,
bigotudo como el leopardo, celoso del honor, sbito y pronto en la
pendencia, buscando la efmera reputacin hasta en la boca del can.
Ms tarde, juez, de redondo y prominente abdomen bien aforrado de capn,
de severa mirada y barba cortada en estilo serio, lleno de sesudos
adagios y de modernas citas: y as desempea su papel. En la sexta edad
mdase en enjuto arlequn, calzado de chinelas, puestas en la nariz las
antiparras y el saco al costado, y con las bien conservadas bragas de su
mocedad flotando en anchos pliegues sobre sus encogidas piernas; y su
sonora voz varonil vuelta al tiple de la infancia resopla y silba en su
sonido. La ltima escena de todas, que termina esta extraa y nutrida
historia, es la segunda infancia, un mero olvido, sin dientes, sin ojos,
sin palabras, sin cosa alguna.

(_Vuelve  entrar Orlando con Adam._)

DUQUE.--Bienvenidos.--Poned en un asiento vuestra venerable carga, y que
se alimente.

ORLANDO.--Os doy mil gracias por l.

ADAM.--As os era menester.--Apenas puedo hablar para hacerlo yo mismo.

DUQUE.--Bienvenido. Principiad. Por ahora no os molestar con preguntas
acerca de vuestras aventuras.--Dejadnos oir un poco de msica, y, buen
primo, cantad.

CANTO.

    AMIENS.--Sopla, sopla, viento helado,
          que no eres t tan maligno
          cual la ingratitud del hombre
          ni muerdes con tanto ahinco,
          pues no se te puede ver
          aunque tu soplo sentimos.
          Cantemos, oh, s, cantemos,
          de la enramada el asilo!
          Hay mucha amistad fingida
          y muchos amores frvolos,
          mas oh! bajo la enramada
          la vida es un regocijo.
                   --
          Hiela, hiela, crudo cielo,
          que no ofendes con tu fro
          como el pago que los hombres
          dan al bien con el olvido.
          T tornas el agua en hielo;
          mas tu soplo no es tan fro
          como el triste desengao
          de ver que olvida un amigo.
          Cantemos, oh, s! etc., etc.

DUQUE.--Si sois hijo del buen sir Rowland, como me lo habis fielmente
dicho al odo, y como ven mis ojos por su imagen vivamente retratada y
viviente en vuestro rostro; sed, en verdad, bienvenido aqu. Soy el
duque que am  vuestro padre. Vendris  mi cueva  decirme el fin de
vuestras aventuras.--Buen anciano, bienvenido eres tambin, como tu
seor. Dadle el brazo, y  m la mano; y hacedme comprender toda vuestra
situacin. (_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO III.


ESCENA I.

Un cuarto en el palacio.

Entran el DUQUE FEDERICO, OLIVERIO, nobles y squito.

DUQUE FEDERICO.

No verle desde entonces? Seor mo, eso no puede ser. Si no fuera la
piedad la principal parte de m mismo, no buscara un objeto ausente
para saciar mi venganza, hallndote t aqu. Pero ten cuidado: encuentra
 tu hermano donde quiera que est; bscalo con una linterna: trelo
vivo  muerto, dentro del plazo de un ao,  jams vuelvas  buscar tu
vida en nuestro territorio. Tus tierras y cuanto hay secuestrable en lo
que llamas tuyo, quedan secuestrados en nuestras manos, hasta que puedas
justificarte por boca de tu hermano de las sospechas que abrigamos
contra ti.

OLIVERIO.--Oh, si conociera Vuestra Alteza mis sentimientos en esto!
Jams en mi vida he amado  mi hermano.

DUQUE.--Pues eres tanto ms vil por eso. Echadle fuera! Y que vayan mis
funcionarios  quienes tal incumbe,  embargarle casa y tierras. Hacedlo
al punto, y despedidle en seguida. (_Salen._)


ESCENA II.

El bosque.

Entra ORLANDO, con un papel.

ORLANDO.--Quedad aqu, versos mos, en testimonio de mi amor. Y t,
reina de la noche coronada de triple diadema, observa con tu casta
mirada desde tu plida y alta esfera el nombre de tu cazadora, que
domina toda mi existencia.--Estos rboles oh Rosalinda! sern mis
libros, y grabar mis pensamientos en su corteza, para que tus virtudes
sean contempladas por todas partes por cuantos seres hay en este
bosque.--Corre, corre, Orlando, y graba en cada rbol el nombre de la
bella, la casta, la imponderable. (_Sale.--Entran Corino y
Piedra-de-toque._)

CORINO.--Y cmo os place esta vida de pastor, seor Piedra-de-toque?

PIEDRA.-- la verdad, pastor, que considerada en s misma es una vida
buena, pero como vida de pastor no vale nada. Me gusta bastante porque
es solitaria; pero siendo tan retrada, es una vida muy despreciable.
Agrdame tambin por lo que tiene de campestre, pero me fastidia el que
no sea en la corte. Y notad que cuadra bien  mi temperamento, porque es
una vida econmica; pero como no ofrece mucha abundancia, mi estmago no
se aviene con ella. Pastor: tienes algo de filsofo?

CORINO.--No ms que lo suficiente para comprender que cuanto ms enfermo
est uno, peor se siente; que faltan tres buenos amigos  quien no
tiene dinero, medios y satisfaccin; que la lluvia moja y el fuego
quema; que el buen pasto engorda al rebao; y que entra por mucho el que
no haya sol para que sea de noche; y que quien no adquiri ingenio por
la naturaleza  por el arte, puede quejarse  de su educacin  de su
mala estirpe.

PIEDRA.--Un hombre as es un filsofo natural. Has estado alguna vez en
la corte, pastor?

CORINO.--No, por cierto.

PIEDRA.--Pues entonces ests condenado.

CORINO.--Espero que no.

PIEDRA.--Condenado, en verdad. Te tostarn por un lado como huevo mal
frito.

CORINO.--Por no haber estado en la corte? Y por qu?

PIEDRA.--Es claro. No habiendo estado en la corte nunca has visto buenos
modales; y no habiendo visto buenos modales, los tuyos tienen que ser
muy malos; y lo malo es un pecado y el pecado se condena. En mal trance
te veo, pastor.

CORINO.--Nada de eso, Piedra-de-toque. Tan ridculos son en el campo los
buenos modales de la corte, como risibles en la corte las maneras del
campo. Me habis dicho que en la corte no saludis sino que besis las
manos. Tal cortesa no fuera decente, si los cortesanos fuesen pastores.

PIEDRA.--Un ejemplo, pronto; vamos, un ejemplo.

CORINO.--Continuamente manoseamos nuestras ovejas, y sabis que sus
vellones son grasientos.

PIEDRA.--Pues qu! No sudan las manos de los cortesanos? Y no es tan
saludable la grasa de un carnero como el sudor de un hombre? La razn
que alegas es ftil. Dame un ejemplo mejor. Vamos  ello.

CORINO.--Adems, nuestras manos son speras.

PIEDRA.--As las sentirn ms pronto vuestros labios. Otra futileza.
Ea! Veamos mejor ejemplo.

CORINO.--Y  menudo tenemos las manos embreadas con los remedios que
aplicamos  nuestros rebaos. Os gustara besar brea? Las manos de los
cortesanos estn perfumadas con algalia.

PIEDRA.--Oh hombre insustancial! Eres comida de gusanos comparada con
un buen pedazo de carne fresca.--Aprende de los sensatos y reflexiona.
La algalia es de ms baja estirpe que la brea: es una asquerosa
secrecin de un gato.--Vamos: mejora el ejemplo, pastor.

CORINO.--Tenis, como cortesano, demasiado ingenio para m.--Me callar.

PIEDRA.--Quieres condenarte, pues? Dios te valga, hombre superficial!
Dios te abra la mollera, porque no sabes nada.

CORINO.--Seor, soy un honrado labrador, que gano lo que como y lo que
visto; que no aborrezco  nadie ni envidio la dicha de ningn hombre;
que me alegro del bien de los dems y me resigno  mi propio dao; y mi
mayor orgullo se reduce  ver pastar mis ovejas y amamantar mis
corderos.

PIEDRA.--He ah otro pecado de ignorancia en que cais: juntar moruecos
y ovejas, prometindoos ganar la vida por la cpula del ganado: servir
de tercero  un carnero-gua, y sacrificar una ovejita de ao
entregndola  un morueco viejo, de patas torcidas, y de todos modos
cornudo, faltando en ello  toda equidad y proporcin. Si no te condenas
por esto,  fe que no querr coger nunca pastores el diablo. No veo por
cul otro motivo escaparas.

CORINO.--Aqu viene el joven seor Ganimedes, el hermano de mi nueva
ama.

(_Entra Rosalinda, leyendo un papel._)

    ROSALINDA.--No hay desde Oriente  Poniente
          joya como Rosalinda.
          Do quiera lleva el ambiente
          la fama de Rosalinda.
          El cuadro ms refulgente
          negro es junto  Rosalinda.
          Ni recuerde faz la mente
          sino la de Rosalinda.

[Illustration]

PIEDRA.--Pues yo os har rimas por el estilo ocho aos seguidos,
exceptuando solamente las horas de almorzar, comer y dormir.

ROSALINDA.--Calla, loco!

PIEDRA.--Va de muestra:

    Si falta al ciervo una cierva
    venga y busque  Rosalinda.
    Su especie el gato conserva?
    Lo mismo har Rosalinda.
    El forro el calor conserva:
    otro tanto Rosalinda.
    Quien siega ha de atar la yerba,
    y al carro con Rosalinda.
    Como en nuez dulce, se observa
    corteza agria en Rosalinda.
    La rosa de amor enerva
    y punza, cual Rosalinda.

Este es el fastidioso martilleo de los versos. Por qu os contagiis
con l?

ROSALINDA.--Silencio, tonto! Los encontr en un rbol.

PIEDRA.-- fe ma que da mal fruto.

ROSALINDA.--Pues lo ingertar contigo, que ser ingertarlo con un
nspero, y as ser el fruto ms temprano del pas; porque os habris
podrido antes de estar medio maduro, que es la condicin propia del
nspero.

PIEDRA.--Eso decs; pero si cuerdamente  no, que lo decida el bosque.
(_Entra Celia, leyendo un papel._)

Rosalinda.--Guardad silencio y haceos  un lado, que aqu viene mi
hermana leyendo.

    CELIA.

    Y habr silencio en el desierto bosque
          porque nadie lo habita?
    No: que  cada rbol prestar una lengua
          que bellas cosas diga.
    Una dir cun presto cruza el hombre
          la senda de la vida,
    de cuyo espacio el hueco de la mano
          encierra la medida.
    Y otra los olvidados juramentos
          de dos almas amigas.
    En las ms bellas ramas y al extremo
          de las mejores lneas,
    grabar embelleciendo mis sentencias
          un nombre: Rosalinda.
    Y cuantos lean notarn que el cielo
          quiso mostrar un da
    juntas en breve espacio, sus ms bellas
          y nobles maravillas.
     la naturaleza di el encargo
          de un cuerpo en que se anidan
    todas las gracias juntas y aumentadas;
          por eso ella combina
    la hermosa faz, no el corazn, de Helena:
          la majestad altiva
    de Clopatra, el alma de Atalantoa,
          de Lucrecia la esquiva
    modestia; y con mil prendas quiso el cielo
          juntar en Rosalinda
    de corazones, rostros y miradas
          la suprema vala.
    Tan bellos dones quiso dar el cielo
           su obra favorita
    para que siendo yo su esclavo siempre
          rinda  sus pis mi vida.

ROSALINDA.--Oh Dios de misericordia! Y qu fastidiosa homilia de amor
habis hecho pesar sobre vuestros feligreses, sin daros la pena de decir
siquiera: Tened paciencia, buenas gentes!

CELIA.--Qu es esto? Atrs, amigos! Pastor, retrate un poco: y t,
vete con l, bellaco.

PIEDRA.--Ven, pastor. Pongmonos en honrosa retirada, si no con carros y
bagajes, al menos con zurrn y cayado. (_Salen Corino y
Piedra-de-toque._)

CELIA.--Oiste esos versos?

ROSALINDA.--S: todos ellos y aun ms; porque algunos tenan ms pis
que los que el verso admite.

CELIA.--Eso no importa: los versos podrn as caminar por sus pis.

ROSALINDA.--Bien; pero como eran pis quebrados, el verso no poda
caminar con ellos, y por esto los pis hacan que los versos anduviesen
cojeando.

CELIA.--Pero no te ha admirado el oir que tu nombre estuviese
suspendido y grabado en estos rboles?

ROSALINDA.--Haca ya una eternidad que me haba pasado el asombro cuando
vinisteis; porque, ved lo que encontr en el tronco de una palmera.
Jams haba sido yo tan asendereada en versos, desde los das de
Pitgoras, en que fu una rata irlandesa, cosa que ya casi se me haba
escapado de la memoria.

CELIA.--Adivinas quin lo ha hecho?

ROSALINDA.--Un hombre?

CELIA.--Y que lleva en el cuello una cadena que fu tuya. Cmo!
Cambiis de color?

ROSALINDA.--Quin? Te lo suplico.

CELIA.--Vlgame Dios! No es cosa tan fcil que dos amigos se
encuentren; pero hasta las montaas si las traslada un terremoto, se
encuentran.

ROSALINDA.--Pero l? Quin es l?

CELIA.--Es posible?

ROSALINDA.--Te vuelvo  rogar y ms encarecidamente an, que me digas
quin es.

CELIA.--Asombroso, asombroso! Asombro de los asombros! Y otra vez an,
prodigioso sobre toda ponderacin!

ROSALINDA.--Por mi estampa! Te imaginas que porque llevo un traje de
hombre, tengo el alma vestida de pantaln y chaqueta? Un minuto ms de
demora, es todo un viaje al rededor del mundo. Rugote decir quin es?
Pronto y habla aprisa. Deseara que tartamudeases,  ver si as echabas
por la boca  este misterioso hombre, como el vino por el angosto cuello
de la botella.  demasiado,  nada. Te suplico que quites el corcho  tu
boca para beber yo las nuevas.

CELIA.--As podras engullirte un hombre.

ROSALINDA.--Es hechura de Dios? Qu especie de hombre? Vale la pena
su cabeza de que lleve sombrero? Tiene cara como para barbas?

CELIA.--De barbas, pocas tiene.

ROSALINDA.--Pues Dios le enviar ms, si l es agradecido. Djame
conocer su cara, y yo dejar que le crezcan las barbas.

CELIA.--Es el joven Orlando; el que hizo dar  un mismo tiempo aquella
voltereta al luchador Carlos y  tu corazn.

ROSALINDA.--Da al diablo las bromas! Habla seriamente y  fe de
doncella de buena ley.

CELIA.--Pues  fe de tal, prima, que es l.

ROSALINDA.--Orlando?

CELIA.--Orlando.

ROSALINDA.--Desdichado da! Qu voy  hacer ahora con mi justillo y
mis bragas? Qu hizo cuando le viste? Qu dijo? Qu aspecto
tena?Qu hace aqu? Pregunt por m? Adnde vive? Cmo se despidi
de ti? Y cundo volvers  verle? Respndeme en una palabra.

CELIA.--Primero, consigue prestada para m la boca de Gargantua. La
palabra que pides no cabra en ninguna boca de las que se ven en nuestro
tiempo. Decir s y no  todos esos detalles, sera ms que responder al
Catecismo.

ROSALINDA.--Pero sabe l que estoy en este bosque y en traje de hombre?
Parece tan lozano como el da de la lucha?

CELIA.--Satisfacer las preguntas de los amantes, es tan fcil como
contar los tomos. Consulate con saber que le he encontrado, y saborea
esta buena observacin. Lo hall en tierra al pi de un rbol, como una
bellota cada.

ROSALINDA.--rbol que deja caer tal fruto no puede ser sino el rbol de
Jove.

CELIA.--Concededme audiencia, mi buena seora.

ROSALINDA.--Contina.

CELIA.--Estaba acostado cuan largo es, como un caballero herido.

ROSALINDA.--Aunque es lstima ver semejante cuadro, deba venir bien 
la decoracin.

CELIA.--Ataja tu lengua, por Dios. Se pone  saltar fuera de tiempo.
Vesta de cazador.

ROSALINDA.--Siniestro presagio! Viene  traspasar mi corazn.

CELIA.--Quisiera entonar la cancin sin tropiezo; pero me haces
desafinar.

ROSALINDA.--No sabes que soy mujer? Cuando pienso, tengo de hablar.
Sigue, querida ma, sigue.

(_Entran Orlando y Duque._)

CELIA.--Me sacis de mis casillas. Calla! no es l quien viene?

ROSALINDA.--El es. Escndete y obsrvalo.

(_Celia y Rosalinda se retiran._)

JAQUES.--Gracias por vuestra compaa; pero en verdad me habra sido lo
mismo estar solo.

ORLANDO.--Lo mismo que  mi. Sin embargo, por cumplir con la moda, os
doy tambin las gracias por vuestra sociedad.

JAQUES.--Id con Dios. Procuremos encontrarnos lo menos posible.

ORLANDO.--Prefiero que seamos enteramente extraos cada uno para el
otro.

JAQUES.--Y os ruego que no echis  perder los rboles escribiendo
canciones amorosas en su corteza.

ORLANDO.--Y os ruego que no echis  perder mis versos leyndolos con
tan poca gracia.

JAQUES.--Es Rosalinda el nombre de vuestra amada?

ORLANDO.--Precisamente.

JAQUES.--No me gusta su nombre.

ORLANDO.--Sin duda no la bautizaron as para daros gusto.

JAQUES.--Qu estatura tiene?

ORLANDO.--La que llega hasta mi corazn.

JAQUES.--Siempre tenis bonitas respuestas. No habis tenido amistad
con esposas de joyeros, y habis aprendido esas respuestas en las
inscripciones de las sortijas?

ORLANDO.--Nada de eso. Os respondo como las telas pintadas, en las
cuales habis estudiado las preguntas.

JAQUES.--Tenis el ingenio muy vivo. Parece que le hubieran sacado de
los pis de Atalante. Queris que nos sentemos juntos? Echaremos pestes
contra nuestras amadas, el mundo y todas nuestras desdichas.

ORLANDO.--No murmurar de alma viviente en el mundo, sino de m mismo,
que es en quien ms defectos advierto.

JAQUES.--El peor que tenis es estar enamorado.

ORLANDO.--Pues no cambiara tal defecto por la mejor de vuestras
virtudes. Ya me habis cansado.

JAQUES.-- fe ma que andaba en busca de un necio cuando d con vos.

ORLANDO.--Se haba ahogado en el arroyo. Si os asomis al agua le veris
la cara.

JAQUES.--All no ver sino la ma.

ORLANDO.--Pues tengo para m que si es cara de algo es la de un tonto.

JAQUES.--No gastar ms palabras con vos. Adios, seor don Cupido!

ORLANDO.--Gracias  Dios que os vis. Adios, seor don Quejumbres.

(_Sale Jaques.--Celia y Rosalinda se adelantan._)

ROSALINDA.--Le hablar como un paje impertinente, y as disfrazada le
har alguna travesura. Os?

CELIA.--Bien qu queris?

ROSALINDA.--Qu hora ha dado?

ORLANDO.--Deberais preguntar qu hora es, no qu hora ha sonado. No hay
reloj en el bosque.

ROSALINDA.--Es decir que no hay en el bosque ningn verdadero enamorado;
porque  razn de suspiro por minuto y de gemido por hora, podra
contar tan bien como un reloj el paso tardo del tiempo.

ORLANDO.--Y no sera ms propio decir el paso veloz del tiempo?

ROSALINDA.--De ningn modo, seor. El tiempo camina con diferente paso
para diferentes personas. Os dir para quin va con paso de andadura,
para quin trota, para quin galopa y para quin se para  inmoviliza.

ORLANDO.--Os ruego me digis para quin trota?

ROSALINDA.-- fe, trota duramente para la joven doncella desde el
contrato de matrimonio hasta la bendicin nupcial. Y aunque el intervalo
no pase de siete das, se hace tan duro el paso del tiempo, que parece
haber medido siete aos.

ORLANDO.--Y para quin va  paso de andadura?

ROSALINDA.--Para el clrigo que no sabe bien el latn, y para el rico
que no padece de la gota; porque aquel duerme bien no teniendo estudio
que le desvele; y ste vive alegremente no sintiendo dolor. Falta al
primero el peso de la faena con que la instruccin debilita y consume:
al otro la fastidiosa carga de la pobreza. Para ambos va el tiempo 
paso de andadura.

ORLANDO.--Y para quin galopa?

ROSALINDA.--Para el ladrn que va al cadalso; pues aunque vaya tan
despacio como pueda ser movido el pi, siempre le parece que llega all
demasiado pronto.

ORLANDO.--Y para quin se detiene?

ROSALINDA.--Para los abogados en vacaciones; porque entre el punto que
se cierra y el que se abre, se la pasan durmiendo y no perciben la
marcha del tiempo.

ORLANDO.--Dnde vivs, lindo mancebo?

ROSALINDA.--Con esta zagala, hermana ma, en las faldas del bosque, como
fleco de saya.

ORLANDO.--Es este vuestro lugar nativo?

ROSALINDA.--Soy en l como el conejo que vis habitar siempre el sitio
donde naci.

ORLANDO.--Vuestra habla parece ms refinada que la que puede adquirirse
en tan remota habitacin.

ROSALINDA.--Muchas personas me lo han dicho. Un anciano y devoto to
mo, me ense  hablar. Haba sido cortesano en su juventud, y conoca
demasiado las cosas de la corte, como que all se haba enamorado.
Muchas veces le o disertar contra el amor, y doy gracias  Dios de no
ser mujer, por no verme manchado con las liviandades y defectos que
echaba en cara  todo el sexo.

ORLANDO.--Podrais recordar algunos de los mayores males de que acusaba
 las mujeres?

ROSALINDA.--Ninguno era mayor, sino tan parecidos  iguales todos como
los ochavos. Cada pecado pareca monstruoso, hasta que vena  igualarlo
el inmediato.

ORLANDO.--Rugote que repitas algunos.

ROSALINDA.--No: no desperdiciar mi remedio dndolo  quien no est
enfermo. Por ah anda un hombre que vagabundea en el bosque, maltrata
nuestras plantas tiernas grabando Rosalinda en sus cortezas; cuelga odas
en los espinos y elegas en las zarzas, y todo con el propsito de
divinizar el nombre de Rosalinda. Si tropezara yo con este visionario,
le dara un buen consejo, porque parece que le aqueja la fiebre
cuotidiana del amor.

ORLANDO.--Soy yo quien est tan enfermo de amor y os suplico me digis
vuestro remedio.

ROSALINDA.--No veo en vos ni siquiera una de las seales que deca mi
to. l me ense  conocer  los enamorados, y de seguro que no estis
aprisionado en su jaula de mimbres.

ORLANDO.--Qu seales eran esas?

ROSALINDA.--Mejillas enjutas, que no tenis; ojos ojerudos y hundidos,
que no tenis; espritu esquivo, que no tenis; una barba descuidada,
que no tenis.--Ah! Perdonad! el no tener barba es en vos herencia de
hermano menor. Y lugo, debais andar con las medias sin ligas, el
sombrero sin cinta, las mangas sin botones, el calzado sin abrochar, y
cada cosa de vuestra persona mostrando el abandono de la
desolacin.--Pero no sois tal hombre.--Antes bien parecis esmerado en
el vestir, como quien ama su propia persona mucho ms que lo que
pareciera amar  otra.

[Illustration]

ORLANDO.--Hermoso joven, quisiera poder convencerte de que amo.

ROSALINDA.--Convencerme! Ms fcil sera convencer  la que amis; lo
cual, os aseguro, ella no confesara por ms que lo creyera; y este es
uno de los puntos en que las mujeres desmienten su conciencia.--Pero,
en toda seriedad sois vos quien cuelga en los rboles los versos en que
se alaba tanto  Rosalinda?

ORLANDO.--Te juro, joven, por la casta mano de Rosalinda, que ese
desgraciado soy yo, yo mismo.

ROSALINDA.--Pero estis realmente tan enamorado como lo dicen vuestros
versos?

ORLANDO.--No hay rima ni discurso que lo puedan expresar tanto como es.

ROSALINDA.--El amor no es ms que una locura, y os aseguro que merece
tanto una celda oscura y un ltigo, como los otros alienados.--Y si
alguna causa hay para que as no se les castigue y cure, es el ser la
locura tan general que hasta los azotadores andan enamorados.--No
obstante, estoy seguro de curarla con mis consejos.

ORLANDO.--Habis curado as  alguien?

ROSALINDA.--S,  uno. Convenimos en que se imaginara que yo era su
amante, su Dulcinea, y le puse  hacerme la corte cada da; en cuya
ocasin, yo, que era un chiquillo caprichoso, apareca triste,
afeminado, antojadizo, soberbio, fantstico, de mal humor, frvolo,
inconstante, ya lleno de sonrisas, ya de lgrimas; dando algo para cada
pasin, y verdaderamente todo para la carencia de pasin,--como que
muchachos y mujeres son  este respecto ganado de la misma pinta; tan
pronto gustaba de l como le aborreca; ya buscaba su conversacin, ya
hua de su compaa; ora lloraba por l, ora le ultrajaba; de manera que
lo hice pasar de su furiosa locura de enamorado,  una locura mansa,
cual fu la de alejarse del torrente mundano para refugiarse en el
arroyuelo monstico.--As lo cur; y as me comprometo  curaros,
dejando vuestro corazn ms limpio que el de un borrego sano, sin que
quede en l ni la ms pequea mancha de amor.

ORLANDO.--No querra ser curado, mancebo.

ROSALINDA.--Pues os curar, si solamente consents en llamarme
Rosalinda, y en venir todos los das  mi ejido  hacerme la corte.

ORLANDO.--Bien.  fe de mi amor, que lo har. Decidme  dnde es.

ROSALINDA.--Venid conmigo y os le mostrar. Mientras caminamos, me
diris en qu parte del bosque vivs. Queris venir?

ORLANDO.--Con todo mi corazn, joven amigo.

ROSALINDA.--No. Tenis que llamarme Rosalinda. Ea! Hermana! Quieres
venir? (_Salen._)


ESCENA III.

(Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA.--Jaques los observa desde alguna
distancia.)

PIEDRA-DE-TOQUE.--Vamos, aprate, buena Tomasa, yo te traer las cabras.
Y qu tal, Tomasa? Soy todava el que te conviene? Quedas contenta
con esta simple fisonoma?

TOMASA.--Fisonoma! Dios nos asista! Qu es fisonoma?

PIEDRA.--Contigo y tus cabras estoy aqu ni ms ni menos que aquel
caprichoso poeta, el honrado Ovidio, entre los godos.

JAQUES. (_Aparte._)--Oh erudicin mal colocada! Peor que Jpiter bajo
tejado!

PIEDRA.--Cuando los versos de un hombre no pueden ser comprendidos, ni
secundado su ingenio por el entendimiento, se le mata ms pronto que si
se le cobraran por el alquiler de un cuartito las cuentas del gran
capitn.--Verdaderamente me habra alegrado de que los dioses te
hubiesen hecho potica.

TOMASA.--No s qu quiere decir potica. Es algo de honrado en la
accin y en la palabra? Es cosa de buena ley?

PIEDRA.--En cuanto  eso, no; porque la mejor poesa es la que finge
mejor. Los enamorados son muy dados  poesas; y lo que en ellas juran,
se puede decir que, como amantes, lo fingen.

TOMASA.--Y as queris que los dioses me hubiesen hecho potica!

PIEDRA.--Por cierto que s; porque me juraste que eres honrada: y si
fueras poetisa, me quedara alguna esperanza de que me engaabas.

TOMASA.--Qu! No me querrais honrada?

PIEDRA.--Es claro que no;  menos que fueses muy fea; porque aadir la
honradez  la belleza, es como endulzar el azcar aadindole miel.

JAQUES.--(_Aparte._)--Un idiota consumado!

TOMASA.--Bien. No soy hermosa, y por lo mismo ruego  los dioses que me
conserven honrada.

PIEDRA.--En verdad, prodigar la honradez en una fregona pestfera, sera
poner un manjar sabroso en un plato sucio.

TOMASA.--Aunque fea, no soy,  Dios gracias, una mujer de esa clase.

PIEDRA.--Bueno: demos gracias  Dios por tu fealdad. Lo dems vendr con
el tiempo. Pero sea de ello lo que fuere, me casar contigo; y con tal
fin me he visto con D. Oliverio Daatextos, cura de la aldea vecina.--Me
ha prometido venir  este sitio del bosque y unirnos.

JAQUES. (_Aparte._)--Ya querra yo ver esta entrevista.

TOMASA.--Bien, y que los dioses nos dn regocijo.

PIEDRA.--Amen. Un hombre de corazn apocado vacilara antes de acometer
la empresa; porque aqu no tenemos ms templo que el bosque, ni ms
congregacin que los animales de cuernos. Pero y qu? Valor! Por
odiosos que sean, los cuernos son necesarios. Suele decirse que muchos
ricos no saben todo lo que tienen.--Exacto.--Y muchos hombres tienen
buenos cuernos y nunca sabrn cuntos, ni cules sern los ltimos.
Bien: es la dote que le da la mujer; no es cosa que l mismo ha trado
al matrimonio. Cuernos? Ni ms ni menos. Y slo para los pobres? No:
no. El ms noble ciervo los tiene tan desmesurados como el plebeyo. Es
acaso feliz por eso el soltero? No: pues as como vale ms una ciudad
amurallada que una aldea, as la frente del marido es ms honorable que
la frente desnuda del soltero; y as como es ms valiosa la defensa que
la impericia, as es tambin ms precioso en igual grado tener un buen
cuerno que necesitarlo. (_Entra Oliverio Daatextos._) Aqu viene el
seor Oliverio Daatextos. Mucho me alegro de veros, seor. Queris
despacharnos aqu,  la sombra de este rbol,  deberemos ir con vos 
vuestra capilla?

OLIVERIO.--No hay alguien aqu para servir de padrino  la novia y
entregarla?

PIEDRA.--No la tomara yo como ddiva de hombre alguno.

OLIVERIO.--Pero si no es dada la novia, el matrimonio no es legtimo.

JAQUES. (_Presentndose._).--Continuad: yo la dar.

PIEDRA.--Buenas tardes, seor de....... Cmo os llamis? Qu tal os va?
Me alegro mucho de encontraros. Dios os premie por vuestra ltima
visita. Tengo sumo placer en veros. Tenis an esa friolera en la mano?
Vamos, cubros, os ruego.

JAQUES.--Os queris casar, bufn?

PIEDRA.--Como tienen el buey su yugo, el caballo su brida y el halcn
sus cascabeles, as tiene el hombre sus deseos; y como se arrullan las
palomitas, as quiere el matrimonio andar picoteando.

JAQUES.--Y es posible que un hombre de vuestra condicin se case 
escondidas como un pordiosero? Id al templo y tomad un buen sacerdote
que os pueda decir lo que es el matrimonio: este mozo no har ms que
juntaros como dos piezas de ensambladura; y luego uno de vosotros
empezar  encogerse, como madera verde, y al fin todo quedar torcido.

PIEDRA.--(_Aparte._)--Pues me inclino ms  que me case este que otro;
porque no tiene trazas de casarme en regla; y no siendo en regla el
casamiento, ya tendr ms tarde una buena excusa para dejar plantada 
mi mujer.

JAQUES.--Venid conmigo, y dejad que os aconseje.

PIEDRA.--Ven, dulce Tomasa. Hemos de casarnos,  viviremos  salto de
mata.

    No: Oh digno Oliverio!
               Oh bravo Oliverio!
               No me dejes atrs!
    Pero; Velas y buen viento
               Mrchate al momento.
               No me cases jams.

(_Salen Jaques, Piedra y Tomasa._)

OLIVERIO.--No importa.--Nunca me desviar de mi vocacin ninguno de
estos antojadizos bellacos.

(_Sale._)


ESCENA IV.

La misma. Delante de una casa de campo.

Entran ROSALINDA y CELIA.

ROSALINDA.--No me digas palabra; romper en llanto.

CELIA.--Hazlo, te ruego; pero ten la bondad de considerar que no sientan
bien las lgrimas  un hombre.

ROSALINDA.--Pero no tengo motivo para llorar?

CELIA.--Tanto como se puede desear.--As, pues, llora.

ROSALINDA.--Hasta su cabello es del color de la falsedad.

CELIA.--Un poco ms oscuro que el de Judas; y  fe que sus besos son
nietos legtimos de los de ste.

ROSALINDA.--Por cierto, tiene el cabello de bonito color.

CELIA.--Excelente.--No hay color como tu castao.

ROSALINDA.--Y tiene un modo de besar tan casto, como el contacto del pan
bendito.

CELIA.--Ha comprado un par de labios fundidos en el molde de los de
Diana.--Una monja de la hermandad del invierno no pondra en sus besos
compuncin ms edificante.--Hay en ellos una castidad de hielo.

ROSALINDA.--Pero por qu jur venir esta maana y no viene?

CELIA.--Lo cierto es que no hay verdad en l.

ROSALINDA.--Te parece?

CELIA.--S: no le tengo por un ratero ni por un ladrn de caballos: pero
en cuanto  su sinceridad en amor, la juzgo tan hueca como un cubilete 
como una nuez carcomida.

ROSALINDA.--Falso en amor?

CELIA.--Sincero, cuando est enamorado; pero creo que no lo est.

ROSALINDA.--Le habis odo jurar que s lo est.

CELIA.--Estaba, es una cosa, y est es otra. Fuera de esto, los
juramentos en los enamorados no tienen ms fuerza que las palabras de
los taberneros: slo sirven para confirmar cuentas mentirosas. l se
halla aqu en el bosque al servicio del duque vuestro padre.

ROSALINDA.--Ayer encontr al duque y tuve larga conversacin con l.
Preguntme de qu familia desciendo, y le dije que de una tan buena como
l; lo cual hizo que se riera y me dejara ir. Pero  qu hablamos de
padres, habiendo un hombre como Orlando?

CELIA.--Oh, es un gallardo sujeto! Escribe gallardos versos, dice
gallardas palabras, hace gallardos juramentos y gallardamente los
quebranta, como de travs, en el corazn de su amante; como el justador
novicio que espolea su caballo por un solo lado, y rompe su lanza como
un gallardo majadero. Pero donde impera la juventud y gua el paso la
locura, todo es gallardo! Quin viene ah? (_Entra Corino._)

CORINO.--Seor, y amo mo, habis indagado ms de una vez acerca de
aquel pastor que se quejaba de amores,  quien visteis sentado junto 
m en el csped alabando  la altiva y desdeosa zagala que fu su
amante.

CELIA.--Y bien: qu es de l?

CORINO.--Si deseis ver representar un verdadero espectculo, entre el
plido aspecto del verdadero amor, y el encendido color del altivo
desdn y del desprecio, caminad un breve espacio y os conducir.

CELIA.--Ea! vamos. La vista de unos enamorados alimenta  los otros.
Djanos contemplar esa vista, y podrs decir que tambin he desempeado
un activo papel en su comedia.

(_Salen._)


ESCENA V.

Otra parte del bosque.

Entran SILVIO y FEBE.

SILVIO.--No me desprecies, dulce Febe, no. D que no me amas, pero no lo
digas con encono. El verdugo, cuyo corazn est endurecido por el hbito
de ver la muerte, no deja caer el hacha sobre la cerviz inclinada sin
pedir perdn primero. Quieres ser ms dura que aquel que por oficio
pasa toda su vida entre la sangre?

(_Entran Rosalinda, Celia y Corino  cierta distancia._)

FEBE.--No querra ser tu verdugo, y huyo de ti porque no deseo hacerte
mal. Me dices que mis ojos despiden la muerte; pero se me antoja que es
cosa muy probable el que los ojos--la parte ms dbil y suave, la que se
cierra hasta por temor  un grano de polvo--no puedan ser llamados
tiranos, carniceros, asesinos! Pues bien: ahora te miro con el mas
entraable enojo, y que mis ojos te maten en este momento, si son
capaces de herir. Finge que te desmayas, ea! Djate caer por tierra; 
si no puedes, al menos por vergenza no digas que mis ojos son asesinos.
Mustrame la herida que te han hecho. Pnzate, aunque slo sea con un
alfiler, y te quedar alguna seal: apyate, aunque slo sea sobre un
junco, y la mano conservar siquiera por unos instantes la huella de la
presin. Pero mis ojos ahora que se han clavado ceudos en ti, no te
lastiman; y, estoy segura de ello, ningunos ojos tienen fuerza para
hacerlo.

SILVIO.--Oh amada Febe! Si alguna vez (y acaso se halle prxima)
encuentras en alguna fresca mejilla el poder de la fantasa, entonces
sabrs qu invisibles heridas hacen las agudas flechas del amor.

FEBE.--Pues hasta entonces no te me acerques; y cuando suceda,
persgueme con tus burlas y no me compadezcas, as como yo no he de
compadecerte hasta entonces.

ROSALINDA. (_Avanzando._)--Y sabris decirme por qu? De qu madre
habis nacido que as insultis y desdeis y abrumis  un desdichado?
Pues aunque tuvirais ms belleza (y,  fe ma, no veo que tenis ms
que la necesaria para acostaros  oscuras) habrais de ser por eso
orgullosa  implacable? Por qu me miris as? No veo en vos ms que
una de tantas obras vulgares de la naturaleza. Por vida ma! Pienso

[Illustration:--_Por amor de Dios, no os vayis  enamorar de m: no me
gustis!_]

que quiere tambin confundir mis ojos! No, por cierto, soberbia dama, no
esperis tal. No son vuestras cejas color de tinta, vuestro cabello de
seda negra, vuestros ojos de abalorio, ni vuestra mejilla de natas, lo
que podra subyugar mi nimo  vuestra adoracin. Necio pastor: por qu
la segus como el brumoso viento del Sur, lleno de rfagas y lluvia?
Sois mil veces mejor como hombre que ella como mujer; y son los necios,
como vos, quienes llenan el mundo de hijos desgraciados. Sois vos y no
su espejo quien la adula; y  causa de vos, se ve ella mucho mejor que
lo que pueden mostrarla sus propias facciones. Pero, seora, conoceos
bien, poneos de rodillas, y dad gracias al cielo, con el ayuno, por el
amor de un hombre honrado. Y tengo que deciros una verdad al odo:
Vended cuando podis; no sois artculo que tendra salida en cualquier
mercado. Pedid perdn al hombre; amadle; aceptad su oferta. Es
doblemente fea la que aade  la fealdad el desprecio. Tmala, pues,
pastor, y quedad con Dios.

FEBE.--Hermoso joven, regaadme un ao entero. Prefiero vuestras
reconvenciones  requiebros de este hombre.

ROSALINDA.--l se ha enamorado de la fealdad de ella, y ella acabar por
enamorarse de mi enojo. Si es as, cuanto ms airada se muestre contigo,
ms la atormentar con palabras amargas. Por qu me miris as?

FEBE.--No por mala voluntad.

ROSALINDA.--Por amor de Dios, no os vayis  enamorar de m, porque soy
ms falso que juramento de borracho. Fuera de esto, no me gustis.--Si
queris saber dnde vivo, es  un paso de aqu, en el olivar. Quieres
que nos vayamos, hermana? Pastor, acosadla. Ven, hermana. Pastora,
miradle con mejores ojos, y no seis soberbia. Nadie en el mundo entero
sera tan engaado por sus ojos como l. Vamos,  nuestro ejido.
(_Salen Rosalinda, Celia y Corino._)

FEBE.--Insensible pastor! Ahora siento la fuerza de esta verdad;
quin que am, no am  primera vista?

SILVIO.--Adorable Febe...

FEBE.--Ah! decais algo, Silvio?

SILVIO.--Adorable Febe; compadcete de m.

FEBE.--En verdad, siento veros as, amable Silvio.

SILVIO.--Adonde est el pesar, debera hallarse el consuelo. Si mi
amorosa pesadumbre os entristece, vuestra tristeza y mi pesar
desapareceran con un poco de amor.

FEBE.--Tienes mi afecto. No es casi lo mismo?

SILVIO.--Querra poseerte.

FEBE.--Eso sera codicia. Silvio, ha pasado el tiempo en que te
aborreca; y, sin embargo, no es que sienta amor por ti; pero desde que
te muestras tan capaz de hablar bien de amor tolerar tu sociedad, que
me era fastidiosa y aun te ocupar; mas no esperes otra recompensa que
tu propia satisfaccin en verte ocupado por m.

SILVIO.--Tan puro y santo es mi amor y tan pobre me encuentro de
mercedes, que ser para m abundante cosecha el ir recogiendo las
espigas olvidadas por aquel que recogi la cosecha principal. Dame de
vez en cuando una sonrisa perdida y ella me har vivir.

FEBE.--Conoces al joven que me habl hace poco?

SILVIO.--No mucho, pero le he encontrado muchas veces; y ha comprado la
casa y los ganados que pertenecan al viejo hurao.

FEBE.--No pienses que le ame aunque pregunte por l. No es ms que un
muchacho petulante. Sin embargo, habla bien. Pero acaso me cuido yo de
palabras? Las palabras, no obstante, vienen bien, cuando el que las
dice es visto con agrado por el que las oye. Es un bonito joven--no
demasiado bonito--pero sin duda alguna es orgulloso. Tiene un orgullo
que no le sienta mal. Llegar  ser un hombre en regla. Lo mejor de l
es su temperamento; y antes que sus palabras acabasen de hacer una
herida, sus ojos la haban ya cicatrizado. No es de alta estatura,
aunque s lo bastante para su edad. La pierna es as, as, pero no est
mal. Tienen sus labios un lindo color rosado; un encarnado algo ms
maduro y lozano que el que colora sus mejillas: la misma diferencia que
entre una encendida rosa de Damasco y otra de color mezclado. Mujeres
hay, Silvio, que  haberlo examinado minuciosamente, como lo hice, casi
se habran enamorado de l; pero en cuanto  m, ni le amo ni le
aborrezco. Y, sin embargo, ms motivo tendra para aborrecerle que para
amarle; porque quin le autorizaba  dirigirme reproches? Dijo que mis
ojos y mis cabellos son negros; y ahora recuerdo que me trat con
desprecio. Me admira el no haberle replicado. Pero en fin de cuentas es
lo mismo, ya que cuenta olvidada no es cuenta saldada. Le escribir una
carta que le escueza de veras y t se la llevars. Apruebas, Silvio?

SILVIO.--Con todo mi corazn, Febe.

FEBE.--Pues la escribir en seguida. Lo que he de decirle est en mi
cabeza y en mi corazn. Ser con l lacnica y severa. Ven conmigo,
Silvio.

(_Salen._)




[Illustration]




ACTO IV.


ESCENA I.

La misma.

Entran ROSALINDA, CELIA y JAQUES.

JAQUES.

Rugote, bello joven, que me hagas conocerte mejor.

ROSALINDA.--Dicen que sois dado  la melancola.

JAQUES.--As soy. Me gusta ms que la risa.

ROSALINDA.--Los que pecan por uno  otro de ambos extremos son gentes
abominables y se exponen ms  la moderna crtica que si cayeran en la
embriaguez.

JAQUES.--Pues parceme bien que quien est triste guarde silencio.

ROSALINDA.--Pues entonces me parece bien ser un poste.

JAQUES.--No tengo la melancola del erudito, que es emulacin; ni la del
msico, que es fantstica; ni la del cortesano, que es altiva; ni la del
soldado, que es ambiciosa; ni la del abogado, que es poltica; ni la de
la dama, que es agraciada; ni la del enamorado, que es todo esto  la
vez. La ma es una melancola peculiar de m mismo, un compuesto de
muchos simples, extrado de muchos objetos; y en verdad, la
contemplacin de mis viajes, que  menudo absorbe mis meditaciones, es
una tristeza en extremo caprichosa.

ROSALINDA.--Viajero! Pues  fe ma que os sobra motivo para estar
triste. Me temo que hayis vendido vuestras tierras por ir  ver las
agenas. Y lugo, haber visto mucho y no tener nada, es tener ojos ricos
y manos pobres.

JAQUES.--S; he ganado experiencia.

(_Entra Orlando._)

ROSALINDA.--Y vuestra experiencia os entristece. Yo preferira tener un
bufn que me pusiera alegre, y no una experiencia que me pusiera triste.
Y todava viajar por ella!

ORLANDO.--Buenos das y ventura, amada Rosalinda.

JAQUES.--Pues nada; Dios os asista, que estis hablando en verso suelto.

ROSALINDA.--Adios, seor viajero. Parad mientes. Mientras no hablis
pronunciando con afectacin, os vistis con extraos trajes, echis 
perder los beneficios de vuestro propio pas, reneguis del amor 
vuestra nacionalidad y aun echis en cara  Dios el haberos dado la
forma que tenis, me costar mucho trabajo creer que habis navegado ni
siquiera en una gndola. (_Sale Jaques._) Qu significa esto, Orlando?
A dnde habis estado todo este tiempo? Y sois un amante? Si os
acontece hacerme otra partida como esta, no os volvis  presentar  mi
vista.

ORLANDO.--Amada Rosalinda, no ha pasado una hora desde el momento de
veros, segn mi promesa.

ROSALINDA.--Faltar una hora entera  una promesa amorosa! En materia de
amor, aquel que divida un minuto en mil partes y falte en fraccin
alguna  la milsima parte del minuto, est, como si se dijera, en manos
de la polica del amor; pero yo garantizo que est sano de corazn.

ORLANDO.--Perdonadme, amada Rosalinda.

ROSALINDA.--No. Si habis de ser tan lento, no volvis  verme. Tanto me
valdra tener por pretendiente  un caracol.

ORLANDO.--Un caracol?

ROSALINDA.--S; pues aunque camina despacio, lleva su casa en la cabeza;
mejor dote que la que podis hacer  mujer alguna. Fuera de esto, lleva
consigo su destino.

ORLANDO.--Qu es eso?

ROSALINDA.--Los cuernos con los cuales se presume que deben aparecer 
mrito de sus esposas aquellos que se os parecen; mientras que l tiene
la suerte de venir armado sin que por ello se pueda difamar  su esposa.

ORLANDO.--La virtud no es fabricante de cuernos; y mi Rosalinda es
virtuosa.

ROSALINDA.--Y yo soy vuestra Rosalinda.

CELIA.--Le agrada daros ese nombre; pero l tiene una Rosalinda de mejor
aspecto que vos.

ROSALINDA.--Vamos, galanteadme, galanteadme, que estoy de humor de
fiesta, y es bastante probable que consienta. Qu me dirais ahora si
yo fuera vuestra Rosalinda en alma y cuerpo?

ORLANDO.--Principiara por un beso antes de decir nada.

ROSALINDA.--No; mejor sera hablar primero, y cuando os virais
embarazado por falta de asunto, podrais aprovechar la oportunidad para
los besos. Hay muy buenos oradores que cuando pierden el hilo del
discurso se limpian el pecho, y entre los amantes, cuando viene  faltar
asunto (lo que Dios no permita en nuestro caso) el mejor mtodo de
limpiar el pecho es besarse.

ORLANDO.--Y cuando se niega el beso?

ROSALINDA.--Entonces se os obliga  suplicar, y he ah nuevo asunto.

ORLANDO.--Pero  quin se le perdera el discurso estando en presencia
de la dama que adora?

ROSALINDA.-- vos, por cierto, si fuese yo la dama;  pensara que mi
honradez no vala tanto como mi discrecin. No soy vuestra Rosalinda?

ORLANDO.--Algn placer encuentro en decir que lo sois, pues as puedo
hablar de ella.

ROSALINDA.--Pues en nombre de ella os digo que no quiero teneros.

ORLANDO.--Pues en mi propio nombre os digo que me muero.

ROSALINDA.--No,  fe ma; morid por poderes. Este bendito mundo lleva ya
cosa de seis mil aos de vida, y en todo ese tiempo jams ha habido
varn que haya muerto en persona por enfermedad de amor. Froilo, que es
uno de los modelos de amante, tuvo aplastados los sesos por una maza
griega; pero hizo cuanto pudo para morir antes.  no haber sido por una
calurosa noche de la cancula, Leandro habra vivido muchos buenos aos,
por mas que Hero se hubiese metido  monja; pues habis de saber, buen
joven, que no fu al Helesponto mas que por darse una lavada; pero le
sobrevino un calambre y se ahog. Por esto los necios cronistas de aquel
tiempo echaron la culpa  Hero de Sestos. Pero todas estas son mentiras.
Los hombres se mueren alguna vez y los gusanos se los comen, pero no por
amor.

ORLANDO.--No deseara que mi verdadera Rosalinda fuese de ese modo de
pensar; pues protesto que su enojo podra matarme.

ROSALINDA.--Por esta mano protesto que no podra matar un mosquito.
Pero vamos; ser vuestra Rosalinda en ms accesible temperamento y
pedidme lo que queris que os lo conceder.

ORLANDO.--Pues amadme, Rosalinda.

ROSALINDA.--S,  fe ma que s, los viernes y los sbados y todo lo
dems.

[Illustration]

ORLANDO.--Y quieres que sea tuyo?

ROSALINDA.--Por cierto, y veinte por el estilo.

ORLANDO.--Qu dices?

ROSALINDA.--No eres bueno?

ORLANDO.--Deseo serlo.

ROSALINDA.--Pues entonces, no se puede desear de lo bueno lo ms? Ea!
hermana! Vos seris el sacerdote y nos casaris. Orlando, dadme vuestra
mano. Qu decs, hermana?

ORLANDO.--Casadnos, os ruego.

CELIA.--No puedo decir las palabras.

ORLANDO.--Debis principiar as: Queris, Orlando.....

CELIA.--Ya estoy. Queris, Orlando, tomar por esposa  Rosalinda?

ORLANDO.--S, quiero.

ROSALINDA.--S, pero cundo?

ORLANDO.--Por supuesto, ahora mismo, y tan aprisa como pueda ella
casarnos.

ROSALINDA.--Entonces debis decir: Rosalinda, te tomo por esposa.

ORLANDO.--Rosalinda, te tomo por esposa.

ROSALINDA.--Podra yo pediros que me mostris vuestra credencial; pero,
Orlando, te tomo por esposo. He aqu una jovencita que se anticipa al
sacerdote: y ciertamente, el pensamiento de la mujer se anticipa  sus
actos.

ORLANDO.--As es con todo pensamiento; tienen alas.

ROSALINDA.--Decidme ahora, cunto tiempo querris guardarla despus de
haberla posedo?

ORLANDO.--Para siempre y un da ms.

ROSALINDA.--Decid un da sin el siempre. No, no, Orlando. Los hombres
son Abril cuando pretenden y Diciembre cuando se casan. Las doncellas
son Mayo cuando solteras, pero casadas, cambia la atmsfera. Tendr ms
celos de ti, que un palomo berberisco de su paloma; ser ms bullanguera
que un loro cuando asoma la lluvia; ms antojadiza que una mona; ms
voluble en mis deseos, que un mico. Romper en llanto por nada, como
Diana en la fuente, y he de hacerlo cuando ests dispuesto  la alegra;
y me reir como una hiena, y esto cuando te sientas ms inclinado 
dormir.

ORLANDO.--Pero hara tal mi Rosalinda?

ROSALINDA.--Por vida ma, que har lo mismo que yo.

ORLANDO.--Oh! Pero ella es sensata.

ROSALINDA.--Y de no serlo le faltara el talento de hacer esto; pues
cuanto ms sensata, ms excntrica. Cerrad las puertas al ingenio de la
mujer y se saldr por la ventana, cerrad sta y se escapar por el ojo
de la cerradura; obstrud este agujero y volar con el humo por la
chimenea.

ORLANDO.--El hombre que tenga una mujer de tal ingenio, podr decir:
Ingenio, adnde te quieres ir?

ROSALINDA.--No podis usar de este freno para con l, hasta que lo
encontris llevando  vuestra mujer al lecho de vuestro vecino.

ORLANDO.--Y de dnde sacara ese talento el talento de disculpar eso?

ROSALINDA.--Nada ms fcil, iba all en busca vuestra. Jams podris
tomar  la mujer sin la rplica,  menos que la tomis sin su lengua.
Oh! La que no pueda echar siempre  su marido la culpa de cuanto malo
ella hace, que no amamante jams  su hijo, porque lo criar como un
idiota!

ORLANDO.--Rosalinda, me separo de ti por dos horas.

ROSALINDA.--Ay, amor mo! No puedo pasar dos horas sin ti.

ORLANDO.--He de asistir al duque en la mesa.  las dos estar otra vez
contigo.

ROSALINDA.--Bien est, idos, idos. Ya me lo haba yo presumido. Me lo
haban dicho mis amigos y yo no pensaba menos que ellos. Me habis
alucinado con vuestras zalameras. Todo se reduce  que haya una mujer
echada en olvido. Quisiera morir ahora. Vuestra hora es las dos?

ORLANDO.--S, amada Rosalinda.

ROSALINDA.--Por mi palabra y de todas veras, as Dios me valga, y por
todos los juramentos que no sean ruines ni peligrosos, si faltis en una
tilde  vuestra promesa, si vens un solo minuto despus de la hora, os
tendr en concepto del ms pattico embustero y del amante ms
superficial y del ms indigno de la que llamis Rosalinda, aun
escogiendo entre la vasta caterva de desleales. Por tanto, tened cuidado
de mi reprimenda y cumplid vuestra promesa.

ORLANDO.--No menos religiosamente que si fuseis Rosalinda en persona.
As, hasta lugo.

ROSALINDA.--Bueno. El tiempo es el viejo juez que examina  tales
delincuentes. Dejemos que el tiempo juzgue. Adios.

(_Sale Orlando._)

CELIA.--En tu charla amorosa, no has hecho ms que maltratar nuestro
sexo. Es menester que te pongamos sobre la cabeza tus calzas y tu
chaqueta, y hagamos ver al mundo lo que ha hecho el ave  su propio
nido.

ROSALINDA.--Oh, prima, prima hermosa, primita ma, si supieras 
cuntos brazos de profundidad estoy sumergida en el amor! Pero es
imposible sondear esto. Mi afecto, como la baha de Portugal, tiene un
fondo desconocido.

CELIA.-- ms bien, no tiene fondo; pues cuanto ms afecto derramas
sobre l, ms se sale.

ROSALINDA.--Que juzgue cun profundamente enamorada estoy el mismo
bastardo maligno de Venus, engendrado por el pensamiento, concebido por
la hipocondria y nacido de la locura; aquel bellaco ceguezuelo que
engaa los ojos de cada cual, porque l no tiene los suyos propios. Te
aseguro, Aliena, que no puedo estar sin Orlando ante mis ojos. Voy 
buscar la sombra y  suspirar hasta que l vuelva.


ESCENA II.

Otra parte del bosque.

Entran JAQUES y seores en traje de monteros.

JAQUES.--Quin mat al ciervo?

LORD 1.--Yo, seor.

JAQUES.--Presentmosle al duque como un conquistador romano; y no
vendra mal el ponerle los cuernos del ciervo sobre la cabeza, como
lauro de victoria. No tenis, montero, alguna cancin adecuada al
asunto?

LORD 2.--S, seor.

JAQUES.--Cantadla, y no importa que desafinis, con tal que metis
bastante ruido.

            CANCIN.

            Qu dar al montero
            que mat al venado?
            Brindmosle el cuero;
            los cuernos tambin,
            para que con estos
            adorne su sin,
      y llevmosle en triunfo  su casa
      y entonmosle as el parabin.

             CORO.

    No te avergence llevar un cuerno:
    naciste mucho ms tarde que l.
    De padre en hijo fu adorno eterno;
            de suegro en yerno,
    no hay ms segura luna de miel.
            Pues viva el cuerno!
            Fuerte y lozano!
            No lo desprecies,
            llvalo, hermano!

(_Salen._)


ESCENA III.

El bosque.

Entran ROSALINDA y CELIA.

ROSALINDA.--Y ahora qu decs? No han dado ya las dos? Pues de
Orlando, nada.

CELIA.--Te aseguro que, convertido todo l en amor y turbado el cerebro,
ha tomado su arco y sus flechas y se ha ido  dormir. Pero mira quien
viene.

(_Entra Silvio._)

SILVIO.--Hermoso joven, para vos es mi recado. Mi gentil Febe me pidi
entregaros esto. (_Dndole una carta._) Ignoro su contenido; pero  lo
que presumo por el adusto ceo y vehemente accin que mostraba al
escribirla, debe ser de tenor colrico. Perdonadme: no soy ms que
mensajero sin culpa.

ROSALINDA.--La paciencia misma se violentara y saldra de juicio con
esta carta. Soportad esto, y lo soportaris todo. Dice que no tengo ni
gallarda ni buenos modales; me llama orgulloso y asegura que no me
amara as fueran los hombres tan raros como el fnix. Pues tan singular
es mi voluntad, que no es el amor de ella el blanco de mis tiros. De
qu le viene el escribirme tales cosas? Vamos, pastor, vamos: eres t
quien le ha sugerido esta carta.

SILVIO.--No, no. Protesto ignorar el contenido. Es Febe quien la
escribi.

ROSALINDA.--Vamos, sois un tonto y enamorado de remate. V su mano, una
mano de cuero, color de piedra, que me hizo pensar realmente que se
haba puesto sus guantes viejos. Pero no, eran sus propias manos: tiene
manos de fregona. Mas no importa. Digo que ella jams ha inventado tal
carta. Esto es invencin y escritura de hombre.

SILVIO.--De seguro es de ella.

ROSALINDA.--Cmo! Este es un estilo fanfarrn y cruel, estilo de
perdonavidas. Pues no me desafa, como un moro  un cristiano? El
benigno cerebro de la mujer no podra destilar una invencin tan
enormemente grosera, ni tales palabras etiopes, ms negras en su alcance
que en su apariencia. Queris oir la carta?

SILVIO.--Si lo tenis  bien; pues nunca la he odo, aunque s he odo
mucho de la crueldad de Febe.

ROSALINDA.--Hace de las suyas conmigo. Fijaos en el modo como escribe la
tirana.

(_Leyendo._) Eres algn dios convertido en pastor, que as has
abrasado el corazn de una doncella?

Puede una mujer regaar as?

SILVIO.--Llamis  eso regaar?

ROSALINDA.--Por qu, olvidando lo que tienes de divino, te ensaas
contra el corazn de una mujer?

Habis odo nunca semejante regao?

Muchas veces la mirada suplicante del hombre me habl de un amor que no
poda conmoverme.

Lo cual quiere decir que soy una bestia.

Si el desdn de tus ojos basta para encender tanto amor en los mos,
ay! qu no me haran sentir si me miraran cariosos? Os am mientras
me ofendais.  que no me moveran, pues, vuestros ruegos? El mensajero
de esta queja amorosa, no sospecha que tal amor existe en m. Confale
tu respuesta en pliego sellado, y dime en ella si tu juventud y tu
condicin aceptarn la leal oferta de mi persona y de cuanto soy y
valgo;  desecha mi amor y buscar el modo de morir.

SILVIO.--Y esto tambin es regao?

CELIA.--Ay, pobre pastor!

ROSALINDA.--Le compadecis? No, no merece compasin. Amars 
semejante mujer? Qu! Servirse de ti como de un instrumento para
burlarte mejor! Eso es intolerable. Bien: torna  su lado, pues veo que
el amor te ha convertido en una serpiente mansa, y dile esto: que si
ella me ama, le exijo que te ame; y si no, no la tomar nunca,  menos
que t mismo ruegues por ella. Si sois un verdadero amante, id y no
repliquis palabra, porque viene gente.

(_Sale Silvio._)

OLIVERIO.--Salud, hermosas. Podis decirme, os ruego, en qu parte del
circuto de este bosque se encuentra un ejido circundado de olivos?

CELIA.--Al oeste de este sitio, en la hondonada vecina, dejando 
vuestra derecha la fila de mimbreras que est  orillas del arroyo, os
encontraris en el redil. Mas en este momento no hay persona alguna en
la casa, ni aun para cuidar de ella.

OLIVERIO.--Si puede el ojo aprovechar de la lengua, debera yo conoceros
por descripcin. Tales trajes y tal edad. El joven es de complexin
clara, femenil de aspecto, y se presenta como una hermana experta; pero
la joven es de baja estatura y ms morena, que su hermano. No sois
dueo de la casa por la cual preguntaba?

CELIA.--Pues lo preguntis, no es jactancia deciros que es nuestra.

OLIVERIO.--Orlando me encarga saludaros  una y otro, y enva al joven 
quien llama su Rosalinda, esta servilleta ensangrentada. Sois acaso
vos?

ROSALINDA.--S; pero qu significa esto?

OLIVERIO.--Algo de lo que me avergenza, si queris saber qu hombre
soy, y cmo y por qu y cundo fu manchado de sangre este pauelo.

CELIA.--Referidlo, os ruego.

OLIVERIO.--Cuando el joven Orlando se alej de vos, hace poco, empe su
palabra de volver dentro de una hora; y caminaba por el bosque,
engolfada su fantasa en visiones ya tristes, ya risueas, cuando
extrao suceso! al mirar  un lado observ qu diris? Un infeliz
hombre cubierto de harapos, que yaca de espaldas dormido bajo un roble
cuyo ramaje musgoso y encumbrada copa desnuda, dan testimonio de su
antigedad. Una sierpe color verde y oro se haba enroscado  su cuello,
y acercaba  sus labios entreabiertos la presta y amenazadora cabeza;
pero de sbito al ver  Orlando se desenroll y se desliz sinuosamente
 un matorral,  cuya sombra yaca agazapada con la cabeza en el suelo y
en acecho como un gato, una leona con las ubres secas, aguardando que el
hombre dormido se moviese. Porque es regio instinto de este animal no
hacer presa en lo que parece muerto. Al ver esto, Orlando se acerc al
hombre y hall que era su hermano, su hermano mayor.

[Illustration]

CELIA.--Le he odo hablar de ese mismo hermano, y lo describa como al
ms desnaturalizado que haba entre los hombres.

OLIVERIO.--Y con justicia poda decirlo, porque bien s que era
desnaturalizado.

ROSALINDA.--Pero Orlando, lo dej all para ser devorado por la
exhausta y hambrienta leona?

OLIVERIO.--Dos veces volvi la espalda con ese propsito; pero la
bondad, ms noble que la venganza, y la naturaleza ms fuerte que la
ocasin oportuna, le hicieron luchar contra la leona, que no tard en
sucumbir. El ruido de la lucha me despert de mi miserable sueo.

CELIA.--Sois su hermano?

ROSALINDA.--Sois aquel  quien salv?

CELIA.--Sois el que tantas veces atent contra su vida?

OLIVERIO.--Era yo tal como fu, no como soy. No me avergenza confesaros
lo que he sido, desde que la conversin es tan dulce para m, siendo el
infeliz que soy.

ROSALINDA.--Pero qu del pauelo ensangrentado?

OLIVERIO.--En un momento. Cuando las lgrimas de uno y otro hubieron
corrido por la narracin de todo lo que haba pasado, hasta decir la
manera como vine  este desierto; llevme donde el buen duque, quien me
di vestidos y asistencia y me encomend al afecto de mi hermano, que me
condujo al punto  su cueva. All se desnud y en esta parte del brazo
la leona haba desgarrado algo de la carne, que desde entonces haba
estado desangrando todo el tiempo; al fin se desmay, y al desmayarse
llam  Rosalinda. En una palabra: le hice volver en s, vend su
herida, y recobradas  poco rato sus fuerzas, me envi aqu,  pesar de
ser yo extrao,  referiros el suceso para que podis disculparlo de no
haber cumplido su promesa, y  entregar el pauelo mojado con su sangre
al joven zagal  quien por juego llama su Rosalinda.

CELIA.--Ay! Qu tienes, Ganimedes? Ganimedes mo! (_Rosalinda se
desmaya._)

OLIVERIO.--Muchos hay  quienes la vista de la sangre ocasiona un
vrtigo.

CELIA.--Algo ms hay en esto.--Primo! Ganimedes!

OLIVERIO.--Ya lo vis; vuelve en s.

ROSALINDA.--Quisiera estar en casa.

CELIA.--Te conduciremos all.--Queris, os lo suplico, sostenerlo por
un brazo?

OLIVERIO.--Ea! nimo, jovencito.--Y sois un hombre?--No tenis varonil
el corazn.

ROSALINDA.--Es verdad: lo confieso. Ah, seor! cualquiera pensara que
esto estuvo bien fingido. Os ruego decir  vuestro hermano lo bien que
lo fing.

OLIVERIO.--Esto no ha sido ficcin. Demasiado testimonio da vuestro
aspecto de que ello era un acceso verdadero.

ROSALINDA.--Os aseguro que fu imitacin.

OLIVERIO.--Pues bien, entonces cobrad nimo y tratad de pasar por
hombre.

ROSALINDA.--Es lo que hago; pero por cierto que debera haber sido
mujer.

CELIA.--Vamos, palideces cada vez ms.--Os ruego que os pongis en
camino.--Buen hidalgo, acompaadnos.

OLIVERIO.--As lo har, pues debo volver llevando  mi hermano la
respuesta sobre el modo cmo disculpis  mi hermano, Rosalinda.

ROSALINDA.--Ya discurrir algo. Pero os suplico que le hagis presente
mi pantomima. Queris venir?

(_Salen._)




[Illustration]




ACTO V.


ESCENA I.

La misma.

Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA.

PIEDRA.

YA encontraremos ocasin, Tomasa: paciencia, gentil Tomasa.

TOMASA.--Por vida! que el clrigo era harto bueno,  pesar de cuanto
deca el caballero viejo.

PIEDRA.--Un perverso don Oliverio, Tomasa; un vil Daatextos. Pero,
Tomasa, aqu en el bosque hay un mancebo que te reclama.

TOMASA.--S, ya s quin es. No tiene en m ni el menor inters del
mundo. Aqu viene el que decs.

(_Entra Guillermo._)

PIEDRA.--La vista de un patn es cosa que me llena y satisface ms que
un banquete.  fe ma que los hombres de ingenio tenemos mucho de qu
responder. Siempre hemos de hacer burla: no podemos evitarlo.

GUILLERMO.--Buenas tardes, Tomasa.

TOMASA.--Buenas os las d Dios, Guillermo.

GUILLERMO.--Y buenas tardes  vos, caballero.

PIEDRA.--Buenas tardes, buen amigo. Cubre tu cabeza, cubre tu cabeza: te
ruego que la cubras. Qu edad tienes, amigo?

GUILLERMO.--Veinticinco, seor.

PIEDRA.--Madura edad. Es Guillermo tu nombre?

GUILLERMO.--Guillermo, seor.

PIEDRA.--Bonito nombre. Es este bosque el lugar de tu nacimiento?

GUILLERMO.--S, seor,  Dios gracias.

PIEDRA.-- Dios gracias! Galana respuesta. Eres rico?

GUILLERMO.-- fe ma, seor, as... as.

PIEDRA.--As, as; est bien, muy bien, desmesuradamente bien; y sin
embargo, no lo es; no es ms que as, as. Eres discreto?

GUILLERMO.--S, seor: tengo un ingenio regular.

PIEDRA.--Pues dices bien. Recuerdo ahora un dicho: el necio se cree
discreto y el discreto se tiene  s propio en concepto de necio. El
filsofo pagano cada vez que tena deseo de comer un racimo de uvas
abra los labios al ponerlo en la boca; significando con ello que las
uvas han sido hechas para comerlas y los labios para abrirse. Amas 
esta muchacha?

GUILLERMO.--S, seor, la amo.

PIEDRA.--Dame tu mano. Eres instrudo?

GUILLERMO.--No, seor.

PIEDRA.--Entonces aprende de m esto: tener es tener; porque es una
figura retrica que la bebida vertida de una taza  un vaso, mientras
llena al uno deja vaca  la otra; pues todos vuestros autores convienen
en que _ipse_ es l. Ahora bien; vos no sois _ipse_, porque ese soy yo.

GUILLERMO.--Cul es ese?

PIEDRA.--El que se ha de casar con esta mujer. Por lo cual vos, patn,
abandonad-- en lenguaje vulgar--dejad la sociedad, que en rstico es la
compaa, de esta hembra--que en el trato comn es esta mujer--y todo
junto quiere decir, abandona la sociedad de esta hembra  pereces oh
patn!;  para que lo entiendas mejor, mueres:  saber: te mato, te hago
desaparecer, cambio tu vida en muerte, tu libertad en servidumbre. Te
administrar veneno, paliza  cuchillada. Har asonadas para pelotearte,
te abrumar con mi poltica, te matar de ciento cincuenta modos.
Tiembla, pues, y vete.

TOMASA.--Hazlo, buen Guillermo.

GUILLERMO.--Que Dios os conserve el humor, caballero.

(_Sale.--Entra Corino._)

CORINO.--Nuestros amos os buscan: venid, venid.

PIEDRA.--Lista, Tomasa, lista, Tomasa. Ya sigo, ya sigo.

(_Sale._)


ESCENA II.

La misma.

Entran ORLANDO y OLIVERIO.

ORLANDO.--Es posible que conocindola apenas os hayis prendado de
ella? Que la amis slo con haberla visto? Y amndola la pretendis?
Y pretendindola haya ella consentido? Y tendris perseverancia en
gozarla?

OLIVERIO.--No os preocupe lo sbito de mi afecto, ni la pobreza de ella,
ni el corto trato y repentino galanteo que me ganaron su consentimiento;
sino antes bien, decid conmigo: amo  Aliena; con ella, que me ama; y
con los dos, que consents para que gocemos cada uno del otro. Y ello
ser en beneficio vuestro; porque transferir  vuestro favor la casa de
mi padre, junto con todas las rentas que fueron del anciano sir
Rowland, y yo vivir y morir aqu como pastor.

(_Entra Rosalinda._)

ORLANDO.--Tenis mi consentimiento. Que sean maana las nupcias.  ellas
invitar al duque y  todos sus joviales secuaces. Id  preparar 
Aliena, pues he aqu que llega Rosalinda.

ROSALINDA.--Dios os guarde, hermano.

OLIVERIO.--Y  vos, hermosa hermana.

ROSALINDA.--Oh mi querido Orlando! Cunto me duele verte llevar
vendado el corazn!

ORLANDO.--Es mi brazo.

ROSALINDA.--Pens que las garras de la leona te haban herido el
corazn.

ORLANDO.--Muy herido est; pena por los ojos de una dama.

ROSALINDA.--Djote tu hermano cmo fing desmayarme cuando me mostr tu
pauelo?

ORLANDO.--S, y aun prodigios mayores que ese.

ROSALINDA.--Ya s lo que queris decir. Y en verdad que jams hubo cosa
tan repentina,  no ser el choque de dos carneros, y la famosa
baladronada de Csar: vine, v, venc. Porque todo fu encontrarse
vuestro hermano con mi hermana, cuando se vieron; apenas se vieron se
amaron; no bien naci este amor, se dieron  suspirar; al primer suspiro
se preguntaron el por qu; y en el instante de saberlo, buscaron el
remedio; de modo que escaln por escaln han subido as un par de
escaleras hacia el piso del matrimonio. Y lo escalarn incontinenti, so
pena de ser incontinentes antes de entrar en l. Estn en una verdadera
furia de amor y quieren unirse. No los apartarn ni  garrotazos.

ORLANDO.--Se casarn maana,  invitar al duque  la boda. Pero ay!
qu dura cosa es mirar la felicidad por la vista de otros hombres!
Tanto mas sentir maana en mi corazn el colmo del abatimiento, cuanto
ms piense en la felicidad de mi hermano al obtener lo que desea!

ROSALINDA.--Pues entonces, por qu no podr maana hacer el papel de
Rosalinda?

ORLANDO.--No puedo vivir ms tiempo de ilusiones.

ROSALINDA.--Ya no os fatigar mas con palabras ociosas. Dejadme deciros,
pues (y hablo ahora con algn propsito), que os conozco por caballero
bien educado. Y no lo digo por inspiraros buena opinin de mi
discernimiento al expresar que os conozco as; ni tengo por objeto ganar
vuestro aprecio ms all de lo necesario para que creis aquello que
podr adquiriros algn bien ms que  m una gracia. Creed, pues, si os
place, que puedo hacer cosas extraas. Desde que tuve tres aos de edad,
he tratado  un mgico, eximio en su arte, y, sin embargo, no
condenable. Si tan de corazn amis  Rosalinda como parece declararlo
vuestra actitud, os casaris con ella al mismo tiempo que vuestro
hermano con Aliena. Conozco bien las adversidades de fortuna en que se
encuentra; y no es imposible para m, si no os parece objecionable,
hacerla aparecer en vuestra presencia maana, en toda su humana realidad
y sin peligro alguno.

ORLANDO.--Hablas seriamente?

ROSALINDA.--Te lo aseguro por mi vida,  la cual tengo un afecto muy
tierno, aunque diga que soy mgico. As, pues, vstete de gala,  invita
 tus amigos; porque si quieres casarte maana, te casars; y con
Rosalinda, si quieres. (_Entran Silvio y Febe._) Mira, aqu vienen una
que se ha enamorado de m, y uno que se ha enamorado de ella.

FEBE.--Me habis tratado con demasiada dureza, joven, mostrando la carta
que os haba escrito.

ROSALINDA.--Si lo he hecho, no me importa. Pongo especial cuidado en
parecer adverso y rudo hacia vos. Un fiel pastor os solicita: miradle
bien y amadle. Os adora.

FEBE.--Buen zagal, decid  este joven lo que es amar.

SILVIO.--Es volverse uno todo suspiros y lgrimas; como yo por Febe.

FEBE.--Y yo por Ganimedes.

ORLANDO.--Y yo por Rosalinda.

ROSALINDA.--Y yo por ninguna mujer.

SILVIO.--Tiene que ser todo fe y sumisin, como yo para Febe.

FEBE.--Y yo para Ganimedes.

ORLANDO.--Y yo para Rosalinda.

ROSALINDA.--Y yo para ninguna mujer.

SILVIO.--Tiene que ser todo fantasa, todo pasin, todo deseos, todo
adoracin, deber y observancia, todo humildad, todo paciencia 
impaciencia, todo pulcritud, contradiccin y obediencia, como yo por
Febe.

FEBE.--Y yo por Ganimedes.

ORLANDO.--Y yo por Rosalinda.

ROSALINDA.--Y yo por ninguna mujer.

FEBE.--(_A Rosalinda._) Y si es as por qu tenis  mal el que yo os
ame?

SILVIO.--(_A Febe._) Y si es as por qu tenis  mal el que yo os ame?

ORLANDO.--Y si es as por qu tenis  mal el que yo os ame?

ROSALINDA.--De quin hablis al decir tenis a mal que os ame?

ORLANDO.--De aquella que no est aqu ni me oye.

ROSALINDA.--Basta de esto, basta, os lo ruego. Se parece al aullido de
los lobos irlandeses  la luna. (_A Silvio._) Os ayudar, si puedo. (_A
Febe._) Os amara, si pudiera. Venid juntos  verme maana. (_A Febe._)
Me casar con vos, si he de casarme con alguna mujer, y me casar
maana. (_A Orlando._) Os dar satisfaccin, si alguna vez he de haber
podido darla  un hombre, y os casaris maana. (_A Silvio._) Os dejar
contento, si os contenta lo que os agrada, y os casaris maana. (_A
Orlando._) Pues amis  Rosalinda, venid  la cita. (_A Silvio._) Pues
amis  Febe, venid  la cita. Y pues no amo  ninguna, vendr  la
cita. As, quedad con Dios. Ya os dar mis rdenes.

SILVIO.--No faltar, si vivo.

FEBE.--Ni yo.

ORLANDO.--Ni yo.

(_Salen._)


ESCENA III.

La misma.

Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA.

PIEDRA.--Maana es el da de jbilo, Tomasa: maana nos casaremos.

TOMASA.--Con todo mi corazn lo deseo, y espero que no sea malhonesto el
desear ser mujer de mundo. He aqu  dos pajes del desterrado duque.

(_Entran dos pajes._)

PAJE 1.--Buen encuentro, honrado caballero.

PIEDRA.--Buen encuentro, por vida ma. Vamos, asiento, asiento, y una
cancin.

PAJE 2.--Estamos  vuestras rdenes: sentaos entre los dos.

PAJE 1.--Entraremos en ello de rondn, sin limpiar el pecho, ni
escupir, ni decir que estamos roncos, que es el prlogo obligado de toda
mala voz?

PAJE 2.--Por cierto, por cierto; y ambos en un solo tono, como dos
gitanos en un mismo caballo.

             CANCIN.

      Iba un amante con su doncella,
    con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!,
    por los maizales dejando huella,
    cuando florece la estacin bella,
    la primavera dulce y ferz.
      Las aves cantan de dos en dos,
    y los amantes se echan por esos trigos
             la buena de Dios.

      Entre los surcos de los maices,
    con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!,
    sobre los verdes blandos tapices
    se recostaron los dos felices
    bajo la sombra de aquel maizal.
      Las aves cantan de dos en dos,
                etc., etc.

      Y principiaron una tonada,
    con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!,
    de que la vida no dura nada,
    como una rosa que  la alborada
    se abre, y de noche marchita est.
      Las aves cantan de dos en dos,
                etc., etc.

      Disfruta la hora cuando es propicia,
    con el eh! con el oh! y el qu gusto me da!;
    porque en amores es la delicia
    ser coronado con la primicia
    que en primavera ms bella est.
      Las aves cantan de dos en dos,
                etc., etc.

PIEDRA.--En verdad, caballeritos, que aunque la letra no vala gran
cosa, la entonacin era insoportable.

PAJE 1.--Os equivocis, seor. Hemos guardado el tiempo; no hemos
perdido el tiempo.

PIEDRA.-- fe ma que s; pues el tiempo pasado en oir tan necia cancin
no es ms que tiempo perdido. Que Dios os guarde y remiende vuestras
voces. Ven, Tomasa.

(_Salen._)


ESCENA IV.

Otra parte del bosque.

Entran el DUQUE (MAYOR), AMIENS, JAQUES, ORLANDO, OLIVERIO Y CELIA.

DUQUE (M.)--Crees, Orlando, que el mancebo podr cumplir todo lo que ha
prometido?

ORLANDO.-- veces lo creo y  veces no, como aquellos que temen esperar
y saben que temen.

(_Entran Rosalinda, Silvio y Febe._)

ROSALINDA.--Paciencia una vez ms, mientras llega el momento de cumplir
nuestro pacto. (_Al Duque._) Decs, seor, que si os traigo  vuestra
Rosalinda la daris aqu por esposa  Orlando?

DUQUE (M.)--As lo hara, aunque tuviera que dar reinos con ella.

ROSALINDA.--(_A Orlando._) Y vos decs que la tomaris por esposa en el
momento en que la traiga?

ORLANDO.--As lo hara, aunque fuese soberano de todos los reinos.

ROSALINDA.--(_A Febe._) Decs que os casaris conmigo si lo deseo?

FEBE.--As lo hara aunque tuviera que morir una hora despus.

ROSALINDA.--Pero si rehusis el casaros conmigo, seris la esposa de
este fidelsimo pastor?

FEBE.--Es lo convenido.

ROSALINDA.--(_A Silvio._) Decs que tomaris por esposa  Febe, si
consiente?

SILVIO.--Aunque tomarla y morir fuese todo uno.

ROSALINDA.--He prometido allanar todo esto. Cumplid vuestra palabra oh
duque! de dar vuestra hija; vos, Orlando, la vuestra de recibir su hija;
cumplid vuestra palabra, Febe, de desposaros conmigo;  si lo rehusis,
de ser la esposa de este pastor. Cumplid vuestra palabra, Silvio, de
casaros con ella, si me rehusa; y yo me aparto de aqu para que todas
estas perplejidades se aclaren.

(_Salen Rosalinda y Celia._)

DUQUE (M.)--Este joven zagal me trae vivamente  la memoria ciertos
rasgos de la fisonoma de mi hija.

ORLANDO.--Seor, la primera vez que le v me pareci hermano de vuestra
hija; pero, benvolo seor, este joven es nativo de este bosque, y ha
sido educado en los rudimentos de muchos aventurados estudios por un to
suyo, de quien dice que era gran mgico y que viva oscuramente en el
recinto de este bosque.

(_Entran Piedra-de-toque y Tomasa._)

JAQUES.--De seguro que se aproxima algn nuevo diluvio y estas parejas
vienen en busca del arca. He aqu que llega un par de las ms extraas
bestias, que en todos los idiomas se conocen con el nombre de imbciles.

PIEDRA.--Salud y buenaventura  todos.

JAQUES.--Acogedle benignamente, seor. ste es el caballero de
estrambtica imaginacin, que tantas veces he encontrado en el bosque, y
jura que ha sido cortesano.

PIEDRA.--Y si hay quien lo dude,  la prueba me remito. He bailado una
contradanza: he adulado  una seora: he sido poltico con mi amigo y
suave con mi enemigo: he estafado  tres sastres: he tenido cuatro
desafos, y uno de ellos casi acaba  estocadas.

JAQUES.--Pues cmo vino  acabar?

PIEDRA.--Llegando al terreno, y descubriendo que la disputa versaba
sobre la sptima causa.

JAQUES.--Qu sptima causa es esa? Duque mo, vale la pena de gustar de
este perilln.

DUQUE.--No me desagrada en manera alguna.

PIEDRA.--Dios os premie, y otro tanto deseo para vos. Vengo aqu,
seor, entre la muchedumbre de paisanos copulativos,  jurar y perjurar,
segn como liga el matrimonio y como la sangre quebranta. Una pobre
doncella, seor, nada agraciada, pero ma. Con ella cargo, seor, por un
humilde capricho mo, de tener lo que nadie querra. La honestidad
oculta su riqueza, como los avaros, seor, en un pobre alojamiento; as
como la perla dentro de una fea ostra.

DUQUE.-- fe ma que es agudo y sentencioso.

PIEDRA.--Conforme  la coyunda de los necios, seor, y  tales dulzainas
dolencias.

JAQUES.--Pero vamos  la sptima causa. Cmo descubristeis que la
querella era sobre la sptima causa?

PIEDRA.--Por una mentira contradecida siete veces.--No te pongas en tan
mala postura, Tomasa.--Y es como sigue, seor. No me gustaba el corte de
la barba de cierto cortesano, y l hizo que me dijeran de su parte que
si yo deca que su barba no estaba bien cortada, l era de parecer que
s lo estaba: esto se llama _la rplica corts_. Si yo le enviaba 
decir que no estaba bien cortada, l replicara que la cortaba  su
gusto: y esto se llama _el sarcasmo modesto_. Si todava, que no estaba
bien cortada, me calificara de juez incapaz; y esto es _la rplica
grosera_. Si una vez an, que no estaba bien cortada, me respondera que
yo faltaba  la verdad; y esto se llama _la repulsa valiente_. Y si
tornase  decir que no estaba bien cortada, me dira que miento; y esto
es _el rechazo turbulento_. Y as sucesivamente se llega al _ments
condicional_ y al _ments directo_.

JAQUES.--Y cuntas veces dijisteis que su barba no estaba bien cortada?

PIEDRA.--No me anim  pasar del _ments condicional_, ni l se atrevi
 darme _el ments directo_. As, medimos las armas y nos despedimos.

JAQUES.--Podrais enumerar ahora por su orden los grados de la mentira?

PIEDRA.--Oh seor! As como tenis libros para los buenos modales,
tenemos tambin las querellas en letra de molde, en libro. Os enumerar
los grados. Primero, _la rplica corts_; segundo, _el sarcasmo
modesto_; tercero, _la rplica grosera_; cuarto, _la repulsa valiente_;
quinto, _el rechazo turbulento_; sexto, _el ments condicional_;
sptimo, _el ments directo_. Podis evadir todos estos, excepto el
_ments directo_; y aun este se puede evadir por medio de un _si_
hipottico. Supe de una querella que siete jueces no haban podido
arreglar; pero cuando los contendientes se encontraron uno frente  otro
en el terreno, ocurrisele  uno de ellos aquel _si_, como por ejemplo:
Si dijisteis tal cosa, entonces dije tal otra; y se dieron la mano y
se juraron amistad eterna. Es increble lo que puede el _si_ hipottico.

JAQUES.--Alteza: no es ste un curioso sujeto? Lo mismo sirve para
todo; y, sin embargo, es un bufn.

DUQUE.--De esa calidad se sirve como de una emboscada, y escondido desde
ella dispara sus agudezas. (_Entran Himeneo, conduciendo  Rosalinda en
traje de mujer, y Celia._)

    HIMENEO. Hay regocijo en el cielo
          cuando las cosas del suelo
          acordes y unidas son.
          Recibe  tu hija querida
          oh duque! y une su vida
          al que est en su corazn.
          Para cumplir tal deseo
          te la ha trado Himeneo
          de la celeste regin.

ROSALINDA (_al duque._)-- vos me entrego, pues soy vuestra.--(_A
Orlando._)  vos me entrego, pues soy vuestra.

DUQUE.--Si no engaa la vista, sois mi hija.

ORLANDO.--Si no engaa la vista, sois mi Rosalinda.

FEBE.--Si la vista y la forma no engaan, adios mi amor!

ROSALINDA (_al duque._)--No tendr padre, si no lo sois vos. (_A
Orlando._) No tendr esposo, si no lo sois vos. (_A Febe._) Ni me casar
con mujer, si no es con vos.

    HIMENEO. Silencio! No haya algazara.
          Yo de esta historia tan rara
          deduzco una conclusin.
          Aqu veo cuatro pares
          que juntar en mis altares,
          de mano y de corazn.
           (_A Rosalinda y Orlando._)
          Seris felices unidos.
           (_A Oliverio y Celia._)
          Dos en uno confundidos
          como ellos, habris de ser.
           (_A Febe._)
          Al zagal tu amor escoja,
          si tener no se te antoja
          por marido una mujer.
            (_A Piedra y Tomasa._)
          Vosotros en firme nudo
          seris el invierno rudo
          y el granizar y el llover.
            Entre nupciales canciones,
          averiguad las razones
          del suceso singular
          que aqu nos ha reunido,
          y veris cmo ha nacido
          y cmo pudo acabar.

        CANTO.

    La diadema de Juno
      fueron las bodas,
    que en mesa y lecho junta
      las almas todas.
    Honremos  Himeneo
      que puebla al mundo
    y es en todas las zonas
      el dios fecundo.

DUQUE.--Bienvenida eres oh amada sobrina! No menos bienvenida que
propia hija.

FEBE (_ Silvio_).--No faltar  mi palabra, ahora que eres mo. Tu
constancia te ha conciliado mi afecto.

(_Entra Jaques de Bois._)

JAQUES DE B.--Concededme audiencia para unas pocas palabras. Soy el hijo
segundo de sir Rowland de Bois, y traigo  la digna Asamblea estas
nuevas: El duque Federico, informado del considerable nmero de hombres
de valer que diariamente afluyen  este bosque, se puso  la cabeza de
un grande ejrcito para apoderarse aqu de su hermano y darle muerte.
Haba llegado ya  los linderos de este bosque, cuando se encontr con
un anciano religioso, y despus de una conferencia con l, qued
resuelto  abandonar su empresa y  retirarse del mundo. La corona queda
devuelta  su hermano, y restitudos a sus compaeros de destierro todas
las propiedades que posean. De la verdad de estas noticias respondo con
mi vida.

DUQUE.--Sed bienvenido, joven. Traes hermosos presentes  las bodas de
tu hermano. Al uno, sus tierras confiscadas, y al otro todo un
territorio, un poderoso ducado. Ante todo, acabemos en este bosque lo
que fu tan felizmente comenzado; y en seguida, todos los que han
compartido con nosotros acerbos das, participen de la vuelta de
nuestra buena fortuna, conforme  su jerarqua. Y al mismo tiempo,
olvidemos por un momento esta nueva dignidad, y volvamos  nuestros
regocijos campestres. Suene la msica, y vosotros, novios y novias,
medid por nuestra alegra los compases de la danza.

JAQUES.--Con vuestra venia, seor. Si no os he odo mal, el joven duque
ha abrazado la vida religiosa, renunciando  las pompas de la corte?

JAQUES DE B.--As es.

JAQUES.--Pues me marcho  donde l. Hay mucho que oir y aprender oyendo
 estos nuevos convertidos. (_Al duque._) Os lego vuestros antiguos
honores. Bien los merecen vuestra virtud y paciencia. (_A Orlando._) 
vos, el amor que con verdadera fe habis conquistado. (_A Oliverio._) 
vos vuestras tierras, vuestro amor y vuestros poderosos aliados. (_A
Silvio._)  vos larga duracin en un lecho bien merecido. (_A Piedra._)
Y  ti el eterno disputar: porque el viaje de tu amor no lleva vveres
ni para dos meses.--Y con esto, entregaos  vuestros placeres. Yo, no
estoy para fiestas.

DUQUE.--Quedaos, Jaques, quedaos.

JAQUES.--No para ver pasatiempos. Para saber lo que os acontezca,
permanecer en la cueva que abandonis.

(_Sale._)

DUQUE.--Adelante, pues, y principiaremos las ceremonias, que confo
terminarn en la ventura de todos.

(_Baile._)




EPLOGO.


ROSALINDA.--No es costumbre ver  la dama en el eplogo; pero no es
mejor ver al galn en el prlogo. Si es verdad que el buen vino no
necesita enseas, tambin lo es que una buena comedia no ha menester
eplogo. Sin embargo, en buenas enseas se anuncian buenos vinos, y los
buenos eplogos mejoran las buenas comedias. Cul es, pues, mi
situacin, no siendo yo un buen eplogo, ni pudiendo insinuar cosa
alguna para que tomis por buena esta comedia? No estoy aparejada como
los mendigos, y por lo tanto no me cumple mendigar. No me queda otro
camino que el de conjuraros; y principiar por las mujeres. Os
recomiendo oh mujeres! por el amor que tenis  los hombres, que os
guste de esta comedia todo lo que  ellos agradare; y de igual modo os
recomiendo oh varones! por el amor que tenis  las mujeres (y creo
percibir que ninguno de vosotros las tiene aversin) que entre vosotros
y ellas, encontris que la comedia os agrada.  ser yo mujer, besara 
todos aquellos de vosotros que tengan barbas que me gusten, caras que me
plazcan y alientos que no me repugnen: y estoy segura de que todos
cuantos tienen buenas barbas,  hermosas caras  aliento puro, querrn
en pago de mi oferta despedirme afectuosamente cuando les haga mi
reverencia.

(_Sale._)

[Illustration]

                    *       *       *       *       *




                      COMEDIA DE EQUIVOCACIONES.

                            TRADUCCIN   DE

                       JOS   ARNALDO   MRQUEZ.

                    Ilustracin de _H. Knacksuss_.

                       Grabados de _Otto Minde_.




PERSONAJES.


SOLINO, duque de feso.

GEN, mercader de Siracusa.

                      } Hermanos gemelos, hijos de gen
ANTFOLO de feso.    } y de  Emilia, pero desconocidos
ANTFOLO de Siracusa. } uno de otro.

DROMIO de feso.      } Hermanos gemelos y esclavos de los
DROMIO de Siracusa.   } dos Antfolo.

BALTASAR, mercader.

ANGELO, platero.

UN COMERCIANTE, amigo de Antfolo de Siracusa.

PINCH, maestro de escuela y mgico.

EMILIA, esposa de gen, abadesa de una comunidad de feso.

ADRIANA, esposa de Antfolo de feso.

LUCIANA, hermana de Adriana.

LUCA, doncella de Luciana.

UNA CORTESANA.

UN ALCAIDE.

OFICIALES DE JUSTICIA Y OTROS.

La escena pasa en feso.




[Illustration]




ACTO I.


ESCENA I.

Sala en el palacio del duque.

El DUQUE DE FESO, GEN, un ALCAIDE, oficiales y otras gentes del
squito del duque.

GEN.

Continuad, Solino; procurad mi prdida; y con la sentencia de muerte,
terminad mis desgracias y mi vida.

EL DUQUE.--Mercader de Siracusa, cesa de defender tu causa; yo no soy
bastante parcial para infringir nuestras leyes.--La enemistad y la
discordia, recientemente excitadas por el ultraje brbaro que vuestro
duque ha hecho  estos mercaderes, honrados compatriotas nuestros,
quienes, por falta de oro para rescatar sus vidas, han sellado con su
sangre sus rigurosos decretos, excluyen toda piedad de nuestra
amenazante actitud; pues desde las querellas intestinas y mortales
levantadas entre tus sediciosos compatriotas y los nuestros, se ha
sancionado en consejos solemnes, tanto por nosotros como por los
siracusanos, no permitir trfico alguno  las ciudades enemigas
nuestras. Adems, si un natural de feso es visto en los mercados y
ferias de Siracusa,  si un natural de Siracusa viene  la baha de
Efeso, muere, y sus mercaderas son confiscadas  disposicin del duque,
 menos que levante una cantidad de mil marcos para cumplir la pena y
servirle de rescate. Tus gneros, vendidos al ms alto precio, no pueden
subir  cien marcos; por consiguiente la ley te condena  morir.

GEN.--Bien! Lo que me consuela es que, al realizarse vuestras
palabras, mis males terminarn con el sol poniente.

EL DUQUE.--Vamos, siracusano, dinos brevemente por qu has dejado tu
ciudad natal y qu motivo te ha trado  feso.

GEN.--No poda haberse impuesto tarea ms penosa que la de intimarme 
decir males indecibles. Sin embargo,  fin de que el mundo sea testigo
de que mi muerte habr provenido de la naturaleza y no de un crimen
vergonzoso, dir todo lo que el dolor me permita decir.--Nac en
Siracusa y me cas con una mujer que hubiese sido feliz sin m, y por m
tambin sin nuestro mal destino. Viva contento con ella; nuestra
fortuna se aument por los fructuosos viajes que con frecuencia haca yo
 Epdoro, hasta la muerte de nuestro agente de negocios. Su prdida,
habiendo dejado en abandono el cuidado de grandes bienes, me oblig 
sustraerme de los tiernos abrazos de mi esposa. Apenas haban pasado
seis meses de ausencia, cuando casi desfallecida bajo la dulce carga que
llevan las mujeres, hizo sus preparativos para seguirme, y lleg con
prontitud y seguridad  los lugares donde me hallaba. Poco tiempo
despus de su llegada hzose la feliz madre de dos hermosos nios; y, lo
que hay de extrao, tan parecidos entre s, que no se podan distinguir
sino por sus nombres.  la misma hora y en la misma hostera, una pobre
mujer fu desembarazada de una carga semejante, dando al mundo dos
gemelos varones igualmente parecidos. Compr estos dos muchachos  sus
padres, quienes se encontraban en extrema indigencia, y los cri para
servir  mis hijos. Mi mujer, que no estaba poco orgullosa de estos dos
nios, me instaba cada da para volver  nuestra patria. Consent 
pesar mo ay! demasiado temprano. Nos embarcamos.--Estbamos  una
legua de Epdoro, antes que la mar, siempre dcil  los vientos, nos
hubiese amenazado con algn accidente trgico; pero no conservamos mucho
tiempo la esperanza. La escasa claridad que nos prestaba el cielo no
serva sino para mostrar  nuestras almas aterradas, el mandato dudoso
de una muerte inmediata. En cuanto  m, yo la habra abrazado con
alegra, si las lgrimas incesantes de mi esposa, que lloraba de
antemano la desgracia que vea venir inevitablemente, y los gemidos
lastimeros de los dos nios que lloraban por imitacin, ignorando lo que
era de temer, no me hubiesen forzado  buscar el modo de retardar el
instante fatal para ellos y para m; y he aqu cul fu nuestro recurso;
no quedaba otro:--Los marineros buscaron su salvacin en nuestro bote, y
nos abandonaron dejndonos el barco ya  punto de hundirse. Mi esposa,
ms atenta  velar sobre mi ltimo nacido, lo haba ligado al pequeo
mstil de reserva del cual se proveen los marinos para las tempestades;
con l estaba ligado uno de los gemelos esclavos; y yo haba tenido que
hacer lo mismo con los otros dos nios. Hecho esto, mi esposa y yo con
las miradas fijas en aquellos en quienes estaban fijos nuestros
corazones, nos atamos  cada uno de los extremos del palo; y flotando en
seguida  voluntad de las olas, fumos llevados por ellas hacia Corinto,
 lo que nosotros habamos pensado. Al fin, el sol, mostrndose  la
tierra, disip los vapores que haban causado nuestros males; bajo la
influencia benfica de su luz deseada, los mares se calmaron
gradualmente, y descubrimos en lontananza dos barcos que navegaban sobre
nosotros; de Corinto el ms lejano, y el otro de Epdoro. Pero antes de
que nos hubiesen alcanzado... Oh! no me obliguis  decir ms;
conjeturad lo que aconteci por lo que acabis de oir.

EL DUQUE.--Prosigue, anciano: no interrumpas tu relato; podemos al menos
compadecerte si no podemos perdonarte.

GEN.--Oh! Si los dioses nos hubiesen compadecido, no les llamara
ahora con tanta justicia desapiadados hacia nosotros! Antes que los dos
barcos hubiesen avanzado  diez leguas de nosotros, dimos contra una
grande roca;  impulsado con violencia sobre este escollo, nuestro
mstil de socorro fu roto por el medio; de tal modo que, en esta
nuestra injusta separacin, la fortuna nos dej  los dos de qu
regocijarnos y de qu afligirnos. La mitad que llevaba  la infeliz y
que pareca cargada de menor peso, aunque no de menor infortunio, fu
impulsada con ms velocidad por los vientos: y fueron recogidos los tres
 nuestra vista por pescadores de Corinto,  lo que nos pareci.
Finalmente, otro barco se haba apoderado de nosotros; y llegando 
conocer sus tripulantes quines eran aquellos que la suerte les haba
conducido  salvar, acogieron con benevolencia  sus nufragos: y
hubiesen alcanzado  quitar  los pescadores su presa  no haber sido el
buque tan mal velero. Se vieron, pues, obligados  dirigir su rumbo
hacia la patria.--Habis odo cmo he sido separado de mi dicha y cmo
mi vida ha sido prolongada por adversidades para haceros el triste
relato de mis desventuras.

EL DUQUE.--Y, en bien de los que lloras, hazme el favor de decir
detalladamente lo que os aconteci  ellos y  ti hasta ahora.

GEN.--Mi hijo menor, que es el mayor en mi cuidado, cumplida la edad
de diez y ocho aos, se ha mostrado deseoso de buscar  su hermano, y me
ha rogado con importunidad permitirle que su joven esclavo (pues los dos
muchachos haban compartido la misma suerte, y ste, separado de su
hermano, haba conservado el nombre) pudiese acompaarle en esta
investigacin. Para poder encontrar uno de los objetos de mi atormentada
ternura, yo arriesgaba perder el otro. He recorrido durante cinco
veranos las extremidades ms apartadas de la Grecia, errando hasta ms
all de los lmites de Asia; y costeando hacia mi ptria, he abordado 
feso sin esperanza de encontrarlos, pero repugnndome pasar por este
lugar  cualquiera otro donde habitan hombres, sin explorarlo. Es aqu,
en fin, donde debe terminar la historia de mi vida; y sera feliz de
esta muerte oportuna, si todos mis viajes me hubiesen asegurado al menos
que mis hijos viven.

EL DUQUE.--Desventurado gen,  quien los hados han marcado para
probar el colmo de la desgracia! Creme: mi alma abogara por tu causa
si pudiese hacerlo sin violar nuestras leyes, sin ofender mi corona, mi
juramento y mi dignidad, que los prncipes no pueden anular, aun cuando
lo quisieran. Pero aunque t seas destinado  la muerte, y que la
sentencia pronunciada no pueda revocarse sin grave dao de nuestro
honor, sin embargo te favorecer en lo que pueda. As, mercader, te
conceder este da para buscar tu salvacin en un socorro bienhechor:
acude  todos los amigos que tienes en feso, mendiga  toma prestado
para recoger la suma y vive; si no, tu muerte es inevitable.--Alcaide,
tmalo bajo tu custodia.

ALCAIDE.--S, mi seor.

(_El duque sale con su squito._)

GEN.--gen se retira sin esperanza y sin socorro, y su muerte no es
sino diferida.

(_Salen._)


ESCENA II.

Plaza pblica.

ANTFOLO y DROMIO de Siracusa; UN MERCADER.

EL MERCADER.--Tened cuidado de esparcir la voz de que sois de Epdoro,
si no queris ver todos vuestros bienes confiscados al instante. Hoy
mismo un mercader de Siracusa acaba de ser preso por haber abordado
aqu, y, no encontrndose en estado de rescatar su vida, debe perecer,
segn los estatutos de la ciudad, antes que el sol fatigado se ponga al
occidente. He aqu vuestro dinero que tena en depsito.

ANTFOLO.--(_A Dromio._) V  llevarlo al Centauro, donde posamos,
Dromio, y esperars all que yo vaya  reunirme contigo. Dentro de una
hora ser la comida: hasta entonces voy  echar un vistazo sobre las
costumbres de la ciudad, tratar  los mercaderes, mirar los edificios;
despus de lo cual volver  tomar algn reposo en mi hostera, pues
estoy cansado y adolorido de este largo viaje. Vete.

DROMIO.--Ms de un hombre os tomara la palabra gustosamente, y se ira
en efecto teniendo tan buen medio de partir.

(_Sale Dromio._)

ANTFOLO.--(_Al mercader._) Es un criado de confianza, seor, que 
menudo, cuando estoy agobiado por la inquietud y la melancola, alegra
mi humor con sus chanzas. Vamos, queris pasearos conmigo en la ciudad
y venir en seguida  mi posada  comer conmigo?

EL MERCADER.--Estoy invitado, seor, en casa de ciertos negociantes, de
los cuales espero grandes beneficios. Os ruego me excusis. Pero mas
tarde, si gustis,  las cinco, os tomar en la plaza del mercado, y
desde ese momento os har compaa hasta la hora de acostarse. Mis
negocios en este instante me obligan  dejaros.

ANTFOLO.--Adios, pues, hasta lugo. Yo, voy  perderme errando de aqu
para all,  fin de ver la ciudad.

EL MERCADER.--Seor, os deseo mucha satisfaccin.

(_El mercader sale._)

ANTFOLO.--(_Solo._) El que me desea la satisfaccin, me desea lo que no
puedo obtener: Estoy en el mundo como una gota de agua que busca en el
Ocano otra gota; y no pudiendo encontrar all su compaera, se pierde
ella propia errante  inapercibida. As yo, desgraciado, para encontrar
una madre y un hermano, me pierdo  m propio buscndolos.

(_Entra Dromio de feso._)

ANTFOLO.--(_Percibiendo  Dromio._) He aqu el almanaque de mi
verdadera fecha. Cmo, cmo sucede que ests de vuelta tan pronto?

DROMIO DE FESO.--De vuelta tan pronto, decs? Mas bien vengo demasiado
tarde. El capn se quema, el lechn se cae del asador; la campana del
reloj ha dado las doce y mi duea las junt en la una sobre mi mejilla.
Ella est tan acalorada porque la carne est fra: la carne est fra
porque no vens  casa; no vens  casa porque no tenis apetito; no
tenis apetito porque habis almorzado: pero nosotros que sabemos lo que
es ayunar y rogar, estamos en penitencia hoy por vuestra culpa.

ANTFOLO.--Guardad vuestro resuello, seor, y responded  esto, os lo
ruego: dnde habis dejado el dinero que os he remitido?

DROMIO.--Oh! Qu? Los seis cuartos que tuve el mircoles ltimo para
pagar al sillero la gurupera de mi ama? Es el sillero quien los ha
tenido, seor; yo no los he guardado.

ANTFOLO.--No estoy en este momento de humor de chancear: dime y sin
tergiversar dnde est el dinero? Somos extranjeros aqu. Cmo osas
confiar  otros la custodia de una cantidad tan fuerte?

DROMIO.--Os ruego, seor, chancead cuando os sentis  la mesa para
comer. Corro  todo escape  buscaros de parte de mi ama: si vuelvo sin
vos no tendr escape para que ella no me escriba vuestra culpa en el
hocico. Me parece que vuestro estmago debera, como el mo, hacer veces
de reloj y llamaros al albergue sin necesidad de mensajero.

ANTFOLO.--Vamos, vamos, Dromio, estas chanzas estn fuera de razn.
Gurdalas para hora ms alegre que esta. Dnde est el oro que he
confiado  tu cuidado?

DROMIO.-- m, seor? Pero si no me habis dado oro!

ANTFOLO.--Vamos, seor bergante, dejad vuestras tonteras y decidme
cmo has dispuesto de lo que te confi?

DROMIO.--Todo lo que se me ha confiado es el conduciros del mercado 
casa, al Fnix, para comer: mi ama y su hermana os esperan.

ANTFOLO.--Tan verdad como soy cristiano, quieres responderme en qu
lugar de seguridad has puesto mi dinero?  voy  romper tu atolondrada
cabeza que se obstina en la broma cuando no estoy dispuesto  ello:
dnde estn los mil fuertes que has recibido de m?

DROMIO.--He recibido de vos algunos fuertes en la cabeza, algunos otros
de mi ama sobre las espaldas, pero nunca mil fuertes entre vosotros dos.
Y si los devolviera  vuestra seora, quiz no los soportara en
paciencia.

ANTFOLO.--Los fuertes de tu ama! Y qu ama tienes t, esclavo?

DROMIO.--La esposa de vuestra seora, mi ama, que est en el Fnix; la
que ayuna hasta que vengis  comer, y que os ruega venir lo ms pronto
para sentarse  la mesa.

ANTFOLO.--Cmo! Quieres reirte en mi cara de m de ese modo despus
de habrtelo prohibido?... Toma, toma esto, pcaro.

[Illustration]

DROMIO.--Eh! Qu queris decir, seor? En nombre de Dios, tened
vuestras manos tranquilas;  si no, voy  pedir socorro  mis piernas.

(_Dromio huye._)

ANTFOLO.--Por vida ma, de una manera  otra, este pcaro se habr
dejado escamotear todo mi dinero. Dcese que esta ciudad est llena de
pillos, de escamoteadores listos, que engaan la vista; de hechiceros
que trabajan en las sombras, y cambian el espritu; de agoreras asesinas
del alma, que deforman el cuerpo; de bribones disfrazados, de
charlatanes y de mil otros criminales autorizados. Si es as, no partir
sino lo ms pronto. Voy  ir al Centauro para buscar  este esclavo:
temo mucho que mi dinero no est en seguridad.

(_Sale._)




[Illustration]




ACTO II.


ESCENA I.

Plaza pblica.

Entran ADRIANA y LUCIANA.

ADRIANA.

Ni mi marido, ni el esclavo  quien con tanta prisa envi  buscar  su
amo, han vuelto. Luciana, son las dos.

LUCIANA.--Quizs algn comerciante le habr invitado, y habr ido del
mercado  comer  alguna parte. Querida hermana, comamos y no os
agitis. Los hombres son dueos de su libertad. El tiempo es el nico
dueo de ellos; y, segn ven el tiempo, van  vienen. As, tomad
paciencia, mi querida hermana.

ADRIANA.--Eh! Por qu ha de ser su libertad mayor que la nuestra?

LUCIANA.--Porque sus quehaceres estn siempre fuera del hogar.

ADRIANA.--Y ved, cuando yo hago lo mismo lo toma  mal.

LUCIANA.--Oh! Sabed que l es la brida de vuestra voluntad.

ADRIANA.--No hay sino los asnos que se dejan embridar as.

LUCIANA.--Una libertad obstinada es herida por la desgracia. Nada existe
bajo el cielo, sobre la tierra, en el mar y en el firmamento, que no
tenga sus lmites.--Entre los animales, los peces y los pjaros alados,
dominan los machos, y los dems estn sujetos  su autoridad; los
hombres, ms cercanos de la divinidad, dueos de todas esas criaturas,
soberanos del ancho mundo y de los vastos y turbulentos mares, dotados
de alma y de inteligencia, de un rango ms elevado que los peces y los
pjaros, son los dueos de sus esposas y sus seores. Que vuestra
voluntad sea, pues, sometida  sus acuerdos.

[Illustration]

ADRIANA.--Es esta esclavitud lo que os impide casaros?

LUCIANA.--No, no es eso, sino los inconvenientes del lecho conyugal.

ADRIANA.--Pero, si fueses casada, sera necesario soportar la autoridad.

LUCIANA.--Antes de aprender  amar, quiero acostumbrarme  obedecer.

ADRIANA.--Y si vuestro marido fuese  hacer alguna encartada  otra
parte?

LUCIANA.--Hasta que l hubiese vuelto  m, yo tendra paciencia.

ADRIANA.--Mientras la paciencia no est perturbada, no es maravilla que
se tenga tranquila. Puede ser dulce quien no tenga otro motivo. Pedimos
 una alma desgraciada, oprimida por la adversidad, que est tranquila
cuando la omos gemir. Pero si estuviramos cargadas con el mismo peso
de dolor, nos quejaramos nosotros mismos tanto  ms an. As, t que
no tienes un marido duro que te aflija, pretendes consolarme instando
una paciencia que no da ningn socorro; pero si vives suficiente para
verte tratar como  m, echars pronto  un lado esta absurda paciencia.

LUCIANA.--Vamos, quiero casarme algn da, aunque no sea sino para hacer
la prueba.--Pero, he aqu  vuestro esclavo que vuelve; vuestro marido
no est lejos. (_Entra Dromio de feso._)

ADRIANA.--Y bien! Tu tardo amo est ya cerca?

DROMIO.--Verdaderamente, est  diez dedos de m; lo cual pueden
atestiguar mis orejas.

ADRIANA.--Dime le has hablado? Sabes su intencin?

DROMIO.--S, s; ha explicado su intencin  mi oreja. Maldita sea su
mano. Trabajo he tenido para comprenderla!

LUCIANA.--Ha hablado de una manera tan equvoca, que no hayas podido
sentir su pensamiento?

DROMIO.--Oh! ha hablado tan claro, que no he sentido sino demasiado
bien sus golpes; y  pesar de esto tan confusamente, que apenas los he
comprendido.

ADRIANA.--Pero, te ruego decirme est en camino para volver aqu?
Parece que se cuida bien de agradar  su esposa!

DROMIO.--Ama, mi amo es seguramente del orden del creciente estis?

ADRIANA.--Del orden del creciente, pcaro!

DROMIO.--No quiero decir que sea deshonrado; pero ciertamente, es de
todo punto luntico.--Cuando le he dado priesa de venir  comer, me ha
pedido mil coronas en oro.--_Es hora de comer_, le he dicho.--_Mi oro_,
ha respondido.--_Vuestras viandas se queman_, he dicho.--_Mi oro_,
dijo.--_Vis  venir?_ dije.--_Mi oro_, replic, _dnde estn las mil
coronas que te he dado, malvado?_--_El lechn_, dije, _est todo
quemado_.--_Mi oro_, djome.--_Mi ama, seor_, le dije.--_Que vaya tu
ama  ahorcarse! Yo no conozco ama! Al diablo tu ama!_

LUCIANA.--Quin ha dicho eso?

DROMIO.--Es mi amo quien lo ha dicho. _No conozco_, dijo, _ni casa, ni
esposa, ni ama_. De suerte que os traigo sobre mis espaldas el mensaje
del cual mi lengua deba haber sido encargada; pues, para concluir, me
ha dado golpes sobre ellas.

ADRIANA.--Vuelve hacia l, miserable, y trele al albergue.

DROMIO.--S, vuelve hacia l, para hacerte enviar otra vez al albergue
molido de golpes! En nombre de Dios! Enviad algn otro mensajero.

ADRIANA.--Vuelve  ir, esclavo,  voy  abrirte la cabeza por en medio.

DROMIO.--Y l bendecir esta cruz con otros golpes. Entre ambos tendr
una cabeza bien santa.

ADRIANA.--Vete, rstico hablador; conduce tu amo  la casa.

DROMIO.--Soy tan movible con vos, como lo sois conmigo, para que me
echis como una pelota? Vos me arrojis de aqu y l me arrojar para
ac. Si he de durar en este servicio, harais bien en aforrarme de
cuero. (_Sale._)

LUCIANA.--Vaya! Cmo rebaja la impaciencia la expresin de vuestro
rostro!

ADRIANA.--Es necesario que halague con su compaa  sus favoritas,
mientras que yo languidezco en el albergue y suspiro por una mirada
afectuosa? Ha desaparecido con la fealdad de los aos la belleza
seductora de mi pobre rostro? Entonces es l quien lo ha marchitado. Es
fastidiosa mi conversacin, estril mi ingenio? Si ya no tengo una
conversacin viva y picante, es su dureza, peor que la del mrmol, lo
que la ha embotado. Atraen otras su afecto con brillantes aderezos? No
es culpa ma: l es dueo de mis bienes. Qu estragos hay en m que no
haya causado l? S, es l solo quien ha alterado mis facciones.--Una
mirada suya animadora restaurara bien pronto mi belleza; pero l,
ciervo indomable, salta las empalizadas y corre  buscar pasto lejos de
su albergue. Pobre desventurada! No soy ya para l sino un goce pasado.

LUCIANA.--Celos con que te atormentas t misma! Ea, pues! arrjalos de
ti.

ADRIANA.--Slo idiotas insensibles pueden prescindir de semejantes
agravios. S que sus ojos llevan  otra parte su homenaje; si no qu
causa le impedira estar aqu? Hermana, sabis que me ha prometido una
cadena.--Pluguiera  Dios que esto fuese la sola cosa que me negara! No
desertara entonces de su lecho legtimo. Veo que la joya mejor
esmaltada ha de perder su hermosura; que si el oro resiste largo tiempo
al frotamiento, al fin se gasta con el roce; del mismo modo no hay
hombre, que tenga un nombre sin que la falsedad y la corrupcin lo
degraden. Puesto que mi belleza no tiene encanto  sus ojos, llorando
consumir lo que me queda de ella, y morir en el llanto.

LUCIANA.--Cuntas amantes insensatas se esclavizan  celos furiosos!

(_Salen._)


ESCENA II.

Plaza pblica.

Entra ANTFOLO de Siracusa.

ANTFOLO.--El oro que remit  Dromio est colocado con seguridad en el
Centauro, y el solcito esclavo ha ido  vagar por la ciudad en busca
ma..... Segn mi clculo y la relacin del hostelero, no ha podido
hablar  Dromio desde que al principio lo envi del mercado..... Pero,
hele aqu que viene. (_Entra Dromio de Siracusa_). Y bien! seor,
habis perdido vuestro buen humor? Ya que os agradan los golpes, no
tenis sino empezar de nuevo vuestra broma conmigo. No conocis el
Centauro? No habis recibido el oro? Vuestra ama os ha enviado 
buscarme para comer? Mi alojamiento era en el Fnix? Has perdido la
razn para darme respuestas tan descabelladas?

DROMIO.--Qu respuestas, seor? Cundo os he hablado as?

ANTFOLO.--Hace apenas un momento, aqu mismo; no hace media hora.

DROMIO.--No os he visto desde que me habis mandado de aqu al Centauro
con el oro que me habais confiado.

ANTFOLO.--Pcaro, me has negado haber recibido este depsito, y me has
hablado de una ama y de una comida, lo que me desagradaba demasiado,
como habrs sentido, lo espero.

DROMIO.--Estoy muy satisfecho de veros en vena de buen humor: pero qu
quiere decir esta broma? Os ruego, mi seor, que os expliquis.

ANTFOLO.--Qu! quieres hacerme burla an y provocarme de frente?
Piensas que chanceo? Toma, toma esto y esto.

(_Le golpea_).

DROMIO.--Parad, seor, en nombre de Dios! Ya vuestro juego se vuelve de
veras. Por qu motivo me golpeais as?

ANTFOLO.--Porque te tomo familiarmente algunas veces por mi bufn, y
converso contigo, tu insolencia se burlar de mi afecto  interrumpir
libremente mis horas serias! Cuando brilla el sol retocen los moscones;
pero desde que oculta sus rayos escrranse en los agujeros de las
paredes. Cuando quieras bromear conmigo, estudia mi rostro y conforma
tus modales  mi fisonoma,  bien har entrar  golpes este mtodo en
tu cabeza.

DROMIO.--En mi crneo, decs. Preferira yo que fuese cabeza, no crneo
solo, si dejarais de magullarla; pero si segus con estos golpes, ser
necesario procurarme un crneo para cubrir mi cabeza y ponerla al
abrigo,  si no tendr que buscar mi entendimiento en mis espaldas.
Pero por gracia, seor, por qu me golpeais?

ANTFOLO.--No lo sabes?

DROMIO.--No s nada, seor, sino que soy golpeado.

ANTFOLO.--Quieres que te diga por qu?

DROMIO.--S, seor, el por qu. Pues dcese que todo por qu tiene su
por qu.

ANTFOLO.--Desde lugo, porque has osado burlarte de m. Y por qu
todava? Por haber venido  burlarte una segunda vez.

DROMIO.--Se ha golpeado alguna vez  un hombre tan mal  propsito,
cuando en el por qu y en el por qu no hay concordancia ni
razn?--Vamos, seor, os doy gracias.

ANTFOLO.--Me das gracias, y  propsito de qu?

DROMIO.--Ah! seor, porque me habis dado algo por nada.

ANTFOLO.--Te lo pagar pronto, dndote nada por algo.--Pero dime, es
la hora de comer?

DROMIO.--No, seor; creo que  la comida le falta de lo que yo tengo.

ANTFOLO.--Vamos, de qu?

DROMIO.--De salsa.

ANTFOLO.--Bien! Entonces estar seca.

DROMIO.--Si es as, seor, os ruego no probarla.

ANTFOLO.--Y la razn?

DROMIO.--De miedo de que os haga encolerizaros y me valga otra salsa de
palos.

ANTFOLO.--Vamos, aprende  chancear  propsito. Cada cosa  su tiempo.

DROMIO.--Habra osado negarlo antes que os hubiseis puesto tan enojado.

ANTFOLO.--Segn qu regla?

DROMIO.--Diablos, seor! Segn una regla tan llana como la cabeza calva
del viejo padre Tiempo en persona.

ANTFOLO.--Vemosla.

DROMIO.--No hay ocasin de que recobre sus cabellos el hombre que se
pone naturalmente calvo.

ANTFOLO.--No puede recobrarlos por multa y recobros?

DROMIO.--S, pagando multa por llevar peluca, y recobrando de los
cabellos que ha perdido otro hombre.

ANTFOLO.--Por qu el tiempo escatima tanto los cabellos, puesto que
son una secrecin tan abundante?

DROMIO.--Porque es un dn que prodiga  los animales; y lo que quita 
los hombres en cabellos se lo devuelve en cordura.

ANTFOLO.--Cmo! Si existen hombres que tienen ms cabellos que
entendimiento!

DROMIO.--Ninguno de esos hombres tiene el talento de perder los
cabellos.

ANTFOLO.--Pues qu! has dicho ahora poco que los hombres de abundantes
cabellos son buenas gentes sin ingenio.

DROMIO.--Cuanto ms simple es un hombre, tanto ms pronto los pierde.
Sin embargo, los pierde con una especie de alegra.

ANTFOLO.--Por qu razn?

DROMIO.--Por dos razones, y dos buenas.

ANTFOLO.--Te ruego no digas _buenas_.

DROMIO.--Entonces por dos razones seguras.

ANTFOLO.--No, no seguras, en una cosa falsa.

DROMIO.--Entonces por dos razones ciertas.

ANTFOLO.--Presntalas.

DROMIO.--Una, para economizar el dinero que le costaran sus rizos;
otra,  fin de que en la comida sus cabellos no caigan en la sopa.

ANTFOLO.--Deberas haber probado en todo este tiempo que no hay tiempo
para todo.

DROMIO.--Y as lo he hecho, seor, probando que no hay tiempo para
recobrar los cabellos que se han perdido naturalmente.

ANTFOLO.--Pero no has dado una razn slida para probar que no hay
tiempo alguno para recobrarlos.

DROMIO.--Voy  remediarlo de este modo. El Tiempo mismo es calvo; as,
pues, hasta el fin del mundo tendr un squito de hombres calvos.

ANTFOLO.--Saba que la conclusin sera calva. Pero despacio, quin
nos hace seas all abajo?

(_Entran Adriana y Luciana._)

ADRIANA.--S, s, Antfolo; tienes una expresin extraa y adusta:
guardas tus dulces miradas para alguna otra querida: no soy ms tu
Adriana, tu esposa. Hubo un tiempo en que sin exigrtelo jurabas que
ninguna habla era una msica  tu odo sino el sonido de mi voz; ningn
objeto tan encantador  tus ojos como mis miradas; ningn tacto ms
lisonjero para tu mano que el de la ma; ningn manjar delicioso que te
agradase sino los que yo te serva. Cmo sucede hoy, esposo mo, oh!
cmo sucede que te hayas alejado tanto de ti mismo? S; digo alejado de
ti mismo, porque lo ests de m; que, siendo incorporada  ti,
inseparable de ti, soy ms que la mejor y ms amada parte de ti mismo.
Ah! no te arranques de mi lado; pues creme, mi bien amado, que te
sera tan fcil dejar caer una gota de agua en el Ocano y recogerla en
seguida sin mezcla, sin adicin, ni disminucin alguna, como separarte
de m sin arrastrarme contigo tambin. Oh! cmo herira tu corazn en
lo ms vivo, si oyeras solamente decir que soy infiel, y que este
cuerpo, consagrado  ti, es manchado por una grosera voluptuosidad? No
me escupiras el rostro? No me arrojaras? No me echaras en cara el
nombre de marido? No desgarraras la piel teida de mi frente de
cortesana? No arrancaras el anillo nupcial de mi mano prfida? Y no
le destrozaras con el juramento del divorcio? S que no lo puedes: y
bien! hazlo desde este momento..... Estoy cubierta con una mancha
adltera; mi sangre est manchada con el crimen de la prostitucin; pues
si los dos no formamos sino una sola carne y t eres infiel, recibo el
veneno mezclado en tus venas y quedo prostituda por tu contagio.--S,
pues, constante y fiel  tu lecho legtimo. Entonces viviremos yo sin
mancha y t sin deshonor.

ANTFOLO.--Es  m  quien persuads, bella dama? No os conozco. No ha
sino dos horas que estoy en feso, tan extranjero  vuestra ciudad como
 vuestros discursos: y aunque tengo que emplear toda mi atencin para
estudiar cada una de vuestras palabras, no puedo comprender una sola de
lo que decs.

LUCIANA.--Vaya, hermano, cmo ha cambiado el mundo para vos! Cundo
habis tratado as  mi

[Illustration:--_Es  m  quien persuads, bella dama?_]

hermana? Ella os ha enviado  buscar por Dromio para comer.

ANTFOLO.--Por Dromio?

DROMIO.--Por m?

ADRIANA.--Por ti. Y he aqu la respuesta que me has trado: que l te
haba abofeteado, y que al hacerlo haba renegado mi casa por suya y 
m por su esposa.

ANTFOLO.--Habis hablado  esta dama? Cul es, pues, el giro y el fin
de vuestra intriga?

DROMIO.--Yo, seor, no la he visto jams hasta este momento.

ANTFOLO.--Mientes, bellaco; pues me has repetido en la plaza las
propias palabras que acabas de decir.

DROMIO.--Jams en mi vida le he hablado.

ANTFOLO.--Cmo sucede, pues, que nos llama por nuestros nombres, 
menos que no sea por inspiracin?

ADRIANA.--Qu mal sienta  vuestra gravedad fingir tan groseramente, de
acuerdo con vuestro esclavo, y excitarlo  que me contrare! Sea ma la
culpa y que de ella no os toque parte alguna; pero no os hagis culpable
hacia esa culpa aadiendo todava mayor desprecio. Vamos, voy  coger tu
brazo: t eres el olmo, esposo mo, y yo soy la vid, cuya debilidad
unida  tu fuerza me da algo de tu vigor; si algn objeto te desliga de
m, no puede ser sino una vil planta, una yedra usurpadora  un musgo
intil que, creciendo sin cultivo, penetra en tu savia, la infecta y
vive  expensas de tu honor.

ANTFOLO.--Es  m  quien habla! Me toma por tema de sus discursos.
Qu! La habr desposado en sueos,  estoy dormido en este momento y
me imagino oir todo esto? Qu error engaa nuestros odos y nuestros
ojos? Hasta que haya aclarado esta incertidumbre quiero entretener el
error que se me ofrece.

LUCIANA.--Dromio, v  decir  los criados que sirvan la comida.

DROMIO.--Oh! Si yo tuviese mi rosario! Me santiguo como pecador. Este
es el pas de las hadas. Oh enigma de los enigmas! Hablamos 
fantasmas,  buhos,  espritus fantsticos. Si no les obedecemos, he
aqu lo que suceder: nos chuparn la sangre  nos pellizcarn hasta
ponernos azules y negros.

LUCIANA.--Qu refunfuas ah  tus solas en lugar de responder? Dromio,
zngano, caracol, holgazn, imbcil.

DROMIO.--Estoy metamorfoseado, amo; no es verdad?

ANTFOLO.--Creo que lo ests en tu alma, y que yo tambin lo estoy.

DROMIO.--Todo,  fe, amo mo, alma y cuerpo.

ANTFOLO.--T conservas tu propia forma.

DROMIO.--No: soy un mono.

LUCIANA.--Si en algo te has convertido, es en asno.

DROMIO.--Eso es verdad: yo la llevo  cuestas y estoy ansioso de pacer.
No hay duda; soy un asno. De qu otro modo podra ser que la conociese
yo tan bien como ella me conoce?

ADRIANA.--Vamos, vamos, no quiero ser tan necia que me ponga el dedo en
el ojo y llore, mientras que el criado y el amo ren y se burlan de mis
males. Vamos, seor, venid  comer: Dromio, cuida la puerta. Esposo mo,
hoy comer arriba con vos y os obligar  hacer confesin de mil
travesuras. Oye, bellaco; si alguien viniere  preguntar por tu amo,
dirs que come fuera y no dejars entrar alma viviente. Venid, hermana.
Dromio, haz bien tu papel de portero.

ANTFOLO.--Estoy en la tierra, en el cielo  en el infierno? Estoy
dormido  despierto, loco  en mi buen sentido? Conocido de stas y
disfrazado para m mismo. Dir lo que digan ellas, lo sostendr con
perseverancia y en esta niebla me dejar llevar  todas las aventuras.

DROMIO.--Amo, servir de portero?

ANTFOLO.--S; no dejes entrar  nadie, si no quieres que te rompa la
cabeza.

LUCIANA.--Vamos, venid, Antfolo. Comemos demasiado tarde.

(_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO III.


ESCENA I.

Se ve la calle que pasa delante de la casa de Antfolo de feso.

ANTFOLO de feso, DROMIO de feso, ANGELO y BALTASAR.

ANTFOLO DE FESO.

Mi buen seor Angelo, es necesario que nos excusis  todos: mi mujer se
pone de mal humor, cuando no llego  tiempo. Decid que me entretuve en
vuestra tienda viendo trabajar en su cadena, y que maana la llevaris 
la casa. Pero he aqu un canalla que quiere sostener en mi presencia que
me ha alcanzado en la plaza, que le he golpeado, que le he confiado mil
marcos en oro, y que he renegado de mi casa y mi esposa.--Qu quisiste
decirme con esto, grandsimo borracho?

DROMIO DE FESO.--Decid lo que queris, seor; pero yo s lo que s.
Guardo todava las seales de vuestra mano para probar que me habis
golpeado en la plaza. Si mi piel fuese un pergamino y vuestros golpes
tinta, vuestra propia escritura atestiguara lo que digo.

ANTFOLO DE FESO.--Yo, digo que eres un asno.

DROMIO DE FESO.--Por cierto que as parece por los malos tratos que
recibo y por los golpes que sufro. Debera responder  un puntapi con
una coz, y entonces os guardarais de mis cascos y tendrais cuidado con
el asno.

ANTFOLO.--Estis triste, seor Baltasar. Ruego  Dios que nuestro
banquete responda  mi buena voluntad y  la buena acogida que
recibiris aqu.

BALTASAR.--Doy poco valor  vuestro banquete, seor, al lado del alto
valor de vuestra buena acogida.

ANTFOLO.--Oh! seor Baltasar, sea carne  pescado, una mesa llena de
buena acogida hace parecer pobre el plato ms exquisito.

BALTASAR.--La buena vianda es comn, seor; se encuentra hasta en la
mesa de todos los rsticos.

ANTFOLO.--Y una buena acogida es an ms comn; porque no es nada sino
palabras.

BALTASAR.--Mesa parca y buena acogida hacen una alegre fiesta.

ANTFOLO.--S, para un husped avaro y un convidado an ms mezquino.
Pero, aunque mis provisiones sean exiguas, aceptadlas de buena gracia:
podis encontrar mejor festn, pero no ofrecido ms de corazn.--Pero
despacio, mi puerta est cerrada. (_ Dromio._) V  decir que se nos
abra.

DROMIO.--(_Llamando._) Hola, Magdalena, Brgida, Mariana, Cecilia,
Giulieta, Juana.

DROMIO DE SIRACUSA.--(_Dentro._) Silencio, caballo de noria, capn,
gan, idiota! Aljate de la puerta  sintate en el umbral. Andas
reclutando mozas que as llamas tal surtido de ellas, cuando con una
sola hay ya una de ms? Vamos, vete de esta puerta.

DROMIO DE FESO.--Qu belitre nos han dado de portero?--Mi amo espera
en la calle.

DROMIO DE SIRACUSA.--Que se marche por donde vino, no sea que coja fro
en los pis.

ANTFOLO DE FESO.--Quin habla ah dentro? Hola! abrid la puerta.

DROMIO DE SIRACUSA.--Bien, seor; os dir el cundo si me decs para
qu!

ANTFOLO DE FESO.--Para qu? Para sentarme  comer; no he comido hoy.

DROMIO DE SIRACUSA.--Ni comeris hoy aqu; volved cuando podis.

ANTFOLO DE FESO.--Quin eres para cerrarme la puerta de mi casa?

DROMIO DE SIRACUSA.--Soy portero por el momento, seor, y mi nombre es
Dromio.

DROMIO DE FESO.--Ah! bandido! me has robado  la vez mi empleo y mi
nombre. El uno no me ha dado jams honra y el otro me ha trado amargos
reproches. Si hubieses sido Dromio hoy y hubieses estado en mi lugar,
habras cambiado con gusto tu facha por un nombre,  tu nombre por un
asno.

LUCA.--(_Del interior de la casa._) Qu barullo es ese? Dromio, qu
gente es esa que est en la puerta?

DROMIO DE FESO.--Luca, haz entrar  mi amo.

LUCA.--No, ciertamente: viene demasiado tarde; puedes decrselo  tu
amo.

DROMIO DE FESO.--Santo Dios! Es necesario que ra.-- vos el
proverbio. Debo colocar mi bastn?

LUCA.--Y  vos este otro; quiere decir cundo? Podis decirlo?

DROMIO DE SIRACUSA.--Si tu nombre es Luca, Luca le has respondido
bien.

ANTFOLO DE FESO.--Oyes, tontuela? Espero que nos dejars entrar?

LUCA.--Pensaba habroslo preguntado.

DROMIO DE SIRACUSA.--Y habis dicho que no.

DROMIO DE FESO.--Vamos, bien, bien contestado; es golpe por golpe.

ANTFOLO DE FESO.--Ea! maula, djame entrar.

LUCA.--Podrais decir para agradar  quin?

DROMIO DE FESO.--Seor, golpead fuerte en la puerta.

[Illustration]

LUCA.--Que golpee, hasta que le duela  la puerta.

ANTFOLO DE FESO.--Te lo har pagar caro, aunque tenga que echar abajo
la puerta.

LUCA.--Quin se antoja de eso y de un cepo de pis en la ciudad?

ADRIANA.--(_En el interior de la casa._) Quin hace tanto ruido en la
puerta?

DROMIO DE SIRACUSA.--Bajo mi palabra, que vuestra ciudad est
embarullada por mozos turbulentos.

ANTFOLO DE FESO.--Estis ah, esposa ma? Podais haber venido un
poco ms pronto.

ADRIANA.--Vuestra esposa, seor bribn? Ea! Marchaos de esta puerta.

DROMIO DE FESO.--Si tenis que sufrir, seor, ese bribn no quedar
bueno y sano.

ANGELO.--(_ Antfolo de feso._) Aqu no hay ni mesa puesta, ni buena
acogida; ya quisiramos tener una  otra.

BALTASAR.--Discutiendo lo que se debe hacer, no perderemos una ni otra.

DROMIO DE FESO.--(_ Antfolo._) Estos seores estn en la puerta, mi
amo; decidles pues, que entren.

ANTFOLO.--Algo de sospechoso sucede cuando no podemos entrar.

DROMIO DE FESO.--Vuestra sopa est caliente, adentro; y vos quedis
aqu expuesto al fro. Hay para poner  un hombre furioso como un gamo,
cuando es engaado y burlado de este modo.

ANTFOLO.--V  traer alguna cosa para derribar la puerta.

DROMIO DE SIRACUSA.--Romped alguna cosa aqu, y yo romper vuestra
cabeza de bribn.

ANTFOLO DE FESO.--Vamos, quiero entrar por fuerza; v  traer una
gra.

DROMIO DE FESO.--Una gra sin plumas, seor, es lo que queris decir?
Para un pez sin nadaderas, h aqu un pjaro sin plumas; si un pjaro
puede hacernos entrar, tunante, desplumaremos un cuervo.

ANTFOLO.--V pronto  buscarme una gra de hierro.

BALTASAR.--Tened paciencia, seor. Oh! No lleguis  tal extremidad.
Hacis mal  vuestra reputacin y vais  poner al alcance de las
sospechas el honor inmaculado de vuestra esposa. Una palabra ms.
Vuestra larga experiencia de su sensatez, de su casta virtud, de sus
aos y de su modestia alegan en su favor alguna razn que os es
desconocida; no dudis, seor; ella os explicar por qu se encuentran
hoy cerradas para vos las puertas; dejaos guiar por m, apartaos de este
lugar con paciencia y vamos  comer juntos  la hostera del Tigre, y al
caer la tarde volved solo para saber la razn de esta extraa sorpresa.
Si queris entrar por fuerza en medio del movimiento del da, se
suscitarn sobre esto los comentarios del vulgo. Las suposiciones
injuriosas  vuestra reputacin, sin mancha an, se deslizarn hasta
vuestra tumba y se albergarn sobre ella cuando ya no existis. La
calumnia vive de herencias y se establece para siempre all donde
penetra una vez.

ANTFOLO DE FESO.--Habis prevalecido. Voy  retirarme tranquilamente,
y  despecho de la alegra, pretender estar alegre. Conozco una moza de
humor encantador, bonita y espiritual, un poco extravagante, y, sin
embargo, benigna. Comeremos all; mi esposa me ha movido querella muy 
menudo por ese motivo, pero inmerecidamente lo protesto. Iremos  comer
donde ella. Volved  vuestra casa y traed la cadena. S que ha de estar
terminada  esta hora. Llevadla, os lo ruego, al Puerco-espn, que es la
casa. Voy  regalar esta cadena  mi hostelera, aunque no sea sino para
hacer rabiar  mi esposa; querido amigo, daos prisa; puesto que mi
esposa me cierra las puertas, ir  llamar  otra parte y veremos si me
rechaza del mismo modo.

ANGELO.--Ir  encontraros  esta cita dentro de una hora.

ANTFOLO.--Hacedlo; esta broma me costar algn gasto.


ESCENA II.

La casa de Antfolo de feso.

LUCIANA aparece con ANTFOLO de Siracusa.

LUCIANA.--Ah! Es posible que hayis olvidado completamente los deberes
de un marido? Qu, Antfolo, vendr el odio desde la primavera del amor
 corromper los primeros brotes de vuestro amor? El edificio empezado 
fabricar por el amor amenazar ruina desde ahora? Si habis desposado 
mi hermana por su riqueza, al menos, por consideracin  sta, tratadla
con ms bondad. Si amis en otra parte, hacedlo en secreto; ocultad
vuestro amor prfido con alguna apariencia de misterio y que mi hermana
no lo lea en vuestros ojos. Que vuestra lengua no sea heraldo de vuestra
vergenza; el aspecto afable, las palabras honestas convienen  la
deslealtad; revestid al vicio con la librea de la virtud; conservad la
actitud de la inocencia, aunque vuestro corazn sea culpable; ensead al
crimen  llevar el exterior de la santidad; sed prfido en silencio.
Qu necesidad hay de que ella sepa nada? Qu ladrn es tan torpe que
se jacte de su propio delito? Es doble injuria abandonar vuestro lecho y
hacerlo comprender en la mesa por vuestro aspecto. Hay para el vicio una
especie de buena fama bastarda cuando se le maneja con habilidad. Las
malas acciones se duplican con las malas palabras. Ah! Pobres mujeres!
Puesto que es fcil engaarnos, hacednos creer  lo menos que nos amis.
Si otras tienen el brazo, mostradnos al menos la manga; estamos
avasalladas  todos vuestros movimientos y nos hacis mover como
queris. Vamos, querido hermano, entrad en casa; consolad  mi hermana,
regocijadla, llamadla vuestra esposa. Es una mentira santa el faltar un
poco  la sinceridad, cuando la dulce voz de la lisonja subyuga  la
discordia.

ANTFOLO DE SIRACUSA.--Amada seora (pues no conozco vuestro nombre ni
s por qu prodigio habis podido acertar con el mo), vuestra
inteligencia y vuestra gracia hacen de vos nada menos que una maravilla
del mundo. Sois una criatura divina; enseadme lo que debo pensar, lo
que debo decir. Manifestad  mi inteligencia grosera, terrena, ahogada
por los errores, dbil, ligera y superficial, el sentido del enigma
oculto en el disfraz de vuestras palabras. Por qu trabajis contra la
sencilla rectitud de mi alma para hacerla vagar por un campo
desconocido? Sois un dios? Querrais crearme de nuevo? Transformadme,
pues, y ceder  vuestro poder. Pero si soy yo mismo, s bien entonces
que vuestra llorosa hermana no es mi esposa ni debo homenaje alguno  su
lecho. Mucho ms, mucho ms arrastrado me siento hacia vos. Ah! No me
atraigas con tus cantos, dulce sirena, para ahogarme en la corriente de
las lgrimas de tu hermana. Canta, sirena, para ti misma y te adorar;
extiende sobre la onda plateada tus dorados cabellos y sers el lecho
donde me recline. Si tal gloria fuese posible, dichoso aquel que
muriera teniendo semejante modo de morir! Que el amor, este sr ligero,
se ahogue, si se hunde bajo las aguas.

LUCIANA.--Qu! Estis loco para discurrir de esta manera?

ANTFOLO.--No, no estoy loco; estoy subyugado, no s cmo.

LUCIANA.--Es una ilusin de vuestros ojos.

ANTFOLO.--Por haber visto de cerca vuestros rayos, brillante sol.

LUCIANA.--No veis sino lo que debis ver, y vuestra vista se
despejar.

ANTFOLO.--Tanto vale cerrar los ojos, dulce amor, como abrirlos en la
oscuridad.

LUCIANA.--Qu! Me llamis amor? Dad ese nombre  mi hermana.

ANTFOLO.-- la hermana de vuestra hermana.

LUCIANA.--Queris decir mi hermana.

ANTFOLO.--No: sino t misma; t, la mejor mitad de mi sr; la pura luz
de mis pupilas; el caro corazn de mi corazn; mi alimento, mi fortuna y
el nico anhelo de mi tierna esperanza; t, mi cielo en la tierra, toda
mi ambicin en el cielo.

[Illustration]

LUCIANA.--Mi hermana es todo esto,  al menos, debera serlo.

ANTFOLO.--Toma t misma el nombre de hermana, mi bien amada, pues es 
ti  quien aspiro: es  ti  quien quiero amar; es contigo con quien
quiero pasar mi vida. No tienes esposo an, ni yo tengo an esposa. Dame
tu mano.

LUCIANA.--Oh! Poco  poco, seor: esperad, voy  traer  mi hermana
para pedirle su consentimiento.

(_Sale Luciana.--Entra Dromio de Siracusa._)

ANTFOLO DE SIRACUSA.--Y bien! Qu ocurre, Dromio?  dnde corres tan
aprisa?

DROMIO.--Me conocis, seor? Soy Dromio? Soy vuestro criado? Soy yo,
yo mismo?

ANTFOLO.--Eres Dromio, eres mi criado, eres t mismo.

DROMIO.--Soy un asno, soy el hombre de una mujer, y todo esto sin ser yo
parte en ello.

ANTFOLO.--Cmo! El hombre de qu mujer? Y cmo sin que seas parte en
ello?

DROMIO.-- fe ma, seor, que sin saber cmo pertenezco  una mujer; 
una mujer que me reivindica;  una mujer que me persigue;  una mujer
que est resuelta  tenerme.

ANTFOLO.--Qu derechos alega sobre ti?

DROMIO.--Ah! seor, el derecho que alegarais sobre vuestro cabello;
pretende poseerme como  una bestia de carga: no que quiera tenerme por
ser yo una bestia, sino que siendo ella una criatura enteramente
bestial, quiere tener derechos sobre m.

ANTFOLO.--Quin es ella?

DROMIO.--Un cuerpo muy venerable: s, uno del cual un hombre no puede
hablar sin decir: Muy reverendo seor. Bien flaca suerte me cabra en
esta unin, y sin embargo, es un casamiento maravillosamente gordo.

ANTFOLO.--Qu quieres decir por un casamiento maravillosamente gordo?

DROMIO.--Oh! s, seor: es la moza de cocina, y con ms grasa que piel.
Ni se me ocurre lo que podr hacer con ella,  menos que sea hacerla
arder como una lmpara para escaparme lejos  favor de su propia
claridad. Garantizo que los andrajos con que se viste y el sebo de que
estn impregnados calentaran el invierno de Polonia: y si viviese hasta
el juicio final, podra arder una semana ms que el mundo entero.

ANTFOLO.--Cul es el color de su rostro?

DROMIO.--Prieto como el cuero de mis zapatos, pero est lejos de tener
la cara como ellos. Por qu? Porque suda de modo que un hombre tendra
que calzar zuecos para andar sobre esa mugre.

ANTFOLO.--Esa es una falta que el agua puede corregir.

DROMIO.--No, seor, est dentro de la piel: el diluvio de No no
llegara  limpiarla.

ANTFOLO.--Cul es su nombre?

DROMIO.--Ana, seor; pero su nombre y tres cuartos, quiero decir, una
ana y tres cuartos no bastaran para medirla de un cuadril al otro.

ANTFOLO.--Mide, pues, algn ancho?

DROMIO.--No es ms larga de la cabeza  los pis que ancha de un cuadril
 otro. Es esfrica como un globo; podra marcar los paises sobre ella.

ANTFOLO.--En qu parte de su cuerpo est la Irlanda?

DROMIO.-- fe ma, seor, en las nalgas: lo he reconocido por las aguas
cenagosas.

ANTFOLO.--En dnde la Escocia?

DROMIO.--Lo he reconocido por lo vida: est en la palma de la mano.

ANTFOLO.--Y la Francia?

DROMIO.--Sobre su frente, armada y volteada, y en guerra con sus
cabellos.

ANTFOLO.--Y la Inglaterra?

DROMIO.--He buscado las rocas de yeso: pero no he podido reconocer en
ellas ninguna blancura; conjeturo que podr hallarse sobre la barba,
segn el flujo salobre que corra entre ella y la Francia.

ANTFOLO.--Y la Espaa?

DROMIO.-- fe ma que no la he visto; pero la he sentido en el calor de
su aliento.

ANTFOLO.--Dnde estn las Amricas y las Indias?

DROMIO.--Oh! seor, en su nariz; completamente adornada de rubes,
escarbunclos y zafiros,  inclinando su rico aspecto hacia el clido
aliento de la Espaa que enviaba flotas enteras  cargar lastre en su
nariz.

ANTFOLO.--Dnde estaban la Blgica y los Paises Bajos?

DROMIO.--Oh! seor; no he estado  ver tan abajo. Para concluir: este
limpin  bruja ha reclamado sus derechos sobre m, me ha llamado
Dromio, ha jurado que estaba comprometido con ella, me ha dicho las
seales particulares que tena en el cuerpo, por ejemplo, la mancha que
tengo en la espalda, el lunar que hay en mi cuello, la gran berruga que
tengo en el brazo izquierdo; de modo que, absorto y confundido, he hudo
lejos de ella, como de una bruja. Y creo que si mi pecho no hubiese
estado tan lleno de fe y mi corazn tan templado como el acero, me
habra metamorfoseado en perro rabn  me habra hecho dar vueltas al
asador.

ANTFOLO.--Vete, mrchate en seguida; corre al gran camino: si el viento
sopla de cualquier modo de la playa, por poco que sea, no quiero pasar
la noche en esta ciudad. Si hay alguna barca lista  darse  la vela,
vuelve al mercado donde me estar paseando hasta que vuelvas. Si todo el
mundo nos conoce, no conociendo nosotros  nadie, parceme que es tiempo
de alistar el equipaje y partir.

DROMIO.--Como huira un hombre para salvar de las garras de un oso su
vida, as huyo yo de esa que pretende ser mi esposa.

ANTFOLO.--En este pas no habitan sino brujas, y por consiguiente deba
ya haberme ido. Mi corazn aborrece la que me llama su marido; pero su
encantadora hermana posee gracias maravillosas y soberanas; su aire y
sus discursos son tan encantadores que casi me he hecho traicin  m
mismo. Y para no causar yo mi propio dao, tapar mis odos ante los
cantos de la sirena.

(_Entra Angelo_).

ANGELO.--Seor Antfolo?

ANTFOLO.--S, ese es mi nombre.

ANGELO.--Lo s bien, seor. Tomad, he aqu vuestra cadena. Crea
encontraros en el Puerco-espn: la cadena no estaba terminada an; es
lo que me ha retardado tanto tiempo.

ANTFOLO.--Qu queris que haga de esto?

ANGELO.--Lo que gustis, seor; la he hecho para vos.

ANTFOLO.--Hecha para m, seor!--No os la he ordenado.

ANGELO.--No una vez, no dos veces, sino veinte veces. Id  vuestro
alojamiento y haced la corte  vuestra esposa con este regalo; y lugo,
 la hora de cena, volver  veros y  recibir el importe de mi cadena.

ANTFOLO.--Os ruego, seor, que recibis el dinero al instante, no sea
que no volvis  ver ni cadena ni dinero.

ANGELO.--Sois jovial, seor; adios, hasta lugo.

(_Sale._)

ANTFOLO.--Me sera imposible decir lo que debo pensar de todo esto;
pero lo que s muy bien, al menos, es que no existe hombre tan tonto
para despreciar, cuando se le ofrece, una cadena tan hermosa. Veo que
aqu un hombre no necesita atormentarse para vivir, puesto que se hacen
en las calles tan ricos presentes. Voy  ir  la plaza del mercado 
esperar all  Dromio; si algn buque se hace  la vela, parto en
seguida.




[Illustration]




ACTO IV.


ESCENA I.

La escena pasa en la calle.

UN MERCADER, ANGELO, UN OFICIAL DE JUSTICIA.

EL MERCADER.--(_A Angelo._)

Sabis que se debe la cantidad desde Pentecosts, y que desde ese tiempo
no os he importunado mucho; ni lo hara aun hoy mismo si no partiese
para Persia y no tuviese necesidad de guilder para mi viaje; as
satisfacedme inmediatamente,  os hago prender por este oficial.

ANGELO.--Exactamente la misma cantidad de que os soy deudor, me es
debida por Antfolo; y en el instante en que os he encontrado, acababa
de entregarle una cadena.  las cinco recibir su precio: hacedme el
placer de venir conmigo hasta su casa, donde os pagar mi obligacin, y
os dar las gracias.

(_Entran Antfolo de feso y Dromio de feso._)

EL OFICIAL.--(_Apercibindoles,  Angelo._) Podis evitaros la molestia:
mirad, he aqu que llega.

ANTFOLO DE FESO.--Mientras voy  casa del platero, v, t,  comprar
un pedazo de cuerda; quiero servirme de ella para mi esposa y sus
cmplices, por haberme cerrado la puerta en pleno da.--Pero despacio!
Veo al platero.--Vte; compra una soga y tremela  casa.

(_Sale._)

DROMIO DE FESO.--Ah! Voy  comprar una soga!

ANTFOLO DE FESO.--Muy lucido queda un hombre cuando cuenta con vos!
Haba prometido vuestra visita y la cadena; pero no he visto ni cadena
ni platero. Probablemente pensasteis que mi amor  mi esposa durara
demasiado tiempo si lo encadenabais; y por tanto, no habis venido.

ANGELO.--Con permiso de vuestro jovial humor, he aqu la cuenta del peso
de vuestra cadena, hasta el ltimo quilate, la ley del oro y el precio
de la hechura: todo lo cual importa tres ducados ms que lo que debo 
este seor.--Os ruego, me hagis el favor de cancelarme con l desde
lugo, pues est prximo  embarcarse y no espera sino esto para partir.

ANTFOLO DE FESO.--No traigo conmigo la cantidad necesaria; por otra
parte, tengo algunos negocios en la ciudad.--Conducid  este extranjero
 mi casa; llevad con vos la cadena, y al entregarla  mi esposa,
decidle que salde la suma; quizs estar all al mismo tiempo que vos.

ANGELO.--Entonces llevaris la cadena vos mismo?

ANTFOLO DE FESO.--No; tomadla con vos; no sea que yo llegue tarde.

ANGELO.--Vamos, seor, est bien. La tenis con vos?

ANTFOLO DE FESO.--Si no la tengo, es porque vos la tenis; sin lo
cual, podrais volveros sin vuestro dinero.

ANGELO.--Vamos, seor, os ruego que me dis la cadena. El viento y la
marea esperan  este caballero y tengo que reprocharme el haberle
retenido aqu tanto tiempo.

ANTFOLO DE FESO.--Seor mo, os valis de este pretexto para excusar
vuestra falta de palabra, al no haberla llevado al Puerco-Espn; es  m
 quien toca regaaros por esto. Pero,  fuer de astuto, principiis por
ser el primero en querellarse.

EL MERCADER.--La hora avanza. Seor, os ruego que os dis prisa.

ANGELO.--Vis cmo me importuna...? Pronto, la cadena.

ANTFOLO DE FESO.--Y bien! Llevadla  mi esposa, y recibid vuestro
dinero.

ANGELO.--Vamos, vamos; sabis que os la he dado hace un momento. Enviad
la cadena,  entregadme alguna prenda.

ANTFOLO DE FESO.--Veo que llevis la broma hasta el exceso. Veamos,
dnde est la cadena? Dejadme verla.

EL MERCADER.--Mis asuntos no permiten estas tardanzas; caro seor,
decidme si queris satisfacerme  no; si no queris, voy  dejar  este
seor entre las manos del oficial.

ANTFOLO DE FESO.--Yo, satisfaceros? Y con qu satisfaceros?

ANGELO.--Dando el dinero que me debis por la cadena.

ANTFOLO DE FESO.--No os debo nada, mientras no la haya recibido.

ANGELO.--Ah! Sabis que os la he entregado hace media hora.

ANTFOLO DE FESO.--No me habis dado ninguna cadena: mucho me ofendis
dicindome esto.

ANGELO.--Vos, seor, me ofendis mucho ms negndolo. Considerad cunto
interesa esto  mi crdito.

EL MERCADER.--Vamos, oficial, prendedlo sobre mi demanda.

EL OFICIAL (_ Angelo._)--Os prendo y os intimo obedecer en nombre del
duque.

ANGELO.--Esto compromete mi reputacin. (_ Antfolo._)  consents en
pagar la suma  mi saldo,  os hago prender por este mismo oficial.

ANTFOLO DE FESO.--Consentir en pagar una cosa que no he recibido,
jams! Prndeme, loco, si te atreves.

[Illustration]

ANGELO.--He aqu los gastos. Prendedle, seor oficial... No perdonara 
mi hermano en semejante caso, si me insultaba con tanto desprecio.

EL OFICIAL.--Os prendo, seor; os la requisicin.

ANTFOLO DE FESO.--Te obedezco, hasta que te d caucin. (_A Angelo._)
Bribn, me pagars esta broma con todo el oro que puede haber en tu
tienda.

ANGELO.--Seor, no dudo que obtendr justicia en feso, para vergenza
vuestra.

(_Entra Dromio de Siracusa._)

DROMIO.--Seor, hay una barca de Epidauro que no espera sino que llegue
 bordo el armador, y se dar  la vela en seguida. He embarcado nuestro
equipaje; he comprado aceite, blsamo y aguardiente. El navo est
aparejado; un buen viento sopla alegremente de tierra y no se espera
sino al armador y  vos, seor.

ANTFOLO DE FESO.--Qu! Te has vuelto loco? Qu quieres decir,
imbcil? Qu barco de Epidamno me espera  m, pcaro?

DROMIO.--El barco al cual me habis enviado para tomar nuestro pasaje.

ANTFOLO DE FESO.--Esclavo ebrio, te he enviado  buscar una soga, y te
he dicho para qu y lo qu quera hacer con ella.

DROMIO.--Es como si dijerais que me habais enviado  ahorcarme. Me
habis enviado  la baha, seor,  buscar un buque.

ANTFOLO DE FESO.--Examinar este asunto ms despacio y ensear  tus
orejas  escucharme con ms atencin. V, pues, derecho  casa de
Adriana, pillo, dale esta llave y dile que en el pupitre que est
cubierto con una alfombra de Turqua, hay una bolsa llena de ducados;
que me la mande; dile que me han prendido en la calle y que este dinero
ser una caucin: corre pronto, esclavo: parte. Vamos, oficial, os sigo
 la crcel, hasta que vuelva el criado. (_Salen._)

DROMIO (_solo_).-- casa de Adriana! Quiere decir  casa de aquella
donde hemos comido, donde Dulcebella me ha reclamado por marido: es
demasiado gorda para que yo alcance  abrazarla; pero es preciso que
vaya, aunque contra mi voluntad: pues es necesario que los criados
ejecuten las rdenes de sus amos.

(_Sale._)


ESCENA II.

La escena pasa en la casa de Antfolo de feso.

ADRIANA y LUCIANA.

ADRIANA.--Cmo, Luciana, te ha tentado hasta este punto? Has podido
leer cuidadosamente en sus ojos si sus exigencias eran serias  no?
Estaba colorado  plido, triste  alegre? Qu observaciones has hecho
en ese instante sobre los meteoros de su corazn que chispeaban en su
rostro?

LUCIANA.--Desde lugo, ha negado que tuviseis derecho alguno sobre l.

ADRIANA.--Quera decir que l obraba como si yo no tuviera ninguno. Por
esto mismo estoy an ms indignada.

LUCIANA.--En seguida me ha jurado que era extranjero aqu.

ADRIANA.--Y ha jurado la verdad, pues ha perjurado de su hogar.

LUCIANA.--Entonces he intercedido por vos.

ADRIANA.--Y bien! Qu ha dicho l?

LUCIANA.--El amor que yo reclamaba para vos, lo ha implorado de m para
l.

ADRIANA.--Con qu persuasiones ha solicitado tu ternura?

LUCIANA.--En trminos que hubiesen podido conmover, tratndose de una
pretensin honrada. Primero ha elogiado mi belleza, en seguida mi
inteligencia.

ADRIANA.--Le has respondido como debas?

LUCIANA.--Tened paciencia, os conjuro.

ADRIANA.--No puedo, ni quiero tenerme tranquila. Es necesario que se
satisfaga mi lengua, si no mi corazn. Es deforme, contrahecho, viejo y
marchito, feo de cara, peor configurado de cuerpo, de todo punto
deforme; vicioso, rudo, extravagante, tonto y bruto; detestable en los
hechos, y ms detestable an en los propsitos.

LUCIANA.--Y quin podra estar celosa de semejante hombre? Nunca se
llora un mal perdido.

ADRIANA.--Ah! Pero pienso mejor de l que lo que hablo. Y, no obstante,
quisiera que fuese an ms deforme  los ojos de los otros. El Avefra
grita lejos de su nido, para que se alejen de l. Mientras mi lengua le
maldice, mi corazn ruega por l.

(_Entra Dromio._)

DROMIO.--Ea! venid. El pupitre, la bolsa: mis caras seoras, apresuraos.

LUCIANA.--Por qu ests tan fuera de aliento?

DROMIO.-- fuerza de correr.

ADRIANA.--Dnde est tu amo, Dromio? Est bien?

DROMIO.--No; est en los limbos del Trtaro, peor que en el infierno; un
diablo de eterno uniforme lo ha cogido; un diablo cuyo corazn est
revestido de acero, un malvado, un genio brutal  implacable; un lobo,
peor que lobo, un mozo vestido de piel de bfalo, un enemigo secreto que
os pone la mano sobre la espalda, y que os cierra el paso de avenidas,
esquinas y calles; en fin, alguien que arrastra las pobres almas al
infierno antes del juicio.

ADRIANA.--Hombre de Dios! De qu se trata?

DROMIO.--No s de qu se trata; pero le han prendido.

ADRIANA.--Qu! Est preso? Y por demanda de quin?

DROMIO.--No s bien por demanda de quin est preso; todo lo que puedo
decir, es que el que lo ha prendido est vestido con uniforme de piel de
bfalo. Queris, seora, mandarle para rescatarse, el dinero que est
en el pupitre?

ADRIANA.--V  buscarlo, hermana ma. (_Luciana sale._) Me extraa que
tenga deudas que yo ignore. Dime le han prendido por un pagar?

DROMIO.--No por un pagar, sino  propsito de algo mas fuerte; una
cadena, una cadena: no os sonar?

ADRIANA.--Qu! La cadena?

DROMIO.--No, no; la campana. Ya deba haberme marchado; eran las dos
cuando me separ de l; y he aqu que el reloj da la una.

ADRIANA.--Las horas retroceden pues? Jams he odo tal cosa.

DROMIO.--Oh! s, verdaderamente; cuando una de las dos horas encuentra
 un sargento, retrocede de miedo.

ADRIANA.--Como si el tiempo tuviera deudas! Razonas como un loco
rematado.

DROMIO.--El tiempo es un verdadero quebrado, y debe  la estacin ms de
lo que l vale. Y es un ladrn tambin; no habis odo decir que el
tiempo adelanta  paso de lobo, como un ladrn? Si el tiempo est
adeudado y es ladrn, y encuentra en el camino  un sargento, no tiene
razn de retroceder una hora en un da?

ADRIANA.--Corre, Dromio, he aqu el dinero (_Luciana vuelve con la
bolsa_); llvalo pronto y trae  tu amo  casa inmediatamente. Venid,
hermana ma, estoy abatida por mis conjeturas que ya me animan, ya me
desalientan.

(_Salen._)


ESCENA III.

Una calle de feso.

ANTFOLO de Siracusa solo.

No encuentro un solo hombre que no me salude, como si fuese un amigo
familiar, y todos me llaman por mi nombre. Unos me ofrecen dinero,
otros me invitan  comer; estos me dan las gracias por servicios que les
he hecho; aquellos me ofrecen mercaderas en venta. Hace un momento un
sastre me ha llamado  su tienda y me ha mostrado sederas que haba
comprado para m; y  rengln seguido ha tomado la medida de mi cuerpo.
Seguramente que todo esto no es sino encanto, ilusiones, y los
hechiceros de Laponia habitan aqu.

(_Entra una cortesana._)

DROMIO.--Amo, he aqu el oro que me envisteis  buscar..... Qu!
Habis hecho vestir de nuevo el retrato del viejo Adam?

ANTFOLO.--Qu oro es ese? De qu Adam quieres hablar?

DROMIO.--No del Adam que habitaba el paraso, sino del Adam que mora en
la crcel; de aquel que anda uniformado con piel del ternero muerto para
el hijo prdigo; aquel que vino tras de vos, seor, como un ngel malo,
y que os ha ordenado renunciar  vuestra libertad.

ANTFOLO.--No te entiendo.

DROMIO.--No? Y, no obstante, es una cosa bien sencilla: este hombre que
andaba como un violn en un estuche de cuero; el hombre, seor, que,
cuando los caballeros estn cansados, les da un chasco y los arresta;
aquel que tiene piedad de los hombres arruinados, y les da un vestido de
crcel; aquel que tiene la pretensin de hacer ms hazaas con su maza
que una lanza morisca.

ANTFOLO.--Qu! Quieres decir un sargento?

DROMIO.--S, seor, el sargento de las obligaciones: aquel que obliga 
cada individuo que falta  sus compromisos,  responder de ellos; hombre
que cree que uno est siempre  punto de acostarse y dice: Dios os d
buen descanso!

ANTFOLO.--Vamos, amigo, dejmonos de locuras. Hay algn barco que
salga esta noche? Podemos partir?

DROMIO.--S, seor; he venido  daros la respuesta hace una hora; la
barca _Expedicin_ partir esta noche; pero estabais impedido por el
sargento y obligado  retardaros ms all del tiempo fijado. He aqu los
dineros que me habis mandado  buscar para libertaros.

ANTFOLO.--Este mozo est loco y yo tambin; no hacemos sino errar de
ilusiones en ilusiones. Que alguna santa proteccin nos saque de aqu!

LA CORTESANA.--Ah! Cunto me alegro de encontraros, seor Antfolo!
Veo que habis, en fin, hallado al platero: es esa la cadena que me
prometsteis hoy?

ANTFOLO.--Atrs, Satans! Te prohibo tentarme.

DROMIO.--Seor, es esta la seora de Satans?

ANTFOLO.--Es el demonio.

DROMIO.--Es an peor, es la seora del demonio; y viene aqu bajo la
forma de una moza ligera de cascos; y por esto las muchachas dicen:
Dios me condene! lo cual significa: Dios me haga una moza de la vida
airada! Est escrito que se aparecen  los hombres como ngeles de luz.
La luz es un efecto del fuego y el fuego quema. _Ergo_, las mozas de
placer quemarn; no os aproximis  ella.

LA CORTESANA.--Vuestro criado y vos, seor, estis de un humor
maravilloso. Queris venir conmigo? Recobraremos aqu la comida que no
hemos podido tomar en casa.

DROMIO.--Amo, si debis probar la sopa, pedid de antemano una cuchara
larga.

ANTFOLO.--Pues para qu, Dromio?

DROMIO.--Verdaderamente, es menester una cuchara larga al hombre que
debe comer con el diablo.

ANTFOLO.--(_A la cortesana._) Atrs, pues, demonio!  qu vienes 
hablarme de cena? Eres como todas las dems, una bruja. Conjrote  que
me dejes y te vayas.

LA CORTESANA.--Dadme el anillo que me habis tomado en la comida;  en
cambio de mi diamante, la cadena que me habis prometido; y entonces me
ir, seor, y no os importunar ms.

DROMIO.--Hay diablos que no piden sino el recorte de una ua, un junco,
un cabello, una gota de sangre, un alfiler, una nuez, una semilla de
cereza; pero esta, ms codiciosa, quisiera tener una cadena. Amo, tened
cuidado: si le dis la cadena, la diabla la sacudir y nos espantar con
ella.

LA CORTESANA.--Os ruego, seor, que me dis mi sortija  mi cadena.
Espero que no tenis intencin de defraudarme de este modo.

ANTFOLO.--Fuera de aqu, gitana! Vamos, Dromio, partamos.

DROMIO.--_Huye del orgullo_, dice el pavo; sabis eso, seora?

(_Salen Antfolo y Dromio._)

LA CORTESANA.--Ahora est fuera de duda que Antfolo est loco; de otro
modo jams se habra conducido tan mal. Me tiene una sortija que vale
cuarenta ducados y me haba prometido en cambio una cadena de oro: y
ahora me niega la una y la otra, lo que me obliga  concluir que se ha
vuelto loco. Adems de esta actual prueba de su demencia, me acuerdo de
los cuentos extravagantes que me ha endilgado hoy en la comida, como el
de no haber podido entrar en su casa, porque le haban cerrado la
puerta. Probablemente su esposa, que conoce sus accesos de locura, le ha
cerrado, en efecto, la puerta intencionalmente. Lo que tengo que hacer
ahora, es llegar pronto  su casa, y decir  su esposa, que en un acceso
de locura ha entrado bruscamente en mi casa, y me ha quitado de viva
fuerza una sortija que se ha llevado. He aqu el partido que me parece
mejor escoger, pues cuarenta ducados son demasiado para perderlos.


ESCENA IV.

La escena pasa en la calle.

ANTFOLO DE FESO y UN SARGENTO.

ANTFOLO.--No tengis ninguna inquietud; no me escapar; te dar como
caucin, antes de dejarte, la cantidad por la cual estoy preso. Mi
esposa est hoy de mal humor, y no querr fiarse ligeramente al
mensajero, ni creer que haya podido yo ser prendido en feso; dgote que
esta nueva sonar en sus odos de una manera extraa. (_Entra Dromio de
feso, con un pedazo de soga en la mano._)

ANTFOLO DE FESO.--He aqu  mi criado, creo que traer el dinero. Y
bien! Dromio, traes lo que te he mandado  buscar?

DROMIO DE FESO.--He aqu, os lo garantizo, con qu pagar  todos.

ANTFOLO.--Pero el dinero dnde est?

DROMIO.--Por supuesto, he dado el dinero por el cordel.

ANTFOLO.--Quinientos ducados, tunante, por un pedazo de soga?

DROMIO.--Yo os dara quinientas, seor, por ese precio.

ANTFOLO.--Pues para qu te mand correr  toda prisa al alojamiento?

DROMIO.--Para traeros un pedazo de soga, seor; y con este he vuelto.

ANTFOLO.--Y con este fin, voy  recibirte como mereces.

(_Le golpea._)

EL OFICIAL.--Paciencia, seor.

DROMIO.--Verdaderamente yo soy quien debe ser paciente: me acosa la
adversidad.

EL OFICIAL.--(_A Dromio._) Es bastante: cllate ahora.

DROMIO.--Persuadidle ms bien para que haga callar sus manos.

ANTFOLO.--Bastardo! Bribn insensible!

DROMIO.--Quisiera ser insensible, seor, para no sentir vuestros golpes.

ANTFOLO.--No eres sensible sino  los golpes, como los asnos.

DROMIO.--En efecto, soy un asno; podis probarlo por mis grandes orejas.
Le he servido desde la hora de mi nacimiento hasta este instante, y
jams he recibido de l por mis servicios, sino golpes. Cuando tengo
fro, me calienta con golpes; cuando tengo calor me refresca con golpes;
con golpes me despierta cuando estoy dormido; con ellos me hace levantar
si estoy sentado; con golpes me despide cuando salgo de la casa, y con
golpes me acoge cuando estoy de vuelta. En fin, llevo sus golpes en las
espaldas como un mendigo tiene que llevar su pequeuelo; y creo que
cuando me haya invalidado, me ser preciso ir  mendigar con ello de
puerta en puerta. (_Entran Adriana, Luciana, la cortesana, Pinch y
otros._)

ANTFOLO.--Vamos, seguidme, he all  mi esposa que llega.

DROMIO.--Ama, _respice finem_, respetad vuestro fin;  ms bien la
profeca, como el loro, cuidado con la soga!

_Antfolo_.--(_Golpeando  Dromio._) Y hablars todava?

LA CORTESANA.--(_A Adriana._) Y bien! qu pensais ahora? Est loco
vuestro marido?

ADRIANA.--Su incivilidad no prueba menos. Buen doctor Pinch, vos que
sabis exorcisar, restablecedle en su buen sentido, y os dar cuanto
pidireis.

LUCIANA.--Ay! Qu chispeantes y furiosas son sus miradas!

LA CORTESANA.--Ved cmo tiembla en su enagenacin!

PINCH.--Dadme vuestra mano; dejadme sentir vuestro pulso.

ANTFOLO.--Tomad, he aqu mi mano, y que la sienta vuestra oreja.

PINCH.--Te adjuro, Satans, ya que habitas dentro de este hombre, ceder
la posesin  mis santas oraciones y hundirte al instante en tus
dominios tenebrosos; te adjuro por todos los santos del cielo.

ANTFOLO.--Silencio, brujo chocho; silencio; no estoy loco.

ADRIANA.--Oh! Pluguiese  Dios que no lo estuvieses, alma
desventurada!

ANTFOLO.--(_A su esposa._) Y vos, favorita, son estos vuestros
compinches? Es este compaero, cara de azafrn, quien estaba de gala y
fiesta hoy en mi casa, mientras que las puertas estaban criminalmente
cerradas, y que se me rehusaba la entrada?

ADRIANA.--Oh! esposo mo, Dios sabe que habis comido en casa; y ojal
hubiseis permanecido hasta ahora al abrigo de esta difamacin y de este
pblico oprobio!

ANTFOLO.--He comido en casa? T, tunante, qu dices t?

DROMIO.--Para decir la verdad, seor, no habis comido en el
alojamiento.

ANTFOLO.--Mis puertas no estaban cerradas y yo fuera?

DROMIO.--Por Dios! Vuestra puerta estaba cerrada y vos fuera.

ANTFOLO.--Y ella misma no me ha colmado de injurias?

[Illustration:--_Te adjuro, Satans, ya que habitas dentro de este
hombre..._]

DROMIO.--Sin mentir, os ha dicho injurias ella misma.

ANTFOLO.--Su cocinera no me ha insultado, zaherido, despreciado?

DROMIO.--Cierto, lo ha hecho: la vestal de la cocina os ha rechazado
injuriosamente.

ANTFOLO.--Y no me he ido todo enagenado de ira?

DROMIO.--En verdad, nada ms cierto: mis huesos son testigos de ello,
que han sentido desde entonces toda la fuerza de esta rabia.

ADRIANA.--(_A Dromio._) Es bueno darle razn en sus contradicciones?

PINCH.--No hay mal en eso: este mozo conoce su humor y cediendo le
lisonjea en su frenes.

ANTFOLO.--Has conquistado al platero para hacerme prender.

ADRIANA.--Ay! al contrario: os he mandado dinero para rescataros, por
mano de Dromio que, vedle aqu, haba corrido  buscarle.

DROMIO.--Dinero? Por mi mano? Buen corazn y buena voluntad, podra
ser; pero ciertamente, mi amo, ni una partcula de dinero.

ANTFOLO.--No has ido  encontrarla para pedirle una bolsa de ducados?

ADRIANA.--Ha venido y se la he entregado.

LUCIANA.--Y yo soy testigo de que se la entreg.

DROMIO.--Dios y el cordelero me son testigos de que no se me ha mandado
 buscar otra cosa que un pedazo de soga.

PINCH.--Seora, el amo y el criado estn posedos ambos. Lo veo en sus
semblantes plidos y cadavricos. Es necesario atarlos y ponerlos en
algn cuarto oscuro.

ANTFOLO.--Responded; por qu me habis cerrado la puerta hoy? Y t,
(_ Dromio_) por qu niegas la bolsa de oro que te han dado?

ADRIANA.--Mi buen esposo, no os he cerrado la puerta.

DROMIO.--Y yo, querido amo, no he recibido oro; pero confieso, seor,
que s os han cerrado la puerta.

ADRIANA.--Hipcrita villano, dices una doble mentira!

ANTFOLO.--Prostituta hipcrita, mientes en todo; y has hecho liga con
una banda de forajidos para llenarme de afrentas y desprecio; pero, con
estas uas arrancar tus prfidos ojos, que se complacen en verme en tal
ignominia. (_Pinch y su gente amarran  Antfolo y Dromio de feso._)

ADRIANA.--Oh! Amarradle, amarradle; que no se acerque  m!

PINCH.--Ms gente! El demonio que lo posee es fuerte.

LUCIANA.--Ay! Qu plido y desfigurado est el pobre hombre!

ANTFOLO.--Qu! Queris asesinarme? T, carcelero, yo soy tu
prisionero; sufrirs que me arranquen de tus manos?

EL OFICIAL.--Seores, dejadle; es mi preso y vosotros no lo tendris.

PINCH.--Vamos, que se amarre  este hombre, pues es frentico tambin.

ADRIANA.--Qu quieres decir, rencoroso sargento? Tienes gusto de ver 
un infortunado hacerse mal y dao  s mismo?

EL OFICIAL.--Es mi preso; si le dejo ir, me exigirn la suma que debe.

ADRIANA.--Te eximir de ello antes de dejarte; condceme al instante
donde su acreedor. Cuando sepa la naturaleza de esta deuda, la pagar.
Mi buen doctor, ved que sea conducido en seguridad hasta mi casa. Oh
desventurado da!

ANTFOLO.--Oh, miserable prostituda!

DROMIO.--Amo, heme aqu apresado por causa de vos.

ANTFOLO.--Enhoramala para ti, bandido! Por qu me haces encolerizar?

DROMIO.--Queris, pues, que os amarren por nada? Sed loco, amo; gritad,
el diablo...

LUCIANA.--Dios les asista, pobres almas! Cmo desvaran!

ADRIANA.--Vamos, sacadle de aqu. Venid conmigo, hermana. (_Salen Pinch,
Antfolo, Dromio, etc.--Al oficial._) Decidme, ahora,  requisicin de
quin est preso?

EL OFICIAL.--Sobre la demanda de un tal Angelo, un platero. Le
conocis?

ADRIANA.--Le conozco. Qu cantidad le debe?

EL OFICIAL.--Doscientos ducados.

ADRIANA.--Y por qu se los debe?

EL OFICIAL.--Es el valor de una cadena que vuestro esposo ha recibido de
l.

ADRIANA.--Haba encargado una cadena para m, pero no se le ha
entregado.

LA CORTESANA.--Cuando vuestro esposo, todo enfurecido, vino hoy  mi
casa, se llev mi sortija, que he visto en su dedo, hace poco, y
momentos despus le he encontrado con mi cadena.

ADRIANA.--Eso puede muy bien ser; pero no la he visto nunca. Venid,
alcaide, conducidme  casa del platero. Estoy impaciente por saber la
verdad de esto con todos sus detalles. (_Entran Antfolo de Siracusa con
la espada desnuda y Dromio de Siracusa._)

LUCIANA.--Oh Dios, tened piedad de nosotros! Heles aqu de nuevo en
libertad!

ADRIANA.--Y vienen con la espada desnuda! Pidamos socorro, para
hacerlos amarrar de nuevo!

EL OFICIAL.--Escapmonos; nos mataran.

(_Huyen._)

ANTFOLO.--Veo que estas brujas tienen miedo de las espadas.

DROMIO.--La que quera ser vuestra esposa ahora poco, os huye ahora.

ANTFOLO.--Vamos al Centauro. Saquemos nuestros equipajes; no veo la
hora de estar sano y salvo  bordo.

[Illustration]

DROMIO.--No, quedaos aqu esta noche; seguramente no se nos har mal
alguno. Vis que se nos habla amistosamente, que se nos ha dado oro; me
parece que son unas buenas gentes; y sin esta montaa de carne loca, que
me reclama para el matrimonio, me sentira con bastante ganas de
quedarme aqu siempre, y de hacerme brujo.

ANTFOLO.--No me quedara esta noche ni por el valor de la ciudad
entera: vmonos  hacer llevar nuestro equipaje  bordo. (_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO V.


ESCENA I.

La misma.

Entran EL MERCADER y ANGELO.

ANGELO.

Siento mucho, seor, haber retardado vuestra partida. Pero os protesto
que la cadena le ha sido entregada por m, aunque tenga la deshonra
inconcebible de negarlo.

EL MERCADER.--Cmo est considerado este hombre en la ciudad?

ANGELO.--Goza de una reputacin respetable, de un crdito sin lmites;
es muy querido; ningn ciudadano de esta ciudad es superior  l: su
palabra, cuando l lo quisiera, respondera de toda mi fortuna.

EL MERCADER.--Hablad bajo: creo que es l quien se pasea all. (_Entra
Antfolo de Siracusa._)

ANGELO.--S, es l: y lleva en su cuello esta misma cadena que por
perjurio monstruoso ha jurado no haber recibido. Acercaos, seor, voy 
hablarle.--( _Antfolo_.) Seor Antfolo, me asombra sobremanera que
me hayis causado esta vergenza y este embarazo, no sin dao de vuestra
propia reputacin. Negarme tan decididamente y con juramentos haber
recibido esta cadena que llevis ahora  la vista de todos! Adems de la
acusacin, la vergenza y el arresto, habis perjudicado tambin  este
honrado amigo, que  no haber tenido que aguardar el fallo de nuestro
debate, se habra dado  la vela, y estara actualmente en el mar.
Habis recibido esta cadena de m! Habis recibido esta cadena de m!
Podis negarlo?

ANTFOLO.--Creo que la he recibido de vos; no lo he negado jams, seor.

ANGELO.--Oh! lo habis negado, seor, y aun habis perjurado.

ANTFOLO.--Quin me ha odo negar y jurar lo contrario?

EL MERCADER.--Yo,  quien conocis, lo he odo con mis propias orejas.
Bah! Miserable! Es una vergenza que te sea permitido pasearte all
donde concurre la gente honrada.

ANTFOLO.--Eres un villano en insultarme as. Probar mi honor y
probidad contra vos dentro de un momento, si te atreves  hacerme
frente.

EL MERCADER.--Me atrevo, y te desafo como al vil que eres. (_Sacan las
espadas para batirse. Entran Adriana, Luciana, la cortesana y otros._)

ADRIANA.--(_Corriendo._) Parad, no le hiris; por el amor de Dios! Est
loco. Que alguien se apodere de l; quitadle la espada. Atad  Dromio
tambin, y conducidles  mi casa.

DROMIO.--Huyamos, amo mo, huyamos; en nombre de Dios, entrad en alguna
casa. He aqu una especie de convento: entremos,  estamos perdidos.
(_Antfolo de Siracusa y Dromio entran en el convento: se presenta la
abadesa._)

LA ABADESA.--Silencio, buenas gentes: por qu os agrupis aqu?

ADRIANA.--Vengo  llevar de aqu  mi pobre esposo que est loco.
Entremos  fin de que podamos atarle con firmeza y conducirle  casa
para que se cure.

ANGELO.--Bien vea yo que no estaba en su entero juicio.

EL MERCADER.--Me pesa ahora haber sacado la espada contra l.

LA ABADESA.--Desde cundo est as posedo?

ADRIANA.--Toda esta semana ha estado melanclico, sombro y triste; bien
diferente de lo que era siempre; pero hasta este medio da, su
enfermedad no haba jams estallado en tal extremo de rabia.

LA ABADESA.--No ha sufrido grandes prdidas en un naufragio? 
enterrado algn amigo querido? Sus ojos no han extraviado  su corazn
en un amor ilegtimo? Es un pecado muy comn en los jvenes, quienes dan
 sus ojos la libertad de verlo todo.  cul de estos accidentes ha
solido estar sujeto?

ADRIANA.-- ninguno, si no es el ltimo. Quiero decir, algn amoro que
le alejaba frecuentemente de su casa.

LA ABADESA.--Deberais haberle amonestado por ello.

ADRIANA.--Por cierto, lo he hecho.

LA ABADESA.--Quizs con escasa energa.

ADRIANA.--Con tanta como me lo permita el pudor.

LA ABADESA.--Quizs en particular.

ADRIANA.--Y en pblico tambin.

LA ABADESA.--S, pero no lo suficiente.

ADRIANA.--Era el tema de todas nuestras conversaciones; en la cama, no
poda l dormir, por lo mucho que de ello le hablaba. En la mesa, no
poda comer por lo mucho que de ello le hablaba.  solas, era el objeto
de mis reconvenciones. En sociedad, aluda yo frecuentemente  ello, y
aun le deca cun malo y vergonzoso era.

LA ABADESA.--Y de ah ha sucedido que este hombre se ha vuelto loco. Los
clamores emponzoados de una mujer celosa son un veneno ms mortfero
que el diente de un perro rabioso.--Parece que su sueo era interrumpido
por tus querellas; he ah lo que ha debilitado su cabeza. Dices que las
comidas eran sazonadas con tus reproches; las comidas perturbadas hacen
las malas digestiones, de donde nacen el fuego y el delirio de la
fiebre. Y qu cosa es la fiebre, sino un acceso de locura!--Dices que
tu vehemencia ha interrumpido sus pasatiempos. Privando al hombre de una
dulce recreacin, qu ha de venir? Una acerba y triste melancola,
anloga  la feroz  inconsolable desesperacin; y en seguida una grande
 infecta multitud de enfermedades, enemigas de la existencia.--Ser
perturbado en sus alimentos, en su recreo, en el sueo conservador de la
vida, bastara para hacer que se volvieran locos hombres y bestias. La
consecuencia es, pues, que vuestros accesos de celos son los que han
privado  vuestro esposo del uso de su razn.

[Illustration]

LUCIANA.--No le ha hecho sino dulces amonestaciones, cuando l se
entregaba al mpetu,  la brutalidad de arrebatos groseros. (_ su
hermana._) Por qu soportis estos reproches sin responder?

ADRIANA.--Me ha entregado  los reproches de mi propia conciencia.
Buenas gentes, entrad y apoderaos de l.

LA ABADESA.--No; nadie entra jams en mi casa.

ADRIANA.--Entonces, que vuestros criados traigan  mi esposo.

LA ABADESA.--Eso no ser tampoco; l ha tomado este lugar como un asilo
sagrado; y ste lo garantizar de vuestras manos, hasta que yo lo haya
devuelto al uso de sus facultades,  haya perdido mi trabajo en
intentarlo.

ADRIANA.--Quiero cuidar  mi esposo, ser su custodia, su enfermera, pues
es mi obligacin; y no quiero otro agente que yo misma. As dejadme
conducirle  mi casa.

LA ABADESA.--Tened paciencia; no lo dejar salir de aqu hasta que no
haya empleado los medios probados que poseo; jarabes, drogas saludables
y santas oraciones, para restablecerle en el estado natural del hombre;
es una parte de mi voto, un deber caritativo de mi orden; as retiraos y
dejadle confiado  mis cuidados.

ADRIANA.--No me mover de aqu, y no dejar aqu  mi esposo. Sienta mal
 vuestra santidad el separar al marido y la mujer.

LA ABADESA.--Calmaos y retiraos. Vos no lo tendris.

(_Sale la abadesa._)

LUCIANA.--Quejaos al duque de esta indignidad.

ADRIANA.--Vamos, venid: caer prosternada  sus pis y no me levantar
hasta que mis lgrimas y mis ruegos hayan comprometido  Su Alteza 
venir en persona al monasterio, para quitar por fuerza mi esposo  la
abadesa.

EL MERCADER.--El horario de este cuadrante creo que marca las cinco.
Estoy seguro de que en este momento, el duque se dirige en persona hacia
la triste llanura, lugar de muerte y de tristes ejecuciones, que est
detrs de los fosos de esta abada.

ANGELO.--Y por qu causa va all?

EL MERCADER.--Para ver cortar pblicamente la cabeza de un respetable
mercader de Siracusa que ha tenido la desgracia de infringir las leyes y
los estatutos de esta ciudad, abordando  esta baha.

ANGELO.--En efecto, helos aqu que vienen: vamos  asistir  la
ejecucin.

LUCIANA.--(_A su hermana._) Arrojaos  los pis del duque, antes que
haya pasado la abada. (_Entran el duque con su cortejo, gen, con la
cabeza descubierta, el verdugo, guardias y otros oficiales._)

EL DUQUE.--(_A un pregonero pblico._) Proclamad pblicamente una vez
ms, que si hay algn amigo que quiera pagar la suma por l, no morir,
pues nos interesamos en su suerte!

ADRIANA.--(_Arrojndose  las rodillas del duque._) Justicia contra la
abadesa!

EL DUQUE.--Es una seora virtuosa y respetable: no es posible que os
haya hecho mal.

ADRIANA.--Que Vuestra Alteza se digne oirme: Antfolo, mi esposo, 
quien hice dueo de mi persona y de cuanto posea, conforme  vuestras
cartas presentes, ha sido atacado, en este da fatal, por un espantoso
acceso de locura. Se ha lanzado furioso  la calle (y con l su esclavo
que est loco tambin) ultrajando  los ciudadanos, entrando por fuerza
en sus casas, llevndose sortijas, joyas, todo lo que agradaba  su
capricho. He logrado hacerlo atar una vez y conducirlo  mi casa,
mientras iba yo  reparar los perjuicios que su furia haba causado aqu
y all en la ciudad. Sin embargo, no s por qu medio ha podido
escaparse; se ha desembarazado de los que le custodiaban, seguido de su
esclavo, alienado como l; ambos, impulsados por una rabia desenfrenada,
con las espadas desnudas, nos han encontrado y han venido  caer sobre
nosotros y nos han puesto en fuga hasta que provistas de nuevos
refuerzos hemos vuelto para detenerlos; entonces se han escapado  esta
abada, donde les hemos perseguido. Y he aqu que la abadesa nos cierra
las puertas y no nos permite buscarle, ni hacerle salir, con el fin de
que podamos llevarle. As, muy noble duque, con vuestra autoridad,
ordenad que lo traigan y lo lleven  su casa, para que all sea
auxiliado.

EL DUQUE.--Vuestro esposo ha servido ya en mis guerras y os he prometido
mi palabra de prncipe, cuando lo admitisteis  compartir vuestro lecho,
hacerle todo el bien que podra depender de m. Id, alguno de vosotros,
tocad  las puertas de la abada y decid  la seora abadesa que venga 
hablarme: quiero arreglar esto antes de pasar  otra cosa. (_Entra un
criado._)

EL CRIADO.--Oh! ama ma, ama ma, hud, poneos en salvo! Mi amo y su
esclavo se han escapado; han golpeado  las sirvientas una tras otra y
amarrado al doctor y quemdole las barbas con tizones encendidos; y 
medida que ardan, le han arrojado baldes de fango infecto para apagar
el fuego de sus cabellos. Mi amo le exhorta  la paciencia, mientras que
su esclavo le trasquila con tijeras como  un loco; y seguramente, si no
enviis socorro al instante, matarn al mgico entre los dos.

ADRIANA.--Calla; imbcil: tu amo y su criado estn aqu; y todo lo que
dices, no es ms que un cuento.

EL CRIADO.--Ama, por mi vida, os digo la verdad. Desde que v esta
escena he corrido casi sin respirar. Grita contra vos, y jura que si
puede cogeros, os tostar la cara y os desfigurar. (_Se oyen gritos en
el interior._) Escuchad, escuchad; ya le oigo; hud, ama ma, escapaos!

EL DUQUE.--(_A Adriana._) Venid, poneos junto  m. No tengis ningn
temor. Guardadla con vuestras alabardas.

ADRIANA.--(_Viendo entrar  Antfolo de feso._) Oh dioses! Es mi
esposo! Sed testigos, que reaparece aqu como un espritu invisible. No
hace sino un momento que le hemos visto refugiarse en esta abada, y
hele aqu ahora que llega por otro lado. Esto sobrepuja la inteligencia
humana!

(_Entran Antfolo y Dromio de feso._)

ANTFOLO.--Justicia, generoso duque! Oh! Aseguradme justicia! En
nombre de los servicios que os he hecho en tiempos pasados, cuando os he
cubierto con mi cuerpo en el combate y he recibido profundas heridas por
salvar vuestra vida; en nombre de la sangre que perd entonces por vos,
acordadme justicia.

GEN.--Si el temor de la muerte no me ha trastornado la razn, es  mi
hijo Antfolo  quien veo, y  Dromio.

ANTFOLO.--Justicia, buen prncipe, contra esta mujer que vis all!
Ella,  quien me habis dado vos mismo por esposa, me ha ultrajado y
deshonrado, con la ms grande y la ms cruel afrenta. La injuria que sin
pudor me ha hecho hoy, sobrepuja la imaginacin.

EL DUQUE.--Explicaos y me encontraris justo.

ANTFOLO.--Hoy mismo, poderoso duque, ha cerrado para m las puertas de
mi casa, mientras que ella se regalaba all con bribones infames.

EL DUQUE.--Grave falta; responde, mujer: has obrado as?

ADRIANA.--No, mi digno seor. Yo, l y mi hermana, hemos comido hoy
juntos. Que caiga sobre mi alma la acusacin, s no es enteramente
falsa!

LUCIANA.--Que jams vuelva yo  ver la luz del da, ni  reposar en la
noche, si ella no dice la pura verdad  Vuestra Alteza!

ANGELO.--Oh mujer perjura! Una y otra juran en falso. Sobre este punto,
el loco las acusa con justicia.

ANTFOLO.--Mi soberano, s lo que digo. No estoy perturbado por los
vapores del vino, ni extraviado por el desorden de la clera, aunque las
injurias que he recibido bastaran para hacer perder la razn  un
hombre ms prudente que yo. Esta mujer me ha impedido entrar hoy  mi
casa para comer: este platero que vis, si no estuviese de acuerdo con
ella, podra atestiguarlo, pues estaba conmigo entonces; me ha dejado
para ir  buscar una cadena, prometiendo trarmela al Puerco-Espn,
donde Baltasar y yo comimos juntos; terminada nuestra comida y no
volviendo l, he ido  buscarle y le he encontrado en la calle en
compaa de este caballero. All este platero perjuro me ha jurado
descaradamente haberme entregado una cadena que lo sabe Dios! no he
visto jams, y por esta causa me ha hecho prender por un sargento! He
obedecido y he enviado mi criado  mi casa  buscar algunos ducados.
Volvi, pero sin dinero. Entonces rogu cortesmente al oficial que me
acompaase l mismo hasta mi casa. En el camino hemos encontrado  mi
esposa, su hermana y toda una caterva de viles cmplices; traan con
ellos  un tal Pinch, un perdido, de cara flaca y aire de hambriento, un
esqueleto descarnado, un charlatn, decidor de buena aventura,
escamoteador remendado, un miserable necesitado, de ojos hundidos y
mirada maliciosa, una momia ambulante. Este pillo peligroso ha osado
hacerse pasar por mgico, mirndome los ojos, tomndome el pulso,
desprecindome en mi presencia. l, que apenas es un ente, ha exclamado
que yo estaba loco. En seguida todos han cado sobre m, me han
amarrado, arrastrado y sumergido  m y  mi criado, atados ambos, en
una hmeda y tenebrosa cueva de mi casa. Al fin royendo mis lazos con
los dientes, los he roto; he recobrado mi libertad y he corrido en
seguida en busca de Vuestra Alteza; conjrola que me haga dar una
satisfaccin amplia por estas indignidades y las afrentas inauditas que
me han hecho sufrir.

ANGELO.--Mi prncipe, en toda verdad, mi testimonio se acuerda con el
suyo en que no ha comido en su casa sino que le han cerrado la puerta.

EL DUQUE.--Pero le habis entregado  no la cadena en cuestin?

ANGELO.--La ha recibido de m, Alteza; y cuando corra en esta calle,
esta gente ha visto la cadena en su cuello.

EL MERCADER.--Adems, yo jurar que con mis propios odos os he odo
confesar que habais recibido de l la cadena, despus de haberlo negado
con juramento en la plaza del Mercado. En esta ocasin es cuando saqu
la espada contra vos: entonces os escapasteis en esta abada, de donde
creo habis salido por milagro.

ANTFOLO.--Jams he entrado en el recinto de esta abada; jams habis
sacado la espada contra m; jams he visto la cadena: tomo por testigo
al cielo! Y todo lo que me imputis es mentira.

EL DUQUE.--Qu acusacin tan enredada! Creo que habis bebido todos en
la copa de Circeo. Si hubiera entrado en esta casa, all estara an; si
estuviese loco, no defendera su causa con tanta sangre fra. Decs que
ha comido en su casa; el platero lo niega. Y t, tunante, qu dices t?

DROMIO.--Prncipe, ha comido con esta mujer en el Puerco-Espn.

LA CORTESANA.--S, mi prncipe, ha cogido de mi dedo esa sortija que le
vis.

ANTFOLO.--Es verdad, mi soberano, es de ella de quien tengo esta
sortija.

EL DUQUE.--(_A la cortesana._) Le habis visto entrar en esta abada?

LA CORTESANA.--Tan seguro, mi prncipe, como lo es, que veo  Vuestra
Gracia.

EL DUQUE.--Es extrao! Id  decir  la abadesa que se presente aqu:
creo, verdaderamente, que estis todos de acuerdo  completamente locos.

(_Uno de la gente del duque va  buscar  la abadesa._)

GEN.--Poderoso duque, acordadme la libertad de decir una palabra.
Quizs veo aqu un amigo que salvar mi vida y pagar la suma que puede
libertarme.

EL DUQUE.--Decid libremente, siracusano, lo que queris.

GEN.--(_ Antfolo._) Vuestro nombre, seor, no es Antfolo? Y no es
ese vuestro esclavo Dromio?

DROMIO DE FESO.--No hace an una hora, seor, que era su esclavo: pero
l, se lo agradezco, ha cortado mis cuerdas con sus dientes; y ahora soy
Dromio y su servidor, pero ya no esclavo.

GEN.--Estoy seguro que los dos os acordis de m.

DROMIO DE FESO.--Nos acordamos de nosotros mismos, seor, en vindoos;
pues hace algunos instantes que estbamos ligados, como lo estis vos
ahora. No sois un enfermo de Pinch, no es verdad, seor?

GEN.--(_ Antfolo._) Por qu me miris como  un extrao? Me
conocis bien.

ANTFOLO DE FESO.--Jams en mi vida os he visto, hasta este momento.

GEN.--Oh! la tristeza me ha cambiado desde la ltima vez que me
habis visto; mis horas de inquietud, y la mano destructora del tiempo
han grabado extraas alteraciones sobre mi rostro. Pero decidme an no
reconocis mi voz?

ANTFOLO DE FESO.--Tampoco.

GEN.--Y t, Dromio?

DROMIO DE FESO.--Ni yo, seor; os lo aseguro.

GEN.--Y yo estoy seguro que la reconoces.

DROMIO DE FESO.--S, seor? Y yo estoy seguro que no, y lo que un
hombre os niega, estis obligado ahora  creerlo.

GEN.--No reconocer mi voz! Oh estrago del tiempo! Has deformado y
entorpecido  tal punto mi lengua, en el corto espacio de siete aos,
que mi hijo nico no pueda ya reconocer mi dbil voz que hacen vibrar
desapacible los cuidados! Aunque mi rostro surcado de arrugas, est
oculto bajo la nieve del invierno que hiela la savia; aunque todos los
canales de mi sangre estn helados; sin embargo, un resto de memoria
reluce en la noche de mi vida; las antorchas medio consumidas de mi
vista, despiden an alguna plida claridad; mis orejas ensordecidas me
sirven an para oir un poco; y todos estos viejos testigos (no, no puedo
equivocarme) me dicen que eres mi hijo Antfolo.

ANTFOLO DE FESO.--Nunca en mi vida he visto  mi padre.

GEN.--No hace an siete aos, joven, lo sabes, que nos hemos separado
en Siracusa: pero puede ser, hijo mo, que tengas vergenza de
reconocerme en el infortunio.

ANTFOLO DE FESO.--El duque, y todos los de la ciudad que me conocen,
pueden atestiguar conmigo que eso no es verdad. No he visto jams
Siracusa, en toda mi vida.

EL DUQUE.--Te aseguro, siracusano, que desde ha veinte aos que soy el
protector de Antfolo, jams ha visto Siracusa: veo que tu edad y tu
peligro perturban tu razn. (_Entra la abadesa, seguida de Antfolo y
de Dromio de Siracusa._)

LA ABADESA.--Muy poderoso duque, he aqu un hombre cruelmente ultrajado.
(_Todo el mundo se aproxima y se apresura para ver._)

ADRIANA.--Veo dos maridos,  mis ojos me engaan.

[Illustration]

EL DUQUE.--Uno de estos dos hombres es sin duda el genio del otro; y lo
mismo sucede con estos dos esclavos. Cul de los dos es el hombre
natural y cul el espritu? Quin puede distinguir al uno del otro?

DROMIO DE SIRACUSA.--Soy yo, seor, quien soy Dromio; ordenad  ese
hombre que se retire.

DROMIO DE FESO.--Soy yo, seor, quien soy Dromio: permitid que me
quede.

ANTFOLO DE SIRACUSA.--No eres gen,  eres su fantasma?

DROMIO DE SIRACUSA.--Oh mi viejo amo! Quin lo ha cargado aqu con
estos lazos?

LA ABADESA.--Cualquiera que sea el que le ha encadenado, le libertar de
su cadena y ganar un esposo. Hablad, viejo gen, si sois el hombre que
tuvo una esposa, hace tiempo, llamada Emilia, que os di  la vez dos
hermosos nios; oh! si sois el mismo gen, hablad, y hablad  la
propia Emilia!

GEN.--Si no sueo, eres Emilia; si eres Emilia dime dnde est este
hijo que flotaba contigo sobre aquella balsa fatal?

LA ABADESA.--l y yo con el gemelo Dromio, fumos recogidos por
habitantes de Epidamno; pero un momento despus, pescadores feroces de
Corinto les quitaron por fuerza  Dromio y  mi hijo, y me dejaron con
los de Epidamno. Lo que fu de ellos despus, no puedo decirlo;  m, la
fortuna me ha colocado en el estado en que me vis.

EL DUQUE.--He aqu que principia  confirmarse la historia de esta
maana; estos dos Antfolo, estos dos hijos tan parecidos, y estos dos
Dromio tan semejantes! He aqu los padres de estos dos nios que la
casualidad reune. Antfolo, has venido primero de Corinto?

ANTFOLO DE SIRACUSA.--No, prncipe; yo no: vine de Siracusa.

EL DUQUE.--Vamos, teneos separados; no puedo distinguiros uno de otro.

ANTFOLO DE FESO.--Vine de Corinto, mi bondadoso seor.

DROMIO DE FESO.--Y yo con l.

ANTFOLO DE FESO.--Conducido a esta ciudad por vuestro to, el duque
Menafn, guerrero tan famoso.

ADRIANA.--Cul de los dos ha comido conmigo hoy?

ANTFOLO DE SIRACUSA.--Yo, mi bella dama.

ADRIANA.--Y no sois vos mi esposo?

ANTFOLO DE FESO.--No,  eso digo yo no.

ANTFOLO DE SIRACUSA.--Y convengo con vos; aunque ella me haya dado este
ttulo...., y que esta bella seorita, su hermana, que he ah, me haya
llamado su hermano.--Lo que os he dicho entonces, espero tener un da la
ocasin de probroslo, si todo lo que veo y oigo no es un sueo.

ANGELO.--He aqu la cadena, seor, que habis recibido de m.

ANTFOLO DE SIRACUSA.--Lo creo, seor, no lo niego.

ANTFOLO DE FESO (_ Angelo_).--Y vos, seor, me habis hecho prender
por esta cadena.

ANGELO.--Creo que s, seor; no lo niego.

ADRIANA (_ Antfolo de feso._)--Os he enviado dinero, seor, para
serviros de caucin, por Dromio; pero creo que no os lo ha llevado.
(_Sealando  Dromio de Siracusa._)

DROMIO DE SIRACUSA.--No, yo no.

ANTFOLO DE SIRACUSA.--He recibido de vos esta bolsa de ducados; y es
Dromio, mi criado, quien me la ha trado: veo ahora que cada uno de
nosotros ha encontrando el criado del otro; yo he sido tomado por l, y
l por m; y de aqu han provenido todas estas equivocaciones.

ANTFOLO DE FESO.--Empeo aqu estos ducados por el rescate de mi
padre, que he aqu.

EL DUQUE.--Es intil; doy la vida  vuestro padre.

LA CORTESANA (_ Antfolo de feso._)--Seor, es necesario que me
volvis este diamante.

ANTFOLO DE FESO.--Helo aqu, tomadle, y muchas gracias por vuestra
buena carne.

LA ABADESA.--Ilustre duque, dignaos daros la molestia de entrar con
nosotros en esta abada; oiris la historia entera de nuestras
aventuras. Y vosotros todos, que estis reunidos en este lugar y que
habis sufrido algn perjuicio por las equivocaciones recprocas de este
da, venid, acompaadnos, y tendris plena satisfaccin. Durante
veinticinco aos enteros, he sufrido los dolores del alumbramiento, 
causa de vosotros, hijos mos, y no es sino en esta hora cuando estoy al
fin desembarazada de mi penoso fardo. El duque, mi marido, mis dos hijos
y vosotros que marcis la fecha de su nacimiento, venid conmigo  una
fiesta de puerperio;  tan largos dolores debe suceder tal natividad.

EL DUQUE.--Con todo mi corazn; quiero apadrinar esta fiesta. (_Salen el
duque, la abadesa, gen, la cortesana, el mercader y el squito._)

DROMIO DE SIRACUSA.--(_A Antfolo de feso._) Mi amo, ir  tomar
vuestro equipaje  bordo?

ANTFOLO DE FESO.--Dromio, qu equipaje  bordo has embarcado?

DROMIO DE SIRACUSA.--Todos vuestros efectos, seor, que tenais en el
albergue del Centauro.

ANTFOLO DE SIRACUSA.--Es  m  quien quiere hablar: soy yo, quien soy
tu amo, Dromio. Vamos, ven con nosotros: trataremos de arreglar eso ms
tarde: abraza  tu hermano y divirtete con l. (_Los dos Antfolos
salen._)

DROMIO DE SIRACUSA.--Hay en la casa de vuestro amo una amiga gorda, que
hoy en la comida me ha ENCOCINADO tomndome por vos. En lo sucesivo ser
mi hermana y no mi esposa.

DROMIO DE FESO.--Me parece que sois mi espejo en lugar de ser mi
hermano. Veo en vuestro rostro que soy un muchacho bonito. Queris
entrar para ver su fiesta?

DROMIO DE SIRACUSA.--No es  m, seor,  quien toca pasar el primero:
sois el mayor.

DROMIO DE FESO.--Es una cuestin: cmo la resolveremos?

DROMIO DE SIRACUSA.--Tiraremos  la paja corta para decidirla. Hasta
entonces, pasa t delante.

DROMIO DE FESO.--No, tengmonos as. Hemos entrado en el mundo como dos
hermanos: entremos aqu mano en mano y no uno delante del otro.
(_Salen._)

                   *       *       *       *       *




                   LAS ALEGRES COMADRES DE WINDSOR.

                             TRADUCCIN DE

                         JOS ARNALDO MRQUEZ.

                     Ilustracin de _P. Thumann_.

                       Grabados de _H. Gnther_.




PERSONAJES.


SIR JOHN FALSTAFF.

FENTON.

POCOFONDO.--Juez de paz de campaa.

SLENDER, primo de Pocofondo.

Mr. FORD, } Caballeros residentes en Windsor.
Mr. PAGE, }

GUILLERMO PAGE, menor, hijo de Mr. Page.

Dr. HUGH EVANS, cura galo.

EL DOCTOR CAIUS, mdico francs.

EL POSADERO DE LA LIGA.

BARDOLF, }
PISTOL,  }   Acompaantes de Falstaff.
NYM,     }

ROBIN, paje de Falstaff.

SIMPLE, criado de Slender.

RUGBI, criado del Doctor Caius.

SEORA FORD.

SEORA PAGE.

SEORITA ANA PAGE, su hija, enamorada de Fenton.

SEORA APRISA, criada del Dr. Caius.

CRIADOS DE PAGE, DE FORD, ETC.

La escena pasa en Windsor y sus alrededores.




[Illustration]




ACTO I.


ESCENA I.

En Windsor, delante de la casa de Page.

Entran el juez POCOFONDO, SLENDER y Sir HUGH EVANS.

POCOFONDO.

No tratis de disuadirme, sir Hugh. Llevar este asunto  la alta corte
de justicia para lo criminal. As valiera sir Juan Falstaff veinte como
l, no ofender  Roberto Pocofondo, escudero.

SLENDER.--En el condado de Glocester, Juez de paz y _coram_.

POCOFONDO.--S, primo Slender, y _Cust-alorum_.

SLENDER.--S, y tambin _ratolorum_, gentilhombre de nacimiento, seor
cura, que se firma _armgero_ en todos los actos, notas, recibos,
mandatos y obligaciones: _armgero_.

POCOFONDO.--S, que lo hacemos y lo hemos hecho invariablemente en estos
ltimos trescientos aos.

SLENDER.--Todos sus sucesores que han vivido antes que l, lo han hecho;
y todos sus antepasados que han de venir despus de l podrn hacerlo.
Podrn exhibir los doce lucios en su casaca.

POCOFONDO.--Es una antigua casaca.

EVANS.--Sienta muy bien  una casaca antigua una docena de lucios. Lo
uno se aviene muy bien con lo otro. Es un animal familiar al hombre: un
emblema de amor.

POCOFONDO.--El lucio es pescado fresco: la casaca antigua es pescado
salado.

SLENDER.--Puedo hacer tercio, primo?

[Illustration]

POCOFONDO.--Sin duda alguna, si os casis.

EVANS.--Pues si entra en tercio, de seguro que no podr hacer sino mal
tercio.

POCOFONDO.--De ninguna manera.

EVANS.--Por nuestra seora, que s. Si l toma un tercio de vuestra
casaca, no quedarn, en mi humilde juicio, sino los otros tercios para
vos. Pero todo sale  lo mismo. Si el caballero Falstaff ha cometido
algn desacato hacia vos, miembro soy de la iglesia y me empleara de
todo corazn en hacer mediar desagravios y avenimientos.

POCOFONDO.--No; la alta corte habr de tomar noticia de esto. Hay
rebelin.

EVANS.--No es propio que se le haga oir de tal asunto. En las rebeliones
no hay temor de Dios y el Consejo preferir oir hablar del temor de Dios
ms bien que de una rebelin. Considerad esto.

POCOFONDO.--Ah, por vida ma! Si fuese joven an, esto acabara 
estocadas.

EVANS.--Ms vale que sean los amigos y no la espada quien termine esto.
Y adems, tengo en la cabeza un proyecto que quizs tenga ventajosos
resultados. Hay una Ana Page, hija del seor Jorge Page, que es una
guapa doncella.

SLENDER.--La seorita Ana Page? Tiene cabellos castaos y habla
tmidamente como cumple  una mujer.

EVANS.--De cuantas hay en el mundo, es ella precisamente la que podrais
desear. Y su abuelo (gurdele Dios una resurreccin feliz) en su lecho
de muerte le dej setecientas libras en dineros, y oro y plata, para
cuando cumpla los diez y siete aos. Sera cosa muy cuerda dejar
vuestras disputas y procurar un matrimonio entre el seor Abraham y la
seorita Ana Page.

POCOFONDO.--Setecientas libras le dej su abuelo?

EVANS.--S, por cierto. Y su padre le dar an mejor caudal.

POCOFONDO.--Conozco  la seorita: tiene buenas prendas.

EVANS.--Setecientas libras y esperanzas de heredar ms, no son malas
prendas.

POCOFONDO.--Bien. Busquemos al digno seor Page. Est all Falstaff?

EVANS.--Habr de deciros una mentira? Desprecio al mentiroso, como
desprecio  uno que es falso,  como desprecio  uno que no es sincero.
El caballero sir Juan est all y os ruego que os dejis guiar por los
que os quieren bien. Llamar  la puerta y preguntar por el seor Page
(_golpea_). Hola! Dios bendiga vuestra casa! (_Entra Page._)

PAGE.--Quin llama?

EVANS.--He aqu, con la bendicin de Dios y con vuestro amigo, al juez
Pocofondo y al joven seor Slender, que acaso podrn contaros un cuento,
si las cosas salen  gusto vuestro.

POCOFONDO.--Seor Page, algrome de veros. Hulguese vuestro buen
corazn! Deseo que vuestra cacera mejore, pues no fu muerta como manda
la ley. Cmo est la buena seora Page? Os amo de corazn, as, de
corazn.

PAGE.--Gracias, seor.

POCOFONDO.--Gracias, seor; por s y por no, gracias.

PAGE.--Me alegro de veros, amiguito Slender.

SLENDER.--Cmo est vuestro lebrel leonado, seor? Me dijeron que haba
perdido en las carreras de Cotsale.

PAGE.--La cosa no pudo ser juzgada.

SLENDER.--No queris confesarlo, no queris confesarlo.

POCOFONDO.--No lo ha de querer! Es culpa vuestra, es culpa vuestra.
Es un buen perro.

PAGE.--Perro de mala ralea, seor.

POCOFONDO.--Un buen perro, seor, un hermoso perro. Qu ms se puede
decir? Es bueno y hermoso. Est aqu el seor Juan Falstaff?

PAGE.--Est dentro. Quisiera poder hacer algo en bien de vosotros.

EVANS.--As es como debe hablar un cristiano.

POCOFONDO.--Seor Page, l me ha ofendido.

PAGE.--Lo reconoce en cierto modo, seor.

POCOFONDO.--Si lo reconoce, no lo repara. No es as, seor Page? Me ha
ofendido; en todas veras me ha ofendido: en una palabra, me ha ofendido.
Creedme, Roberto Pocofondo, escudero, lo ha dicho: se le ha ofendido.

PAGE.--Aqu viene sir Juan. (_Entran sir Juan Falstaff, Bardolfo, Nym y
Pistol._)

FALSTAFF.--Y bien, seor Pocofondo: vis  quejaros de m al rey?

POCOFONDO.--Caballero: habis golpeado  mis gentes, muerto mi caza y
forzado las puertas de mi habitacin.

FALSTAFF.--Pero no he besado  la hija de vuestro guardin?

POCOFONDO.--Se me da un ardite. Tendris que responder de esto.

FALSTAFF.--Y respondo desde lugo: he hecho todo eso. Ya est
respondido.

POCOFONDO.--Esto ir  dar al Consejo.

FALSTAFF.--Sera mejor para vos que el Consejo nada supiera. Se reiran
de vos.

EVANS.--_Pauca verba_, sir Juan, buenas palabras.

FALSTAFF.--Buenas palabras! buenas coles! Slender, os romp la cabeza:
qu tenis contra m?

SLENDER.--Por cierto, seor, tengo algo contra vos en la cabeza y contra
vuestros ladrones de conejos, Bardolfo, Nym y Pistol. Me llevaron  la
taberna, me emborracharon y en seguida me robaron el bolsillo.

BARDOLFO.-- ti, queso de Banbury?

SLENDER.--Bien, eso no importa.

PISTOL.--Con esas nos sales, Mefistfeles?

SLENDER.--Bien, eso no importa.

NYM.--Tajarlo! digo, _pauca, pauca_, tajarlo! Eso me pide el gusto.

SLENDER.--Dnde est Simple, mi criado? Lo sabis, primo?

EVANS.--Paz, os ruego! Procuremos entendernos.  lo que se me alcanza,
hay tres rbitros en este asunto,  saber: el seor Page, _fidelicet_,
seor Page: yo mismo, _fidelicet_ yo: y por fin y remate el tercero es
mi posadero de la Liga.

PAGE.--Nosotros tres para entender del asunto y arreglarlo entre ellos.

EVANS.--Muy bien. Tomar nota en mi libro memorandum, y despus nos
ocuparemos de la causa con toda la discrecin que nos sea posible.

FALSTAFF.--Pistol!

PISTOL.--Soy todo orejas.

EVANS.--El diablo y su abuela! Qu frase es esa ser todo orejas?
Pues eso es afectacin.

FALSTAFF.--Pistol, robaste la bolsa del seorito Slender?

SLENDER.--S, por vida de mis guantes, que lo hizo, ( no querra yo, 
no ser cierto, volver jams  mi gran cmara). Me rob siete monedas de
 cuatro peniques y dos tablillas Edward para jugar al tejo, que me
haban costado dos chelines y dos peniques cada una, en casa de Miller.
S, por estos guantes!

FALSTAFF.--Es verdad esto, Pistol?

EVANS.--No: es falso, si es una ratera.

PISTOL.--Ah! Eres un forastero montaraz! Sir Juan, amo mo, reto 
combate  este sable de hoja de lata. Aqu, en tus labios est la
mentira: hez y escoria, mientes!

SLENDER.--Pues por estos guantes, que entonces era el otro.

NYM.--Andad con cuidado y dejaos de bromas, seor mo, que si os acomoda
tratarme como  ratero,  m me acomodar atraparos  mi modo. Y esto es
lo que hay en el caso.

SLENDER.--Pues entonces, por este sombrero, quien tiene la culpa es
aquel de la cara colorada; pues aunque no puedo acordarme de lo que hice
cuando me embriagasteis, con todo no soy enteramente un asno.

FALSTAFF.--Qu decs vosotros, Scarlet y Juan?

BARDOLFO.--Por mi parte, lo que digo es que el caballero bebi hasta
perder los cinco sentimientos.

EVANS.--Los cinco sentidos, se dice. Santo Dios! Qu ignorancia!

BARDOLFO.--Y estando achispado, le arreglaron las cuentas, como dicen, y
as se acab el cuento.

SLENDER.--S, y entonces hablaste en latn pero no importa. Nunca, jams
me emborrachar mientras viva otra vez, sino en honrada y buena
sociedad,  causa de este percance. Si me emborracho, me emborrachar
con los que tienen temor de Dios, y no con ebrios bribones.

EVANS.--Que Dios me juzgue, como es cierto que ese es un propsito de
virtud.

FALSTAFF.--Os, seores, que todos esos cargos han sido negados. Lo
os? (_Entra Ana Page, trayendo vino, seguida por la Sra. Ford y la Sra.
Page._)

PAGE.--No, hija. Llvate el vino. Beberemos all dentro.

(_Sale Ana Page._)

SLENDER.--Oh cielos! Esta es la seorita Ana Page.

PAGE.--Cmo va, seora Ford?

FALSTAFF.--Por vida ma, seora Ford, sois muy bien venida. Con vuestro
permiso, buena seora.

(_La besa._)

PAGE.--Esposa ma, da la bien venida  estos caballeros. Venid, tenemos
un buen pastel caliente de cacera para la comida. Vamos, seores, que
ahogaremos en el vino todo resentimiento.

(_Salen todos menos Pocofondo, Slender y Evans._)

SLENDER.--Dara cuarenta chelines por tener aqu mi libro de canciones y
sonetos. (_Entra Simple._) Cmo! Simple dnde habis estado? Tendr
que ser mi propio sirviente, no es as? Ni tenis tampoco  la mano el
libro de los enigmas, por supuesto?

SIMPLE.--El libro de los enigmas! Pues no lo prestasteis  Alicia
Pocapasta en la fiesta ltima de Todos Santos, quince das antes del San
Miguel?

POCOFONDO.--Venid, primo, venid. Os estamos aguardando. Una palabra al
odo, primo. Hay, como quien dice, una oferta, una especie de oferta muy
 lo lejos, hecha por sir Hugh. Entendis?

SLENDER.--S, y me encontraris razonable. Si ha de ser as, har lo que
est puesto en razn.

POCOFONDO.--Pero entendedme bien.

SLENDER.--Lo hago, seor.

EVANS.--Prestad odo  sus consejos, seorito Slender. Ya os describir
el asunto si tenis capacidad para ello.

SLENDER.--Har como diga mi primo Pocofondo. Perdonadme, pues l es juez
de paz en su pas, aunque yo no sea aqu sino un cualquiera.

EVANS.--Pero no se trata de eso. Se trata de lo concerniente  vuestro
matrimonio.

POCOFONDO.--S; este es el punto vital de la cuestin.

EVANS.--Por cierto que lo es. Es el punto vital de la seorita Ana Page.

SLENDER.--Pues siendo as, me casar con ella si se me pide en debida
forma.

EVANS.--Pero podis amar  la mujer? Debemos exigir que lo digis con
vuestros labios; porque muchos filsofos pretenden que los labios son
una parte de la boca; por tanto, podis, s  no, inclinar vuestra
buena voluntad hacia la doncella?

POCOFONDO.--Primo Abraham Slender, podis amarla?

SLENDER.--As lo espero. Har lo que cumple  uno que quiere obrar en
razn.

EVANS.--No, por Dios y sus santos y sus esposas; debis decir
positivamente si podis inclinar hacia ella vuestros deseos.

POCOFONDO.--Tenis que hacerlo. Queris, siendo buena la dote, casaros
con ella?

SLENDER.--Har an mucho ms que eso, por cualquiera razn, primo, si lo
queris.

POCOFONDO.--No; comprendedme, comprendedme, amable primo mo. Lo que
hago es por seros grato, primo. Podis amar  la doncella?

SLENDER.--La tomar por esposa  peticin vuestra, seor. Si no hay
mucho amor al principio, con el favor del cielo podr disminuir cuando
nos conozcamos mejor despus de casados y que haya habido ocasin de
conocerse el uno al otro. Espero que con la familiaridad crecer el
menosprecio; pero si decs casaos con ella, con ella me caso.  eso
estoy disuelto disolutamente.

EVANS.--Muy juiciosa respuesta; salvo la falta en las palabras disuelto
disolutamente, que quisieron significar resuelto absolutamente. Pero
su sentido era bueno.

POCOFONDO.--S, creo que fu buena la intencin de mi primo.

SLENDER.--Y si no, que me ahorquen.

(_Vuelve  entrar Ana Page._)

POCOFONDO.--He aqu  la hermosa seorita Ana. Querra por vos volver 
la juventud, seorita Ana.

ANA.--La comida est en la mesa. Mi padre desea el honor de vuestra
compaa.

POCOFONDO.--Estoy  sus rdenes, bella seorita Ana.

EVANS.--La voluntad de Dios sea bendecida! No faltar al benedcite.
(_Salen Pocofondo y sir Hugh Evans._)

ANA.--Tenis  bien, caballero, pasar adelante?

SLENDER.--No; gracias os doy por ello muy de corazn. Estoy muy bien.

ANA.--Os espera la comida, seor.

SLENDER.--No tengo hambre, os doy las gracias. V, criado, pues todo t
eres mi sirviente, v  servir  mi primo Pocofondo. (_Sale Simple._) Un
juez de paz puede alguna vez quedar obligado  su amigo por un
sirviente. No tengo  mi servicio sino tres criados y un muchacho, hasta
que muera mi madre: pero qu importa? Sin embargo, vivo como si fuera
un caballero de cuna pobre.

ANA.--No entrar sin vos, seor. No se sentarn  la mesa hasta que
hayis llegado.

SLENDER.-- fe ma, no comer. Os agradezco, sin embargo, como si
comiera.

ANA.--Os suplico, seor, que entris.

SLENDER.--Me agradara ms pasear aqu. Os doy las gracias. El otro da,
jugando  la esgrima, con espada y daga, con un profesor de armas, me
lastim la cara. Habamos apostado en tres asaltos un plato de ciruelas
guisadas. Desde entonces no puedo soportar el olor de las viandas
calientes. Por qu ladran vuestros perros? Hay osos en la ciudad?

ANA.--Pienso que s, seor. He odo hablar de ellos.

SLENDER.--Me agrada bastante la diversin de cazarlos; pero en ella soy
tan pronto en enfadarme como el hombre que ms en Inglaterra. Un oso
suelto os intimida no es verdad?

ANA.--Ciertamente que s, seor.

SLENDER.--Eso para m es ahora como comer y beber. Veinte veces he visto
suelto  Sakerson, y lo he cogido de la cadena; pero os aseguro que las
mujeres han gritado y chillado tanto, que era sobre toda ponderacin. En
verdad las mujeres no pueden sufrirlos. Son animales bastante feos y
rudos.

(_Vuelve  entrar Page._)

PAGE.--Venid, querido seor Slender, venid. Os esperamos.

SLENDER.--No quiero comer nada. Os doy las gracias, seor.

PAGE.--Nada, no podis hacer lo que queris. Venid, venid.

SLENDER.--No, os lo suplico. Id delante.

PAGE.--Vamos, seor; adelante.

SLENDER.--Seorita Page, id vos primero.

ANA.--De ningn modo yo, seor. Os ruego que sigis.

SLENDER.--En verdad, no ir primero, en verdad, no. Sera haceros
agravio.

ANA.--Os lo suplico, seor.

SLENDER.--Prefiero faltar  los buenos modales que  las conveniencias.
Os hacis agravio, en verdad.

(_Salen._)


ESCENA II.

La misma.

Entran sir HUGH EVANS y SIMPLE.

EVANS.--Id  averiguar  dnde es la casa del doctor Caius. All vive
una seora Aprisa, que le sirve de nodriza  de ama seca,  de cocinera,
lavandera y planchadora.

SIMPLE.--Est bien, seor.

EVANS.--Aguardad, que hay mejor. Dadle esta carta; porque es mujer muy
del conocimiento de la seorita Ana Page; y la carta es para pedirle que
haga presentes  esta seorita los deseos de vuestro amo. Id desde
lugo, os lo encarezco. Yo ir  acabar mi comida, pues faltan an las
manzanas y el queso.

(_Salen._)


ESCENA III.

Cuarto en la posada de la Liga.

Entran FALSTAFF, el POSADERO, BARDOLFO, NYM, PISTOL y ROBIN.

FALSTAFF.--Posadero mo de la Liga...

POSADERO.--Qu dice mi enredista matasiete? Hablad con discrecin y
finura.

FALSTAFF.--En verdad, posadero mo, que tengo que despedir  algunos de
mis secuaces.

POSADERO.--Despedidles, mi valeroso Hrcules: echadles; que tomen el
portante. Al trote, al trote.

FALSTAFF.--Me cuesta el albergue diez libras por semana.

POSADERO.--Eres un emperador, Csar, Czar y cavilante. Tomar 
Bardolfo. Escanciar los barriles y manejar sus llaves. Est bien
dicho, bravo Hctor?

FALSTAFF.--Hacedlo en buen hora, amigo posadero.

POSADERO.--Est dicho. Que me siga. Quiero ver la espuma y la cal. No
tengo ms que una palabra. Sgueme.

FALSTAFF.--Bardolfo, v con l. Es buen oficio el de mozo de taberna.
Una capa vieja hace un nuevo coleto, y un criado gastado hace un nuevo
mozo de taberna. Vete. Adios.

BARDOLFO.--Es un gnero de vida que deseaba, y he de prosperar en l.

(_Sale Bardolfo._)

PISTOL.--Oh miserable bohemio! Y quieres manejar las espitas?

NYM.--En borrachera fu engendrado. No es natural su gusto? No tiene
una mente herica, y de all el que tenga aquel instinto.

FALSTAFF.--Me alegro de haberme desembarazado de tal caja de yesca. Sus
robos eran demasiado descarados. Su manera de hurtar se parece al canto
de un mal aficionado: no guarda tiempo ni comps.

NYM.--Lo exquisito es robar en un solo minuto de descanso.

[Illustration]

PISTOL.--Sutileza, que no robo, es el nombre que dan  esto las gentes
sensatas. Robo! Mala peste cargue con la palabra.

FALSTAFF.--Bien, seores, pero estoy ya en el ltimo apuro. Es necesario
que me ingenie, que aguce el majn para encontrar medios. Tiene que ser.

PISTOL.--Los buitres jvenes necesitan alimento.

FALSTAFF.--Quin de vosotros conoce  Ford, de esta ciudad?

PISTOL.--Conozco al individuo. No es de mala sustancia.

FALSTAFF.--Honrados muchachos mos, voy  deciros lo que tengo en
perspectiva.

PISTOL.--Las dos yardas  ms que tenis de circunferencia.

FALSTAFF.--Nada de bromas ahora, Pistol. En verdad que me veo con el
agua  las narices; y a pesar de mis dos yardas de redondez no puedo
redondearme. As, estoy por ver de medrar y no de quedarme con un palmo
de narices. En una palabra: me propongo enamorar  la esposa de Ford.
Entreveo disposicin de su parte. Discurre, trincha, dirige miradas
tentadoras. Puedo interpretar la accin de su estilo familiar, y la ms
slida expresin de su conducta, puesta en buen ingls, dice: Soy de
sir Juan Falstaff.

PISTOL.--La ha estudiado bien: la ha traducido bien: de la honestidad al
ingls.

NYM.--Hondo me parece el fondeadero. Morder ah el ancla?

FALSTAFF.--Corre la voz de que es ella quien maneja los cordones de la
bolsa de su marido. Tiene legiones de ngeles en oro sellado.

PISTOL.--Que llaman  otros tantos diablos.  ella, muchacho! es lo
que digo yo.

NYM.--El buen humor toma creces: excelente cosa. Poned de buen humor
conmigo  esos ngeles.

FALSTAFF.--Aqu tengo una carta que le he escrito; y he aqu otra para
la esposa de Page, que acaba de ponerme ahora mismo los ojos dulces y ha
examinado minuciosamente y como persona experta cuanto puede haber en
m. Sus miradas, como rayos de oro, brillaban revisando ya mi pi, ya mi
majestuoso talle.

PISTOL.--Entonces podis decir que el sol brillaba sobre el estercolero.

NYM.--Te felicito por esa jovialidad.

FALSTAFF.--Oh! Pues recorri todo mi exterior con intencin tan
manifiesta, que el fuego del deseo en sus ojos pareca quemarme como un
lente puesto al sol. He aqu otra carta para ella. Tambin ella maneja
la bolsa: es una regin de la Guayana: toda oro y liberalidades.
Explotar  una y otra, y sern mi tesorera. Las tendr como  mis
Indias Orientales y Occidentales, y comerciar con ambas. V y lleva t
esta carta  la seora Ford; t, esta  la seora Page. Prosperaremos,
muchachos, prosperaremos.

PISTOL.--Y he de volverme un Mercurio, un Pandarus de Troya, yo que
llevo un acero al cinto? No: vaya todo al diablo!

NYM.--No quiero bajezas en la broma. Ea! Tomad la carta. Yo he de
conservar una conducta reputable.

FALSTAFF.--Aqu, muchacho (_ Robin._) Lleva t estas cartas, y sal como
mi bajel hacia esas playas doradas. Y vosotros bribones! fuera de aqu!
lejos! Pasad como el granizo. Trabajad, surcad el suelo con los talones,
buscad albergue, marchaos! Falstaff quiere acomodarse al espritu de la
poca, y medrar  la francesa bribones! para m y para mi paje
galoneado.

(_Salen Falstaff y Robin._)

PISTOL.--Que los buitres te roan las entraas! Siempre son buenos los
dados cargados y la botella, porque arriba y abajo seducen al rico y al
pobre. Yo tendr llenos de testones los bolsillos, mientras t carecers
de ellos, vil turco frigio!

NYM.--Algo me bulle en la cabeza, como sugerido por el deseo de
venganza.

PISTOL.--Quieres vengarte?

NYM.--Por el cielo y su estrella.

PISTOL.--Por astucia,  por acero?

NYM.--Con uno y otra. Yo conversar con Page sobre la fantasa de este
amor.

PISTOL.--Y yo revelar igualmente  Ford, cmo Falstaff, vil bribn,
tratar de seducir  su paloma, robarle su oro y deshonrar su lecho.

NYM.--No desmayar mi encono. Inducir  Page  que se sirva del veneno:
har que lo posean los celos, porque la sublevacin del nimo altivo es
peligrosa. Tal es mi verdadero anhelo.

PISTOL.--Eres el Marte de los descontentos, y yo te secundo. Vamos
adelante.

(_Salen._)


ESCENA IV.

Cuarto en casa del doctor Caius.

Entran la seora APRISA, SIMPLE y RUGBI.

APRISA.--Oyes, Juan Rugbi? Te ruego que vayas  la puerta-ventana, y
veas si puedes divisar  mi seor, el seor doctor Caius, en camino
hacia aqu; pues  fe ma, que si llega y encuentra  alguien en la
casa, ya tendrn que pagarlo la paciencia de Dios y el idioma del rey.

RUGBI.--Voy  hacer de centinela.

(_Sale._)

APRISA.--V, que por ello tendremos una buena colacin temprano en la
noche, te lo prometo, al ltimo calor del carbn de piedra. Es un mozo
honrado, servicial y bondadoso como el mejor sirviente que jams pis
casa alguna. Y os aseguro que no es chismoso, ni pendenciero. Su peor
falta es ser dado  rezos, y  veces es testarudo en esto; pero no hay
quien no tenga algn defecto. As, no hagamos caudal de ello. Decs que
vuestro nombre es Pedro Simple?

SIMPLE.--S,  falta de otro mejor.

APRISA.--Y el seor Slender es vuestro amo?

SIMPLE.--S, ciertamente.

APRISA.--No lleva unas grandes barbas redondeadas como la cuchilla de
los guanteros?

SIMPLE.--No, en verdad. Tiene una carita esculida con un poquito de
barba amarillenta, barba color de Can.

APRISA.--Hombre de espritu apocado: no es as?

SIMPLE.--Muy cierto; pero tan apto para hacer valer sus manos como
cualquiera. Se ha batido con un guarda-caza.

APRISA.--Qu decs? Oh, ya debera recordarlo! No lleva muy erguida
la cabeza y se pone tieso al caminar?

SIMPLE.--Exactamente, as es como hace.

APRISA.--Bien. No enve el cielo peor fortuna  Ana Page. Decid al seor
cura Evans que har por vuestro seorito cuanto pueda. Ana es una buena
doncella, y quiero.....

(_Vuelve  entrar Rugbi._)

RUGBI.--Idos. Ay! aqu viene mi amo.

APRISA.--Seremos exterminados todos. Corred all, buen joven, meteos en
ese armario. (_Encierra  Simple en el armario._) No permanecer mucho
rato. Hola! Juan Rugbi. Juan, digo! Ea, Juan! V  averiguar del
seor. Temo que haya enfermado, pues no le veo venir  casa.

(_Canta._)

_Y abajo, abajo, abajo._

(_Entra el doctor Caius._)

CAIUS.--Qu cantis ah? No me gustan estos pasatiempos. Id y traed de
mi armario un _boitier vert_, una caja, una caja verde. Os lo que
digo? Una caja verde.

APRISA.--S, ciertamente, os la traer. (_Aparte._) Me alegro de que no
se le ocurriera ir en persona.  haber encontrado al joven, se habra
puesto loco de ira.

CAIUS.--Uf!  fe ma que hace demasiado calor. Me voy  la corte. El
gran negocio!

APRISA.--Es esta, seor?

CAIUS.--S: ponedla en mi bolsillo. Despachad pronto. Dnde est el
bellaco Rugbi?

APRISA.--Hola! Juan Rugbi! Juan!

RUGBI.--Estoy aqu, seor.

CAIUS.--Eres un Juan Rugbi y un animal Rugbi. Ea! Toma tu sable y ven 
la corte pisndome los talones.

RUGBI.--Est listo, seor, aqu en el prtico.

CAIUS.--Por vida ma, que demor demasiado. De qu me olvido? Ah! All
hay unos medicamentos en el armario. No quisiera olvidarlos por nada de
este mundo.

APRISA.--Ay, Dios mo! Va  encontrar all al mozo, y se pondr como un
vive Cristo!

CAIUS.--Diablo! diablo! Qu hay en mi armario? (_Sacando afuera 
Simple._) Villano! ladrn! Rugby, mi espada!

APRISA.--Seor, tranquilizaos.

CAIUS.--Pues hay de qu estar tranquilo!

APRISA.--Este es un mozo honrado.

CAIUS.--Y qu tienen que hacer los hombres honrados dentro de mi
armario? Ningn hombre honrado tiene  qu venir  mi armario.

APRISA.--Os conjuro para que no seis tan flemtico. Escuchad la verdad.
l vino donde yo con un recado del cura Hugh Evans.

CAIUS.--Y bien?

SIMPLE.--S, en conciencia; para rogarle que.....

APRISA.--Paz, os ruego.

CAIUS.--Paz  tu lengua. Dime el cuento t.

SIMPLE.-- rogar  esta honrada seora, vuestra doncella, que
intercediese para con la seorita Ana Page en favor de mi amo,  fin de
hacer el matrimonio.

APRISA.--Eso es todo, ciertamente. Pero no meter yo la mano al fuego,
ni necesito hacerlo.

CAIUS.--Es sir Hugh quien os ha enviado? Dame un poco de papel, Rugbi.
Y vos esperad un momento.

(_Escribe._)

APRISA.--Harto me alegro de que est tan tranquilo. Si se hubiese
impresionado mucho, ya le habrais odo poner el grito en el cielo, y
con poca jovialidad. Sin embargo, har por vuestro amo cuanto pueda;
pero el s y el no dependen de mi amo el doctor francs. Y digo mi amo,
porque, ya lo vis, estoy encargada de su casa, lavo la ropa, hago el
pan, preparo la comida, pongo la mesa, hago la cama, la deshago, y tengo
que hacerlo todo.

[Illustration]

SIMPLE.--Pues debis tener bastante peso sobre los brazos.

APRISA.--No os parece? Ya veris si es una carga pesada. Levantarse 
la madrugada y acostarse tarde. Pero no obstante (os lo digo en secreto,
pues no deseo que se hable de ello), mi amo en persona est enamorado de
la seorita Ana Page; pero  pesar de todo, yo conozco la mente de la
seorita: ella no piensa en el uno ni en el otro.

CAIUS.--V, galopn; entrega esta carta  sir Hugh. Voto  sanes! Es un
cartel de desafo. Le cortar el pescuezo en el parque, y ensear 
este ganapn de cura  entrometerse en lo que no le atae. Marchaos: no
tenis que hacer aqu. Vive Dios! Que he de cortarlo en dos, y no le
dejar ni manos para tirar una piedra  su perro.

(_Sale Simple._)

APRISA.--El infeliz no habla sino por su amigo.

CAIUS.--Eso nada importa. No me decs que Ana Page ha de ser ma? Por
vida de...! que he de matar  ese intruso clrigo, y ya he encargado al
posadero de la Liga que mida nuestras armas. Por mi alma, que he de
tener  Ana Page para m solo!

APRISA.--Seor, la damisela os ama, y todo ir bien. Debemos dejar
hablar  las gentes. Pues no faltaba ms!

CAIUS.--Rugbi, ven conmigo  la corte. Por mi vida, que si no tengo 
Ana Page, te planto en la puerta de la calle. Sgueme, Rugbi. (_Salen
Caius y Rugbi._)

APRISA.--Lo que tienes es una cabeza de imbcil. No, demasiado bien
conozco  Ana Page; ni hay en Windsor quien sepa sus intenciones mejor
que yo; ni, gracias  Dios, quien haga ms que yo por ella.

FENTON.--(_Desde adentro._) Hola! Hay alguien en la casa?

APRISA.--Quin est ah? Acercaos, os ruego.

(_Entra Fenton._)

FENTON.--Qu tal, buena mujer? Te sientes bien?

APRISA.--Lo mejor que su seora puede desearme.

FENTON.--Qu nuevas? Cmo est la bella seorita Ana Page?

APRISA.--Y por cierto, seor, que es bella y gentil y honrada; y, lo
dir de paso, buena amiga vuestra, gracias sean dadas al cielo.

FENTON.--Te parece que har cosa de provecho? No perder mi tiempo en
cortejarla?

APRISA.--En verdad, seor, que todo depende de la voluntad del que est
arriba; pero puedo jurar sobre un libro, que os ama. No tiene vuestra
seora un pequeo lunar encima del ojo?

FENTON.--Ciertamente que s. Y bien?

APRISA.--Pues en ello hay todo un cuento. Qu alegre humor el de Ana!
Pero, jams prob pan una doncella ms honesta! Una hora entera hablamos
ayer de ese lunar. Estoy seguro de que nadie sino ella sera capaz de
hacerme reir. Pero, en verdad, es muy propensa  la melancola y los
ensueos;  no ser por vos. Bien; adelante.

FENTON.--Bueno. La ver hoy. He aqu un poco de dinero para ti. Hblale
en favor mo, y si la ves antes que yo, saldala  mi nombre.

APRISA.--Que si lo har? Ya lo creo que s. Y dir  vuestra seora
algo ms sobre el lunar la prxima vez que podamos hablar
confidencialmente; y tambin de otros pretendientes.

FENTON.--Bien: adios. Estoy muy de prisa en este momento.

(_Sale._)

APRISA.--Dios acompae  vuestra seora. Honrado caballero, en verdad;
pero Ana no le ama; pues yo conozco su mente tanto como quien ms.
Acabemos de una vez. Qu se me olvida?

(_Sale._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO II.


ESCENA I.

Delante de la casa de Page.

Entra la seora PAGE con una carta.

SEORA PAGE.

Cmo! En los alegres das de mi belleza habr escapado  las cartas de
amor, y me ver ahora expuesta  ellas? Veamos:--No me preguntis por
qu os amo, pues aunque el amor toma  la razn por su mdico, jams lo
ha tomado por consejero. Ya no estis en la primavera de la juventud ni
yo tampoco, y he ah un motivo de simpata. Sois alegre y tambin lo
soy. Pues ms simpata por ello. Gustis del jerez seco y yo tambin.
Quisirais mayores causas de simpata? Sea suficiente para ti (si al
menos el amor de un soldado puede ser suficiente) el saber que te amo.
No dir compadcete de m, porque no es frase que cuadre bien  un
soldado. Pero dir mame.

Tu caballero leal
    que ir  combate mortal
        por tu amor,
    y que con luz  sin luz
    se har romper el testuz
        por tu favor,
          _Juan Falstaff._

Qu Herodes de Judea es este? Oh mundo bellaco, pcaro mundo! Echarla
de joven y galante quien se est desmoronando de puro viejo! Qu acto
inmeditado ha podido sorprender en mi conversacin y trato, este
flamenco borracho, que as se atreve  emprender conmigo? Pues si apenas
ha estado tres veces en mi sociedad! Qu decirle? Entonces me contena
para no reirme, Dios me perdone! Presentar una mocin, para que
llevada al Parlamento sirva de freno  los hombres. Cmo har para
vengarme? Porque de vengarme tengo, tan cierto como que l tiene de
budn las entraas.

(_Entra la Sra. Ford._)

[Illustration]

SRA. FORD.--Seora Page! Creedme que iba  vuestra casa.

SRA. PAGE.--Y yo os aseguro que me diriga  la vuestra. Tenis el aire
de estar sufriendo mucho.

SRA. FORD.--No por cierto, no lo creer nunca. Tengo algo que mostrar en
prueba de lo contrario.

SRA. PAGE.--Pues  fe ma, que para mi modo de ver parecis muy enferma.

SRA. FORD.--Bueno: que sea como decs. Pero dije que puedo mostrar algo
para probar lo contrario. Oh seora Page; aconsejadme!

SRA. PAGE.--De qu se trata, mujer?

SRA. FORD.--Oh mujer!  qu alto honor podra yo llegar, si no fuera
por un frvolo escrpulo de respeto!

SRA. PAGE.--Pues vaya enhoramala el escrpulo y echad mano de ese honor.
Bagatelas  un lado. Qu cosa es?

SRA. FORD.--Podra entrar en la orden de la caballera, con slo
consentir en irme  los infiernos por una eternidad,  una friolera
semejante.

SRA. PAGE.--Cmo! T mientes! Sir Alicia Ford! Estos caballeros son
todos unos benditos y as no deberas alterar la condicin de tu
alcurnia.

SRA. FORD.--Perdemos lastimosamente el da. Leed esto, leed y contemplad
el modo como puedo alcanzar la orden de caballera. Mientras me venga 
las mientes el observar la diferencia en los gustos de los hombres,
pensar lo peor acerca de los gordos. Sin embargo, l no habra dicho un
juramento por nada del mundo: ensalzaba la modestia de las mujeres, y
era tan ordenado y circunspecto en su reprobacin de todas las
inconveniencias, que yo habra jurado  favor de la entera consonancia
entre sus sentimientos y sus palabras. Pero la verdad es que unos y
otras no concuerdan mejor que el _miserere_ de los salmos con la tonada
de las mangas verdes. Qu borrasca hizo que esta ballena con cien
toneladas de aceite en la barriga, viniese  varar en Windsor? Cmo me
vengar de l? Se me ocurre que lo mejor sera entretenerle con
esperanzas, hasta que el diablico fuego de la lujuria le hiciera
derretirse en su propia grasa. Quin ha odo jams cosa semejante?

SRA. PAGE.--Carta por carta; pero los nombres, Page y Ford, son
diferentes. He aqu, para consuelo tuyo en este misterio de malos
pensamientos, la hermana gemela de tu carta; pero que la tuya sea la
primer nacida y la natural heredera, pues protesto que la ma no lo ser
jams. Respondo de que l tiene un millar de estas cartas con el blanco
necesario para llenarlo con nombres diferentes; y estas son de la
segunda edicin. Sin duda alguna las har imprimir, pues no le importa
lo que ponga en prensa, desde que querra ponernos  nosotras dos. Por
lo que  m respecta, ms me gustara ser un gigante, una mujer Titn y
tener sobre m el monte Pelin. Verdaderamente que antes podra
encontrar veinte tortugas lascivas que un hombre casto.

SRA. FORD.--Pues por cierto que son las cartas en todo iguales. La misma
escritura, las mismas palabras. Qu ha pensado de nosotras este hombre?

SRA. PAGE.--No lo s, en verdad. Tentada estoy casi de armar quimera 
mi propia honradez. Seguramente me tendr yo misma en el concepto que
tendra de m quien ignorase completamente lo que soy; pues  menos que
haya descubierto l en m algn lado dbil que yo misma no conozco,
jams habra podido tener la audacia de abordarme de semejante modo.

SRA. FORD.--Llamis  esto abordaje? Pues ya lo he de poner yo
suspendido sobre cubierta.

SRA. PAGE.--Yo har otro tanto. Vengumosnos de l; dmosle una cita;
aparentemos alentarlo en sus galanteos; y con una demora gradual y
suave, llevmosle hasta que empee sus caballos al posadero de la Liga.

SRA. FORD.--Mientras no sea empaando el lustre de nuestra honestidad,
consiento en cualquiera bellaquera contra l. Oh, si hubiese visto
esta carta mi marido! Habra sido un alimento eterno para sus celos!

SRA. PAGE.--Pues mrale ah que viene; y mi buen esposo con l. Tan
distante est de tener celos, como yo de darle causa para ellos; y esto,
me atrevo  decirlo, es una distancia inconmensurable.

SRA. FORD.--De las dos, sois la ms feliz.

SRA. PAGE.--Consultemos juntas acerca de ese gordo caballero. Venid
conmigo.

(_Se retiran.--Entran Ford, Pistol, Page y Nym._)

FORD.--Bueno: espero que no ser as.

PISTOL.--Espero es en muchos negocios un perro sin cola, un carro sin
ruedas. Sir Juan es aficionado  tu esposa.

FORD.--Pero, hombre! si mi esposa no es joven!

PISTOL.--El hace la corte  la dama y  la fregona,  la rica y  la
pobre,  la joven y  la vieja, una tras otra,  dos  ms  la vez. Le
gusta la variedad. Ponte en guardia, Ford.

FORD.--Ama  mi mujer!

PISTOL.--Con un calor de quemarse. Toma tus precauciones,  te vas 
encontrar de repente como aquel sir Acten, que tena al otro sobre los
talones. Oh, y qu nombre tan odioso!

FORD.--Qu nombre, si gustis?

PISTOL.--El nombre de cuerno. Adios. Para mientes y abre el ojo, pues de
noche es cuando los ladrones estn en pi. Y no esperes hasta que llegue
el verano y empiecen los cuclillos  repetir la cantinela. En marcha,
seor cabo Nym. Crele, Page; te habla en razn.

FORD.--Tendr paciencia hasta descubrir lo que haya en esto.

NYM.--Y es la verdad. No gusto de mentiras. Hzome agravio en algunos
caprichos. Yo deba haber llevado aquella pcara carta  vuestra esposa;
pero tengo una espada que me ayudar  satisfacer mi necesidad. Lo que
hay en todo esto es que l ama  vuestra esposa; y lo digo y lo
sostengo, como que mi nombre es Nym. Es la verdad, y Nym me llamo, y
Falstaff anda enamorado de vuestra esposa. Adios. No me antojo de
venderme por pan y queso, y es toda la fantasa que hay en ello.

(_Sale Nym._)

PAGE.--La fantasa que hay en ello, ha dicho. Vaya un mozo capaz de
volver la fantasa en sandez.

FORD.--Buscar  Falstaff.

PAGE.--Jams he odo  un bribn tan relamido y tan pesado.

FORD.--Si descubro esto, veremos.

PAGE.--Yo no dara fe  semejante charlatn, as respondiera por l el
cura del pueblo.

[Illustration]

FORD.--Hablaba como hombre de seso y de buena ndole. Veremos.

PAGE.--T por aqu, Margarita?

SRA. PAGE.-- dnde vis, Jorge? Escuchad.

SRA. FORD.--Qu ocurre, querido Frank? Por qu ests melanclico?

FORD.--Melanclico! No: no estoy melanclico. Volved  casa, id.

SRA. FORD.--Jurara que tienes ahora alguna cavilacin que te calienta
el cerebro. Queris venir, seora Page?

SRA. PAGE.--Soy con vos. Vendris  comer, Jorge. Ved quien llega.
(_Aparte  La seora Ford._) Ella ser nuestro mensajero para el
caballero bellaco.

(_Entra la seora Aprisa._)

SRA. FORD.--Confiad en m. Yo haba pensado en ella, y es muy apta para
el caso.

SRA. PAGE.--Vens  ver  mi hija Ana?

APRISA.--Ciertamente, y os ruego me digis cmo est la seorita Ana?

SRA. PAGE.--Venid con nosotras y la veris. Tenemos que conversar
largamente con vos.

(_Salen la seora Page, seora Ford y seora Aprisa._)

PAGE.--Qu tal, seor Ford?

FORD.--Osteis lo que me dijo aquel bribn, no es verdad?

PAGE.--S; y osteis lo que me dijo el otro?

FORD.--Creis que hablan de buena fe?

PAGE.--El diablo cargue con ellos. Esclavos! No pienso que el caballero
propusiera tal cosa; pero estos que le acusan de malas intenciones
respecto de nuestras esposas, son una pareja de criados despedidos, que
se hacen an ms pcaros ahora que se ven sin servicio.

FORD.--Eran sirvientes suyos?

PAGE.--S que lo eran.

FORD.--Pues razn de ms para que la cosa me guste menos. Se hospeda en
la Liga?

PAGE.--All mismo. Si tal propsito abrigara l acerca de mi esposa, yo
se la dejara accesible sin estorbo alguno; y si consiguiera de ella
otra cosa que una buena reprimenda, que me la claven en la frente.

FORD.--Yo no desconfo de mi mujer; pero se me hara pesado dejarlos
entregados  s solos. Puede pecar un hombre por exceso de confianza; y
no quisiera yo, por cierto, que me clavaran nada en la frente. No es as
como puedo quedar satisfecho.

PAGE.--He ah  nuestro pomposo posadero de la Liga, que se acerca. 
tiene vino en la testa,  dinero en la bolsa, cuando parece tan alegre.
Cmo va, posadero mo?

(_Entran el posadero y Pocofondo.)_

POSADERO.--Hola, mi gran picarn! T eres un caballero; caballero juez,
digo.

POCOFONDO.--Soy con vos, mi buen posadero. Buenas tardes, excelente
seor Page, una y veinte veces. Querrais venir con nosotros? Tenemos
entre manos un pasatiempo.

POSADERO.--Contadle, caballero juez, contadle, gran tuno!

POCOFONDO.--Pues, seor, hay un duelo pendiente entre el seor Hugh,
prroco galo, y el doctor francs Caius.

FORD.--Bien, amigo posadero de la Liga. Deseo hablaros una palabra.

POSADERO.--Qu dices, gran bribonazo mo?

(_Se van  un lado._)

POCOFONDO.--(_A Page._) Queris venir con nosotros  presenciar el
lance? Mi alegre posadero ha tenido el encargo de medir las armas; y, 
lo que pienso, les ha sealado sitios opuestos, porque, creedme, s que
el prroco no es hombre de gastar bromas. Escuchad y os dir en qu
consiste nuestro juego.

POSADERO.--Tienes algo contra mi campen, mi caballero husped?

FORD.--Nada, por vida ma; pero os obsequiar con una botella de Jerez
rancio si me introducs  l dicindole que mi nombre es Brook. Es una
mera chanza, pura jovialidad.

POSADERO.--Venga esa mano, mi bravo. Tendrs entrada y salida francas.
Es bien dicho? Y te llamars Brook. Es un caballero jovial. Queris
venir, corazones mos?

POCOFONDO.--Soy con vos, amigo posadero.

PAGE.--He odo decir que el francs maneja bien su espada.

POCOFONDO.--Bah! Ms podra yo decir. En estos tiempos todo se vuelve
distancias, y pases, y estocadas, y qu s yo qu ms. Pero el asunto es
el valor, seor Page, es el corazn aqu, aqu. Hubo tiempo en que con
mi espada larga os habra hecho,  los cuatro gallardos mozos que sois,
escabulliros como ratoncillos.

POSADERO.--Vamos, muchachos, vamos. Hemos de eternizarnos aqu?

PAGE.-- vuestras rdenes. Preferira una disputa entre ellos  una
lucha.

(_Salen el Posadero, Pocofondo y Page._)

FORD.--Aunque Page es loco de remate y descansa con tanta seguridad en
la fidelidad de su esposa, yo no puedo prescindir de mi opinin tan
fcilmente. Ella estuvo en compaa de l en casa de Page, y no se me
alcanza lo que haran all. Bueno, examinar esto ms de cerca. Tengo un
disfraz para sondear  Falstaff. Si encuentro que es honrada no habr
perdido mi trabajo; y si resulta que no lo es, ser trabajo bien
empleado.

(_Sale._)


ESCENA II.

Cuarto en la posada de la Liga.

Entran FALSTAFF y FISTOL.

FALSTAFF.--No te prestar ni siquiera un penique.

PISTOL.--Pues entonces har del mundo una ostra y la abrir con mi
espada. Devolver la suma en equipos.

FALSTAFF.--Ni un penique. He tenido  bien dejaros tomar mi nombre para
que tomaseis dinero sobre prendas. He atormentado a mis amigos para que
vos y vuestro compinche Nym obtuvirais tres prrrogas;  de lo
contrario habrais tenido que ir  parar tras de las rejas, como un par
de monos enjaulados. Tengo el alma condenada al infierno, por haber
jurado  caballeros amigos mos, que erais buenos soldados y bravos
mozos, y cuando la Sra. Bridget perdi el mango de su abanico, respond
sobre mi honor de que t no lo habas tomado.

PISTOL.--Y no tuviste tu parte? No recibiste quince peniques?

FALSTAFF.--Reflexiona, bribn, reflexiona. Te imaginas que he de poner
mi alma en peligro, _gratis_? En una palabra, no procures estar colgado
de m, que no he nacido para ser el patbulo en que te han de colgar.
Vete. Una cuchilla poco larga y un poco de muchedumbre, te hacen falta.
Vete  tus dominios de Pickthatch, vete. No querais llevar una carta
ma, bribn! Hacis punto de honor! Por vida ma, has de saber t,
insondable bajeza, que lo ms que puedo hacer yo mismo es mantener
ntegras las circunstancias de mi honor. Yo, yo, yo mismo, algunas
veces, dejando el temor al cielo en mi mano izquierda, y ocultando en la
necesidad mi honor, me veo precisado  buscar astucias,  acechar, 
sorprender; y sin embargo vos pretendis esconder vuestros harapos,
vuestra figura de gato monts, vuestros dicharachos y vuestros brutales
juramentos, bajo la capa de vuestro honor! No, no lo haris nunca!

PISTOL.--Cedo. Qu ms podis exigir de un hombre?

(_Entra Robin._)

ROBIN.--Seor, hay aqu una mujer que desea hablaros.

FALSTAFF.--Djala entrar.

(_Entra la Sra. Aprisa._)

APRISA.--Buenos das  vuestra seora.

FALSTAFF.--As los tengas, buena esposa.

APRISA.--No de esa manera, si place  vuestra seora.

FALSTAFF.--Pues entonces, buena doncella.

APRISA.--Y que podra jurarlo, como mi propia madre cuando me di  luz.

FALSTAFF.--Lo creo aun sin juramento. Qu se ofrece conmigo?

APRISA.--Me permitir su seora hablarle una palabra  dos?

FALSTAFF.--Dos mil, honrada mujer, y te concedo audiencia.

APRISA.--Seor, hay una seora Ford--os ruego que vengis un poquito ms
cerca.--Yo resido en casa del Dr. Caius.

FALSTAFF.--Bueno. Adelante. Decais que la seora Ford.....

APRISA.--Mucha verdad dice vuestra seora. Os suplico que os acerquis
un poquito ms.

FALSTAFF.--Te aseguro que nadie nos escucha. Esas gentes son de mi
servicio: de mi servicio.

APRISA.--En verdad? Dios los bendiga y los haga buenos servidores
suyos.

FALSTAFF.--Bien; pero qu,  propsito de la seora Ford?

APRISA.--Por mi vida, seor, que es una criatura inmejorable, un alma de
Dios! Ay seor! Ay seor! Y qu travieso es vuestra seora! En fin,
que el cielo nos perdone,  vos y  todos nosotros!

FALSTAFF.--La seora Ford..... Vamos al caso. La seora Ford.....

APRISA.--Pues all va todo el asunto en dos palabras. Le habis
trastornado la cabeza de una manera asombrosa! No podra haberlo
conseguido el mejor de cuantos galanes luce la corte cuando viene 
Windsor. Y os aseguro que han venido caballeros y lores, uno tras otro,
en sus carruajes. Os lo aseguro, coche tras coche, carta tras carta,
presente tras presente, y todo tan lleno de olor de algalia y tan
envuelto en oro y seda, y con mensajes en tan elegantes trminos y tan
almibarados con la ms fina y mejor azcar, que no habra habido corazn
de mujer capaz de resistir. Pues  pesar de todo, os garantizo que no
consiguieron ni una guiada. Yo misma recib esta maana un obsequio,
veinte ngeles; pero desafo  todos los ngeles  que consigan nada por
otro camino que la honradez. Ni el ms encopetado de todos logr
alcanzar de ella, vamos, lo que es un sorbo de una taza; y eso que haba
condes, y lo que es an ms, pensionistas! Pero os aseguro que con ella
todo sale  lo mismo.

[Illustration]

FALSTAFF.--Pero qu dice de m? Sed lacnica, mi seora Mercurio.

APRISA.--Por cierto que recibi vuestra carta, por la cual os da mil
veces las gracias, y desea que tengis aviso de que su esposo estar
fuera de casa entre las diez y las once.

FALSTAFF.--Entre diez y once?

APRISA.--S, exactamente. Y en ese tiempo podris ir  ver la pintura
que sabis, y su esposo, el seor Ford, no estar en casa. Ay! qu
vida lleva la pobrecita con l! Es un hombre tan celoso, que la hace
pasar la mar  pi, como dicen. Pobre palomita!

FALSTAFF.--Entre diez y once. Presntale mis cumplimientos. No dejar de
ser puntual  la cita.

APRISA.--Muy bien dicho; pero tengo otro mensaje para vuestra seora.
La seora Page os presenta tambin sus ms afectuosos cumplimientos--y
dejad que os lo diga muy en secreto--es una esposa recatada y virtuosa,
como la mejor que pueda haber en Windsor, y que jams falta al rezo de
la maana y de la tarde. Me ha pedido decir  vuestra seora, que su
marido sale muy raras veces de casa, pero que tiene ella la esperanza de
que no faltar una oportunidad. Jams, en los das de mi vida, he visto
 una mujer tan apasionada de un hombre. Seguramente tenis alguna magia
para encantarlas.

FALSTAFF.--Os aseguro que no. Fuera del natural atractivo en mi persona,
no tengo encantos.

APRISA.--Pues Dios os bendiga por ellos, mi feliz seor!

FALSTAFF.--Slo te ruego que me digas esto: saben la esposa de Ford y
la de Page, cada una, que la otra est enamorada de m?

APRISA.--Pues bonita la habramos hecho! Espero que no son tan
estpidas. Por cierto que eso no habra sido sino una treta. Pero la
seora Page desea que  todo trance le enviis  vuestro pajecito. Su
esposo tiene un afecto singular hacia ste, y os aseguro que el seor
Page es todo un hombre de bien. No hay en Windsor esposos mejor
avenidos; como que l hace lo que ella quiere, dice lo que se le antoja,
toma cuanto le pide y paga cuanto toma: se acuesta cuando ella lo
desea, se levanta cuando se lo dice, y en todo y por todo no se hace en
la casa sino lo que ella ordena. Y en verdad que lo merece; porque si
hay en Windsor una excelente mujer, es ella. Debis enviarle vuestro
paje, no hay remedio.

FALSTAFF.--Por supuesto que lo har.

APRISA.--Bien; pues manos  la obra. Pero mientras l hace el
corre-v-y-dle entre vosotros dos, cuidad de que haya siempre una
excusa  pretexto ostensible, para que comprendiendo vosotros vuestra
buena intencin, l no pueda caer en sospecha alguna, pues no est bien
que los muchachos entren en malicia. Los viejos, como sabis, tenemos
discrecin y conocemos el mundo.

FALSTAFF.--Adios. Hazme presente  las dos seoras. He aqu mi bolsa, y
todava me reconozco por deudor tuyo. Muchacho, v con esta mujer. Esta
noticia me tiene aturdido!

(_Salen la seora Aprisa y Robin._)

PISTOL.--Esta galera vieja es uno de los mensajeros de Cupido. Forcemos
velas, dmosle caza, vamos al abordaje, hagamos fuego y ser ma la
presa,  que el Ocano nos trague  todos!

(_Sale Pistol._)

FALSTAFF.--Con que esas tenemos, mi viejo Falstaff? Sigue adelante, que
todava sacar de tu viejo cuerpo ms que en los tiempos pasados.
Todava te persiguen ellas? Y despus de tanto dinero perdido, vas 
entrar ahora en ganancias? Gracias, cuerpo mo. Que digan enhorabuena
que ha sido hecho groseramente. Con tal de que se gane bastante, qu
importa?

(_Entra Bardolfo._)

BARDOLFO.--Seor Juan, hay abajo un seor Brook que desea hablaros y
entrar en relacin con vos, y ha enviado para vuestra seora una bota
de jerez seco.

FALSTAFF.--Dices que se llama Brook?

BARDOLFO.--S, seor.

FALSTAFF.--Hazle venir. (_Sale Bardolfo._) Esta clase de Brooks, que
derrama semejante licor, es siempre bienvenida. Ah! ah! Seora Ford,
seora Page, no os he atrapado mal, eh? Adelante, adelante, _via_!

(_Vuelve  entrar Bardolfo, con Ford disfrazado._)

FORD.--Dios os guarde, seor.

FALSTAFF.--Y  vos. Deseis hablar conmigo?

FORD.--Temo ser demasiado audaz, presentndome en vuestra casa sin
preparativo alguno.

FALSTAFF.--Sois bien venido. Qu deseis? Retrate, mozo.

(_Sale Bardolfo._)

FORD.--Soy un caballero que ha gastado excesivamente. Me llamo Brook.

FALSTAFF.--Mi buen seor Brook, me alegrar de conoceros ms
ntimamente.

FORD.--El mismo deseo me anima respecto de vos; pues debo declararos que
me considero en mejor situacin que la vuestra para prestar dineros. Y
esto me ha animado un tanto  entrar aqu inoportunamente, como un
intruso; pero dicen que cuando el dinero hace veces de introductor,
todas las puertas se abren.

FALSTAFF.--El dinero es un valeroso soldado, que siempre sale adelante
en sus empresas.

FORD.--Por cierto. Y he aqu que tengo este saco de dinero que me
molesta; y si queris, seor Juan, tomar todo  la mitad de l, ese peso
menos tendr que llevar.

FALSTAFF.--No s en verdad, seor, cmo podr merecer el ayudaros de
este modo.

FORD.--Os lo dir si queris escucharme.

FALSTAFF.--Hablad, mi buen seor Brook. Me encantar ser vuestro
auxiliar.

FORD.--Dicen que sois instrudo. Por tanto, ser lacnico. Os conozco de
tiempo atrs, aunque nunca haya tenido tan buena ocasin como deseaba
para entrar en relacin con vos. Y ahora debo haceros una revelacin
que pondr al descubierto muchas de mis imperfecciones; pero, buen sir
Juan, si fijis la vista en mis locuras,  medida que os las refiera,
acordaos al mismo tiempo de echar una mirada  las vuestras,  fin de
que me sea menos penosa la censura, sabiendo que vos mismo conocis cun
fcil es caer en semejantes debilidades.

FALSTAFF.--Perfectamente. Proseguid.

FORD.--Hay en esta ciudad una seora cuyo marido se llama Ford.

FALSTAFF.--Y bien?

FORD.--Hace mucho tiempo que la amo, y os aseguro que no es poco lo que
he gastado por ella. La he seguido con la perseverancia ms obstinada:
he multiplicado las ocasiones de encontrarme con ella; he promovido
hasta las ms leves oportunidades de alcanzar siquiera  verla un
instante: no solamente he gastado con profusin en obsequiarla, sino que
he dado mucho dinero por saber lo que ella querra dar: en una palabra,
la he perseguido como me ha perseguido  m el amor, esto es, tomando al
vuelo todas las ocasiones posibles. Pero cualquiera que haya sido mi
merecimiento, ya por el afecto, ya por los medios, ninguna recompensa he
recibido,  no ser que la experiencia sea, como dicen, una joya, y en
este caso la he comprado  precio fabuloso. Esto me ha enseado que:

      Amor cual sombra se aleja
    de quien sincero le sigue.
    Deja  aquel que le persigue,
    y persigue  quien le deja.

FALSTAFF.--Y nunca habis obtenido promesa alguna de satisfaccin?

FORD.--Nunca.

FALSTAFF.--Y no la habis acosado para ello?

FORD.--Nunca.

FALSTAFF.--Pues entonces qu clase de amor era el vuestro?

FORD.--Como una bella casa fabricada en el terreno de otro hombre; de
modo que he perdido mi edificio por haber equivocado el sitio donde
haba de erigirlo.

FALSTAFF.--Y cul es vuestro propsito al descubrirme todo esto?

FORD.--Cuando os lo haya dicho, lo habr dicho todo. Dicen algunas
personas que, aun cuando ella aparece honrada ante m, sin embargo suele
llevar su alegra  tal punto, que se hacen sobre ella poco piadosos
comentarios. Y vengo ahora  lo esencial de mi propsito. Vos sois un
caballero perfectamente educado, admirable en el discurso, bien acogido
en la mejor sociedad, valioso por la posicin y la persona, y reconocido
por muchas eminentes cualidades de guerra, de corte y de ciencia.

FALSTAFF.--Oh! Me abrumis!

FORD.--Debis creerme, pues tenis conciencia de todo esto. Aqu tenis
dinero: gastadlo; gastadlo todo; gastad ms; gastad cuanto tengo; y en
cambio, concededme solamente aquella parte de vuestro tiempo que baste 
poner un asedio amoroso  la honestidad de la mujer de Ford. Emplead
para conquistarla todos los recursos de vuestro arte; que si hombre
alguno puede triunfar de ella, ninguno lo podra ms pronto que vos.

FALSTAFF.--Y cmo puede conciliarse la vehemencia de vuestra pasin,
con la idea de que yo me apodere de lo mismo que anhelis disfrutar? Se
me figura que os servs de un remedio en extremo ineficaz.

FORD.--Oh! Comprended mi intento. Est esa mujer tan encastillada en la
excelencia de su honor, que no me atrevo  presentarle la locura de mi
alma. Es como una luz que no puedo mirar de frente porque me deslumbra.
Ahora bien: si pudiera acercarme  ella con alguna prueba de su
verdadera fragilidad en la mano, mis exigencias y pretensiones tendran
un fundamento para hacerse valer: ella quedara desalojada entonces de
ese atrincheramiento de su pureza, su reputacin, su juramento de
fidelidad al esposo, y de las otras mil defensas que ahora la hacen
inexpugnable para m. Qu pensis de este plan?

FALSTAFF.--Amigo Brook, principiar por tratar sin ceremonia vuestro
dinero; dadme vuestra mano en seguida; y, por ltimo, tan cierto como
que soy un caballero, podris, si queris, gozar de la esposa de Ford.

FORD.--Oh mi buen amigo!

FALSTAFF.--Seor Brook, os digo que ser as.

FORD.--No os faltar dinero, no; lo tendris de sobra.

FALSTAFF.--Ni vos necesitaris una seora Ford, pues la tendris. Yo
estar con ella (podis estar seguro de lo que os digo), entre las diez
y las once, por cita que ella misma me ha dado. Precisamente cuando
llegabais, acababa de salir su asistente, emisaria  corre-v-y-dile.
Digo que estar con ella entre las diez y las once, pues  esa hora se
hallar ausente el bellaco del marido. Venid por la noche y sabris el
progreso que habr alcanzado.

FORD.--Ah! vuestra amistad es una bendicin para m! Conocis, por
ventura,  Ford?

FALSTAFF.--Que el diablo cargue con ese pobre bellaco cornudo! No le
conozco pero le hago injusticia al llamarle pobre; pues dicen que ese
celoso cornudo tiene montones de oro, y por esto mismo me parece su
mujer muy apetecible. Me servir de ella como de llave para abrir el
cofre del cornudo bribn, y all tendr mi cosecha.

FORD.--Me alegrara de que conociseis  Ford  fin de que le evitis si
le encontris.

FALSTAFF.--Vaya al diablo ese tuno, estatua de manteca salada! Le har
perder el seso de un susto; le espantar con mi bastn, levantado como
un meteoro sobre sus astas de cornudo. Veris, seor Brook, cmo har lo
que quiera de ese paisano, y cmo os acostaris con su esposa. Venid
esta noche temprano. Ford es un bribn y yo le aadir lo que le falta.
Vos, amigo Brook, conoceris pronto que es bribn y cornudo. Venid
temprano esta noche.

(_Sale._)

FORD.--Qu infernal pillo sibarita es ste! El corazn me quiere
estallar de impaciencia! Mi mujer le ha dado cita, queda fijada la hora,
y el convenio est hecho! Qu hombre lo habra pensado? Oh! Qu
infierno es tener una mujer falsa! La deshonra para mi lecho, el robo
para mi caudal, la burla y el escarnio para mi reputacin! Y no
solamente he de recibir estos viles ultrajes, sino que he de sobrellevar
los ms abominables dictados de boca del mismo que me infama con los
hechos! Dictados! Nombres! Satans, Lucifer, Amaimn, todo eso suena
bien, aunque sean dictados de demonios, nombres de desalmados. Pero
cornudo! Complaciente cornudo! Ni el diablo mismo se resigna  llevar
semejante nombre! Page es un asno, asno de nacimiento. Confa en su
mujer y no es celoso. Antes confiara yo mi manteca  un flamenco, mi
queso al cura galo Hugh, mi botella de aguardiente  un irlands,  mi
caballo de ms estima  un ladrn, que confiar  mi mujer  s propia.
Entonces urde, trama, intriga; y han de ejecutar lo que les viene  la
mente: lo han de ejecutar, cueste lo que costare. Gracias al cielo por
mis celos! Las once es la hora. Evitar esto, sorprender  mi mujer, me
vengar de Falstaff y me reir de Page. Voy  atender  ello. Vale ms
que sea tres horas demasiado pronto que un minuto demasiado tarde. Vaya!
vaya! vaya! Cornudo!... cornudo!... cornudo!...

(_Sale._)


ESCENA III.

Parque de Windsor.

Entran CAIUS y RUGBI.

CAIUS.--Rugbi?

RUGBI.--Seor.

CAIUS.--Qu hora es?

RUGBI.--Ha pasado, seor, la hora en que sir Hugh prometi venir.

CAIUS.--Por mi vida, que ha salvado su alma con no venir. Ha rezado bien
en su biblia, cuando no ha venido. Voto  sanes, Rugbi, que si viene, es
hombre muerto!

RUGBI.--No es tonto, seor. l sabe bien que vuestra seora lo habra
muerto si hubiese venido.

CAIUS.--Vive Dios, que no hay arenque tan muerto como l cuando yo lo
mate. Voy  decirte el modo cmo he de matarle.

RUGBI.--Ay, seor! Yo no entiendo de esgrima.

CAIUS.--Toma tu espada, canalla.

RUGBI.--Tened calma. Aqu viene gente.

(_Entran el posadero, Pocofondo, Slender y Page._)

POSADERO.--Dios te bendiga, bravo doctor.

POCOFONDO.--l os salve, seor doctor Caius.

PAGE.--Qu tal, mi buen doctor?

SLENDER.--Os deseo buen da, seor.

CAIUS.-- qu habis venido todos, uno, dos, tres, cuatro?

POSADERO.-- verte batindote, yendo  fondo, parando, replicando, yendo
de aqu para all, dando golpes de punta y de filo, haciendo tus pases,
dando tus estocadas en tercia, en cuarta, y, en fin, tu flanconada. Ha
muerto, etope mo? Ha muerto, Francisco mo? Ah, bravo! Qu dice mi
Esculapio, mi Galeno? Mi corazn de saco? Ah! Est muerto, bravo
Stale? Est muerto?

CAIUS.--Voto  cribas! Es el clrigo ms cobarde del mundo. No se ha
dejado ver la cara!

POSADERO.--Eres un rey de Castilla, un Hctor de Grecia, muchacho mo!

CAIUS.--Dad testimonio, os ruego, de que le he esperado dos y tres horas
y que no ha venido.

POCOFONDO.--Es el ms prudente, seor doctor. l es curador de almas y
vos lo sois de cuerpos. Si os bats, vis directamente contra toda la
ndole de vuestra profesin. No es as, seor Page?

PAGE.--Vos mismo, seor Pocofondo, habis sido gran duelista, aunque
ahora sois hombre de paz.

POCOFONDO.--Puales! Amigo Page, viejo y hombre de paz como me vis,
cuando veo una espada, me comen los dedos por menearla; pues aunque
seamos jueces y doctores y gente de iglesia, nos queda an algo del bro
de la juventud. Somos hijos de mujeres, amigo Page.

PAGE.--No hay duda de ello, seor Pocofondo.

POCOFONDO.--As se ha de descubrir, seor Page. Seor doctor Caius, he
venido para llevaros  casa. Estoy juramentado para la paz. Habis
probado ser un mdico prudente, y el seor Hugh ha probado ser un
prudente y sufrido sacerdote. Tenis que venir conmigo, seor doctor.

POSADERO.--Perdonad, juez-husped. Una palabra, seor Aguaturbia.

CAIUS.--Aguaturbia! Qu significa eso?

POSADERO.--En nuestro idioma, quiere decir valenta, bravo mo.

CAIUS.--Voto  san! que entonces tengo tanta agua turbia como cualquier
ingls. Ah, perro sarnoso de clrigo! Voto  tantos que le he de
cortar las orejas!

POSADERO.--Te clavar los dientes de firme, bravo mo.

CAIUS.--Qu es eso de clavar los dientes?

POSADERO.--Es decir que te dar satisfacciones.

CAIUS.--Pues por vida ma que tendr que hacerlo, porque yo he de
tenerlas.

POSADERO.--Y yo le provocar  ello,  que se vaya  paseo.

CAIUS.--Y os doy gracias por esto.

POSADERO.--Y adems, bravo mo... Pero ante todo, seor husped, seor
Page y caballero Slender, id por la ciudad hasta Frogmore.

(_Aparte  stos._)

PAGE.--Est all el seor Hugh?

POSADERO.--All est. Ved en qu disposicin se encuentra, y yo har
venir al doctor por entre los campos. Os parece bien?

POCOFONDO.--As lo haremos.

    PAGE.}
    POCOFONDO.} Adios, amigo doctor.
    SLENDER.}

(_Salen Page, Pocofondo y Slender._)

CAIUS.--Voto ....! que he de matar al clrigo, porque se pone  hablar
 Ana Page en favor de ese pedazo de mico!

POSADERO.--Que muera en buen hora! Pero primero calma tu impaciencia,
echa agua fra sobre tu clera, ven conmigo al travs de los campos
hasta Frogmore, y te guiar  la quinta donde est Ana Page en una
fiesta, y all la conquistars. Digo bien?

CAIUS.--Por vida de...! que os lo agradezco. Por vida de...! que os amo,
y os he de procurar la amistad de mis clientes, caballeros, nobles y
lores.

POSADERO.--Por todo lo cual ser tu adversario con Ana Page. Digo
bien?

CAIUS.--Por mi alma que est bien, muy bien dicho.

POSADERO.--Pues entonces, en marcha.

CAIUS.--Ven tras de m, Rugby.

(_Salen._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO III.


ESCENA I.

Campo cerca de Frogmore.

Entran Sir HUGH EVANS y SIMPLE.

EVANS.

Os ruego me digis, buen servidor del seor Slender, y amigo Simple por
vuestro nombre, de qu manera habis buscado al seor Caius, que se da
el ttulo de Doctor en medicina?

SIMPLE.--En verdad, seor, le busqu en el distrito de la ciudad y en el
del parque, en todas direcciones: en el antiguo camino de Windsor, y en
todos los dems, excepto el de la ciudad.

EVANS.--Pues deseo con la mayor vehemencia, que busquis tambin en ese
camino.

SIMPLE.--As lo har.

EVANS.--Dios me asista! Cun lleno estoy de clera y de incertidumbre!
Me alegrar de que l me haya engaado. Qu melanclico estoy! En la
primera oportunidad le har salir la cruz de los calzones por la copa
del sombrero,  ese bribn! Dios me asista!

(_Canta._)

      Junto al claro riachuelo
     cuya bella cascada
    canta el ave en la alborada
    madrigales desde el cielo,
    formaremos  la sombra,
    sobre el musgo y entre flores
    ricas de aroma y colores,
    un lecho de blanda alfombra.

Vlgame Dios! Y qu gana tengo de llorar!

    Canta el ave melodiosa
    madrigales desde el cielo,
    un lecho me brinda el suelo
    de csped, clavel y rosa
    junto al claro riachuelo,
          etc., etc.

SIMPLE.--Seor Hugh, vedle que viene por all abajo.

EVANS.--Bien venido.

    Junto al claro riachuelo,
     cuya bella cascada....

Que el cielo ayude al que tenga justicia! Qu armas trae?

SIMPLE.--Ninguna, seor. Vienen mi amo el seor Slender y otro caballero
de Frogmore, y se dirigen hacia aqu.

EVANS.--Bien. Dame mi toga;  ms bien, tenla en tu brazo.

(_Entran Page, Pocofondo y Slender._)

_Pocofondo_.--Qu tal, seor cura? Buenos das, buen seor Hugh. Quien
quiera hacer una maravilla, que separe de los dados  un jugador y d su
libro  un estudiante.

SLENDER.--Ah, dulce Ana Page!

PAGE.--Dios os guarde, buen seor Hugh.

EVANS.--l os bendiga  todos por su misericordia.

POCOFONDO.--Qu! La espada y la palabra? Estudiis una y otra, seor
cura?

PAGE.--Y todava andis en cuerpo, como un jovencito, en un da tan
crudo y reumtico?

EVANS.--Hay motivos y razones para ello.

PAGE.--Hemos venido  encontraros, seor cura, con nima de hacer una
buena accin.

EVANS.--Muy bien. Cul es?

PAGE.--All hay un venerable caballero, que juzgndose ofendido por
alguna persona, est en la ms terrible lucha que se pueda ver con su
propia gravedad y paciencia.

POCOFONDO.--Ochenta y pico de aos he vivido, y nunca he visto  hombre
de su posicin, gravedad y saber, tan celoso de su propio respeto.

EVANS.--Quin es?

PAGE.--Pienso que le conocis. Es el seor doctor Caius, el reputado
mdico francs.

EVANS.--Por Dios y todos los santos del cielo! Preferira hablar de un
hervido de coles!

PAGE.--Por qu?

EVANS.--Porque no sabe jota de Hipcrates y Galeno. Y adems es un
bribn: tan cobarde bribn, como el que ms de cuantos pudirais
conocer.

PAGE.--Os aseguro que este es quien se batira con l.

SLENDER.--Oh dulce Ana Page!

POCOFONDO.--As parece, por sus armas. Mantenedles separados: aqu viene
el doctor Caius.

(_Entran el posadero, Caius y Rugbi._)

PAGE.--No, seor cura: no desnudis vuestra arma.

POCOFONDO.--Ni tampoco vos, mi buen doctor.

POSADERO.--Desarmadles y dejad que discutan. As conservarn ilesos sus
miembros y no harn trizas sino nuestro idioma.

CAIUS.--Dejadme deciros una palabra al odo, si gustis. Por qu
evitis el encuentro conmigo?

EVANS.--Tened un poco de paciencia, os ruego. Ya vendr el momento
oportuno.

CAIUS.--Voto  san! que sois un cobarde, un perro, un mico!

[Illustration]

EVANS.--Os suplico que no nos hagis el hazme-reir del buen humor de
otras personas. Deseo vuestra amistad, y de un modo  otro os dejar
satisfecho. (_En voz baja._) Os he de sacar  puntapis la cruz del
calzn por la cabeza, gran bellaco, para que no os burlis de citas y
compromisos de honor.

CAIUS.--Al diablo! Jack Ruby, y vos, hostelero de la Liga, no le
esper para matarle? No estuve en el sitio designado?

EVANS.--Tan cierto como que soy cristiano, este es el sitio que se haba
sealado. Que lo diga el mismo hostelero de la Liga.

POSADERO.--Paz! Paz, digo, entre Gales y la Galia! entre galo y
francs! Paz entre el que cura el alma y el que cura el cuerpo!

CAIUS.--S, eso es muy bueno, excelente!

POSADERO.--Paz, digo. Decid si el posadero de la Liga no es un poltico
sutil, si no es un Maquiavelo! Perder  mi mdico? No! l es quien me
da las pociones y mociones. Perder  mi cura?  mi sacerdote?  mi
amigo Hugh? No. El me da los proverbios y los _pater-noster_. Dame tu
mano, hombre terreno, as. Dadme la tuya, hombre mstico, as. No sois
ms que nios en la astucia. Os he engaado  ambos, dirigindoos 
diferentes lugares para que no pudirais encontraros. Vuestros corazones
estn llenos de vigor, vuestros cuerpos ilesos, y el desenlace debe ser
una libacin de vino jerez. Ea! gurdense esas armas para empeo.
Sgueme, hombre de paz. Seguidme, seguidme.

POCOFONDO.--Contad conmigo, husped. Seguid, caballeros, seguid.

SLENDER.--Oh dulce Ana Page!

(_Salen Pocofondo, Slender, Page y el posadero._)

CAIUS.--Ah! Ya caigo en cuenta. Nos ha hecho pasar por un par de
tontos! ah! ah!

EVANS.--Est muy bien. Se ha redo de nosotros. Deseo que vos y yo
seamos amigos, y vamos concertando juntos el modo de vengarnos de este
despreciable, sarnoso y tahur compaero, el posadero de la Liga.

CAIUS.--Voto ! Con todo mi corazn. Me prometi conducirme  donde Ana
Page y tambin me ha engaado!

EVANS.--Bueno. He de romperle la crisma. Tened la bondad de venir
conmigo.

(_Salen._)


ESCENA II.

Una calle de Windsor.

Entran la seora PAGE y ROBIN.

SRA. PAGE.--No; sigue adelante, galancito mo. T debas ir detrs y
ahora vas  la cabeza. Te gusta ms hacer que te sigan mis ojos, 
seguir con los tuyos los talones de tu seor?

ROBIN.-- fe ma que prefiero ir delante como un hombre, que seguirle
como un enano.

SRA. PAGE.--Oh! Eres un chico zalamero. Veo que parars en cortesano.

(_Entra Ford._)

FORD.--Me alegro de encontraros, seora Page.  dnde vais?

SRA. PAGE.--Por cierto que  ver  vuestra esposa. Est en casa?

FORD.--S, y tan ociosa, por falta de compaa, que no s cmo no se le
caen los cuartos. Se me figura que, si muriesen vuestros maridos, os
casarais las dos.

SRA. PAGE.--De seguro; con otros dos maridos.

FORD.--Dnde hubisteis este bonito gallo de campanario?

SRA. PAGE.--Por nada puedo acordarme del nombre del sujeto de quien lo
tuvo mi esposo. Muchacho cmo se llama tu seor?

ROBIN.--El seor Juan Falstaff.

FORD.--El seor Juan Falstaff!

SRA. PAGE.--El mismo. Nunca puedo dar con su nombre. Hay tanta intimidad
entre mi buen hombre y l! Es seguro que vuestra esposa est en casa?

FORD.--Seguro que est all.

SRA. PAGE.--Con vuestro permiso. Estoy impaciente por verla.

(_Salen la seora Page y Robin._)

FORD.--Tiene Page sesos? Tiene ojos? Tiene algo como entendimiento?
Pues si los tiene, no hay duda de que estn dormidos: no le sirven para
nada. Por cierto que este muchacho llevara una carta veinte millas, con
tanta facilidad como un can arroja una bala, punto en blanco, 
doscientas cuarenta yardas. Page da rienda suelta  la inclinacin de su
esposa; da impulso y facilidades  su insensatez; y ahora va  donde mi
mujer, y la acompaa el muchacho de servicio de Falstaff! Un ciego
podra ver al travs de esto. La acompaa el muchacho de Falstaff!
Bien urdidas estn las intrigas! Y nuestras mujeres se juntan para
condenarse Bueno. Me apoderar de l; en seguida torturar  mi esposa,
arrancar la mscara de falsa modestia de la hipcrita seora Page,
exhibir  Page como un Acten voluntario; y  estos violentos
procederes, todos mis vecinos dirn _amen_. (_Se oye el reloj dar
horas._) El reloj me da el aviso, y mi certeza me invita  hacer un
registro. All encontrar  Falstaff; y ser ms encomiado que
ridiculizado por esto; porque tan seguro es que Falstaff est all como
que la tierra est bajo los pis. Ir. (_Entran Page, Pocofondo,
Slender, el posadero, sir Hugh Evans, Caius y Rugbi._)

POCOFONDO, PAGE, ETC.--Plceme veros, seor Ford.

FORD.--Una buena reunin,  fe ma. Hay una buena mesa hoy en casa; y os
ruego  todos que me acompais.

POCOFONDO.--Debo ofreceros mis excusas, seor Ford.

SLENDER.--Y yo igualmente, seor. Estamos comprometidos  comer donde la
seorita Ana, y no le faltara por ninguna suma de dinero que se pueda
contar.

POCOFONDO.--Hemos disertado sobre unas bodas entre Ana Page y mi primo
Slender, y hoy debemos recibir la respuesta.

SLENDER.--Espero contar con vuestro favor, padre Page.

PAGE.--Tenis mi buena voluntad, seor Slender. Estoy enteramente 
favor vuestro; pero mi esposa, seor doctor, est no menos decidida por
vos.

CAIUS.--Y por vida de...! que la doncella est enamorada de m; que as
me lo ha dicho mi aya, la seora Aprisa.

POSADERO.--Y qu decs al joven seor Fenton? l baila, tiene el brillo
de la juventud, escribe versos, habla alegremente, y tiene olor de Abril
y Mayo. l ganar la partida; l ganar la partida. Eso est en la masa
de la sangre. Ganar la partida.

PAGE.--No con mi consentimiento, os lo aseguro. No es un caballero
apetecible. Era asociado y compinche del prncipe disoluto y de Poins.
Pertenece  una regin demasiado elevada, y tiene demasiado mundo. No.
No ser con mi caudal con lo que ha de echar un remiendo  su fortuna.
Si ha de tomar  mi hija, la tomar  ella sola; pues la riqueza que
poseo, ser dirigida por mi voluntad; y mi voluntad no se dirige hacia
ese lado.

FORD.--Os suplico lo ms encarecidamente que algunos de vosotros vengis
 casa  comer conmigo; pues fuera de la mesa, habr una buena
diversin: os har ver un monstruo. Vendris, seor doctor; y tambin
vos, seor Page; y vos, seor Hugh.

POCOFONDO.--Bien: quedad con Dios. As tendremos ms libertad para los
asuntos matrimoniales en casa del seor Page.

(_Salen Pocofondo y Slender._)

CAIUS.--Vete  casa, Rugbi. Ya ir yo.

(_Sale Rugbi._)

POSADERO.--Adios, amigos de mi alma. Me voy donde mi honrado husped el
caballero Falstaff  beber con l un trago de vino de Espaa.

(_Sale el posadero._)

FORD.--(_Aparte._) Creo que primero beber vino de pipa con l. Ya le
har bailar. Queris venir, buenos amigos?

TODOS.--Somos con vos, para ver el monstruo.

(_Salen._)


ESCENA III.

Cuarto en casa de Ford.

Entran la seora FORD y la seora PAGE.

SRA. FORD.--Hola, Juan! Hola, Roberto!

SRA. PAGE.--Pronto, pronto. Es en la canasta...

SRA. FORD.--Por vida ma. Hola, Robin, oyes?

(_Entran criados con una canasta._)

SRA. PAGE.--Venid, venid.

SRA. FORD.--Ponedla aqu.

SRA. PAGE.--Dad la orden  vuestras gentes. No tenemos tiempo que
perder.

SRA. FORD.--Entended, como os tengo dicho, Juan y Roberto, que debis
estar listos aqu cerca, en la cervecera; y en el mismo instante en que
yo os llame, venid, sin dilacin ni tropiezo, y tomad esta canasta en
vuestros hombros. Con ella iris  toda prisa hacia los lavaderos de la
cinaga de Datchet, y la vaciaris en la zanja cenagosa que est junto a
la margen del Tmesis.

SRA. PAGE.--Lo haris as?

SRA. FORD.--Les he hecho el encargo una y otra vez. No son instrucciones
lo que les falta. Idos, y acudid en el momento en que os llame.

(_Salen los criados._)

SRA. PAGE.--Aqu viene el rapazuelo Robin.

(_Entra Robin._)

SRA. FORD.--Qu tal, chiquitn mo? Qu nuevas traes?

ROBIN.--Mi amo sir Juan, ha venido  la puerta falsa, seora, y solicita
vuestra compaa.

SRA. PAGE.--Y t, rapazuelo prestado, no nos has hecho alguna mala
partida?

ROBIN.--Puedo jurar que no. Mi seor no sabe que estais aqu, y me ha
amenazado con despedirme si os digo la menor palabra, pues jura que me
pondra  la puerta.

SRA. PAGE.--Eres un buen muchacho, y tu sigilo te servir de sastre;
como que le debers un vestido nuevo. Voy  esconderme.

SRA. FORD.--Hacedlo. V  decir  tu seor que estoy sola. Seora Page,
no os olvidis de la seal.

(_Sale Robin._)

SRA. PAGE.--Te lo garantizo. Si no desempeo mi papel, slvame.

(_Sale la Sra. Page._)

SRA. FORD.--Pues  ello. Nos serviremos de esta pestilente humedad, de
esta grosera calabaza, y le ensearemos  distinguir las flores de los
guijarros.

(_Entra Falstaff._)

FALSTAFF.--Te he alcanzado al fin, celeste joya ma? Pues ahora debera
yo morir, ya que he vivido bastante tiempo para ver coronada mi
ambicin. Oh! Bendita hora!

SRA. FORD.--Oh simptico sir Juan!

FALSTAFF.--Seora Ford, no puedo lisonjear, no puedo charlar, seora
Ford. Ahora mi deseo es pecaminoso: quisiera que estuviese muerto
vuestro marido. En presencia del ms encumbrado lord lo dira: te hara
mi esposa.

SRA. FORD.--Yo, esposa vuestra, sir Juan! Sera una muy pobre esposa
para vos.

FALSTAFF.--No la hay igual en toda la corte de Francia! Veo cmo tu
mirada rivaliza con el brillo del diamante; tienes en las cejas el arco
armonioso que corresponde  un modelo veneciano ricamente adornado.

SRA. FORD.--Un modesto pauelo es todo lo que puede venirles bien. Y aun
eso, lo dudo.

FALSTAFF.--Es una traicin lo que te haces hablando as. Haras en todo
rigor una excelente dama de corte; y tu paso firme y elstico, dara 
tu talle la ms seductora oscilacin bajo los semicrculos de la
crinolina. Bien veo lo que seras si no te fuera adversa la fortuna;
pero la naturaleza te ha favorecido, y esto no puedes ocultarlo.

SRA. FORD.--Creedme, no tengo tales atractivos.

FALSTAFF.--Pues por qu te he amado? Esto solo basta para convencerte
de que hay en ti algo de extraordinario. Vamos, yo no puedo adular y
decir que eres esto y aquello, como tantos de esos remilgados pisaverdes
que se presentan como mujeres disfrazadas de hombre y perfumados de pis
 cabeza. No, no puedo hacerlo, pero te amo,  ti,  ti sola, y lo
mereces.

SRA. FORD.--Pero no me traicionis. Mucho me temo que amis  la Sra.
Page.

FALSTAFF.--Tanto valdra que dijeras que me gusta ir  parar  la
crcel; cosa que me halaga tanto como el vapor de cal viva.

SRA. FORD.--Bueno. El cielo sabe cunto os amo, y algn da os
convenceris de ello.

FALSTAFF.--No vares de pensamiento, que yo merecer tu amor.

SRA. FORD.--Nunca, debo decroslo, si no variis vos mismo; pues
entonces no podra pensar del mismo modo.

ROBIN.--(_Adentro._) Seora Ford! Seora Ford! La seora Page est 
la puerta, toda sudando y jadeando y con la cara despavorida, y dice que
tiene que hablaros inmediatamente.

FALSTAFF.--Es necesario que no me vea. Me ocultar aqu detrs de este
tapiz.

SRA. FORD.--Hacedlo. Es una mujer muy chismosa. (_Falstaff se
oculta._--_Entran la seora Page y Robin._) Qu ocurre? Qu hay de
nuevo?

SRA. PAGE.--Oh seora Ford! Qu habis hecho? Estis cubierta de
afrenta, estis arruinada, estis perdida para siempre!

SRA. FORD--Pero qu acontece, buena seora Page?

SRA. PAGE.--Pues no es nada, seora Ford! Teniendo por marido  un
hombre honrado, darle semejante motivo de sospecha!

SRA. FORD--Qu motivo de sospecha?

SRA. PAGE.--Qu motivo de sospecha? Vergenza para vos! Cmo he
podido equivocarme sobre vos?

SRA. FORD--Pero por Dios! de qu se trata?

SRA. PAGE.--Se trata, mujer, de que vuestro marido viene en este momento
con todos los oficiales de Windsor,  sorprender  un caballero que dice
est ahora aqu en su casa, de acuerdo con vos, para aprovechar
deshonrosamente su ausencia. Estis perdida!

SRA. FORD--(_Aparte._) Hablad ms alto.--Espero que no es as.

SRA. PAGE.--Plegue  Dios que no sea as el que tengis aqu  tal
hombre; pero es indudable que vuestro esposo viene con la mitad de
Windsor tras de l, para buscarle aqu. Me he adelantado  ellos por
daros aviso. Si os encontris inocente, me alegro en el alma; pero si
ocultis aqu algn amigo, hacedle salir al instante, al instante. No os
atolondris; apelad  toda vuestra lucidez, defended vuestra reputacin
 despedos para siempre de la buena vida que habais disfrutado.

SRA. FORD--Ay Dios mo! Qu har? All est un caballero, amiga
querida; y no es tanto mi vergenza lo que tomo como el peligro que l
corre. Dara mil libras por verle sano y salvo fuera de la casa.

SRA. PAGE.--Qu disparate! Este no es tiempo de dara esto ni dara
aquello. Vuestro marido llegar dentro de pocos instantes. Pensad en
algn medio de transportar  vuestro amigo. Ocultarlo en la casa es
imposible. Oh! Cmo me habis engaado! Mirad. Aqu hay un canasto. Si
l no es de una estatura desmedida, podr agazaparse aqu. Lo cubriris
con ropas sucias como para enviar al lavado;  si an hay tiempo,
enviadlo con vuestros criados  los lavaderos de la cinaga de Datchet.

SRA. FORD.--Es demasiado corpulento para caber ah.

(_Vuelve  entrar Falstaff._)

FALSTAFF.--Dejadme ver! Dejadme ver! Probar entrar. S. Entrar,
entrar!

SRA. PAGE.--Qu! Seor Juan Falstaff! En esto han venido  parar las
cartas que me habis escrito, caballero?

FALSTAFF.--Es  ti  quien amo; a nadie sino  ti. Aydame  escapar.
Djame meterme aqu dentro. Jams en mi vida....

(_Se mete en el canasto y lo cubren con ropa sucia._)

SRA. PAGE.--Ayuda  tapar  tu amo, muchacho. Seora Ford, llamad 
vuestros criados. Desleal caballero!

SRA. FORD.--Hola! Juan! Roberto! Juan! (_Sale Robin.--Vuelven  entrar
los criados._) Ea! Levantad ese canasto de ropas. Pronto! Dnde est la
vara en que se cuelga para llevarlo? Vamos! No hay que andar
bambolendose. Llevadlo  la lavandera en la cinaga de Datchet.
Listos, listos!

(_Entran Ford, Page, Caius y sir Hugh Evans._)

FORD.--Acercaos, os lo suplico. Si mis sospechas carecen de fundamento,
pues bien, burlaos de m, hacedme vuestro hazme-reir. Lo tendr bien
merecido. Hola!  dnde llevis eso?

CRIADO.-- donde la lavandera, por cierto.

SRA. FORD.--Pues est bien! Qu tenis que hacer con que lleven eso ac
 all? Sera mejor que os encargaseis del lavado y de apuntar la ropa.

FORD.--Apuntar, eh? Ya quisiera yo que lavndome se me quitara lo que
me puede apuntar! Punta! Punta! Punta! S; punta, punta, os lo
garantizo. Y de la estacin, como se ver lugo. (_Salen los criados con
la canasta._) Seores; he tenido anoche un sueo y os le he de contar.
He aqu mis llaves; aqu, aqu las tenis. Subid  mis habitaciones,
buscad, registrad, descubrid. Os aseguro que atraparemos el zorro.
Dejadme primero que obstruya esta salida. Ahora, principiad la caza.

PAGE.--Buen seor Ford, tranquilizaos. Vos mismo os hacis grave
injusticia.

FORD.--De veras? Adelante, caballeros, que vais  tener diversin.
Seguidme, seores.

(_Sale._)

EVANS.--Fantasas de celoso.

CAIUS.--Por vida de...! que no es as la moda en Francia. Nadie tiene
celos en Francia.

PAGE.--No. Seguidle, seores, y ved el resultado de su investigacin.

(_Salen Evans, Page y Caius._)

SRA. PAGE.--No hay en esto un doble mrito?

SRA. FORD.--No s qu me deleita ms; si ver que mi marido se engaa, 
ver la burla hecha  sir Juan.

SRA. PAGE.--Qu bien atrapado debi verse cuando vuestro esposo
pregunt lo que iba en el canasto!

SRA. FORD.--Temblando estoy de que necesite un bao para lavarse: de
manera que echarlo al agua, ser hacerle un beneficio.

SRA. PAGE.--Que el diablo cargue con ese bribn sin vergenza! De buena
gana vera yo en igual trance  todos los de su jaez!

SRA. FORD.--Me parece que mi marido tena una sospecha particular de que
Falstaff estaba aqu; porque nunca le he visto tan rudo en su celo,
como ahora.

SRA. PAGE.--Voy  urdir una trama, para que tengamos algunas tretas ms
contra Falstaff. Su mal crnico de corrupcin, difcilmente ceder 
este medicamento.

SRA. FORD.--Os parece bien enviar  esa mala peste de la seora Aprisa,
para ofrecerle excusas por haberle echado al agua, y darle una nueva
esperanza que le haga caer en un nuevo castigo?

SRA. PAGE.--S; hagmoslo. Que venga maana  las ocho para recibir
satisfacciones. (_Vuelven  entrar Ford, Page, Caius y sir Hugh Evans._)

FORD.--No he podido encontrarle. Quizs el bribn se jactaba de lo que
no poda alcanzar.

SRA. PAGE.--Habis odo eso?

SRA. FORD.--S, s, basta. Me tratis bien, seor Ford, no os parece
as?

FORD.--S, as lo hago.

SRA. FORD.--Que Dios os haga mejor que vuestros pensamientos.

FORD.--Amen.

SRA. PAGE.--Os causis un gran mal vos mismo, seor Page.

FORD.--S, s. Debo sobrellevar todo esto.

EVANS.--As Dios me perdone el da del juicio final, como es verdad que
no hay nadie en los dormitorios, ni en los cofres, ni en los armarios.

CAIUS.--Por vida de..! yo digo lo mismo. No hay nadie, nadie.

PAGE.--Por Dios! No os avergonzis, seor Ford? Qu espritu, qu
demonio os sugiere tal imaginacin? No quisiera tener en estos asuntos
vuestra vehemencia, ni por todas las riquezas de Windsor.

FORD.--Confieso que es culpa ma, seor Page, y sufro por ello.

EVANS.--Sufrs por una mala conciencia. Vuestra esposa es una mujer tan
honesta como podra desearla yo entre cinco mil y quinientas ms.

CAIUS.--Voto ..! que veo claro su honradez.

FORD.--Bien. Os promet una comida. Venid  dar un paseo por el parque.
Os ruego que me perdonis. Ms tarde os dir por qu hice esto. Ven,
esposa ma. Venid, seora Page. Os suplico que me perdonis: lo suplico
sinceramente.

PAGE.--Vamos con l, seores; pero, creedme, que le haremos blanco de
nuestra jovialidad. Os invito  almorzar maana temprano en mi casa.
Despus iremos  cazar pjaros; tengo un buen halcn. Os acomoda?

FORD.--Lo que queris.

EVANS.--Si hay uno, yo ser el segundo de la partida.

CAIUS.--Y si hay uno  dos, yo ser el tercero.

EVANS.--Os ruego ahora que os acordis maana de aquel sucio bribn de
posadero.

CAIUS.--Perfectamente. Por vida de..! que lo har con todo mi corazn.

EVANS.--Sarnoso bribn! Que se permite bromas y burlas!

(_Salen._)


ESCENA IV.

Cuarto en casa de Page.

Entran FENTON y ANA PAGE.

FENTON.--Veo que no puedo alcanzar el beneplcito de tu padre. No me
obligues de nuevo, dulce Ana ma,  acudir donde l.

ANA.--Ay! Qu hacer, pues?

FENTON.--Qu? El ser t misma. Se opone porque considera demasiado alta
mi alcurnia, y presume que, mermados mis bienes por mis gastos, slo
procuro restablecerlos  favor de su riqueza. Fuera de estos obstculos
me presenta otros: mis turbulencias pasadas, mis asociaciones de
disipacin; y me dice que es imposible que yo te ame de otro modo que
como una propiedad.

ANA.--Quizs os dice verdad.

FENTON.--No; y as me ampare el cielo en el tiempo futuro. Confieso, sin
embargo, que la fortuna de tu padre fu el primer mvil que me impuls 
pretenderte; pero, Ana ma, al hacerlo, encontr que valas ms que toda
fortuna en oro  en cualquier otro valor. Ahora no ambiciono otra
riqueza que t misma.

[Illustration]

ANA.--Amable seor Fenton, insistid an en solicitar la buena voluntad
de mi padre; buscad de nuevo su consentimiento. Si la oportunidad y la
humilde solicitud nada consiguiesen, pues bien! entonces... Escuchad un
momento. (_Hablan aparte._--_Entran Pocofondo, Slender y la seora
Aprisa._)

POCOFONDO.--Interrumpid su conversacin, seora Aprisa. Mi pariente debe
hablar por s mismo.

SLENDER.--Lo echar  perder de un modo  otro. Esto no es ms que
aventurar.

POCOFONDO.--No os acobardis.

SLENDER.--No, ella no me acobarda. Eso no me importa. Solamente que
tengo miedo.

APRISA.--Od, Ana. El seor Slender desea hablaros una palabra.

ANA.--Soy con l al instante. Este es el escogido por mi padre. Oh!
Qu cmulo de viles y feos defectos, parece hermoso por trescientas
libras de renta!

(_Aparte._)

APRISA.--Y qu tal os va, mi buen seor Fenton?

POCOFONDO.--Ya viene.-- ella, primo!--Oh muchacho, has tenido padre!

SLENDER.--Yo tuve padre, seorita Ana; mi to puede deciros buenas
bromas de l. Contad  la seorita Ana el chiste de cmo mi padre se
rob dos gansos de la jaula.

POCOFONDO.--Seorita Ana, mi primo os ama.

SLENDER.--Por cierto que s; tanto como  cualquiera mujer en
Gloucestershire.

POCOFONDO.--Y os mantendr en el rango de una dama.

SLENDER.--Por cierto que s, y con traje de cola larga, como corresponde
al rango de escudero.

POCOFONDO.--Y os dar una dote de ciento y cincuenta libras.

ANA.--Buen seor Pocofondo, dejad que l hable por s mismo.

POCOFONDO.--De buen grado y os doy las gracias. Os agradezco este
descanso. Os llama, primo. Me retiro.

ANA.--Y bien, seor Slender?

SLENDER.--Y bien, seorita Ana?

ANA.--Cul es vuestra voluntad, vuestra disposicin?

SLENDER.--Mi voluntad? Mi disposicin? Este s que es chiste. Gracias
 Dios, no soy tan enfermizo que haya tenido que hacer mi disposicin,
ni mi voluntad. No he hecho testamento.

ANA.--Quiero decir, seor Slender, qu es lo que deseis de m?

SLENDER.--Por lo que  m toca, en verdad, poco  nada tendra que hacer
con vos. Vuestro padre y mi to lo han hablado entre ellos. Si sale
bien, bueno: si no, tambin. Ellos podrn deciros mejor que yo cmo van
estas cosas. Aqu viene vuestro padre; podis preguntarle.

(_Entran Page y la Sra. Page._)

PAGE.--Bien, seor Slender. male, Ana, hija ma. Qu hacis aqu,
seor Fenton? Sabis que me infers agravio empendoos en visitar esta
casa. Ya os he dicho que he dispuesto de mi hija.

FENTON.--Os suplico no os impacientis, seor Page.

SRA. PAGE.--Mi buen seor Fenton, no volvis  acercaros  mi hija.

PAGE.--No es un partido para vos.

FENTON.--Queris escucharme, seor?

PAGE.--No, mi buen seor Fenton. Venid, seor Slender: venid adentro,
as. Sabiendo mi decisin, seor Fenton, me agraviis.

FENTON.--Seora Page: amando  vuestra hija con toda la verdad y
honradez de mi afecto, fuerza es que sostenga mi pretensin  pesar de
todos los obstculos, repulsas y desaires, y que no desista. Concededme,
os suplico, vuestra buena voluntad.

ANA.--Buena madre ma, no me casis con ese idiota que est all.

SRA. PAGE.--No es mi intencin. Busco mejor esposo para ti.

APRISA.--Y ese es mi amo, el seor doctor.

ANA.--Ay de m! Antes querra que me pusieran pronto bajo de tierra, y
sembraran berzas encima.

SRA. PAGE.--Vamos, no te atormentes. Seor Fenton, no ser para vos en
esto ni amiga, ni enemiga. Examinar  mi hija para saber qu grado de
afecto os tiene; y segn lo que en ella descubra arreglar mi proceder.
Hasta entonces, adios, seor. Es necesario que Ana ntre,  se enfadara
su padre.

(_Salen la Sra. Page y Ana._)

FENTON.--Adios, bondadosa seora; adios, Ana.

APRISA.--Todo esto es obra ma. Pues qu!--le dije--vais  malograr
vuestra hija en manos de un imbcil y por aadidura mdico? Ya lo vis,
seor Fenton, todo esto es obra ma.

FENTON.--Te doy las gracias, y te ruego que esta noche ds  mi dulce
Ana esta sortija. Toma por tu molestia.

(_Sale._)

APRISA.--Dios te llene de bendiciones! Como que tiene un corazn
bondadoso. Una mujer sera capaz de echarse de cabeza al fuego por tan
buen corazn! Sin embargo, yo quisiera mas bien que Ana fuese de mi amo,
 del seor Slender;  en fin, que fuese del seor Fenton. Har todo lo
que pueda por los tres, ya que as lo he prometido y que soy incapaz de
faltar  mi palabra; pero especialmente por el seor Fenton. Bueno:
ahora tengo que ir con otro mensaje al seor Falstaff de parte de mis
dos seoras. Soy un animal en tardarme as!

(_Sale._)


ESCENA V.

Cuarto en la posada de la Liga.

Entran FALSTAFF y BARDOLFO.

FALSTAFF.--Bardolfo, escucha.

BARDOLFO.--Seor?

FALSTAFF.--V  traerme una pinta de Jerez, y una tostada. (_Sale
Bardolfo._) Y es posible que haya vivido yo para ver el da en que
haban de llevarme en un canasto como un montn de desecho de carnicero,
y arrojarme al ro? Por mi alma, que si vuelvo  sufrir chasco
semejante, he de hacer que mis sesos sirvan para comida de perros el da
de ao nuevo. Los pillastres, para echarme al Tmesis no tuvieron ms
remordimiento que si se tratara de los cachorros recin nacidos de una
perra, con los ojos cerrados. Y por mi tamao es fcil ver que tengo
gran propensin  sumergirme. Si el fondo del ro fuera tan hondo como
el infierno, creo que ira hasta el fondo.  no haber sido tan poco
profunda la margen, de seguro que me habra ahogado: gnero de muerte
que detesto, porque el agua hace que el cuerpo se hinche y qu cuerpo
sera el mo si se hinchara! Vaya! una momia como una montaa!

(_Vuelve  entrar Bardolfo, con el vino._)

BARDOLFO.--Seor, aqu est la seora Aprisa, que viene  hablaros.

FALSTAFF.--Djame vaciar un poco de Jerez sobre esta agua del Tmesis;
porque tengo en el vientre un fro tal, que no parece sino que hubiese
tomado pldoras de nieve. Hazla entrar.

BARDOLFO.--Entrad, mujer.

(_Entra la Sra Aprisa._)

APRISA.--Con vuestro permiso: merced, os digo. Doy buenos das  vuestra
seora.

FALSTAFF.--Llvate estos vasos. Preprame cuidadosamente un azumbre de
Jerez.

BARDOLFO.--Con huevos, seor?

FALSTAFF.--No: solo. No quiero grasa de gallina en mi bebida. (_Sale
Bardolfo._) Y bien?

APRISA.--Vengo  encontraros de parte de la seora Ford.

FALSTAFF.--La seora Ford! Harto de su nombre estoy. Con ese nombre me
ha hecho bautizar en el ro.

APRISA.--Qu desgracia! Pero no fu culpa suya, pobre palomita! As
est furiosa contra sus criados porque equivocaron su direccin.

FALSTAFF.--As como me equivoqu yo fundando esperanzas sobre la promesa
de una mujer atolondrada.

APRISA.--Pues si virais cmo se lamenta de aquello, se os partira el
corazn. Su marido sale  cazar pjaros esta maana, y ella os ruega una
vez ms que vayis  verla entre las ocho y las nueve. Me ha exigido que
le responda al instante. Ella os dar satisfacciones, os lo garantizo.

FALSTAFF.--Bien. Ir  visitarla. Dile as, y que considere lo que es un
hombre, y su fragilidad, y juzgue por ello de mi merecimiento.

APRISA.--As se lo dir.

FALSTAFF.--Enbuenhora. Decs que entre nueve y diez?

APRISA.--Entre ocho y nueve, seor.

FALSTAFF.--Est bien: id. No dejar de verla.

APRISA.--Quedad con Dios.

(_Sale._)

FALSTAFF.--Es extrao que no tenga noticia del seor Brook. Me envi 
decir que le aguardara. Me agrada bastante su dinero. Oh! Hele aqu que
llega.

(_Entra Ford._)

FORD.--Dios os bendiga, seor.

FALSTAFF.--Y bien, seor Brook: habis venido  saber lo que ha pasado
entre la seora Ford y yo?

FORD.--Efectivamente, sir Juan; es el objeto de mi visita.

FALSTAFF.--Seor Brook, no os dir una mentira: estuve en su casa  la
hora convenida.

FORD.--Y qu tal os fu por all?

FALSTAFF.--Muy desgraciadamente, seor Brook.

FORD.--Cmo as? Acaso mud de parecer?

FALSTAFF.--No, seor Brook; pero aquel descomunal cornudo de su marido,
que vive en la eterna alarma del celoso, se aparece en el instante de
ms inters, cuando ya nos habamos abrazado, besado y jurado, y hecho,
en fin, el prlogo de nuestra comedia; y tras de l una caterva de sus
compaeros, llamados y provocados por su mala ndole, a fin de que
registraran la casa en busca del amante de su esposa.

FORD.--Qu! Mientras estbais all?

FALSTAFF.--Mientras estaba all.

FORD.--Y os busc y no pudo encontraros?

FALSTAFF.--Vais  oirlo. Como si la buena suerte lo hubiera dispuesto,
llega una seora Page: da aviso de la llegada de Ford; y gracias  su
inventiva y  la desesperacin de la seora Ford, me hicieron entrar en
un canasto de ropa.

FORD.--En un canasto de ropa!

FALSTAFF.--Por Dios, en un canasto de ropa de lavado. All me sepultaron
entre un montn de ropas sucias, camisas y enaguas, hediondas calcetas y
medias, servilletas grasientas; de manera, seor Brook, que jams nariz
humana sinti semejante compuesto de pestilentes olores!

FORD.--Y cunto tiempo permanecsteis all?

FALSTAFF.--Vais  ver, seor Brook, cunto he padecido por inducir 
esta mujer al mal para bien vuestro. As acondicionado en el canasto, la
seora Ford llam  un par de los bribones criados de su marido para
hacerme llevar  los lavaderos de la Cinaga de Datchet. Tomronme en
hombros, y al salir se dieron en la puerta con el celoso bribn de su
amo, quien les pregunt una  dos veces lo que llevaban en el cesto. Me
tembl el cuerpo slo de pensar que el bellaco luntico hubiese querido
registrar; pero el destino, para que no pueda dejar de ser cornudo, le
detuvo la mano. Bien: l se fu  registrar la casa, y yo me fu en
calidad de ropa sucia. Pero atended  lo que sigui, seor Brook. He
sufrido las torturas de tres muertes diversas. Primero: un terror
indecible de ser descubierto por el apolillado carnero manso. Segundo:
estar como hoja de Toledo enrollada con la punta junto  la guarnicin,
encerrado en la circunferencia de un celemn, con la cabeza entre los
pis. Y lugo ser embutido all con pestferas telas que fermentaban en
su propia grasa. Pensad en esto: un hombre de mi temperamento, sensible
al calor como la manteca: un hombre que est continuamente sudando y
derritindose. Fu un milagro no morir asfixiado. Y en lo ms fuerte de
este bao, cuando estaba ya medio cocido en aceite, como guisado
holands, ser arrojado al Tmesis, y enfriarse en esa marejada, pasando
de repente del rojo cereza al ceniza oscuro, como herradura de caballo.
Considerad esto, considerad: un calor de ascua, un calor de infierno!

FORD.--Con toda mi alma deploro que por culpa ma hayis sufrido todo
esto. Considero, pues, perdida mi pretensin. Pensis no volver  hacer
la prueba?

FALSTAFF.--Seor Brook, consentira en ser arrojado al Etna, como lo he
sido al Tmesis, antes que dejar esto as. Su marido ha salido  cazar
pjaros esta maana; he recibido de ella otro mensaje dndome nueva
cita; y la hora es entre las ocho y las nueve.

FORD.--Pues ya han dado las ocho, seor.

FALSTAFF.--Ya? Entonces acudo inmediatamente  la cita. Venid cuando lo
tengis  bien, y os informar del progreso que haga. La conclusin ha
de ser que gozaris de ella. Adios. La tendris, seor Brook, la
tendris y pondris los cuernos  Ford.

(_Sale._)

FORD.--Hum! Ah! Es esto una visin? Es esto un sueo? Estoy dormido?
Despierta, Ford: Ford, despierta! Tu mejor precaucin se encuentra
burlada. Y para esto se casa uno! Para esto tiene uno en su casa ropas
y canastas! Bien. Proclamar en alta voz lo que soy. Ahora no se me
escapar el miserable, no. Es imposible que se escape. Est en mi casa,
y no se ha de ocultar en una alcanca ni en la caja de la pimienta.
Registrar hasta los lugares imposibles, y le he de atrapar  menos que
le ayude su consejero el diablo. Si no puedo evitar lo que soy, al menos
no me resignar mansamente  ser lo que no quisiera. Y si he detener
cuernos, yo har que tenga razn el refrn, y que ese bribn salga por
la punta de un cuerno.

(_Sale._)

[Illustration]




[Illustration]




ACTO IV.


ESCENA I.

La calle.

Entran la Sra. PAGE, la Sra. APRISA y GUILLERMO.

SRA. PAGE.

Te parece que est ya en casa de Ford?

APRISA.--Sin duda, que ha de estar  esta hora,  en pocos momentos ms.
Pero podis creer que est verdaderamente furioso por aquello de haberlo
echado al ro. La seora Ford desea que vayis inmediatamente.

SRA. PAGE.--Ya estar con ella dentro de un rato. No voy  hacer mas que
dejar en la escuela  mi chico que vis conmigo. Ah viene su maestro.
Es da de asueto,  lo que veo. (_Entra sir Hugh Evans._) Cmo estis,
seor Hugh? No es hoy da de escuela?

EVANS.--No. El seor Slender ha dado  los chicos permiso para jugar.

SRA. PAGE.--Seor Hugh, mi esposo dice que mi hijo aprovecha maldita de
Dios la cosa en su libro. Y os ruego que le hagis algunas preguntas
sobre sus rudimentos.

EVANS.--Ven aqu, Guillermo. Levanta la cabeza. Ven.

SRA. PAGE.--Venid, gran tuno. Erguid la cabeza y responded al maestro.
No tengis miedo.

EVANS.--Guillermo, cuntos nmeros hay en los nombres?

GUILLERMO.--Dos.

[Illustration]

APRISA.--Pues yo pens que haba uno mas; porque las gentes dicen
nombres raros.

EVANS.--Dejad vuestra charla. Qu significa _bello_?

GUILLERMO.--_Pulchro._

APRISA.--_Sepulcro!_ Pues ya conozco yo muchas cosas ms bellas que un
sepulcro!

EVANS.--Qu mujer tan simple! Hacedme el favor de callar. Guillermo:
qu significa _lapis_?

GUILLERMO.--Piedra.

EVANS.--Y qu es piedra, Guillermo?

GUILLERMO.--Un guijarro.

EVANS.--No: es _lapis_. Que no se os borre del cerebro.

GUILLERMO.--_Lapis._

EVANS.--Bravo, Guillermito! Y decid: de dnde se toman los artculos?

GUILLERMO.--Los artculos se toman del pronombre, y se declinan as:
Singular, nominativo _hic_, _hc_, _hoc_.

EVANS.--Nominativo _hic_, _hac_, _hoc_. No hay que distraerse.

GUILLERMO.--Acusativo _hinc_.

EVANS.--Os encargo no perder la memoria. Acusativo _hinc_, _hanc_,
_hoc_.--Cul es el caso vocativo?

GUILLERMO.--_O_, vocativo. _O_.

EVANS.--Acordaos. Vocativo _caret_.

APRISA.--Provocativa es la carne. Eso ya se sabe. Lo mismo en latn que
en todas las lenguas.

EVANS.--Por Dios, mujer!

SRA. PAGE.--Callad.

EVANS.--Cul es el caso _genitivo_?

GUILLERMO.--Caso genitivo?

EVANS.--S.

GUILLERMO.--_Orum_, _arum_, _orum_.

APRISA.--Mal haya con el genit...! Jess! Nio! Nunca digas esa
palabra!

EVANS.--Por pudor, mujer!

APRISA.--Es una temeridad ensear estas palabras  los nios! El le
ensea cosas de malicia, que ya se las aprenden solos los muchachos en
un abrir y cerrar de ojos. Dios lo sabe!

EVANS.--Ests loca, mujer? No tienes entendimiento para tus casos y el
nmero de los gneros?

SRA. PAGE.--Hazme el favor de callar.

EVANS.--Declina ahora, Guillermo, algunos pronombres.

GUILLERMO.--Se me han olvidado.

EVANS.--Es as: _qui_, _que_, _quod_. Si olvidis los _qui_, los _que_ y
los _quod_, habr que vestiros de corto. Id  jugar.

SRA. PAGE.--Sabe mucho ms que lo que yo supona.

EVANS.--Tiene una memoria muy feliz. Adios, seora Page.

SRA. PAGE.--Adios, buen seor Hugh. Vamos  casa, nio. Vamos, ya me he
demorado en extremo.

(_Salen._)


ESCENA II.

Cuarto en casa de Ford.

Entran FALSTAFF y la Sra. FORD.

FALSTAFF.--Seora Ford, vuestro pesar ha hecho desaparecer mi
resentimiento. Veo que sois consecuente en vuestro amor, y me precio de
cumplido en corresponder hasta la ms mnima fineza. Y esto, seora, no
slo en cuanto al amor mismo, sino tambin en todos los accesorios,
complementos y ceremonias que lo acompaan. Pero estis ahora segura de
vuestro marido?

SRA. FORD.--Ha salido  cazar, amable sir Juan.

SRA. PAGE.--(_Adentro._) Ea! Hola! Seora Ford. Me os?

SRA. FORD.--Entrad  esa cmara, sir Juan.

(_Sale Falstaff.--Entra la Sra. Page._)

SRA. PAGE.--Cmo estis, querida ma? Hay alguien con vos en la casa?

SRA. FORD.--Quin podra haber? Nadie sino las gentes de mi servicio.

SRA. PAGE.--De veras?

SRA. FORD.--Nadie, por cierto. (_Aparte._) Hablad ms alto.

SRA. PAGE.--No sabis cunto me alegro de que estis sola.

SRA. FORD.--Por qu?

SRA. PAGE.--Ay, mujer! Vuestro marido vuelve  su vieja mana. Si
oyrais lo que dice all abajo  mi esposo! Y cmo reniega de cuantos
matrimonios hay en el mundo! Maldice  todas las hijas de Eva, de
cualquiera condicin y carcter que sean; y se golpea la frente
gritando: Salid de una vez, salid de una vez! de modo que cualquiera
locura furiosa que haya visto en mi vida, no es ms que mansedumbre,
paciencia y cortesa, comparada con la furia en que l est. Gracias 
Dios que el caballero gordo no est aqu!

SRA. FORD.--Pues qu! Habla de l?

SRA. PAGE.--Nada ms que de l; y jura que la ltima vez que lo busc lo
hicieron salir dentro de un canasto; asegura  mi esposo que l est
ahora en este lugar; y ha hecho que todos los que le acompaaban en la
caza abandonen su recreo para venir  darles una nueva prueba de sus
sospechas. Me alegro en el alma de que el caballero no se encuentre
aqu; pues as ver vuestro esposo su propio desatino.

SRA. FORD.--Y est cerca de la casa?

SRA. PAGE.--Al fin de esta calle; de manera que no tardar en llegar.

SRA. FORD.--Estoy perdida!--El caballero est ah dentro!

SRA. PAGE.--Ay, Dios mo! Pues entonces estis arruinada sin remedio,
y l ya se puede dar por hombre muerto! Pero qu mujer sois? Que salga
al instante, que salga! Mas vale pasar un bochorno que ser causa de un
asesinato!

SRA. FORD.--Pero por dnde podr salir? Cmo lo ocultar? Volver 
ponerlo en el canasto?

(_Vuelve  entrar Falstaff._)

FALSTAFF.--No, no volver  entrar en el canasto. No podr irme antes
de que l venga?

SRA. PAGE.--Ay! All estn guardndo la puerta tres de los hermanos de
Ford, armados de pistolas! Y no dejarn salir  nadie. Si no fuera por
esto, podrais salir antes que l llegase. Pero qu hacis aqu?

FALSTAFF.--Qu har? Qu har? Me subir por la chimenea.

SRA. FORD.--Siempre que vuelven de cazar descargan all sus escopetas.
Meteos por la boca del horno.

FALSTAFF.--Adnde est?

SRA. FORD.--Pero es indudable que registrar all tambin. No le quedar
armario, cofre, bal, pozo, bveda ni rincn por registrar; pues tiene
escrita la nota de todo, y se gua por ella: Es imposible ocultaros en
la casa.

FALSTAFF.--Entonces saldr.

SRA. PAGE.--Si sals tal como estis, sir Juan, no pasaris vivo la
puerta de la calle. Slo que pudirais disfrazaros...

SRA. FORD.--Qu disfraz podremos ponerle?

SRA. PAGE.--Qu desgracia! No se me ocurre la menor idea. No hay
enaguas bastante grandes para l; que de no, se le podra poner un
sombrero, un embozo, un pauelo, y as podra escapar sin dificultad.

FALSTAFF.--Por amor de Dios, ingeniad algn medio. Lo que queris, con
tal de que no haya aqu alguna catstrofe.

SRA. FORD.--La ta de mi doncella de labor, la obesa seora de
Brentford, tiene en un cuarto de aqu arriba una bata.

SRA. PAGE.--Por vida ma que le vendr bien. Ella es tan gruesa como l.
Y ah estn tambin su sombrero tejido y su manto. Subid, sir Juan.

SRA. FORD.--Subid, subid, amable sir Juan. La seora Page y yo
buscaremos algunas blondas para la cabeza.

SRA. PAGE.--Pronto, daos prisa. Subiremos inmediatamente  vestiros.
Mientras tanto, poneos la bata.

(_Sale Falstaff._)

SRA. FORD.--Me alegrara de que le encontrase en esta traza mi marido.
No puede tolerar  la vieja de Brentford: jura que es bruja: le ha
prohibido venir  la casa, y la ha amenazado con echarla  golpes.

SRA. PAGE.--Dios le ponga debajo del bastn de vuestro marido, y venga
el diablo  guiar el bastn!

SRA. FORD.--Pero viene realmente mi esposo?

SRA. PAGE.--S, y de bastante mal humor, por cierto. Habla del canasto,
pero no s cmo haya podido ser informado de esto.

SRA. FORD.--Probaremos lo mismo otra vez; porque encargar  mis criados
que vuelvan  llevar el canasto, para que se encuentren con l  la
puerta, lo mismo que la vez pasada.

SRA. PAGE.--Ya no debe tardar en presentarse.--Vamos  vestir al otro
como  la bruja de Brentford.

SRA. FORD.--Dar primero instrucciones  mis gentes sobre lo que han de
hacer con el canasto. Subid, que yo ir en seguida llevando la ropa que
falte.

(_Sale._)

SRA. PAGE.--Cargue el diablo con el muy rematado pillo! Nunca podremos
atormentarle como merece. Daremos una prueba en lo que vamos  hacer, de
que las esposas pueden ser alegres sin dejar de ser honradas. Las que 
menudo chanceamos y nos remos, no pasamos todas de las palabras
bulliciosas  las obras calladas. Es refrn antiguo, pero muy verdadero
que, del agua mansa nos libre Dios. (_Sale._)--(_Vuelve  entrar la
Sra. Ford con dos criados._)

SRA. FORD.--Ea! Tomad otra vez en hombros el canasto. Vuestro amo est
cerca de la puerta. Si os pide poner en tierra vuestra carga, hacedlo.
Pronto, daos prisa. (_Sale._)

CRIADO 1.--Vamos, vamos, levanta.

CRIADO 2.--Dios quiera que no est lleno con el caballero otra vez.

CRIADO 1.--Espero en Dios que no. Tanto me gustara que estuviese lleno
de plomo. (_Entran Ford, Page, Pocofondo, Caius, y sir Hugh Evans._)

FORD.--Bueno. Pero si resulta ser verdad: tendris algn modo de
quitarme mi locura? Abajo ese canasto, canalla! Que llamen  mi mujer.
Oh vosotros, bellacos, alcahuetes! Aqu hay una pandilla, una
conspiracin contra m! Pero toda esta infamia saldr ahora  luz.
Mujer! Os? Venid aqu  ver qu ropas tan inocentes enviis al
lavadero!

PAGE.--Esto es insufrible. Seor Ford, no debis ya andar suelto. Ser
menester poneros una camisola de fuerza.

EVANS.--Est luntico, loco furioso, tan furioso como un perro con la
rabia.

POCOFONDO.--Verdaderamente, seor Ford, esto no est bien. En verdad que
no. (_Entra la seora Ford._)

FORD.--Lo mismo digo yo, seor. Venid aqu, seora Ford; la seora Ford,
la mujer honrada, la esposa modesta, la virtuosa criatura que tiene por
marido un loco celoso! Sospecho sin motivo, seora ma, no es as?

SRA. FORD.--Si sospechis de mi honra, pongo al cielo por testigo de que
no tenis razn.

FORD.--Muy bien dicho, sin vergenza; insiste en ello. Ven ac, criado.
(_Saca las ropas del canasto._)

PAGE.--Esto es intolerable.

SRA. FORD.--No os avergonzis? Dejad esos trapos.

FORD.--Ya os encontrar al instante.

EVANS.--Esto no est en el orden. Vis  vaciar las ropas de la seora?

FORD.--Vaciad el canasto, os digo!

SRA. FORD.--Pero hombre! qu es esto?

FORD.--Tan cierto como que soy hombre, seor Page, ayer se ha hecho
salir de mi casa  un hombre en este canasto. Por qu no haba de estar
en l tambin hoy? De que se encuentra en mi casa, estoy seguro: mis
informes no pueden engaarme, y mi celo es justo. Echadme fuera todas
esas telas.

SRA. FORD.--Si hallis all un hombre, morir de la muerte de una pulga.

PAGE.--Aqu no hay nadie.

POCOFONDO.--Sobre mi fe, seor Ford, que esto no est bien. Os hacis
agravio vos mismo.

EVANS.--Seor Ford, deberais rezar en vez de entregaros  las
imaginaciones de vuestro corazn. Esto no es ms que celos.

FORD.--Bueno. El que busco no est aqu.

PAGE.--No: ni en parte alguna que no sea vuestro cerebro.

FORD.--Ayudadme  registrar la casa nada ms que esta vez; y si no
encontramos lo que busco, no tengis misericordia conmigo; hacedme para
siempre el tema de vuestra charla de sobremesa, y que se diga de m en
todas partes: celoso como Ford, que registr una cscara de nuez para
encontrar al amante de su esposa. Dadme una sola vez esta satisfaccin:
busquemos esta vez.

SRA. FORD.--Hola! Eh! Seora Page! Bajad con la anciana, que mi esposo
necesita ir  la habitacin.

FORD.--Anciana! Qu anciana es esa?

SRA. FORD.--La ta de mi doncella, la anciana de Brentford.

FORD.--Una bruja, una mujer perdida, una vieja enredista! No le he
prohibido venir  mi casa?  qu vendr sino  traer mensajes?
Nosotros, hombres sencillos, no sabemos lo que se hace pasar bajo la
pretendida profesin de adivinar la fortuna. Ella se sirve de
talismanes, de orculos, de figuras y de cosas por el estilo; todo fuera
de nuestro elemento; de manera que no podemos saber nada. Baja de ah,
vieja bruja, baja, te digo!

SRA. FORD.--No le hagis mal, esposo mo. Caballeros, os ruego que no le
dejis maltratar  la pobre anciana. (_Entra Falstaff vestido de mujer,
conducido por la seora Page._)

SRA. PAGE.--Venid, madre Prat, venid, dadme la mano.

FORD.--S? Pues yo le dar bastn. (_Le da golpes._) Harapo! Pelleja!
Gato monts! Pandorga! Fuera de aqu! Fuera! Yo te dar conjuros! Yo te
dar adivinar fortuna!

SRA. PAGE.--No os da vergenza? Creo que habis casi muerto  la pobre
mujer!

SRA. FORD.--No tardar en hacerlo. Ser para vos un crdito muy honroso.

FORD.--Que el diablo cargue con la bruja!

EVANS.--Por s  por no, me figuro que la mujer es realmente bruja. No
me gusta que las mujeres tengan una barba crecida, y he notado una gran
barba bajo el embozo de sta.

FORD.--Queris seguirme, seores? Os suplico que me sigis  ver el
xito de mis celos. Si he dado la alarma sin fundamento, no confiis
jams en m cuando os invite de nuevo.

PAGE.--Obedezcamos su capricho todava un poco ms. Vamos, caballeros.

(_Salen Page, Ford, Pocofondo y Evans._)

SRA. PAGE.--Creedme, que le ha golpeado lastimosamente.

SRA. FORD.--Pues os aseguro por la misa, que no lo ha hecho as; ms
bien creo que le ha golpeado sin lstima alguna.

SRA. PAGE.--Voy  hacer bendecir el bastn y que lo cuelguen en algn
altar. Ha prestado un servicio de los ms meritorios.

SRA. FORD.--Ahora bien, decidme vuestro parecer. Pensis que en nuestra
condicin de seoras y con el testimonio de una buena conciencia,
debemos perseguirle con nuevas venganzas?

SRA. PAGE.--Tengo por seguro que con estos sustos ya se le habr quitado
el espritu de libertinaje. Si el diablo no lo ha comprado sin pacto de
retroventa, pienso que jams volver  atrevrsenos.

SRA. FORD.--Diremos  nuestros esposos lo que le hemos hecho?

SRA. PAGE.--Indudablemente debemos decrselo, aunque slo fuera para
limpiar de fantasmas el cerebro de vuestro marido. Si ellos en su
corazn encuentran que el pobre, vicioso y obeso caballero debe ser ms
castigado todava, nosotras dos seremos an los instrumentos.

SRA. FORD.--Os garantizo que le harn pasar una vergenza en pblico; y
creo que de no hacerle pasar esa pblica humillacin, no deberamos
cesar un instante en la burla que le hacemos sufrir.

SRA. PAGE.--Pues manos  la obra. Combinemos el plan. No me gusta que
estas cosas se enfren. (_Salen._)


ESCENA III.

Cuarto en la posada de la Liga.

Entran el POSADERO y BARDOLFO.

BARDOLFO.--Seor, los alemanes desean tomar tres de vuestros caballos.
El duque vendr maana  la corte y ellos irn  recibirlo.

POSADERO.--Qu duque puede ser ese que viene con tanto secreto? No he
odo decir de l ni una palabra en la corte. Djame hablar con esos
seores. Ellos hablan el idioma.

BARDOLFO.--Bien, seor; les dir que vengan.

POSADERO.--Les dar mis caballos, pero har que me los paguen  buen
precio. Yo les exprimir el jugo. Han tenido mis casas  su disposicin
una semana, he tenido que despedir  los dems huspedes. Es necesario
hacerles pagar bien: exprimirles el jugo.

(_Salen._)


ESCENA IV.

Cuarto en casa de Ford.

Entran PAGE, FORD, la seora PAGE, la seora FORD y sir HUGH EVANS.

EVANS.--Es uno de los ms discretos procederes de mujer que jams he
visto.

PAGE.--Y envi estas cartas  cada una de vosotras dos  un mismo
tiempo?

SRA. PAGE.--Con quince minutos de diferencia.

FORD.--Perdname, esposa ma. En adelante hars lo que quieras; y ms
bien sospechar al sol de fro, que  ti de frivolidad. Tu honor es
ahora, para este antiguo hereje, una verdadera y firme fe.

PAGE.--Est bien: est bien: basta. No seis ahora tan extremado en la
sumisin como lo fusteis en la ofensa. Sigamos adelante con nuestro
plan, y que nuestras esposas, una vez ms para darnos una diversin
pblica, dn cita  ese viejo obeso,  fin de que nosotros le
sorprendamos y le presentemos  la pblica vergenza.

FORD.--Eso es: y no hay mejor modo que el que ellas han sugerido.

PAGE.--Cmo! Hacindole decir que se encontrarn con l  media noche
en el parque? No vendra jams.

EVANS.--Decs que ha sido echado al ro y que se le ha estropeado
severamente tomndolo por una vieja? Pues se me figura que habr quedado
tan lleno de terror, que no vendr. Y considero adems que carne tan
castigada, ya estar curada de malos deseos.

PAGE.--Pienso lo mismo.

SRA. FORD.--Arreglad el modo cmo habis de recibirle, que ya
arreglaremos nosotras el modo de hacerle venir.

SRA. PAGE.--Hay un cuento antiguo segn el cual, el cazador Herne, que
alguna vez fu guarda-bosque de Windsor, se pasea  media noche, durante
todo el invierno, al rededor de un roble, llevando en la cabeza grandes
cuernos como de ciervo; y all hiela el rbol y ataca al ganado, y hace
que la vaca vierta en vez de leche sangre, y sacude una cadena de la
manera ms espantosa y temible. Habis odo hablar de ese espritu y
sabis bien que los antiguos, llenos de supersticin, recibieron como
una verdad, y como tal trasmitieron  nuestros das, la fbula del
cazador Herne.

PAGE.--Sin embargo, no faltan muchos que temen pasar en alta noche junto
al roble de Herne. Pero qu resulta de eso?

SRA. FORD.--Pues nuestro plan es que Falstaff vaya  encontrarse con
nosotras al pi del roble, disfrazado de Herne, con grandes cuernos en
la cabeza.

PAGE.--Bien: admitiendo que acudir  la cita en el modo y forma que
decs, qu vais  hacer con l? Cul es vuestro intento?

SRA. PAGE.--Tambin hemos pensado en ello, y he aqu cmo: mi hija Ana
Page, mi hijo y tres  cuatro chicuelos de su edad, estarn vestidos de
enanos, de duendes y de hadas, de color verde y azul, llevando en la
cabeza coronas de bujas de cera, y matracas en las manos. En el momento
en que Falstaff y nosotras estemos reunidos, saldrn ellos
precipitndose de repente de su escondite y entonando alguna bulliciosa
cancin; y  su vista nos escaparemos nosotras dando muestras de grande
asombro. Entonces ellos le rodearn, y  usanza de hadas, principiarn 
pinchar al torpe caballero, preguntando cmo ha podido atreverse, siendo
un profano,  penetrar en sus sagrados senderos en aquella hora de su
fiesta.

SRA. FORD.--Y que las supuestas hadas sigan punzndolo bien y quemndolo
con sus bujas, hasta que haya confesado la verdad.

SRA. PAGE.--Y una vez confesada, nos presentaremos nosotras, quitaremos
los cuernos al espritu, y le llevaremos en medio de nuestras burlas
hasta su casa en Windsor.

FORD.--Ser menester aleccionar bien  los nios para esto;  de no,
jams podrn hacerlo como se debe.

EVANS.--Yo ensear  los chicos el modo cmo han de conducirse; y yo
mismo me disfrazar de mono para quemar con mi buja al caballero.

FORD.--Eso ser excelente. Yo ir  comprar los disfraces.

SRA. PAGE.--Mi Ana ser la reina de todas las hadas, elegantemente
vestida de blanco.

PAGE.--Yo le comprar esa seda. (_Aparte._) Y al mismo tiempo, se la
llevar Slender  Eton para que se casen all. Ea! Enva sin demora el
mensaje  Falstaff.

FORD.--Yo volver  verle bajo el nombre de Brook y me descubrir todo
su propsito. Es seguro que vendr.

SRA. PAGE.--No os cuidis de ello. Id y procuradnos las cosas que
necesitan nuestras hadas.

EVANS.--Ocupmonos de ello desde lugo. Son placeres admirables, y muy
honestas bellaqueras.

(_Salen Page, Ford y Evans._)

SRA. PAGE.--Id, seora Ford, y enviad la seora Aprisa  donde sir Juan
para conocer su disposicin. (_Sale la seora Ford._) Yo ver al doctor.
l, y nadie sino l, ha tenido mi consentimiento para casarse con Ana.
Ese Slender, aunque bien fincado, es un idiota; y mi marido le prefiere
 todos. El doctor es acaudalado y tiene amigos poderosos en la corte.
Nadie sino l ha de tener  mi hija, aunque haya veinte mil mejores
murindose por ella.

(_Sale._)


ESCENA V.

Cuarto en la posada de la Liga.

Entran el POSADERO y SIMPLE.

POSADERO.--Qu quieres, patn? Qu, imbcil? Habla, resuella, discute;
breve, lacnico, pronto, de estallido.

SIMPLE.--Vengo, seor, de parte de mi amo el seor Slender,  hablar con
el seor Falstaff.

POSADERO.--Pues all est su cuarto, su casa, su castillo, su cama fija
y su cama de ruedas; todo pintado de nuevo con la historia del hijo
prdigo. V, golpea y llama. Te hablar como un antropfago. Llama, te
digo.

SIMPLE.-- ese cuarto ha subido una vieja, una mujer gorda. Si permits,
aguardar  que baje, porque en verdad vengo  hablar con ella.

POSADERO.--Hola! Una mujer gorda! Pueden robar al caballero: dar
voces. Bravo caballero! Bravo sir Juan! Habla marcialmente desde tus
pulmones. Ests ah? Es tu posadero, tu efesino, quien llama.

FALSTAFF.--Qu ocurre, posadero mo?

(_Desde arriba._)

POSADERO.--Aqu hay un trtaro-bohemio que se desespera por que baje tu
mujer gorda. Djala bajar, djala bajar. Mis cuartos son santuarios.
Secretos, eh? Qu vergenza! Qu vergenza!

(_Entra Falstaff._)

FALSTAFF.--Hasta hace un momento estaba conmigo una vieja gorda; pero ya
se ha ido.

SIMPLE.--Tened la bondad de decirme, seor: no era la hechicera de
Brentford?

FALSTAFF.--Ella misma, concha de ostra: qu tienes que hacer con ella?

SIMPLE.--Mi amo el seor Slender, vindola pasar por la calle, enva 
saber, seor, si un tal Nym que le ha escamoteado una cadena, la tiene 
no.

FALSTAFF.--He hablado de ello con la vieja.

SIMPLE.--Os dignaris decirme lo que ella dice?

FALSTAFF.--S, por cierto. Dice que el mismo individuo que le escamote
la cadena es quien le ha defraudado de ella.

SIMPLE.--Hubiera querido hablar con la mujer en persona; pues tena que
hablarle de parte de l sobre otros asuntos.

FALSTAFF.--Cules? Sepamos.

POSADERO.--Al grano: pronto.

SIMPLE.--No lo ocultar, seor.

FALSTAFF.--Ocltalo,  mueres.

SIMPLE.--Seor, si no es nada: todo era sobre la seorita Ana Page, para
saber si la tendr mi amo  no.

[Illustration]

FALSTAFF.--Esa, esa es su fortuna.

SIMPLE.--Cul, seor?

FALSTAFF.--Tenerla  no. V  decirle que as me lo dijo la mujer.

SIMPLE.--Deber atreverme  decirlo as?

FALSTAFF.--S, seor palurdo. Quin se atrever  ms?

SIMPLE.--Doy gracias  vuestra seora. Voy  alegrar  mi amo con estas
nuevas.

(_Sale Simple._)

POSADERO.--Eres docto, eres docto, sir Juan. Estabas con una adivina?

FALSTAFF.--Es verdad, posadero mo, con una que me ha enseado  tener
ms ingenio, que lo que jams haba aprendido en toda mi vida. Y que en
lugar de pagarle por ello, he sido pagado por mi aprendizaje.

(_Entra Bardolfo._)

BARDOLFO.--Ah, seor! Ha sido una picarda! Una bribonada!

POSADERO.--Dnde estn mis caballos? Habla bien de ellos, bellaco.

BARDOLFO.--Se han ido con los rateros; porque apenas haba yo pasado de
Eton, me arrojaron de las ancas de uno de ellos dentro un gran charco de
lodo, y apretaron las espuelas y partieron volando como tres diablos
alemanes, como tres doctores Fausto.

POSADERO.--No han ido ms que  recibir al duque, canalla! No digas que
se han fugado: los alemanes son hombres de bien!

(_Entra sir Hugh Evans._)

EVANS.--Dnde est mi posadero?

POSADERO.--Qu se ofrece, seor?

EVANS.--Tened cuidado con las gentes que recibs. Un amigo mo que acaba
de llegar  la ciudad, me dice que andan por aqu unos tres primos
alemanes que han desbalijado  todos los posaderos de Readings, de
Maidenhead y de Colebrook, robndoles dinero y caballos. Os lo aviso por
la buena voluntad que os tengo. Vos sois un hombre listo, lleno de
bromas y tretas, y no estara bien que os dieran el bromazo de
escamotearos. Quedad con Dios.

(_Sale._--_Entra el doctor Caius._)

CAIUS.--Dnde est mi posadero de la Liga?

Posadero.--Heme aqu, seor doctor, lleno de incertidumbre y
perplejidad.

CAIUS.--No estoy muy al corriente del asunto; pero oigo decir que hacis
grandes preparativos para recibir  un duque de Alemania. Por mi alma,
que en la corte no se tiene la menor noticia de que venga tal duque. Os
lo aviso por la buena voluntad que os tengo. Quedad con Dios.

(_Sale._)

POSADERO.--V, corre, grita, da la alarma, canalla! Ayudadme,
caballero! Corre, vuela, da voces de alarma! Villano! Me han robado!

(_Salen el Posadero y Bardolfo._)

FALSTAFF.--Me alegrara de que todo el mundo fuera escamoteado; porque
yo lo he sido, y golpeado por aadidura. Si llegara  odos de la corte
el modo cmo he sido transformado y cmo mi transformacin ha sido
lavada y apaleada, haran derretir gota  gota toda mi gordura, y me
flagelaran con sus stiras y chistes hasta dejarme ms encogido que una
pera seca. Nunca he medrado desde que falt  mi propsito la primera
vez. Bien. Si me alcanzara el aliento no mas que para decir mis preces,
me arrepentira. (_Entra la Sra. Aprisa._) Y bien? De dnde vens?

APRISA.--Ya podis pensarlo; de donde las seoras que sabis.

FALSTAFF.--Que el diablo cargue con una de ellas, y la hembra del
diablo con la otra! As quedarn colocadas las dos. Ms he sufrido por
causa de ellas que cuanto puede soportar la villana inconsecuencia de la
disposicin del hombre.

APRISA.--Y qu! No han padecido ellas? S, por cierto; podis estar
seguro de ello. Especialmente la seora Ford pobre palomita! ha quedado
de los golpes de su marido, tan llena de manchas azules y moradas, que
no tiene un pedacito blanco en todo el cuerpo.

FALSTAFF.--Qu me cuentas de azul ni de morado?  m me han sacado de
la piel  fuerza de golpes todos los colores del arco-iris; poco ha
faltado para que me prendieran como bruja de Brentford; y gracias  la
admirable destreza de mi ingenio en imitar las acciones y movimientos de
una vieja, pude salvarme. El bribn de condestable me habra puesto en
el cepo, en el cepo pblico, por bruja.

APRISA.--Permitidme, seor, hablaros en vuestro alojamiento y sabris
cmo van las cosas, que, os lo aseguro, no dejarn de satisfaceros. He
aqu una carta que os har saber algo. Dios mo! Y qu afanes cuesta
poneros uno junto  otra! Sin duda que entre vosotros dos hay quien
cumple mal con el cielo, segn son las dificultades que se encuentran!

FALSTAFF.--Subid  mi cuarto.

(_Salen._)


ESCENA VI.

Entran FENTON y el POSADERO.

POSADERO.--Seor Fenton, no me hablis. Tengo el nimo abatido y estoy
por abandonarlo todo.

FENTON.--Oidme, sin embargo; ayudadme en mi intento y  fe de caballero
prometo daros cien libras en oro sobre el total de vuestra prdida.

POSADERO.--Os oir, seor Fenton; y al menos seguir vuestro consejo.

FENTON.--De vez en cuando he solido hablaros del ntimo afecto que
profeso  la bella Ana Page, quien me apoya, hasta donde le es permitido
escoger por s misma y corresponde  mi amor. Tengo una carta suya, cuyo
contenido no dejar de causaros asombro, en la cual andan tan mezclados
la jovialidad de aqul y mi propio asunto, que es imposible presentar al
uno separado de la otra. En esto corresponde un gran papel al obeso
Falstaff; pero ya os mostrar (_ensendole la carta_) ms tarde todo el
asunto de la broma. Escuchad ahora, posadero mo. Esta noche, en el
roble de Herne, precisamente entre las doce y la una, mi dulce Ana tiene
que representar  la reina de las hadas y he aqu con qu objeto:
mientras tienen lugar otros juegos, deber en obediencia  un mandato de
su padre, fugar con Slender y dirigirse  Eton, donde sern casados
inmediatamente. Y ella ha consentido. Por otra parte, su madre, que se
opone tenazmente  ese enlace y est resuelta  favor del doctor Caius,
ha convenido en que ste aproveche la distraccin que causarn los
juegos y se deslize con ella  la abada, en donde los espera un
sacerdote para casarles.  este plan de su madre, ella, dcil en
apariencia, ha consentido, dando su promesa al doctor. Ahora, la cosa se
ha arreglado as; su padre quiere que est vestida de blanco y que
Slender en el momento oportuno la tome de la mano y la invite 
seguirle; lo cual deber hacer ella. La madre quiere que para hacerla
conocer del doctor (pues todos han de estar enmascarados) se presente
vestida de un traje verde, flotante y con largas cintas que bajarn
desde la cabeza, y en el instante que parezca favorable al doctor, ste
la haga seal con la mano; en lo cual ha consentido la doncella para
salir con l.

POSADERO.--Y  quin desea ella engaar? Al padre   la madre?

FENTON.-- ambos, mi querido posadero, para poder venir conmigo. Y todo
consiste ahora en que me procuris un vicario que me aguarde en la
iglesia; entre doce y una y d  nuestros corazones en nombre del
matrimonio, la unin legal que necesitan.

POSADERO.--Bien: abrazo vuestro plan. Ir adonde el vicario. Traed  la
doncella, que no es sacerdote lo que os podr faltar.

FENTON.--Y por ello te ser obligado eternamente, fuera de la recompensa
que te otorgar desde lugo.

(_Salen._)




[Illustration]




ACTO V.


ESCENA I.

Cuarto en la posada de la Liga.

Entran FALSTAFF y la Sra. APRISA.

FALSTAFF.

Basta de charla. Vete. Lo cumplir. Esta es la tercera vez, y creo que 
la tercera va la vencida. Mrchate. Dicen que hay algo de la voluntad
del cielo en los nmeros impares, ya sea en el nacer, en la suerte,  en
el morir. Vete, vete.

APRISA.--Os proveer de la cadena, y har cuanto est  mi alcance para
procuraros un par de cuernos.

FALSTAFF.--Mrchate, digo. El tiempo pasa. Vamos: levanta la cabeza, y
trote menudo. (_Sale la Sra. Aprisa._) (_Entra Ford._) Hola! Qu tal,
seor Brook? Ha de saberse la verdad esta noche,  nunca. Estad en el
parque esta media noche, junto al roble de Herne, y veris maravillas.

FORD.--No fusteis ayer, seor, conforme  la cita que me dijsteis os
haba dado?

FALSTAFF.-- la cita fu, seor Brook, como el pobre hombre que me vis;
pero sal de ella como una pobre vieja. Ese mismo pillo, Ford, su
esposo, tena en el cuerpo, seor Brook, el diablo ms furioso de celos
que jams haya infundido frenes  un hombre. Os dir que, tomndome por
una anciana, me aporre terriblemente; pues ya se echa de ver que en mi
propia forma de hombre no temera yo ni al mismo Goliat con una viga de
telar; porque s tambin que la vida es una lanzadera. Estoy de prisa.
Venid conmigo, seor Brook, y os lo dir todo. Desde los das en que
desplumaba gansos, corra la tuna y jugaba al trompo, no he sabido lo
que es atrapar golpes hasta esta ocasin. Seguidme, y os referir
extraas cosas de este bellaco Ford, de quien he de vengarme esta noche,
y cuya esposa os he de entregar.

(_Salen._)


ESCENA II.

En el parque de Windsor.

Entran PAGE, POCOFONDO y SLENDER.

PAGE.--Venid, venid. Nos ocultaremos en el foso del castillo hasta que
veamos las luces de nuestras hadas. Hijo Slender, no os olvidis de mi
hija.

SLENDER.--No, por cierto. La he hallado y tenemos convenida una palabra
para reconocernos. Yo debo llegar vestido de blanco y exclamar:
_chito!_ y ella debe responder _morral!_ y as conoceremos cada uno al
otro.

POCOFONDO.--Eso est bien; pero qu necesidad hay de que vos exclamis:
_chito!_ y ella _morral_? El vestido blanco os la har ver bien claro.
Han dado las diez.

PAGE.--La noche es oscura, y le vienen bien luces y espritus. Que el
cielo favorezca nuestro juego! Aqu nadie desea el mal sino el diablo, y
lo conoceremos por sus cuernos. Vmonos. Seguidme.

(_Salen._)


ESCENA III.

La calle en Windsor.

Entran la Sra. PAGE, Sra. FORD y doctor CAIUS.

SRA. PAGE.--Seor doctor, mi hija est vestida de verde. Tan pronto como
veis llegada la oportunidad, tomadla por la mano, llevadla  la abada
y despachad la ceremonia aprisa. Id primero al parque. Nosotras dos
debemos ir juntas.

CAIUS.--Ya s lo que tengo que hacer. Adios.

SRA. PAGE.--Id con Dios. (_Sale Caius._) Mi marido no se alegrar tanto
de la burla  Falstaff, como se fastidiar del casamiento del doctor con
mi hija. Vale ms un rato de mal humor que toda una vida de
padecimientos.

SRA. FORD.--Adnde est ahora Ana con su cortejo de hadas? Y el diablo
galo Hugh?

SRA. PAGE.--Estn todos en una zanja cerca del roble de Herne, con las
luces escondidas, y en el momento en que Falstaff se encuentre con
nosotras, las harn brillar todas  un tiempo en la oscuridad de la
noche.

SRA. FORD.--Eso no podr menos que dejarle azorado.

SRA. PAGE.--Si no se azora, sufrir la burla. Y si se azora, la sufrir
de todos modos.

SRA. FORD.--Se la jugaremos buena.

SRA. PAGE.--No hay pecado en burlarse de tales libertinos y de su
corrupcin.

SRA. FORD.--Se acerca la hora. Vamos al roble, al roble!

(_Salen._)


ESCENA IV.

Parque de Windsor.

Entran sir HUGH EVANS y hadas.

EVANS.--Corred, corred. Vamos, y acordaos de vuestros papeles. Sed
osados, os ruego. Seguidme  la zanja, y cuando os haya dado la seal,
haced lo que os diga. Ea! vamos! corred, corred!


ESCENA V.

Otra parte del Parque.

Entra FALSTAFF disfrazado y con una cabeza postiza de gamo.

FALSTAFF.--La campana de Windsor ha sonado las doce; y ahora, que me
asistan los dioses de sangre ardorosa. Acurdate, Jpiter, de que por tu
Europa fuste toro: llevabas el amor en tus cuernos. Oh poderoso amor!
Que bajo ciertos aspectos haces de la bestia un sr humano, y bajo otros
haces del hombre una bestia! Tambin oh Jpiter! por amor  Leda fuste
cisne. Oh amor omnipotente! Qu cerca pusiste al dios de parecer un
ganso! Primero, una falta cometida bajo la forma de una bestia; falta
bestial; oh Jpiter! Y en seguida otra falta bajo la apariencia de una
ave; falta volante. Cuando los dioses hacen tales faltas, qu haremos
los pobres hombres? Por mi parte, soy ahora un ciervo de Windsor, el ms
gordo de los del bosque, segn creo. Envame oh Jpiter! un buen tiempo
de brama. Pero quin viene? Es acaso mi cierva?

(_Entran la Sra. Ford y la Sra. Page._)

SRA. FORD.--Ests aqu, sir Juan, gamo, gamo mo?

FALSTAFF.--Es mi cierva de pequea cola negra? Que lluevan patatas; que
los truenos canten la tonada de las mangas verdes, que caigan por
granizo confites azucarados: que haya una borrasca de todas las
tentaciones; yo me refugiar siempre aqu.

(_La abraza._)

SRA. FORD.--La seora Page ha venido conmigo, vida ma.

FALSTAFF.--Pues divididme como ciervo regalado, la mitad de las ancas
para cada una; guardar para m los costados, dar los hombros al mozo
que pasea por aqu, y dejar en legado  vuestros maridos estos cuernos.
No soy un verdadero montas? No hablo como el cazador? Por mi alma
que ahora Cupido es muchacho de conciencia, como que hace restitucin.
Sed bienvenidas  este vuestro espritu verdadero.

(_Se oye ruido dentro._)

SRA. PAGE.--Ay! Qu ruido!

SRA. FORD.--Que el cielo se apiade de nosotras!

FALSTAFF.--Qu podr ser?

    SRA. FORD.} Huyamos! (_Se van._)
    SRA. PAGE.}

FALSTAFF.--Parece que el diablo no quiere que yo me condene, mientras la
grasa que hay en m no haga prender fuego al infierno.  no ser as, no
me contrara de este modo.

     (_Entran sir Hugh Evans en traje de stiro, la seora Aprisa y
     Pistol; Ana Page como reina de hadas, acompaada por su hermano y
     otros, en traje de hadas, con bujas de cera en la cabeza._)

APRISA.--Hadas negras, pardas, verdes y blancas; vosotras, alegres
huspedes de la claridad de la luna y de las sombras de la noche;
vosotras, herederas hurfanas de un destino invariable, atended 
vuestras funciones y gerarqua. Duende heraldo, haced los tres pregones
de las hadas.

PISTOL.--Duendes, escribid vuestros nombres: guardad silencio, areos
rapazuelos. Grillo, t saltars  las chimeneas de Windsor; y en donde
encuentres fuegos llenos de cenizas y piedras de hogar sin barrer,
punzad  las doncellas hasta ponerlas moradas como ciruelas. Nuestra
brillante reina aborrece el desaseo y las gentes desaseadas.

FALSTAFF.--Son hadas. Quien oiga lo que hablan, tiene que morir por
ello. Cerrar los ojos y me acostar. Ningn hombre debe ver lo que
hacen.

(_Se acuesta boca abajo._)

EVANS.-- dnde est Pede? V, y en donde quiera que encuentres  una
doncella que antes de acostarse haya dicho tres veces sus oraciones,
estimulars los rganos de su fantasa y la adormecers en un sueo tan
profundo y delicioso como el de la infancia. Pero  las que se duermen
sin pensar en sus pecados, pnchalas en los brazos, las piernas, las
espaldas, los hombros, los costados y las espinillas.

APRISA.-- la obra!  la obra! Duendes, registrad el castillo de
Windsor por dentro y fuera; hechiceras, derramad la buena suerte en cada
sagrada habitacin, para que se mantenga en pi hasta el fin de los
siglos, en estado tan perfecto como conviene al Estado; digno siempre de
su dueo y ste de l. Cuidad de perfumar el asiento de cada orden, con
los jugos y aromas de las flores ms preciadas: y sean para siempre
bendecidos los leales blasones, escudos y crestas de cada uno. Y por la
noche, vosotras, hadas de las praderas, cantad en coro formando un
anillo  semejanza del de la Jarretera; y que la divisa que ste
ostenta, sea ms frtil en nueva vida que todos los campos, y escribid:
_Honi soit qui mal y pense_, con ramilletes de esmeralda, flores
moradas, blancas y azules, como zafiros, perlas y ricos bordados,
enlazndolas bajo la rodilla doblada de esta orden de caballera. Las
flores son la escritura de las hadas. Marchad! Dispersaos! Pero hasta
que suene la una, renovemos la acostumbrada danza al rededor del roble
de Herne el cazador.

EVANS.--Poneos en orden, os ruego, entrelazando las manos de unos con
otros; y mientras bailamos al rededor del rbol, veinte lucirnagas nos
servirn de linternas para guiar nuestra danza. Pero deteneos. Siento el
olor de un hombre de enmedio de la tierra.

FALSTAFF.--Dios me defienda de este duende galo; no sea que me haga
transformar en un pedazo de queso!

PISTOL.--Vil gusano! Fuste mirado con desprecio aun en el instante en
que naciste.

APRISA.--Tocad la extremidad de su dedo con el fuego de prueba. Si es
casto, la llama se retirar por s sola sin causarle dolor alguno, pero
si hace cualquier movimiento, entonces es la carne de un corazn
corrompido.

PISTOL.-- la prueba: venid.

EVANS.--Venid. Arder esta madera?

(_Le queman con sus bujas._)

FALSTAFF.--Oh! Oh! Oh!

APRISA.--Corrompido, corrompido y manchado por la lujuria!  l,
duendes y hadas. Entonad una cancin de desprecio, y mientras saltis,
idlo pinchando  comps.

EVANS.--Es justo. Est lleno de lujuria  iniquidad.

       CANCIN.

    Vergenza para quien ama
    la sensualidad y el vicio!
    Su pasin es una llama
    que se extiende ms y ms
    desde el corazn impuro
    donde la aviva el deseo:
    es fuego de un antro oscuro
    que no se extingue jams!

   *       *       *       *       *

    Pinchadle, una por una,
    por su villano intento,
    y en torno de l girando
    quemadle sin piedad,
    mientras hay luz de luna
    que alumbre el firmamento,
    y estrellas derramando
    su pura claridad.

     (_Durante la cancin, las hadas pinchan  Falstaff. El doctor Caius
     llega por un lado y se escapa con una hada vestida de verde;
     Slender por otro lado se lleva  una vestida de blanco. Y llega
     Fenton y se lleva  Ana Page. Se oye adentro ruido de caza: todas
     las hadas huyen. Falstaff se quita la cabeza de gamo y se
     levanta.--Entran Page, Ford, seora Page y seora Ford, y se
     apoderan de l._)

PAGE.--No hay que huir. Me parece que esta vez os hemos atrapado. No
habr nadie sino Herne el cazador que haga vuestro negocio?

SRA. PAGE.--Vamos; os ruego no llevar la broma ms lejos. Y ahora, buen
sir Juan, qu tal os gustan las esposas de Windsor? Vis, esposo mo?
No sientan mejor estas hermosas astas al bosque que  la ciudad?

FORD.--Y bien, seor mo: quin es ahora el cornudo, el bribn cornudo?
He aqu sus cuernos, seor Brook; y no ha gozado cosa alguna de Ford,
seor Brook, excepto su canasto de la ropa sucia, su bastn, y veinte
libras en dinero, que tendr que pagar al seor Brook, por cuanto, seor
Brook, se le han embargado los caballos con ese objeto.

SRA. FORD.--Mala suerte hemos tenido, seor Juan; nunca pudimos gozar
una cita. No volver  tomaros por mi galn, siervo de mis antojos; pero
s os contar siempre como  mi ciervo.

FALSTAFF.--Principio  comprender que me han hecho hacer el papel de
asno.

FORD.--Y adems el de buey. Las pruebas de uno y otro estn  la vista.

FALSTAFF.--Y estos no son hadas? Tres  cuatro veces me asalt la idea
de que no eran hadas; y sin embargo, la culpabilidad de mi intento, la
sbita sorpresa de mis facultades, convirti la tosquedad de la ficcin
en natural creencia de que  despecho de todo ritmo y razn eran hadas.
He aqu, pues, de qu modo puede degenerar el ingenio en estupidez,
cuando se encamina  un mal propsito.

EVANS.--Servid  Dios, sir Juan, y dejad vuestros malos deseos, y las
hadas no os atormentarn.

FORD.--Bien dicho, duende Hugh.

EVANS.--Y dejad vos tambin vuestros celos, os lo suplico.

FORD.--Jams volver  desconfiar de mi esposa, hasta que podis
galantearla en lenguaje correcto.

FALSTAFF.--Acaso he puesto mi cerebro  secarse al sol, que no veo cmo
evitar un exceso tan grosero como este? Tambin tengo que sufrir  este
cabrn galo? Habr de tener una coronilla de rizos? Ya es tiempo de que
me atorase con un pedazo de queso tostado.

EVANS.--No es bueno poner mantequilla al queso, y vuestro abdomen es
todo mantequilla.

FALSTAFF.--Queso y mantequilla! Y se ha de burlar de m hasta este que
hace trizas el idioma? Bastara esto para que se acabaran en todo el
reino las malas tentaciones y los paseos  media noche!

SRA. PAGE.--Pero qu! sir Juan: pensis que aun cuando hubisemos
arrojado de nuestros corazones toda virtud y nos hubisemos entregado en
cuerpo y alma al infierno, habra podido el diablo hacer que nos
deleitramos en vos?

FORD.--En un budn? En un saco de linaza?

SRA. PAGE.--En un hombre inflado?

PAGE.--Viejo, fro, ajado, y de entraas intolerables.

FORD.--Y tan maldiciente como Satans.

PAGE.--Y tan pobre como Job.

FORD.--Y tan depravado como su mujer.

EVANS.--Y dado  la lujuria y  tabernas y al vino y la borrachera, y
los juramentos, y las disputas!

FALSTAFF.--Bien. Soy ahora el blanco de vuestras burlas; tenis la
ventaja sobre m; estoy abatido y ni siquiera soy capaz de responder al
zurdo galo: hasta la ignorancia misma es una cimera junto  m. Podis
hacer conmigo lo que gustis.

FORD.--Por cierto, seor mo, que os vamos  llevar  Windsor  casa de
un tal Brook,  quien habis escamoteado dinero ofreciendo servirle de
tercero. Despus de lo que habis sufrido, se me figura que restituir
ese dinero sera una afliccin cruel.

SRA. FORD.--No, esposo mo; dejad que ese dinero quede ah por va de
compensacin. Perdonad esa suma y as quedaremos todos amigos.

FORD.--Bien: todo queda perdonado. He aqu mi mano.

PAGE.-- pesar de todo, algrate, caballero; porque esta noche vas 
tomar en mi casa un vaso de leche con vino. All te reirs de mi esposa
que se re ahora de t; y le dirs que el seor Slender se ha casado con
su hija.

SRA. PAGE.--Hay doctores que lo dudan (_aparte_); pues si Ana Page es mi
hija,  esta hora es ya la esposa del doctor Caius.

(_Entra Slender._)

SLENDER.--Oh! Oh! Padre Page!

PAGE.--Hijo qu sucede? Qu ocurre, hijo? Habis despachado ya?

SLENDER.--Despachado! He de hacer que esto lo sepa todo
Gloucestershire. Quisiera verme ahorcado!

PAGE.--Por qu motivo?

SLENDER.--Fu all abajo,  Eton,  casarme con Ana Page, y resulta que
se ha vuelto un muchachn contrahecho. Si no hubiramos estado en la
iglesia, yo le habra dado una buena zurra,  l  m. Por cierto que no
me hubiera yo movido, si no porque pens que era Ana Page. Ana Page! Un
muchacho de la oficina de correos!

PAGE.--Pues por vida ma que echasteis mano de l por equivocacin.

SLENDER.--Gran noticia me dis! Ya creo que me equivoqu al tomar un
muchacho por una doncella. Y aunque estaba vestido de mujer, si me
hubiese casado con l no lo habra tomado.

PAGE.--Vuestro propio atolondramiento es el que ha ocasionado esto. No
os dije que conocirais  mi hija por los vestidos?

SLENDER.--Conforme habamos convenido, me acerqu  ella de blanco y
dije: Chito! y ella respondi: Morral! Y sin embargo, no era Ana
sino el muchacho del Correo.

EVANS.--Jess! Seor Slender! No vis cosa mejor que casaros con
muchachos?

PAGE.--Tengo el despecho en el corazn. Qu har?

SRA. PAGE.--No os enojis, buen Jorge. Yo saba vuestro propsito  hice
vestir  mi hija de verde; y en verdad que ahora est en la abada
casndose con el doctor Caius.

(_Entra Caius._)

CAIUS.--Dnde est la seora Page? Voto  sanes, que he sido
embaucado! Me he casado con un muchacho, _un garon_! un muchacho
campesino! un muchacho que no es Ana Page, voto !...

SRA. PAGE.--Qu! Pues no estaba vestida de verde?

[Illustration]

CAIUS.--S, por cierto, y era muchacho! He de revolver todo Windsor.

(_Sale Caius._)

SRA. PAGE.--Qu cosa tan extraa! Quin se ha llevado  la verdadera
Ana?

PAGE.--Mal me anuncia el corazn. Aqu viene el seor Fenton. (_Entran
Fenton y Ana Page._) Cmo va, seor Fenton?

ANA.--Perdn, padre mo! Perdn, buena madre!

PAGE.--Cmo es, seorita, que no habis ido con el seor Slender?

SRA. PAGE.--Cmo es, nia, que no fuste con el doctor Caius?

FENTON.--No debis aturdirla. Os dir la verdad de todo. Vosotros la
habrais casado vergonzosamente, sin que hubiese habido en su matrimonio
la debida proporcin en los afectos. La verdad es que ella y yo,
comprometidos de tiempo atrs, estamos ahora tan seguros, que ya nada
podra separarnos. La falta que ha cometido es santa y no se la puede
llamar con los nombres de engao y desobediencia en que se falta al
deber; pues con ella ha evitado las mil horas de irreligiosa
desesperacin que le habra trado un matrimonio forzado.

FORD.--No os aturdis. La cosa ya no tiene remedio. En asuntos de amor,
es el cielo quien decide. Los dineros compran tierras; pero  la mujer
nadie la vende sino el destino.

FALSTAFF.--Me alegro,  pesar del empeo especial que habis puesto
contra m, de que vuestro dardo haya resbalado.

PAGE.--Bien qu remedio? Fenton, que el cielo te d alegra! Lo que ha
de ser bien castigado ha de ser bien perdonado.

FALSTAFF.--Cuando se da caza de noche, se persigue  toda clase de
ciervos.

EVANS.--Bailar y comer golosinas en vuestra boda.

SRA. PAGE.--Bien: no me entristecer ms tiempo. Seor Fenton, que Dios
os d muchos, muchos das felices. Buen esposo mo, vamos todos  casa y
delante de un buen fuego rimonos de la aventura; todos, incluso sir
Juan.

FORD.--Sea como dices. Sir Juan: todava cumpliris vuestra palabra al
seor Brook; porque esta noche dormir con la seora Ford.

(_Salen._)




[Illustration]




NDICE


                                     _Pg._

_Julio Csar_                            1

_Como gustis_                          91

_Comedia de equivocaciones_            193

_Las alegres comadres de Windsor_      271

[Illustration]




_Abril 1883_





End of the Project Gutenberg EBook of Dramas de Guillermo Shakspeare, by 
William Shakespeare

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS DE GUILLERMO SHAKSPEARE ***

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WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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