The Project Gutenberg EBook of La Novela Picaresca, by Various

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Title: La Novela Picaresca

Author: Various

Release Date: February 12, 2005 [EBook #15027]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NOVELA PICARESCA ***




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BIBLIOTECA LITERARIA DEL ESTUDIANTE

DIRIGIDA POR RAMN MENNDEZ PIDAL

TOMO XXIV


LA NOVELA PICARESCA

SELECCIN HECHA POR FEDERICO RUIZ MORCUENDE

_Dibujos de F. Marco_.

_MADRID, MCMXXII_ INSTITUTO--ESCUELA JUNTA PARA AMPLIACIN DE ESTUDIOS

TIPOGRAFA DE LA "REVISTA DE ARCHIVOS", OLZAGA, I, MADRID






LA VIDA DE LAZARILLO DE TORMES Y DE SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES




TRATADO PRIMERO

CUENTA LZARO SU VIDA Y CUYO HIJO FU


Pues sepa vuestra merced ante todas cosas que a m llaman Lzaro de
Tormes hijo de Thom Gonzlez y de Antona Prez, naturales de Tejares,
aldea de Salamanca. Mi nascimiento fu dentro del ro Tormes, por la
cual causa tom el sobrenombre, y fu desta manera. Mi padre, que Dios
perdone, tena cargo de proveer una molienda de una acea, que est
ribera de aquel ro, en la cual fu molinero ms de quince aos. Y
estando mi madre una noche en la acea (nasc), de manera que con verdad
me pueden decir nascido en el ro.

Pues siendo yo nio de ocho aos, achacaron a mi padre ciertas sangras
mal hechas en los costales de los que all a moler venan, por lo cual
fu preso y confes y no neg y padesci persecucin por justicia.
Espero en Dios que est en la gloria, pues el Evangelio los llama
bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra los moros,
entre los cuales fu mi padre, que a la sazn estaba desterrado por el
desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que all fue.
Y con su seor, como leal criado, fenesci su vida.

Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determin
arrimarse a los buenos por ser uno dellos, y vnose a vivir a la ciudad,
y por evitar peligro y quitarse de malas lenguas se fu a servir a los
que al presente vivan en el mesn de la Solana.

En este tiempo vino a posar al mesn un ciego, el cual, parescindole
que yo sera para adestralle, me pidi a mi madre, y ella me encomend a
l, dicindole cmo era hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar la
fe haba muerto en la de los Gelves, y que ella confiaba en Dios no
saldra peor hombre que mi padre, y que le rogaba me tratase bien y
mirase por m, pues era hurfano.

El respondi que as lo hara, y que me reciba no por mozo, sino por
hijo. Y as le comenc a servir y adestrar a mi nuevo y viejo amo.

Como estuvimos en Salamanca algunos das, parescindole a mi amo que no
era la ganancia a su contento, determin irse de all y, cuando nos
hubimos de partir, yo fui a ver a mi madre, y ambos llorando, me di su
bendicin y dijo:

"Hijo, ya s que no te ver ms. Procura de ser bueno y Dios te gue.
Criado te he y con buen amo te he puesto; vlete por ti."

Y as me fui para mi amo, que esperndome estaba.

Salimos de Salamanca y, llegando a la puente, est a la entrada della un
animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandme que
llegase cerca del animal y, all puesto, me dijo:

"Lzaro, llega el odo a este toro y oirs gran ruido dentro dl."

Yo simplemente llegu, creyendo ser ans. Y como sinti que tena la
cabeza par de la piedra, afirm recio la mano y dime una gran
calabazada en el diablo del toro, que ms de tres das me dur el dolor
de la cornada, y djome:

"Necio, aprende; que el mozo del ciego un punto ha de saber ms que el
diablo."

Y ri mucho la burla.

Parescime que en aquel instante despert de la simpleza en que como
nio dormido estaba. Dije entre m:

"Verdad dice ste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy,
y pensar cmo me sepa valer."

Comenzamos nuestro camino y en muy pocos das me mostr jerigonza. Y
como me viese de buen ingenio, holgbase mucho y deca:

"Yo oro ni plata no te lo puedo dar; mas avisos para vivir, muchos te
mostrar."

Y fue ans, que despus de Dios, ste me di la vida y, siendo ciego, me
alumbr y adestr en la carrera de vivir.

Huelgo de contar a vuestra merced estas nieras, para mostrar cunta
virtud sea saber los hombres subir siendo bajos y dejarse bajar siendo
altos cunto vicio.

Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, vuestra merced
sepa que, desde que Dios cri el mundo, ninguno form ms astuto ni
sagaz. En su oficio era un guila. Ciento y tantas oraciones saba de
coro. Un tono bajo, reposado y muy sonable, que haca resonar la iglesia
donde rezaba, un rostro humilde y devoto, que con muy buen continente
pona, cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni ojos, como
otros suelen hacer.

Allende desto, tena otras mil formas y maneras para sacar el dinero.
Deca saber oraciones para muchos y diversos efectos.

Pues en caso de medicina, deca que Galeno no supo la mitad que l para
muela, desmayos. Finalmente, nadie le deca padecer alguna pasin, que
luego no le deca:

"Haced esto, haris estotro, coged tal hierba, tomad tal raz."

Con esto andbase todo el mundo tras l, especialmente mujeres, que
cuanto les deca crean. Destas sacaba l grandes provechos con las
artes que digo, y ganaba ms en un mes que cien ciegos en un ao.

Mas tambin quiero que sepa vuestra merced que, con todo lo que adquira
y tena, jams tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me
mataba a m de hambre y as no me demediaba de lo necesario. Digo
verdad; si con mi sotileza y buenas maas no me supiera remediar, muchas
veces me finara de hambre; mas con todo su saber y aviso le contraminaba
de tal suerte, que siempre o las ms veces me caba lo ms y mejor. Para
esto le haca burlas endiabladas, de las cuales contar algunas, aunque
no todas a mi salvo.

El traa el pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo, que por
la boca se cerraba con una argolla de hierro y su candado y su llave, y
al meter de todas las cosas y sacarlas, era con tan gran vigilancia y
tanto por contadero, que no bastara hombre en todo el mundo hacerle
menos una migaja. Mas yo tomaba aquella laceria que l me daba, la cual
en menos de dos bocados era despachada.

Despus que cerraba el candado y se descuidaba, pensando que yo estaba
entendiendo en otras cosas, por un poco de costura, que muchas veces del
un lado del fardel descosa y tornaba a coser, sangraba el avariento
fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos, torreznos y
longaniza. Y ans buscaba conveniente tiempo para rehacer, no la chaza,
sino la endiablada falta, que el mal ciego me faltaba.

Todo lo que poda sisar y hurtar traa en medias blancas, y cuando le
mandaban rezar y le daban blancas, como l careca de vista, no haba el
que se la daba amagado con ella, cuando yo la tena lanzada en la boca y
la media aparejada, que por presto que l echaba la mano, ya iba de mi
cambio aniquilada en la mitad del justo precio. Quejabseme el mal
ciego, porque al tiento luego conoca y senta que no era blanca entera,
y deca:

"Qu diablo es esto, que, despus que conmigo ests, no me dan sino
medias blancas, y de antes una blanca y un maraved hartas veces me
pagaban? En ti debe estar esta desdicha."

Tambin l abreviaba el rezar y la mitad de la oracin no acababa,
porque me tena mandado que en yndose el que la mandaba rezar, le
tirase por cabo del capuz. Yo as lo haca. Luego l tornaba a dar
voces, diciendo:

"Mandan rezar tal y tal oracin?", como suelen decir.

Usaba poner cabe s un jarrillo de vino cuando comamos, y yo muy de
presto le asa, y daba un par de besos callados y tornbale a su lugar.
Mas durme poco, que en los tragos conoca la falta, y por reservar su
vino a salvo, nunca despus desamparaba el jarro, antes lo tena por el
asa asido; mas no haba piedra imn que as trajese a s como yo con
una paja larga de centeno, que para aquel menester tena hecha, la cual,
metindola en la boca del jarro, chupando el vino lo dejaba a buenas
noches. Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sinti, y
dende en adelante mud propsito y asentaba su jarro entre las piernas y
atapbale con la mano, y ans beba seguro.

Yo, como estaba hecho al vino, mora por l, y viendo que aquel remedio
de la paja no me aprovechaba ni vala, acord en el suelo del jarro
hacerle una fuentecilla y agujero sotil y, delicadamente, con una muy
delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber
fro, entrbame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la
pobrecilla lumbre que tenamos, y al calor della, luego derretida la
cera por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca,
la cual yo de tal manera pona que maldita la gota se perda. Cuando el
pobreto iba a beber, no hallaba nada.

Espantbase, maldecase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo
qu poda ser.

"No diris, to, que os lo bebo yo, deca, pues no le quitis de la
mano."

Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que hall la fuente y cay en la
burla; mas as lo disimul como si no lo hubiera sentido.

Y luego otro da, teniendo yo rezumando mi jarro como sola, no pensando
el dao que me estaba aparejado, ni que el mal ciego me senta, sentme
como sola, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta
hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso
licor, sinti el desesperado ciego que agora tena tiempo de tomar de mi
venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y
amargo jarro, le dej caer sobre mi boca, ayudndose, como digo, con
todo su poder, de manera que el pobre Lzaro que de nada desto se
guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso,
verdaderamente me pareci que el cielo con todo lo que en l hay, me
haba cado encima.

Fu tal el golpecillo, que me desatin y sac de sentido, y el jarrazo
tan grande, que los pedazos del se me metieron por la cara,
rompindomela por muchas partes, y me quebr los dientes sin los cuales
hasta hoy da me qued. Desde aquella hora quise mal al mal ciego y,
aunque me quera y regalaba y me curaba, bien vi que se haba holgado
del cruel castigo. Lavme con vino las roturas que con los pedazos del
jarro me haba hecho, y sonrindose deca:

"Qu te parece, Lzaro? Lo que te enferm te sana y da salud."

Y otros donaires, que a mi gusto no lo eran.

Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando
que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorrara de m, quise yo
ahorrar dl; mas no lo hice tan presto, por hacello ms a mi salvo y
provecho. Aunque yo quisiera asentar mi corazn y perdonalle el jarrazo,
no daba lugar el maltratamiento que el mal ciego dende all adelante me
haca, que sin causa ni razn me hera, dndome coscorrones y
repelndome.

Y si alguno le deca por qu me trataba tan mal, luego contaba el cuento
del jarro, diciendo:

"Pensaris que este mi mozo es algn inocente? Pues od si el demonio
ensayara otra tal hazaa."

Santigundose los que lo oan, decan: "Mira quin pensara de un
muchacho tan pequeo tal ruindad!"

Y rean mucho el artificio y decanle: "Castigaldo, castigaldo, que de
Dios lo habris."

Y l con aquello nunca otra cosa haca.

Y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos y adrede, por le
hacer mal dao; si haba piedras, por ellas; si lodo, por lo ms alto.
Que aunque yo no iba por lo ms enjuto, holgbame a m de quebrar un ojo
por quebrar dos al que ninguno tena. Con esto siempre con el cabo alto
del tiento me atentaba el colodrillo, el cual siempre traa lleno de
tolondrones y pelado de sus manos. Y aunque yo juraba no lo hacer con
malicia, sino por no hallar mejor camino, no me aprovechaba ni me crea
ms; tal era el sentido y el grandsimo entendimiento del traidor.

Y porque vea vuestra merced a cunto se extenda el ingenio deste astuto
ciego, contar un caso de muchos que con l me acaescieron, en el cual
me paresce di bien a entender su gran astucia. Cuando salimos de
Salamanca, su motivo fue venir a tierra de Toledo, porque deca ser la
gente ms rica, aunque no muy limosnera. Arrimbase a este refrn: Ms
da el duro que el desnudo. Y vinimos a este camino por los mejores
lugares. Donde hallaba buena acogida y ganancia, detenamonos; donde no,
a tercero da hacamos San Juan.

Acaesci que llegando a un lugar que llaman Almorox, al tiempo que
cogan las uvas, un vendimiador le di un racimo dellas en limosna. Y
como suelen ir los cestos maltratados, y tambin porque la uva en aquel
tiempo est muy madura, desgranbasele el racimo en la mano. Para
echarlo en el fardel tornbase mosto y lo que a l se llegaba.

Acord de hacer un banquete, ans por no lo poder llevar, como por
contentarme, que aquel da me haba dado muchos rodillazos y golpes.
Sentmonos en un valladar y dijo:

"Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos
este racimo de uvas y que hayas del tanta parte como yo. Partillo hemos
desta manera: t picars una vez y yo otra, con tal que me prometas no
tomar cada vez ms de una uva. Yo har lo mesmo hasta que lo acabemos, y
desta suerte no habr engao."

Hecho ans el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance el
traidor mud propsito y comenz a tomar de dos en dos, considerando
que yo debra hacer lo mismo. Como vi que l quebraba la postura, no me
content ir a la par con l, mas aun pasaba adelante; dos a dos y tres a
tres y como poda las coma. Acabado el racimo, estuvo un poco con el
escobajo en la mano y, meneando la cabeza, dijo:

"Lzaro, engaado me has. Jurar yo a Dios que has t comido las uvas
tres a tres."

"No com, dije yo; mas por qu sospechis eso?"

Respondi el sagacsimo ciego:

"Sabes en qu veo que las comiste tres a tres? En que coma yo dos a
dos y callabas."

Reme entre m y, aunque mochacho, not mucho la discreta consideracin
del ciego.

Mas, por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas, as graciosas como
de notar, que con este mi primer amo me acaescieron, y quiero decir el
despidiente y con l acabar. Estbamos en Escalona, villa del duque
della, en un mesn, y dime un pedazo de longaniza que le asase. Ya que
la longaniza haba pringado y comdose las pringadas, sac un maraved
de la bolsa y mand que fuese por l de vino a la taberna. Psome el
demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir, hace al
ladrn, y fue que haba cabe el fuego un nabo pequeo, larguillo y
ruinoso y tal, que por no ser para la olla, debi ser echado all.

Y como al presente nadie estuviese sino l y yo solos, como me vi con
apetito goloso, habindome puesto dentro el sabroso olor de la
longaniza, del cual solamente saba que haba de gozar, no mirando qu
me podra suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en
tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saqu la longaniza y
muy presto met el sobredicho nabo en el asador. El cual mi amo, dndome
el dinero para el vino, tom y comenz a dar vueltas al fuego, queriendo
asar al que de ser cocido por sus demritos haba escapado.

Yo fui por el vino, con el cual no tard en despachar la longaniza, y
cuando vine, hall al pecador del ciego que tena entre dos rebanadas
apretado el nabo, al cual aun no haba conoscido por no lo haber tentado
con la mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas, pensando
tambin llevar parte de la longaniza, hallse en fro con el fro nabo.
Alterse y dijo:

"Qu es esto, Lazarillo?"

"Lacerado de m!, dije yo. Si queris a m echar algo? Yo no vengo de
traer el vino? Alguno estaba ah y por burlar hara esto."

"No, no, dijo l, que yo no he dejado el asador de la mano, no es
posible."

[Ilustracin: "...dos a dos y tres a tres y como poda las coma...."]

Yo torn a jurar y perjurar que estaba libre de aquel trueco y cambio;
mas poco me aprovech, pues a las astucias del maldito ciego nada se le
esconda. Levantse y asime por la cabeza y llegse a olerme. Y como
debi sentir el huelgo, a uso de buen podenco, por mejor satisfacerse
de la verdad y con la gran agona que llevaba, asindome con las manos,
abrame la boca ms de su derecho y desatentadamente meta la nariz, la
cual l tena luenga y afilada, y a aquella sazn, con el enojo, se
haba aumentado un palmo. Con el pico de la cual me lleg a la gulilla.

Y con esto y con el gran miedo que tena y con la brevedad del tiempo,
la negra longaniza aun no haba hecho asiento en el estmago, y lo ms
principal, con el destiento de la cumplidsima nariz, medio cuasi
ahogndome; todas estas cosas se juntaron y fueron causa que el hecho y
golosina se manifestase y lo suyo fuese vuelto a su dueo; de manera
que, antes que di mal ciego sacase de mi boca su trompa, tal alteracin
sinti mi estmago, que le dio con el hurto en ella, de suerte que su
nariz y la negra mal mascada longaniza a un tiempo salieron de mi boca.

Oh gran Dios, quin estuviera aquella hora sepultado!, que muerto ya lo
estaba. Fu tal el coraje del perverso ciego que, si al ruido no
acudieran, pienso no me dejara con la vida. Sacronme de entre sus
manos, dejndoselas llenas de aquellos pocos cabellos que tena, araada
la cara y rasguado el pescuezo y la garganta. Y esto bien lo mereca,
pues por su maldad me venan tantas persecuciones.

Contaba el mal ciego a todos cuantos all se allegaban mis desastres, y
dbales cuenta una y otra vez, as de la del jarro como de la del
racimo, y agora de lo presente. Era la risa de todos tan grande, que
toda la gente que por la calle pasaba entraba a ver la fiesta; mas con
tanta gracia y donaire recontaba el ciego mis hazaas que, aunque yo
estaba tan maltratado y llorando, me paresca que haca sin justicia en
no se las rer.

Y en cuanto esto pasaba, a la memoria me vino una cobarda y flojedad
que hice, por que me maldeca, y fue no dejalle sin narices, pues tan
buen tiempo tuve para ello que la meitad del camino estaba andado, que
con solo apretar los dientes se me quedaran en casa y, con ser de aquel
malvado, por ventura lo retuviera mejor mi estmago que retuvo la
longaniza, y no paresciendo ellas, pudiera negar la demanda. Pluguiera a
Dios que lo hubiera hecho, que eso fuera as que as.

Hicironnos amigos la mesonera y los que all estaban y con el vino que
para beber le haba trado, lavronme la cara y la garganta. Sobre lo
cual discantaba el mal ciego donaires, diciendo:

"Por verdad, ms vino me gasta este mozo en lavatorios al cabo de ao,
que yo bebo en dos. A lo menos, Lzaro, eres en ms cargo al vino que a
tu padre, porque l una vez te engendr; mas el vino mil te ha dado la
vida,"

[Ilustracin: "...abrame la boca ms de su derecho y desatentadamente
meta la nariz...."]

Y luego contaba cuntas veces me haba descalabrado y arpado la cara, y
con vino luego sanaba.

"Yo te digo, dijo, que si hombre en el mundo ha de ser bienaventurado
con vino, que sers t."

Y rean mucho los que me lavaban con esto; aunque yo renegaba. Mas el
pronstico del cielo no sali mentiroso, y despus ac muchas veces me
acuerdo de aquel hombre, que sin duda deba tener espritu de profeca,
y me pesa de los sinsabores que le hice.

Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de m, determin de
todo en todo dejalle, y como lo traa pensado y lo tena en voluntad,
con este postrer juego que me hizo, afirmlo ms. Y fue ans, que luego
otro da salimos por la villa a pedir limosna y haba llovido mucho la
noche antes. Y porque el da tambin llova, andaba rezando debajo de
unos portales que en aquel pueblo haba, donde no nos mojamos; mas como
la noche se vena y el llover no cesaba, djome el ciego:

"Lzaro, esta agua es muy porfiada y cuanto la noche ms cierra, ms
recia. Acjamenos a la posada con tiempo."

Para ir all habamos de pasar un arroyo, que con la mucha agua iba
grande.

Yo le dije:

"To, el arroyo va muy ancho; mas, si queris, yo veo por donde
travesemos ms ana sin nos mojar, porque se estrecha all mucho y
saltando pasaremos a pie enjuto."

Parescile buen consejo y dijo:

"Discreto eres, por esto te quiero bien. Llvame a ese lugar donde el
arroyo se ensangosta, que agora es invierno y sabe mal el agua y ms
llevar los pies mojados."

Yo que vi el aparejo a mi deseo, saqule debajo de los portales y
llvelo derecho de un pilar o poste de piedra que en la plaza estaba,
sobre el cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y
dgole:

"To, este es el paso ms angosto que en el arroyo hay."

Como llova recio y el triste se mojaba, y con la priesa que llevbamos
de salir del agua que encima de nos caa, y lo ms principal, porque
Dios le ceg aquella hora el entendimiento (fu por darme del venganza),
creyse de m y dijo:

"Ponme bien derecho y salta t el arroyo."

Yo le puse bien derecho enfrente del pilar y doy un salto y pngome
detrs del poste, como quien espera tope de toro, y djele:

"Sus!, salt todo lo que podis, porque deis deste cabo del agua."

Aun apenas lo haba acabado de decir, cuando se abalanza el pobre ciego
como cabrn, y de toda su fuerza arremete, tomando un paso atrs de la
corrida para hacer mayor salto, y da con la cabeza en el poste, que son
tan recio como si diera con una gran calabaza, y cay luego para atrs,
medio muerto y hendida la cabeza.

"Cmo! y olistes la longaniza y no el poste? Ol! Ol!" [1], le dije
yo.

[Nota 1: _Ol_, imperativo en lugar de _oled_.]

Y djele en poder de mucha gente que lo haba ido a socorrer, y tom la
puerta de la villa en los pies de un trote y, antes que la noche
viniese, di comigo en Torrijos. No supe ms lo que Dios del hizo ni cur
de lo saber.




TRATADO SEGUNDO

CMO LZARO SE ASENT CON UN CLRIGO Y DE LAS COSAS QUE CON L PAS


Otro da, no parecindome estar all seguro, fume a un lugar, que
llaman Maqueda, adonde me toparon mis pecados con un clrigo que,
llegando a pedir limosna, me pregunt si saba ayudar a misa. Yo dije
que s, como era verdad, que aunque maltratado, mil cosas buenas me
mostr el pecador del ciego, y una dellas fue sta. Finalmente, el
clrigo me rescibi por suyo.

Escap del trueno y di en el relmpago, porque era el ciego para con
este un Alexandre Magno, con ser la mesma avaricia, como he contado. No
digo ms, sino que toda la laceria del mundo estaba encerrada en ste.
No s si de su cosecha era, o lo haba anejado con el hbito de
clereca.

El tena un arcaz viejo y cerrado con su llave, la cual traa atada con
un agujeta del paletoque. Y en viniendo el bodigo de la iglesia, por su
mano era luego all lanzado y tornada a cerrar el arca. Y en toda la
casa no haba ninguna cosa de comer, como suele estar en otras: algn
tocino colgado al humero, algn queso puesto en alguna tabla o en el
armario, algn canastillo con algunos pedazos de pan, que de la mesa
sobran; que me paresce a m que, aunque dello no me aprovechara, con la
vista dello me consolara.

Solamente haba una horca de cebollas y tras la llave de una cmara en
lo alto de la casa. Destas tena yo de racin una para cada cuatro das,
y cuando le peda la llave para ir por ella, si alguno estaba presente,
echaba mano al falsopeto y con gran continencia la desataba y me la daba
diciendo:

"Toma y vulvela luego, y no hagis sino golosinar."

Como si debajo della estuvieran todas las conservas de Valencia, con no
haber en la dicha cmara, como dije, maldita la otra cosa que las
cebollas colgadas de un clavo. Las cuales l tena tan bien por cuenta,
que si por malos de mis pecados me desmandara a ms de mi tasa, me
costara caro.

Finalmente, yo me finaba de hambre. Pues ya que comigo tena poca
caridad, consigo usaba ms. Cinco blancas de carne era su ordinario para
comer y cenar. Verdad es que parta comigo del caldo, que de la carne,
tan blanco el ojo!, sino un poco de pan y pluguiera a Dios que me
demediara!

Los sbados cmense en esta tierra cabezas de carnero, y envibame por
una, que costaba tres maraveds. Aquella le coca, y coma los ojos y la
lengua, y el cogote y sesos, y la carne que en las quijadas tena, y
dbame todos los huesos rodos. Y dbamelos en el plato, diciendo:
"Toma, come, triunfa, que para ti es l mundo. Mejor vida tienes que el
papa."

"Tal te la d Dios!", deca yo paso entre m. A cabo de tres semanas
que estuve con l, vine a tanta flaqueza, que no me poda tener en las
piernas de pura hambre. Vime claramente ir a la sepultura, si Dios y mi
saber no me remediaran. Para usar de mis maas no tena aparejo, por no
tener en qu dalle salto. Y aunque algo hubiera, no poda cegalle, como
haca al que Dios perdone si de aquella calabazada feneci, que todava,
aunque astuto, con faltalle aquel preciado sentido, no me senta; mas
estotro, ninguno hay que tan aguda vista tuviese como l tena.

Cuando al ofertorio estbamos, ninguna blanca en la concha caa, que no
era del registrada. El un ojo tena en la gente y el otro en mis manos.
Bailbanle los ojos en el casco, como si fueran de azogue. Cuantas
blancas ofrecan, tena por cuenta. Y acabado el ofrecer, luego me
quitaba la concheta y la pona sobre el altar.

No era yo seor de asirle una blanca todo el tiempo que con el viv o,
por mejor decir, mor. De la taberna nunca le traje una blanca de vino;
mas, aquel poco que de la ofrenda haba metido en su arcaz, compasaba de
tal forma que le duraba toda la semana.

Y por ocultar su gran mezquindad decame:

"Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber
y por esto yo no me desmando como otros."

Mas el lacerado menta falsamente, porque en cofadras y mortuorios que
rezamos, a costa ajena coma como lobo y beba ms que un saludador.

Y porque dije de mortuorios, Dios me perdone, que jams fu enemigo de
la naturaleza humana, sino entonces; y esto era porque comamos bien y
me hartaban. Deseaba y aun rogaba a Dios que cada da matase el suyo. Y
cuando dbamos sacramento a los enfermos, especialmente la extrema
uncin, como manda el clrigo rezar a los que estn all, yo cierto no
era el postrero de la oracin, y con todo mi corazn y buena voluntad
rogaba al Seor, no que la echase a la parte que ms servido fuese, como
se suele decir, mas que le llevase de aqueste mundo.

Pens muchas veces irme de aquel mezquino amo; mas por dos cosas lo
dejaba: la primera, por no me atrever a mis piernas, por temer de la
flaqueza que de pura hambre me vena. Y la otra, consideraba y deca:

"Yo he tenido dos amos: el primero traame muerto de hambre y dejndole
top con estotro, que me tiene ya con da en la sepultura; pues, si
deste desisto y doy en otro ms bajo, qu ser, sino fenecer?"

Con esto no me osaba menear; porque tena por fe que todos los grades
haba de hallar ms ruines: y a abajar otro punto, no sonara Lzaro ni
se oyera en el mundo.

Pues estando en tal aflicin, cual plega al Seor librar della a todo
fiel cristiano, y sin saber darme consejo, vindome ir de mal en peor,
un da que el cuitado ruin y lacerado de mi amo haba ido fuera del
lugar, llegse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue
ngel enviado a m por la mano de Dios en aquel hbito. Preguntme si
tena algo que adobar.

"En m tenades bien que hacer, y no harades poco si me remedisedes",
dije paso, que no me oy.

Mas, como no era tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el
Espritu Santo, le dije:

"To, una llave de este arte he perdido y temo mi seor me azote. Por
vuestra vida, veis si en esas que trais, hay alguna que le haga, que
yo os lo pagar."

Comenz a probar el anglico calderero una y otra de un gran sartal que
dellas traa, y yo a ayudalle con mis flacas oraciones. Cuando no me
cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del
arcaz. Y abierto, djele:

"Yo no tengo dineros que os dar por la llave; mas tomad de ah el pago."

El tom un bodigo de aquellos, el que mejor le pareci, y dndome mi
llave, se fue muy contento, dejndome ms a m.

Mas no toqu en nada por el presente, porque no fuese la falta sentida,
y aun porque me vi de tanto bien seor parescime que la hambre no se me
osaba allegar. Vino el msero de mi amo, y quiso Dios no mir en la
oblada que el ngel haba llevado.

Y otro da, en saliendo de casa, abro mi paraso panal y tomo entre las
manos y dientes un bodigo, y en dos credos le hice invisible, no se me
olvidando el arca abierta. Y comienzo a barrer la casa con mucha
alegra, parescindome con aquel remedio remediar dende en adelante la
triste vida. Y as estuve con ello aquel da y otro gozoso. Mas no
estaba en mi dicha que me durase mucho aquel descanso, porque luego al
tercer da me vino la terciana derecha.

Y fu que veo a deshora al que me mataba de hambre sobre nuestro arcaz,
volviendo y revolviendo, contando y tornando a contar los panes. Yo
disimulaba, y en mi secreta oracin y devociones y plegarias, deca:

"San Juan y cigale!"

Despus que estuvo un gran rato echando la cuenta, por das y dedos
contando, dijo:

"Si no tuviera a tan buen recaudo esta arca, yo dijera que me haban
tomado della panes; pero de hoy ms, slo por cerrar la puerta a la
sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos. Nueve quedan y un
pedazo,"

"Nuevas malas te d Dios!", dije yo entre m. Parecime con lo que dijo
pasarme el corazn con saeta de montero, y comenzme el estmago a
escarbar de hambre, vindose puesto en la dieta pasada. Fu fuera de
casa. Yo por consolarme abro el arca y, como vi el pan, comenclo de
adorar, no osando recebillo. Contlos, si a dicha el lacerado se errara,
y hall su cuenta ms verdadera que yo quisiera. Lo ms que yo pude
hacer fu dar en ellos mil besos, y lo ms delicado que yo pude, del
partido part un poco al pelo que l estaba, y con aquel pas aquel da,
no tan alegre como el pasado.

Mas como la hambre creciese, mayormente que tena el estmago hecho a
ms pan aquellos dos o tres das ya dichos, mora mala muerte, tanto que
otra cosa no haca en vindome slo sino abrir y cerrar el arca y
contemplar en aquella cara de Dios, que ans dicen los nios. Mas el
mismo Dios, que socorre a los afligidos, vindome en tal estrecho, trujo
a mi memoria un pequeo remedio. Que, considerando entre m, dije:

"Este arquetn es viejo y grande, y roto por algunas partes, aunque
pequeos agujeros. Pudese pensar que ratones entrando en l hacen dao
a este pan. Sacarlo entero no es cosa conveniente, porque ver la falta
el que en tanta me hace vivir. Esto bien se sufre."

Y comienzo a desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles, que
all estaban, y tomo una y dejo otro, de manera que en cada cual de tres
o cuatro desmigaj su poco. Despus, como quien toma grajea, lo com y
algo me consol. Mas l, como viniese a comer y abriese el arca, vio el
mal pesar, y sin duda crey ser ratones los que el dao haban hecho,
porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos lo suelen hacer.
Mir todo el arcaz de un cabo a otro, y viole ciertos agujeros por do
sospechaba haban entrado. Llamme, diciendo:

"Lzaro!, mira!, mira qu persecucin ha venido aquesta noche por
nuestro pan!"

Yo hceme muy maravillado, preguntndole qu sera.

"Qu ha de ser! dijo l. Ratones, que no dejan cosa a vida."

Pusmonos a comer, y quiso Dios que aun en esto me fu bien, que me cupo
ms pan que la laceria que me sola dar; porque ray con un cuchillo
toda lo que pens ser ratonado, diciendo:

"Cmete eso, que el ratn cosa limpia es."

Y as aquel da, aadiendo la racin del trabajo de mis manos, o de mis
uas por mejor decir, acabamos de comer; aunque yo nunca empezaba.

Y luego me vino otro sobresalto, que fu verle andar solcito quitando
clavos de las paredes y buscando tablillas, con las cuales clav y cerr
todos los agujeros de la vieja arca.

"Oh, Seor mo!, dije yo entonces, a cunta miseria y fortuna y
desastres estamos puestos los nascidos, y cuan poco duran los placeres
de esta nuestra trabajosa vida! Heme aqu, que pensaba con este pobre y
triste remedio remediar y pasar mi laceria, y estaba ya cuanto que
alegre y de buena ventura. Mas no quiso mi desdicha, despertando a este
lacerado de mi amo y ponindole ms diligencia de la que l de suyo se
tena (pues los mseros por la mayor parte nunca de aqulla carecen),
agora cerrando los agujeros del arca, cerrase la puerta a mi consuelo y
la abriese a mis trabajos."

As lamentaba yo, en tanto que mi solcito carpintero con muchos clavos
y tablillas dio fin a sus obras diciendo:

"Agora, donos traidores ratones, convineos mudar propsito, que en esta
casa mala medra tenis."

De que sali de su casa, voy a ver la obra y hall que no dej en la
triste y vieja arca agujero ni aun por donde le pudiese entrar un
mosquito. Abro con mi desaprovechada llave, sin esperanza de sacar
provecho, y vi los dos o tres panes comenzados, los que mi amo crey ser
ratonados, y dellos todava saqu alguna laceria, tocndolos muy
ligeramente, a uso de esgremidor diestro. Como la necesidad sea tan gran
maestra, vindome con tanta siempre, noche y da estaba pensando la
manera que tema en sustentar el vivir. Y pienso, para hallar estos
negros remedios, que me era luz la hambre, pues dicen que el ingenio con
ella se avisa, y al contrario con la hartura, y as era por cierto en
m.

Pues, estando una noche desvelado en este pensamiento, pensando cmo me
podra valer y aprovecharme del arcaz, sent que mi amo dorma, porque
lo mostraba con roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando
estaba durmiendo. Levnteme muy quedito y, habiendo en el da pensado lo
que haba de hacer y dejado un cuchillo viejo, que por all andaba, en
parte do le hallase, voime al triste arcaz, y por do haba mirado tener
menos defensa le acomet con el cuchillo, que a manera de barreno dl
us. Y como la antiqusima arca, por ser de tantos aos, la hallase sin
fuerza y corazn, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindi y
consinti en su costado por mi remedio un buen agujero. Esto hecho, abro
muy paso la llagada arca y, al tiento, del pan que hall partido, hice
segn de yuso est escripto. Y con aquello algn tanto consolado,
tornando a cerrar, me volv a mis pajas, en las cuales repos y dorm un
poco.

Lo cual yo haca mal, y echbalo al no comer. Y ans sera, porque
cierto en aquel tiempo no me deban de quitar el sueo los cuidados de
el rey de Francia.

Otro da fu por el seor mi amo visto el dao, as del pan como del
agujero, que yo haba hecho, y comenz a dar al diablo los ratones y
decir:

"Qu diremos a esto? Nunca haber sentido ratones en esta casa, sino
agora!"

Y sin duda deba de decir verdad. Porque, si casa haba de haber en
reino justamente de dios privilegiada, aquella de razn haba de ser,
porque no suelen morar donde no hay qu comer. Torna a buscar clavos por
la casa y por las paredes y tablillas y a taprselos. Venida la noche y
su reposo, luego era yo puesto en pie con mi aparejo y, cuantos l
tapaba de da, destapaba yo de noche.

En tal manera fu y tal priesa nos dimos, que sin duda por esto se debi
decir: donde una puerta se cierra, otra se abre. Finalmente, parescamos
tener a destajo la tela de Penlope, pues, cuanto el teja de da,
rompa yo de noche. Ca en pocos das y noches pusimos la pobre despensa
de tal forma, que quien quisiera propiamente della hablar, ms corazas
viejas de otro tiempo, que no arcaz la llamara, segn la clavazn y
tachuelas sobre s tena.

De que vio no le aprovechar nada su remedio, dijo:

"Este arcaz est tan maltratado y es de madera tan vieja y flaca, que no
habr ratn a quien se defienda. Y va ya tal, que si andamos ms con l,
nos dejar sin guarda. Y aun lo peor, que, aunque hace poca, todava
har falta faltando y me pondr en costa de tres o cuatro reales. El
mejor remedio, que hallo, pues el de hasta aqu no aprovecha, armar
por de dentro a estos ratones malditos."

Luego busc prestada una ratonera, y con cortezas de queso, que a los
vecinos peda, contino el gato estaba armado dentro del arca. Lo cual
era para m singular auxilio. Porque, puesto caso que yo no haba
menester muchas salsas para comer, todava me holgaba con las cortezas
del queso, que de la ratonera sacaba, y sin esto no perdonaba el ratonar
del bodigo.

Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratn que
lo coma, dbase al diablo y preguntaba a los vecinos qu podra ser,
comer el queso y sacarlo de la ratonera y no caer ni quedar dentro el
ratn y hallar cada la trampilla del gato?

Acordaron los vecinos no ser el ratn el que este dao haca, porque no
fuera menos de haber cada alguna vez. Dijle un vecino:

"En vuestra casa yo me acuerdo que sola andar una culebra, y sta debe
ser, sin duda. Y lleva razn, que, como es larga, tiene lugar de tomar
el cebo y, aunque la coja la trampilla encima, como no entra toda
dentro, trnase a salir."

Cuadr a todos lo que aqul dijo, y alter mucho a mi amo, y dende en
adelante no dorma tan a sueo suelto. Que cualquier gusano de la madera
que de noche sonase, pensaba ser la culebra, que le roa el arca. Luego
era puesto en pie y con un garrote que a la cabecera, desde que aquello
le dijeron, pona, daba en la pecadora del arca grandes garrotazos,
pensando espantar la culebra. A los vecinos despertaba con el estruendo
que haca, y a m no dejaba dormir. Ibase a mis pajas y trastornbalas y
a m con ellas, pensando que se iba para m y se envolva en mis pajas o
en mi sayo. Porque le decan que de noche acaesca a estos animales,
buscando calor, irse a las cunas donde estn criaturas, y aun mordellas
y hacerles peligrar.

Yo las ms de las veces haca del dormido, y en la maana decame l:

"Esta noche, mozo, no sentiste nada? Pues tras la culebra anduve y aun
pienso se ha de ir para ti a la cama, que son muy fras y buscan calor."

"Plega a Dios que no me muerda, deca yo, que harto miedo le tengo,"

Desta manera andaba tan elevado y levantado del sueo que, mi fe, la
culebra o culebro, por mejor decir, no osaba roer de noche ni levantarse
al arca; mas de da, mientras estaba en la iglesia o por el lugar haca
mis saltos. Los cuales daos viendo l y el poco remedio que les poda
poner, andaba de noche, como digo, hecho trasgo.

Yo hube miedo que con aquellas diligencias no me topase con la llave,
que debajo de las pajas tena, y parescime lo ms seguro metella de
noche en la boca. Porque ya, desde que viv con el ciego, la tena tan
hecha bolsa, que me acaesci tener en ella doce o quince maraveds, todo
en medias blancas, sin que me estorbasen el comer. Porque de otra
manera no era seor de una blanca que el maldita ciego no cayese con
ella, no dejando costura ni remiendo que no me buscaba muy a menudo.

Pues, ans como digo, meta cada noche la llave en la boca y dorma sin
recelo que el brujo de mi amo cayese con ella; mas cuando la desdicha ha
de venir, por dems es la diligencia. Quisieron mis hados, o por mejor
decir, mis pecados, que una noche que estaba durmiendo, la llave se me
puso en la boca, que abierta deba tener, de manera y tal postura, que
el aire y resoplo que yo durmiendo echaba sala por lo hueco de la
llave, que de cauto era, y silbaba, segn mi desastre quiso, muy recio,
de tal manera que el sobresaltado de mi amo lo oy y crey, sin duda,
ser el silbo de la culebra, y cierto lo deba parescer.

Levantse muy paso con su garrote en la mano, y al tiento y sonido de la
culebra se lleg a m con mucha quietud, por no ser sentido de la
culebra. Y como cerca se vio, pens que all en las pajas, donde yo
estaba echado, al calor mo se haba venido. Levantando bien el pailo,
pensando tenerla debajo y darle tal garrotazo que la matase, con toda su
fuerza me descarg en la cabeza un tan gran golpe, que sin ningn
sentido y muy mal descalabrado me dej.

Como sinti que me haba dado, segn yo deba hacer gran sentimiento con
el fiero golpe, contaba l que se haba llegado a m y, dndome grandes
voces llamndome, procur recordarme. Mas, coma me tocase con las manos,
tent la mucha sangre que se me iba, y conosci el dao que me haba
hecho. Y con mucha priesa fue a buscar lumbre y, llegando con ella,
hallme quejando, todava con mi llave en la boca, que nunca la
desampar, la mitad fuera, bien de aquella manera, que deba estar al
tiempo que silbaba con ella.

Espantado el matador de culebras qu podra ser aquella llave, mirla
sacndomela del todo de la boca, y vio lo que era, porque en las guardas
nada de la suya diferenciaba. Fu luego a proballa y con ella prob el
maleficio.

Debi de decir el cruel cazador:

"El ratn y culebra, que me daban guerra y me coman mi hacienda, he
hallado."

De lo que sucedi en aquellos tres das siguientes ninguna fe dar,
porque los tuve en el vientre de la ballena, mas de cmo esto, que he
contado, o despus que en m torn decir a mi amo, el cual a cuantos
all venan lo contaba por extenso.

A cabo de tres das yo torn en mi sentido y vime echado en mis pajas,
la cabeza toda emplastada y llena de aceites y ungentos, y espantado
dije:

"Qu es esto?"

Respondime el cruel sacerdote:

"A fe que los ratones y culebras, que me destruan, ya los he cazado."

Y mir por m y vime tan maltratado, que luego sospech mi mal.

A esta hora entr una vieja, que ensalmaba, y los vecinos, y cominzanme
a quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y como me hallaron
vuelto en mi sentido, holgronse mucho y dijeron:

"Pues ha tornado en su acuerdo, placer a Dios no ser nada."

Ah tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a rerlas y yo pecador a
llorarlas. Con todo esto, dironme de comer, que estaba transido de
hambre, y apenas me pudieron remediar. Y ans, de poco en poco, a los
quince das me levant y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio
sano.

Luego otro da que fu levantado, el seor mi amo me tom por la mano y
sacme la puerta fuera y, puesto en la calle, djome:

"Lzaro, de hoy ms eres tuyo y no mo. Busca amo y vete con Dios, que
yo no quiero en mi compaa tan diligente servidor. No es posible sino
que hayas sido mozo de ciego."

Y santigundose de m, como si yo estuviera endemoniado, se torna a
meter en casa y cierra su puerta.




TRATADO TERCERO

DE CMO LZARO SE ASENT CON UN ESCUDERO Y DE LO QUE LE ACAESCI CON L


Desta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza y poco a poco, con
ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne ciudad de Toledo,
adonde con la merced de Dios dende a quince das se me cerr la herida.
Y mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna; mas, despus
que estuve sano, todos me decan:

"T, bellaco y gallofero eres. Busca, busca un buen amo a quien sirvas."

"Y adonde se hallar se, deca yo entre m, si Dios agora de nuevo,
como cri el mundo, no lo criase?"

Andando as discurriendo de puerta en puerta, con harto poco remedio,
porque ya la caridad se subi al cielo, topme Dios con un escudero que
iba por la calle, con razonable vestido, bien peinado, su paso y comps
en orden. Mirme y yo a l, y djome:

"Mochacho, buscas amo?"

Yo le dije:

"S, seor."

"Pues vente tras m, me respondi, que Dios te ha hecho merced en topar
conmigo. Alguna buena oracin rezaste hoy."

Y segule, dando gracias a Dios por lo que le o, y tambin que me
paresca, segn su hbito y continente, ser el que yo haba menester.

Era de maana, cuando este mi tercero amo top. Y llevme tras s gran
parte de la ciudad. Pasbamos por las plazas donde se vendan pan y
otras provisiones. Yo pensaba, y aun deseaba, que all me quera cargar
de lo que se venda, porque esta era propia hora, cuando se suele
proveer de lo necesario; mas muy a tendido paso pasaba por estas cosas.

"Por ventura no lo ve aqu a su contento, deca: yo, y querr que lo
compremos en otro cabo,"

Desta manera anduvimos hasta que dio las once. Entonces se entr en la
iglesia mayor y yo tras l, y muy devotamente le vi or misa y los otros
oficios divinos, hasta que todo fue acabado y la gente ida. Entonces
salimos de la iglesia.

A buen paso tendido comenzamos a ir por una calle abajo. Yo iba el ms
alegre del mundo en ver que no nos habamos ocupado en buscar de comer.
Bien consider que deba ser hombre mi nuevo amo que se provea en junto
y que ya la comida estara a punto y tal como yo la deseaba y aun la
haba menester.

En este tiempo dio el reloj la una despus de medio da, y llegamos a
una casa, ante la cual mi amo se par y yo con l y, derribando el cabo
de la capa sobre el lado izquierdo, sac una llave de la manga y abri
su puerta y entramos en casa. La cual tena la entrada oscura y lbrega
de tal manera, que paresca que pona temor a los que en ella entraban;
aunque dentro della estaba un patio pequeo y razonables cmaras.

Desque fuimos entrados, quita de sobre s su capa y, preguntando si
tena las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente
soplando un poyo que all estaba, la puso en l. Y hecho, esto, sentse
cabo della, preguntndome muy por extenso de dnde era y cmo haba
venido a aquella ciudad.

Y yo le di ms larga cuenta que quisiera, porque me paresci ms
conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar la olla que de lo
que me peda. Con todo eso, yo le satisfice de mi persona lo mejor que
mentir supe, diciendo mis bienes y callando lo dems, porque me paresca
no ser para en cmara. Esto hecho, estuvo ans un poco, y yo luego vi
mala seal por ser ya casi las dos y no le ver ms aliento de comer que
a un muerto.

Despus desto, consideraba aquel tener cerrada la puerta con llave ni
sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por la casa. Todo lo que yo
haba visto eran paredes, sin ver en ella silleta ni tajo ni banco ni
mesa ni aun tal arcaz como el de marras. Finalmente, ella pareca casa
encantada. Estando as djome:

"T, mozo, has comido?"

"No, seor, dije yo, que an no eran dadas las ocho, cuando con vuestra
merced encontr."

"Pues, aunque de maana, yo haba almorzado y, cuando ans como algo,
hagte saber que hasta la noche me estoy ans. Por eso, psate como
pudieres, que despus cenaremos."

Vuestra merced crea, cuando esto le o, que estuve a poco de caer de mi
estado, no tanto de hambre como por conoscer de todo en todo la fortuna
serme adversa. All se me representaron de nuevo mis fatigas y torn a
llorar mis trabajos. All se me vino a la memoria la consideracin que
haca, cuando me pensaba ir del clrigo, diciendo que, aunque aqul era
desventurado y msero, por ventura topara con otro peor. Finalmente,
all llor mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera.

Y con todo, disimulando lo mejor que pude, dije:

"Seor, mozo soy, que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios. Deso
me podr yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y ans
fu yo loado della fasta hoy da de los amos que yo he tenido."

"Virtud es esa, dijo l, y por eso te querr yo ms. Porque el hartar es
de los puercos, y el comer regladamente es de los hombres de bien."

"Bien te he entendido!, dije yo entre m. Maldita tanta medicina y
bondad como aquestos mis amos que yo hallo hallan en la hambre!"

Pseme a un cabo del portal y saqu unos pedazos de pan del seno, que
me haban quedado de los de por Dios. El, que vio esto, djome:

"Ven ac, mozo. Qu comes?"

Yo llegeme a l y mostrle el pan. Tomme l un pedazo, de tres que
eran el mejor y ms grande. Y djome:

"Por mi vida, que paresce este buen pan."

"Y cmo, agora, dije yo, seor, es bueno!"

"S, a fe, dijo l. Adonde lo hubiste? Si es amasado de manos
limpias?"

"No s yo eso, le dije; mas a m no me pone asco el sabor dello."

"As plega a Dios", dijo el pobre de mi amo.

Y llevndolo a la boca, comenz a dar en l tan fieros bocados, como yo
en lo otro.

"Sabrossimo pan est, dijo, por Dios."

Y como le sent de qu pie cosqueaba, dime priesa. Porque le vi en
disposicin, si acababa antes que yo, se comedira ayudarme a lo que me
quedase. Y con esto acabamos casi a una, y mi amo comenz a sacudir con
las manos unas pocas de migajas y bien menudas, que en los pechos se le
haban quedado. Y entr en una camareta que all estaba, y sac un jarro
desbocado y no muy nuevo y, desque hubo bebido, convidme con l. Yo,
por hacer del continente, dije:

"Seor, no bebo vino."

"Agua es, me respondi. Bien puedes beber."

Entonces tom el jarro y beb; no mucho, porque de sed no era mi
congoja.

Ans estuvimos hasta la noche, hablando en cosas, que me preguntaba, a
las cuales yo le respond lo mejor que supe. En este tiempo metime en
la cmara donde estaba el jarro de que bebimos, y djome:

"Mozo, prate all y vers cmo hacemos esta cama, para que la sepas
hacer de aqu adelante."

Pseme de un cabo y l del otro, e hicimos la negra cama; en la cual no
haba mucho que hacer, porque ella tena sobre unos bancos un caizo,
sobre el cual estaba tendida la ropa encima de un negro colchn que, por
no estar muy continuado a lavarse, no paresca colchn, aunque serva
del, con harta menos lana que era menester. Aqul tendimos, haciendo
cuenta de ablandalle, lo cual era imposible, porque de lo duro mal se
puede hacer blando. El diablo del enjalma maldita la cosa tena dentro
de s, que puesto sobre el caizo, todas las caas se sealaban, y
parescan a lo proprio entrecuesto de flaqusimo puerco. Y sobre aquel
hambriento colchn un alfamar del mismo jaez, del cual el color yo no
pude alcanzar.

Hecha la cama y la noche venida, djome:

"Lzaro, ya es tarde y de aqu a la plaza hay gran trecho. Tambin en
esta ciudad andan muchos ladrones, que siendo de noche capean. Pasemos
como podamos y maana, venido el da, Dios har merced. Porque yo por
estar solo no estoy provedo; antes he comido estos das por all fuera.
Mas agora hacerlo hemos de otra manera."

"Seor, de m, dije yo, ninguna pena tenga vuestra merced, que s pasar
una noche y aun ms, si es menester, sin comer."

"Vivirs ms y ms sano", me respondi. "Porque, como decamos hoy, no
hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco."

"Si por esa va es, dije entre m, nunca yo morir, que siempre he
guardado esa regla por fuerza y aun espero en mi desdicha tenella toda
mi vida."

Y acostse en la cama, poniendo por cabecera las calzas y el jubn. Y
mandme echar a sus pies, lo cual yo hice. Mas, maldito el sueo que yo
dorm! Porque las caas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron de
rifar y encenderse; que con mis trabajos, males y hambre, pienso que en
mi cuerpo no haba libra de carne, y tambin como aquel da no haba
comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueo no tena
amistad.

La maana venida, levntamenos, y comienza a limpiar y sacudir sus
calzas y jubn y sayo y capa. Y yo que le serva de pelillo! Y vstese
muy a su placer de espacio. chele aguamanos, peinse, y puso su espada
en el talabarte, y al tiempo que la pona djome:

"Oh, si supieses, mozo, qu pieza es sta! No hay marco de oro en el
mundo por que yo la diese. Mas ans, ninguna de cuantas Antonio hizo,
no acert a ponelle los aceros tan presitos como sta los tiene." Y
sacla de la vaina y tentla con los dedos, diciendo:

"Vesla aqu? Yo me obligo con ella cercenar un copo de lana."

Y yo dije entre m: "Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un
pan de cuatro libras."

Tornla a meter y cisela, y un sartal de cuentas gruesas del
talabarte. Y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con l y
con la cabeza muy gentiles meneos, echando el cabo de la capa sobre el
hombro y a veces so el brazo, y poniendo la mano derecha en el costado,
sali por la puerta, diciendo:

"Lzaro, mira por la casa en tanto que voy a or misa, y haz la cama y
ve por la vasija de agua al ro, que aqu bajo est, y cierra la puerta
con llave no nos hurten algo, y pona aqu al quicio, porque si yo
viniere en tanto pueda entrar."

Y sbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que
quien no le conosciera pensara ser muy cercano pariente del Conde
Alarcos, o a lo menos camarero que le daba de vestir.

[Ilustracin: "...que quien no le conosciera pensara ser muy cercano
pariente del Conde Alarcos..."]

"Bendito seis vos, Seor, qued yo diciendo, que dais la enfermedad y
ponis el remedio! Quin encontrar a aquel mi seor, que no piense,
segn el contento de s lleva, haber anoche bien cenado y dormido en
buena cama y, aunque agora es de maana, no le cuenten por muy bien
almorzado? Grandes secretos son, Seor, los que vos hacis y las gentes
ignoran! A quin no engaar aquella buena disposicin y razonable capa
y sayo? Y quin pensar que aquel gentil hombre se pas ayer todo el
da sin comer, con aquel mendrugo de pan que su criado Lzaro trujo un
da y una noche en el arca de su seno, do no se le poda pegar mucha
limpieza, y hoy, lavndose las manos y cara, a falta de pao de manos se
haca servir de la halda del sayo? Nadie por cierto lo sospechar. Oh
Seor, y cuntos de aquestos debis vos tener por el mundo derramados,
que padescen por la negra que llaman honra, lo que por vos no
sufriran!"

Ans estaba yo a la puerta, mirando y considerando estas cosas y otras
muchas, hasta que el seor mi amo traspuso la larga y angosta calle. Y
como le vi trasponer, trneme a entrar en casa, y en un credo la anduve
toda, alto y bajo, sin hacer represa ni hallar en qu. Hago la negra
dura cama y tomo el jarro y doy comigo en el ro, donde en una huerta vi
a mi amo en gran recuesta con dos rebozadas mujeres.

Yo, que estaba comiendo ciertos tronchos de berzas, con los cuales me
desayun, con mucha diligencia, como mozo nuevo, sin ser visto de mi
amo, torn a casa. De la cual pens barrer alguna parte, que era bien
menester; mas no hall con qu. Pseme a pensar qu hara y parescime
esperar a mi amo hasta que el da demediase y si viniese y por ventura
trajese algo que comisemos; mas en vano fu mi experiencia.

Desque vi ser las dos y no vena y la hambre me aquejaba, cierro mi
puerta y pongo la llave do mand y tornme a mi menester. Con baja y
enferma voz e inclinadas mis manos en los senos, puesto Dios ante mis
ojos y la lengua en su nombre, comienzo a pedir pan por las puertas y
casas ms grandes que me pareca. Mas, como yo este oficio con el gran
maestro, el ciego, lo aprend, tan suficiente discpulo sal, que,
aunque en este pueblo no haba caridad ni el ao fuese muy abundante,
tan buena maa me di que, antes que el reloj diese las cuatro, ya yo
tena otras tantas libras de pan ensiladas en el cuerpo, y ms de otras
dos en las mangas y senos. Volvme a la posada, y al pasar por la
tripera ped a una de aquellas mujeres y dime un pedazo de ua de vaca
con otras pocas de tripas cocidas.

Cuando llegu a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su
capa y puesta en el poyo, y l pasendose por el patio. Como entro,
vnose para m. Pens que me quera reir la tardanza; ms mejor lo hizo
Dios.

Preguntme d vena.

Yo le dije:

"Seor, hasta que di las dos estuve aqu y, de que vi que vuestra
merced no vena, fume por esa ciudad a encomendarme a las buenas
gentes, y hanme dado esto que veis."

Mostrle el pan y las tripas, que en un cabo de la halda traa, a la
cual l mostr buen semblante, y dijo:

"Pues, esperado te he a comer y, de que vi que no veniste, com. Mas t
haces como hombre de bien en eso, que ms vale pedillo por Dios, que no
hurtallo, y ans El me ayude, como ello me paresce bien, y solamente te
encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que toca a mi honra. Aunque
bien creo que ser secreto, segn lo poco que en este pueblo soy
conoscido. Nunca a l yo hubiera de venir!"

"De eso pierda, seor, cuidado, le dije yo, que maldito aquel que
ninguno tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla."

"Agora, pues, come, pecador; que, si a Dios place, presto nos veremos
sin necesidad. Aunque te digo que, despus que en esta casa entr, nunca
bien me ha ido. Debe ser de mal suelo; que hay casas desdichadas y de
mal pie, que a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de
ser sin dubda de ellas; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en
ella, aunque me la den por ma."

Sentme al cabo del poyo y, porque no me tuviese por glotn, call la
merienda; y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y
disimuladamente miraba al desventurado seor mo, que no partia sus ojos
de mis faldas, que aquella sazn servan de plato. Tanta lstima haya
Dios de m como yo haba del, porque sent lo que senta, y muchas veces
haba por ello pasado y pasaba cada da. Pensaba si sera bien comedirme
a convidalle; mas, por me haber dicho que haba comido, temame no
aceptara el convite. Finalmente, yo deseaba aquel pecador ayudase a su
trabajo del mo y se desayunase como el da antes hizo, pues haba mejor
aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre.

Quiso Dios cumplir mi deseo y aun pienso que el suyo; porque, como
comenc a comer y l se andaba paseando, llegse a m y djome:

"Dgote, Lzaro, que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi a
hombre, y que nadie te lo ver hacer, que no le pongas gana, aunque no
la tenga."

"La muy buena que t tienes, dije yo entre m te hace parescer la ma
hermosa."

Con todo, parescime ayudarle, pues se ayudaba y me abra camino para
ello, y djele:

"Seor, el buen aparejo hace buen artfice. Este pan est sabrossimo, y
esta ua de vaca tan bien cocida y sazonada, que no habr a quien no
convide con su sabor."

"Ua de vaca es?"

"S, seor."

"Dgote que es el mejor bocado del mundo, y que no hay faisn que ans
me sepa."

"Pues pruebe, seor, y ver qu tal est."

Pngole en las uas la otra, y tres o cuatro raciones de pan, de lo ms
blanco. Y asentseme al lado y comienza a comer como aquel que lo haba
gana, royendo cada huesecillo de aquellos mejor que un galgo suyo lo
hiciera.

"Con almodrote, deca, es este singular manjar."

"Con mejor salsa lo comes t", respond yo paso.

"Por Dios, que me ha sabido como si hoy no hobiera comido bocado."

"Ans me vengan los buenos aos como es ello!", dije yo entre m.

Pidime di jarro del agua y dselo como lo haba trado. Es seal que,
pues no le faltaba el agua, que no le haba a mi amo sobrado la comida.
Bebimos y muy contentos nos fuimos a dormir como la noche pasada.

Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos ocho o diez das,
yndose el pecador en la maana con aquel contento y paso contado a
papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lzaro una cabeza de
lobo.

Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que, escapando de los amos
ruines que haba tenido y buscando mejora, viniese a topar con quien,
no slo no me mantuviese, mas a quien yo haba de mantener. Con todo, le
quera bien, con ver que no tena ni poda ms. Y antes le haba lstima
que enemistad. Y muchas veces, por llevar a la posada con que l lo
pasase, yo lo pasaba mal.

Pues, estando yo en tal estado, pasando la vida que digo, quiso mi mala
fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella trabajada
y vergonzosa vivienda no durase. Y fue, como el ao en esta tierra fuese
estril de pan, acordaron el ayuntamiento que todos los pobres
extranjeros se fuesen de la ciudad, con pregn que el que de all
adelante topasen, fuese punido con azotes. Y as, ejecutando la ley,
desde ha cuatro das que el pregn se dio, vi llevar una procesin de
pobres azotando por las Cuatro Calles. Lo cual me puso tan gran espanto,
que nunca os desmandarme a demandar.

Aqu viera, quien vello pudiera, la abstinencia de mi casa y la tristeza
y silencio de los moradores, tanto que nos acaesci estar dos o tres
das sin comer bocado ni hablar palabra. A m dironme la vida unas
mujercillas hilanderas de algodn, que hacan bonetes y vivan par de
nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento; que de la
laceria que les traan, me daban alguna cosilla, con la cual muy pasado
me pasaba.

Y no tena tanta lstima de m, como del lastimado de mi amo, que en
ocho das maldito el bocado que comi. A lo menos en casa bien lo
estuvimos sin comer. No s yo cmo o dnde andaba y qu coma. Y velle
venir a medio da la calle abajo, con estirado cuerpo, ms largo que
galgo de buena casta! Y por lo que toca a su negra, que dicen honra,
tomaba una paja, de las que aun asaz no haba en casa, y sala a la
puerta escarbando los dientes, que nada entre s tenan, quejndose
todava de aquel mal solar, diciendo:

"Malo est de ver, que la desdicha desta vivienda lo hace. Como ves, es
lbrega, triste, oscura. Mientras aqu estuviremos, hemos de padecer.
Ya deseo que se acabe este mes por salir della."

Pues, estando en esta afligida y hambrienta persecucin, un da, no s
por cul dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entr un real. Con
el cual l vino a casa tan ufano como si tuviera el tesoro de Venecia, y
con gesto muy alegre y risueo me lo dio, diciendo:

"Toma, Lzaro, que Dios ya va abriendo su mano. Ve a la plaza y merca
pan y vino y carne: quebremos el ojo al diablo! Y ms te hago saber,
porque te huelgues: que he alquilado otra casa y en esta desastrada no
hemos de estar ms de en cumpliendo el mes. Maldita sea ella y el que
en ella puso la primera teja, que con mal en ella entr! Por nuestro
Seor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he
comido ni he habido descanso ninguno; mas, tal vista tiene y tal
oscuridad y tristeza! Ve y ven presto, y comamos hoy como condes,"

Tomo mi real y jarro, y a los pies dndoles priesa, comienzo a subir mi
calle encaminando mis pasos para la plaza, muy contento y alegre. Mas
qu me aprovecha, si est constituido en mi triste fortuna que ningn
gozo me venga sin zozobra? Y ans fue ste, porque yendo la calle
arriba, echando mi cuenta en lo que le empleara que fuese mejor y ms
provechosamente gastado, dando infinitas gracias a Dios que a mi amo
habla hecho con dinero, a deshora me vino al encuentro un muerto, que
por la calle abajo muchos clrigos y gente en unas andas traan.

Arrmeme a la pared por darles lugar y, desque el cuerpo pas, vena
luego a la par del lecho una que deba ser mujer del difunto, cargada de
luto, y con ella otras muchas mujeres; la cual iba llorando a grandes
voces y diciendo:

"Marido y seor mo, adonde os me llevan? A la casa triste y
desdichada, a la casa lbrega y oscura, a la casa donde nunca comen ni
beben!"

Yo que aquello o, jnteseme el cielo con la tierra, y dije:

"Oh desdichado de m! Para mi casa llevan este muerto,"

Dejo el camino que llevaba y hend por medio de la gente, y vuelvo por
la calle abajo a todo el ms correr que pude para mi casa. Y entrando en
ella cierro a grande priesa, invocando el auxilio y favor de mi amo,
abrazndome del, que me venga ayudar y a defender la entrada. El cual,
algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo:

"Qu es eso, mozo? Qu voces das? Qu has? Por qu cierras la puerta
con tal furia?"

"Oh seor, dije yo, acuda aqu, que nos traen ac un muerto!"

"Cmo as?", respondi l.

"Aqu arriba lo encontr, y vena diciendo su mujer:

"Marido y seor mo, adonde os llevan? A la casa lbrega y oscura, a
la casa triste y desdichada, a la casa donde nunca comen ni beben I Ac,
seor, nos le traen."

Y ciertamente, cuando mi amo esto oy, aunque no tena por qu estar muy
risueo, ri tanto, que muy gran rato estuvo sin poder hablar. En este
tiempo tena yo echada la aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella
por ms defensa. Pas la gente con su muerto, y yo todava me recelaba
que nos le haban de meter en casa. Y desque fu ya ms harto de rer
que de comer el bueno de mi amo, djome:

"Verdad es, Lzaro; segn la viuda lo va diciendo, t tuviste razn de
pensar lo que pensaste; mas, pues Dios lo ha hecho mejor y pasan
adelante, abre, abre y ve por de comer."

"Djalos, seor, acaben de pasar la calle", dije yo.

Al fin vino mi amo a la puerta de la calle, y brela, esforzndome, que
bien era menester, segn el miedo y alteracin, y me torn a encaminar.
Mas, aunque comimos bien aquel da, maldito el gusto yo tomaba en ello,
ni en aquellos tres das torn en mi color. Y mi amo muy risueo todas
las veces que se le acordaba aquella mi consideracin.

De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fue este escudero,
algunos das, y en todos deseando saber la intencin de su venida y
estada en esta tierra. Porque, desde el primer da que con l asent, le
conosc ser extranjero, por el poco conoscimiento y trato que con los
naturales della tena.

Al fin se cumpli mi deseo y supe lo que deseaba; porque un da que
habamos comido razonablemente y estaba algo contento, contme su
hacienda y djome ser de Castilla la Vieja, y que haba dejado su tierra
no ms de por no quitar el bonete a un caballero su vecino.

"Seor; dije yo, si l era lo que decs y tena ms que vos, no
errbades en no quitrselo primero, pues decs que l tambin os lo
quitaba?"

"S es, y s tiene, y tambin me lo quitaba l a m; mas, de cuantas
veces yo se le quitaba primero, no fuera malo comedirse l alguna y
ganarme por la mano."

"Parsceme, seor, le dije yo, que en eso no mirara, mayormente con mis
mayores que yo y que tienen ms."

"Eres mochacho, me respondi, y no sientes las cosas de la honra, en que
el da de hoy est todo el caudal de los hombres de bien. Pues te hago
saber que yo soy, como ves, un escudero; mas vtote a Dios!, si al
conde topo en la calle y no me quita muy bien quitado del todo el
bonete, que otra vez que venga me sepa yo entrar en una casa fingiendo
yo en ella algn negocio, o atravesar otra calle si la hay, antes que
llegue a m, por no quitrselo. Que un hidalgo no debe a otro que a Dios
y al Rey nada, ni es justo, siendo hombre de bien, se descuide un punto
de tener en mucho su persona.

Acuerdme que un da deshonr en mi tierra a un oficial y quise poner en
l las manos, porque cada vez que le topaba me deca:

"Mantenga Dios a vuestra merced."

Vos, don villano ruin!, le dije yo, por qu no sois biencriado?
"Mantngaos Dios", me habis de decir, como si fuese quienquiera?

De all adelante, de aqu acull me quitaba el bonete y hablaba como
deba.

"Y no es buena manera de saludar un hombre a otro, dije yo, decirle que
le mantenga Dios?"

"Mir mucho de enhoramala!", dijo l, a los hombres de poca arte dicen
eso; mas a los ms altos, como yo, no les han de hablar menos de: "Beso
las manos de vuestra merced", o por lo menos: "Bsoos, seor, las
manos", si el que me habla es caballero. Y ans, aquel de mi tierra, que
me atestaba de mantenimiento, nunca ms le quise sufrir, ni sufrira, ni
sufrir a hombre del mundo de el rey abajo, que: "Mantngaos Dios", me
diga."

"Pecador de m!, dije yo, por eso tiene tan poco cuidado de
mantenerte, pues no sufres que nadie se lo ruegue."

"Mayormente, dijo, que no soy tan pobre que no tengo en mi tierra un
solar de casas, que a estar ellas en pie y bien labradas, diez y seis
leguas de donde nac, en aquella costanilla de Valladolid, valdran ms
de docientas veces mil maraveds, segn se podran hacer grandes y
buenas. Y tengo un palomar, que a no estar derribado como est, dara
cada ao ms de docientos palominos. Y otras cosas, que me callo, que
dej por lo que tocaba a mi honra."

"Y vine a esta ciudad, pensando que hallara un buen asiento; mas no me
ha sucedido como pens. Cannigos y seores de la iglesia, muchos hallo;
mas es gente tan limitada, que no los sacarn de su paso todo el mundo.
Caballeros de media talla tambin me ruegan; mas servir con stos es
gran trabajo. Porque de hombre os habis de convertir en malilla, y si
no, "And con Dios", os dicen. Y las ms veces son los pagamentos a
largos plazos, y las ms y las ms ciertas comido por servido."

"Ya, cuando quieren reformar consciencia y satisfaceros vuestros sudores,
sois librados en la recmara en un sudado jubn o rada capa o sayo, ya,
cuando asienta un hombre con un seor de ttulo, todava pasa su
laceria. Pues, por ventura no hay en m habilidad para servir y
contentar a stos? Por Dios, si con l topase, muy gran su privado
pienso que fuese y que mil servicios le hiciese, porque yo sabra
mentille tan bien como otro y agradalle a las mil maravillas."

"Relle ya mucho sus donaires y costumbres, aunque no fuesen las mejores
del mundo. Nunca decirle cosa que le pesase, aunque mucho le cumpliese.
Ser muy diligente en su persona, en dicho y hecho. No me matar por no
hacer bien las cosas que l no haba de ver; y ponerme a reir, donde lo
oyese, con la gente de servicio, porque pareciese tener gran cuidado de
lo que a l tocaba. Si riese con algn su criado, dar unos puntillos
agudos para le encender la ira y que pareciesen, en favor de el culpado.
Decirle bien de lo que bien le estuviese y, por el contrario, ser
malicioso, mofador, malsinar a los de casa y a los de fuera, pesquisar y
procurar de saber vidas ajenas para contrselas, y otras muchas galas de
esta calidad, que hoy da se usan en palacio y a los seores dl parecen
bien."

"Y no quieren ver en sus casas hombres virtuosos; antes los aborrescen y
tienen en poco y llaman nescios, y que no son personas de negocios ni
con quien el seor se puede descuidar. Y con stos los astutos usan,
como digo, el da de hoy, de lo que yo usara; mas no quiere mi ventura
que le halle."

Desta manera lamentaba tambin su adversa fortuna mi amo, dndome
relacin de su persona valerosa.

Pues, estando en esto, entr por la puerta un hombre y una vieja. El
hombre le pide el alquiler de la casa, y la vieja, el de la cama. Hacen
cuenta y de dos meses le alcanzaron lo que l en un ao no alcanzara.
Pienso que fueron doce o trece reales. Y l les di muy buena respuesta:
que saldra a la plaza a trocar una pieza de a dos y que a la tarde
volviesen; mas su salida fue sin vuelta.

Por manera que a la tarde ellos volvieron; mas fu tarde. Yo les dije
que an no era venido. Venida la noche y l no, yo hube miedo de quedar
en casa solo y fume a las vecinas y contles el caso y all dorm.

Venida la maana, los acreedores vuelven y preguntan por el vecino; mas,
a estotra puerta. Las mujeres les responden:

"Veis aqu su mozo y la llave de la puerta."

Ellos me preguntaron por l, y djeles que no saba adnde estaba, y que
tampoco haba vuelto a casa desde que sali a trocar la pieza, y que
pensaba que de m y de ellos se haba ido con el trueco.

De que esto me oyeron, van por un alguacil y un escribano. Y hlos do
vuelven luego con ellos, y toman la llave y llmanme, y llaman testigos
y abren la puerta, y entran a embargar la hacienda de mi amo hasta ser
pagados de su deuda. Anduvieron toda la casa y hallronla desembarazada,
como he contado, y dcenme:

"Qu es de la hacienda de tu amo, sus arcas y paos de pared y alhajas
de casa?"

"No s yo eso", les respond.

"Sin duda, dicen, esta noche lo deben de haber alzado y llevado a alguna
parte. Seor alguacil, prended a este mozo, que l sabe dnde est."

En esto vino el alguacil y echme mano por el collar del jubn,
diciendo:

"Mochacho, t eres preso si no descubres los bienes deste tu amo."

Yo, como en otra tal no me hubiese visto (porque asido del collar s
haba sido muchas e infinitas veces; mas era mansamente dl trabado para
que mostrase el camino al que no va) yo hube mucho miedo, y llorando
prometle de decir lo que preguntaban.

"Bien est, dicen ellos; pues di todo lo que sabes y no hayas temor."

Sentse el escribano en un poyo, para escrebir el inventario,
preguntndome qu tena.

"Seores, dije yo, lo que este mi amo tiene, segn l me dijo, es un muy
buen solar de casas y un palomar derribado."

"Bien est, dicen ellos. Por poco que eso valga hay para nos entregar de
la deuda. Y a qu parte de la ciudad tiene eso?", me preguntaron.

"En su tierra", les respond.

"Por Dios, que est bueno el negocio, dijeron ellos. Y adnde es su
tierra?"

"De Castilla la Vieja me dijo l que era", les dije yo.

Rironse mucho el alguacil y el escribano, diciendo:

"Bastante relacin es sta para cobrar vuestra deuda, aunque mejor
fuese."

Las vecinas, que estaban presentes, dijeron:

"Seores, ste es un nio inocente y ha pocos das que est con ese
escudero y no sabe dl ms que vuestras mercedes, sino cuanto el
pecadorcico se llega aqu a nuestra casa y le damos de comer lo que
podemos por amor de Dios, y a las noches se iba a dormir con l."

Vista mi inocencia, dejronme, dndome por libre, y el alguacil y el
escribano piden al hombre y a la mujer sus derechos; sobre lo cual
tuvieron gran contienda y ruido, porque ellos allegaron no ser obligados
a pagar, pues no haba de qu ni se haca el embargo. Los otros decan
que haban dejado de ir a otro negocio que les importaba ms, por venir
a aquel.

Finalmente, despus de dadas muchas voces, al cabo carga un porquern
con el viejo alfamar de la vieja; aunque no iba muy cargado. All van
todos cinco dando voces. No s en qu par. Creo yo que el pecador
alfamar pagara por todos, y bien se empleaba, pues el tiempo que haba
de reposar y descansar de los trabajos pasados, se andaba alquilando.

As, como he contado, me dej mi pobre tercero amo, do acab de conoscer
mi ruin dicha; pues, sealndose todo lo que poda contra m, haca mis
negocios tan al revs, que los amos, que suelen ser dejados de los
mozos, en m no fuese ans, mas que mi amo me dejase y huyese de m.

[Ilustracin:]




CERVANTES

RINCONETE Y CORTADILLO


En la venta del Molinillo, que est puesta en los fines de los famosos
campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andaluca, un da de los
calurosos de verano se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta
edad de catorce a quince aos; el uno ni el otro no pasaban de diez y
siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados.
Capa, no la tenan; los calzones eran de lienzo, y las medias de carne;
bien es verdad que lo enmendaban los zapatos, porque los del uno eran
alpargates, tan trados como llevados, y los del otro, picados y sin
suelas, de manera, que ms le servan de cormas que de zapatos. Traa el
uno montera verde de cazador; el otro, un sombrero sin toquilla, bajo de
copa y ancho de falda. A la espalda, y ceida por los pechos, traa el
uno una camisa de color de camuza, encerada, y recogida toda en una
manga; el otro vena escueto y sin alforjas, puesto que en el seno se
le pareca un gran bulto, que, a lo que despus pareci, era un cuello
de los que llaman valones, almidonado con grasa, y tan deshilado de
roto, que todo pareca hilachas. Venan en l envueltos y guardados unos
naipes de figura ovada, porque de ejercitarlos se les haban gastado las
puntas, y porque durasen ms, se las cercenaron y los dejaron de aquel
talle. Estaban los dos quemados del sol, las uas caireladas, y las
manos no muy limpias; el uno tena una media espada, y el otro, un
cuchillo de cachas amarillas, que los suelen llamar vaqueros.

Salironse los dos a sestear en un portal o cobertizo que delante de la
venta se hace, y sentndose frontero el uno del otro, el que pareca de
ms edad dijo al ms pequeo:

--De qu tierra es vuesa merced, seor gentilhombre, y para adnde
bueno camina?

--Mi tierra, seor caballero--respondi el preguntado--, no la s, ni
para dnde camino tampoco.

--Pues en verdad--dijo el mayor--que no parece vuesa merced del cielo, y
que ste no es lugar para hacer su asiento en l; que por fuerza se ha
de pasar adelante.

--As es--respondi el mediano--; pero yo he dicho verdad en lo que he
dicho; porque mi tierra no es ma, pues no tengo en ella ms de un padre
que no me tiene por hijo y una madrastra que me trata como alnado; el
camino que llevo es a la ventura y all le dara fin donde hallase
quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida.

--Y sabe vuesa merced algn oficio?--pregunt el grande.

Y el menor respondi:

--No s otro sino que corro como una liebre, y salto como un gamo, y
corto de tijera muy delicadamente.

--Todo eso es muy bueno, til y provechoso--dijo el grande--; porque
habr sacristn que le d a vuesa merced la ofrenda de Todos Santos
porque para el Jueves Santo le corte florones de papel para el
monumento.

--No es mi corte desa manera--respondi el menor--, sino que mi padre,
por la misericordia del cielo, es sastre y calcetero, y me ense a
cortar antiparas, que, como vuesa merced sabe, son medias calzas con
avampis, que por su propio nombre se suelen llamar polainas, y crtolas
tan bien, que en verdad que me podra examinar de maestro, sino que la
corta suerte me tiene arrinconado.

--Todo eso y ms acontece por los buenos--respondi el grande--, y
siempre he odo decir que las buenas habilidades son las ms perdidas;
pero an edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura. Mas si yo no
me engao y el ojo no me miente, otras gracias tiene vuesa merced
secretas, y no las quiere manifestar.

--S tengo--respondi el pequeo--; pero no son para el pblico, como
vuesa merced ha muy bien apuntado.

A lo cual replic el grande:

--Pues yo le s decir que soy uno de los ms secretos mozos que en gran
parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su
pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mo
primero; porque imagino que no sin misterio nos ha juntado aqu la
suerte, y pienso que habemos de ser, dste hasta el ltimo da de
nuestra vida, verdaderos amigos. Yo, seor hidalgo, soy natural de la
Fuenfrida, lugar conocido y famoso por los ilustres pasajeros que por l
de contino pasan: mi nombre es Pedro del Rincn; mi padre es persona de
calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada: quiero decir que es
bulero, o buldero, como los llama el vulgo. Algunos das le acompa en
el oficio, y le aprend de manera, que no dara ventaja en echar las
bulas al que ms presumiese en ello; pero habindome un da aficionado
ms al dinero de las bulas que a las mismas bulas, me abrac con un
talego, y di conmigo y con l en Madrid, donde, con las comodidades que
all de ordinario se ofrecen, en pocos das saqu las entraas al
talego, y le dej con ms dobleces que paizuelo de desposado. Vino el
que tena a cargo el dinero tras m; prendironme; tuve poco favor;
aunque, viendo aquellos seores mi poca edad, se contentaron con que me
arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y con
que saliese desterrado por cuatro aos de la Corte. Tuve paciencia,
encog los hombros, sufr la tanda y mosqueo, y sal a cumplir mi
destierro, con tanta priesa, que no tuve lugar de buscar cabalgaduras.
Tom de mis alhajas las que pude y las que me parecieron ms necesarias,
y entre ellas saqu estos naipes--y a este tiempo descubri los que se
han dicho, que en el cuello traa--, con los cuales he ganado mi vida
por los mesones y ventas que hay desde Madrid aqu, jugando a la
veintiuna; y aunque vuesa merced los vee tan astrosos y maltratados,
usan de una maravillosa virtud con quien los entiende, que no alzar que
no quede un as debajo; y si vuesa merced es versado en este juego, ver
cunta ventaja lleva el que sabe que tiene cierto un as a la primera
carta, que le puede servir de un punto y de once; que con esta ventaja,
siendo la veintiuna envidada, el dinero se queda en casa. Fura desto,
aprend de un cocinero de un cierto embajador ciertas tretas de
qunolas, y del parar, a quien tambin llaman el andaboba, que as como
vuesa merced se puede examinar en el corte de sus antiparas, as puedo
yo ser maestro en la ciencia vilhanesca. Con esto voy seguro de no morir
de hambre; porque aunque llegue a un cortijo, hay quien quiera pasar
tiempo jugando un rato; y desto hemos de hacer luego la experiencia los
dos: armemos la red, y veamos si cae algn pjaro destos arrieros que
aqu hay: quiero decir que jugaremos los dos a la veintiuna, como si
fuese de veras; que si alguno quisiere ser tercero, l ser el primero
que deje la pecunia.

--Sea en buen hora--dijo el otro--, y en merced muy grande tengo la que
vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha
obligado a que yo no le encubra la ma, que, dicindola ms breve, es
sta: Yo nac en el piadoso lugar puesto entre Salamanca y Medina del
Campo: mi padre es sastre; enseme su oficio, y de corte de tisera, con
mi buen ingenio, salt a cortar bolsas. Enfadme la vida estrecha del
aldea y el desamorado trato de mi madrastra; dej mi pueblo, vine a
Toledo a ejercitar mi oficio, y en l he hecho maravillas; porque no
pende relicario de toca, ni hay faldriquera tan escondida, que mis dedos
no visiten, ni mis tiseras no corten, aunque le estn guardando con los
ojos de Argos. Y en cuatro meses que estuve en aquella ciudad, nunca fu
cogido entre puertas, ni sobresaltado ni corrido de corchetes, ni
soplado de ningn cauto; bien es verdad que habr ocho das que una
espa doble di noticia de mi habilidad al Corregidor, el cual,
aficionado a mis buenas partes, quisiera verme; mas yo, que, por ser
humilde, no quiero tratar con personas tan graves, procur de no verme
con l, y as, sal de la ciudad con tanta priesa, que no tuve lugar de
acomodarme de cabalgaduras ni blancas, ni de algn coche de retorno, o,
por lo menos, de un carro.

--Eso se borre--dijo Rincn--; y pues ya nos conocemos, no hay para qu
aquesas grandezas ni altiveces: confesemos llanamente que no tenamos
blanca, ni aun zapatos.

--Sea as--respondi Diego Cortado, que as dijo el menor que se
llamaba--; y pues nuestra amistad, como vuesa merced, seor Rincn, ha
dicho, ha de ser perpetua, comencmosla con santas y loables ceremonias.

Y levantndose Diego Cortado abraz a Rincn, y Rincn a l, tierna y
estrechamente, y luego se pusieron los dos a jugar a la veintiuna con
los ya referidos naipes, limpios de polvo y de paja, mas no de grasa y
malicia, y a pocas manos alzaba tambin por el as Cortado como Rincn,
su maestro.

Sali en esto un arriero a refrescarse al portal, y pidi que quera
hacer tercio. Acogironle de buena gana, y en menos de media hora le
ganaron doce reales y veinte y dos maraveds, que fue darle doce
lanzadas y veinte y dos mil pesadumbres. Y creyendo el arriero que por
ser muchachos no se lo defenderan, quiso quitalles el dinero; mas
ellos, poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las
cachas amarillas, le dieron tanto que hacer, que a no salir sus
compaeros, sin duda lo pasara mal.

A esta sazn pasaron acaso por el camino una tropa de caminantes a
caballo, que iban a sestear a la venta del Alcalde, que est media legua
ms adelante; los cuales, viendo la pendencia del arriero con los dos
muchachos, los apaciguaron, y les dijeron que si acaso iban a Sevilla,
que se viniesen con ellos.

--All vamos--dijo Rincn--, y serviremos a vuesas mercedes en todo
cuanto nos mandaren.

Y sin ms detenerse saltaron delante de las mulas y se fueron con ellos,
dejando al arriero agraviado y enojado, y a la ventera admirada de la
buena crianza de los picaros: que les haba estado oyendo su pltica,
sin que ellos advirtiesen en ello; y cuando dijo al arriero que les
haba odo decir que los naipes que traan eran falsos, se pelaba las
barbas, y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque
deca que era grandsima afrenta y caso de menos valer que dos muchachos
hubiesen engaado a un hombrazo tan grande como l. Sus compaeros le
detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su
inhabilidad y simpleza. En fin, tales razones le dijeron, que aunque no
le consolaron, le obligaron a quedarse.

[Ilustracin: "... poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al
de las cachas amarillas...."]

En esto, Cortado y Rincn se dieron tan buena maa en servir a los
caminantes, que lo ms del camino los llevaban a las ancas; y aunque se
les ofrecan algunas ocasiones de tentar las valijas de sus medios amos,
no las admitieron, por no perder la ocasin tan buena del viaje de
Sevilla, donde ellos tenan grande deseo de verse. Con todo esto, a
la entrada de la ciudad, que fu a la oracin, y por la puerta de la
Aduana, a causa del registro y almojarifazgo que se paga, no se pudo
contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traa
un francs de la camarada; y as, con el de sus cachas le di tan larga
y profunda herida, que se parecan patentemente las entraas, y
sutilmente le sac dos camisas buenas, un reloj de sol y un librillo de
memoria, cosas que cuando las vieron no les dieron mucho gusto, y
pensaron que pues el francs llevaba a las ancas aquella maleta, no la
haba de haber ocupado con tan poco peso como era el que tenan aquellas
preseas, y quisieran volver a darle otro tiento; pero no lo hicieron,
imaginando que ya lo habran echado menos, y puesto en recaudo lo que
quedaba.

Habanse despedido antes que el salto hiciesen de los que hasta all los
haban sustentado, y otro da vendieron las camisas en el malbaratillo
que se hace fuera de la puerta del Arenal, y dellas hicieron veinte
reales. Hecho esto, se fueron a ver la ciudad, y admirles la grandeza y
suntuosidad de su mayor iglesia, el gran concurso de gente del ro,
porque era en tiempo de cargazn de flota y haba en l seis galeras,
cuya vista les hizo suspirar, y aun temer el da que sus culpas les
haban de traer a morar en ellas de por vida. Echaron de ver los muchos
muchachos de la esportilla que por all andaban; informronse de uno de
ellos qu oficio era aqul, y si era de mucho trabajo, y de qu
ganancia. Un muchacho asturiano, que fu a quien le hicieron la
pregunta, respondi que el oficio era descansado y de que no se pagaba
alcabala, y que algunos das sala con cinco y con seis reales de
ganancia, con que coma y beba, y triunfaba como cuerpo de rey, libre
de buscar amo a quien dar fianzas y seguro de comer a la hora que
quisiese, pues a todas lo hallaba en el ms mnimo bodegn de toda la
ciudad.

No les pareci mal a los dos amigos la relacin del asturianillo, ni les
descontent el oficio, por parecerles que vena como de molde para poder
usar el suyo con cubierta y seguridad, por la comodidad, que ofreca de
entrar en todas las casas; y luego determinaron de comprar los
instrumentos necesarios para usalle, pues lo podan usar sin examen. Y
preguntndole al asturiano qu haban de comprar, les respondi que
sendos costales pequeos, limpios o nuevos, y cada uno tres espuertas de
palma, dos grandes y una pequea, en las cuales se reparta la carne,
pescado y fruta, y en el costal, el pan; y l les gui donde lo vendan,
y ellos, del dinero de la galima del francs, lo compraron todo, y
dentro de dos horas pudieran estar graduados en el nuevo oficio, segn
les ensayaban las esportillas y asentaban los costales. Avisles su
adalid de los puestos donde haban de acudir: por las maanas, a la
Carnicera y a la plaza de San Salvador; los das de pescado, a la
Pescadera y a la Costanilla; todas las tardes, al ro; los jueves, a la
Feria.

Toda esta licin tomaron bien de memoria, y otro da bien de maana se
plantaron en la plaza de San Salvador, y apenas hubieron llegado, cuando
los rodearon otros mozos del oficio, que por lo flamante de los costales
y espuertas vieron ser nuevos en la plaza; hicironles mil preguntas, y
a todas respondan con discrecin y mesura. En esto llegaron un medio
estudiante y un soldado, y convidados de la limpieza de las espuertas de
los dos novatos, el que pareca estudiante llam a Cortado, y el soldado
a Rincn.

--En nombre sea de Dios--dijeron ambos.

--Para bien se comience el oficio--dijo Rincn--; que vuesa merced me
estrena, seor mo.

A lo cual respondi el soldado:

--La estrena no ser mala; porque estoy de ganancia, y soy enamorado, y
tengo de hacer hoy banquete a unas amigas de mi seora.

--Pues cargue vuesa merced a su gusto; que nimo tengo y fuerzas para
llevarme toda esta plaza, y aun si fuere menester que ayude a guisarlo,
lo har de muy buena voluntad.

Contentse el soldado de la buena gracia del mozo, y djole que si
quera servir, que l le sacara de aquel abatido oficio; a lo cual
respondi Rincn que, por ser aquel da el primero que le usaba, no le
quera dejar tan presto, hasta ver, a lo menos, lo que tena de malo y
bueno; y cuando no le contentase, l daba su palabra de servirle a l
antes que a un cannigo.

Rise el soldado, cargle muy bien, mostrle la casa de su dama para que
la supiese de all adelante y l no tuviese necesidad, cuando otra vez
le enviase, de acompaarle. Rincn prometi fidelidad y buen trato;
dile el soldado tres cuartos, y en un vuelo volvi a la plaza, por no
perder coyuntura; porque tambin desta diligencia les advirti el
asturiano, y de que cuando llevasen pescado menudo, conviene a saber,
albures, o sardinas, o acedas, bien podan tomar algunas y hacerles la
salva, siquiera para el gasto de aquel da; pero que esto haba de ser
con toda sagacidad y advertimiento, porque no se perdiese el crdito,
que era lo que ms importaba en aquel ejercicio.

Por presto que volvi Rincn, ya hall en el mismo puesto a Cortado.
Llegse Cortado a Rincn, y preguntle que cmo le haba ido. Rincn
abri la mano, y mostrle los tres cuartos. Cortado entr la suya en el
seno, y sac una bolsilla, que mostraba haber sido de mbar en los
pasados tiempos; vena algo hinchada, y dijo:

--Con sta me pag su reverencia del estudiante, y con dos cuartos; mas
tomadla vos, Rincn, por lo que puede suceder.

Y habindosela ya dado secretamente, veis aqu do vuelve el estudiante
trasudando y turbado de muerte, y viendo a Cortado, le dijo si acaso
haba visto una bolsa de tales y tales seas, que, con quince escudos de
oro en oro y con tres reales de a dos y tantos maraveds en cuartos y en
ochavos, le faltaba, y que le dijese si la haba tomado en el entretanto
que con l haba andado comprando. A lo cual, con extrao disimulo, sin
alterarse ni mudarse en nada, respondi Cortado:

--Lo que yo sabr decir desa bolsa es que no debe de estar perdida, si
ya no es que vuesa merced la puso a mal recaudo.

--Eso es ello, pecador de m--respondi el estudiante---: que la deb
de poner a mal recaudo, pues me la hurtaron!

--Lo mismo digo yo--dijo Cortado---; pero para todo hay remedio, si no
es para la muerte, y el que vuesa merced podr tomar es, lo primero y
principal, tener paciencia; que de menos nos hizo Dios, y un da viene
tras otro da, y donde las dan las toman, y podra ser que, con el
tiempo, el que llev la bolsa se viniese a arrepentir, y se la volviese
a vuesa merced sahumada.

--El sahumerio le perdonaramos--respondi el estudiante.

Y Cortado prosigui, diciendo:

--Cuanto ms, que cartas de descomunin hay, paulinas, y buena
diligencia, que es madre de la buena ventura; aunque, a la verdad, no
quisiera yo ser el llevador de tal bolsa, porque si es que vuesa merced
tiene alguna orden sacra, parecermeha a m que haba cometido algn
grande incesto, o sacrilegio.

--Y cmo que ha cometido sacrilegio!--dijo a esto el adolorido
estudiante---: que puesto que yo no soy sacerdote, sino sacristn de
unas monjas, el dinero de la bolsa era del tercio de una capellana, que
me dio a cobrar un sacerdote amigo mo, y es dinero sagrado y bendito.

---Con su pan se lo coma--dijo Rincn a este punto---: no le arriendo la
ganancia; da de juicio hay, donde todo saldr en la colada, y entonces
se ver quin fu Callejas, y el atrevido que se atrevi a tomar, hurtar
y menoscabar el tercio de la capellana. Y cunto renta cada ao?
Dgame, seor sacristn, por su vida.

--Y estoy yo agora para decir lo que renta?--respondi el sacristn con
algn tanto de demasiada clera---. Decidme, hermano, si sabis algo; si
no, quedad con Dios; que yo la quiero hacer pregonar.

--No me parece mal remedio se--dijo Cortado---; pero advierta vuesa
merced no se le olviden las seas de la bolsa, ni la cantidad
puntualmente del dinero que va en ella; que si yerra en un ardite, no
parecer en das del mundo, y esto le doy por hado.

--No hay que temer deso--respondi el sacristn---; que lo tengo ms en
la memoria que el tocar de las campanas: no me errar en un tomo.

Sac, en esto, de la faltriquera un pauelo randado, para limpiarse el
sudor, que llova de su rostro como de alquitara, y apenas le hubo visto
Cortado, cuando le marc por suyo; y habindose ido el sacristn,
Cortado le sigui y le alcanz en las Gradas, donde le llam y le retir
a una parte, y all le comenz a decir tantos disparates, al modo de los
que llaman bernardinas, cerca del hurto y hallazgo de su bolsa, dndole
buenas esperanzas, sin concluir jams razn que comenzase, que el pobre
sacristn estaba embelesado escuchndole; y como no acababa de entender
lo que le deca, haca que le replicase la razn dos y tres veces.
Estbale mirando Cortado a la cara atentamente, y no quitaba los ojos de
sus ojos; el sacristn le miraba de la misma manera, estando colgado de
sus palabras. Este tan grande embelesamiento di lugar a Cortado que
concluyese su obra, y sutilmente le sac el pauelo de la faldriquera, y
despidindose del, le dijo que a la tarde procurase de verle en aquel
mismo lugar, porque l traa entre ojos que un muchacho de su mismo
oficio y de su mismo tamao, que era algo ladroncillo, le haba tomado
la bolsa, y que l se obligaba a saberlo, dentro de pocos o de muchos
das.

Con esto se consol algo el sacristn, y se despidi de Cortado, el cual
se vino donde estaba Rincn, que todo lo haba visto un poco apartado
dl; y ms abajo estaba otro mozo de la esportilla, que vi todo lo que
haba pasado y como Cortado daba el pauelo a Rincn, y llegndose a
ellos, les dijo:

--Dganme, seores galanes: voacedes son de mala entrada, o no?

--No entendemos esa razn, seor galn--respondi Rincn.

--Que no entrevan, seores murcios?--respondi el otro.

--No somos de Teba ni de Murcia--dijo Cortado---; si otra cosa quiere,
dgala; si no, vyase con Dios.

--No lo entienden?--dijo el mozo---. Pues yo se lo dar a entender, y a
beber, con una cuchara de plata: quiero decir, seores, si son vuesas
mercedes ladrones. Mas no s para qu les pregunto esto, pues s ya que
lo son. Mas dganme: cmo no han ido a la aduana del seor Monipodio?

--Pgase en esta tierra almojarifazgo de ladrones, seor galn?--dijo
Rincn.

--Si no se paga--respondi el mozo---, a lo menos, regstranse ante el
seor Monipodio, que es su padre, su maestro y su amparo; y as, les
aconsejo que vengan conmigo a darle la obediencia, o si no, no se
atrevan a hurtar sin su seal, que les costar caro.

--Yo pens--dijo Cortado--que el hurtar era oficio libre, horro de pecho
y alcabala, y que si se paga, es por junto, dando por fiadores a la
garganta y a las espaldas; pero pues as es, y en cada tierra hay su
uso, guardemos nosotros el dsta, que por ser la ms principal del
mundo, ser el ms acertado de todo l; y as, puede vuesa merced
guiarnos donde est ese caballero que dice; que ya yo tengo barruntos,
segn lo que he odo decir, que es muy calificado y generoso, y adems
hbil en el oficio.

--Y cmo que es calificado, hbil y suficiente!--respondi el mozo---.
Eslo tanto, que en cuatro aos que ha que tiene el cargo de ser nuestro
mayor y padre, no han padecido sino cuatro en el _finibusterrae_, y obra
de treinta envesados, y de sesenta y dos en gurapas.

--En verdad, seor--dijo Rincn---, que as entendemos esos nombres como
volar.

--Comencemos a andar; que yo los ir declarando por el camino--respondi
el mozo---, con otros algunos, que as les conviene saberlos como el pan
de la boca.

Y as, les fue diciendo y declarando otros nombres de los que ellos
llaman _germanescos_ o _de la germana_, en el discurso de su pltica,
que no fue corta, porque el camino era largo. En el cual dijo Rincn a
su gua:

--Es vuesa merced por ventura ladrn?

--S--respondi l---, para servir a Dios y a las buenas gentes, aunque
no de los muy cursados; qu todava estoy en el ao del noviciado.

A lo cual respondi Cortado:

--Cosa nueva es para m que haya ladrones en el mundo para servir a
Dios y a la buena gente.

A lo cual respondi el mozo:

--Seor, yo no me meto en tologas; lo que s es que cada uno en su
oficio puede alabar a Dios, y ms con la orden que tiene dada Monipodio
a todos sus ahijados.

--Sin duda--dijo Rincn---, debe de ser buena y santa, pues hace que los
ladrones sirvan a Dios.

--Es tan santa y buena--replic el mozo---, que no s yo si se podr
mejorar en nuestro arte. El tiene ordenado que de lo que hurtremos
demos alguna cosa o limosna para el aceite de la lmpara de una imagen
muy devota que est en esta ciudad, y en verdad que hemos visto grandes
cosas por esta buena obra; porque los das pasados dieron tres ansias a
un cuatrero que haba murciado dos roznos, y con estar flaco y
cuartanario, as las sufri sin cantar como si fueran nada; y esto
atribuimos los del arte a su buena devocin, porque sus fuerzas no eran
bastantes para sufrir el primer desconcierto del verdugo. Y porque s
que me han de preguntar algunos vocablos de los que he dicho, quiero
curarme en salud y decrselo antes que me lo pregunten. Sepan voacedes
que _cuatrero_ es ladrn de bestias; _ansia_ es el tormento; _roznos_,
los asnos, hablandlo con perdn; _primer desconcierto_ es las primeras
vueltas de cordel que da el verdugo. Tenemos ms: que rezamos nuestro
rosario, repartido en toda la semana, y muchos de nosotros no hurtamos
el da del viernes, ni tenemos conversacin con mujer que se llame Mara
el da del sbado.

--De perlas me parece todo eso--dijo Cortado---; pero dgame vuesa
merced: hcese otra restitucin o otra penitencia ms de la dicha?

--En eso de restituir no hay que hablar--respondi el mozo---, porque es
cosa imposible, por las muchas partes en que se divide lo hurtado,
llevando cada uno de los ministros y contrayentes la suya; y as, el
primer hurtador no puede restituir nada; cuanto ms que no hay quien nos
mande hacer esta diligencia, a causa que nunca nos confesamos, y si
sacan cartas de excomunin, jams llegan a nuestra noticia, porque jams
vamos a la iglesia al tiempo que se leen, si no es los das de jubileo,
por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mucha gente.

--Y con solo eso que hacen, dicen esos seores--dijo Cortadillo--que
su vida es santa y buena?

--Pues qu tiene de malo?--replic el mozo---. No es peor ser hereje,
o renegado, o matar a su padre y madre?

--Todo es malo--replic Cortado---. Pero pues nuestra suerte ha querido
que entremos en esta cofrada, vuesa merced alargue el paso; que muero
por verme con el seor Monipodio, de quien tantas virtudes se cuentan.

--Presto se les cumplir su deseo--dijo el mozo---; que ya desde aqu
se descubre su casa. Vuesas mercedes se queden a la puerta; que yo
entrar a ver si est desocupado, porque stas son las horas cuando l
suele dar audiencia.

--En buena sea--dijo Rincn.

Y adelantndose un poco el mozo, entr en una casa no muy buena, sino de
muy mala apariencia, y los dos se quedaron esperando a la puerta. El
sali luego y los llam, y ellos entraron, y su gua les mand esperar
en un pequeo patio ladrillado, que de puro limpio y aljimifrado pareca
que verta carmn de lo ms fino. Al un lado estaba un banco de tres
pies, y al otro un cntaro desbocado, con un jarrillo encima, no menos
falto que el cntaro; a otra parte estaba una estera de enea, y en el
medio, un tiesto, que en Sevilla llaman _maceta_ de albahaca.

Miraban los mozos atentamente las alhajas de la casa en tanto que bajaba
el seor Monipodio; y viendo que tardaba, se atrevi Rincn a entrar en
una sala baja, de dos pequeas que en el patio estaban, y vio en ella
dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pendientes de cuatro
clavos, y una arca grande, sin tapa ni cosa que la cubriese, y otras
tres esteras de enea tendidas por el suelo. En la pared frontera estaba
pegada a la pared una imagen de Nuestra Seora, destas de mala estampa,
y ms abajo penda una esportilla de palma, y, encajada en la pared, una
almofa blanca, por do coligi Rincn que la esportilla serva de cepo
para la limosna, y la almofa de tener agua bendita; y as era la
verdad.

Estando en esto, entraron en la casa dos mozos de hasta veinte aos cada
uno, vestidos de estudiantes, y de all a poco, dos de la esportilla y
un ciego; y sin hablar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el
patio. No tard mucho, cuando entraron dos viejos de bayeta, con
antojos, que los hacan graves y dignos de ser respectados, con sendos
rosarios de sonadoras cuentas en las manos. Tras ellos entr una vieja
halduda y, sin decir nada, se fue a la sala, y habiendo tomado agua
bendita, con grandsima devocin se puso de rodillas ante la imagen, y a
cabo de una buena pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo, y
levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levant y ech
su limosna en la esportilla, y se sali con los dems al patio. En
resolucin, en poco espacio se juntaron en el patio hasta catorce
personas de diferentes trajes y oficios. Llegaron tambin de los
postreros dos bravos y bizarros mozos, de bigotes largos, sombreros de
grande falda, cuellos a la valona, medias de color, ligas de gran
balumba, espadas de ms de marca, sendos pistoletes cada uno en lugar de
dagas, y sus broqueles pendientes de la pretina; los cuales, as como
entraron, pusieron los ojos de travs en Rincn y Cortado, a modo de que
los extraaban y no conocan. Y llegndose a ellos, les preguntaron si
eran de la cofrada. Rincn respondi que s, y muy servidores de sus
mercedes.

Llegse en esto la sazn y punto en que baj el seor Monipodio, tan
esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compaa. Pareca de
edad de cuarenta y cinco a cuarenta y seis aos, alto de cuerpo, moreno
de rostro, cejijunto, barbinegro y muy espeso; los ojos, hundidos. Vena
en camisa, y por la abertura de delante descubra un bosque: tanto era
el vello que tena en el pecho. Traa cubierta una capa de bayeta casi
hasta los pies, en los cuales traa unos zapatos enchancletados;
cubranle las piernas unos zaragelles de lienzo anchos, y largos hasta
los tobillos; el sombrero era de los de la hampa, campanudo de copa y
tendido de falda; atravesbale un tahal por espalda y pecho, a do
colgaba una espada ancha y corta, a modo de las del perrillo; las manos
eran cortas, pelosas, y los dedos gordos, y las uas hembras y
remachadas; las piernas no se le parecan; pero los pies eran
descomunales, de anchos y juanetudos. En efeto, l representaba el ms
rstico y disforme brbaro del mundo. Baj con l la gua de los dos, y
trabndoles de las manos, los present ante Monipodio, dicindole:

--Estos son los dos buenos mancebos que a vuesa merced dije, mi sor
Monipodio: vuesa merced los desamine, y ver como son dignos de entrar
en nuestra congregacin.

--Eso har yo de muy buena gana--respondi Monipodio.

Olvidbaseme de decir que as como Monipodio baj, al punto todos los
que aguardndole estaban le hicieron una profunda y larga reverencia,
excepto los dos bravos, que a medio mogate, como entre ellos se dice, le
quitaron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del
patio, y por la otra se paseaba Monipodio, el cual pregunt a los nuevos
el ejercicio, la patria y padres.

A lo cual Rincn respondi:

--El ejercicio ya est dicho, pues venimos ante vuesa merced; la patria
no me parece de mucha importancia decilla, ni los padres tampoco, pues
no se ha de hacer informacin para recebir algn hbito honroso.

A lo cual respondi Monipodio:

--Vos, hijo mo, estis en lo cierto, y es cosa muy acertada encubrir
eso que decs; porque si la suerte no corriere como debe, no es bien que
quede asentado debajo de signo de escribano, ni en el libro de las
entradas: "Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal da le
ahorcaron, o le azotaron", o otra cosa semejante, que, por lo menos,
suena mal a los buenos odos; y as, torno a decir que es provechoso
documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios
nombres; aunque para entre nosotros no ha de haber nada encubierto, y
slo ahora quiero saber los nombres de los dos.

Rincn dijo el suyo, y Cortado tambin.

--Pues de aqu adelante--respondi Monipodio--quiero y es mi voluntad
que vos, Rincn, os llamis _Rinconete_, y vos, Cortado, _Cortadillo_,
que son nombres que asientan como de molde a vuestra edad y a nuestras
ordenanzas, debajo de las cuales cae tener necesidad de saber el nombre
de los padres de nuestros cofrades, porque tenemos de costumbre de hacer
decir cada ao ciertas misas por las nimas de nuestros difuntos y
bienhechores, sacando el estupendo para la limosna de quien las dice de
alguna parte de lo que se garbea; y estas tales misas, as dichas como
pagadas, dicen que aprovechan a las tales nimas por va de naufragio; y
caen debajo de nuestros bienhechores el procurador que nos defiende, el
guro que nos avisa, el verdugo que nos tiene lstima, el que, cuando uno
de nosotros va huyendo por la calle y detrs le van dando voces: "Al
ladrn, al ladrn! Detnganle, detnganle!", se pone en medio, y se
opone al raudal de los que le siguen, diciendo: "Djenle al cuitado;
que harta mala ventura lleva! All se lo haya; castigele su pecado!"
Tambin lo son nuestros padres y madres, que nos echan al mundo, y el
escribano, que si anda de buena, no hay delito que sea culpa, ni culpa a
quien se d mucha pena; y por todos estos que he dicho hace nuestra
hermandad cada ao su adversario con la mayor popa y soledad que
podemos.

--Por cierto--dijo Rinconete--(ya confirmado con este nombre) que es
obra digna del altsimo y profundsimo ingenio que hemos odo decir que
vuesa merced, seor Monipodio, tiene. Pero nuestros padres an gozan de
la vida; si en ella les alcanzremos, daremos luego noticia a esta
felicsima y abogada confraternidad, para que por sus almas se les haga
ese naufragio o tormenta, o ese adversario que vuesa merced dice, con la
solenidad y pompa acostumbrada, si ya no es que se hace mejor con _popa_
y _soledad_, como tambin apunt vuesa merced en sus razones.

---As se har, o no quedar de m pedazo--replic Monipodio.

Y llamando a la gua, le dijo:

--Ven ac, Ganchuelo: estn puestas las postas?

--S--dijo la gua, que Ganchuelo era su nombre--: tres centinelas
quedan avizorando, y no hay que temer que nos cojan de sobresalto.

--Volviendo, pues, a nuestro propsito---dijo Monipodio--, querra
saber, hijos, lo que sabis, para daros el oficio y ejercicio conforme a
vuestra inclinacin y habilidad.

--Yo--respondi Rinconete--s un poquito de floreo de Vilhn:
entindeseme el retn; tengo buena vista para el humillo; juego bien de
la sola, de las cuatro y de las ocho; no se me va por pies el
raspadillo, verrugueta y el colmillo; ntrome por la boca de lobo como
por mi casa, y atreverame a hacer un tercio de chanza mejor que un
tercio de Npoles, y a dar un astillazo al ms pintado mejor que dos
reales prestados.

--Principios son--dijo Monipodio--; pero todas sas son flores de
cantueso viejas, y tan usadas, que no hay principiante que no las sepa,
y slo sirven para alguno que sea tan blanco, que se deje matar de media
noche abajo; pero andar el tiempo, y vernos hemos; que asentando sobre
ese fundamento media docena de liciones, yo espero en Dios que habis de
salir oficial famoso, y aun quiz maestro.

--Todo ser para servir a vuesa merced y a los seores
cofrades--respondi Rinconete.

--Y vos, Cortadillo, qu sabis?--pregunt Monipodio.

--Yo--respondi Cortadillo--s la treta que dicen mete dos y saca cinco,
y s dar tiento a una faldriquera con mucha puntualidad y destreza.

--Sabis ms?--dijo Monipodio.

--No, por mis grandes pecados--respondi Cortadillo.

--No os aflijis, hijo--replic Monipodio--; que a puerto y a escuela
habis llegado donde ni os anegaris ni dejaris de salir muy bien
aprovechado en todo aquello que ms os conviniere. Y en esto del nimo,
cmo os va, hijos?

--Cmo nos ha de ir--respondi Rinconete--sino muy bien? nimo tenemos
para acometer cualquiera empresa de las que tocaren a nuestro arte y
ejercicio.

--Est bien--replic Monipodio--; pero querra yo que tambin le
tuvisedes para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin
desplegar los labios y sin decir "esta boca es ma".

--Ya sabemos aqu--dijo Cortadillo--, seor Monipodio, qu quiere decir
_ansias_, y para todo tenemos nimo; porque no somos tan ignorantes, que
no se nos alcance que lo que dice la lengua paga la gorja, y harta
merced le hace el cielo al hombre atrevido, por no darle otro ttulo,
que le deja en su lengua su vida o su muerte; como si tuviese ms
letras un _no_ que un _s_!

--Alto, no es menester ms!--dijo a esta sazn Monipodio---. Digo que
sola esta razn me convence, me obliga, me persuade y me fuerza a que
desde luego asentis por cofrades mayores, y que se os sobrelleve el ao
del noviciado.

--Yo soy dese parecer--dijo uno de los bravos.

Y a una voz lo confirmaron todos los presentes, que toda la pltica
haban estado escuchando, y pidieron a Monipodio que desde luego les
concediese y permitiese gozar de las inmunidades de su cofrada, porque
su presencia agradable y su buena pltica lo mereca todo. l respondi
que, por dalles contento a todos, desde aquel punto se las conceda,
advirtindoles que las estimasen en mucho, porque eran no pagar media
nata del primer hurto que hiciesen; no hacer oficios menores en todo
aquel ao, conviene a saber: no llevar recaudo de ningn hermano mayor
a la crcel; piar el turco puro; hacer banquete cuando, como y adonde
quisieren, sin pedir licencia a su mayoral; entrar a la parte desde
luego con lo que entrujasen los hermanos mayores, como uno dellos, y
otras cosas que ellos tuvieron por merced sealadsima, y los dems, con
palabras muy comedidas, las agradecieron mucho.

Estando en esto, entr un muchacho corriendo y desalentado, y dijo:

--El alguacil de los vagabundos viene encaminado a esta casa; pero no
trae consigo gurullada.

--Nadie se alborote--dijo Monipodio--; que es amigo y nunca viene por
nuestro dao. Sosiguense; que yo le saldr a hablar.

Todos se sosegaron, que ya estaban algo sobresaltados, y Monipodio sali
a la puerta, donde hall al alguacil, con el cual estuvo hablando un
rato, y luego volvi a entrar Monipodio, y pregunt:

--A quin le cupo hoy la plaza de San Salvador?

--A m--dijo el de la gua.

--Pues cmo--dijo Monipodio--no se me ha manifestado una bolsilla de
mbar que esta maana en aquel paraje dio al traste con quince escudos
de oro y dos reales de a dos y no s cuntos cuartos?

--Verdad es--dijo la gua--que hoy falt esa bolsa; pero yo no la he
tomado, ni puedo imaginar quin la tomase.

--No hay levas conmigo!--replic Monipodio--. La bolsa ha de parecer,
porque la pide el alguacil, que es amigo y nos hace mil placeres al ao!

Torn a jurar el mozo que no saba della. Comenzse a encolerizar
Monipodio, de manera, que pareca que fuego vivo lanzaba por los ojos,
diciendo:

--Nadie se burle con quebrantar la ms mnima cosa de nuestra orden;
que le costar la vida! Manifistese la cica; y si se encubre por no
pagar los derechos, yo le dar enteramente lo que le toca, y pondr lo
dems de mi casa, porque en todas maneras ha de ir contento el alguacil.

Torn de nuevo a jurar el mozo, y a maldecirse, diciendo que l no haba
tomado tal bolsa, ni vstola de sus ojos; todo lo cual fue poner ms
fuego a la clera de Monipodio, y dar ocasin a que toda la junta se
alborotase, viendo que se rompan sus estatutos y buenas ordenanzas.

Viendo Rinconete, pues, tanta disensin y alboroto, parecile que sera
bien sosegalle y dar contento a su mayor, que reventaba de rabia; y
aconsejndose con su amigo Cortadillo, con parecer de entrambos, sac la
bolsa del sacristn, y dijo:

--Cese toda cuestin, mis seores; que sta es la bolsa, sin faltarle
nada de lo que el alguacil manifiesta; que hoy mi camarada Cortadillo le
dio alcance, con un pauelo que al mismo dueo se le quit, por
aadidura.

Luego sac Cortadillo el paizuelo y lo puso de manifiesto; viendo lo
cual Monipodio, dijo:

--Cortadillo el Bueno (que con este ttulo y renombre ha de quedar de
aqu adelante) se quede con el pauelo, y a mi cuenta se quede la
satisfacin deste servicio; y la bolsa se ha de llevar el alguacil; que
es de un sacristn pariente suyo, y conviene que se cumpla aquel refrn
que dice: "No es mucho que a quien te da la gallina entera t des una
pierna della." Ms disimula este buen alguacil en un da que nosotros le
podemos ni solemos dar en ciento.

De comn consentimiento aprobaron todos la hidalgua de los dos
modernos, y la sentencia y parecer de su mayoral, el cual sali a dar la
bolsa al alguacil, y Cortadillo se qued confirmado con el renombre de
_Bueno_, bien como si fuera don Alonso Prez de Guzmn el Bueno, que
arroj el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su nico
hijo.

Al volver que volvi Monipodio, entraron con l dos mozas; y as como
entraron se fueron con los brazos abiertos, la una a Chiquiznaque y la
otra a Maniferro, que stos eran los nombres de los dos bravos; y el de
Maniferro era porque traa una mano de hierro, en lugar de otra que le
haban cortado por justicia. Ellos las abrazaron con grande regocijo, y
les preguntaron si traan algo con que mojar la canal maestra.

[Ilustracin: "Torn de nuevo a jurar el mozo, y a maldecirse, diciendo
que l no haba tomado tal bolsa...."]

--Pues haba de faltar, diestro mo?--respondi la una, que se llamaba
la Gananciosa--. No tardar mucho a venir Silbatillo tu trainel, con la
canasta de colar atestada de lo que Dios ha sido servido.

Y as fue verdad, porque al instante entr un muchacho con una canasta
de colar cubierta con una sbana.

Alegrronse todos con la entrada de Silbato, y al momento mand sacar
Monipodio una de las esteras de enea que estaban en el aposento, y
tenderla en medio del patio. Y orden asimismo que todos se sentasen a
la redonda; porque en cortando la clera, se tratara de lo que ms
conviniese. A esto dijo la vieja que haba rezado a la imagen:

--Hijo Monipodio, yo no estoy para fiestas, porque tengo un vaguido de
cabeza dos das ha, que me trae loca; y ms, que antes que sea medio da
tengo de ir a cumplir mis devociones y poner mis candelicas a Nuestra
Seora de las Aguas y al santo Crucifijo de Santo Agustn, que no lo
dejara de hacer si nevase y ventiscase. A lo que he venido es que
anoche el Renegado y Centopis llevaron a mi casa una canasta de colar,
algo mayor que la presente, llena de ropa blanca, y en Dios y en mi
nima que vena con su cernada y todo, que los pobretes no debieron de
tener lugar de quitalla, y venan sudando la gota tan gorda, que era una
compasin verlos entrar ijadeando y corriendo agua de sus rostros, que
parecan unos anglicos. Dijronme que iban en seguimiento de un
ganadero que haba pesado ciertos carneros en la Carnicera, por ver si
le podan dar un tiento en un grandsimo gato de reales que llevaba. No
desembanastaron ni contaron la ropa, fiados en la entereza de mi
conciencia; y as me cumpla Dios mis buenos deseos y nos libre a todos
de poder de justicia, que no he tocado a la canasta.

--Todo se le cree, seora madre--respondi Monipodio--, y estse as la
canasta; que yo ir all a boca de sorna, y har cala y cata de lo que
tiene, y dar a cada uno lo que le tocare, bien y fielmente, como tengo
de costumbre.

--Sea como vos lo ordenredes, hijo--respondi la vieja--; y porque se
me hace tarde, dadme un traguillo, si tenis, para consolar este
estmago, que tan desmayado anda de continuo.

--Y qu tal lo beberis, madre ma!--dijo a esta sazn la Escalanta,
que as se llamaba la compaera de la Gananciosa.

Y descubriendo la canasta, se manifest una bota a modo de cuero, con
hasta dos arrobas de vino, y un corcho que podra caber sosegadamente y
sin apremio hasta una azumbre; y llenndole la Escalanta, se le puso en
las manos a la devotsima vieja, la cual, tomndole con ambas manos, y
habindole soplado un poco de espuma, dijo:

--Mucho echaste, hija Escalanta; pero Dios dar fuerzas para todo.

Y aplicndosele a los labios, de un tirn, sin tomar aliento, lo
traseg del corcho al estmago, y acab diciendo:

--De Guadalcanal es, y aun tiene un es no es de yeso el seorico. Dios
te consuele, hija, que as me has consolado; sino que temo que me ha de
hacer mal, porque no me he desayunado.

--No har, madre--respondi Monipodio--, porque es trasaejo.

--As lo espero yo en la Virgen--respondi la vieja.

Y aadi:

--Mirad, nias, si tenis acaso algn cuarto para comprar las candelicas
de mi devocin, porque con la priesa y gana que tena de venir a traer
las nuevas de la canasta, se me olvid en casa la escarcela.

--Yo s tengo, seora Pipota--(que ste era el nombre de la buena
vieja), respondi la Gananciosa--: tome: ah le doy dos cuartos; del uno
le ruego que compre una para m, y se la ponga al seor San Miguel; y si
puede comprar dos, ponga la otra al seor San Blas, que son mis
abogados. Quisiera qu pusiera otra a la seora Santa Luca, que, por lo
de los ojos, tambin le tengo devocin; pero no tengo trocado; mas otro
da habr donde se cumpla con todos.

-Muy bien hars, hija, y mira no seas miserable; que es de mucha
importancia llevar la persona las candelas delante de s antes que se
muera, y no aguardar a que las pongan los herederos o albaceas.

--Bien dice la madre Pipota--dijo la Escalanta.

Y echando mano a la bolsa, le di otro cuarto, y le encarg que pusiese
otras dos candelicas a los santos que a ella le pareciesen que eran de
los ms aprovechados y agradecidos. Con esto, se fue la Pipota,
dicindoles:

--Holgaos, hijos, ahora que tenis tiempo: que vendr la vejez y
lloraris en ella los ratos que perdistes en la mocedad, como yo los
lloro; y encomendadme a Dios en vuestras oraciones; que yo voy a hacer
lo mismo por m y por vosotros, porque El nos libre y conserve en
nuestro trato peligroso sin sobresaltos de justicia.

Y con esto se fu.

Ida la vieja, se sentaron todos alrededor de la estera, y la Gananciosa
tendi la sbana por manteles; y lo primero que sac de la cesta fu un
grande haz de rbanos y hasta dos docenas de naranjas y limones, y luego
una cazuela grande llena de tajadas de bacallao frito; manifest luego
medio queso de Flandes, y una olla de famosas aceitunas, y un plato de
camarones, y gran cantidad de cangrejos, con su llamativo de
alcaparrones ahogados en pimientos, y tres hogazas blanqusimas de
Gandul. Seran los del almuerzo hasta catorce, y ninguno dellos dej de
sacar su cuchillo de cachas amarillas, si no fue Rinconete, que sac su
media espada. A los dos viejos de bayeta y a la gua toc el escanciar
con el corcho de colmena.

En poco espacio vieron el fondo de la canasta y las heces del cuero. Los
viejos bebieron _sine fine_; los mozos, adunia; las seoras, los
quiries. Los viejos pidieron licencia para irse; disela luego
Monipodio, encargndoles viniesen a dar noticia con toda puntualidad de
todo aquello que viesen ser til y conveniente a la comunidad.
Respondieron que ellos se lo tenan bien en cuidado, y furonse.
Rinconete, que de suyo era curioso, pidiendo primero perdn y licencia,
pregunt a Monipodio que de qu servan en la cofrada dos personajes
tan canos, tan graves y apersonados. A lo cual respondi Monipodio que
aqullos, en su germana y manera de hablar se llamaban _abispones_, y
que servan de andar de da por toda, la ciudad, abispando en qu casas
se poda dar tiento de noche, y en seguir los que sacaban dinero de la
Contratacin, o Casa de la Moneda, para ver dnde lo llevaban, y aun
dnde lo ponian; y, en sabindolo, tanteaban la groseza del muro de la
tal casa, y diseaban el lugar ms conveniente para hacer los guzptaros
(que son agujeros) para facilitar la entrada. En resolucin, dijo que
era la gente de ms o de tanto provecho que haba en su hermandad, y que
de todo aquello que por su industria se hurtaba llevaban el quinto, como
su Majestad de los tesoros; y que, con todo esto, eran hombres de mucha
verdad, y muy honrados, y de buena vida y fama, temerosos de Dios y de
sus conciencias, que cada da oan misa con extraa devocin....

--Y hay dellos tan comedidos, especialmente estos dos qu de aqu se van
agora, que se contentan con mucho menos de lo que por nuestros aranceles
les toca. Otros dos que hay son palanquines; los cuales, como por
momentos mudan casas, saben las entradas y salidas de todas las de la
ciudad, y cules pueden ser de provecho, y cules no.

--Todo me parece de perlas--dijo Rinconete---, y querra ser de algn
provecho a tan famosa cofrada.

--Siempre favorece el cielo a los buenos deseos--dijo Monipodio---.
Todos se vayan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo, que nos
juntaremos en este mismo lugar y se repartir todo lo que hubiere cado,
sin agraviar a nadie. A Rinconete el Bueno y a Cortadillo se les da por
distrito hasta el domingo desde la Torre del Oro, por defuera de la
ciudad, hasta el postigo del Alczar, donde se puede trabajar a
sentadillas con sus flores; que yo he visto a otros de menos habilidad
que ellos salir cada da con ms de veinte reales en menudos, amn de la
plata, con una baraja sola, y sa, con cuatro naipes menos. Este
distrito os ensear Ganchoso; y aunque os extendis hasta San Sebastin
y San Telmo, importa poco, puesto que es justicia mera mixta que nadie
se entre en pertenencia de nadie.

Besronle la mano los dos por la merced que se les haca, y
ofrecironse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y
recato.

Sac en esto Monipodio un papel doblado de la capilla de la capa, donde
estaba la lista de los cofrades, y dijo a Rinconete que pusiese all su
nombre y el de Cortadillo; mas porque no haba tintero, le di el papel
para que lo llevase, y en el primer boticario los escribiese, poniendo:
"Rinconete y Cortadillo, cofrades; noviciado, ninguno; Rinconete,
floreo; Cortadillo, bajn", y el da, mes y ao, callando padres y
patria. Estando en esto, entr uno de los viejos abispones, y dijo:

--Vengo a decir a vuesas mercedes cmo agora top en Gradas a Lbulo el
de Mlaga, y dceme que viene mejorado en su arte, de tal manera, que
con naipe limpio quitar el dinero al mismo Satans; y que por venir
maltratado no viene luego a registrarse y a dar la slita obediencia;
pero que el domingo ser aqu sin falta.

--Siempre se me asent a m--dijo Monipodio--que este Lbulo haba de
ser nico en su arte, porque tiene las mejores y ms acomodadas manos
para ello que se pueden desear; que para ser uno buen oficial en su
oficio, tanto ha menester los buenos instrumentos con que le ejercita
como el ingenio con que le aprende.

--Tambin top--dijo el viejo--, en una casa de posadas, en la calle de
Tintores, al Judo, en hbito de clrigo, que se ha ido a posar all,
por tener noticia que dos peruleros viven en la misma casa, y querra
ver si pudiese trabar juego con ellos, aunque fuese de poca cantidad;
que de all podra venir a mucha. Dice tambin que el domingo no faltar
de la junta, y dar cuenta de su persona.

--Ese Judo tambin--dijo Monipodio--es gran sacre y tiene gran
conocimiento. Das ha que no le he visto, y no lo hace bien. Pues a fe
que si no se enmienda, que yo le deshaga la corona; que no tiene ms
rdenes el ladrn que las tiene el Turco, ni sabe ms latn que mi
madre. Hay ms de nuevo?

--No--dijo el viejo--; a lo menos, que yo sepa.

--Pues sea en buen hora--dijo Monipodio--. Voacedes tomen esta
miseria--y reparti entre todos hasta cuarenta reales, y el domingo no
falte nadie; que no faltar nada de lo corrido.

Todos le volvieron las gracias; tornronse a abrazar la Escalanta con
Maniferro y la Gananciosa con Chiquiznaque, concertando que aquella
noche se viesen en la de la Pipota, donde tambin dijo que ira
Monipodio, al registro de la canasta de colar. Abraz a Rinconete y a
Cortadillo, y echndolos su bendicin, los despidi, encargndoles que
no tuviesen jams posada cierta ni de asiento, porque as convena a la
salud de todos. Acompalos Ganchoso hasta ensearles sus puestos,
acordndoles que no faltasen el domingo, porque, a lo que crea y
pensaba, Monipodio haba de leer una licin de posicin acerca de las
cosas concernientes a su arte. Con esto se fu, dejando a los dos
compaeros admirados de lo que haban visto.

Era Rinconete, aunque muchacho, de muy buen entendimiento, y tena un
buen natural; y como haba andado con su padre en el ejercicio de las
bulas, saba algo de buen lenguaje, y dbale gran risa pensar en los
vocablos que haba odo a Monipodio y a los dems de su compaa y
bendita comunidad, y ms cuando por decir _per modum sufragii_, haba
dicho _por modo de naufragio_; y que _sacaban el estupendo_, por decir
_estipendio_, de lo que se garbeaba, con otras mil impertinencias a
stas y a otras peores semejantes y, sobre todo, le admiraba la
seguridad que tenan, y la confianza, de irse al cielo con no faltar a
sus devociones, estando tan llenos de hurtos, y de homicidios, y de
ofensas de Dios. Y rease de la otra buena vieja de la Pipota, que
dejaba la canasta de colar, hurtada, guardada en su casa, y se iba a
poner las candelillas de cera a las imgenes, y con ello pensaba irse al
cielo calzada y vestida. No menos le suspenda la obediencia y respeto
que todos tenan a Monipodio, siendo un hombre brbaro, rstico y
desalmado. Consideraba los ejercicios en que todos se ocupaban;
finalmente, exageraba cun descuidada justicia haba en aquella tan
famosa ciudad de Sevilla, pues casi al descubierto viva en ella gente
tan perniciosa y tan contraria a la misma naturaleza, y propuso en s de
aconsejar a su compaero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y
tan mala, tan inquieta, y tan libre y disoluta. Pero, con todo esto,
llevado de sus pocos aos y de su poca experiencia, pas con ella
adelante algunos meses, en los cuales le sucedieron cosas que piden ms
luenga escritura, y as, se deja para otra ocasin contar su vida y
milagros, con los de su maestro Monipodio, y otros sucesos de aqullos
de la infame academia, que todos sern de grande consideracin, y que
podrn servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren.

[Ilustracin:]




DON FRANCISCO DE QUEVEDO

HISTORIA DE

LA VIDA DEL BUSCN

LLAMADO DON PABLOS, EJEMPLO DE VAGAMUNDOS Y ESPEJO DE TACAOS


Yo, seor, soy de Segovia; mi padre se llam Clemente Pablo, natural del
mismo pueblo, Dios le tenga en el cielo. Fu, tal como todos dicen, de
oficio barbero; aunque eran tan altos sus pensamientos, que se corra le
llamasen as, diciendo que l era tundidor de mejillas y sastre de
barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y, segn l beba, es cosa para
creer. Estuvo casado con Aldonza Saturno de Rebollo, hija d Octavio de
Rebollo Codillo, y nieta de Lpido Ziuraconte.

Sospechbase en el pueblo que no era cristiana vieja, aunque ella, por
los nombres de sus pasados, esforzaba que descenda de los del
triunvirato romano. Tuvo muy buen parecer, y fu tan celebrada, que en
el tiempo que ella vivi, todos los copleros de Espaa hacan cosas
sobre ella. Padeci grandes trabajos recin casada, y aun despus,
porque malas lenguas daban en decir que mi padre meta el dos de bastos
por sacar el as de oros. Probsele que, a todos los que haca la barba a
navaja, mientras les daba con el agua, levantndoles la cara para el
lavatorio, un mi hermano de siete aos les sacaba, muy a su salvo, los
tutanos de las faltriqueras. Muri el angelico de unos azotes que le
dieron en la crcel. Sintilo mucho mi padre, por ser tal, que robaba a
todos las voluntades.

Por estas y otras nieras estuvo preso; aunque, segn a m me han dicho
despus, sali de la crcel con tanta honra, que le acompaaron
docientos cardenales, sino que a ninguno llamaban seora. Las damas diz
que salan por verle a las ventanas, que siempre pareci bien mi padre,
a pie y a caballo. No lo digo por vanagloria, que bien saben todos cun
ajeno soy de ella.

[Ilustracin: "...un mi hermano de siete aos les sacaba, muy a su
salvo, los tutanos de las faltriqueras!"]

Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quin haba de imitar
en el oficio; mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde
chiquito, nunca me apliqu ni a uno ni a otro. Decame mi padre: "Hijo,
esto de ser ladrn no es arte mecnica, sino liberal. Quien no hurta en
el mundo, no vive. Muchas veces me hubieran llevado en el asno si
hubiera cantado en el potro. Nunca confes sino cuando lo manda la santa
madre Iglesia; y as, con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre
lo ms honradamente que he podido," "Cmo me habis sustentado?--dijo
ella con gran clera, que le pesaba que yo no me aplicase a bruja---; yo
he sustentado a vos y sacdoos de las crceles con industria, y
mantenido en ellas con dinero. Si no confesbades, era por vuestro
nimo o por las bebidas que os daba? Gracias a mis botes. Y si no
temiera que me haban de or en la calle, yo dijera lo de cuando entr
por la chimenea y os saqu por el tejado." Ms dijera, segn se haba
encolerizado, si con los golpes que daba no se le desensartara un
rosario de muelas de difuntos que tena. Metidos en paz, yo les dije que
quera aprender virtud resueltamente, e ir con mis buenos pensamientos
adelante, y as que me pusiesen a la escuela; pues sin leer ni escribir
no se poda hacer nada. Pareciles bien lo que yo deca, aunque lo
grueron un rato entre los dos. Mi madre torn a ocuparse en ensartar
las muelas, y mi padre fue a rapar a uno--as lo dijo l---, no s si la
barba o la bolsa; yo me qued solo, dando gracias a Dios que me hizo
hijo de padres tan hbiles y celosos de mi bien.

A otro da ya estaba comprada cartilla y hablado al maestro. Fu, seor,
a la escuela; recibime muy alegre, diciendo que tena cara de hombre
agudo y de buen entendimiento. Yo con esto, por no desmentirle, di muy
bien la leccin aquella maana. Sentbame el maestro junto a s; ganaba
la palmatoria los ms das por venir antes, e bame el postrero por
hacer algunos recaudos de "seora", que as llambamos a la mujer del
maestro. Tenialos a todos, con semejantes caricias, obligados.
Favorecironme demasiado, y con esto creci la envidia entre los dems
nios.

Llegbame de todos a los hijos de caballeros, y particularmente a un
hijo de don Alonso Coronel de Ziga, con el cual juntaba meriendas.
Ibame a su casa los das de fiesta, y acompabale cada da. Los otros,
o que porque no les hablaba, o que porque les pareca demasiado punto el
mo, siempre andaban ponindome nombres tocantes al oficio de mi padre.
Unos me llamaban don Navaja, otros me llamaban don Ventosa; cul deca,
por disculpar la envidia, que a mi padre le haban llevado a su casa
para que la limpiase de ratones, por llamarle gato; otros me decan
_zape_ cuando pasaba, y otros, _miz_. Al fin, con todo cuanto andaban
royndome los zancajos, nunca me faltaron, gloria a Dios; y aunque yo me
corra, disimulbalo.

Todo lo sufra, hasta que un da un muchacha se atrevi a decirme a
voces hijo de una hechicera; lo cual, como lo dijo tan claro, que an si
lo dijera turbio no me pesara, agarr una piedra, y descalabrle. Fume
a mi madre corriendo, que me escondiese, y contla el caso todo. A lo
cual me dijo: "Muy bien hiciste; bien muestras quin eres; slo
anduviste errado en no preguntarle quin se lo dijo." Cuando yo o
esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvme a ella, y dije: "Ah
madre!, psame slo de que algunos de los que all se hallaron me
dijeron que no tena que ofenderme por ello, y no les pregunt si era
por la poca edad del que lo haba dicho." Y dijo: "Ah, noramaza! Muy
bien hiciste en quebrarle la cabeza; que esas cosas, aunque sean verdad,
no se han de decir." Yo con esto qued como muerto, determinado de coger
lo que pudiese en breves das, y salirme de casa mi padre: tanto pudo
conmigo la vergenza. Disimul; fu mi padre, cur al muchacho,
apacigulo y volvime a la escuela, adonde el maestro me recibi con
ira; hasta que oyendo la causa de la ria, se le aplac el enojo,
considerando la razn que haba tenido.

En todo esto, siempre me visitaba el hijo de don Alonso de Ziga, que
se llamaba don Diego, porque me quera bien naturalmente; que yo trocaba
con l los peones, si eran mejores los mos; dbale de lo que almorzaba,
y no le peda de lo que l coma; comprbale estampas, ensebale a
luchar, jugaba con l al toro y entretenale siempre. As que, los ms
das, sus padres del caballerito, viendo cunto le regocijaba mi
compaa, rogaban a los mos que me dejasen con l a comer, cenar y aun
dormir los ms das. Sucedi, pues, uno de los primeros que hubo escuela
por Navidad, que viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio
de Aguirre, el cual tena fama de confeso, que el don Dieguito me dijo:
"Hola, llmale Poncio Pilato, y he a correr." Yo, por darle gusto a mi
amigo, llmele Poncio Pilato. Corrise tanto el hombre, que dio a correr
tras m con un cuchillo desnudo para matarme; de suerte que fue forzoso
meterme huyendo en casa de mi maestro, dando gritos. Entr el hombre
tras m, y defendime el maestro, asegurando que no me matase,
asegurndole de castigarme. Y as luego, aunque la seora le rog por
m, movida de lo que la serva, no aprovech: mandme desatacar, y
azotndome, deca tras cada azote: "Diris ms Poncio Pilato?" Yo
responda: "No, seor"; y respondlo dos veces a otros tantos azotes que
me dio. Qued tan escarmentado de decir Poncio Pilato, y con tal miedo
que, mandndome el da siguiente decir, como sola, las oraciones a los
otros, llegando al Credo--advierta vuestra merced la inocente
malicia---, al tiempo de decir: "Padeci so el poder de Poncio Pilato",
acordndome que no haba de decir ms Pilato, dije: "Padeci so el poder
de Poncio de Aguirre." Dile al maestro tanta risa de or mi simplicidad
y de ver el miedo que le haba tenido, que me abraz y me dio una firma
en que me perdonaba de azotes las dos primeras veces que los mereciese.
Con esto fu yo muy contento.

[Ilustracin: "Yo, viendo que era batalla nabal, y que no se haba de
hacer a caballo, quise apearme...."]

Lleg, por no enfadar, el tiempo de las Carnestolendas, y trazando el
maestro de que se holgasen sus muchachos, orden que hubiese rey de
gallos. Echamos suerte entre doce sealados por l, y cpome a m.
Avis a mis padres que me buscasen galas. Lleg el da, y sal en un
caballo tico y mustio; el cual, ms de manco que de bien criado, iba
haciendo reverencias. Las ancas eran de mona, muy sin cola; el pescuezo,
de camello y ms largo; la cara no tena sino un ojo, aunque overo.
Echbansele de ver las penitencias, ayunos y fulleras del que le tena
a cargo en el ganarle la racin. Yendo, pues, en l dando vuelcos a un
lado y otro, como fariseo en paso, y los dems nios todos aderezados
tras m, pasamos por la plaza--an de acordarme tengo miedo--y llegando
cerca de las mesas de las verdureras--Dios nos libre--agarr mi caballo
un repollo a una, y ni fu visto ni odo cuando lo despach a las
tripas, a las cuales, como iba rodando por el gaznate, no lleg en mucho
tiempo. La bercera, que siempre son desvergonzadas, empez a dar voces.
Llegronse otras, y con ellas pcaros; y alzando zanahorias garrofales,
nabos frisones, berengenas y otras legumbres, empiezan a dar tras el
pobre rey. Yo, viendo que era batalla nabal, y que no se haba de hacer
a caballo, quise apearme; mas tal golpe me le dieron al caballo en la
cara, que yendo a empinarse, cay conmigo. Ya mis muchachos se haban
armado de piedras, y daban tras las verdureras, y descalabraron dos.
Vino la justicia, prendi a berceras y muchachos, mirando a todos qu
armas tenan y quitndoselas, porque haban sacado algunos dagas de las
que traan por gala y, otros espadas pequeas. Unos se fueron por una
parte y otros por otra, y yo me vine a mi casa desde la plaza. Entr en
ella, cont a mis padres el suceso, y me quisieron maltratar. Yo echaba
la culpa a las dos leguas de rocn exprimido que me dieron. Procuraba
satisfacerlos, y viendo que no bastaba, salme de su casa y fume a ver
a mi amigo don Diego, al cual hall en la suya descalabrado y a sus
padres resueltos por ello de no le enviar ms a la escuela. All tuve
nuevas de cmo mi rocn, vindose en aprieto, se esforz a tirar dos
coces, y de puro flaco se desgajaron las ancas y se qued en el lodo
bien cerca de acabar. Vindome, pues, con una fiesta revuelta, un pueblo
escandalizado, los padres corridos, mi amigo descalabrado y el caballo
muerto, determin de no volver ms a la escuela ni a casa de mis padres,
sino de quedarme a servir a don Diego, o por decir mejor, en su
compaa, y esto con gran gusto de sus padres, por el que daba mi
amistad al nio. Escrib a mi casa que yo no haba menester ir ms a la
escuela, porque, aunque no saba bien escribir, para mi intento de ser
caballero lo que se requera era escribir mal; y as, desde luego
renunciaba la escuela por no darles gasto y su casa para ahorrarlos de
pesadumbre. Avis de dnde y cmo quedaba y que hasta que me diesen
licencia no los vera.

Determin, pues, don Alonso de poner a su hijo en pupilaje: lo uno por
apartarle de su regalo y lo otro por ahorrar de cuidado. Supo que haba
en Segovia un licenciado Cabra que tena por oficio de criar hijos de
caballeros, y envi all el suyo, y a m para que le acompaase y
sirviese. Entramos primer domingo despus de Cuaresma en poder de la
hambre viva, porque tal laceria no admite encarecimiento. El era un
clrigo cerbatana, largo slo en el talle, una cabeza pequea, pelo
bermejo. No hay ms que decir para quien sabe el refrn que dice, ni
gato ni perro de aquella color. Los ojos avecindados en el cogote, que
pareca que miraba por cuvanos; tan hundidos y oscuros, que era buen
sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz, entre Roma y
Francia; las barbas, descoloridas de miedo de la boca vecina, que, de
pura hambre, pareca que amenazaba a comrselas; los dientes, le
faltaban no s cuntos, y pienso que por holgazanos y vagamundos se los
haban desterrado; el gaznate, largo como avestruz, con una nuez tan
salida, que pareca se iba a buscar de comer, forzada de la necesidad;
los brazos, secos; las manos, como un manojo de sarmientos cada una.
Mirado de medio abajo, pareca tenedor, o comps con dos piernas largas
y flacas; su andar, muy despacio; si se descompona algo, se sonaban los
huesos como tablillas de San Lzaro; la habla, tica; la barba, grande,
por nunca se la cortar por no gastar; y l deca que era tanto el asco
que le daba ver las manos del barbero por su cara, que antes se dejara
matar que tal permitiese; cortbale los cabellos un muchacho de los
otros. Traa un bonete los das de sol, ratonado, con mil gateras y
guarniciones de grasa; era de cosa que fu pao, con los fondos de
caspa. La sotana, segn decan algunos, era milagrosa, porque no se
saba de qu color era. Unos, vindola tan sin pelo, la tenan por de
cuero de rana; otros, decan que era ilusin; desde cerca pareca negra
y desde lejos, entre azul; llevbala sin ceidor; no traa cuello ni
puos; pareca, con los cabellos largos y la sotana msera y corta,
lacayuelo de la muerte. Cada zapato poda ser tumba de un filisteo.
Pues su aposento? Aun araas no haba en l; conjuraba los ratones, de
miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba; la cama tena en
el suelo, y dorma siempre de un lado, por no gastar las sbanas; al
fin, era archipobre y protomiseria.

A poder, pues, de ste vine, y en su poder estuve con don Diego; y la
noche que llegamos nos seal nuestro aposento, y nos hizo una pltica
corta, que, por no gastar tiempo, no dur ms. Djonos lo que habamos
de hacer; estuvimos ocupados en esto hasta la hora del comer; fuimos
all; coman los amos primero, y servamos los criados. El refitorio era
un aposento como un medio celemn; sustentbanse a una mesa hasta cinco
caballeros. Yo mir lo primero por los gatos, y como no los vi, pregunt
que cmo no los haba a un criado antiguo; el cual, de flaco, estaba ya
con la marca del pupilaje. Comenz a enternecerse, y dijo: "Cmo gatos?
Pues quin os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y
penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo." Yo con esto
me comenc a afligir, y ms me asust cuando advert que todos los que
de antes vivan en el pupilaje estaban como leznas, con unas caras que
parecan se afeitaban con diaquiln. Sentse el licenciado Cabra, y ech
la bendicin; comieron una comida eterna, sin principio ni fin; trajeron
caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una de ellas
peligraba Narciso ms que en la fuente. Not con la ansia que los
macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo hurfano y solo que
estaba en el suelo. Deca Cabra a cada sorbo: "Cierto que no hay tal
cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo dems es vicio y gula."
Acabando de decirlo echse su escudilla a pechos, diciendo: "Todo esto
es salud y otro tanto ingenio." "Mal ingenio te acabe!"--deca yo entre
m, cuando vi un mozo medio espritu y tan flaco, con un plato de carne
en las manos, que pareca la haba quitado de s mismo. Vena un nabo
aventurero a vueltas, y dijo el maestro: "Nabos hay? No hay para m
perdiz que se le iguale; coman, que me huelgo de verlos comer." Reparti
a cada uno tan poco carnero, que en lo que se les peg a las uas y se
les qued entre los dientes pienso que se consumi todo, dejando
descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba, y deca:
"Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas." Mire
vuestra merced qu buen alio para los que bostezaban de hambre.

Acabaron de comer, y quedaron unos mendrugos en la mesa y en el plato
unos pellejos y unos huesos, y dijo el pupilero: "Quede esto para los
criados, que tambin han de comer; no lo queramos todo." "Mal te haga
Dios y lo que has comido, lacerado--deca yo--, que tal amenaza has
hecho a mis tripas!" Ech la bendicin, y dijo: "Ea, demos lugar a los
criados, y vyanse hasta las dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo
que han comido." Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la
boca. Enojse mucho, y djome que aprendiese modestia, y tres o cuatro
sentencias viejas; y fuse. Sentmonos nosotros, y yo, que vi el negocio
mal parado, y que mis tripas pedan justicia, como ms sano y ms fuerte
que los otros, arremet al plato, como arremetieron todos, y emboqume
de tres mendrugos los dos y el un pellejo. Comenzaron los otros a
gruir; al ruido entr Cabra diciendo: "Coman como hermanos, pues Dios
les da con qu; no rian, que para todos hay." Volvise al sol, y
dejnos solos. Certifico a vuestra merced que haba uno de ellos que se
llamaba Surre, vizcano, tan olvidado ya de cmo y por dnde se coma,
que una cortecilla que le cupo la llev dos veces a los ojos, y entre
tres no la acertaba a encaminar de las manos a la boca. Y ped yo de
beber, que los otros por estar casi ayunos no lo hacan, y dironme un
vaso con agua; y no le hube bien llegado a la boca, cuando, como si
fuera lavatorio de comunin, me le quit el mozo espiritado que dije.
Levantme con grande dolor de mi nima, viendo que estaba en casa donde
se brindaba a las tripas y no hacan la razn.

Entretuvmonos hasta la noche. Decame don Diego que qu hara l para
persuadir a las tripas que haban comido, porque no lo queran creer.
Andaban vaguidos en aquella casa, como en otras ahitos. Lleg la hora
del cenar--passe la merienda en blanco--; cenamos mucho menos, y no
carnero, sino un poco del nombre del maestro, cabra asada. Mire vuestra
merced si inventara el diablo tal cosa. "Es cosa muy saludable y
provechosa--deca--cenar poco para tener el estmago desocupado", y
citaba una retahila de mdicos infernales. Deca alabanzas de la dieta,
y que ahorraba un hombre sueos pesados, sabiendo que en su casa no se
poda soar otra cosa sino que coman. Cenaron, y cenamos todos, y no
cen ninguno. Fumonos a acostar y en toda la noche yo ni don Diego
pudimos dormir; l trazando de quejarse a su padre y pedir que le sacase
de all, y yo aconsejndole que lo hiciese, aunque ltimamente le dije:
"Seor, sabis de cierto si estamos vivos? Porque yo imagino que en la
pendencia de las berceras nos mataron, y que somos nimas que estamos en
el purgatorio; y as, es por dems decir que nos saque vuestro padre si
alguno no nos reza en alguna cuenta de perdones, y nos saca de penas
con alguna misa en altar privilegiado."

Entre estas plticas y un poco que dormimos se lleg la hora del
levantar; dieron las seis y llam Cabra a leccin; fuimos y omosla
todos. Ya mis espaldas e ijadas nadaban en el jubn, y las piernas daban
lugar a otras siete calzas; los dientes sacaba con tobas, amarillos,
vestidos de desesperacin. Mandronme leer el primer nominativo a los
otros, y era de manera mi hambre, que me desayun con la mitad de las
razones, comindomelas. Y todo esto creer quien supiere lo que me cont
el mozo de Cabra, diciendo que l haba visto meter en casa, recin
venido, dos frisones y que a dos das salieron caballos ligeros, que
volaban por los aires; y que vi meter mastines pesados, y a tres horas
salir galgos corredores; y que una cuaresma top muchos hombres, unos
metiendo los pies, otros las manos, otros todo el cuerpo, en el portal
de su casa, esto por muy gran rato, y mucha gente que venia a solo
aquello de fuera; y preguntando un da que qu sera, porque Cabra se
enoj de que se lo preguntase, respondi que los unos tenan sarna y los
otros sabaones, y que en metindolos en aquella casa moran de hambre,
de manera que no coman de all adelante. Certificme que era verdad.
Yo, que conoc la casa, lo creo; dgolo porque no parezca encarecimiento
lo que dije. Y volviendo a la leccin, dila, y decormosla. Y prosegu
siempre en aquel modo de vivir que he contado.

Slo aadi a la comida tocino en la olla, por no s qu que le dijeron
un da de hidalgua all fuera. Y as, tena una caja de hierro, toda
agujerada como salvadera; abrala y meta un pedazo de tocino en ella,
que la llenase, y tornbala a cerrar y metala colgando de un cordel en
la olla para que la diese algn zumo por los agujeros, y quedase para
otro da el tocino. Parecile despus que en esto se gastaba mucho, y
di en slo asomar el tocino en la olla.

Qujamonos nosotros a don Alonso, y el Cabra le haca creer que lo
hacamos por no asistir al estudio. Con esto no nos valan plegarias.

Pasamos este trabajo hasta la cuaresma que vino, y a la entrada de ella
estuvo malo un compaero. Cabra, por no gastar, detuvo el llamar mdico
hasta que ya l peda confesin ms que otra cosa. Llam entonces un
platicante, el cual le tom el pulso y dijo que la hambre le haba
ganado por la mano el matar a aquel hombre. Dironle el Sacramento, y el
pobre cuando lo vio--que haba un da que no hablaba--, dijo: "Seor mo
Jesucristo, necesario ha sido el veros entrar en esta casa para
persuadirme que no es el infierno." Imprimironsele estas razones en el
corazn; muri el pobre mozo; enterrmosle muy pobremente, por ser
forastero, y quedamos todos asombrados. Divulgse por el pueblo el caso
atroz; lleg a odos de don Alonso Coronel, y como no tena otro hijo,
desengase de las crueldades de Cabra, y comenz a dar ms crdito a
las razones de dos sombras, que ya estbamos reducidos a tan miserable
estado. Vino a sacarnos del pupilaje, y tenindonos delante, nos
preguntaba por nosotros. Y tales nos vi, que sin aguardar a ms, trat
muy mal de palabras al licenciado Vigilia. Nos mand llevar en dos
sillas a casa; despedmonos de los compaeros, que nos seguan con los
deseos y con los ojos, haciendo las lstimas que hace el que queda en
Argel viendo venir rescatados sus compaeros.

Entramos en casa de don Alonso, y echronnos en dos camas con mucho
tiento, porque no se nos desparramasen los huesos de puro rodos del
hambre. Trujeron exploradores que nos buscasen los ojos por toda la
cara; y a m, como haba sido mi trabajo mayor y la hambre imperial--al
fin me trataban como a criado--, en buen rato no me los hallaron.
Trajeron mdicos, y mandaron que nos limpiasen con zorras el polvo de
las bocas, como a retablos, y bien lo ramos de duelos. Ordenaron que
nos dieran sustancias y pistos. Quin podr contar a la primera
almendrada y a la primera ave las luminarias que pusieron las tripas de
contento? Todo les haca novedad. Mandaron los doctores que por nueve
das no hablase nadie recio en nuestro aposento, porque, como estaban
huecos los estmagos, sonaba en ellos el eco de cualquier palabra. Con
estas y otras prevenciones comenzamos a volver y cobrar algn aliento;
pero nunca podan las quijadas desdoblarse, que estaban magras y
alforzadas; y as se di orden que cada da nos las ahormasen con la
mano de un almirez. Levantmonos a hacer pinicos dentro de cuarenta
das, y an parecamos sombras de otros hombres; y en lo amarillo y
flaco, simiente de los padres del yermo. Todo el da gastbamos en dar
gracias a Dios por habernos rescatado de la captividad del fiersimo
Cabra, y rogbamos al Seor que ningn cristiano cayese en sus manos
crueles. Si acaso comiendo alguna vez nos acordbamos de las mesas del
mal pupilero, se nos aumentaba el hambre tanto, que acrecentbamos la
costa aquel da. Solamos contar a don Alonso cmo al sentarse a la mesa
nos deca males de la gula, no habindola l conocido en su vida; y
rease mucho cuando le contbamos que en el mandamiento de _No matars_
meta perdices y capones y todas las cosas que no quera darnos, y, por
el consiguiente, la hambre, pues pareca que tena por pecado no slo el
matarla sino el herirla, segn regateaba el comer.

Pasronsenos tres meses en esto, y al cabo trat don Alonso de enviar a
su hijo a Alcal a estudiar lo que le faltaba de la gramtica. Djome a
m si quera ir, y yo, que no deseaba otra cosa sino salir de tierra
donde se oyese el nombre de aquel malvado perseguidor de estmagos,
ofrec de servir a su hijo como vera. Y con esto dile un criado para
mayordomo que le gobernase la casa y le tuviese cuenta del dinero del
gasto, que nos daba remitido en cdulas para un hombre que se llamaba
Julin Merluza. Pusimos el hato en el carro de un Diego Monje; era una
media camita y otra de cordeles con ruedas, para meterla debajo de la
otra ma y del mayordomo, que se llamaba Aranda; cinco colchones y ocho
sbanas, ocho almohadas, cuatro tapices, un cofre con ropa blanca y las
dems zarandajas de casa. Nosotros nos metimos en un coche, salimos a la
tardecita antes de anochecer una hora, y llegamos a la media noche a la
venta de Viveros.

Llegamos--por no enfadar--a la villa, y apemonos en un mesn.

Antes que anocheciese salimos del mesn a la casa que nos tenan
alquilada, que estaba fuera la puerta de Santiago, patio de estudiantes
donde hay muchos juntos, aunque sta tenamos entre tres moradores
diferentes no ms. Era el dueo y husped de los que creen en Dios por
cortesa o sobre falso; moriscos los llaman en el pueblo, que hay muy
grande cosecha desta gente y de la que tiene sobradas narices y slo les
faltan para oler tocino; digo esto, confesando la mucha nobleza que hay
entre la gente principal, que cierto es mucha. Recibime, pues, el
husped con peor cara que si yo fuera el Santsimo Sacramento; ni s si
lo hizo porque le comenzsemos a tener respeto, o por ser natural suyo
de ellos, que no es mucho tenga mala condicin quien no tiene buena ley.
Pusimos nuestro hato, acomodamos las camas y lo dems, y dormimos
aquella noche.

Amaneci, y helos aqu en camisa todos los estudiantes de la posada a
pedir la patente a mi amo. El, que no saba lo que era, preguntme que
qu queran. Y yo, entre tanto, por lo que poda suceder, me acomod
entre dos colchones, y sola tena la media cabeza fuera, que pareca
tortuga. Pidieron dos docenas de reales; dironselos, y con tanto
comenzaron una grita del diablo, diciendo: "Viva el compaero y sea
admitido en nuestra amistad; goce de las preeminencias de antiguo; pueda
tener sarna, andar manchado y padecer el hambre que todos." Y con
esto--mire vuestra merced qu privilegios!--volaron por la escalera, y
al momento nos vestimos nosotros y tomamos el camino para escuelas. A mi
amo apadrinronle unos colegiales conocidos de su padre, y entr en su
general; pero yo, que haba de entrar en otro diferente, fu solo.

"Haz como vieres", dce el refrn, y dice bien. De puro considerar en
l, vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos, y ms, si
pudiese, que todos. No s si sal con ello; pero yo aseguro a vuestra
merced que hice todas las diligencias posibles. Lo primero, yo puse
pena de la vida a todos los cochinos que se entrasen en casa y a los
pollos del ama que del corral pasasen a mi aposento. Sucedi que un da
entraron dos puercos, del mejor garbo que vi en mi vida; yo estaba
jugando con los otros criados, y olos gruir, y dije a uno: "Vaya y vea
quin grue en nuestra casa." Fu, y dijo que dos marranos. Yo, que lo
o, me enoj tanto, que sal all diciendo que era mucha bellaquera y
atrevimiento venir a gruir a casas ajenas; y diciendo esto, envasle a
cada uno--a puerta cerrada--la espada por los pechos, y luego los
acogotamos; y por que no se oyese el ruido que hacan, todos a la par
dbamos grandsimo gritos como que cantbamos, y as espiraron en
nuestras manos. Sacamos los vientres, recogimos la sangre, y a puros
jergones los medio chamuscamos en el corral; de suerte, que cuando
vinieron los amos, ya estaba hecho, aunque mal, si no eran los vientres,
que no estaban acabadas de hacer las morcillas; y no por falta de prisa,
que, en verdad, que por no detenernos las habamos dejado la mitad de lo
que ellas tenan dentro. Supo, pues, don Diego y el mayordomo el caso, y
enojronse conmigo de manera que obligaron a los huspedes--que de risa
no se podan valer--a volver por m. Preguntbame don Diego qu haba de
decir si me acusaban y me prenda la justicia. A lo cual respond yo que
me llamara a hambre, que es el sagrado de los estudiantes, y si no me
valiese dira: "Como se entraron sin llamar a la puerta, como en su
casa, entend que eran nuestros." Rironse todos de las disculpas. Dijo
don Diego: "A fe, Pablos, que os hacis a las armas." Era de notar ver a
mi amo tan quieto y religioso, y a m tan travieso, que el uno exageraba
al otro o la virtud o el vicio.

No caba el ama de contento porque ramos los dos al mohno; habamonos
conjurado contra la despensa. Yo era el despensero Judas, que desde
entonces hered no s qu amor a la sisa en este oficio. La carne no
guardaba en manos del ama la orden retrica, porque siempre iba de ms a
menos; y la vez que poda echar cabra u oveja, no echaba carnero; y si
haba huesos, no entraba cosa magra; y as, haca unas ollas tsicas, de
puro flacas; unos caldos, que, a estar cuajados, se podan hacer sartas
de cristal de [ellos]. Las dos Pascuas, por diferenciar, para que
estuviese gorda la olla, sola echar unos cabos de velas de sebo. Ella
deca--cuando yo estaba delante--a mi amo: "Por cierto que no hay
servicio como el de Pablicos, si l no fuese travieso; consrvele
vuestra merced, que bien se le puede sufrir el ser travieso por la
fidelidad; lo mejor de la plaza trae." Yo, por el consiguiente, deca de
ella lo mismo, y as tenamos engaada la casa.

Si se compraba aceite de por junto, carbn o tocino, escondamos la
mitad, y cuando nos pareca decamos el ama y yo: "Modrense vuestras
mercedes en el gasto, que, en verdad, si se dan tanta priesa, no baste
la hacienda del rey. Ya se ha acabado el aceite o el carbn; pero tal
priesa se han dado.... Mande vuestra merced comprar ms, y a fe que se
ha de lucir de otra manera; denle dineros a Pablicos." Dbanmelos, y
vendamosle la mitad sisada, y de lo que comprbamos sisbamos la otra
mitad; y esto era en todo.

Y si alguna vez compraba yo algo en la plaza, por lo que vala reamos
adrede el ama y yo. Ella deca como enojada: "No me digis a m,
Pablicos, que stos son dos cuartos de ensalada." Yo haca que lloraba,
daba muchas voces e bame a quejar a mi seor, y apretbale para que
enviase el mayordomo a saberlo para que callase el ama, que adrede
porfiaba. Iba, y sabalo; y con esto asegurbamos al amo y al mayordomo,
y quedaban agradecidos, en m a las obras, y en el ama al celo de su
bien. Decale don Diego muy satisfecho de m: "As fuese Pablicos
aplicado a virtud como es de fiar; toda esta es la lealtad. Qu me
decs vos de l?"

Tuvmoslos desta manera chupndolos como sanguijuelas; yo apostar que
vuestra merced se espanta de la suma del dinero al cabo del ao. Ello
mucho debi de ser, pero no obligaba a restitucin, porque el ama
confesaba y comulgaba de ocho a ocho das, y nunca le vi rastro ni
imaginacin de volver nada ni hacer escrpulo, con ser, como digo, una
santa. Traa un rosario al cuello siempre, tan grande, que era ms
barato llevar un haz de lea a cuestas. Dl colgaban muchos manojos de
imgenes, cruces y cuentas de pendones. En todas deca que rezaba cada
noche por sus bienhechores. Contaba ciento y tantos santos abogados
suyos; y en verdad que haba menester todas estas ayudas para
desquitarse de lo que pecaba. Acostbase en un aposento encima del de mi
amo, y rezaba ms oraciones que un ciego. Entraba por el Justo Juez y
acababa con el _Conquibules_--que ella deca--y en la _Salve rehila_.
Deca las oraciones en latn adrede por fingirse inocente; de suerte que
nos despedazbamos de risa todos.

Pensar vuestra merced que siempre estuvimos en paz; pues quin ignora
que dos amigos, como sean codiciosos, si estn juntos se han de procurar
engaar el uno al otro? Sucedi que el ama criaba gallinas en el corral;
yo tena gana de comerla una. Tena doce o trece pollos grandecitos, y
un da, estando dndoles de comer, comenz a decir: "Po, po", y esto
muchas veces. Yo, que o el modo de llamar, comenc a dar voces y dije:
"Oh cuerpo de Dios, ama! No hubirades muerto un hombre o hurtado
moneda al rey, cosa que yo pudiera callar, y no haber hecho lo que
habis hecho, que es imposible dejarlo de decir? Mal aventurado de m y
de vos!" Ella, como vi hacer extremos con tantas veras, turbse algn
tanto, y dijo: "Pues, Pablos, yo qu he hecho? Si te burlas, no me
aflijas ms."

"Cmo burlas? Pesia tal! Yo no puedo dejar de dar parte a la
Inquisicin, porque si no, estar descomulgado." "Inquisicin?--dijo
ella; y empez a temblar--. Pues yo he hecho algo contra la fe?" "Eso
es lo peor--deca yo--; no os burlis con los inquisidores; decid que
fuistes una boba y que os desdecs, y no neguis la blasfemia y
desacato." Ella con el miedo dijo: "Pues, Pablos, y si me desdigo,
castigarnme?" Respondle: "No, porque slo os absolvern." "Pues y me
desdigo--dijo--; pero dime t de qu, que no lo s yo; as tengan buen
siglo las nimas de mis difuntos." "Es posible que no advertisteis en
qu? No s cmo lo diga, que el desacato es tal que me acobarda. No os
acordis que dijisteis a los pollos "po, po", y es Po nombre de los
papas, vicarios de Dios y cabezas de la Iglesia? Papaos el pecadillo."
Ella qued como muerta, y dijo: "Pablos, yo lo dije, pero no me perdone
Dios si fue con malicia. Yo me desdigo; mira si hay camino para que se
pueda excusar al acusarme, que me morir si me veo en la Inquisicin."
"Como vos juris en una ara consagrada que no tuvisteis malicia, yo,
asegurado, podr dejar de acusaros; pero ser necesario que esos dos
pollos que comieron llamndoles con el santsimo nombre de los
pontfices me los deis para que yo los lleve a un familiar que los
queme, porque estn daados; y tras esto habis de jurar de no reincidir
de ningn modo." Ella muy contenta dijo: "Pues llvatelos, Pablos,
ahora, que maana jurar." Yo, por ms asegurarla, dije: "Lo peor es,
Cpriana--que as se llamaba--, que yo voy a riesgo, porque me dir el
familiar si soy yo, y entre tanto me podr hacer vejacin. Llevadlos
vos, que yo, pardiez que temo." "Pablos--deca cuando me oy esto--, por
amor de Dios, que te duelas de m y los lleves, que a ti no te puede
suceder nada." Dejla que me rogase mucho, y, al fin--que era lo que
quera--, determinme, tom los pollos, escondlos en mi aposento, hice
que iba fuera, y volv diciendo: "Mejor se ha hecho que yo pensaba;
quera el familiarcito venir tras m a ver la mujer, pero lindamente le
he engaado y negociado." Dime mil abrazos y otro pollo para m, y yo
fume con l adonde haba dejado sus compaeros, e hice hacer en casa de
un pastelero una cazuela, y commelos con los dems criados. Supo el ama
y don Diego la maraa, y toda la casa la celebr en extremo. El ama
lleg tan al cabo de pena que por poco se muriera, y de enojo no estuvo
a dos dedos--a no tener por qu callar--de decir mis sisas.

Yo, que me vi ya mal con el ama, y que no la poda burlar, busqu nuevas
trazas de holgarme, y di en lo que llaman los estudiantes correr o
rebatar. En esto me sucedieron cosas graciossimas; porque yendo una
noche a las nueve--que ya anda poca gente--por la calle Mayor, vi una
confitera y en ella un cofn de pasas sobre el tablero; y tomando
vuelo, vine, agarrle, di a correr; el confitero di tras m y otros
criados y vecinos. Yo, como iba cargado, vi que, aunque les llevaba
ventaja, me haban de alcanzar; y al volver una esquina, sentme sobre
l y envolv la capa a la pierna de presto, y empec a decir con la
pierna en la mano: "Ay! Dios se lo perdone, que me ha pisado," Oyronme
esto, y en llegando empec a decir: "Por tan alta seora", y lo
ordinario de "la hora menguada y aire corrupto". Ellos se venan
desgaitando, y dijronme: "Va por ah un hombre, hermano?" "Ah
delante, que aqu me pis, loado sea el Seor."

Arrancaron con esto y furonse; qued solo, llevme el cofn a casa,
cont la burla y no quisieron creer que haba sucedido as, aunque lo
celebraron mucho, por lo cual los convid para otra noche a verme correr
cajas. Vinieron, y advirtiendo ellos que estaban las cajas dentro la
tienda, y que no las poda tomar con la mano, tuvironlo por imposible;
y ms por estar el confitero--por lo que le sucedi al otro de las
pasas--alerta. Vine, pues, y metiendo, doce pasos atrs de la tienda,
mano a la espada, que era un estoque recio, part corriendo, y en
llegando a la tienda, dije: "Muera!", y tir una estocada por delante
del confitero; l se dej caer pidiendo confesin, y yo di la estocada
en una caja; y la pas y saqu en la espada, y me fu con ella.
Quedronse espantados de ver la traza, y muertos de risa de que el
confitero deca que le mirasen, que sin duda le haban herido, y que
era un hombre con quien haba tenido palabras; pero volviendo los ojos,
como quedaron desbaratadas al salir de la caja las que estaban al
derredor, ech de ver la burla, y empez a santiguarse, que no pens
acabar. Confieso que nunca me supo cosa tan bien.

En este tiempo vino a don Diego una carta de su padre, en cuyo pliego
vena otra de un to mo llamado Alonso Rampln, hombre allegado a toda
virtud y muy conocido en Segovia por lo que era allegado a la justicia,
pues cuantas all se haban hecho de cuatro aos a esta parte han pasado
por sus manos. Verdugo era, si va a decir la verdad; pero un guila en
el oficio. Vrsele hacer daba gana de dejarse ahorcar. Este, pues, me
escribi una carta a Alcal, desde Segovia, en esta forma:

CARTA

"Hijo Pablos--que por el mucho amor que me tena me llamaba as--: las
ocupaciones grandes de esta plaza en que me tiene ocupado su majestad no
me han dado lugar a hacer esto; que si algo tiene malo el servir al rey,
es el trabajo; aunque se desquita con esta negra honrilla de ser sus
criados. Psame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre muri ocho
das ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo; dgalo como
quien le guind. De vuestra madre, aunque est viva ahora, casi os puedo
decirlo mismo; que est presa en la Inquisicin de Toledo; psame que
nos deshonra a todos, y a m principalmente, que al fin soy ministro del
rey, y me estn mal estos parentescos. Hijo, aqu ha quedado no s qu
hacienda escondida de vuestros padres; ser en todo hasta cuatrocientos
ducados; vuestro to soy; lo que tenga ha de ser para vos. Vista sta,
os podris venir aqu, que con lo que vos sabis de latn y retrica
seris singular en el arte de verdugo. Respondedme luego, y entre tanto
Dios os guarde. Etc."

No puedo negar que sent mucho la nueva afrenta; pero holgume en parte:
tanto pueden los vicios en los padres que consuelan de sus desgracias,
por grandes que sean, a los hijos. Fume corriendo a don Diego, que
estaba leyendo la carta de su padre en que le mandaba que se fuese y no
me llevase en su compaa, movido de las travesuras mas que haba odo
decir. Djome cmo se determinaba ir, y todo lo que le mandaba su padre;
que a l le pesaba dejarme, y a m ms. Djome que me acomodara con
otro caballero amigo suyo para que le sirviese. Yo en esto, rindome, le
dije: "Seor, yo soy otro, y otros mis pensamientos; ms alto pico y ms
autoridad me importa tener, porque si hasta ahora tena, como cada cual,
mi piedra en el rollo, ahora tengo mi padre." Declrele cmo haba
muerto tan honradamente como el ms estirado, y cmo me haba escrito mi
seor to el verdugo de esto y de la prisioncilla de mam; que a l,
como quien saba quien yo soy, me pude descubrir sin vergenza.
Lastimse mucho, y preguntme qu pensaba hacer. Dile cuenta de mis
determinaciones; y con esto, al otro da l se fue a Segovia harto
triste, y yo me qued en la casa disimulando mi desventura. Quem la
carta, porque, perdindoseme, acaso no la leyese alguno, y comenc a
disponer mi partida para Segovia con intencin de cobrar mi hacienda y
conocer mis parientes, para huir de ellos.

Lleg el da de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. Dios
sabe lo que sent el dejar tantos amigos y apasionados, que eran sin
nmero. Vend lo poco que tena, de secreto, para el camino, y con ayuda
de unos embustes hice hasta seiscientos reales. Alquil una mula y
salme de la posada, adonde no tena que sacar ms de mi sombra. Quin
contar las angustias del zapatero por lo fiado, las solicitudes del ama
por el salario, las voces del husped de la casa por el arrendamiento?
Uno deca: "Siempre me lo dijo el corazn." Otro: "Bien me decan a m
que ste era un trampista." Al fin, yo sal tan bienquisto del pueblo,
que dej con mi ausencia a la mitad dl llorando y a la otra mitad,
rindose de los que lloraban.

Ibame entreteniendo por el camino considerando en estas cosas, cuando,
pasado Torote, encontr con un hombre en un macho de albarda, el cual
iba hablando entre s con muy gran prisa, y tan embebecido, que, aun
estando a su lado, no me vea. Saldale, y saludme; pregntele dnde
iba, y despus que nos pagamos las respuestas comenzamos a tratar de si
bajaba el turco y de las fuerzas del rey. Comenz a decir de qu manera
se poda ganar la Tierra Santa, y cmo se ganara Argel; en los cuales
discursos ech de ver que era loco repblico y de gobierno. Proseguimos
en la conversacin propia de picaros, y vinimos a dar, de una cosa en
otra, en Flandes. Aqu fue ello, que empez a suspirar y decir: "Ms me
cuestan a m esos estados que al rey, porque ha catorce aos que ando
con un arbitrio que, si como es imposible, no lo fuera, ya estuviera
todo sosegado." "Qu cosa puede ser--le dije--que, conviniendo tanto,
sea imposible y no se puede hacer?" "Quin dice a vuestra merced--dijo
luego--que no se puede hacer? Hacerse puede, que ser imposible es otra
cosa. Y si no fuera por dar pesadumbre a vuestra merced, le contara lo
que es; pero all se ver, que ahora lo pienso imprimir con otros
trabajillos, entre los cuales le doy al rey modo de ganar a Ostende por
dos caminos." Rogule que los dijese, y, sacndole de las faldriqueras,
me mostr pintado el fuerte del enemigo y el nuestro, y dijo: "Bien ve
vuestra merced que la dificultad de todo est en este pedazo de mar;
pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de all." Di
yo con este desatino una gran risada; y l, mirndome a la cara, me
dijo: "A nadie se lo he dicho que no haya hecho otro tanto; que a todos
les da gran contento." "Ese tengo yo por cierto--le dije--de or cosa
tan nueva y tan bien fundada; pero advierta vuestra merced que ya que
chupe el agua que hubiere entonces, tornar luego la mar a echar ms."
"No har la mar tal cosa, que lo tengo yo eso por muy apurado--me
respondi--; fuera de que yo tengo pensada una invencin para hundir la
mar por aquella parte doce estados."

No le os replicar, de miedo que me dijese que tena arbitrio para tirar
el cielo ac abajo: no vi en mi vida tan gran orate. Decame que Juanelo
no haba hecho nada; que l trazaba ahora de subir toda el agua del Tajo
a Toledo de otra manera ms fcil: y sabido lo que era dijo que por
ensalmo. Mire vuestra merced quin tal oy en mundo! Y, al cabo, me
dijo: "Y no lo pienso poner en ejecucin si primero el rey no me da una
encomienda, que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria muy
honrada." Con estas plticas, y desconciertos llegamos a Torrejn, donde
se qued, que vena a ver una parienta suya.

Yo pas adelante, perecindome de risa de los arbitrios en que ocupaba
el tiempo, cuando, Dios y en hora buena, desde lejos vi una mula suelta
y un hombre junto a ella a pie que, mirando un libro, haca unas rayas
que meda con un comps. Daba vueltas y saltos a un lado y otro, y de
rato en rato, poniendo un dedo encima de otro, haca mil cosas saltando.
Yo confieso que entend por gran rato--que me par desde algo lejos a
verlo--que era encantador, y casi no me determinaba a pasar. Al fin me
determin, y, llegando cerca, sintime; cerr el libro, y al poner el
pie en el estribo resbalse y cay. Levntele, y djome: "No tom bien
el medio de proporcin para hacer la circunferencia al subir." Yo no
entend lo que me dijo, y luego tem lo que era, porque ms desatinado
hombre no ha nacido de las mujeres. Preguntme si iba a Madrid por lnea
recta, o si iba por camino circunflejo. Y yo, aunque no le entend, le
dije que circunflejo. Preguntme cya era la espada que llevaba al lado;
respondle que ma y, mirndola, dijo: "Esos gavilanes haban de ser ms
largos para reparar los tajos que se forman sobre el centro de las
estocadas." Y empez a meter una parola tan grande, que me forz a
preguntarte qu materia profesaba. Djome que l era diestro verdadero,
y que lo hara bueno en cualquiera parte. Yo, movido a risa, le dije:
"Pues en verdad que por lo que yo vi hacer a vuestra merced en el campo,
que ms le tena por encantador, viendo los crculos." "Eso--me
dijo--era que se me ofreci una treta por el cuarto crculo con el
comps mayor, continuando la espada, para matar sin confesin al
contrario, porque no diga quin lo hizo, y estaba ponindolo en trminos
de matemtica." "Es posible--le dije yo--que hay matemtica en eso?"
Dijo: "No solamente matemtica, mas teologa, filosofa, msica y
medicina." "Esa postrera no lo dudo, pues se trata de matar en esa
arte." "No os burlis--me dijo--, que ahora aprendis la limpiadera
contra la espada, haciendo los tajos mayores que comprehendan en s las
espirales de la espada." "No entiendo cosa de cuantas me decs, chica ni
grande." "Pues este libro las dice--me respondi--, que se llama
_Grandezas de la espada_, y es muy bueno y dice milagros. Y, para que lo
creis, en Rejas, que dormiremos, esta noche, con dos asadores me veris
hacer maravillas; y no dudis que cualquier que leyere en este libro
matar a todos los que quisiere." "O ese libro ensea a ser pestes a los
hombres, o lo compuso--dije yo--algn doctor." "Cmo doctor? Bien lo
entiende--me dijo--; es un gran sabio, y an estoy por decir ms."

En estas plticas llegamos a Rejas. Apemonos en una posada y, al
apearnos, me advirti con grandes voces que hiciese un ngulo obtuso con
las piernas, y que, reducindolas a lneas paralelas, me pusiese
perpendicular en el suelo. El husped me vio rer y se ri. Preguntme
si era indio aquel caballero, que hablaba de aquella suerte. Pens con
esto perder el juicio. Llegse luego al husped, y djole: "Seor, dme
vuestra merced dos asadores para dos o tres ngulos, que al momento se
los volver." "Jess!--dijo el husped--. Dme ac vuestra merced los
ngulos, que mi mujer los asar, aunque aves son que no las he odo
nombrar." "Que no son aves--dijo volvindose a m--.Mire vuestra merced
lo que es no saber! Dme los asadores, que no los quiero sino para
esgrimir; que quiz le valdr ms lo que me viere hacer hoy que todo lo
que ha ganado en su vida." En fin, los asadores estaban ocupados, y
hubimos de tomar dos cucharones. No se ha visto cosa tan digna de risa
en el mundo. Daba un salto, y deca: "Con este comps alcanzo ms y gano
los grados del perfil; ahora me aprovecho del movimiento remiso para
matar el natural; sta haba de ser cuchillada y sta, tajo." No llegaba
a m desde una legua, y andaba alderredor con el cucharn; y como yo me
estaba quedo, parecan tretas contra olla que se sale, estando al fuego.
Djome: "Al fin, esto es lo bueno, y no las borracheras que ensean
estos bellacos maestros de esgrima, que no saben sino beber!"

No lo haba acabado de decir cuando de un aposento sali un mulatazo
mostrando las presas, con un sombrero injerto en guardasol, y un coleto
de ante, bajo de una ropilla suelta y llena de cintas, zambo de piernas,
a lo guila imperial; la cara, con un _per signum crucis de inimicis
suis_; la barba, de ganchos, con unos bigotes de guardamano, y una daga
con ms rejas que un locutorio de monjas; y mirando al suelo, dijo: "Yo
soy examinado y traigo la carta; y por el sol que calienta los panes,
que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como profesa la
destreza." Yo, que vi la ocasin, metme en medio, y dije que no hablaba
con l, y que as no tena de qu picarse. "Meta mano a la blanca, si la
trae, y apuremos cul es verdadera destreza, y djese de cucharones." El
pobre de mi compaero abri el libro, y dijo en altas voces: "Este libro
lo dice, y est impreso con licencia del rey, y yo sustentar que es
verdad lo que dice, con el cucharn y sin el cucharn, aqu y en otra
parte: y si no, midmoslo"; y sac l comps y comenz a decir: "Este
ngulo es obtuso." Y entonces el maestro sac la daga y dijo: "Yo no s
quin es Angulo, ni Obtuso, ni en mi vida o decir tales hombres; pero
con sta en la mano le har pedazos." Acometi al pobre diablo, el cual
empez a huir, dando saltos por la casa, diciendo: "No me puede herir,
que le he ganado los grados del perfil." Metmoslos en paz el husped y
yo y otra gente que haba, aunque de risa no me poda mover.

Metieron al buen hombre en su aposento, y a m con l; cenamos, y
acostmonos todos los de la casa, y a las dos de la maana levntase en
camisa y empieza a andar a oscuras por el aposento, dando saltos y
diciendo en lengua matemtica mil disparates. Despertme a m; y, no
contento con esto, baj al husped para que le diese luz, diciendo que
haba hallado objeto fijo a la estocada sagita por la cuerda. El
husped se daba a los diablos de que lo despertase; y tanto le molest,
que le llam loco. En esto amaneci, vestmonos todos y pagamos la
posada. Hicironlos amigos a l y al maestro, el cual se apart diciendo
que lo que alegaba mi compaero era bueno; pero que haca ms locos que
diestros, porque los ms, por lo menos, no lo entendan.

Yo tom mi camino para Madrid, y l se despidi de m por ir diferente
jornada.

Con esto camin ms de una legua que no top persona. Iba yo pensando
entre m en las muchas dificultades que tena para profesar honra y
virtud, pues haba menester tapar primero la poca de mis padres, y luego
tener tanta, que me desconociesen por ella. Y parecanme a m estos
pensamientos honrados, que yo me los agradeca a m mismo. Deca a
solas: "Ms se me ha de agradecer a m, que no he tenido de quin
aprender virtud, que al que la hereda de sus abuelos." En estas razones
y discursos iba, cuando top un clrigo muy viejo en una mula, que iba
camino de Madrid. Trabamos pltica, y luego me pregunt que de adnde
vena. Yo le dije que de Alcal. "Maldiga Dios--dijo l--tan mala gente,
pues faltaba entre tantos un hombre de discurso." Pregntele que cmo o
por qu se poda decir tal del lugar donde asistan tantos doctos
varones, y l, muy enojado, dijo: "Doctos? Yo le dir a vuestra merced
que tan doctos, que habiendo catorce aos que hago yo en
Majalahonda---donde he sido sacristn--las chanzonetas al Corpus y al
Nacimiento, no me premiaron en el cartel unos cantarcitos que, por que
vea vuestra merced la sinrazn que me hicieron, se los he de leer." Y
comenz desta manera:

        Pastores, no es lindo chiste,
    que es hoy el seor san Corpus Criste?
    Y es el da de las danzas
    en que el Cordero sin mancilla
    tanto se humilla,
    que visita nuestras panzas,
    y entre estas bienaventuranzas
    entra en el humano buche.
    Suene el lindo sacabuche,
    pues nuestro bien consiste.
    Pastores, no es lindo chiste, etc.

"Qu pudiera decir ms--me dijo--el mesmo inventor de los chistes? Mire
qu misterios encierra aquella palabra _pastores_; ms me cost de un
mes de estudio." Yo no pude con esto tener la risa, que a borbollones se
me sala por los ojos y narices, y dando una gran carcajada, dije:
"Cosa admirable!; pero slo reparo en que llama vuestra merced seor
san Corpus Criste, Corpus Cristi no es santo, sino el da de la
institucin del Santsimo Sacramento." "Qu lindo es eso!--me respondi
haciendo burla--.Yo le dar en el calendario, y est canonizado, y
apostar a ello la cabeza." No pude porfiar, perdido de risa de ver la
suma ignorancia; antes le dije que eran dignas de cualquier premio y que
no haba ledo cosa tan graciosa en mi vida. "No?--dijo al mismo
punto--, pues oiga vuestra merced un pedacito de un librillo que tengo
hecho a las once mil vrgenes, adonde a cada una he compuesto cincuenta
octavas, cosa rica." Yo por excusarme de tanto milln de octavas, le
supliqu no me dijese cosa a lo divino, y as me comenz a recitar una
comedia que tena ms jornadas que el camino de Jerusaln. Decame:
"Hcela en dos das, y este es el borrador", y sera hasta cinco manos
de papel. El ttulo era _El arca de No_. Hacase toda entre gallos,
ratones, jumentos, raposas y jabales, como fbulas de Isopo. Yo se la
alab la traza y la invencin, a lo cual me respondi: "Ello cosa ma
es pero no se ha hecho otra tal en el mundo, y la novedad es ms que
todo; y si yo salgo con hacerla representar, ser cosa famosa." "Cmo
se podr representar--le dije yo--, si han de entrar los mismos
animales, y ellos no hablan?" "Esa es la dificultad, que, a no haber
sa, haba cosa ms alta? Pero yo tengo pensado hacerla toda de
papagayos, tordos y picazas, que hablan; y meter para el entrems
monas." "Por cierto, alta cosa es esa." Otras ms altas he hecho
yo--dijo--por una mujer a quien amo, y ve aqu novecientos y un soneto y
doce redondillas--que parece que contaba escudos por maraveds--. Yo
confieso la verdad, que, aunque me holgaba de orle, tuve miedo a tantos
versos malos, y as, comenc a echar la pltica a otras cosas. Yo, por
divertirle, le deca: "Ve vuestra merced aquella estrella que se ve de
da?" A lo cual dijo: "En acabando ste le dir el soneto treinta, en
que la llamo estrella, que no parece sino que sabe los intentos de
ellos." Afligme tanto con ver que no se poda nombrar cosa a que l no
hubiese hecho algn disparate, que cuando vi que llegbamos a Madrid, no
caba de contento, entendiendo que de vergenza callara; pero fu al
revs, que por mostrar lo que era alz la voz en entrando por la calle.
Yo le supliqu que lo dejase, ponindole por delante que si los nios
olan poeta no quedara troncho que no se viniese por sus pies tras
nosotros, por estar declarados por locos en una premtica que haba
salido contra ellos, de uno que lo fue y se recogi a buen vivir.
Pidime que la leyese si la tena, muy congojado. Promet de hacerlo en
la posada. Fumos a una, adonde l se acostumbraba apear, y hallamos a
la puerta ms de doce ciegos; unos le conocieron por el olor, y otros
por la voz; dironle una barbanca de bienvenido. Abrazlos a todos y
luego comenzaron unos a pedirle oracin para el Justo Juez en verso
grave y sentencioso, tal que provocase a gestos; otros pidieron de las
Animas, y por aqu discurrieron, recibiendo ocho reales de seal de cada
uno. Despidilos, y djome: "Ms me han de valer de trescientos reales
los ciegos. Y as, con licencia de vuestra merced, me recoger ahora un
poco para hacer alguna de ellas, y en acabando de comer oiremos la
premtica." Oh vida miserable! Pues ninguna lo es ms que la de los
locos que ganan de comer con los que lo son.

Recogise un rato a estudiar herejas y necedades para los ciegos. Entre
tanto se hizo hora de comer; comimos, y luego pidime se leyese la
premtica. Yo, por no haber otro quehacer, la saqu y la le: la cual
pongo aqu, por haberme parecido aguda y conveniente a lo que se quiso
reprehender en ella. Deca de este tenor:

_Premtica contra los poetas hueros, chirles y hebenes_.

Dile al sacristn la mayor risa del mundo, y dijo: "Hablara yo para
maana! Por Dios que entend hablaba conmigo, y es slo contra los
poetas hebenes." Cayme a m muy en gracia orle decir esto, como si l
fuera muy albillo o moscatel. Dej el prlogo, y comenc el primer
captulo, que deca:

"Atendiendo a que este gnero de sabandijas que llaman poetas son
nuestros prjimos y cristianos, aunque malos; viendo que todo el ao
adoran cejas, dientes, listones y zapatillas, haciendo otros pecados ms
enormes, mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas
pblicos y cantoneros, y que los desengaen del yerro en que andan y
procuren convertirlos.

"Item, habiendo considerado que esta secta infernal de hombres
condenados a perpetuo concepto, despedazadores de vocablos y volteadores
de razones, ha pegado el dicho achaque de poesa a las mujeres,
declaramos que nos tenemos por desquitados con este mal que las hemos
hecho del que nos hicieron al principio del mundo. Y porque aqul est
pobre y necesitado, mandamos quemar las coplas de los poetas, como
franjas viejas, para sacar el oro, plata y perlas, pues en los ms
versos hacen sus damas de todos metales." Aqu no lo pudo sufrir el
sacristn, y levantndose en pie, dijo: "Mas no, sino quitarnos las
haciendas! No pase vuestra merced adelante, que de eso pienso apelar, y
no con las mil y quinientas, sino a mi juez, por no causar perjuicio a
mi hbito y dignidad; y en prosecucin de ella gastar lo que tengo.
Bueno es que yo, siendo eclesistico, hubiese de padecer ese agravio. Yo
probar que las coplas de poeta clrigo no estn sujetas a tal
premtica, y luego quiero ir a averiguarlo ante la justicia." En parte
me dio gana de rer; pero por no detenerme--que se me haca tarde--, le
dije: "Seor, esta premtica es hecha por gracia, que no tiene fuerza ni
apremia, por estar falta de autoridad." "Oh pecador de m!--dijo muy
alborotado--. Avisara vuestra merced, que me hubiera ahorrado la mayor
pesadumbre del mundo. Sabe vuestra merced qu cosa es hallarse un
hombre con ochocientas mil coplas de contado, y or esto? Prosiga
vuestra merced, y Dios se lo perdone el susto que me di." Prosegu,
diciendo:

"Item, por estorbar los grandes hurtos, mandamos que no se pasen coplas
de Aragn a Castilla, ni de Italia a Espaa, so pena de andar bien
vestido el poeta que tal hiciese; y si reincide, de andar limpio una
hora." Esto le cay muy en gracia, porque traa l una sotana con canas,
de puro vieja, y con tantas cascarrias, que para enterrarse no era
menester ms de estregrsela encima; el manteo, podanse con l
estercolar dos heredades.

Y, por acabar, llegu al postrer captulo, que deca as:

"Pero advirtiendo con ojos de piedad que hay tres gneros de gentes en
la repblica tan sumamente miserables que no pueden vivir sin tales
poetas, como son farsantes, ciegos y sacristanes, mandamos que pueda
haber algunos oficiales de esta arte, con tal que tengan carta de examen
de los caciques de los poetas que fueren en aquellas partes.

"Y, finalmente, mandamos a todos los poetas en comn que se descarten de
Jpiter, Venus, Apolo y otros dioses, so pena que los tendrn por
abogados en la hora de la muerte."

A todos los que oyeron la premtica pareci cuanto bien se puede decir,
y todos me pidieron traslado de ella; slo el sacristanejo comenz a
jurar por vida de las vsperas solemnes, _introibo_ y _kiries_, que era
stira contra l, por lo que deca de los ciegos, y que l saba mejor
lo que haba de hacer que nadie. Y ltimamente dijo: "Hombre soy yo que
he estado en una posada con Lin, y he comido ms de dos veces con
Espinel", y que haba estado en Madrid tan cerca de Lope de Vega como lo
estaba de m, y que haba visto a don Alonso de Ercilla mil veces, y que
tena en su casa un retrato del divino Figueroa, y que haba comprado
los gregescos que dej Padilla cuando se meti fraile, y que hoy da
los traa y malos. Enselos, y diles esto a todos tanta risa, que no
queran salir de la posada.

Al fin, ya eran las dos; y como era forzoso el caminar, salimos de
Madrid. Yo me desped de l, aunque me pesaba, y comenc a caminar para
el puerto. Quiso Dios que, por que no fuese pensando en mal, me top con
un soldado. Luego trabamos pltica; preguntme que si vena de la Corte.
Dije que de paso haba estado en ella. "No est para ms--dijo luego--,
que es pueblo para gente ruin; mas quiero voto a Cristo! estar en un
sitio, la nieve a la cinta, hecho un reloj, comiendo madera, que sufrir
las supercheras que se hacen a un hombre de bien." A esto le dije yo
que advirtiese que en la Corte haba de todo, y que estimaban mucho a
cualquier hombre de suerte. "Qu estimaban--dijo muy enojado--, si he
estado yo seis meses pretendiendo una bandera, tras veinte aos de
servicios y haber perdido mi sangre en servicio del rey, como lo dicen
estas heridas!" Y enseme una cuchillada de a palmo en las ingles;
luego, en los calcaares, me ense otras dos seales, y dijo que eran
balas; y yo saqu, por otras dos mas que tengo, que haban sido
sabaones. Quitse el sombrero y mostrme el rostro: calzaba diez y seis
puntos de cara, que tantos tena en una cuchillada que le parta las
narices. Tena otros tres chirlos, que se la volvan mapa a puras
lneas. "Estas--me dijo--me dieron en Pars, en servicio de Dios y del
rey, por quien veo trinchado mi gesto; y no he recibido sino buenas
palabras, que ahora tienen lugar de malas obras. Lea estos papeles, por
vida del licenciado, que no ha salido en campaa voto a Cristo! hombre
vive Dios! tan sealado"; y deca verdad, porque lo estaba a puros
golpes. Comenz a sacar caones de hoja de lata y a ensearme papeles,
que deban de ser de otro a quien haba tomado el nombre. Yo los le, y
dije mil cosas en su alabanza, y que el Cid ni Bernardo no haban hecho
lo que l. Salt en esto, y dijo: "Cmo lo que yo? Voto a Dios!, que
ni Garca de Paredes, Julin Romero ni otros hombres de bien. Pese al
diablo! S, que entonces s que no haba artillera. Voto a Dios!, que
no hubiera Bernardo para una hora en este tiempo. Pregunte vuestra
merced en Flandes por la hazaa del Mellado, y ver lo que le dicen."
"Es vuestra merced acaso?"--le dije yo--. Y l me respondi: "Pues qu
otro? No ve la mella que tengo en los dientes? No tratemos de esto, que
parece mal alabarse el hombre."

Yendo en estas razones, topamos en un borrico un ermitao con una barba
tan larga, que haca lodos con ella, macilento y vestido de pao pardo.
Saludmosle con el _Deo gratias_ acostumbrado, y empez a alabar los
trigos y en ellos la misericordia del Seor. Salt el soldado, y dijo:
"Ah, padre! Ms espesas he visto yo las picas sobre m, y, voto a
Cristo!, que hice en el saco de Amberes lo que pude; s, juro a Dios!"
El ermitao le reprehenda que no jurase tanto. El solidado le
responda: "Bien se echa de ver, padre, que no ha sido soldado, pues me
reprehende mi propio oficio." Dime a m gran risa de ver en lo que
pona la soldadesca, y ech de ver era algn picarn; porque entre ellos
no hay costumbre tan aborrecida de los de importancia, cuando no de
todos.

Llegamos a la falda del puerto: el ermitao rezando el rosario en una
carga de lea hecha bolas, de manera que, a cada Avemara, sonaba un
cabe; el soldado iba comparando las peas a los castillos que haba
visto, y mirando cul lugar era fuerte y adnde se haba de plantar la
artillera.

En estas y otras conversaciones llegamos a Cerecedilla. Entramos en la
posada todos tres juntos ya anochecido; mandamos aderezar la cena--era
viernes--; y entre tanto, el ermitao dijo: "Entretengmonos un rato,
que la ociosidad es madre de los vicios; juguemos Avemarias"; y dej
caer de la manga el descuadernado. Dime a m gran risa ver aquello,
considerando en las cuentas. El soldado dijo: "No, sino juguemos hasta
cien reales que yo traigo, en amistad." Yo, codicioso, dije que jugara
otros tantos; y el ermitao, por no hacer mal servicio, acept, y dijo
que all llevaba el aceite de la lmpara, que eran hasta docientos
reales. Yo confieso que pens ser su lechuza, y bebrselo; pero as le
sucedan todos sus intentos al turco. Fu el juego al parar; y lo bueno
fue que dijo que no saba el juego, e hizo que se le ensesemos.
Dejnos el bienaventurado hacer dos manos, y luego nos la di tal, que
no dej blanca en la mesa. Herednos en vida; retirla el ladrn con las
ancas de la mano, que era lstima: perda una sencilla, y acertaba doce
maliciosas. El soldado echaba a cada suerte doce votos y otros tantos
"pesias", aforrados en "porvidas". Yo me com las uas mientras el
fraile ocupaba las suyas en mi moneda. No dejaba santo que no llamaba:
acab de pelarnos; quismosle jugar sobre prendas, y l--tras haberme
ganado a m seiscientos reales, que era lo que llevaba, y al soldado los
ciento--dijo que aquello era entretenimiento, y que ramos prjimos; que
no haba de tratar de otra cosa. "No juren--deca--; que a m, porque me
encomendaba a Dios, me ha sucedido bien." Y como nosotros no sabamos la
habilidad que tena de los dedos a la mueca, cremoslo; y el soldado
jur de no jugar ms, y yo de la misma suerte. "Pesia tal!--deca el
pobre alfrez (que l me dijo entonces que lo era)--: entre luteranos y
moros me he visto; pero no he padecido tal despojo." El se rea a todo
esto. Torn a sacar el rosario para rezar; y yo, que no tena ya
blanca, pedle que me diese de cenar y que pagase hasta Segovia la
posada de los dos, que bamos en _pribus_. Prometi hacerlo.

Metise sesenta huevos. No vi tal en mi vida! Dijo que se iba a
acostar. Dormimos todos en una sala, con otra gente que estaba all,
porque los aposentos estaban tomados para otros. Acostmonos; el padre
se persign, y nosotros nos santiguamos de l; durmi, y yo estuve
desvelado, trazando cmo quitarle el dinero. El soldado hablaba entre
sueos de los cien reales, como si no estuvieran sin remedio.

Hzose hora de levantar. El ermitao, receloso, se qued en la cama.
Pag por nosotros, y salimos del pueblo para el puerto, enfadados del
trmino del ermitao y de ver que no le habamos podido quitar el
dinero.

Topamos con un ginovs que suba el puerto, con un paje detrs, y l con
su guardasol, muy a lo dineroso. Trabamos conversacin con l, y todo lo
llevaba a materia de maraveds, que es gente que naturalmente naci para
bolsas. Entretvonos el camino contando que estaba perdido porque haba
quebrado un cambio que le tena ms de sesenta mil escudos.

En estas plticas vimos los muros de Segovia, y a m se me alegraron los
ojos, a pesar de la memoria que, con los sucesos de Cabra, me
contradeca el contento. Llegu al pueblo; enternecme, y entr algo
desconocido de como sal, con punta de barbas, bien vestido. Dej la
compaa; y considerando en quin conociera a mi to--fuera del
rollo--mejor en el pueblo, no hall nadie de quien echar mano. Llegume
a mucha gente a preguntar por Alonso Rampln, y nadie me daba razn de
l, diciendo que no le conocan. Holgu mucho de ver tantos hombres de
bien en mi pueblo, cuando, estando en esto, o al precursor de la penca
hacer de garganta, y a mi to de las suyas. Vena una procesin de
desnudos, todos descaperuzados, delante de mi to; y l, muy hacindose
de pencas, con una en la mano, tocando un pasacalles pblicas en las
costillas de cinco lades, sino que llevaban sogas por cuerdas. Yo, que
estaba mirando esto--con un hombre a quien haba dicho, preguntando por
l, que era un gran caballero yo--, veo a mi buen to, y echando en m
los ojos--por pasar cerca--, arremeti a abrazarme, llamndome sobrino.
Pensme morir de vergenza; no volv a despedirme de aquel con quien
estaba. Fume con l, y djome: "Aqu te podrs ir, mientras cumplo con
esta gente; que ya vamos de vuelta, y hoy comers conmigo." Yo, que me
vi a caballo, y que en aquella sarta pareca punto menos de azotado,
dije que le aguardara all; y as, me apart tan avergonzado que, a no
depender de l la cobranza de mi hacienda, no le hablara ms en mi vida,
ni pareciera entre gentes.

Acab de repasarles las espaldas, volvi, y llevme a su casa, donde me
ape y comimos.

Tena mi buen to su alojamiento junto al matadero, en casa un aguador.
Entramos en ella, y djome: "No es alczar la posada, pero yo os
prometo, sobrino, que es a propsito para dar expediente a mis
negocios," Subimos por una escalera, que slo aguard a ver lo que me
suceda en lo alto, para si se diferenciaba en algo de la horca.
Entramos en un aposento tan bajo, que andbamos por l como quien recibe
bendiciones, con las cabezas bajas. Colg la penca en un clavo que
estaba con otros, de que colgaban cordeles, lazos, cuchillos, escarpias
y otras herramientas del oficio. Djome que por qu no me quitaba el
manteo y me sentaba; yo le respond que no lo tena de costumbre. Dios
sabe cul estaba de ver la infamia de mi to! Djome que haba tenido
ventura en topar con l en tan buena ocasin, porque comera bien, que
tena convidados unos amigos. En esto entr por la puerta, con una ropa
hasta los pies, morada, uno de los que piden para las nimas, y haciendo
son con la cajeta, dijo: "Tanto me han valido a m las nimas hoy como a
ti los azotados; encaja." Hicironse la mamona el uno al otro;
arremangse el desalmado animero el sayazo, y qued con unas piernas
zambas, en gregescos de lienzo, y empez a bailar y decir que si haba
venido Clemente. Dijo mi to que no, cuando Dios y en hora buena,
envuelto en un capucho y con unos zuecos, entr un chirima de la
bellota, digo un porquero: conoclo por el cuerno que traa en la mano.
Saludnos a su manera, y tras l entr un mulato, zurdo y bizco, un
sombrero con ms falda que un monte y ms copa que un nogal, la espada
con ms gavilanes que la caza del rey, un coleto de ante. Traa la cara
de punto, porque a puros chirlos la tena toda hilvanada. Entr y
sentse, saludando a los de casa.

Yo, que vi cun honrada gente era la que hablaba con mi to, confieso
que me puse colorado, de suerte que no pude disimular la vergenza:
echmelo de ver el corchete, y dijo: "Es el padre el que padeci el
otro da, a quien se dieron ciertos empujones en el envs?" Yo dije que
no era hombre que padeca como ellos. En esto se levant mi to, y dijo:
"Es mi sobrino, maeso en Alcal, gran supuesto." Pidironme perdn, y
ofrecironme toda caricia. Yo rabiaba ya por comer y cobrar mi hacienda,
y huir de mi to. Pusieron las mesas, y por una soguilla en un sombrero,
como suben la limosna los de la crcel, subieron la comida de un bodegn
que estaba a las espaldas de la casa, en unos mendrugos de platos y
retajillos de cntaros y tinajas. No podr nadie encarecer mi
sentimiento y afrenta. Sentronse a comer, en cabecera el demandador y
los dems sin orden. No quiero decir lo que comimos; slo que eran todas
cosas para beber. Sorbise el corchete tres de puro tinto; brindme a
m; el porquero, me las coga al vuelo, y haca ms razones que decamos
todos. No haba memoria de agua, y menos voluntad de ella.

Menudese sobre dos jarros, y era de suerte lo que bebieron el corchete
y el de las nimas, que se pusieron las suyas tales, que trayendo un
plato de salchichas, que parecan de dedos de negro, dijo uno que para
qu traan pebetes guisados. Ya mi to estaba tal, que alargando la mano
y asiendo una, dijo--con la voz algo spera y ronca, el un ojo medio
acosado y el otro nadando en mosto--: "Sobrino, por este pan de Dios,
que cri a su imagen y semejanza, que no he comido en mi vida mejor
carne tinta." Yo que vi al corchete que, alargando la mano, tom el
salero y dijo: "Caliente est este caldo"; y que el porquero se llen el
puo de sal, diciendo: "Bueno es el avisillo para beber", y se lo ech
todo en la boca, comenc a rerme por una parte y rabiar por otra.
Trajeron caldo, y el de las nimas tom con entrambas manos una
escudilla, diciendo: "Dios bendijo la limpieza." Y alzndola para
sorberla, por llevarla a la boca se la puso en el carrillo y,
volcndola, se as en el caldo, y se puso todo de arriba abajo que era
vergenza. El, que se vio as, fuse a levantar; y como pesaba algo la
cabeza, firm sobre la mesa--que era de estas movedizas---, trastornla,
y manch a los dems: tras esto deca que el porquero le haba empujado.
El porquero, que vio que el otro se le caa encima, levantse, y
alzando el instrumento de hueso, le dio con l una trompetada. Mi to,
que estaba ms en su juicio, deca que quin haba trado a su casa
tantos clrigos. Yo, que vi que ya en suma multiplicaban, met en paz la
brega. Ech a mi to en la cama, el cual hizo cortesa a un velador de
palo que tena, pensando que era convidado. Quit el cuerno al porquero,
el cual, ya que dorman los otros, no haba hacerle callar, diciendo que
le diesen su cuerno, porque no haba habido jams quien supiese en l
ms tonadas, y que l quera taer con el rgano. Al fin, yo no me
apart de ellos hasta que vi que dorman. Salme de casa, entretveme en
ver mi tierra toda la tarde, pas por la casa de Cabra, tuve nueva de
que era muerto, y no cuid de preguntar de qu, sabiendo que hay hambre
en el mundo.

Torn a casa a la noche, habiendo pasado cuatro horas, y hall al uno
despierto y que andaba a gatas por el aposento buscando la puerta y
diciendo que se les haba perdido la casa. Levantle, y dej dormir a
los dems hasta las once de la noche, que despertaron, y esperezndose,
pregunt uno que qu hora era. Respondi el porquero--que an no la
haba desollado--que no era nada, sino la siesta, y que haca grandes
bochornos. El demandador, como pudo, dijo que le diesen la cajilla:
"Mucho han holgado las nimas para tener a su cargo mi sustento", y
fuse, en lugar de ir a la puerta, a la ventana, y como vi estrellas,
comenz a llamar a los otros con grandes voces diciendo que el cielo
estaba estrellado a medioda y que haba un grande eclipse.
Santiguronse todos, y besaron la tierra. Yo, que vi la bellaquera del
demandador, escandalceme mucho y propuse de guardarme de semejantes
hombres. Con estas vilezas e infamias que vea yo, ya me creca por
puntos el deseo de verme entre gente principal y caballeros. Despchelos
a todos uno por uno, lo mejor que pude, y acost a mi to, que aunque no
tena zorra, tena raposa; y yo acomdeme sobre mis vestidos y algunas
ropas de los que Dios tenga, que estaban por all.

Pasamos desta manera la noche, y a la maana trat con mi to de
reconocer mi hacienda y cobralla. Despert diciendo que estaba molido, y
que no saba de qu. Ech una pierna, levantse; tratamos largo en mis
cosas, y tuve harto trabajo por ser hombre tan borracho y rstico. Al
fin lo reduje a que me diese noticia de parte de mi hacienda--aunque no
de toda--, y as, me la dio de unos trecientos ducados que mi buen padre
haba ganado por sus puos y dejdolos en confianza de una buena mujer,
a cuya sombra se hurtaba diez leguas a la redonda. Por no cansar a
vuestra merced digo que cobr y embols mi dinero, el cual mi to no
haba bebido ni gastado, que fue harto para ser hombre de tan poca
razn, porque pensaba que yo me graduara con ste, y que estudiando
podra ser cardenal, que como estaba en su mano hacerlos, no lo tena
por dificultoso. Djome, en viendo que los tena: "Hijo Pablos, mucha
culpa tendrs si no medras y eres bueno, pues tienes a quin parecer;
dinero llevas, yo no te he de faltar, que cuanto sirvo y cuanto tengo
para ti lo quiero." Agradecle mucho la oferta; gastamos el da en
plticas desatinadas y en pagar las visitas a los personajes dichos.

Pasaron la tarde en jugar a la taba mi to y el porquero y demandador;
ste jugaba misas como si fuera otra cosa. Sacaban de taba como de
naipe, para la fbrica de la sed, porque haba siempre un jarro en
medio. Vino la noche; ellos se fueron; acostmonos mi to y yo, cada uno
en su cama, que ya haba provedo para m un colchn. Amaneci, y antes
que l despertase yo me levant y me fu a una posada sin que me
sintiese: torn a cerrar la puerta por defuera, y ech la llave por una
gatera.

Como he dicho, me fu a un mesn a esconder y aguardar comodidad para ir
a la corte. Djele en el aposento una carta cerrada, que contena mi ida
y las causas, avisndole no me buscase, porque eternamente no lo haba
de ver.

[Ilustracin: "...Y al volver atrs, como hizo fuerza, se le cayeron
las calzas...."]

Parta aquella maana del mesn un arriero con cargas a la corte;
llevaba un jumento, alquilmele, y salme a aguardarle a la puerta fuera
del lugar. Sali y espteme en el dicho, y empec mi jornada. Iba entre
m diciendo: "All quedars, bellaco, deshonra buenos, jinete de
gaznates."

Consideraba yo que iba a la corte, donde nadie me conoca--que era la
cosa que ms me consolaba--, y que haba de valerme por mi habilidad.
All propuse de colgar los hbitos en llegando, y sacar vestidos cortos
al uso.

Yo iba caballero en el rucio de la Mancha, y bien deseoso de no topar
nadie, cuando desde lejos vi venir un hidalgo de portante, con su capa
puesta, espada ceida, calzas atacadas y botas, y al parecer bien
puesto; el cuello abierto, el sombrero de lado. Sospech que era algn
caballero que dejaba atrs su coche; y as, emparejando, le salud.
Mirme y dijo: "Ir vuestra merced, seor licenciado, en ese borrico con
harto ms descanso que yo con todo m aparato." Yo, que entend que lo
deca por coche y criados que dejaba atrs, dije: "En verdad, seor, que
lo tengo por ms apacible caminar que el del coche; porque--aunque
vuestra merced vendr en el que trae detrs con regalo--aquellos vuelcos
que da inquietan." "Cul coche detrs?"--dijo l muy alborotado. Y al
volver atrs, como hizo fuerza, se le cayeron las calzas, porque se le
rompi una agujeta que traa, la cual era tan sola, que tras verme tan
muerto de risa de verle, me pidi una prestada. Yo, que vi que de la
camisa no se vea sino una ceja, dije: "Por Dios, seor, que si vuestra
merced no aguarda a sus criados, yo no puedo socorrerle, porque vengo
tambin atacado nicamente." "Si hace vuestra merced burla--dijo l con
las cachondas en la mano--, vaya; porque no entiendo eso de los
criados." Y aclarseme tanto--en materia de ser pobre--, que me confes,
a media legua que anduvimos, que si no le haca merced de dejarle subir
en el borrico un rato, no le era posible pasar a la corte, por ir
cansado de caminar con las bragas en los puos. Y movido a compasin, me
ape; y como l no poda sacar las calzas, hbele yo de subir. El, que
sinti lo que haba visto, como discreto, se previno diciendo: "Seor
licenciado, no es oro todo lo que reluce; debile parecer a vuestra
merced en viendo el cuello abierto y mi presencia que era un conde de
Irlos." Yo le dije que le aseguraba me haba persuadido a muy diferentes
cosas de las que vea. "Pues an no ha visto nada vuestra
merced--replic--; que hay tanto que ver en m como tengo, porque nada
cubro. Veme aqu vuestra merced un hidalgo hecho y derecho, de casa y
solar montas que, si como sustento la nobleza me sustentara, no
hubiera ms que pedir; pero ya, seor licenciado, sin pan ni carne no se
sustenta buena sangre, y por la misericordia de Dios todos la tienen
colorada, y no puede ser hijo de algo el que no tiene nada. He vendido
hasta mi sepultura por no tener sobre qu caer muerto; que la hacienda
de mi padre Toribio Rodrguez Vallejo Gmez de Ampuero--que todos estos
nombres tena--se perdi en una fianza; slo el don me ha quedado por
vender, y soy tan desgraciado, que no hallo nadie con necesidad de l,
pues quien no le tiene por ante, le tiene por postre, como el remendn,
azadn, podn, baldn, bordn y otros as."

Confieso que, aunque iban mezcladas con risas, las calamidades del dicho
hidalgo me enternecieron. Pregntele cmo se llamaba y adonde iba y a
qu. Dijo que todos los nombres de su padre: Don Toribio Rodrguez
Vallejo Gmez de Ampuero y Jordn. No se vio jams nombre tan campanudo,
porque acababa en dan y empezaba en don, como son de badajo. Tras esto
dijo que iba a la corte, porque un mayorazgo rado como l, en un pueblo
corto ola mal a dos das y no se poda sustentar; y que por eso se iba
a la patria comn, adonde caben todos y adonde hay mesas francas para
estmagos aventureros; "y nunca cuando entro en ella me faltan cien
reales en la bolsa, cama y de comer, porque la industria en la corte es
piedra filosofal, que vuelve en oro cuanto toca". Yo vi el cielo
abierto, y en sn de entretenimiento para el camino le rogu que me
contase cmo y con quienes viven en la corte los que no tenan, como l,
porque me pareca dificultoso; que no slo se contenta cada uno con sus
cosas, sino que aun solicitan las ajenas. "Muchos hay de esos, hijo, y
muchos de estotros: es la lisonja llave maestra que abre a todas
voluntades en tales pueblos. Y porque no se te haga dificultoso lo que
digo, oye mis sucesos y mis trazas, y te asegurars de esa duda."

Lo primero has de saber que en la corte siempre el ms necio y el ms
sabio, ms rico y ms pobre, y los extremos de todas las cosas; que
disimula los malos y esconde los buenos, y que en ella hay unos gneros
de gentes--como yo--que no se les conoce raz ni mueble ni otra cosa de
la que descienden los tales. Entre nosotros nos diferenciamos con
diferentes nombres: unos nos llamamos caballeros hebenes; otros hueros,
chanflones, chirles, traspillados y caninos. Es nuestra abogada la
industria; pasamos las ms veces los estmagos de vaco, que es gran
trabajo traer la comida en manos ajenas. Somos susto de los banquetes,
polilla de los bodegones y convidados por fuerza; sustntamonos as del
aire y andamos contentos. Somos gente que comemos un puerro y
representamos un capn: entrar uno a visitarnos en nuestras casas y
hallar nuestros aposentos llenos de huesos de carnero y aves,
mondaduras de frutas, la puerta embarazada con plumas y pellejos de
gazapos; todo lo cual cogemos de parte de noche por el pueblo, para
honrarnos con ello de da. Reimos en entrando al husped: "Es posible
que no he de ser yo poderoso para que barra esa moza?--Perdone vuestra
merced, que han comido aqu unos amigos, y estos criados...." etc. Quien
no nos conoce, cree que es as, y pasa por convite.

Pues qu dir del modo de comer en casas ajenas? En hablando a uno
media vez, sabemos su casa, y siempre a hora de mascar--que se sepa que
est en la mesa--decimos que nos llevan sus amores, porque tal
entendimiento no le hay en el mundo. Si nos pregunta si hemos comido, si
ellos no han empezado, decimos que no; si nos convidan, no aguardamos al
segundo convite, porque de estas aguardadas nos han sucedido grandes
vigilias; si han empezado, decimos que s; y aunque parta muy bien el
ave, pan o carne, o lo que fuere, para tomar ocasin de engullir un
bocado, decimos: "Ahora deje vuestra merced, que le quiero servir de
maestresala; que sola, Dios le tenga en el cielo--y nombramos un seor
muerto, duque o conde--, gustar ms de verme partir que de comer."
Diciendo esto, tomamos el cuchillo, y partimos bocaditos, y al cabo
decimos: "Oh, qu bien huele! Cierto que hara agravio a la guisandera
en no probarlo: qu buena mano tiene!" Y diciendo y haciendo, va en
prueba el medio plato; el nabo por ser nabo, el tocino por ser tocino, y
todo por lo que es. Cuando esto nos falta, ya tenemos sopa de algn
convento aplazada; no la tomamos en pblico, sino a lo escondido,
haciendo creer a los frailes que es ms devocin que necesidad.

Tenemos de memoria para lo que toca a vestirnos toda la ropera vieja;
y como en oirs partes hay hora sealada para oracin, la tenemos
nosotros para remendarnos. Estudiamos posturas contra la luz, pues en
da claro andamos con las piernas muy juntas, y hacemos las reverencias
con solos los tobillos, porque si se abren las rodillas se ver el
ventanaje. No hay cosa en todos nuestros cuerpos que no haya sido otra
cosa y no tenga historia; _verbi gratia:_ bien ve vuestra merced esta
ropilla; pues primero fue gregescos, nieta de una capa y biznieta de un
capuz, que fu en su principio, y ahora espera salir para soletas y
otras muchas cosas. Los escarpines primero son paizuelos, habiendo sido
toallas y antes camisas, hijas de sbanas, y despus de esto nos
aprovechamos para papel, y en el papel escribimos y despus hacemos de
l polvos para resucitar los zapatos, que de incurables los he visto yo
hacer revivir con semejantes medicamentos. Y por no gastar en barberos
prevenimos siempre de aguardar que otro de los nuestros tenga pelambre y
entonces nos la quitamos el uno al otro, conforme lo del Evangelio:
"Ayudaos como buenos hermanos."

Estamos obligados a andar a caballo una vez cada mes, aunque sea en
pollino, por las calles pblicas, y a ir en coche una vez al ao, aunque
sea en la arquilla o trasera; pero si alguna vamos dentro del coche, es
de considerar que siempre es en el estribo, con todo el pescuezo de
fuera, haciendo cortesas por que nos vean todos, y hablando a los
amigos y conocidos aunque miren a otra parte.

"Qu dir del mentir? Jams se halla verdad en nuestra boca: encajamos
duques y condes en las conversaciones, unos por amigos, otros por
deudos, y advertimos que los tales seores o estn muertos o muy
lejos."

"Quien ve estas botas mas, cmo pensar que andan caballeras en las
piernas en pelo, sin media ni otra cosa? Y quien viere este cuello, por
qu ha de pensar que no tengo camisa? Pues todo esto le puede faltar a
un caballero, seor licenciado, pero cuello abierto y almidonado, no. Lo
uno porque as es gran ornato de la persona, y despus de haberle vuelto
de una parte a otra, es de sustento porque se ceba el hombre en el
almidn, chupndole con destreza. Y al fin, seor licenciado, un
caballero de nosotros ya se ve en prosperidad y con dineros, y ya se ve
en el hospital; pero, en fin, se vive, y el que se sabe bandear es rey
con poco que tenga,"

Tanto gust de las extraas maneras de vivir del hidalgo, y tanto me
embebec, que divertido con ellas y con otras, me llegu a pie hasta Las
Rozas, adonde nos quedamos aquella noche. Cen conmigo el dicho hidalgo,
que no traa blanca, y yo me hallaba obligado a sus avisas, porque con
ellos abr los ojos a muchas cosas.

Comprle del husped tres agujetas, atacse, dormimos aquella noche,
madrugamos y dimos con nuestros cuerpos en Madrid.

[Don Toribio conduce al Buscn a casa de sus amigos, los caballeros
chirles, quienes le admiten en su cofrada. Comienza don Pablos su nueva
azarosa vida; pero su mala ventura quiso que un alguacil prendiese a la
vieja que gobernaba y encubra a los estafadores, descubrindose por
ella toda la maraa, y dando con todos en la crcel.

Logra salir de la prisin don Pablos, merced a su ingenio y al dinero
que da a los carceleros.

Se suceden despus diversos lances en los que sale siempre malparado, y
decide encaminarse a Toledo, donde ni le conocan ni conoca a nadie.]

En una posada top una compaa de farsantes que iban a Toledo; llevaban
tres carros, y quiso Dios que entre los compaeros iba uno que lo haba
sido mo del estudio de Alcal, y haba renegado y metdose al oficio.
Djele lo que me importaba el ir all y salir de la corte.

Al fin me hizo amistad--por mi dinero--de alcanzar de los dems lugar
para que yo fuese con ellos.

Yo--acaso--comenc a representar un pedazo de la comedia de San Alejo,
que me acordaba de cuando muchacho, y represntelo de suerte que les di
codicia; y sabiendo, por lo que yo le dije a mi amigo que iba en la
compaa, mis desgracias y descomodidades, djome que si quera entrar
en la danza con ellos. Encarecironme tanto la vida de la farndula, y
yo, que tena necesidad de arrimo, concertme por dos aos con el autor;
hcele escritura de estar con l, y dime mi racin y representaciones,
y con tanto llegamos a Toledo. Dironme que estudiase tres o cuatro
loas, y papeles de barba, que los acomodaba bien con mi voz. Yo puse
cuidado en todo, y ech la primera loa en el lugar; era de una nave--de
lo que son todas--que vena destrozada y sin provisin; deca lo de:
"Este es el puerto"; llamaba a la gente _senado_; peda perdn de las
faltas y silencio, y ntreme. Hubo un vtor de rezado, y al fin parec
bien en el teatro. Representamos una comedia de un representante
nuestro, que yo me admir de que fuesen poetas, porque pensaba que el
serlo era de hombres muy doctos y sabios, y no de gente tan sumamente
lega; y est ya de manera esto, que no hay autor que no escriba
comedias, ni representante que no haga su farsa de moros y cristianos;
que me acuerdo yo antes, que si no eran comedias del buen Lope de Vega y
Ramn, no haba otra cosa. Al fin, la comedia se hizo el primer da, y
no la entendi nadie; al segundo empezrnosla y quiso Dios que empezaba
por una guerra, y sala yo armado y con rodela, que si no, a manos de
mal membrillo, tronchos y badeas acabo. No se ha visto tal torbellino; y
ello merecalo la comedia, porque traa un rey de Normanda sin
propsito en hbito de ermitao, y meta dos lacayos por hacer rer, y
al desatar de la maraa no haba ms de casarse todos y all vas. Al fin
tuvimos nuestro merecido. Tratamos mal al compaero poeta; y yo,
dicindole que mirase de la que nos habamos escapado y escarmentase,
djome que no era suyo nada de la comedia, sino que de un paso de uno, y
otro de otro haba hecho la capa de pobre, de remiendo, y que el dao
no haba estado sino en lo mal zurcido.

No me pareci mal la traza, y yo confieso que me inclin a ella por
hallarme con algn natural a la poesa, y ms que tena ya conocimiento
con algunos poetas y haba ledo a Garcilaso; y as, determin de dar en
el arte. Y con esto y representar pasaba la vida; que pasado un mes que
haba que estbamos en Toledo haciendo muchas comedias buenas, y tambin
enmendando el yerro pasado--que con esto ya yo tena nombre, y haba
llegado a llamarme _Alonsete_, porque yo haba dicho llamarme Alonso; y
por otro nombre me llamaban el _Cruel_, por serlo una figura que haba
hecho con gran aceptacin de los mosqueteros y chusma vulgar--, tena ya
tres pares de vestidos y autores que me pretendan sonsacar de la
compaa. Hablaba ya de entender de la comedia, murmuraba de los
famosos, reprehenda los gestos a Pinedo, daba mi voto en el reposo
natural de Snchez, llamaba bonico a Morales, pedanme el parecer en el
adorno de los teatros y trazar las apariencias. Si alguno vena a leer
comedia, yo era el que la oa. Al fin, animado con este aplauso,
estrneme como poeta en un romancico, y luego hice un entrems, y no
pareci mal.

Atrevme a una comedia, y porque no escapase de ser divina cosa, la hice
de Nuestra Seora del Rosario.

Estaba viento en popa con estas cosas, rico y prspero, y tal, que casi
aspiraba ya a ser autor.

Sucedime un da la mejor cosa del mundo, que, aunque es en mi afrenta,
la he de contar. Yo me recoga en mi posada, el da que escriba
comedia, al desvn; y all me estaba y all coma. Suba una moza con la
vianda y dejbamela all. Yo tena por costumbre escribir representando
recio, como si lo hiciera en el tablado. Ordena el diablo que a la hora
y punto que la moza iba subiendo por la escalera--que era angosta y
oscura--con dos platos y olla, yo estaba en un paso de una montera, y
daba grandes gritos componiendo mi comedia: deca:

      Guarda el oso, guarda el oso,
    que me deja hecho pedazos,
    y baja tras ti furioso.

Qu entendi la moza--que era gallega--como oy decir "baja tras ti" y
"me deja"? Que era verdad y que la avisaba; va a huir, y con la
turbacin psase la saya y rueda toda la escalera; derrama la olla y
quiebra los platos, y sale dando gritos a la calle, diciendo que mataba
un oso a un hombre. Y por presto que yo acud, ya estaba toda la
vecindad conmigo, preguntando por el oso; y aun contndoles yo como
haba sido ignorancia de la moza--porque era lo que he referido de la
comedia--, an no lo queran creer. No com aquel da; supironlo los
compaeros, y fu celebrado el cuento en la ciudad. Y de estas cosas me
sucedieron muchas mientras persever en el oficio de poeta y no sal
del mal estado.

Sucedi, pues, que mi autor--que siempre paran en esto--, sabiendo que
en Toledo le haba ido bien, le ejecutaron por no s qu deudas, y le
pusieron en la crcel; con lo cual nos desmembramos todos, y ech cada
uno por su parte. Yo--si va a decir verdad--, aunque los compaeros me
queran guiar a otras compaas, como no aspiraba a semejantes oficios,
y el andar en ellos era por necesidad, vindome con dineros y bien
puesto, no trat ms que de holgarme.

Despedme de todos; tom mi camino para Sevilla, donde, como en tierra
ms ancha, quise probar ventura.

Pas el camino de Toledo a Sevilla prsperamente. Fume luego a apear al
mesn del Moro, donde me top un condiscpulo mo de Alcal, que se
llamaba Mata, y ahora se deca--por parecerle nombre de poco
ruido--Matorral. Trataba en vidas, y era tendero de cuchilladas, y no le
iba mal. Traa la muestra de ellas en su cara, y por las que le haban
dado concertaba tamao y hondura de las que haba de dar; deca: "No hay
tal maestro como el bien acuchillado"; y tena razn, porque la cara era
una cuera y l un cuero. Djome que me haba de ir a cenar con l y
otras camaradas, y que ellos me volveran al mesn.

Fu, llegamos a su posada, y dijo: "Ea, quite la capa vuc y parezca
hombre, que ver esta noche todos los buenos hijos de Sevilla; abaje ese
cuello y agobie de espaldas, la capa cada--que siempre andamos nosotros
de capa cada--y ese hocico de tornillo, gestos a un lado y a otro, y
haga vuc de la _j_, _h_, y de la _h, j;_ y diga conmigo: _jerida,
mojino, jumo, pahera, mohar, habal_ y _harro_ de vino." Tomlo de
memoria. Prestme una daga, que en lo ancho era alfanje, y en lo largo
no se llamaba espada, que bien poda. "Bbase--me dijo---esta media
azumbre de vino puro; que si no da vaharada no parecer valiente."
Estando en esto, y yo con lo bebido atolondrado, entraron cuatro de
ellos con cuatro zapatos de gotosos por caras, andando a lo columpio, no
cubiertos con las capas, sino fajados por los lomos, los sombreros
empinados sobre las frentes, altas las faldillas de delante, que
parecan diademas, un par de herreras enteras por guarniciones de dagas
y espadas, las conteras en conversacin con el calcaar derecho, los
ojos derribados, la vista fuerte, bigotes budos a lo cuerno y barbas
turcas, como caballos. Hicironnos un gesto con la boca, y luego a mi
amigo le dijeron--con voces mohnas, sisando palabras--: "Seidor." "So
compadre", respondi mi ayo. Sentronse; y para preguntar quin era yo,
no hablaron palabra, sino el uno mir a Matorrales, y abriendo la boca y
empujando hacia m el labio de abajo, me seal; a lo cual mi maestro de
novicios satisfizo empuando la barba y mirando hacia abajo; y con
esto, con mucha alegra se levantaron todos, y me abrazaron e hicieron
muchas fiestas, y yo de la propia manera a ellos, que fu lo mesmo que
si catara cuatro diferentes vinos. Lleg la hora de cenar; vinieron a
servir a la mesa unos grandes picaros, que los bravos llaman _caones_.
Sentmonos todos juntos a la mesa: aparecise luego el alcaparrn, y con
esto empezaron--por bienvenido--a beber a mi honra, que yo de ninguna
manera, hasta que la vi beber, no entend que tena tanta. Vino pescado
y carne, y todo con apetitos de sed. Estaba una artesa en el suelo toda
llena de vino, y all se echaba de bruces el que quera hacer la razn:
contentme la penadilla. A dos veces no hubo hombre que conociese al
otro. Empezaron plticas de guerra; menudebanse los juramentos;
murieron de brindis a brindis veinte o treinta sin confesin.
Recetronsele al asistente mil pualadas: tratse de la buena memoria de
Domingo Tiznado y Gayn; derramse vino en cantidad al alma de
Escamilla. Los que las cogieron tristes lloraron tiernamente al
malogrado Alonso Alvarez. Ya a mi compaero con estas cosas se le
desconcert el reloj de la cabeza, y dijo, algo ronco, tomando un pan
con las dos manos y mirando a la luz: "Por sta, que es la cara de Dios,
y por aquella luz que sali por la boca del ngel, que si vucedes
quieren, que esta noche hemos de dar al corchete que sigui al pobre
Tuerto." Levantse entre ellos alarido disforme, y sacando las dagas,
lo juraron, poniendo las manos cada uno en un borde de la artesa; y
echndose sobre ella de hocicos, dijeron: "As como bebemos este vino,
hemos de beber la sangre a todo acechador." "Quin es este Alonso
Alvarez--pregunt--, que tanto se ha sentido su muerte?" "Mancebo--dijo
el uno--lidiador ahigadado, mozo de manos y buen compaero. Vamos; que
me retientan los demonios." Con esto salimos de casa a montera de
corchetes.

Yo, como iba entregado al vino, y haba renunciado en su poder mis
sentidos, no advert al riesgo que me pona. Llegamos a la calle de la
Mar, donde encar con nosotros la ronda. No bien la columbraron, cuando
sacando las espadas, la embistieron. Yo hice lo mismo, y limpiamos dos
cuerpos de corchetes de sus malas nimas al primer encuentro. El
alguacil puso la justicia en sus pies, apel por la calle arriba dando
voces; no lo pudimos seguir, por haber cargado delantero. Y al fin nos
acogimos a la iglesia Mayor, donde nos amparamos del rigor de la
justicia, y dormimos lo necesario para espumar el vino que herva en los
cascos. Y vueltos ya en nuestro acuerdo, me espantaba yo de ver que
hubiese perdido la justicia dos corchetes y hudo el alguacil de un
racimo de uva, que entonces lo ramos nosotros. Pasbamoslo en la
iglesia notablemente, spome bien y mejor que todas esta vida, hasta
morir. Estudi la jacarandina, y a pocos das era rab de los otros
rufianes. La justicia no se descuidaba de buscarnos; rondbanos la
puerta; pero con todo, de media noche abajo rondbamos disfrazados.

Yo, que vi que duraba mucho este negocio, y ms la fortuna en
perseguirme--no de escarmentado, que no soy tan cuerdo, sino de cansado,
como obstinado pecador--, determin de pasarme a Indias a ver si mudando
mundo y tierra mejorara mi suerte. Y fume peor, pues nunca mejora su
estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres.

[Ilustracin: ]




MATEO ALEMN




GUZMN DE ALFARACHE


(Parte I, libro I, captulo III.)

Era yo muchacho, vicioso y regalado, criado en Sevilla, sin castigo de
padre, la madre viuda, cebado a torreznos, molletes y mantequillas y
sopas de miel rosada, mirado y adorado ms que hijo de mercader de
Toledo, o tanto; hacaseme de mal dejar mi casa, deudos y amigos, dems
que es dulce amor el de la patria. Sindome forzoso no pude excusarlo;
alentbame mucho el deseo de ver mundo, ir a reconocer en Italia mi
noble parentela; sal, que no debiera (bien pude decir), tarde y con
mal; creyendo hallar copioso remedio, perd el poco que tena; sucedime
lo que al perro con la sombra de la carne. Apenas haba salido de la
puerta, cuando, sin poderlo resistir, dos Nilos reventaron de mis ojos
que, regndome el rostro en abundancia, qued todo de lgrimas baado;
esto y querer anochecer no me dejaban ver cielo ni palmo de tierra por
donde iba.

Cuando llegu a San Lzaro, que est de la ciudad poca distancia,
sentme en la escalera o gradas por donde suben a aquella devota ermita.
All hice de nuevo alarde de mi vida y discursos della; quisiera
volverme, por haber salido mal apercibido, con poco acuerdo y poco
dinero para viaje tan largo, que aun para corto no llevaba, y sobre
tantas desdichas (que cuando comienzan vienen siempre muchas, y
enzarzadas unas de otras como cerezas) era viernes en la noche y algo
escura, no haba cenado ni merendado; si fuera da de carne, que a la
salida de la ciudad, aunque fuera naturalmente ciego, el olor me llevara
en alguna pastelera a comprar un pastel con que me entretuviera y
enjugara el llanto, el mal fuera menos.

Entonces ech de ver cunto se siente ms el bien perdido y la
diferencia que hace del hambriento el harto; todos los trabajos comiendo
se pasan; donde la comida falta, no hay bien que llegue ni mal que no
sobre, gusto que dure ni contento que asista; todos rien sin saber por
qu, ninguno tiene culpa, unos a otros se la ponen, todos trazan y son
quimeristas, todo es entonces gobierno y filosofa.

Vime con ganas de cenar y sin qu poder llegar a la boca, salvo agua
fresca de una fuente que all estaba; no supe qu hacer ni a qu puerta
echar; lo que por una parte me daba osada, por otra me acobardaba;
hallbame entre miedos y esperanzas, el despeadero a los ojos, y lobos
a las espaldas; anduve vacilando; quise ponerlo en las manos de Dios;
entr en la iglesia; hice mi oracin, breve, pero no s si devota; no me
dieron lugar para ms, por ser hora de cerrarla y recogerse.

Cerrse la noche, y con ella mis imaginaciones, mas no los manantiales y
llanto; qudeme con l dormido, sobre un poyo del portal, ac fuera; no
s qu lo hizo, si es que por ventura las melancolas quiebran el sueo,
como lo di a entender el montas que, llevando a enterrar a su mujer,
iba en piernas, descalzo y el sayo al revs, lo de dentro afuera. En
aquella tierra estn las casas apartadas, y algunas muy lejos de la
iglesia, y pasando por la taberna vi que vendan vino blanco; fingi
quererse quedar a otra cosa y dijo: "Anden, seores, con la malograda,
que en un trote les alcanzo." As se entr en la taberna, y de un
sorbito en otro emborrachse y quedse dormido; cuando los del
acompaamiento volvieron del entierro y lo hallaron tendido en el suelo,
lo llamaron; l, recordando, les dijo: "Mal hora, seores, perdonen sus
mercedes, que ma Dios non hay as cosa que tanta sed y sueo poa como
sinsaborios."

As yo, que ya era del sbado el sol salido casi con dos horas cuando
vine a saber de m; no s si despertara tan presto, si los panderos y
bailes de unas mujeres que venan a velar aquel da (con el taer y
cantar) no me recordaran.

Levantme, aunque tarde, hambriento y sooliento, sin saber dnde
estaba, que an me pareca cosa de sueo; cuando vi que eran veras, dije
entre m: "Echada est la suerte, vaya Dios conmigo", y con resolucin
comenc mi camino; pero no saba para dnde iba ni en ello haba
reparado.

Tom por el uno que me fu ms hermoso, fuera donde fuera; los pies me
llevaban, yo los iba siguiendo, saliera bien o mal, a monte o a poblado.

Qusome parecer a lo que aconteci en la Mancha con un mdico falso: no
saba letra ni haba nunca estudiado; traa consigo gran cantidad de
recetas, a una parte de jarabes y otra de purgas, y cuando visitaba
algn enfermo (conforme al beneficio que le haba de hacer), meta la
mano y sacaba una, diciendo primero entre s: "Dios te la depare buena",
y as le daba la con que primero encontraba.

Este da, cansado de andar solas dos leguas pequeas (que para m eran
las primeras que haba caminado), ya me pareci haber llegado a los
antpodas y, como el famoso Coln, descubierto un nuevo mundo. Llegu a
una venta sudando, polvoroso, despeado, triste y, sobre todo, el molino
picado, el diente agudo y el estmago dbil. Sera medioda; ped de
comer; dijeron que no haba sino slo huevos; no tan malo si lo fueran,
que a la bellaca de la ventera, con el mucho calor, o que la zorra le
matase la gallina, se quedaron empollados, y por no perderlo todo los
iba encajando con otros buenos; no lo hizo as conmigo, que cuales ella
me los di le pague Dios la buena obra.

Vime muchacho, boquirrubio, cariampollado, chapetn; parecle un Juan
de buena alma, y que para m bastara que quiera. Preguntme: "De dnde
sois, hijo?", djele que de Sevilla; llegseme ms, y dndome con su
mano unos golpecitos debajo de la barba, me dijo: "Y adnde va el
bobito?" Djele que iba a la corte, que me diese de comer. Hzome sentar
en un banquillo cojo, y encima de un poyo me puso un barredero de horno,
con un salero hecho de un suelo de cntaro, un tiesto de gallinas lleno
de agua y una media hogaza ms negra que los manteles. Luego me sac en
un plato una tortilla de huevos, que pudiera llamarse mejor emplastro de
huevos: ellos, el pan, jarro, agua, salero, sal, manteles y la huspeda,
todo era de lo mismo.

Hallme bozal, el estmago apurado, las tripas de posta, que se daban
unas con otras de vacas; com como el puerco la bellota, todo a hecho,
aunque verdaderamente senta crujir entre los dientes los tiernecitos
huesos de los sin ventura pollos, que era hacerme como cosquillas en las
encas. Bien es verdad que se me hizo novedad y aun en el gusto, que no
era como el de los otros huevos que sola comer en casa de mi madre;
mas dej pasar aquel pensamiento con la hambre y el cansancio,
parecindome que la distancia de la tierra lo causaba, y que no eran
todos de un sabor ni calidad; yo estaba de manera que aquello tuve por
buena suerte.

Tan propio es al hambriento no reparar en salsas, como al necesitado
salir a cualquier partido; era poco; paslo presto con las buenas ganas;
en el pan me detuve algo ms, comlo a pausas, porque siendo muy malo,
fu forzoso llevarlo despacio, dando lugar unos bocados a otros que
bajasen al estmago por su orden; comenclo por las cortezas y acablo
con el migajn, que estaba hecho engrudo; mas tal cual no le perdon
letra, ni les hice a las hormigas migaja de cortesa, ms que si fuera
poco y bueno.

Recobrme con esto, y los pies cansados de llevar el vientre, aunque
vaco y de poco peso, ya, siendo lleno y cargado, llevaba a los pies; y
as, prosegu mi camino.


(Parte I, libro III, captulo X.)

Entr a servir al embajador de Francia. Mucho se deseaba servir de m.
En resolucin, all me fu; hacame buen tratamiento. No me seal plaza
ni oficio, generalmente le serva, y generalmente me pagaba, porque o l
me lo daba o en su presencia yo me lo tomaba en buen donaire; y,
hablando claro, yo era su gracioso, aunque otros me llamaban truhn,
chocarrero.

Cuando tenamos convidados (que nunca faltaban), a los de cumplimiento
servamos con gran puntualidad, desvelando los ojos en los suyos; mas a
otros importunos, necios, enfadosos, que sin ser llamados venan, a los
tales hacamos mil burlas; a unos dejndolos sin beber, que pareca que
los cribamos como melones de secano; a otros dndoles a beber poco y
con tazas penadas; a otros, muy aguado; a otros, caliente. Los manjares
que gustaban alzbamos el plato; servamosles con salado, acedo y mal
sazonado; buscbamos invencin para que les hiciese mal provecho por
aventarlos de casa.

Una vez aconteci que como un ingls hubiese dicho ser pariente del
embajador, y tuviese costumbre de venrsenos a casa cada da, mi amo se
enfadaba, porque, dems de no ser su deudo, no tena calidades ni sangre
noble y, sobre todo, era en su conversacin impertinente y cansado.

Hombres hay que aporrean un alma con slo mirarlos, y otros que se meten
en ella, dejndose querer, sin ser en las manos del uno ni en el poder
del otro el odio ni el amor; pero ste pareca todo de plomo, mazo
sordo.

Una noche, al principio de la cena, comenz a desvanecerse con mil
mentiras, de que el embajador se enfad mucho; y no pudindolo sufrir,
me dijo en espaol, que el otro no entenda: "Mucho me cansa este loco."
No lo dijo a tonto ni a sordo, luego lo tom a destajo; fule sirviendo
con picantes que llamaban a gran priesa; era el vino suavsimo; la copa,
grande, iba menudeando de polvillo en polvillo, se levant una polvareda
de la maldicin. Cuando lo vi rendido y a treinta con rey, quitme una
liga y psele una lazada floja en la garganta del pie, atando el cabo
con el de la silla, y levantados los manteles, cuando se quiso ir a su
posada, no tan presto se alz del asiento como estaba en el suelo,
hechas las muelas y los dientes, y aun deshechas las narices; de manera
que, vuelto en s otro da y viendo su mal recaudo, de corrido no volvi
ms a casa.

Bien me fu con ste, porque sucedi como deseaba; mas no todos los
lances salen ciertos; algunos hay que pican y se llevan el cebo, dejando
burlado al pescador y el anzuelo vaco, como me aconteci con un soldado
espaol de ms de la marca.

Oye lo que con l nos pas: entrsenos en casa a medioda, cuando el
embajador quera comer, y, llegndose a l, dijo ser un soldado natural
de Crdoba, caballero principal della, y que tena necesidad, y as le
suplicaba se la favoreciese hacindole merced. El embajador sac un
bolsico donde tena unos escudos y, sin abrirlo, se lo di, por
parecerle que sera lo que significaba; no contento con esto detenase
contndole quin era y las ocasiones en que se haba hallado de lance en
lance.

[Ilustracin: "...no tan presto se alz del asiento como estaba en el
suelo...."]

Como el embajador se fu a sentar a la mesa, l hizo lo mesmo,
llegando una silla se puso a un lado; yo iba por la vianda, y veo que
otros dos gerifaltes como l entraban por el corredor, y como lo vieron
comiendo, dijo el uno al otro: "Voto a tal!, que parece que el pecado
nos ata los pies, que siempre este chocarrero nos gana por la mano; que
su padre no se hart de calzarme borcegues en Crdoba, donde tiene su
ejecutoria en el techo de la iglesia mayor; sta es la desventura
nuestra, que si pasamos veinte caballeros a Italia, vienen cien infames
cual ste a quererse igualar, hacindose de los godos; como entienden
que no los conocen, piensan que engomndose el bigote y arrojando cuatro
plumas han alcanzado la nobleza y valenta, siendo unos infames
gallinas, pues no pelean plumas ni bigotes, sino corazones y hombres;
vmonos, que yo le har que desocupe nuestros cuarteles y busque
rancho."

Furonse y qued considerando cules eran todos tres y cmo se honraban.
Con los dos me indign, parecindome fanfarrones y por su mal trmino en
hablar, infamando al que se deseaba honrar sin ajena costa ni perjuicio,
y con el husped cobr gran ira por su demasiado atrevimiento: debirase
contentar con lo que le haban dado, sin ser desvergonzado, ponindose a
la tabla con semejante desenvoltura. Dime deseo de burlarlo y
aprovechme poco, pues pensando ir por lana volv trasquilado, no
saliendo con mi intento.

Pidime de beber, hice que no lo entenda; sealme con la mano,
acerqume junto a l; volvi tercera vez con una sea, volv los ojos a
otra parte, mesurando el rostro, y viendo que o lo haca de tonto o de
bellaco, no me lo volvi a pedir, antes dijo al embajador: "No le
parezca a vuestra seora ser atrevimiento el haberme sentado a su
tabla, sin ser convidado, por las muchas excusas que tengo para ello. Lo
primero, la calidad de mi persona y noble linaje, merece toda merced y
cortesa. Lo segundo, ser soldado me hace digno de cualquier tabla de
prncipe, por haberlo conquistado mis obras y profesin. Lo ltimo, que
se junta con lo dicho mi mucha necesidad a quien todo es comn: la mesa
de vuestra seora se pone para remediar a semejantes, con que no es
necesario esperar a ser convidados los que fueren soldados de mis
prendas. Suplico a vuestra seora se sirva mandar que se me d la
bebida, que como soy espaol, no me han entendido, aunque la he pedido."

Mi amo nos mand darle de beber, y as no pudo excusarse, pero jursela
que me lo haba de pagar; trjele la bebida en un vaso muy pequeo y
penado y el vino aguado, de manera que lo dej casi con la misma sed.
Mas como a los espaoles poco les basta para entretener y sufrir mucho
trabajo, con aquella gota pas como pudo hasta el fin de la comida,
habindonos todos los pajes conjurado de no mirarle a la cara en cuanto
comiese, porque no volviese con seas a pedirlo y nos obligase a darle;
mas l supo mucho, que cuando satisfizo el estmago de viandas, y
servan los postres, volvi a decir: "Con licencia de vuestra seora
voy a beber", y levantndose de la silla fuese al aparador, y en el vaso
mayor que hall ech vino y agua lo que le pareci; y satisfecha la sed,
quitndose la gorra y haciendo una reverencia, sali de la sala y se fu
sin hablar otra palabra.




LUIS VLEZ DE GUEVARA

EL DIABLO COJUELO

(Tranco primero.)


Daban en Madrid por los fines de julio las once de la noche en punto,
hora menguada para las calles y, por faltar la luna, juridicin y
trmino redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte,
cuando don Cleofs Leandro Prez Zambullo, hidalgo a cuatro vientos,
caballero huracn y encrucijada de apellidos, galn de noviciado y
estudiante de profesin, con un broquel y una espada aprenda a gato por
el caballete de un tejado, huyendo de la justicia que le vena a los
alcances, y como solicitaba escaparse no dificult arrojarse desde el
ala del susodicho tejado, como si las tuviera, a la buharda de otro que
estaba confinante, nordesteado de una luz que por ella escasamente se
brujuleaba, estrella de la tormenta que corra, en cuyo desvn puso los
pies y la boca a un mismo tiempo, saludndolo como a puerto de tales
naufragios, y dejando burlados a los ministros del agarro.

A estas horas, el estudiante, no creyendo su buen suceso, y
deshollinando con el vestido y los ojos el zaquizam, admiraba la regin
donde haba arribado por las extranjeras extravagancias de que estaba
adornada la tal espelunca, cuyo avariento farol era un candil de
garabato que descubra sobre una mesa antigua de cadena papeles
infinitos, mal compuestos y desordenados, escritos de caracteres
matemticos, unas efemrides abiertas, dos esferas y algunos compases y
cuadrantes, ciertas seales de que viva en el cuarto de ms abajo algn
astrlogo, dueo de aquella confusa oficina y embustera ciencia; y
llegndose don Cleofs curiosamente--como quien profesaba letras y era
algo inclinado a aquella profesin--, a revolver los trastos
astrolgicos, oy un suspiro entre ellos mismos, que parecindole
imaginacin o ilusin de la noche, pas adelante con la intencin,
papeleando los memoriales de Euclides y embelecos de Coprnico;
escuchando segunda vez repetir el suspiro, entonces, parecindole que no
era engao de la fantasa sino verdad que se haba venido por los odos,
dijo con desgarro y ademn de estudiante valiente: "--Quin diablos
suspira aqu?" Respondindole al mismo tiempo una voz entre humana y
extranjera: "--Yo soy, seor Licenciado, que estoy en esta redoma adonde
me tiene preso ese astrlogo que vive ah abajo, porque tambin tiene su
punta de la mgica negra, y es mi alcaide dos aos habr." "--Luego
familiar eres?"--dijo el estudiante. "--Harto me holgara
yo--respondieron de la redoma--que entrara uno de la Santa Inquisicin
para que, metindole a l en otra de cal y canto, me sacara a m desta
jaula de papagayos de piedra azufre. Pero t has llegado a tiempo que me
puedes rescatar, porque ste a cuyos conjuros estoy asistiendo, me tiene
ocioso sin emplearme en nada, siendo yo el espritu ms travieso del
infierno." Don Cleofs, espumando valor, prerrogativa de estudiante de
Alcal, le dijo: "--Eres demonio plebeyo o de los de nombre?" "--Y de
gran nombre--le repiti el vidrio endemoniado--y el ms celebrado en
entrambos mundos." "--Eres Lucifer?"--le repiti don Cleofs. "--Ese es
demonio de dueas y escuderos", le respondi la voz. "--Eres
Satans?"--prosigui el estudiante. "--Ese es demonio de tahures y
carreteros." "--Eres Barrabs, Belial, Astarot?", finalmente le dijo el
estudiante. "--Esos son demonios de mayores ocupaciones--le respondi la
voz--, demonio ms por menudo soy, aunque me meto en todo; yo soy las
pulgas del infierno, la chisme, el enredo, la usura, la mohatra, y al
fin, yo me llamo el Diablo Cojuelo." "--Con decir eso--dijo el
estudiante--hubiramos ahorrado lo dems." "--Scame deste Argel de
vidrio, que yo te pagar el rescate." "--Cmo quieres--dijo don
Cleofs--que yo haga lo que t no puedes siendo demonio tan maoso?"
"--A m no me es concedido, dijo el espritu, y a ti s, por ser hombre
con el privilegio del bautismo y libre del poder de los conjuros; toma
un cuadrante de esos y haz pedazos esta redoma, que luego en
derramndome me vers visible y palpable."

No fu escrupuloso ni perezoso don Cleofs, y ejecutando lo que el
espritu le dijo, hizo con el instrumento astronmico gigote del vaso,
inundando la mesa sobredicha de un licor turbio, escabeche en que se
conservaba el tal diablillo, y volviendo los ojos al suelo vi en l un
hombrecillo de pequea estatura, afirmado en dos muletas, sembrado de
chichones mayores de marca, calabacino de testa y badea de cogote, chato
de narices, la boca formidable y apuntalada en dos colmillos solos,
erizados los bigotes; los pelos de su nacimiento ralos, uno aqu y otro
all, a fuer de los esprragos, legumbre tan enemiga de la compaa que,
si no es para venderlos en manojos, no se juntan.

Asco le di a don Cleofs la figura, aunque necesitaba de su favor para
salir del desvn; y asindole por la mano el Cojuelo y dicindole:
"--Vamos, don Cleofs, que quiero comenzar a pagarte en algo lo que te
debo", salieron los dos por la buharda como si los dispararan de un tiro
de artillera, no parando de volar hasta hacer pie en el capitel de la
torre de San Salvador, mayor atalaya de Madrid, a tiempo que su reloj
daba la una.




NDICE

                                       Pgs.

LA VIDA DE LAZARILLO                      5

CERVANTES: RINCONETE Y CORTADILLO        69

QUEVEDO: HISTORIA DE LA VIDA DEL BUSCN 113

MATEO ALEMN: GUZMN DE ALFARACHE       189

VLEZ DE GUEVARA: EL DIABLO COJUELO     203





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Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
https://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at https://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit https://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including including checks, online payments and credit card
donations.  To donate, please visit: https://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


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